Harry Potter nunca está solo, siempre está con JK Rowling. Aunque a veces White Squirrel y otros autores lo cuidamos sin fin de lucro.

Notas del autor: Este capítulo es corto, así que lo estoy llamando extra. En verdad sentí que necesitaba el final de suspenso antes de la batalla final en Ruanda. Esa batalla vendrá el próximo capítulo.


Capítulo 82

Los magos de la Fuerza Expedicionaria de la CIM en África oriental estaban relajándose por el momento. Habían tomado control de la región norte de Uganda y estaban planeando la siguiente fase para atacar a los guerrilleros en casa en Zaire. Pero la guerra iba a cambiar de manera considerable drásticamente.

Nadie sabía el nombre del joven ugandés cuando se apareció en el campamento. Pero nadie que lo vio se olvidaría de la imagen. De hecho, muchos de ellos tuvieron pesadillas al respecto por meses. La parte inferior de su cuerpo había sido removida a la altura de la cintura.

Para la mayoría, era el peor caso de despartición que hubieran visto, pero cuando los medimagos corrieron a él, se volvió claro que algo estaba mal. Despartición, por razones mágicas complicadas, no mataba de inmediato, pero este hombre obviamente estaba muriendo. Un solo movimiento de varita les dijo la verdad: no era despartición. Le habían hecho algo… posiblemente mientras se desaparecía, pero aun así, debió ser algo desastroso.

Pero nunca aprendieron lo que fue. El mago logró decir solo tres palabras antes de morir: "Kampala ha caído".

Un consejo de guerra fue llamado cuando el resto de la información llegó. El reporte era el mismo que el del Ministerio Burundi. Todos los defensores del Ministerio Ugandés estaban muertos hasta el último hombre, destrozados por una fuerza desconocida. Pero todos sabían que Kinani Ngeze parecía haber estado involucrado. Era el ataque más desmoralizador que pudiera haber realizado. Kampala era una ciudad que habían considerado a salvo. Ahora, había sido arrasada por algo que ni siquiera podían nombrar, y Ngeze en verdad lucía invencible, como su nombre implicaba.

Albus Dumbledore estaba ahí en la sala de guerra, luciendo bastante serio. Edward Grayson lucía furioso.

–Este no es momento de retroceder –dijo Grayson–. Aún controlamos el resto de Uganda. Kampala es el lugar natural para contraatacar. El hecho de que nuestros espías regresaron con vida significa que lo que sea que Ngeze hizo, ya no está ahí, y cualquier otra acción nos da lugar para ataques laterales. Después de todo, lo que queda del Ministerio Ugandés está en cuarteles transitorios en Jinja, a solo cincuenta millas de Kampala. Ngeze podría atacar en cualquier momento. Necesitamos dirigir todas nuestras fuerzas disponibles para reforzar la guarnición ahí y usarla como punto de organización para atacar Kampala rápido y con fuerza.

–Es un movimiento arriesgado –dijo Dumbledore–. Podríamos perder el norte de nuevo si removemos nuestras tropas de esas aldeas.

–El norte no importará si perdemos toda la costa del lago Victoria –lo contradijo Grayson–. Me sentía escéptico sobre tu estrategia en Zaire, Dumbledore, pero lo dejé porque consideramos que Uganda estaba a salvo, pero si no podemos mantenerlo ahora, será mejor que retrocedamos y pidamos a la CIM por una Fuerza Expedicionaria más grande. Dejando de lado como nos veríamos, ¿qué pasaría en África oriental si tenemos que hacer eso?

–Quizás tengas razón, Grayson. Puedo aceptar tu análisis de que debemos mantener Jinja… De acuerdo, llamaremos de regreso a todo lo que podamos escatimar y evaluaremos la situación de nuevo.


La mansión Ryddle era vieja y estaba llena de polvo… algo natural al estar deshabitada por tanto tiempo. Pero era una casa grande y lujosa, y era adecuada para el propósito de Voldemort. Había estado dispuesto a mudarse de inmediato, pero La Pantera había argumentado de manera convincente que tenían que ser más discretos. Después de todo, si querían arreglar el lugar, no querían que los muggles locales sospecharan.

