Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a JK Rowling, la trama a la genia de Bex-Chan.

Este capítulo fue revisado por Nanaa04(Nat)


HUNTED

Capítulo XXX:

Herida

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La maldición para atar su cuerpo restringía su pecho, reprimiendo sus pulmones que estaban intentando lidiar con el pánico. Necesitaba jadear y liberar el aire sorprendido de sus costillas abrasadoras. Su cerebro estaba prácticamente pulsando por el miedo e histeria que también necesitaban escapar, pero no podía hacer nada.

El no poder ver era la peor cosa. Sus ojos chocolates estaban manchados de lágrimas blanquecinas, no quería mirar el techo gris ahora que él se había movido fuera de su vista. Podía escuchar sonidos de movimientos y una respiración masculina con olor a humo que apuñalaban sus sentidos como pequeñas balas de cristal.

Hubo otra presión en su estómago, y esta vez ella pudo sentir el nudo de su bata aflojarse torpemente.

Un nuevo y consumidor onda de choque de horror hizo que su interior temblara, y su cerebro y pulmones se sentían lo suficientemente hinchados para romperse.

Se preguntó por un breve momento si esto era como se sentía ser enterrado vivo, o ser aplastado en el puño de un gigante.

Había un grito atorado en su garganta, junto con la bilis y el impulso de vomitar, pero no había nada que ella pudiera hacer al respecto.

Nada.

Sintió cómo la bata se movió sobre su piel una vez que el nudo fue desatado, deslizándose un poco pero por suerte quedándose en el aumento de sus senos. Pero el susurro de una bendición duró menos de un segundo cuando sintió un pequeño empujón, y la tela se abrió y se acurrucó a sus lados, enmarcando su piel expuesta y vulnerable como las cortinas de un escenario.

El instinto de cubrirse estaba gritándole, y el grito se hizo más fuerte cuando no fue contestado.

«Oh Dios…»

La maldición no la dejaba llorar…

Escuchó cómo la respiración de él se aceleró; chisporroteos repugnantes de excitación.

Entonces él volvió a su visión, una sombra imponente demasiado cerca de su rostro. Su aliento olía a excitación y acosaba su rostro, trazando pequeñas gemas de sudor que se estaban comenzando a formar y salpicaban sus pestañas.

Su rostro era pálido y gris por el tiempo que había pasado en San Mungo, y estaba tan cerca que ella podía ver las venas azules insalubres detrás de su rostro y cuello fantasmal. Su pelo oscuro estaba grasiento y lucía más a alquitrán pintado sobre su cabeza, y sus pupilas estaban tan dilatadas que ni siquiera pudo captar el color de sus irises. Él era vil; estaba casi babeando como una bestia salvaje sin ningún concepto de control y era paralizante, empuñando su corazón con púas.

Graham Montague se veía demente…

Estaba sonriendo otra vez, mostrándole sus dientes desaliñados y dañados, y lucían como fragmentos de cuarzo. Parecía enfermo. Perturbado. Incluso poseído. Como si no hubiera nada razonable o manejable allí; como si fuera un caparazón o una maquina. Su rostro se acercó más y ella atenía tanto miedo. No podía dejar que la tocara…sentía que iba explotar.

«…No, no, no, no…»

—No voy a matarte —dijo él junto a su oído, y su voz era pastosa y dura. —Ese no es mi trabajo.

«¿Trabajo?»

La confusión la distrajo por una fracción de segundo, pero el miedo siempre ganaba. Después de todo, el miedo era cegador y la estaba estrangulando, y esperaba que le hiciera perder el conocimiento. Anhelaba la oscuridad. Una interrupción. Cualquier cosa.

«Draco…»

—Me prometieron esto —él continuó, su voz repugnantemente ansiosa y estimulada. Estaba nervioso y animado, como una hiena hambrienta quien había tropezado con una res muerta. —Él me prometió una vez contigo.

«¿Él? Alguien más… Más de uno…»

Y luego puso una mano en su garganta; no con fuerza ni apretándola, solo ahí para sentir su pulso latir contra su palma. Con un giro de su forma, estaba sentado a horcajadas sobre sus caderas desnudas y mirándola de manera lasciva. La compulsión de vomitar estaba elevando cuando la tela áspera del pantalón roía un par de centímetros de su parte sensible.

Todo lo que podía hacer era sentir.

Todo estaba atrapado en sus costillas; todas las lágrimas latentes, gritos e instintos físicos, y nociones emboscadas se sentían como lava burbujeantes. Y era jodidamente doloroso. Podía sentir su pie ladeado hacia un lado y sabía que se estaba poniendo lentamente gris. Podía sentir la sangre que todavía corría por su frente y el golpe era una agonía crepitante a un lado de su cabeza.

