DOS PIERNAS Y UNA COLA

Les voy a contar una historia que nadie conoce... la de cómo se hicieron amigas Blancanieves y la Sirenita. Sí, amigas.

Hace mucho tiempo, cuando Blancanieves era muy pequeña, le pidió a su papá, el Rey, que la llevara a conocer el mar. Ella soñaba con ir a la playa porque sus pajaritos amigos le habían contado cómo era, ya que ellos podían volar largas distancias. Sólo conocía los ríos que pasaban cerca de su palacio. Así es que un día en el que el Rey estaba un poco más desocupado de sus labores reales, y antes de casarse con la madrastra malvada, ordenó que arreglaran un carruaje con buenos caballos y que le pusieran mucha comida, frutas y agua fresca, porque el viaje era largo.

A la mañana siguiente, partieron padre e hija a encontrarse con el mar. Luego de muchas horas de camino, por fin llegaron a lo alto de un acantilado desde donde se veía el agua, las enormes olas y una playa larga de arenas doradas. Antes de que el Rey pudiera decirle algo a Blancanieves, ella saltó de la carroza y comenzó a bajar corriendo por el angosto camino que llegaba hasta el borde de esa maravilla que la hipnotizaba.

A los pocos minutos ya estaba el Rey rogándole que tuviera cuidado mientras ella se mojaba bastante más que los pies. Como no le hacía mucho caso, él decidió sentarse a comer algo. Blancanieves se fue a jugar cerca, a unas rocas. Pero a medida que se acercaba escuchaba algo diferente al ruido que hacían las olas, era como una música... hasta que se asomó por detrás de una gran piedra y la vio: era una pequeña niña como ella que cantaba muy bien. Se acercó un poco más y pudo ver que en vez de piernas tenía una bonita cola de pez del verde esmeralda más brillante que hubiera podido imaginarse. Entonces, Blancanieves también se puso a cantar y la niña-pez se dio cuenta de que estaba detrás de ella. Se miraron bien, se saludaron, se dijeron sus nombres y se quedaron conversando por más de una hora.

Cuando el Rey empezó a gritar buscando a su princesita, decidieron despedirse en secreto, prometiéndose que cada vez que pudiera, Blancanieves volvería a ver a su amiga Sirenita.

La verdad es que pudieron verse un par de veces más, pero luego un día, después de muchos años, la Blancanieves fue a visitar a su amiga Sirenita, pero no la encontró. Quizás ustedes se acuerden por qué.