CAPÍTULO 1. DIFERENTE.

No podía creer lo que estaba haciendo, no podía creer que en cuestión de unos meses su vida hubiera dado ese giro de 360º, ella, Hermione Granger la sabelotodo insufrible, rata de biblioteca frígida y monjona, de la que todo el mundo se reía estaba ahora en los brazos de Draco Malfoy, o mejor dicho, él estaba en los brazos de ella, lo tenía comiendo de su mano, bebiendo los vientos por ella, pero no solo a él, había muchos chicos que habían expresado interés romántico por ella, semanalmente recibía propuestas indecentes, ahora todo lo que decía era lo más interesante del mundo, no una aburrida clase con una Mcgonagall joven, ahora siempre era invitada a las fiestas más exclusivas y deseada por todo el que se cruzaba en su camino ¿Y era eso algo negativo? No sabía responderse a esa pregunta, se sentía como la típica chica popular a la que todo el mundo admiraba, esa que todas querían ser, estaba bien que ahora todos fueran simpáticos con ella y no solo en momentos puntuales para conseguir sus maravillosos apuntes, estaba bien ponerse vestidos bonitos y que le regalaran cosas solo por ser ella, ganar dinero (que por supuesto reinvertiría en una educación universitaria más selecta de lo que pudo soñar jamás) estaba bien el séquito de fans que la adoraban, pero todo ello le había llevado a preguntarse ¿qué era real a parte de sus amigos de siempre y qué no? ¿Malfoy realmente compartiría su cama o se habría interesado por ella de no ser por su cambio de imagen y conducta o había sido él quien había cambiado al descubrir el secreto que su familia le había ocultado tantos años? ¿O se habían cambiado el uno al otro sin pretenderlo? Una cosa estaba clara, este año era muy diferente a todos los demás pero ella, también era diferente, no solo por la guerra, o por la fama, sino porque desde esa última semana de agosto, ella comprendió que merecía quererse a si misma y pensar en sus propias necesidades, hecho que nunca hubiera sido posible sin Ginny y el chico misterioso…

Unos meses atrás…

Hermione acababa de preparar todo para su llegada, estaba emocionada, nunca había vivido algo tan "normal" como era invitar a una amiga a dormir a su casa, ella muchas veces había ido a la madriguera, pero sus amigos nunca la habían visitado en su terreno, el mundo muggle. Ese verano, Ginny, pasaría la última semana de las vacaciones en su casa, a las afueras de Londres, algo que a Arthur le hizo tanta ilusión que prácticamente le mandó a su hija un trabajo de investigación sobre el mundo muggle y sus costumbres. Ginny era una chica que no llamaba la atención en el mundo muggle, a diferencia de muchos magos de padres mágicos, sabía adaptarse muy bien, obviando su fascinación con la tecnología

"Ding Dong" sonó el timbre, Hermione bajó las escaleras de su vivienda unifamiliar, era blanca con tonos grises y beiges, la decoración minimalista con un estilo muy británico, muy moderno, totalmente contrario decorado por un primo de su madre que era interiorista. Por fin, abrió la puerta.

— ¡Ginny!—la abrazó — que alegría verte, entra por favor — Ginny correspondió el abrazo, tomó sus maletas y entró a la morada de Hermione, lo primero que hizo fue mirar hacia arriba y se sorprendió — ¿ocurre algo? — preguntó Hermione

—Oh — Ginny esbozó una sonrisa tímida, al darse cuenta de que quizá había sido un poco indiscreta— nada perdona, es que…no estoy acostumbrada a mirar hacia arriba y no encontrarme 5 pisos de techo, arquitectónicamente peligrosos.

—Ah, ya — rió Hermione — bueno eso es normal, a Harry y a mi nos sorprendía mucho lo contrario al principio, eso es porque en el mundo de los magos continúa la moda victoriana, tanto en los elementos arquitectónicos como en lo textil, he de decir que me gusta, es muy majestuoso, solo que si eso continuara en el mundo muggle, el derroche energético sería inmenso, con techos tan altos, tantos pisos, el gasto en calefacción sería importante.

—¿No usáis fuego para calentaros? —preguntó Ginny curiosa— o sea, sé por Harry lo que es la calefacción, pero, él me dijo que tenía chimenea en casa de los Dursley.

—Oh si, nosotros también la tenemos, pero no siempre la usamos, por la contaminación el estado lo limita, y la calefacción en teoría es menos peligrosa, aunque, en casas como la mía, sea fuego o sea calefacción, en seguida estamos calientes —apuntó Hermione — ¿te enseño la casa?

—Por favor— Hermione empezó el tour por el salón, una estancia grande, con las paredes de color gris perla y blanco, una chimenea blanca sobre la que estaban fotos familiares muy tiernas. Al lado, sobre un pequeño y estrecho mueble, se posaba la televisión, un trasto que su padre mataría por probar en ese mismo instante; el sofá, estaba estratégicamente posicionado en frente de ese aparato, con una mesita de café de cristal en medio, perfecta para el té de las 5. Unos metros más alejada se encontraba la cocina, que estaba abierta al salón y permitía cocinar, mientras hablabas con los invitados, la cocina tenía un tamaño medio, con una mesa de comedor apta para 4 personas, y unas puertas francesas que daban a un pequeñito jardín, lo justo para tomar el té en verano pisando la fina hierba o sentarse en ese balancín; en ese mismo piso estaba uno de los dos cuartos de baño, eso era lo único común con su mundo, solo que muchísimo más limpio. Poco después, ambas subieron al piso de arriba, Hermione le presentó de lejos la habitación de sus padres, el segundo cuarto de baño y finalmente su habitación — esta habitación grita Hermione Granger — comentó Ginny con ternura.

—¿Por qué dices eso? —preguntó Hermione sorprendida.

—Pues a ver, primero, está todo perfectamente ordenado, eso es muy tú, tu cama está perfectamente hecha y estirada, huele bien, las paredes son blancas, pero tienes detalles con pequeñas flores verdes y rosas, eso denota delicadeza y ternura y…en lugar de tener el típico poster de algún grupo musical de moda has llenado las paredes de estantes que antes no estaban para llenarlos de libros…nadie que viera esta habitación diría que es de otra persona y… todo sea dicho, me gusta mucho.

—Gracias — sonrió — bueno ¿qué? ¿estás lista para vivir la experiencia muggle?