Eso era todo lo que había. Solo él, y el dolor, y la carrera de ruegos imposibles. Y su desnudez…su vulnerabilidad.

«Aléjate de mí…»

Y la mano comenzó a bajar lentamente, flexionando los dedos así sus uñas se convertían en garras. La fricción la estaba marcando y ella sintió como su piel daba paso a la sangre cuando los dedos rasparon la hendidura de sus pechos.

Y los dígitos que pinchaban continuaron. Más abajo y más abajo, dejando una cinta de color rojo en la estela que ella podía sentir juntarse en su ombligo. Pero el raudal bajó más, sobre sus caderas y entre sus piernas, deslizándose sobre el premio que le prometieron a él.

«Le fui prometida…»

Ella intentó imaginarse a sí misma por un segundo con una larga herida partiéndola por la mitad y se dio cuenta que era probable que luciera como si hubiera sido diseccionada por manos inexpertas y un cuchillo desafilado.

Él volvió a salir de su visión, y el enfermizo sonido de un cierre abriéndose retumbó en sus oídos. Ella volvió a rogar en silencio, a dioses olvidados en los cuales nunca había creído. Charló y negoció con los dioses perdidos para que el dolor y la conmoción robaran la luz. Para perder el conocimiento. Para cualquier cosa, menos estar consciente.

Pero ellos la ignoraron.

Y luego la boca de él estaba sobre su piel, sus dientes maltratando su pecho y cuello sin compostura. Era un ataque frenético sobre su cuerpo, dejando atrás marcas ovaladas agitadas, algunas sangraban y otras no. Pero todas dolían.

Montague se acomodó a sí mismo así estaba montado a horcajadas sobre la parte superior de sus piernas, y ella pudo sentir la horrible extensión de su erección entre sus caderas.

Él estaba de regreso sobre su rostro, sus mejillas y labios manchados con la sangre de ella por los arañazos. Se puso encima de ella, sus pozos negros, brillando de placer. Se inclinó y castigó su boca con un asalto grotesco que la obligó a probar el sabor amargo de su propia sangre.

—Esto no será rápido —él prometió mientras se alejaba, mostrándole sus dientes afilados y manchados de rojo una última vez.

Se volvió a ir, y ella sabía lo que seguía. Solo quedaba una sola cosa por hacer. Era inevitable, y ella no podía hacer nada. Ni siquiera podía ver lo que él estaba haciendo para que ella se prepare.

Pudo volver a escuchar movimientos, tal vez eran prendas pero no podía estar segura.

Pero luego escuchó un maravilloso sonido.

El hermoso rugido de la chimenea.

Se preguntó si había sacado conclusiones demasiado rápido de que el invitado era un aliado, pero sintió cómo Montague se paralizó encima de ella y se puso tenso.

Y luego la nueva voz maldijo en un tono masculino y familiar. Pudo escuchar un rápido movimiento de prendas de ropa y luego la nueva voz era fuerte.

¡Desmaius! —gritó, y el peso de Montague fue arrojado fuera de ella. Escuchó la fuerte caída del cuerpo golpeando una pared antes de que se estrellara contra el suelo.

Y luego hubo pasos apresurados corriendo hacia ella, y el rostro preocupado de Caleb estaba en su visión. Él la estaba mirando, sin duda intentando calcular sus heridas pero su dolor había sido olvidado por un momento.

El alivio fue adormecedor, aunque fue solo temporario.

—Granger —dijo él, mirando a sus ojos muertos. —Reacciona. Vamos. —la estaba sacudiendo un poco, confundido, pero una mirada de realización cruzó su rostro. —Mierda —murmuró, agitando su varita sobre de ella. —Finite Incantantem.

Ella era libre.

Y todas las emociones atrapadas e impulsos explotaron fuera de ella. Succionó todo el aire que pudo y gritó tan fuerte que sintió como si su garganta se estuviera desgarrando por dentro. Se arrojó hacia Caleb, necesitando tocar a alguien en quien ella confiara. Necesitaba saber que era real.

Los ojos de Caleb intentaron de asimilar todo. Su cuerpo estaba salpicado de manchas de color carmesí y arañazos. También había marcas de mordidas, pero no podía clasificar el daño cuando ella estaba temblando tanto. La apartó lentamente para tomar su bata y cubrir su modestia, frunciendo el ceño cuando la sangre tiñó la tela al instante en en un color borgoña inquietantes.

—Está bien —le aseguró, mientras ella continuaba chillando. —Ahora está bien, Granger.

Ella estaba temblando demasiado…

—Tengo que llevarte a San Mungo —él explicó cuidadosamente, intentando hacer contacto visual. —Mírame, Hermione. Estás herida…

—So-solo aléjame de él —ella tartamudeó, enterrando desesperadamente su rostro en el pecho de su amigo.

