Capítulo 47

POV Taylor

¡Maldita sea!

Siempre que creo que las cosas volverán a sus cause, pasa algo que intenta hundirnos cada vez más… Algo, o más bien alguien intenta ensañarse con esta familia. Estoy muy enojado. Esas amenazas en contra de Anastasia, en donde aseguran que no se quedará con nada del jefe, ni siquiera con su hijo, la tienen muy nerviosa.

Pero, ¿Qué payasada es esa? ¿Estamos hablando del hijo de ella también? Ella es su madre. Ni en mis sueños más remotos se me ocurriría sinceramente quitarle a la bruja de mi ex mujer a mi Sophie… y no es que no lo haya pensado, pero es algo del momento… por alguna rabia que he tenido con ella por alguna discusión, pero debo reconocer que es una madre amorosa con mi nena, y mi niña la ama, como debe de ser.

Un tanto de lo mismo pasa con Ana. Ella, a pesar de ser una chica joven, con tan solo 23 años ha sido una excelente madre para el pequeño pillo. Y mira que no la tuvo nada fácil… Era un niño muy delicado de salud cuando nació. Ahora gracias a Dios, eso parece una pesadilla del pasado.

Y por increíble que parezca, ahora hay mucha más luz en el camino para resolver el enigma que se creó hace dos años con la desaparición del jefe. En mi vida imagine que se encontrase tan cerca de nosotros…

Aunque se ve muy diferente, es indiscutible que es él. Sin embargo tome mis previsiones una vez que salí del restaurant.

Le pedí al camarero que me diera la copa de cristal con sus huellas. Es evidente que tuve que sobornarlo para tal fin, aparte de que me aseguré de cancelar por adelantado la copa de cristal. La llevo en la maleta detrás del coche. Evidentemente, Anastasia no sabe nada.

Tampoco sabe que esta tarde, después que me entregaran la copa, me dirigí hacia mi propia cita. Algo que tenía que hacer desde hace varios meses y que por azares del destino este encuentro solo pudo ocurrir ahora.

La señorita Lucy O' Brian puede ser muy escurridiza cuando quiere. Salió de viaje junto con su novio, el señor Rodríguez. Y cada vez que intenté contactarme con ella, por alguna razón me topaba contra un muro, uno que me figuro que ella misma colocó.

Pero esta vez la espere en el café de su propiedad frente a la Universidad de Washington, uno de sus empleados me dijo que ella solo iba para una supervisión rápida del local, y pasaba algunos días pero en la oficina. Hoy era uno de esos días…

La aborde en su oficina sin avisar. Ella estaba arreglando unos papeles cuando me vio entrar. Instantáneamente su cara se volvió blanquecina y sus ojos salían de sus orbitas.

— Por su expresión, creo que me recuerda, Señorita O'Brian. — Le digo. Ella me observa por unos instantes intentando controlar su expresión, pero ya es demasiado tarde. Puedo ver su miedo. Pero ¿miedo a qué?

Yo pensé que hacia sido amable y condescendiente con ella el día del cumpleaños del Ted. ¿O tal vez será porque sé que el jefe ha permanecido escondido en la clandestinidad de la familia O'Brian gracias a ella?

—Lo lamento señora. — Dice uno de sus empleados. —Le dije que usted estaría ocupada y que tal vez no lo podría recibir. Pero entro de imprevisto y no me hizo caso. — dice nervioso.

— Descuida Marco… Puedes traer café para el señor… ¿Taylor? — Yo asiento

— Negro por favor. Le digo. Ella hace un ademan para que se retire y quedamos los dos en su oficina. Ella me invita a sentarme.

— No pensé que me encontraría nuevamente con usted. — Me dice rápidamente.

— He estado buscando entablar una conversación con usted desde hace meses, señorita O' Brian. Desde el cumpleaños del niño. — Le digo. — Aunque jamás imagine que tendríamos muchos más puntos de que hablar de los que yo imaginaba en un principio.

— ¿A qué se refiere exactamente?

— Me acabo de enterar que usted y su hermana han tenido a mi jefe escondido estos últimos años. Sabían quién era y jamás le dijeron a su familia que aún estaba con vida. — Le digo de la manera más calmada que puedo.

— Tuvimos nuestros motivos. — Dice con voz cancina.

En ese momento vuelve a entrar su empleado algo nervioso y coloca una taza de café y unas pastas en frente de mí y una taza para la señorita O 'Brian Sin decir nada se retira de inmediato.

— ¡Nunca escuchamos de una nota de rescate por el jefe! — Le espeto una vez que el chico ha salido de la oficina.

— ¡Esa nunca fue la intención! — Dice alzando la voz y levantándose del escritorio. — No pretendíamos hacerle mal a nadie. No imaginábamos que lo haciamos… las cosa pasaron por así por que tenían que pasar.

— Ustedes dos alejaron a ese hombre de su familia. Usted los vio, señorita Lucy, él tiene padres, hermanos… ¡se perdió el nacimiento de su hijo!... Eso como padre, le aseguro que nunca va a poder recuperar.

