Piccolo el guardaespaldas

El olor a lluvia impregnado en su hogar otorgaba el mismo efecto tranquilizador que beber un té de manzanilla.

Con delicadeza la ojiazul cubre el desayuno para evitar que se enfriara y así esperar a que su familia despertara. De pronto siente un cálido cuerpo pegado a su espalda y dos grandes brazos la rodean con afecto.

-Buenos días cariño. –Dice Videl suspirando por las caricias de su esposo en su plano abdomen, el pelinegro no contesta al tener entre sus dientes la oreja de su pareja. -¿Tienes hambre?

-Mucha. –Esa voz ronca estremece a la ojiazul quien entendiendo se da la vuelta para atrapar los labios de Gohan, ambos sintiendo sus corazones palpitar sin parar.

Él toma las piernas de la joven y las enreda en su cintura, con su esposa en brazos empieza a caminar para subir hasta su alcoba.

Al llegar por fin, los besos se tornan más rápidos, más electrizantes y empiezan a desatar con frenesí toda su pasión.

Mientras, en la cocina una pequeña niña de enormes ojos usando un adorable pijama de color rosa entra siguiendo el hipnotizante aroma a waffles.

-¿Mami? –Su adorable voz hace eco al encontrarse aparentemente sola, comienza a caminar hacia la oficina de su padre.

Cuando ingresa solo se encuentra con papeles en su escritorio, montones de libros acomodados con pulcritud pero ni una señal de sus progenitores.

La naturaleza de la niña de 5 años no la dejaba darse por vencida así que subió con rapidez las escaleras, cuando por fin estuvo frente a la puerta para ingresar al cuarto donde dormían sus padres, un grito hizo que su mano se detuviese estando a centímetros de tocar el pomo de la puerta.

-Gohan…-Era su madre repitiendo el nombre de su padre como si sollozara, esos sonidos se mezclaban con los gruñidos del joven investigador.

La pequeña Pan abre lo más que puede sus ojos totalmente asustada.

¡Su padre intentaba asesinar a su madre!

Tenía que entrar y salvarla de inmediato. Pero, recordando de pronto a sus abuelos, ellos solían decir que Gohan podría convertirse en el ser más poderoso cuando desataba su furia.

No podría sola contra él.

Un foco se encendió en la mente de la infante. Con prisa bajo las estorbosas escaleras y llego a la puerta de entrada, la abre y frente a sus ojos está el verde y húmedo bosque.

Afortunadamente, bajo la sombra del garaje abierto, se encontraba aquel que siempre velaba por su bienestar.

-¡Piccolo! – Grita la pelinegra, el namek levanta la vista con total parsimonia. La niña al recibir su atención prosigue. –Tienes que venir rápido.

-¿Qué sucede Pan? –Pregunta entrando al hogar con una seriedad que intimidaría a cualquier humano.

-¡Papi quiere matar a mami! –Responde la pequeña saiyajin desesperada por ayudar a su convaleciente madre. Es notorio el asombro del ser de piel verde al haberlo comprobado por medio del ki.

El ki de Gohan estaba en total descontrol sobre el de la pequeña mujer humana.

Con una increíble velocidad y dejando a la niña a sus espaldas llega a la puerta, atrás de ella se encontraba su ex pupilo con su consorte, pero no trataba de asesinarla.

Para su desgracia conocía muy bien esos sonidos.

Baja la vista hacia la inocente niña que tenía ambos puños cerrados aguardando para entrar en acción.

-Tus padres están bien, solo están…jugando. –Dice Piccolo con las mejillas de color morado tomando a la niña en brazos para bajar a la cocina.

Pasado un tiempo después, una acalorada pareja baja con sus brazos enredados.

La escena con la que se encuentran les resulta sumamente adorable. Su primogénita con el rostro cubierto de chocolate y los ojos cerrados apoyada en un brazo del namek.

-Señor Piccolo, ¿Cómo le va? –Saluda amable Gohan con su risueña esposa asintiendo con cariño.

-Tienen suerte de no tener vecinos. –Esclarece, la pareja capta con rapidez sonrojándose.

Pudo haber sido peor, no fueron sus padres quienes los sorprendieron.

Fin.