Voldemort aceptó, con renuencia, y ella ocultó su actividad. Fue un procedimiento sorprendentemente sencillo. Colocaron piedras de barreras alrededor de la propiedad, y sobre cada una, La Pantera realizó un ritual en el que sacrificó a un camaleón con vida y vertió su sangre sobre la piedra. Esto permitiría que la mansión estuviera camuflada, y para todos afuera, se vería igual que la mansión abandonada que siempre había sido. Ahora que sus movimientos estaban ocultos, se mudaron dentro.

Como Voldemort había predicho, el lugar estaba en buena condición a pesar de los cincuenta veranos e inviernos de maltrato por el clima. Había una pulgada de polvo en el suelo, y todos los muebles estaban cubiertos por sábanas y los objetos valiosos guardados bajo llave, pero una mansión de un aristócrata era una mansión de un aristócrata.

–Lindo lugar tienes aquí –comentó La Pantera mientras estaban de pie en el gran salón–. Obviamente ha visto mejores días, pero puedo trabajar con esto. Mmm… lo primero es deshacernos del polvo. –Sacó su largo cuchillo encantado y lo agitó. El ventanal se abrió de golpe. Entonces, agitó su cuchillo en círculo y encantó algo en azteca. Mientras encantaba, un torbellino se formó en la sala, rodeándola mientras estiraba sus brazos como un espíritu salvaje de la naturaleza y dejaba salir un rugido animalístico. Los tres mortífagos y la elfina doméstica gritaron y dieron un paso atrás ante la visión. El torbellino levantó las sábanas de los muebles y todo el polvo para que la rodeara. Entonces, agitó su brazo, y todo el polvo y las sábanas salieron de la ventana juntos. Un momento después, el viento se detuvo.

El salón ahora lucía bastante desarreglado, como si un huracán lo hubiera atravesado, lo cual era prácticamente lo que había ocurrido, pero estaba libre de polvo. Los mortífagos estaban de pie en la puerta, mirándola con sus bocas abiertas. La Pantera sonrió.

–Cierren sus bocas. Se les meterán las moscas –dijo. Lo hicieron.

–Impresionante hechizo –dijo Voldemort con su voz aguda. Barty caminó adelante en silencio y cuidadosamente colocó su pequeña forma en un sillón.

–Por supuesto que dices eso –respondió La Pantera–. Pero tu gente aún tiene mucho trabajo que hacer si quieren hacer de este un lugar habitable. Tú. Elfina. A limpiar.

Winky gritó y caminó al frente temerosa.

–Sí, Madame Jaguar, Madame –chilló y comenzó a acomodar las cosas.

–Ustedes también –agregó, señalando a los Carrow. Los hermanos se miraron y asintieron. Era lo suficiente difícil lidiar con solo el Señor Oscuro. No querían hacer enojar a La Pantera también.


Para la sorpresa de todos, quizás incluso la de Grayson, el ataque rápido en Kampala fue un éxito. Sin Ngeze y su arma secreta ahí, fuera lo que fuera, sus fuerzas fueron incapaces de aguantar un ataque a toda escala. No ayudó que Dumbledore y Grayson lideraron el ataque, luchando uno al lado del otro. Era una visión sorprendente. Dumbledore, el maestro de transformaciones, animando todos los muebles en las tiendas y edificios de la zona mágica de Kampala, y las mesas y sillas salieron a la calle a atacar a los magos defensores. Grayson, el maestro de naturaleza mágica, solo tuvo que cantar una melodía swahili tradicional, y los árboles tomaron vida y atacaron como sauces boxeadores. Cuando los defensores estuvieron cerca, Dumbledore los atacó con un látigo de fuego, mientras que Grayson cantó uno de sus cantos nativos que creó una pared de humo que detuvo todos sus hechizos.

El resto de la Fuerza Expedicionaria de la CIM, todos los que habían ido se habían comprometido al ataque, avanzando en línea, flanqueando a los dos Grandes Hechiceros, y los defensores se desmoronaron. Evidentemente, Ngeze no había creído que la CIM sería tan descarada y realizaría un contraataque directo, por lo menos no tan rápido. Después de esto, Grayson insistió que tenían que conservar su ímpetu, y deberían atacar el sur hacia Ruanda lo más pronto posible. Esto preocupó más a los otros. Kampala había sido una victoria fácil, pero las armas secretas de Ngeze aún estaban en algún lado, y su territorio local probablemente estaría mejor defendido. Dumbledore estuvo de acuerdo y sugirió que necesitaban una posición estratégica más estable antes de realizar tal acción.