—Absolutamente — Ese primer día que estuvieron juntas, Hermione quiso que conociera los barrios y elementos más emblemáticos de Londres, algo que gustó a su amiga fueron los museos, se lo pasaron realmente bien, pues ambas compartieron conocimientos de historia; Hermione, para variar, empezó explicándole a Ginny cada cosa que veían hasta que la pelirroja encontró exposiciones de objetos que eran mágicos y, por una vez Hermione se sintió teniendo una conversación cultural a su altura, sin que tras las explicaciones tuviera que ver las caras de aburrimiento de Harry y Ron, o los ojos en blanco de sus compañeros de clase.

Otro día, Hermione decidió llevar a Ginny al cine y a tiendas de electrónica y pudo ver a Arthur Weasley en su hija, le hizo risa como se asustó Ginny cuando la chica de la película disparó su arma y no pasó nada, aunque también le resultó curioso cómo lo encontraba todo tan extraño siendo que la gente en las fotos del mundo de los magos se movía.

Sin embargo, lo que más la maravilló fueron los restaurantes; en el mundo mágico había restaurantes obviamente, pero a Ginny no le entraba en la cabeza como podían crear tan ricos platos sin ningún conjuro, o llevar tantos platos sin un conjuro levitador.

—Hermione, quiero entrar en las cocinas, no me creo que alguno de los cocineros no sea mago...—dijo la pelirroja fascinada por saborear un trocito de brioche de panceta espolvoreada con queso parmesano.

—Se llama cocina fusión Ginny, los chefs saben de química, y eso acaba con creaciones como esta.

—¿Quieres decir...que usan pociones?

—Bueeeno...no poseen magia pero la ciencia cada vez se aproxima más a la magia.

—Increíble...realmente fascinante, a mi padre le encantaría, en serio, alucinaría.

— Si esto te impresiona no quiero saber qué pasará cuando vayamos a Picaddily Circus, con sus pantallas gigantes, sus luces y bueno, el llegar allí en metro— dijo Hermione entre risas

— ¿Metro? ¿qué es eso? — dijo confusa la menor de los Weasley

— Son como los trenes, pero bajo el suelo

—Wow ¿pero eso como puede ser? ¿No se rompe la tierra? ¿y por qué bajo el suelo? ¿es que van a algún lugar secreto?

—Oh no, la tierra no se rompe, es muy seguro por lo general, es público, lo usa todo el mundo para ir a sus destinos — Contestó Hermione riendo un poco.

—Pero ¿entonces qué sentido tiene?

—¿Cómo dices? — preguntó extrañada la castaña

— Que si no son para ir a un lugar secreto ¿por qué no poner los trenes encima de la tierra?

—Por el tráfico — Ginny la miraba aún sin comprender, era como si su amiga y ella hubieran dejado de hablar el mismo idioma — Es decir, — prosiguió Hermione, percatándose de que su amiga no tenía ni idea de lo que le estaba contando — los muggles no tienen escobas o polvos flu o posibilidad de desaparecerse como los magos, lo único parecido son los autobuses y trenes pero no son tan rápidos como el autobús noctámbulo o el expreso de Hogwartts, los muggles necesitan medios de transporte rápidos para llegar a cualquier sitio, para ello tienen coches, pero si todo el mundo usa coches y autobuses las calles se colapsan, por tanto inventaron cosas como los trenes subterráneos o "metros" para descongestionar el tráfico, y para viajes largos, el avión hace una función similar.

— Oooh entiendo — dijo complacida la pelirroja — aunque si te digo la verdad los muggles están un poco locos, yo jamás me subiría a un trasto tan pesado que se mantiene en el aire sin pizca de magia, algo así no puede ser seguro — Hermione rio.

— Está considerado el medio de transporte más seguro del mundo.

—Y yo pensaba que nosotros corríamos peligro de muerte por improvisar hechizos y pociones que no sabemos cómo saldrán — ambas rieron — cambiando radicalmente de tema, te confieso que he venido aquí con una segunda intención — dijo la pelirroja bajando el tono y acercándose más a su amiga.

—Oh Ginny cuando hablas así y pones esa cara me das miedo — dijo Hermione saboreando el ultimo trozo de su postre con una ligera sonrisa, esperándose algo descabellado de la hermana de Ron

—Mira, en el Callejón Diagon normalmente hay de todo lo que necesites comprar pero es que yo…necesito comprar algo, digamos, atrevido y en nuestro mundo todos saben que soy una Weasley, más ahora que ha pasado la guerra y me acosan por ser la novia de Harry Potter; en cuanto a lo que publiquen sobre mi relación con Harry me da igual, pero no quisiera que Corazón de Bruja dijera que se ha visto a Ginny Weasley comprando ropa íntima, sexy para sus encuentros con el elegido, a mis padres les daría algo — Hermione al oír tales palabras casi se atraganta de la risa.

—¿Quieres que yo te acompañe a una tienda de lencería? ¿yo?

—Vamos mujer después de luchar contra Voldemort, contra mortifagos y huir alrededor del mundo con Harry y mi hermano ¿me vas a decir que te da miedo entrar a una tienda de lencería?

—Miedo no, solo…vergüenza, todo el mundo me mirará mientras espero a que tú te pruebas cosas y la gente mayor me juzgará

—Eso tiene fácil solución, pruébate cosas tú también.

—¿Yo? — Hermione rio — ¿y para qué iba a comprarme yo esas cosas Gin? Ni siquiera tengo novio ni alguien que me guste como para enseñárselo.

—Hey! ¿Quién dice que este año no viene un chico nuevo y ardiente a Hogwartts y quieres acostarte con él?

—Ya, y entre todas las chicas preciosas del colegio se va a fijar en mi — dijo la castaña con sarcasmo.

—¿Y por qué no iba a hacerlo? ¿Quién se ligó a Viktor Krum eeh? Eres una chica preciosa Hermione.

—Vamos Ginny, ni mis amigos han alabado nunca mi belleza, de hecho, hasta han llegado a apostar a qué edad me convertiré en la loca solitaria de los gatos, y Malfoy y compañía se han pasado la vida llamándome fea, creo que el único que llegó a decirme guapa, aunque no era eso lo que admirase de mí, fue Viktor, porque cuando estábamos juntos tu hermano y yo…bueno nunca dijo nada de eso.

—Eso es porque Malfoy y mi hermano son unos críos estúpidos sin criterio y Viktor es todo un hombre, no quieras que los cerdos aprecien las perlas.

—Casi no se ha notado como has omitido a Harry en la ecuación — dijo Hermione con ironía riéndose un poco

—Eso es porque Harry es neutral, muy discreto, no juzga y en secreto siempre ha estado enamorado de mí, solo que hasta hace dos años él no lo sabía — dijo la pelirroja con desparpajo, Hermione negó con la cabeza y sonrió ante tal declaración — además te aseguro que ese idiota de Malfoy se habrá tocado pensando en ti, seguro.