— Lamento todo lo que ha pasado, pero esto no ha sido enteramente nuestra culpa… Lo único que hicimos fue brindarle apoyo a un hombre mal herido que acababa de sufrir un accidente… si de verdad quiere un culpable, ya puede buscarlo en otra parte. — Dice furiosa. — ¿Quién dice que ustedes no tuvieron que ver en nada de lo que paso con Meg y conmigo cuando llegamos a este país?

No acabo de entender a ciencia cierta todo lo que me dice. Debo de parecer atónito ante su acusación.

— No entiendo lo que quiere decir con eso, Señorita O' Brian. — le digo de la manera más escueta que puedo.

— Esa mujer… la que cuidaba a esos niños de esa fundación y de la que usted me ayudó a huir… ¡Esa mujer es una traficante de personas! — Dice contundentemente y sin vacilar siquiera en su afirmación.

— ¿De dónde ha sacado eso? — Pregunto estupefacto.

— ¿Es que acaso no lo sabe? Esa mujer y su hijo nos raptaron tan pronto llegamos a este país. Iban a vendernos al mejor postor. A un prostíbulo quizás… Tuvimos suerte de escapar.

— El nombre de esa mujer es Mildred. Mildred Mc Millan … llevaba en su teléfono fotografías de varias mujeres. Uno de ella es suya. —Saco de mi saco mi teléfono y empiezo a inspeccionar mi galería. Hice un respaldo de las fotos que esa mujer tomo en el cumpleaños del Ted y también de las mujeres que allí se encontraban. Y allí ubico la foto de una señorita O'Brian bastante aligerada de ropa y con la mirada pedida, como si estuviera drogada. Es por eso que pensé que eran fotos de madres a los que Afrontarlo Juntos apoya. Le doy el teléfono y mira la foto con perplejidad. Que sigue por unos minutos de total silencio.

— Yooo….yoo no me acuerdo de esta foto. — Dice con temor y repulsión al verse de esa manera. — ¿Tiene una foto de Meg? — Pregunta.

En el momento que tuve las fotos no reconocí a nadie más. No hasta que conocí a la señorita Megan en Seattle. Efectivamente ella también estaba dentro de las fotos. La busque nuevamente esa noche en el computador de mi oficina en Escala, se veía totalmente diferente, una chica con la mirada perdida en las fotos y con apariencia desgarbada, casi no me doy cuenta de que era ella hasta que hice la conexión con su hermana Lucia.

Asiento a la pregunta de la Señorita O' Brian y ella se lleva las manos a la boca del susto.

Ahora con la confesión de Lucia, puedo entender muchas cosas. El temor de que esa mujer la viera en la fiesta de Ted, el malestar que sintió cuando se enteró en donde estaba…

— ¿Por qué no acudió a las autoridades? — Pregunto.

— Porque éramos turistas en este país, también ilegales… Mi hermana y yo veníamos con un propósito. ¡Jamás hubiéramos pensado que ocurriría todo lo que después sucedió!

— ¿Cómo se conectaron con mi jefe? Christian Grey ¿Qué ocurrió para que permanecieran en el anonimato por casi dos años? — Comienzo mi interrogatorio.

—Creo que Anastasia tuvo que haberle dicho. — Me replica.

— ¡Quiero oírlo de usted! — Digo contundente.

Ella tira los hombros hacia atrás, en una pose de autosuficiencia, pero se mejor que ella. No se vive lo que yo he vivido y sin conocer un poco de la naturaleza humana. Se perfectamente que es una fachada en un intento de defenderse de un depredador. Lo vi muchas veces en el Jefe. Él ocultaba su naturaleza apacible para defenderse a sí mismo de todos, pero yo sabía que solo era una máscara que se colocaba durante el día. Al llegar a casa se podía oír todo su dolor, ese que sofocaba mediante cada tonada que tocaba en ese elegante piano.

La señorita O' Brian me cuenta lo ocurrido, desde que llegaron al país y como fue el encuentro con el jefe. Y fue allí que encontré la conexión de Mike Mc Millan con la mujer de la fundación. Mildred.

— Esa vieja, era la madre del bastardo que murió y que tomo el lugar de Angel. — Dice. — Quería aprovecharse de la situación y del mal estado de él para hacerse de mucho más dinero. Lo hubiese logrado si ese aparato no hubiese explotado. Nos llevamos a Angel a Portland con nosotras a que recibiera atención médica… Él había perdido la memoria y se nos hizo fácil simular que era nuestro primo. Al principio lo engañamos con ese cuento, pero luego comenzó a recordar algunas cosas y no pudimos mantener el engaño. No fue sino hasta después que nos enteramos de quien era. El mismo se encontró en Google.

— ¿Recordó? — Estoy atónito. — ¿Qué recordó?

