N/A. ¡Hola, hola! Bienvenidos a un nuevo Wolfstar. Si vosotros también sentís que la luna os llama y siempre lleváis un ladrido entre los dientes, este es vuestro lugar.

Dejo constancia de que este fic es un regalo de Navidad para una chica de Marauders4Life. Concretamente, para MrsDarfoy. Siete capítulos solo para ti, para que disfrutes con el drama, el jolgorio, un perro, un lobo, un montón de cicatrices de las que se ven y de las que no y más sangre Merodeadora de la que cabe en una sola historia. Espero que te guste y disfrutes con ella tanto como yo escribiéndola. Me alegra infinitamente haberos conocido a Lady y a ti, y es un placer tratar de entreteneros como buenamente pueda con mis fics.

Todas las quejas, amenazas y facturas de psicólogos abajo, por favor. Sin más dilación, damas y caballeros, bienvenidos a Arañazos en el alma. Esta es la verdadera historia de Remus, de Sirius, de todo lo que fue y de lo que nunca pudo ser.

Lo juro solemnemente. Fin de la N/A.


"Del hombre de la fotografía"


El periódico está sobre la mesa de la cocina, arrugado e inofensivo. Remus lo mira desde lo que él se atrevería a llamar una distancia prudencial. Tiene una taza de café enfriándose en la mano derecha, mientras que la izquierda está posada sobre la encimera. Solo por si necesita apoyarse en algo para no caer.

No ha leído la noticia. De hecho, ni siquiera ha prestado especial atención al titular que destaca en letras negras y terribles sobre el fino papel. No le hace falta. Sabe demasiado bien lo que dice.

En todo el mundo mágico inglés, nadie habla de otra cosa. Sirius Black, el traidor, la oveja negra, el peligroso psicópata. Cambia la historia pero no la esencia. Azkaban. Fugado. Paradero desconocido. Lo dicen de muchas formas, con muchos tonos de voz, pero las palabras llevan siempre impresa una cantidad ingente de miedo y odio. Sirius Black, el asesino.

Remus traga saliva y cierra los dedos con fuerza sobre el borde de la encimera, pero decide en seguida que no es ni de lejos un apoyo lo suficientemente resistente. Posa la taza en la mesa, dudando de su propia capacidad para sostenerla por mucho más tiempo, y trata de pensar con claridad. Pero no puede. ¿Cómo iba a poder? Sirius ha escapado, y Remus sabe bien que, sea cual sea su objetivo, nada evitará que lo alcance.

Han pasado muchos años. ¿Cuántos? ¿Doce? Puede ser. Muchos años desde Lily. Muchos años desde James. Muchos años desde Peter. Muchos años desde Hogwarts, y los Merodeadores, y la promesa de la amistad eterna y la juventud perenne.

Remus no es demasiado mayor pero se siente un anciano débil. Está cansado de luchar y de tener siempre la razón, porque él sabía que llegaría ese día. Como si pudiera existir una prisión capaz de retener hasta el fin de los tiempos a Sirius Black… No hay cárcel ni dementor, no hay Ministerio ni justicia, no hay ley ni celda que puedan cerrar sus dedos en torno al cuello de ese perro rebelde. Remus lo sabe bien.

¿Y ahora? Ahora, Sirius lo encontrará. Y entonces, ¿qué? ¿Debe odiarle? ¿Debe escucharle?

Remus siente que algo no encaja. La sensación de que se le escapa algún detalle, la duda insistente que sisea en su cabeza y lo mantiene en vela noche tras noche… ¿Por qué habría Sirius de traicionar y matar a su mejor amigo y hermano, al hombre por el que tantas veces se había jugado la vida y por el que moriría sin pensárselo un segundo? Es algo que, simplemente, no parece lógico. Remus puede jactarse de conocer mejor que nadie en el universo a Sirius Black, y puede afirmar sin temor a equivocarse que él jamás haría una cosa así.

Pero las evidencias están ahí. Hay pruebas, hay dos tumbas y un desaparecido, hay una traición.

Y entonces, ¿qué debe pensar? ¿Qué debe hacer? ¿Cómo le mirará a los ojos cuando lo encuentre —porque es obvio que lo hará—? Y lo que es peor: ¿qué verá reflejado en ellos? ¿Encontrará en su interior al mismo hombre que creyó conocer una vez?

Remus creía estar acostumbrado al miedo. Esa noche, sin embargo, descubre que uno nunca se habitúa a la sensación del pánico paralizando la carne.

Los recuerdos del hombre al que unos años atrás se entregó en cuerpo y alma se arremolinan en el fondo de su cráneo como un placer culpable y peligroso.

En primera plana del periódico, un hombre de pelo largo y revuelto y ojos grises como el humo grita enloquecido, buscando sin ver algo que tal vez esté más allá del papel.

Algo que, a lo mejor, sigue vivo solo en los recuerdos.


N/A. Siete capítulos, cinco recuerdos, un comienzo y un final. He aquí el principio. Por ahora me voy, pero volveré con más. ¿Feliz Navidad?

Travesura realizada.