NdA: La idea de hacer este fic surgió después de leer varios mangas ambientados en el omegaverse. No hace falta buscar de qué trata pues lo he modificado y creo que poco a poco se va a ver qué he cogido de ese mundillo y qué otras cosas he modificado. Espero que os guste porque lo escribo con mucha ilusión.

Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y las diversas editoriales que han publicado los libros. El omergarverse u omegaverso tampoco lo he inventado yo, de este escrito sólo me pertenece el drama y la forma de describirlo. No gano nada y sólo busco hacer disfrutar a los lectores.


Capítulo 1- Omega

La primera vez que Harry escuchó la palabra omega apenas tenía siete años.

Era una noche fría de diciembre cuando su padrino Sirius apareció en su casa llorando. Recordaba escuchar las voces de su padre y de su madre intentando consolarle, pero Sirius lloraba y gritaba, así que el pequeño salió de su habitación para saber qué sucedía.

Retazos de esos gritos en la noche se le quedaron grabados a fuego en la memoria.

―¡Está muerto James! ―aulló.

―¿De quién hablas? ―Aunque James intentaba entenderle Sirius seguía hablando sin prestarle atención a sus palabras. Divagaba, totalmente ido―. ¡Sirius!

―Él no pidió su marca… Él nunca pidió ser un omega… Nunca…―se repetía como un mantra. Se enjuagó las lágrimas con la manga de su chaqueta y miró a su amigo. Parecía estar buscando el modo de contarle qué había sucedido―. Regulus se ha suicidado ―su voz se entrecortó― para cortar el vínculo que lo unía a ese bastardo ―fue lo más claro y conciso que pudo.

James sólo pudo abrazarle mientras Lily iba a por una poción calmante.

Harry recordaba haberse quedado parado mientras bajaba por las escaleras por la impresión de ver a Sirius en aquel estado. No recordaba mucho más, pero lo que nunca olvidaría serían esas pocas palabras y los ojos llenos de ira de su padrino.

La primera vez que oyó la palabra alfa fue poco después de que sus padres muriesen. Harry tenía diez años.

Su tío Remus y su padrino le habían llevado al Callejón Diagon para hacer unas compras. Llevaba dos meses llorando y sin querer salir de casa, todos se preocupaban por él y lo único que había hecho sonreír un poco al pequeño era la idea de que le enseñaran a volar.

Harry quería sentir el viento, quería saber qué le hacía tan feliz a su padre cuando estaba sobre la escoba, quería volar tan alto como pudiese. Allí donde las miradas de lástima no pudiesen alcanzarle.

Entraron a la tienda de Artículos de calidad para el Quidditch, Sirius le puso un brazo sobre su hombro y le empezó a mostrar todas las escobas que le parecían adecuadas para un niño de su edad. A Harry le encantaba ir con su padrino, siempre le miraba con cariño y le daba abrazos, pero nunca miradas de pena.

En la tienda no estaban solos y poco a poco el pequeño fue escuchando cortos susurros que la gente ni parecía querer ocultar; «Dicen que es el último alfa de la familia Black», «Que desperdicio de alfa, debería encontrar una buena pareja y liderar su casa. Como se ha hecho siempre», «Su familia le repudió. Qué vergüenza»… Cuando alzó la mirada y vio el rostro de Sirius supo que el mayor también lo había escuchado todo, apretaba sus labios en un intento de contener su rabia.

―Vámonos Harry, le diré a Remus que te compre la más rápida ―Hizo un intento de sonrisa pícara a su ahijado, pero se notó forzada.

―¿Me compras un helado? ―y esta vez Sirius sí que sonrió con sinceridad.

―Por supuesto cachorro.

Harry entendió que había cosas que escapaban a su entendimiento, que lo que fuese alfa y omega dañaban mucho a su padrino. Sabía que si se lo preguntaba no se lo contaría así que ese día mientras comía un helado de vainilla decidió que se lo preguntaría a su tío Remus.

Apenas unos días después Harry se había quedado sólo con Remus en casa, éste estaba corrigiendo los trabajos de sus alumnos de Hogwarts en el despacho. Levantó su mirada de los papeles y miró al menor que no estaba muy seguro de cómo empezar.

―¿Qué ocurre Harry?

―He estado escuchando a gente hablar sobre alfas y omegas ―Harry vio como el rostro del mayor borraba su sonrisa―. Me preguntaba qué son.

