Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo

Hola, gracias por entrar n.n

Este fic forma parte de un proyecto multifandom personal con motivo de celebrar mis primeras cien historias. Para conocer más detalles pueden darse una vuelta por mi perfil, donde lo explico, o pueden seguir leyendo sin inconveniente alguno.

Disculpen por los posibles fallos que puedan encontrar y gracias por leer :D


Proyecto: Cien drabbles por cien historias

Pareja: Ichigo/Rukia

Motivo: Cosas para decir


I

Las cosas que deberías decir

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La suntuosidad del almuerzo no la llenó de tanto arrobo como el último número del manga que leía. Ichigo ya iba por el segundo cuenco de arroz y Rukia todavía no podía dejar de contemplar con embeleso la portada del ejemplar aún en su empaque. Él puso los ojos en blanco.

-Come de una maldita vez –la instó, fastidiado con su fanatismo.

-No me molestes, idiota –murmuró ella sin desviar la vista del objeto de su admiración.

-Pareces alienada.

-Y tú pareces estúpido.

Ichigo ingirió el último bocado ya bastante malhumorado. ¿Para eso había vuelto a la Sociedad de Almas? ¿Para verla derretirse hasta lo insoportable por una estúpida revista? Debería haberse negado a cumplir ese recado.

Pero ahí estaba, en casa de Kuchiki Byakuya tratando de pasar un buen momento con una vieja amiga, y he aquí que la vieja amiga prefería la compañía de una condenada historieta. Vaya forma de sentirse como en casa.

-Deberías mirarte en un espejo –farfulló luego.

Ella por fin levantó la vista hacia él, ceñuda por la nueva interrupción. ¿Es que una chica no podía disfrutar tranquila de la expectativa previa a la lectura de su manga shounen favorito?

-Y tú deberías dirigirte a mí de otra manera, jovencito –lo amonestó.

El otro se crispó por ese rapto de superioridad.

-Enana engreída.

Ahora Rukia lo miró con irritación.

-¿A quién le dices enana, cabeza hueca?

-Pues a quién más.

-¡Más respeto por la anfitriona!

-Anfitriona mis calzones –le lanzó él igual de exasperado-. Una anfitriona pone su atención en el huésped, ¡no en unos cuadraditos de colores!

-¿Cu… cuadradi...tos de colores? –replicó Rukia, arremangándose amenazadoramente.

Ichigo comprendió demasiado tarde que había tirado innecesariamente de la cuerda. De todos modos, tampoco retrocedería. Diablos, ¡se suponía que se habían echado de menos y por eso se reunían a comer!

-¿Entonces cómo debería llamarlos?

-Deberías referirte a ellos como historias, tiras ilustradas, novelas gráficas o maravillosos mangas de actualidad –dijo ella con el puño cerrado temblando debido al esfuerzo que hacía para contenerse-. Y deberías decir que lo sientes, admitir que eres un idiota y expresar tu profundo arrepentimiento por dirigirte a esta revista –y la señaló enfáticamente con un dedo- de forma tan irrespetuosa.

-En tus sueños.

-Deberías reconocer tu ignorancia –repuso la shinigami con los labios apretados, redoblando los esfuerzos para controlar sus impulsos homicidas. Ichigo lo notó y un poco se amilanó-. Por tu bien deberías decir ahora mismo cuán… imprudente has sido al dirigirte a mis amadas revistas en esos torpes términos.

Esta vez Ichigo sudó frío. Menudo carácter.

-Prefiero un golpe –masculló, pues al igual que ella, también tenía un orgullo que proteger.

Fue decirlo y sentir la descarga brutal del puño de Rukia sobre la sien. De la bronca estalló en una serie de insultos, pero ella había alcanzado tal grado de equilibrio luego de aquel contundente desahogo que en nada pareció afectarle.

Y así comenzó una nueva y prometedora estadía en la Sociedad de Almas.

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II

Las cosas que deberías decir tú

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Patrullar por el Rukongai atento a supuestos peligros y pendiente de inocuas amenazas se había convertido en una actividad de rutina para Ichigo, acostumbrado a la acción permanente. Sin embargo, dado el final de los últimos conflictos espirituales, esa era la única tarea que podía desempeñar por el momento.

El onceavo escuadrón, como de costumbre, trataba de acapararlo para sí. El anciano Genryusai, no obstante, le había reservado esa tediosa labor. Al parecer ningún shinigami sustituto podía permanecer haraganeando en su precioso mundo, pero tampoco tenía permitido desplegar todo su poder.

-Cambia esa cara, tonto.

Rukia lo interceptó en un recodo del recorrido.

-Es la única que tengo –masculló él.

-Deberías estar agradecido de la tarea que se te ha confiado.

-Sí, muchas gracias por siete días de vueltas sin sentido ni propósito –ironizó el joven, fastidiado.

-¿Y qué hubieras preferido hacer? ¿Recibir el ataque de un ejército de Menos ávidos de almas y de espíritus inocentes para poder lucir tus increíbles dotes de héroe?

-No es eso lo que quise decir.

-Entonces confórmate con lo que tienes.

Ichigo la miró con el ceño fruncido. Ahí iba de nuevo con su cálida forma de ejercer su amistad.

-Al menos deberías aconsejarme.

-¿Aconsejarte? –replicó ella, asombrada-. Estás buscando flores en la colina equivocada.

-Ya veo… Desde luego, deberías decir que comprendes mis inquietudes, que te identificas con mi hastío y que empatizas con mi frustración. Pero claro, eres "la colina equivocada".

La shinigami lo miró con una ceja levantada. ¿En verdad se había enojado? Por supuesto que ella entendía perfectamente sus sentimientos, pero era Kuchiki Rukia y jamás lo admitiría en voz alta. Demonios, él la conocía lo suficiente para saberlo.

-Deberías orientarme como lo hacías en el pasado –prosiguió él-, deberías explicarme qué es lo que sucede para que me tengan aquí dando vueltas cuando nadie ignora que mi voluntad marcha en otra dirección y siempre está demandando retos genuinos.

-Después de todo por lo que hemos atravesado, por fin alcanzamos un período de paz y al señor le disgusta –farfulló Rukia con reproche.

A él también le mortificó que justamente ella no pudiera entrever entre sus emociones.

-No me quejo de la paz, enana, ¡sino de carecer de un propósito! –aclaró-. Tú más que nadie deberías saberlo.

-¿Es que siempre necesitarás de un propósito para moverte, para decidir?

-Todos los seres humanos necesitamos de uno.

-Vaya que son molestos los seres humanos entonces.

-Pues lo mismo podría decirse de los dioses.

Y guardaron silencio durante un largo rato, confrontando reflexivamente. Rukia, en particular, de pronto se sintió muy interesada en la cuestión. De modo que un propósito… ¿Pero qué podría ofrecerle esta vez a alguien del carácter de Ichigo para que se sintiese motivado? Si los eventuales hollows que se aparecían ya no suponían un verdadero desafío para su amigo, ¿entonces cómo retenerlo allí con una digna justificación?

Se vio obligada a admitir que el sujeto tenía un punto.