— Recordó el nombre de su hermano, Elliot. — dice. — Pero como le he dicho, señor Taylor. Al final fue el mismo el que no quiso saber nada mas de su vida anterior, en ningún momento vimos ningún indicio de que alguien esperase por él.

— Creo que eso fue culpa mía. Utilice algunos recursos de GEH para hacer que el escandalo fuera lo más minimizado posible. — Le digo con voz cancina. — Trataba de proteger a la familia Grey y Anastasia de los asedios de la prensa.

— Pues fue eso lo que hizo pensar a Angel que su familia no lo quería, además estaba el hecho que también creía que el accidente con el helicóptero fue provocado.

— Así fue. Ya hemos atrapado al responsable. Lamentablemente murió antes de que fuese juzgado por sus crímenes. — Le digo, aunque muy poco convencido de mis palabras. Ese hijo de puta se merecía eso y más.

— Pues nosotros hemos vivido muy tranquilos estos dos últimos años, sin sobresaltos… hasta ahora. Esta mujer, Mildred sigue suelta y estoy segura que busca venganza, aunque no creo que sepa que su hijo está muerto.

Empiezo a comprender por qué la señorita O 'Brian se encontraba tan reacia de conversar conmigo. Tiene un genuino miedo de que esta mujer pueda encontrarla.

— Hablaré con el padre señor Grey. Podemos protegerlas a usted y a su hermana, solo debe confiar en nosotros. Esta mujer no le hará ningún daño si usted decide colocar cargos en su contra.

— ¿Con que pruebas? — Responde de inmediato. —Escapamos por la divina providencia de ser vendidas al mejor postor en un prostíbulo. Somos ilegales, y aparte nuestro captor murió mientras estábamos con él. No hay pruebas de nada de lo que digo… nos deshicimos de todo lo que había en esta camioneta y la hicimos explotar. Solo tenemos unos pasaportes falsos, de los cuales siempre tuvimos miedo de usar.

— ¿Pasaportes falsos?

—Sí. En la guantera de la camioneta estaban nuestros pasaportes legales y otros falsos, con nuestras fotos pero bajo otros nombres. Angel siempre nos dijo que era muy peligroso usarlos, esa gente podría ubicarnos de alguna manera. Así que nunca los usamos.

— ¿Puedo ver esos pasaportes? — Le digo ocurriéndoseme una idea. Ella me ve con vacilación por algunos minutos. Luego se levanta y se dirige a una caja de seguridad, escondida en un armario de su pequeña oficina. La abre y busca en ella un sobre de manila el cual me da.

— Puede quedárselos. Ni mi hermana ni yo los queremos ni los necesitamos. — Dice.

— Piense bien en mi propuesta. Estoy seguro que en cuanto el jefe recupere totalmente la memoria, no se olvidara de que ustedes lo ayudaron y cuidaron de él. — Ella sonríe irónica.

— Eso lo sé. Pero no es de mi de quien me preocupo. Mi preocupación principal es por Meg, ella aún es muy… inocente. Ni siquiera lo que nos ha pasado en la vida, ha quitado eso de ella. En realidad temo por ella.

— Lo entiendo. —Le digo.

— En realidad estoy contenta de que Angel y ella tengan un vínculo especial. Aunque debo decir que en un principio estuve celosa de él. Se ha comportado como un verdadero hermano y jefe de familia. —Me relata. — Ellos dos montaron un negocio muy prospero, del cual, no tengo nada que ver. Él nos ha enseñado muchas cosas, tanto a ella como a mí… Es un buen hombre, aunque muy mandón y autoritario. — Dice riéndose entre dientes. — Hubiésemos estado perdidas sin él. — Dice lacónicamente.

— Las protegeremos señorita O 'Brian. — Le digo categóricamente.

— Como le digo, no me preocupo por mi sino por mi hermana. José, mi novio, me ha pedido que me vaya a vivir con él. Lo han contratado para tomar unas fotos por Europa y me voy a ir con él. Estoy segura que Angel cuidara muy bien de ella, una vez que ambos estén en Seattle. Lo que realmente me preocupa es que Meg se tropiece con esa mujer.

— ¿Mildred Mc Millan?

— No… bueno… en parte sí. Pero Megan la conoce y aun cuando haya rebajado mil kilos, sé quién es y creo que Meg también. La que me preocupa es Madame…

— ¿Madame? — Pregunto intrigado.

— Sí. La mujer que está detrás de todo esto. La jefe de todo el operativo y el tráfico de personas…

— ¿Quién es esta madame? — Pregunto con incredulidad.

— Usted lo sabe. La conoce. Estuvo en la fiesta de Teddy para buscar a los niños de esa fundación… No me extrañaría que usen eso de tapadera de un negocio turbio o algo peor. — Ella me vio. No me reconoció pero yo a ella sí. La señora Grey no la dejo avanzar hacia donde estaba la fiesta por temor a que Ana la viera. Creo que su nombre es… Elena…

— ¡ELENA LINCOLN! — Digo estupefacto alzando la voz. Ella se ve asombrada.

— Sí. La misma.