Él lanzo una mirada sobre el mago caído y su furia se retorció.

¡Expelliarmus! ¡Incarcerous! ¡PetrificusTotalus!

Con la varita de Montague en su mano y asegurándose que no iba a ir a ningún lado por un buen rato, levantó a Hermione lo más delicadamente que pudo, notando la curva poco natural de su tobillo. Ella recuperó el sentido rápidamente, habiendo solo necesitado dejar escapar su arrebato pero seguía dando alaridos como una mujer quebrada. Una bruja violada. Una chica aterrorizada.

Se habían juntado sus pulmones hasta el punto de tortura y había sido liberado en un torrente masivo. Ahora las secuelas la estaban robando; llantos más silenciosos pero seguía temblando como si la hubieran dejado batallar contra los vientos del Ártico.

—Está bien —él le volvió a decir. —Te tengo. —Él sintió cómo ella se aferraba a él como si se le fuera la vida en ello. —¿Me puedo Aparecer desde aquí? —le preguntó, frunciendo el ceño cuando sintió que ella negó con la cabeza.

—¡Espera! —ella gritó de repente, y su urgencia lo detuvo en el acto. —¡Crookshanks! ¡Busca a Crookshanks!

Él encontró al pequeño manejo de pelos de color jengibre un poco aturdido pero vivo y se inclinó para levantar la mascota y ponerla en los brazos de ella.

Satisfecho de que se podían ir, se dirigió a la puerta principal de Draco, miró por el cristal para ver si el camino estaba libre y agradeció a Merlín cuando vio que estaba vacía. Corrió por las calles y se agachó bajo un árbol en el lado opuesto. Apretando un poco más su carga atormentada, recorrió con la mirada para asegurarse no haber sido visto antes de Aparecerse rápidamente en Purge y Dowse S.A. y atravesó apresuradamente el cristal.

—¡Necesito un Sanador! —gritó una vez que estaba dentro de la recepción, y dos Medimagos estuvieron a su lado al instante con una camilla encantada siguiéndolos. —Ella ha sido atacada —les dijo, bajándola y notando que ahora Hermione parecía aturdida y estaba sollozando de manera inquieta. Tomó a Crookshanks de su agarre, poniéndolo bajo su brazo mientras ellos la acomodaban en la camilla.

—Bien —el más adulto de los dos estudiaba a la bruja cuidadosamente antes de volverse a su colega. —Llévala al cuarto piso —ordenó, regresando a Caleb. —¿Cuál es su relación con la víctima?

—Soy su amigo —contestó Warrington, observando cómo Hermione desaparecía de su vista. —Tengo que contactar al Ministerio de inmediato, y a su… familia.

—Puedes utilizar la Red Flu detrás del escritorio, —le ofreció el medimago —si eso falla pídale a la Medimaga usar una de sus lechuzas. Pero tiene que quedarse aquí porque tengo que llamar a los Aurores por este tema.

—Gracias —Caleb asintió, dirigiéndose al escritorio y agradeciendo a la bruja quien se ofreció a cuidar del gato mientras él iba a la chimenea.

Lo primero que hizo fue llamar al Ministerio, y lo comunicaron rápidamente con Shacklebolt. Él le explicó todo lo que sabía y le aseguraron que los Aurores iban en camino a la casa de Draco y al hospital al momento que se terminó la llamada.

Y luego se topó con un problema…

No tenía idea dónde estaba Draco. Si su propia lechuza hubiera estado a mano, entonces quizás él hubiera podido localizar a Malfoy, pero las lechuzas de San Mungo no tenían nada con qué trabajar. Con un destello de esperanza, intentó con la Mansión Malfoy y suspiró aliviado cuando la cabeza flotante de una bruja lo saludó.

—Narcissa —él saludó sin rodeos, olvidando las formalidades dada las circunstancias. —Necesito que le envíe una lechuza a Draco y le diga que venga a San Mungo…

—¿San Mungo? —ella repitió un poco alarmada. —¿Qué…?

—Hermione ha sido atacada —dijo precipitado, notando el impacto en el rostro de la mujer. —¿Su lechuza será capaz de encontrarlo?

—S-sí —ella tartamudeó, completamente agotada. —Enviaré uno de inmediato. ¿Ella está bien? ¿Ella es…?

—Está ahora con los Sanadores —él explicó con firmeza. —No sé mucho pero tengo que encontrar a Draco…

—Lo enviaré ahora —dijo ella, y su cabeza se movía en su estado nervioso. —Voy a estar allí tan pronto como pueda.

Ella terminó la comunicación y Caleb dejó escapar un suspiro calmado antes de enviar unas de las lechuzas del hospital a Amelia. Él contempló la idea de intentar contactar a Potter y a Weasley pero se imaginó que Harry, siendo un Auror, sería informado en breve.