―¿De dónde sacas eso? ―se acomodó en la silla y suspiró―. Creo que no soy el más adecuado para explicarte…

―Él no querrá contármelo ―rebatió Harry algo nervioso―, su hermano ―no siguió. Empezaba a pensar que había sido una mala idea preguntar.

―Tienes razón ―Remus le indicó que se sentase. El castaño se levantó y, mientras buscaba un libro que parecía estar muy bien escondido, empezó a explicar lo que el pequeño quería saber―. Podría contarte toda la historia pero creo que para eso están los libros ―encontró un pequeño libro bastante desgastado y se lo entregó―. En resumen, hace muchos años los magos se entremezclaron con otras especies como los hombres lobos y los veelas para poder sobrevivir y de aquella época quedan restos en la esencia de los magos. La mayoría de magos se dividen en alfas, betas y omegas, casi todos los magos nacen siendo betas, es decir, no tienen nada distinto en sus cuerpos y sus sentidos son como el de los muggles, pero los alfas y omegas no.

―Sirius es un alfa ―no era una pregunta y Remus se sintió muy incómodo.

―Lo es ―no servía de nada ocultarlo por más tiempo. Remus hablaría con Sirius para que supiese lo que le había contado al menor―. Los alfas son fuertes físicamente, su magia también lo es y suelen imponer con su sola presencia. Puede que todavía seas pequeño para entenderlo ―se rio el castaño. Harry frunció el ceño sabiendo que algo de razón tenía―. Los alfas suelen nacer en las familias sangre pura, ellos se encargan de que sea así, y aunque ahora no les cuesta tanto tener hijos, antes sí que era difícil que tuviesen herederos. Además tienen la capacidad de marcar a un omega ―Harry sintió un hormigueo en el estómago, parecía que ahora podría entender mejor lo que le pasó al hermano de su padrino. Por su mente pasó la imagen de Sirius llorando mientras miraba esa bufanda de Slytherin que guardaba al fondo de su armario―. Cuando un alfa muerde físicamente en el cuello o hace una marca con magia sobre un omega un lazo muy fuerte les une. Muchos lo llaman vínculo.

―Pero no entiendo, ¿por qué les marcan?

―Buena pregunta, los omega y los alfas desprenden un aroma ―Remus creía que lo que iba a contar no era adecuado para un niño de diez años―. Digamos que a los alfas les gusta mucho el olor de los omegas y cuando lo marcan es para que sea su pareja.

―Entonces ―Harry jugueteó con sus dedos. Seguía sin saber porque alguien se mataría para quitarse esa marca―, ¿lo pueden hacer si el omega no quiere?

―La mayoría de las veces los omegas no dan su consentimiento ―dijo Sirius. Estaba recargado en el marco de la puerta del despacho. Remus se sobresaltó un poco al igual que Harry―. Viven obligados a estar atados a alguien que no aman. A lo largo de la historia los omegas sangre pura han sido los amantes de los alfas, han tenido los hijos de alfas sangre pura y muchas veces separados de esos niños que eran mostrados ante el mundo como los hijos de dos alfas. O simplemente, los hijos de los omegas eran tratados como meros bastardos, sin tener derecho al reconocimiento de la familia del alfa. Para un omega es imposible deshacerse del vínculo ―Sirius miraba al suelo y su expresión era devastadora. Harry solo pudo levantarse y correr para abrazar a su padrino.

―Lo siento ―dijo Harry llorando. Desde que sus padres ya no estaban todo le afectaba más. Lloraba con demasiada facilidad para su gusto―. No debí preguntar.

―Tranquilo cachorro ―le besó la coronilla al pequeño―. Regulus decidió terminar con esa unión del único modo en el que lo podía hacer. Ojalá hubiese podido matar al bastardo de…

―¡Sirius! ―le acalló Remus―. Todavía es un niño.

―Lo sé ―bufó. Se arrodilló hasta la altura de Harry―. No te preocupes por todo eso, hay muy pocos alfas y omegas, así que puede que no conozcas a muchos en tu vida.

―Vale ―se secó las lágrimas y sin que su padrino se diese cuenta se escondió el pequeño libro debajo del jersey. Remus lo vio, pero no dijo nada.

Harry hubiese querido que su padrino le hubiese contado más. Que le contase cómo era Regulus de pequeño, cómo supo que era un alfa, si alguna vez había marcado a alguien y decenas de respuestas más. Sirius ya había hablado más de lo que creía que hablaría, y el tiempo muchas veces se encarga de aclarar nuestras preguntas.

Y algunas respuestas simplemente se experimentaban.