Al final, llegaron a un compromiso. Los espías se moverían a Ruanda y examinarían la zona. Mientras tanto, el ejército principal sería dividido, con la campaña de Grayson moviéndose a recuperar la capital Burundi en Bujumbura mientras que la campaña de Dumbledore se asentaba en Kampala. Entonces, si todo se veía bien, irían a Kigali desde el norte y sur, con la esperanza de que el ataque en dos flancos sería suficiente para sobrellevar las defensas de Ngeze.

Pensaban que era un buen plan, pero solo el tiempo diría si resultaría.


Los tres mortífagos estuvieron ocupados después de regresar a Gran Bretaña, pero Barty Crouch era el más ocupado, más que nada porque era el único competente. Tenía que capturar e interrogar a oficiales del Ministerio para averiguar sobre la Copa Mundial de Quidditch. Al mismo tiempo, tenía que encontrar una manera de acercarse a Lucius Malfoy en secreto, y estaba consumiendo rápidamente la fortuna de su padre (gracias a Merlín que los duendes eran discretos y no tomaban lados) pagando los gastos de La Pantera hasta que él pudiera hacerlo.

Por suerte, su trabajo había dado resultados. Conocía a una empleada del Ministerio que era algo entrometida para su propio bienestar y no tenía el sentido común para husmear de manera inteligente. Y así, Barty regresó a la Mansión Ryddle esa noche con una bruja bajo la fuerte influencia de un Imperio.

El Señor Oscuro estaba sentado en un sillón, sostenido por cojines, cerca del fuego para mantenerse caliente. Era mucho menos digno de lo que hubiera preferido, Barty lo sabía, especialmente cuando La Pantera ya tenía una sala de trono de bajo costo para sus actividades de sacerdotisa, pero su forma homúncula tenía sus limitaciones. Aun así, cuando Barty presentó a su prisionera ante su Amo, el Señor Oscuro estuvo satisfecho.

–Ah, has traído a una invitada, Barty –siseó Voldemort–. Debería presentarme de manera correcta. Alecto, déjame ver.

Alecto Carrow giró el sillón para revelar el pequeño cuerpo de Voldemort.

–Bertha, inclínate ante Lord Voldemort –le ordenó Barty. Ella lo hizo al instante, pero incluso a través de la maldición Imperio, su asco era visible en sus ojos ante la extraña criatura infantil, seguido del horror al escuchar su nombre–. Mi Señor, ella es Bertha Jorkins del Departamento de Juegos y Deportes Mágicos –dijo Barty–. Es una gran chismosa y quizás sabe más de lo que se supone que alguien deba saber en ese departamento.

–Que conveniente. Entonces, Señorita Jorkins, quizás sería tan amable de decirme todo sobre la Copa Mundial de Quidditch…

Bertha Jorkins soltó todo lo que sabía, lo cual incluía bastante sobre la seguridad en la Copa Mundial. Desafortunadamente, seguridad era férrea. Fudge estaba bajo presión de mostrar mano fuerte después del fiasco con Greyback. Si Potter asistía a la final, sería difícil acercarse a él.

–¿Por qué no colarle un traslador al chico? –preguntó La Pantera con pereza desde la esquina de la sala.

–Porque, Lady Pantera –dijo Voldemort con impaciencia–, los métodos de transporte mágico son regulados más estrictamente en Gran Bretaña que en México… una combinación de paranoia en el Ministerio y proteccionismo económico. El "colarle" un traslador en existencia a Potter sería fácil, pero el hacer uno sería detectado al instante e investigado. Es por lo que es esencial que uno de nosotros se acerque a Potter cuando esté solo. Ahora, Señorita Jorkins, ¿hay algún otro evento del que debamos saber?

–Sí –dijo ella en monótono–. El Torneo de los Tres Magos en Hogwarts.

–¿Están reviviendo el Torneo de los Tres Magos? Explica.

Ella reveló todo lo que sabía sobre eso también, pero bastante del Torneo no estaba finalizado aún, así que no era mucho. Aun así, Voldemort estaba satisfecho con lo que había aprendido.

–Bien, Barty, creo que mereces una recompensa por tu trabajo –dijo. Lanzó una mirada a Bertha–. Asegúrate de que la Señorita Jorkins se reporte a tiempo a su trabajo mañana sin recuerdo o pistas de lo ocurrido esta noche. Puedes retirarte.