Él había hecho todo lo posible.

Se tomó solo un minuto para asimilar todo lo que había sucedido. Era un torbellino de gritos y sangre pero sintió que había hecho todo lo que pudo. Esperaba haberlo hecho…

Unos minutos después una Medimaga le dijo que un Auror necesitaba hablar con él, y fue llevado a una pequeña sala de espera en el cuarto piso donde una Leandra preocupada lo estaba esperando y le pidió que le explicara todo lo que sabía.

Y así lo hizo.

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Draco no pudo recordar la última vez que había corrido, pero se apresuró a través de los pasillos del hospital lo más rápido que sus piernas le permitieron. Su carrera no se detuvo cuando reconoció a Caleb sentado en una silla en el cuarto piso, descansando su frente contra sus puños antes de escuchar las pisadas frenéticas del rubio.

—¿Dónde está? —él espetó, su rostro con una mezcla sorprendente de furia y pánico. —¿Dónde diablos está?

—Está ahí adentro —Caleb señaló una puerta, pero sujetó al otro mago cuando intentó moverse. —Todavía no puedes entrar…

—¡Suéltame! —gritó Draco, intentando apartar al hombre grande. —Suéltame, Warrington o juro que…

—No han terminado —le dijo a su amigo firme. —No pueden ser interrumpidos…

—¡Mierda! —espetó, y balanceó su puño contra la pared con un crujido satisfactorio. La pared se arregló por sí misma mágicamente así volvió a golpear una y otra vez hasta que no pudo sentir su puño. Regresó a Caleb, haciendo caso omiso al dolor palpitante que le hizo cosquillas en sus nudillos. —¿Cuánto tiempo?

—No estoy seguro…

¿Cuánto tiempo?—preguntó tajante con los dientes apretados, y el tono oscuro puso serio a Caleb.

—Ha estado allí cerca de media hora —el hombre de pelo oscuro dijo lo más calmado que pudo. —Pero no sé cuánto tiempo les tomará.

Y luego el rostro de Draco cambió a algo cercano a la vergüenza y odio a sí mismo.

—¿Tanto tardé? —cuestionó, pareciendo derrotado mientras absorbía la información. —Pero vine tan pronto como…

—Fue difícil encontrarte —Caleb dijo con un suspiro. —Malfoy, siéntate por un minuto.

Él acató aturdido, temblando un poco ya sea por la furia o la conmoción mientras se sentaba al lado donde el otro mago había estado. —¿Han dicho algo?

—Nada —él negó con la cabeza mientras se volvía a sentar. —Por cierto, tu madre está aquí; está en el piso de arriba con Amelia en el salón de té…

—¿Qué sucedió?

—No estoy seguro si debería…

—Solo dime —Draco interrumpió, cerrando los ojos y masajeándose la frente con dedos estresados. —Ahora.

Caleb exhaló. —Fui como tú me pediste —él comenzó, seleccionando cuidadosamente sus palabras. —Y Montague estaba allí…

—Sabía que era él, mierda —Draco espetó con dureza, clavando las uñas en las palmas de sus manos. —Lo voy a matar cuando lo encuentre. ¿Adónde está ahora?

—Los Aurores lo tienen.

—¿Y qué es lo que viste? —Draco presionó, notando la expresión vacilante del otro hombre. —¿Qué estaba haciendo? Y no seas jodidamente condescendiente conmigo, Warrington. Dímelo ahora.

—Ella estaba sangrando mucho, —él continúo, encogiéndose. —Y creo que tenía una herida en la cabeza y su pie lucía bastante estropeado, pero no lo sé —hizo una pausa para respirar hondo, desviando la cabeza de su acompañante. —Estaba desnuda, Malfoy.

Y él juró que vio cómo las finas cuerdas de la cordura de Draco se rompieron cual delicadas briznas de hierba.

—¿Ella fue…?

—No lo sé —él intervino rápidamente. —Creo que llegué a tiempo, pero no estoy seguro.

El siempre estoico e inquebrantable Malfoy lucía destrozado.

Estuvo en silencio por largos minutos, evidentemente intentando recuperar su mente y sus sentidos. Una tormenta de emociones se deslizaban por sus rasgos pálidos, todos intensos y poderosos y Warrington pudo ver que necesitaba espacio. Le ofreció a Draco una cautelosa palmada en la espalda, se levantó de su silla y decidió que era mejor dejarlo solo con sus pensamientos tempestuosos.

—Caleb —él lo llamó, deteniendo la salida del otro mago. —Gracias.