—Si querías producirme ganas de vomitar, enhorabuena, lo has conseguido, ¿por qué me das esa imagen mental? Además, ya lo dudo, porque siempre nos hemos odiado.

—La línea entre el odio y el amor es tan fina…y sí, te podrá haber odiado, pero eso no significa que sexualmente no le atraigas, quizá te llamaba fea porque se odiaba a si mismo porque le atrajeras, con todos esos prejuicios…

—Una vez Malfoy hizo una dramática escena con su brazo en clase de pociones porque me había rozado sin querer, se puso a chillar como una niña pequeña y parecía que estuviera padeciendo la lepra y por si fuera poco humillante Snape le rio la gracia, en lugar de castigarle, así que créeme, si Malfoy hubiera pensado en mí de forma sexual habría acabado yendo a la enfermería para que le trataran la mente, en plan telenovela mala, ya sabes lo que le gusta llamar la atención.

—Bueno, vale — se rindió Ginny — pero volviendo a lo que hablábamos antes, ¿me acompañarás a comprarme algo sugerente?

—Solo si me juras que no tendré que oír cosas como "con este tanga Harry va a empotrarme a lo bestia" o "Harry querrá meterse entre este sujetador" porque luego por tu culpa me cuesta mucho mirarlo a la cara y no es agradable imaginar a mi mejor amigo en… "la faena". Ginny alzando su mano prometió contenerse, algo avergonzada porque su reciente comunicación de su vida sexual sin tapujos incomodase a Hermione; debía reconocer que desde que había probado el sexo estaba muy desatada; el resto de su día consistió en agradables paseos por Hide Park, probar una "taberna muy moderna" llamada Starbucks, una vuelta en el London Eye y finalmente una rica cena en un establecimiento de comida rápida, que encantó a Ginny tanto o más que el rico almuerzo de esa mañana.

Al día siguiente, Hermione se armó de valor y paciencia y rogó para que Ginny no se probara toda la tienda de lencería a la que la iba a llevar, también cruzó los dedos para que Ginny no le contara alguna proeza sexual de Harry, a pesar de que le habría prometido mantener en silencio esa parte de su vida, pero conocía a su amiga, estaba muy emocionada por haber conseguido al fin el hombre del que siempre había estado enamorada, y bueno, ella no tenía ni idea de sexo pero con lo atolondrada que estaba su Ginny imaginaba que debía ser divertido.

Salieron temprano de casa y fueron en metro a Picaddily Circus, Ginny durante todo el trayecto en el susodicho tren fue agarrada a una de las barras como si estuviera cogiendo velocidad extrema con su escoba, pero al final, reconoció que fue menos horrible de lo que esperaba; caminaron un rato hasta llegar a una tienda de lencería que llamó la atención de la pelirroja.

—Miss Seduction— leyó en voz alta —no es muy sutil, pero me gusta, entremos—dijo Ginny abriendo la puerta y dejando poca opción a réplica a Hermione, la cual opinaba que esa tienda era demasiado atrevida para su gusto.

—Cuando dijiste tienda de lencería tenía otra cosa en mente…o sea…algo bonito, pero esto…— dijo cogiendo un conjunto de tanga y pezoneras de cuero negro— ¿un poco excesivo no? —preguntó conteniendo la risa, Ginny se giró y no pudo contener unas cuantas carcajadas.

—No pensaba en eso…jajaja, me gusta ir sexy pero...no me pondría eso ni borracha— respondió la pelirroja.

—Lo creas o no, eso me tranquiliza mucho, no estaba preparada para verte con algo como esto — dijo Hermione aliviada.

—Buenos días señoritas ¿puedo ayudarlas en algo? — preguntó una dependienta muggle, bajita delgada, con el pelo rizado y los ojos verdes, con una forma de andar, gesticular y mirar muy similar a su nada apreciada compañera de clase Pansy Parkinson; Ginny le describió a grandes rasgos lo que estaba buscando y la chica les dirigió a la sala contigua — aquí tenemos una gran variedad de productos, lo que más demanda tiene es el encaje en color negro, pero el acero en las copas es nuestro producto estrella para aquellas clientas más atrevidas, y para los gustos más selectos…la pedrería es una gran opción.

—Sí, ya me estoy imaginando a un idiota pretencioso que querría a la chica con sujetadores de pedrería y sábanas de diamantes — dijo Hermione por lo bajo, provocando la risa de Ginny y la cara de disgusto de la vendedora.

—Para chicas con gustos más…sencillos como los de tu amiga…— empezó la vendedora dirigiendo su mirada despectiva a Hermione— tenemos sostenes blancos sin costuras y braguitas de dibujos — esa suposición ofendió a la Gryffindor e hizo que Ginny contuviera una mirada de "te lo dije" para no prolongar la humillación.

—En realidad yo iba a probarme las pezoneras y el tanga de cuero que tienen en la otra sala, lo bueno de tener una carita como la mía es que nadie se espera que sea un zorrón en la cama a la que le gusta el sexo duro, solo he acompañado a mi amiga aquí porque tiene unos gustos más…tradicionales y acaba de descubrir lo que es una penetración — dijo Hermione con una dureza determinante, dejando a la dependienta completamente estupefacta — ahora si no te importa nos gustaría seleccionar la ropa que mi amiga quiera probarse o…podemos irnos.

—Les…dejaré…echar un vistazo…— dijo la muggle con una sonrisa fingida retirándose; cuando ya estuvo lo suficientemente lejos Ginny pudo reaccionar como le pedía el cuerpo.

—¡¿Qué ha sido eso?! —preguntó divertidamente escandalizada — menudo corte le has dado jajaja.

—Es que no soporto a la gente así —respondió Hermione—…me recordaba tanto a Parkinson que he tenido que decirle eso porque no puedo hacerle el mocomurcielago que se hubiera merecido… ¡menuda estúpida!

—Desde luego, aunque yo ya estaba preparada para darle un puñetazo si no llegas a dejarla tan pasmada —rió Ginny de nuevo.

—Se agradece.

—Ahora vamos a por lo que nos queremos probar de verdad.

—¿Queremos? — dijo Hermione un poco alterada.

—Venga, un cambio de ropa interior no le hace mal a nadie, además ayer me lo prometiste.

—No…ayer conseguí evitar el tema llevando la conversación por otras direcciones.