–Gracias, mi Señor. –Comenzó a salir con Bertha de la sala, pero se detuvo–. ¿Mi Señor? Hay una cosa más.

–Habla –dijo él.

–He aprendido que uno de los hombres lobo capturados y encarcelados el mes pasado fue mi prima, Artemis. La conocía bien cuando era más joven. Creo que estaría dispuesta a sus ideas y nos podría ser útil aquí. También creo que sería posible sacarla de Azkaban usando el método que mi padre usó para sacarme a mí.

Voldemort elevó sus cejas y lanzó una mirada sospechosa. Barty reprimió la necesidad de temblar.

–Esa es una declaración audaz, Barty –dijo–, y si es cierto, ¿por qué no recuperamos mejor a alguien que sea verdaderamente útil, como Bellatrix?

–Seguridad, Amo. Bellatrix es una prisionera de máxima seguridad. Es vigilada en todo momento y los aurores no permitirán que su celda sea abierta. Sería virtualmente imposible sacarla sin un ataque directo. Pero mi padre me hizo un prisionero de baja seguridad. Los aurores creen que Artemis no tiene parientes con vida, y sobreestiman su control de la magia, así que también es prisionera de baja seguridad, y su seguridad será mínima.

Barty permaneció quieto bajo la mirada de su Amo (y su Legilimancia). Mantuvo su postura, respondiendo a su mirada a pesar de la gran presión.

–De acuerdo, Barty –dijo Voldemort, no sintiendo señal de traición en él–, si puedes presentar un plan detallado a mi satisfacción, puedes proceder.

–Gracias, Amo.


–Algo está mal –dijo Albus Dumbledore.

–¿Quieres decir cómo Kigali cayó como una túnica barata? –respondió Edward Grayson–. Sí, lo noté.

Dumbledore y Grayson estaban de pie en las ruinas del Ministerio Ruandés mientras que la mitad de su ejército trabajaba en limpiar la magia activa de la batalla para que no matara a nadie. Habían atacado con fuerza, esperando una batalla difícil, pero la resistencia no había sido mucha, sin ninguna señal del arma secreta de Ngeze.

Uno de los oficiales corrió a ellos y saludó a sus superiores.

–Grandes Hechiceros –dijo–, hemos buscando en todos lados. No hay señal de Kinani Ngeze o sus seguidores. Estamos revisando por anomalías cartográficas, pero es una certeza que no pudieron esconder suficientes suministros para todo su ejército en la ciudad.

Los dos comandantes asintieron con comprensión. Si la revisión del territorio señalaba áreas que no obedecieran geometría euclidiana o que no estaban en el mapa, indicaría que era un área demarcada o, si no podían encontrarla visualmente, un encantamiento Fidelio, pero la explicación más sencilla era que Ngeze había leído las señales y había escapado de la ciudad. Un señor oscuro era un rival para un Gran Hechicero, pero dos de ellos furiosos arrasando África oriental había sido algo más de lo que había esperado.

–Encuentren a donde fue –ordenó Grayson.

–Sí, señor.

Los espías fueron enviados de nuevo, y en unos días, regresaron con un reporte de que Ngeze estaba ocultándose en Gisenyi, en la frontera con Zaire.

–Es su plan de escape –dijo Grayson–. Está preparando su ejército para un contraataque, pero puede escapar a la jungla si se pone muy caliente. Nunca lo encontraremos ahí.

–Deberíamos continuar nuestra campaña en Zaire –razonó Dumbledore–. Rodearlo desde el este, pero no lo suficiente para provocar que se vaya. Entonces, llevamos el resto de nuestro ejército desde el norte. Con su espalda al lago Kivu, estará rodeado.

–Estoy de acuerdo –respondió Grayson–. Pero necesitaremos cautela esta vez. Nos vio venir. Necesita creer que nuestro ejército en el este es nuestro único ataque.

–Enviaremos a nuestros operativos encubiertos a atacar a los grupos guerrilleros y a que abran camino. Si podemos, enviaremos mensajes falsos para que parezca que aún están operando.

–Excelente. ¿Quieres supervisar eso, Dumbledore? Tienes más experiencia en operaciones encubiertas.

–Comenzaré al instante.