El otro hombre giró lentamente y asintió con la cabeza. —Le iré a decir a Narcissa que estás aquí…

—Dile a mi madre y cualquier otro visitante que no vengan aquí hasta que yo lo diga, —Draco exigió con un tono duro, pero que tembló hacia el final.

—Lo haré —Caleb le aseguro, antes de permitirle quedarse en su violenta privacidad.

Ahora satisfecho de que estaba solo, Draco sintió cómo el calor furioso brotaba de sus ojos y bajaba por sus mejillas. Se tiraba del pelo y su rostro se arrugó con líneas lívidas mientras luchaba por mantener la compostura. Él no se había quebrado así desde su sexto año, pero esto era mucho más brutal y vicioso. Incluso cuando su padre había muerto él se mantuvo indiferente, pero esto lo estaba matando.

Solo necesitaba saber si ella había sido tocada. Y si lo había sido…que Merlín salvara a cualquier humano que estuviera en un radio de un kilometro. Y Montague era hombre muerto. Azkaban no era ni siquiera un impedimento.

Sus pensamientos eran los de un hombre institucionalizado; imprudente y volátil. Limitando peligrosamente entre lo rabioso y desquiciado.

Sabía que era Montague…él le había dicho a ella que era él. Nunca antes había tenido una victoria vacía, pero se sentía como el demonio. Y entonces él le había prometido que su casa era segura.

«—Mis escudos son impenetrables…»

«—Las protecciones de mi casa son completamente estables…»

«—Mi casa es segura…»

Él había dicho todas estas cosas. Le había dado esos votos de seguridad.

Había estado equivocado.

Le había mentido.

Había sido tan confiado…

Y luego pensó en su pelea más temprano de ese día y se odió a sí mismo.

Tuvo que esperar otros treinta minutos con su breve estabilidad antes de que un Sanador saliera de la sala que Caleb había señalado, y Draco sujetó al hombre rechoncho en un segundo.

—¿Y? —él dijo gruñendo, sintiendo cómo el hombre se sobresaltaba.

—Usted debe ser el señor Malfoy —dijo el hombre bajo en voz baja, evidentemente intimidado. —Lo siento pero va a tener que esperar a que las Medibrujas terminen. Están limpiando todo y podrá entrar en algunos minutos…

—¿Ella está bien? —Draco preguntó bruscamente, sin importarle si su agarre sobre el hombre era un poco fuerte.

—Ella está bien —él le dijo, y el agarre del mago más joven se aflojó. —La mayoría de sus heridas eran menores y están sanando bien. Lo siento, señor Malfoy, pero como usted no es familiar no puedo decirle…

—¡Solo contésteme una cosa! —él exigió en voz alta antes de que el Sanador pudiera terminar, pero luchó con las palabras y bajó la voz. —¿Ella fue… ella fue violada?

El hombre frunció el ceño con una simpatía que lo hubiera fastidiado en cualquier otra situación. —No, —el Sanador contestó, y Draco sintió cómo su cordura regresó lentamente a su lugar. —Sin embargo, hay ciertas heridas que indicarían que esa era la intención del atacante, pero ella está bien.

«La intención del atacante…»

Montague era un cadáver ambulante, solo que él todavía no lo sabía.

Se volvió a sentar, acompañado por largos minutos mientras su cabeza era reprendida con alivio y rabia que podía matar. Pero ella no había sido violada… Ella estaría bien…

—Señor Malfoy —una pequeña Medimaga irrumpió sus pensamientos cuando se asomó por el pasillo, y él se puso de pie al instante e intentando entrar a la sala. —Ella está un poco desorientada por las pociones, pero aparte de eso está absolutamente bien. Nos gustaría que pase la noche así podemos vigilar la herida en su cabeza y hay una cama libre si…

—¡Solo déjeme entrar! —él interrumpió nervioso, preparado para maldecir a la mujer si no se corría de su camino. Con un pequeño asentimiento, él la empujó a un lado e irrumpió en la sala, pero en el segundo que la vio, se paralizó.

Ella estaba sentada, mirándose las manos sin parpadear descansando sobre sus piernas cubiertas con la sábana. Lucía frágil y un poco mareada en la delgada bata del hospital, y la tristeza delicada en su rostro le causó dolor. Pero fueron las manchas de color amarillo pera por toda su piel que hizo que su enojo y angustia volvieran a caldearse. Los hematomas casi curados estaban en todas partes, como si alguien hubiera desparramado pétalos de girasol por todo su cuerpo.

Y las que estaban con bordes de anillos de color rosa cereza lo hicieron enfermar.

Y como si se hubiera despertado de su trance, ella levantó lentamente la cabeza y lo vio a los ojos. Su expresión se transformó en una sonrisa revivida que fue solo ligeramente fracturada, pero no obstante deslumbrante. Probablemente nunca sabría porqué, pero el gesto solo le hizo sentir culpa. Sus pies ni siquiera se movían aunque estaba ansioso por tocarla. Solo que no podía.