—Bueno pues ahora como castigo por utilizar tretas claramente Slytherins me vas a acompañar al probador y te vas a probar…—buscó algo lo suficientemente aceptable para Hermione pero que saliera de su zona de confort — esto — le seleccionó un conjunto color rosa claro vaporoso, que tenía una tela sobresaliendo de las copas del sostén hasta la cadera a juego con un culotte del mismo color — y no te quejes….o te haré probarte el mío — amenazó enseñándole un modelito negro de corsé ligas y culotte de color negro.

—Ains…Ginny pero… ¿para qué voy a probarme yo esto? para lo único que me serviría sería para el deleite de mis peluches, o peor, para el deleite de Lavender o Parvati.

—Primero, no tienes por qué comprarte cosas para gustar a los demás Hermione, tienes que sentirte sexy contigo misma y segundo, solo ver la cara de esas dos envidiosas al ver tu cuerpazo con eso merece la pena comprarlo—Hermione rio por los halagos de Ginny—así que ahora mismo vas a ver lo sexy que estas y no acepto un NO por respuesta.

—Está bien...es imposible negarte nada—Hermione, tapándose la cara con el pelo para que nadie pudiera reconocerla por casualidad, siguió a Ginny de mala gana y se metió en el cubículo de al lado de la pelirroja; se probó el conjunto rosa y se sorprendió de la imagen que le devolvía el espejo; se sentía realmente preciosa, nunca había pensado que algo tan normal pudiera hacerla ver así. Sintiéndose en la confianza que otorgaban los probadores de mujeres retiró la cortina del probador para enseñárselo a su amiga.

—Ginny ¿Qué te parece?

—¡Hermione! ¡¿eres tú?!—dijo una voz masculina desde el fondo del pasillo de probadores.

—¡Aaaah Seamus! ¡¿pero qué haces tú aquí?! este es el probador de mujeres!—Grito Hermione roja como el pelo de los Weasley tapando su escultural cuerpo con la cortinilla del probador, Ginny sacó la cabeza alarmada.

—Perdona Hermione estoy acompañando a mi novia, ella es muggle ya sabes ...que suerte que yo sea mestizo y viva cerca de aquí; acuérdate... mi padre es muggle y bueno ella quería venir aquí— explicaba Seamus atropelladamente y muerto de la vergüenza; el chico se quedó sin más explicaciones que dar, con ambas chicas mirándolo tensas—emmm estas muy guapa así, qui quiero decir... que que bueno tu eres guapa y así vestida emm pues adiós te te veo en Hogwarts—el chaval rojo de vergüenza, se marchó de los probadores, segundos después Ginny estalló en risas.

—Jajajaja ¿has visto como se ha puesto? creo que él y su "amigo" se alegraban de verte Hermione

—Oh calla...no me des esa imagen mental—dijo la castaña con cara de asco.

—Ahora sin duda, te compras esto y todos los conjuntitos que te elija tienes un cuerpo perfecto, te va a quedar genial todo lo que te pruebes, esto es el principio del poder sexual de Hermione Jean Granger — dijo Ginny sintiéndose empoderada

— Pero ¿tú qué crees que mi cuenta bancaria es como la cámara de Gringotts de Harry? Mis padres son dentistas, vivimos bien pero no es como si pudiéramos permitirnos una tienda entera de…— miró con desconcierto unas prendas —estas cosas, además puestos a comprar todo lo de una tienda sería una librería — Ginny la miró con ternura.

—Está bien… no te sobrecargaré, pero sí vas a ayudarme a elegir para mi.

—¿Es realmente necesario? Ya quieres que nos vayamos de fiesta esta noche, no me va a dar tiempo a leer mi novela ni a hacer las listas de previsiones para Hogwarts, esto solo nos hará perder tiempo.

—Acabaré rápido — Hermione torció el gesto pero finalmente aceptó; al final, como ella había predicho, Ginny tardó bastante y solo les dio tiempo a llegar a casa de Hermione, cambiarse de ropa (una ropa que Hermione jamás habría pensado llevar) y marcharse a una discoteca de Londres, cosa a la que la Gryffindor más mayor se hubiera negado puesto que esa forma de entretenimiento la rechazaba bastante pero la insistencia de Ginny la hizo aceptar; además, esta le había propuesto un juego que le suscitaba bastante curiosidad. La pelirroja, aquel verano, había estado practicando encantamientos ilusorios, y había conseguido cambiar las facciones y el pelo a modo de la poción multijugos, y decía que funcionaría durante toda la noche si se mantenían constantemente hidratadas.

Salieron de casa de los Granger rumbo al metro, y Ginny se esforzaba por parecer una muggle normal pero el gen Weasley no le permitía pasar desapercibida por las gentes del lugar. Esperaron a que el tren llegara y, a petición de Hermione se sentaron bastante apartadas de todos los muggles que hubiera.

—¿Quieres dejar de mirarte?, la gente habla — Dijo Ginny observando como Hermione no paraba de contemplar su reflejo en el cristal del vagón del metro como si le salieran babosas de los poros.

—Ginny, llevas una boa de plumas con leds, una flor en la cabeza, y un escote que llega casi al ombligo créeme, te miran y hablan de ti, Luna Lovegood ha invadido tu cuerpo — respondió Hermione desconfiando un poco de las dotes de Ginny en encantamientos, el hechizo no estaba mal, pero no se sentía segura.

—¿Qué dices? Mis plumas son preciosas, no es que tenga tampoco demasiada carne para rellenar el escote que llevo y mi flor da alegría, además la llevo con mucha seguridad, tú eres la que parece que te mires como si la cara te fuera a explotar.

—Soy rubia Ginebra, pero no rubia de "mis genes familiares son rubios", soy rubia estilo esas zorritas de noche de Malfoy y Zabinni.

—Luna es muy rubia y no es una zorrita de esos dos herpes con patas y uniforme verde.

—Luna es…Luna…tú ya me entiendes.

—Pues aprende de ella Hermione— hizo una pausa— oye, eres la persona más lista que conozco y si me preguntaran quien es la persona que lo sabe todo en el universo, diría que tú, pero mujer ¿Cómo con ese gran cerebro puedes tener esa inseguridad? Y además, eres buena amiga y leal y guapísima, seas Bradly o Hermione.

—¿Quién es Bradly?

—La zorrita rubia que tengo delante — ambas rieron —¿crees que por una noche podrías ganarme a…ser la mejor en seguridad y sociabilidad? No…es más, te reto a serlo.

—No uses mi cerebro contra mi Ginny Weasley, es una forma absurda de intentar convencerme, muy infantil y además…

—¿Significa eso que eres…una segundona? ¿una perdedora? ¿Qué te rindes sin ni siquiera empezar? — interrumpió Ginny.