Harry había escondido el libro sobre la historia de los alfas, betas y omegas tan bien que cuando apenas lo había empezado a leer las vivencias del día a día le habían hecho aparcar su enorme curiosidad.

Había aprendido a volar con tanta rapidez que su padrino le había estado regalando todo lo que pidiese, no es que Harry fuese caprichoso sino más bien lo contrario, pero amaba ver a su padrino feliz y al parecer hacerle regalos era de lo que más le gustaba.

Adoraba la familia atípica que hacían su padrino, su tío Remus y él, ellos no eran pareja pero a veces se comportaban como si lo fuesen y eso divertía mucho a Harry. Remus era comprensivo y le regañaba cuando prefería salir con su escoba en vez de estudiar, como alguna vez en el pasado había hecho su madre. Por otra parte, Sirius siempre le animaba a hacer locuras y a que se divirtiese. Sus padres habían sido los mejores que se pudiesen tener pero habían muerto y sabía que tenía que aprender a vivir sin verles más que en fotografías.

El amor de Remus y Sirius le calmaban y le ayudaban a seguir.

Los días pasaban, llegó su carta de Hogwarts y con ella el trajín de comprar libros, ropa y una lechuza para el inicio del curso. Todo estaba tranquilo en el Callejón Diagon a pesar de estar bastante lleno de magos y todo parecía ir bien hasta que llegaron a la tienda de Madam Malkin. Sirius había ido a elegir una lechuza, quería sorprender a Harry, y por eso fue Remus quien acompañó al pequeño a por sus túnicas.

Harry solía vestirse con ropas muggles pues Remus también las usaban con regularidad, el pequeño había notado que a Remus no le gustaba mucho dejarse ver por sitios frecuentados por magos. Así que aquella era de las pocas veces que había ido a comprar ropa al Callejón Diagón.

Al entrar a la tienda una mujer mayor y bastante simpática les dirigió a lo que parecía ser los probadores, una vez allí tomó las medidas del pequeño mientras Remus salía a leer una carta que parecía ser del director Dumbledore. Harry no estaba muy cómodo allí solo mientras hacía como que prestaba atención a la mujer, así que tampoco se dio cuenta de cuando la mujer se excusó para ir a atender a otros clientes pues la campanilla de la puerta principal había sonado.

Apenas Madam Malkin desapareció a través de una cortina rojiza dejándole solo, Harry pudo notar un suave olor que parecía flotar en el aire. Era tan dulce y agradable que sonrió sin querer, « ¿Por qué un olor me hace sonreír así? » No se paró a contestar a la pregunta que rondaba por su mente, pero tampoco entendía por qué su cuerpo se movía solo buscando la fuente de ese olor, venía de detrás de la misma cortina por la que había desaparecido la dueña de la tienda, y sin siquiera pensarlo se dirigió a ella.

No tuvo que dar ni dos pasos cuando alguien apareció desde detrás de la cortina roja. Era un niño de su misma edad, de cabellos imposiblemente rubios y precioso ojos grises, que se quedó parado mirándole.

―Yo… ―empezó a hablar pero su titubeo hizo que se sonrojara.

―Hueles a flores ―dijo Harry sin pensar. Aquel niño sonrió ampliamente y el corazón de Harry latió con fuerza. Se sonrojó y empezó a notar como el olor era cada vez más fuerte.

―Tú también ―susurró mientras se acercaba.

Harry se sintió nervioso, algo no estaba bien y su cuerpo se inquietaba, una pequeña voz en su mente gritaba que huyera pero al mismo tiempo sus brazos empezaron a elevarse. Antes de siquiera poder hacer nada el niño rubio le estaba abrazando.

―¿Q-qué? ―articuló.

―¿A qué flor hueles? ―preguntó mientras enterraba su nariz en el cuello de Harry.

―Nunca la había olido antes ―contestó un par de segundos después. Una risa cantarina brotó del niño rubio.

Harry se había abrazado fuertemente al niño sin percatarse y se estremeció al poder hacer lo mismo que el rubio, enterrar la nariz en su cuello. Ese olor le embriagaba, apenas podía pensar y cuando el otro niño se separó y se acercó a sus labios no se lo impidió. Fue apenas un suave roce de labios, algo inocente y dulce.

Una promesa no pronunciada pero sellada.

Aquello fue el inicio de todo. El inicio de todas sus respuestas.

―Me llamo Draco ―dijo casi sobre sus labios.

El pelinegro iba a decir su nombre cuando un preocupado Remus apareció, parecía muy nervioso y su expresión era muy seria.