—Lo lamento —dijo él antes de siquiera pensarlo, y ella se desanimó.

—¿Por qué lo lamentas? —ella preguntó, frunciendo el ceño cuando él no dio ningún indicio de contestarle. Su tono era ronco, como si hubiera estado gritando por días y fue otro golpe para su mente desmoronada. —¿Por qué estás parado allí? —ella cuestionó. —Ven aquí…

—No quiero lastimarte —él murmuró en voz baja, apretando los puños.

—No lo harás —ella argumentó, su mirada implorándole que se siente junto a ella. —Por favor, Draco. Te necesito ahora.

Él vaciló. Sintió como si no tuviera el derecho de tocarla, pero no pudo negarse. ¿Por qué ella no podía ver que cada herida estaba firmada por su consciencia? ¿Por qué él había sido tan arrogante con respecto a sus escudos protectores? ¿Por qué la había dejado sola? ¿Por qué él…?

—Draco —ella lo volvió a llamar, dándole una palmada al colchón. —Ven aquí. Está bien.

Sus pasos fueron aparentemente elegantes y calmados cuando se acercó a la cama, y se acomodó junto a ella. Ella no perdió ni un segundo antes de meterse en su regazo y descansar su rostro contra su pecho. Él olía a trabajo duro y lluvia y era la encarnación de la protección masculina en su uniforme de Quidditch, y se sentía divino poder tocarlo. Sintió cómo sus brazos se envolvieron lentamente alrededor de su cintura como si tuviera miedo de romperla y ella frunció el ceño.

—Más fuerte, Draco —pidió ella, y su agarre se estrechó un poco. Pero no lo suficiente. —Un poco más.

Y luego él estaba abrazándola como si ella fuera a flotar, recorriéndole la espalda con sus manos y pasándolas por sobre su cabello; y solo tocando lo que más podía cada parte de ella. Ella suspiró en él. Esto era lo que necesitaba. Y podía sentir que él también lo necesitaba.

Los dedos frenéticos de él se detuvieron así que solo la estaba acunando, meciéndose hacia adelante y hacia atrás, y ella inhaló su esencia masculina como si hubiera sido privada de la misma.

—Eso está mejor —ella murmuró somnolienta.

—Tienes que decirme qué sucedió —él exigió, los labios rozando su cabello. —Necesito saber.

Ella se tensó. Él había logrado momentáneamente alejar los recuerdos que se habían desatado contra sus párpados, y ahora tenía que volver a vivirlos. Él se apartó y tomó sus mejillas entre sus palmas, uniendo sus miradas en un acercamiento hermético.

—Dime —él finalizó, despreciando el brillo de sus lágrimas que nublaban sus ojos.

—Está bien —ella asintió vacilante, mordiéndose el labio. —Acababa de salir de la ducha, y bajé las escaleras y él estaba allí. Nosotros…luchamos por un momento, pero me dio con la maldición para paralizarme…

Su oración se desvaneció y Draco le dio un ligero apretón a su mano para alentarla.—Continúa.

—Y luego me quitó la bata —ella murmuró, sus ojos apartándose de su mirada. —Y luego dijo algunas cosas y me arañó, y mordió y luego Caleb llegó.

El pecho de él se estaba agitando en su intento de calmar su enojo cuando ella había terminado y se mordió el labio. —Pudo haber sido peor, —dijo ella en voz baja, arrepintiéndose cuando lo escuchó gruñir. —Draco…

—¿Peor? —él dijo gruñendo, y su abrazo volvió a ser fuerte; posesivo y firme. —Intentó violarte…

—No, —ella gimió, agarrando la tela de su uniforme. —No puedo…

—Iba a matarte.

Otro recuerdo retumbó en su mente. —No, —ella dijo firme, y pudo sentir su confusión. —No, él dijo algo. Dijo que no era su trabajo matarme. Dijo que alguien me había prometido para él.

Draco se quedó quieto por un momento así que ella levantó la mirada y se humedeció los labios, nerviosa. Podía ver las obstrucciones en su cabeza torneándose pero su rostro era de dolor físico. —Teníamos razón —susurró suavemente, como si las palabras le atemorizaran. —Hay más de uno.

Sus rasgos se desencajaron, como si la revelación lo hubiera extraído la vitalidad y lo dejó agotado. —No ha terminado —dijo, más para sí mismo. —Maldita sea.

Ella no sabía qué decir. El hecho de que no hubiera nada que pudieran decir o hacer para hacer la situación menos grave. Así que él solo la abrazó, y ella descansó sobre él por unos intensos minutos en un silencio comprensivo que duró entre un segundo y una lenta hora.