—Sigo diciendo que es infantil y absurdo, pero solo porque te calles aceptaré el reto — respondió Hermione con el orgullo picado.

—Genial, pues vamos — Ginny tomó a Hermione del brazo y se bajaron del tren

—¡Pero no pienso llamarme Bradly! — Gritó Hermione mientras era arrastrada por Ginny al el Londres nocturno, los edificios brillaban con luces doradas y rosas, a pesar de que el Londres Mágico tenía un encanto único, el Londres muggle tenía un color especial.

Las chicas fueron a una conocida discoteca del centro y lo estuvieron pasando muy bien hasta que Hermione, agobiada por la gente, el volumen de la música y sus pies, no pudo bailar más por el dolor de los zapatos de tacón. Se sentó en la barra, pidió un refresco de cola y respiró mientras veía a Ginny bailar con un grupo grande de personas el "Saturday night". A su lado se sentó un chico de pelo oscuro y ojos azules, con buen porte, pero no tenía aspecto de haberlo pasado bien, solo se le veía con ganas de beber y pensar en sus cosas. Hermione iba a decidirse por ignorarlo hasta que vio algo que sintió la necesidad de decirle. Juntó su asiento discretamente al de él y sin mirarle le susurró

—Deberías esconderla mejor — el chico le miró de reojo y algo de recelo — la varita, se te nota en la espalda — susurró ella dando un sorbo a su refresco.

—¿Eres bruja? — preguntó el chico con la misma discreción y secretismo.

—No, si te parece voy a saber que lo que guardas ahí es una varita y no un arma si no fuera bruja — dijo Hermione con sarcasmo, con su acostumbrada mirada de "esto es evidente".

—Podías ser una muggle con amigos o familiares magos — dijo el chico aplastando el argumento de Hermione, cosa que la dejó pasmada y enfadada consigo misma por no haber reparado en ese detalle.

—Cierto…— admitió y pensó rápidamente como cambiar de tema — ¿No pasas mucho tiempo aquí no? — preguntó — en el mundo muggle quiero decir — el chico esbozó una sonrisa ladeada y dio un trago a su copa.

—Primera vez, ¿tanto se me nota? — Hermione rio.

—Sí, un poco, lo de como esconder bien la varita es de primero de viajeros entre mundos.

—Agghh sabía que no iba a colar, se lo dije a mi mejor amigo, pero él insistió y me arrastró hasta aquí, yo me conformaba con ver el Big Ben y luego quedarme en mi cama leyendo.

—Alelujah he encontrado oro, ¿sabes cómo me llamarían en la escuela si se me ocurre decir que me quiero quedar en casa leyendo?

—¿Friki, sabelotodo, aburrida?

—¡Sí! – Dijo Hermione sintiéndose comprendida —justo…eso… ¿a ti también te lo llaman?

—Nah, yo soy guapo y popular entonces si me quiero quedar en casa a leer solo soy un chico misterioso y eso me hace aún más interesante — Hermione rio un poco.

—Tú no necesitas abuela eh, menuda autoestima más alta "soy guapo interesante misterioso y popular" eso es quererse a sí mismo — Comentó Hermione bebiendo un trago.

—Hay quienes me llaman idiota egocéntrico, pero yo creo que son solo una panda de envidiosos — Dijo el chico con una mirada pícara.

—Claro, quien no te ve guapo y maravilloso es que te tiene envidia —Dijo Hermione bebiendo otro trago de su refresco.

—Vamos ni que no supieras que eres preciosa ni te lo dijeran unas cien veces al día — En eso el gesto de Hermione se torció un poco, no estaba acostumbrada a recibir halagos por su aspecto.

—En realidad suelo oír lo contrario.

—¿Poción multijugos? — ella se sorprendió

—Hechizo de ilusión ¿Cómo sabias qué...?

—¿Qué no eres quien aparentas? Digamos que tengo experiencia en observar a la gente y no has parado de mirarte en toda superficie reflectante desde que te has sentado, eso significaría que o bien no estás acostumbrada a lo que ves o bien eres muy vanidosa, pero lo dudo porque no tienes "la mirada".

—Vale, es raro que yo no sepa algo, pero me voy a arriesgar a preguntar qué es "la mirada" — contestó Hermione entrecomillando con los dedos esas últimas dos palabras.

—"La mirada" es mirarse al espejo y decir "qué bueno estoy, me haría el amor a mi mismo" — Hermione estalló en risas y el refresco de cola le salió por ambos agujeros de la nariz, el chico le ofreció una servilleta para secarse y ella aceptó de buena gana.

—En serio, solo conozco una persona más engreída en el mundo que tú — dijo ella riendo todavía, sintiéndose algo avergonzada por el espectáculo en su nariz — y me cae fatal, pero creo que te falta poco para superarlo.

—¿Yo te caigo mal?

—No, tú no— dijo ella con una sonrisa encantadora — la verdad es refrescante que alguien me sorprenda intelectualmente, no es algo que vea todos los días.

—Venga, no seas mentirosa, yo soy más guapo que ese tío, por eso te caigo bien.

—Pues…— Hermione se puso a pensar en Malfoy, nunca se había parado a pensar en si era atractivo — si retiras las capas de odio que le tengo, lo idiota que es, lo mimado que está y le quitaran el don de hablar, supongo que podría decirse que…reúne los atributos físicos masculinos que le hacen deseable para el sexo opuesto, pero…solo lo arrogante que es y la de bofetadas que merece para mí, lo hacen parecer un troll. Así que supongo que, sí, eres más guapo que un troll.

—Acabas de hacer que necesite abuela, eso me ha llegado al corazón — dijo el chico fingiéndose dolido— aunque es refrescante que alguien no se deje impresionar por mi aspecto y prefiera mi conversación.

—¿De qué sirve alguien que no te puede dar conversación? — Dijo Hermione complacida.

—De un polvo de una noche y luego si te he visto no me acuerdo —comentó el chico con resignación bebiendo un trago — creo que voy a recordar muchísimo más esta conversación con una chica de la que no se ni su nombre que al resto de chicas que sí he conocido — Hermione compartió una mirada intensa con él, esa compenetración no había conseguido encontrarla ni siquiera con sus amigos.

—Yo me acuerdo siempre de todo el mundo, pero…entiendo lo que quieres decir, estás acostumbrado a las ventajas físicas de la belleza pero…no has conseguido conectar con nadie.