―¡Harry! ―los pequeños se separaron rápidamente y Remus cogió del brazo a Harry―. Ya tenemos tus túnicas, tenemos que reunirnos con Sirius ―le dijo mientras lo arrastraba fuera de la tienda. Lo más lejos posible del otro niño.

Una vez alejados y antes de que se reunieran con Sirius, Remus se paró y miró fijamente a Harry. El pequeño estaba ruborizado e inconscientemente seguía dirigiendo su mirada hacia la tienda. «Esto no puede ser» se dijo a sí mismo el castaño. Como hombre lobo que era su olfato era más sensible y también había sido consciente del olor que desprendían los niños.

No le dijo nada a Sirius creyendo que si volvía a pasar entonces sí que tendrían que tomar cartas en el asunto.

Lo que no se esperaba es que justo antes del inicio del curso Snape apareciese en la casa de Godric's Hollow, despejando sus dudas y confirmando lo que no quería creer.

―¿Está Black en casa? ―preguntó el profesor de pociones.

―Sí ―contestó Remus.

―No me gusta tratar con él pero creo que esto es algo que le incumbe, y mucho. ―Justo en ese momento Sirius bajaba con Harry, los dos habían terminado de hacer la maleta del menor.

―¿Qué haces aquí? ―gruñó Black.

―Cálmate Sirius ―advirtió el castaño―. Harry este es el profesor Snape ―le presentó―, ha venido a hacerte un par de preguntas.

―¿A qué viene todo…?

―Mi ahijado ha conocido al joven Potter ― miró con dureza a Sirius―, se han reconocido.

―No es posible ―susurró Sirius. Harry se estaba poniendo cada vez más nervioso.

Remus intentó tranquilizar al pequeño sentándole en la silla más próxima y le acarició los brazos con suavidad. Harry le miró preocupado, estaba seguro que algo había hecho mal.

―Harry mírame ―le acarició las mejillas―. ¿Qué sentiste cuando viste al niño rubio en la tienda de Madam Malkin? Necesitamos saberlo, es por tu bien.

―Él olía a flores ―susurró, cerró los ojos y bajó la cabeza. No quería mirar a nadie ni tampoco que viesen su rostro―. Me puse nervioso porque quería que se acercara y me abrazó. Me sentí feliz.

―¿Qué es el renacuajo Malfoy? ―preguntó con amargura Sirius.

―Alfa ―respondió―. Existe la posibilidad de que Potter sea beta pero debemos hacerle la prueba.

Sirius se acercó a Harry y extendió la mano del pequeño para que la palma de su mano estuviese hacia arriba. Susurró unas palabras en otro idioma y en la piel del pequeño apareció al principio un símbolo con espirales para acto seguido convertirse en una letra griega, (Ω). Era un omega. A Sirius se le paró el corazón, miró con angustia a Harry y sólo pudo abrazarlo susurrando un «No puede ser» que el pequeño oyó.

―Todavía no ha llegado a la pubertad así que no tendrá los periodos de celo hasta más adelante ―explicaba Severus a Remus―. He acallado a Draco y me encargaré de las pociones para enmascarar su aroma y, cuando llegue el momento, también de las pociones inhibidoras del celo.

―Muchas gracias Severus ―el castaño estaba abrumado por eso la ayuda del pocionista era un gran alivio.

―Lo hago por Lily ―contestó, como si necesitase justificarse―. En Hogwarts debes vigilarlo.

Remus asintió. Sirius dejó de abrazar al pequeño para mirarle a los ojos con decisión.

―Para todos serás un beta, como tus padres ―le explicó―. Vivirás como quieras y elegirás a quien quieras amar. Nosotros te ayudaremos pero debes alejarte de Draco Malfoy.

―Siriu… ―Remus no veía bien lo que su amigo le decía al pequeño, lo estaba asustando.

―¡No! ―Le acalló. Severus escuchaba intentando no hacerse notar―. Harry no se mezclará con él. Puede que no lo entendáis pero es lo mejor para los dos.

El profesor de pociones salió de la casa sin dar su opinión y sin querer saber más. Tendría que hablar con Draco y parar sus fantasías porque estaba claro que aquello no iba a ser fácil para ninguno de los dos niños.

Continuará…


NdA: Hace varios años que no publico nada, antes estaba en otra página y otro fandom, por eso estoy emocionada por publicar este fic (mi primer fic Drarry). ¿Qué decís? ¿Continúo? Agradecería con todo mi corazón opiniones, comentarios y ánimos. Gracias por leer.

Nos vemos la semana que viene con el próximo capítulo.