Solo respirando y abrazando. Solo tiempo.

—Te amo —Draco alejó la calma, la confesión en voz baja, bajó por sus rizos para llegar a su oído.

Una ola de algo hermoso se apoderó de ella, y se sintió como el sol y el almíbar. Como satén y sonetos. Sedó sus pensamientos sobre Montague, si bien solo por un momento, pero ella sabía que en el largo plazo, las palabras de su novio dejarían una marca más fuerte que la de los eventos de ese día.

Ella ya había visto la muerte y luchado contra psicópatas antes, pero esta era la primera vez que Draco Malfoy le decía que la amaba. Sabía que iba a estar bien, e incluso tenía un presentimiento que esta confesión la ayudaría a enterrar esta pesadilla en el fondo con las otras.

—Te amo —ella le dijo, adorando la manera en que salía tranquila de su boca. —Creo que ahora me gustaría irme a la cama.

—¿No quieres ver a los otros? —le preguntó, alzando una ceja dudando en privado.

—Esta noche no —negó con la cabeza. —En verdad estoy cansada.

—Está bien —él estuvo de acuerdo, apartándose reticentemente de ella. —Regresaré en unos minutos.

Y dejarla sola fue más difícil de lo que debería haber sido, pero luego la última vez que la había dejado, ella fue casi…

Había seis personas en la sala de espera, evidentemente separadas en dos grupos. Amelia, Caleb y su madre estaban sentados de un lado, y Potter, Weasley, y la Weasley-convertida en-Potter estaban del otro. Pero por más diferentes que fueran, todos tuvieron la misma reacción cuando lo vieron caminar por el corredor. Le dispararon preguntas de todos los ángulos como dardos fuera de lugar y él les dio a la pequeña multitud una mirada fría.

—¡Suficiente! —gritó sobre ellos, un poco sorprendido cuando de hecho ellos dejaron de gritar. —Miren, ella está jodidamente exhausta y solo quiere dormir. La pueden ver mañana…

—¡Yo la quiero ver ahora! —discutió Weasley, atreviéndose a dar unos pasos hacia el rubio. —Tú no eres su representante, Malfoy, quiero saber que ella está bien…

—Ella está bien —Draco le dijo al pelirrojo con más paciencia que pensó apropiada para el hombre más pequeño. —Pero está cansada y va a dormir…

—Bueno, entonces yo…

—Déjalo, Ron —Harry interrumpió a su amigo, ganándose una mirada sutil de sorpresa de Malfoy. —Hermione ha tenido un día difícil. Solo regresemos mañana cuando ya haya descansado.

Con una mirada de traición y fuerte agitación, Ron pasó junto a Draco de un empujón y estuvo en el corredor como un rayo. Caleb y Amelia fueron los siguientes, la última pidiéndole que le de saludos a su novia. La esposa rellena de Potter siguió con una sonrisa amigable, y él quedó con su madre y el Capitán Inmortal.

—Fui a casa y busqué un poco de ropa para ti—le dijo Narcissa, dándole una bolsa. —¿Cómo está ella?

—Mejor de lo que esperaba —él contestó siendo honesto. —Tú le puedes preguntar por ti misma mañana.

—Ella es una luchadora —su madre sonrió a sabiendas, dándole a su hijo un rápido beso en la mejilla. —Sé que va a estar bien. Estoy muy orgullosa de ti.

Él asintió incómodo, preguntándose qué fue exactamente lo que había hecho para ganarse su elogio. —Te mandaré una lechuza temprano a la mañana —ella le aseguró, y desapareció, dejándolo a solas con Potter. El hombre de ojos verdes lucía preocupado pero era claro que lo estaba manejando mejor que Draco lo había hecho. Se giró hacia Malfoy con una mirada extraña en su rostro, casi como si se estuviera preparando para pedirle un favor.

—Kingsley me contactó hace un rato —comenzó el mago de pelo oscuro al azar. —Me pidió que mañana interrogara a Montague y uno de los investigadores principales tienen que estar ahí también.

—Pero, —Draco frunció el ceño mientras absorbía la información —Granger y yo…

—Lo sé —Harry suspiró, frotándose los ojos, estresado. —Tú y yo tendremos que enfrentar a Montague mañana a la tarde. Kingsley confía que podemos ser profesionales…

—Que se vaya a la mierda —el rubio rió sin humor. —¿Quieres que me siente en la sala con el hombre quien intentó violar a mi novia y ser profesional?

—Además de Hermione, tú y yo somos lo que hemos trabajado más en el caso —él razonó, pero era evidente que estaba también totalmente en contra del prospecto. —Mira, también va a ser difícil para mí; ella es mi mejor amiga…

—No —Draco dijo simplemente, mirando al otro hombre como si fuera un tonto por preguntar. —No prometo que voy a contenerme en una habitación con él…

—Bueno, entonces Hermione es la única otra opción —le dijo Harry. —¿Prefieres que ella esté en una habitación con él?