—Sí, aunque…no veo que desconozcas la sensación, no pareces de las chicas que están con uno cada noche, bueno por fuera sí lo pareces, pero tu forma de hablar me dice que no, y sin embargo…lo comprendes muy bien.

—Sí lo hago, detrás de toda esta…belleza rubia que ves, hay una chica bastante normalita a la que le gusta enterrarse en libros, estudiar, y adelantarse a los acontecimientos, si quiero algo lo consigo así me cueste años, soy paciente y perseverante pero….a veces ni siquiera mis propios amigos logran entender lo importantes que son esas cosas para mi. Los quiero, pero encontrar a alguien que comparta tus ambiciones y tus puntos de vista…no tiene precio la verdad — confesó Hermione, el chico entonces alzó una ceja y sonrió.

—Acabas de recordarme a alguien — Dijo el chico con ternura

—¿Alguien que te gusta? — preguntó Hermione interesada

—¡¿Qué?! ¡No! ¿Por qué dices eso?

—No sé, tenías un brillo en los ojos especial.

—No, es alguien con quien me llevaba mal pero, hace un tiempo descubrí cosas de ella que no conocía y que me impresionaron, digamos que es alguien que admiro en secreto por cualidades que yo no poseo, ni podría poseer.

—¿Y a esa persona le pasa como a mí?

—Sí, es una persona muy lista y muy insegura pero lo compensa siendo la mejor en todo, cosa que a los demás nos deja un listón muy difícil de superar; nuestros padres nos comparan con ella, exigen que seamos mejores que ella y bueno, aun sin quererlo le coges rabia. Como alguien que siempre ha estado por encima de todos, estoy seguro de que es consciente de ello pero es tan insegura que se deja rodear de idiotas, sus propios amigos no la merecen ni aprecian como deben y, en mi opinión se aprovechan de ella. No es que me importe, pero si me importara le hubiera aconsejado alejarse, si hubiera sido de los círculos cercanos a mi familia y amigos estoy seguro de que habríamos desarrollado amistad, pero bueno, ya sabes, rivalidades políticas, académicas y esas cosas lo han impedido.

—Eso es una tontería — dijo Hermione — si de verdad la admiras y te preocupas por ella, que por como hablas creo que lo haces, esas cosas no tienen importancia y si de verdad crees que podríais ser amigos inténtalo.

—Quizá pueda, pero seguro que pensaría que me burlo de ella y a veces es tan fácil hacerla enfadar que no me resisto, me resulta graciosa— dijo el chico con una sonrisa tierna.

—Creo que puedo entenderla — dijo Hermione sintiéndose identificada— yo tengo una baja tolerancia a las bromas, de hecho, tengo un amigo que, siempre me tiene gritándole, sé que lo hace sin maldad pero, me cuesta muchísimo no…cabrearme — el chico rio de forma encantadora, con una mezcla de ternura y ganas de probarlo.

—Tía…creo que no me encuentro bien—llegó una chica de pelo negro a la barra tocando el brazo de Hermione, en principio no cayó en quien era hasta que vio su boa de plumas con leds, su escote vertiginoso y su flor en la cabeza.

—¡Gi….Genevieve!— Corrigió Hermione a tiempo, ellas eran famosas en el mundo mágico y el chico era mago, si querían pasar inadvertidas no debían ser identificadas — ¿qué te pasa?

—El whisky de aquí no es como el nuestro…es muuuuy hip — hipó — fuerte.

—Ay madre, estás borracha — afirmó Hermione preocupada y algo molesta, se lo estaba pasando fantásticamente con ese chico, pocas veces tenía la oportunidad de tener una conversación a su altura intelectual que no fuera con un profesor y ahora tendría que despedirse de él solo porque Ginny no había sabido controlar lo que bebía — Bueno…lo lamento pero, tenemos que irnos, mi amiga no está en condiciones.

—¿Vais a iros solas a estas horas de la noche? — preguntó el chico preocupado —Dejad que os acompañe, podría pasar algo —Hermione rio ligeramente, después de una guerra de la que ella era heroína, sobreviviendo a Bellatrix, a los mortifagos y a Voldemort, un acechador de chicas solas era pan comido.

—Tranquilo, soy una excelente bruja, creo que podré enfrentarme a unos cuantos muggles sin problemas, puedo sola, no te preocupes.

—Vale, eres buena bruja, pero en presencia de muggles no podrás hacerle un levicorpus a tu amiga y vas con tacones, andar cargando con ella será muy difícil e incómodo, y además…no parece que vaya a durar mucho en pie… — Hermione dudó, el chico tenía razón, Ginny tenía los pasos contados, apenas podía mantenerse erguida en la barra — Vamos déjame ayudar.

—Está bien…— acepto Hermione, ella sabía que podrían haberse escondido en un callejón y haberse desaparecido en su casa, pero ¿realmente era la mejor idea? Quizá Ginny se descompusiera en el intento o igual no pasaba nada, pero si no se desaparecían, ella podría seguir charlando con aquel chico tan guapo. Durante el viaje Hermione y el chico misterioso, conversaron agradablemente de muchos temas, historia, literatura, arte, música, se veía que era muy culto y Hermione por fin podía hablar de todo lo que sabía sin recibir unos ojos en blanco, una sonrisa interesada porque eso conseguiría puntos o un nerviosismo que esperaba una respuesta a los deberes o a la forma de sobrevivir. Llegaron al barrio de la Gryffindor y el chico observaba curioso las casas; anduvieron hasta la decimosexta vivienda, un sencillo hogar de paredes blancas, ventanales amplios, un elegante tejado a dos aguas de pizarra.

—¿Vives aquí? —Preguntó el moreno de ojos azules

—No…es la casa de unos parientes, están en las Sheichelles y me han dejado la casa para veranear en Londres este año — Se inventó Hermione, después de todo lo que había pasado, habiendo tenido que borrar la memoria a sus padres y habiendo tenido que mandarlos a la otra punta del mundo para protegerlos, no iba a arriesgarse a decirle a nadie que no gozara de su completa confianza donde vivía en realidad.

—Ah…— contestó el chico asintiendo mientras Hermione abría la puerta — mola la puerta verde, le da un toque diferenciador.

—¿Tú crees? — contestó la chica esbozando una sonrisa recordando la discusión que tuvo con su padre hacía cinco veranos por el color de la puerta, a ella le daba igual el color, pero al ver que su padre planeaba pintarla verde Slytherin se opuso rotundamente.

—Chss — dijo Ginny tocando punzonamente el brazo de Hermione — Hablar del color de la puerta no te ayuda a ligar, hazme caso…— la cara de Hermione se puso tan roja como el pelo natural de su amiga, qué vergüenza le había hecho pasar, primero con lo de Seamus esa mañana y ahora esto, claramente se vengaría de ella mañana aprovechando la resaca que tendría.