—No intentes manipularme —Draco le advirtió con una voz profunda. —No quieres poner a prueba mi temperamento en este momento.

—Ella es la única otra…

—Yo lo haré —él interrumpió con firmeza, mirando al hombre con una mueca. —Pero no te prometo ni una mierda, Potter.

Harry parecía como si quisiera discutir un poco más pero asintió lentamente con la cabeza, en aceptación. —Te veré mañana, entonces —murmuró, pasando junto a él. —Solo hazle saber que la quiero.

Draco miró con el ceño fruncido al hombre que se marchaba.

«No como yo».

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Draco había rechazado rápidamente la idea de dormir en la cama y decidió que la proximidad de la cama individual obligatoria era preferible. Ella estaba presionada contra él mientras él trazaba formas aleatorias en la parte inferior de su espalda, segura y a salvo en sus brazos. Ella necesitaba estar lo más cerca posible; la cordura de él seguía siendo cuestionable pero de alguna manera ella era una droga para la misma.

—¿Y estás seguro que es una buena idea? —Hermione murmuró con pereza, acariciando los vellos invisibles en su pecho con los dedos soñolientos. —Ustedes tres juntos en una habitación solo suena peligroso.

—Es una idea de mierda —él exhaló contra su rostro, los labios descansando entre sus ojos. —Pero no hay otra opción.

—¿Estás de acuerdo con esto? —preguntó ella, estirando la mano para acariciar su mandíbula.

—Por supuesto que no —Draco dijo sin su habitual mordacidad. —Pero si quiero ver al cabrón. Lo acabo de planear sin restricciones y Potter…

—Prométeme que no harás nada estúpido —ella le rogó suavemente, pero sabía que era inútil —¿Por favor?

—No puedo —dijo él con voz áspera, dándole un beso en la frente. —No lo haré.

Ella exhaló y permitió una demora oportuna entre ellos. —No estoy segura que pueda dormir, —admitió en un tono que casi le avergonzaba —sigo…pensando en ello cuando cierro los ojos.

Él la abrazó con más fuerza y frunció el ceño. —¿Hay algo que pueda hacer?

Ella lo pensó por un momento y luego inclinó la cabeza así podía capturar su boca sublime con un casi beso que se sintió más como un pétalo siendo arrastrado por los labios.

—Sigue haciendo esto —murmuró débilmente, colocando el rostro entre su hombro y cuello. —Creo que está mejorando.

Y sin que se lo pidieran, él esperó hasta que ella se durmiera antes de cerrar sus parpados. Las nociones inevitablemente enfermizas y turbulentas hizo que el sueño fuera difícil de concebir, pero el último pensamiento que cruzó por su mente antes de lograr saborear la oscuridad no involucraba a Montague.

Fue la realización de Hermione de hace un momento.

«Teníamos razón. Hay más de uno».

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N/A: Anduve de acá para allá con el "Te amo" de Draco por muchas jodidas horas…poniéndolo y sacándolo… Pero decidí que tendría que pasar algo así para que Draco se diera cuenta que la ama. ¿Esto significa que va a ser un sentimental de ahora en adelante…? Pfffft ¡ni hablar! Draco sentimental no es atractivo…¡nunca! Los hombres sentimentales son en general un gran fracaso…Oh demonios, me fui de tema…en verdad espero que esto esté bien y haya valido la pena.

NdT: ¡Holaaaaa! Espero que no hayan sufrido mucho con la espera, si es así, disculpen, pero acá estoy… espero que el capitulo hayan cumplido sus expectativas, quise dejar esta nota de autor de Bex para ver como es la lucha de un autor cuando está creando su obra y así de alguna manera compartir la experiencia.

Por otro lado ¿qué tal el capítulo? ¿Lo sintieron? ¿Sufrieron? ¿Se aburrieron? Ahora soy todos ojos para leer sus comentarios y ver las sensaciones que este pasaje les causo, confieso que en su momento cuando lo leí, me dio mucho escalofrios la escena del intento de violación, tan bien descripta que duele, también pensé que había sido Caleb, pero no después de todo había sido el obsesivo de Montague…ahora veremos que sigue con el futuro interrogatorio… ¿saldrá todo bien? ¿Draco se comportará como el buen señorito inglés que tiene que ser? ... mmm… bueno lo veremos en la próxima actualización.

Muchísimas gracias por todas sus reviews como siempre…. Gracias por los follows y favorites que la historia va sumando, en verdad me alegran muchísimo y me da mucho más ánimo para seguir.

No estamos viendo en la próxima. Un besote y un abrazo inmenso.