—Entra ahí — dijo Hermione empujando a Ginny al interior de la casa y cerrando de nuevo la puerta, no fuera que a la pelirroja le diera por decir otra estupidez por el estilo — No…le hagas ni caso, va muy borracha y dice muchas tonterías

—Tranquila me he dado cuenta de ello…hay gente que no sabe lo sexy que se ve una mujer hablando de…puertas — contestó el muchacho para relajar a la ahora avergonzada Hermione; su comentario provocó la inminente risa de la Gryffindor.

—Vale, eso me ha pillado de sorpresa — dijo ella agradeciendo su gesto mientras reía —Bueno…— miró la puerta, sabía que ahora el paso lógico era despedirse, entrar y ayudar a Ginny a encontrar la cama, pero no quería hacerlo — yo…debería entrar…velar porque mi amiga no se haya caído por las escaleras y…dormir— dijo ella jugueteando con las llaves y mordiéndose el labio inconscientemente

—Eres una buena amiga, te preocupas mucho por los tuyos— respondió el muchacho.

—Sí…siempre estoy pendiente de todos — dijo ella sin moverse un ápice.

—¿Qué hay de ti? — preguntó el chico acercándose a Hermione y jugueteando también con el llavero de ella, haciendo que sus dedos se rozaran — ¿Estás pendiente de lo que necesitas y quieres? ¿o solo te preocupas de lo que debes hacer?

—La verdad es que nunca lo había pensado.

—Eso me parecía — dijo acercándose cada vez más, hasta quedar a escasos centímetros de ella y finalmente unir sus labios en un tierno beso, el chico era dulce, pero también imponente y sensual, olía a perfume, uno fresco y distinguido que la envolvía y la excitaba; sus brazos torneados envolvían su cintura, su abdomen estaba minuciosamente definido y se notaba a través de la camisa que llevaba.

—No deberíamos estar haciendo esto —susurró ella contra sus labios una vez deshicieron el beso — no soy de las que besan en la primera cita — hablaba mientras seguía recibiendo y dando diminutos besos entre palabras —bueno, ni suelo besar a chicos de los que no se ni su nombre.

—Yo tampoco suelo besar a chicas de las que no conozco su cara real — susurró el muchacho acariciando su mejilla — pero ¿realmente importa todo eso? — preguntó juntando su frente a la de Hermione —Me gustas, he conectado contigo como nunca lo he hecho con nadie y quiero besarte ¿no te ocurre lo mismo?

—La verdad es que sí —dijo ella cerrando los ojos, embriagándose de su aroma y escuchando placenteramente sus susurros como si de ópera se tratara.

—Entonces consiéntete ¿qué más da lo que suelas o deberías hacer si no es lo que te hace verdaderamente feliz? Te mereces hacer lo que quieras hacer sin preocuparte por nada más—Hermione lo pensó, de nuevo se había quedado sin palabras, ese chico tenía razón, merecía mimarse un poco y hacer lo que le diera la gana.

—Tienes razón —Ella posó sus manos en las mandíbulas de él y se fundieron en un nuevo beso, esta vez más cargado de pasión, tenía sed por su lengua, por sus labios, por coger su pelo, por beber su aliento, pero un ruido de cristales rotos los distrajo de su labor; algo que Hermione no pudo ignorar ¿y si Ginny se había cortado o se había caído sobre ellos? El chico se dio cuenta de la preocupación de Hermione y simplemente sonrió y pasó un mechón de pelo tras su oreja.

— No te preocupes, estoy seguro de que nos volveremos a ver chica misteriosa — Dijo el chico depositando un beso en su mejilla.

—Eso espero — respondió Hermione agradeciendo su comprensión y contemplando como el muchacho se marchaba. Había sido una noche impresionante y unos besos increíbles pero ese día se prometió algo; haría más cosas por sí misma, ese chico y Ginny habían coincidido en algo muy importante, merecía darse más caprichos, pensar más en sus necesidades y hacer lo que le pidiera el cuerpo de vez en cuando.

Esa última semana decidió que los consejos de Ginny y los del chico misterioso estaban bastante conectados entre sí y, dado que Ginny le había dado muchas sugerencias decidió relajarse en cuanto a su orden y su rigidez (lo justo para no sufrir tics nerviosos), intentó olvidarse del qué dirán saliendo a la calle a comprar el pan con las pintas de Ginny esa noche de fiesta, comprando alguna ropa nueva que en otra época hubiera quemado, debía sentirse lo suficientemente segura para que cuando llegara el momento no sufriera ansiedad o se echara atrás y estaba decidida a probar sus capacidades.

El uno de septiembre llegó, Hermione se levantó a las 6 am, dos horas antes de lo que acostumbraba a hacer en esa indicada fecha pues esta vez había más que hacer; lo esencial, su baúl, su gato, su bolso y sus libros para el viaje estaban listos, ahora tocaba el último paso, la imagen. Ginny había sabido de la decisión que tomó, no podía no decírselo después de sus esfuerzos y le escribió unas cuantas recomendaciones para que le fuese más fácil el cambio.

Se dirigió al baño, primero se daría una ducha y después empezaría su transformación; se lavó el pelo con una poción alisadora, salió de la ducha cubierta con una toalla y se miró al espejo

—Bueeeeno, a ver si esta vez no me transformo por accidente en gato — pensó la castaña en voz alta. Sacó el arsenal de maquillaje que sus parientes le habían regalado en cumpleaños anteriores y que se había dignado a abrir todavía, sacó todas las cartas y apuntes de Ginny de cómo conseguir un look impresionante pero natural; en el fondo sabía que la pelirroja tenía mucho acierto en lo referente a la moda, no por nada levantaba tantas pasiones, sin embargo, todos sus cambios resultaban un tanto bruscos para su gusto.

A Ginny no le había faltado razón, parecía otra, pero lo más importante, no había perdido su esencia, no le apetecía aparentar que se avergonzaba de lo que era, pues no era así, solo quería aparentar físicamente, ser la mejor versión de sí misma.

Su pelo estaba liso gracias a la poción, se veía increíble, cogió un vestido gris oscuro sin mangas de tela gruesa, que se ajustaba a su cuerpo y llegaba unos centímetros más arriba de las rodillas. Una vez lista, cogió un autobús hasta la estación de King's Cross y atravesó el muro para llegar al andén 9 y 3/4; cargó las maletas en el tren, y a lo lejos divisó a Ron, Harry y Ginny llegando; Hermione respiró, y caminó hacia sus amigos, era el momento de las reacciones.

….

A unos kilómetros de allí, en la ciudad de Cokeworth, una chica miraba por la ventana como caía la lluvia; desde que llegó a Inglaterra y la tuvieron escondida "por su protección", no había hecho muchas más cosas. Ahora, en la casa de su padre, en la Calle de la Hilandera, tampoco había encontrado otros entretenimientos.

Cuando ella y su padre se conocieron hace siete meses, la conversación había fluido. Había llegado a pensar que tendrían una relación cercana y quizá así hubiera sido si al leer que había muerto no hubiera regresado un mes después; eso le había hecho creer que no la quería, que todo era más importante que ella, y así se lo echó en cara, hasta que se enteró por una carta de que había estado recuperándose en un lugar remoto para que nadie de los que le consideraba un traidor, lo localizara.

Severus Snape no parecía ser de los que perdonaban fácilmente, y ella desde luego, había heredado ese orgullo que le dificultaba pedir perdón; toda la vida se torturó pensando qué fallaba en su persona para que su padre jamás viniera, qué le faltaba para ser una hija deseada por quien le dio la vida, todos sus compañeros sabían que solo contaba con su madre y algunos eran tan crueles como para aprovechar esas carencias afectivas paternas para hacerle daño. Actualmente se encontraba sin amigas, sin novio, sin ningún vínculo familiar, pues su hermanastra había fallecido, solo le quedaba él y ya le había mostrado su peor faceta.

Toda su infancia y adolescencia la había pasado idealizando a su padre, su madre le había mostrado fotos, por lo que físicamente sabía lo que esperar; ella había heredado sus negros y profundos ojos, su cabello color azabache, aunque el de ella siempre se veía limpio, y su pálida tez, mientras que la nariz y la boca habían sido regalo de su madre, lo cual agradecía. Su madre siempre le dijo que era tremendamente inteligente y muy testaruda, al igual que él, sarcástica hasta en los momentos más delicados, como su padre, pero extremadamente protectora con quien amaba; algo en común con ambos. Esas cosas la hacían sentir más unida a él y todo parecía perfecto, hasta que ella murió, entonces lo conoció a él; al principio todo había ido bien pero después de su "reproche" era frío, distante y crudo y nada de lo que hiciera parecía sacarle de esa forma de actuar.

Iba a empezar en un nuevo colegio y estaba nerviosa, recordaba como los hijos de algún profesor en Durmstrang lo habían pasado mal por el extremo control que tenían de sus padres, o por lo convenencieras que eran algunas personas, falseando su amistad por trato preferencial o respuestas de examen, y ahora le tocaba a ella ¿Cuál sería su destino? ¿qué diría la gente? ¿Cómo era Severus Snape como profesor? ¿le tendrían miedo por ser su hija, la odiarían o la halagarían en exceso? Eran demasiados interrogantes pasando por su mente, necesitaba hacer algo. Tomó unas tijeras del escritorio y decidió cortar su flequillo, antaño una seña de identidad, y con la varita arreglar el resto de su cabello, dejando su melena larga y ondulada.

—Es la hora de la cena— oyó a través de la puerta, minutos después bajó a sentarse a la austera mesa, todo en esa casa era deprimente, hosco y viejo, el barrio era horrible y la compañía no mejoraba el ambiente general, sin embargo, esperaba con ansia las comidas, por lo menos Severus cocinaba muy bien, se sentó en la mesa y en silencio comenzó a cenar con su padre; algo que había deseado durante años y que no era para nada como lo imaginó.

—¿No tienes algo más apropiado que ponerte? — preguntó Severus al ver que portaba una camiseta vieja y desgastada, con algún agujero en las costuras y unas mayas cómodas. No es que él fuese el más indicado para hablarle a nadie de elegancia, limpieza o moda, pero ver ropa así en su hija le recordaba a su madre, lo cual odiaba, ya que le recordaba lo pobres que eran y como los niños del barrio y del colegio se burlaban de ella por su aspecto desaliñado.

—No recibí la invitación para la cena de gala, la próxima vez te pediré un camisón como el que tú llevas para estar a la altura de la velada. — mentalmente se reprendió, lo intentaba, de verdad que sí, pero su trato era tenso y no iba a dejar que pensara que era débil.

—Mira que eres arrogante— dijo Severus bebiendo de su vaso de agua, sabia lo decepcionada que se había sentido su hija, lo abandonada y lo triste que había estado al pensar que había muerto, pero no podía contar lo que pasó, nadie lo entendería. Sin embargo, no podía dejar que este clima se trasladase cuando volvieran a Hogwarts, en el colegio sabía que él era la autoridad y harían todo lo que él ordenase, pero aquí no era igual, ella no le tenía ningún miedo, y respeto tampoco parecía sentir, por lo que debía intentar otra cosa. — Si no tienes pijamas, te puedo comprar uno, no es necesario que te vistas con ropa remedada o…antigua.

— Estoy bien...tengo ropa suficiente— carraspeó— pero gracias. Además, con el dinero de mi herencia…

—Ese dinero no quiero que lo toques —ella, indignada iba a responder, pero Severus se le adelantó, sorprendiéndola gratamente— debes tener ahorros por si quieres cursar una carrera mágica, esa herencia puede ofrecerte todas las posibilidades que quieras; para lo demás soy perfectamente capaz de mantenerte. — Ella se mordió la lengua, no parecía eso, a juzgar por la casa, pero agradecía el gesto.

—Necesitaré túnicas, plumas nuevas, un caldero y amm…

—Sí, conozco la lista de los útiles escolares de Hogwarts—acotó Severus.

—¿Sabes ya si entraré el 1 de septiembre?

—He hablado con la directora, vas a tener que entrar algunos días más tarde, es por tu protección, una vez nos aseguremos de que todo es seguro y que te lleguen todos los útiles encargados con retraso podrás empezar— esa era la mayor cantidad de palabras que le había dedicado. Asintió fastidiada, eso implicaba perder clases y que todo el mundo se fijara en ella, pero no tenía opción.

—De acuerdo—aceptó con resignación. Severus agradeció que no se pusiera a suplicar por entrar antes, eso permitiría que él se ocupara de ciertas cosas antes.

—Te has cortado el flequillo— afirmó, la niña asintió— te queda bien. — Ella sonrió, iban avanzando, por fin le había dicho algo agradable o sin que estuviera en forma de orden.

—Gracias— se aclaró la garganta— necesitaba un cambio, verme diferente.