Ranma ½ no me pertenece.

Mas en momentos de desasosiego quisiera ser como Rumiko y portarme mal con los fans.

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Fantasy Fiction Estudios presenta

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El año de la felicidad

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Por amor

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Sintió el agua fría como una cachetada en el rostro, gruñó por lo que sabía que había ocurrido y después pudo percibir un sonido ya característico las últimas semanas.

¡Tling! Tac. Tac. Tac. Tac. Tac. Poc.

Y su sortija de matrimonio se había caído al piso por doceava vez consecutiva ese día porque al genial Ranma Saotome se le había ocurrido la brillante idea de pasar frente a la casa de aquella viejecita cuyo nombre no conocía, pero que sí sabía que le encantaba salir a la vereda a salpicar agua. Le gustaba tanto que seguro le pagaban para eso. ¡Es más! En su rabia Ranma incluso había llegado a creer que lo espiaba para salir con el dichoso cuenco con agua justo cuando él pasaba y mojarlo.

Ranma, la chica pelirroja Ranma, refunfuñó y se agachó para recoger el anillo. Luego se lo puso, pero sus dedos de mujer eran demasiado delgados, así que terminó colocándoselo en el pulgar, el único en el que no se salía. Suspiró con fuerza y continuó con pasos desalentados su camino al dojo Tendo.

¿Cómo a nadie se le había ocurrido antes que podía pasar aquello? En el mismo día del matrimonio se le había caído el anillo por primera vez, como siempre por un tonto accidente con agua fría había terminado transformado en mujer y la sortija se deslizó con demasiada facilidad, como si no perteneciera ahí. ¡Y sí que pertenecía! A Ranma el corazón le dio un vuelco y todavía con ojos asombrados observó a Akane recogerla y devolvérsela con un gesto de sorpresa, ella también había sido tomada de improviso y no había caído en la cuenta de que podía pasar aquello. Algo obvio, ¡realmente obvio! Él seguía siendo el mismo siempre, en esencia, en lo que sentía, en sus emociones, pero por aquella estúpida maldición su cuerpo era totalmente diferente. ¡¿Cómo a nadie se le había ocurrido acordarse del dichoso anillo?!

Ranma gruñó y apuró sus pasos un poco, llevado por el enfado. No era que le importara el tonto anillo, nah, para nada, pero para Akane era importante, aunque ella insistiera en que no se preocupara, que daba igual. Pero él sabía que era mentira, lo decía para hacerlo sentir mejor, y el resultado era exactamente el contrario. Se sentía pésimo, indigno, como si le estuviera fallando; no quería que Akane se conformara con aquello, como tenía que conformarse con aquel medio hombre que él era. ¡Y el anillo le recordaba a cada momento que no era un hombre completo!

La pelirroja pateó una piedrecita del camino con demasiada fuerza. Estaba harto. Además, era mentira que a Akane no le importaba, si a veces la observaba un poco a hurtadillas —y confesaba que le gustaba mirarla de vez en cuando sin que se diera cuenta… bien, más que de vez en cuando, pero en fin— y ella levantaba a veces un poco la mano y se miraba el anillo brillando en su dedo, y se sonreía de esa manera tan tierna que le hacía latir el corazón más rápido…

La chica Ranma aminoró un tanto la marcha y se sonrió con el recuerdo sin poder evitarlo, después sacudió la cabeza. Era importante, lo sabía, a él le gustaba ver ese anillo en el dedo de su esposa, y con lo celosa que era Akane por supuesto que a ella también le gustaría verlo en el de él.

Su rostro se ensombreció y se tocó los exuberantes pechos. Pero él era apenas una mitad de hombre.

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Al llegar a casa se decidió a resolver el problema de una vez y tomando una cadena se colgó el anillo del cuello, solo después se mojó con agua caliente y volvió a ser hombre. Le pareció una solución excelente, no sabía cómo no se le había ocurrido antes, y se felicitó a sí mismo recobrando la autoestima. Después se dio cuenta de lo fastidioso que podía resultar para él tener aquella cadena colgando del cuello. Nunca había usado nada por el estilo, ningún tipo de «joyería», aunque sabía que sí había hombres que lo hacían, pero en su condición no podía; realizar los ejercicios de su entrenamiento se volvía latoso por tener la cadena colgando del cuello, por no hablar de los combates cuerpo a cuerpo. De hecho, cuando competía hacían que los participantes se quitaran todo tipo de joyas, incluidos los aros en la nariz, porque era francamente peligroso, como Akane se lo hizo notar cuando lo vio.

—¿Estás loco para practicar con eso? —Se acercó a él para quitarle el collar—. ¿Por qué se te ocurrió de repente…?

Pero no finalizó la pregunta porque al deslizar los dedos por la cadena notó el anillo. Se quedó un instante mirándolo, muy cerca de él, con los brazos levantados hacia su cuello. Ranma disfrutó el momento de sentir el calor emanando de su cuerpo y su perfume tan característico.

—Ay, Ranma —el tono de voz de Akane era sumamente cálido.

—¿Por qué? —preguntó mirándolo a los ojos.

—Pues… —Ranma tardó en contestar, perdido en esos ojos— hoy se me volvió a caer y perdí la paciencia.

Ella negó con la cabeza sonriendo apenas, y terminó de quitarle la cadena.

—Yo me quedaré con esto —dijo colocándose la cadena con el anillo—. No te preocupes más por cosas que no tienen arreglo.

Oh, y era adorable ver a Akane de lo más feliz llevando también su anillo, pero había algo que a Ranma no terminaba de gustarle. No se suponía que debía ser así, y no podía permitir que Akane simplemente se conformara. Podía ser que no tuviera arreglo, pero nunca le había gustado que le dijeran que algo no se podía hacer, pues más ahínco ponía en hacerlo.

Con cara seria se sentó durante varios días por la tarde a meditar y tratar de hallar una solución. Por lástima para él lo que se le ocurrió no era del todo agradable, o eso suponía.

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Caminó durante varias horas hasta dar con el lugar y antes de cruzar la puerta hizo una mueca, para que se supiera que no era que le gustara aquello, o que él estuviera acostumbrado a esas cosas, sino que lo hacía por un bien mayor.

Al salir, sin embargo, su cara era distinta, resplandecía. Y sus pasos eran seguros y fuertes sobre la acera, sentía que por fin las piezas calzaban y todo estaba donde tenía que estar, se le había quitado ese peso que lo aplastaba, ese sentimiento de que no podía hacer completamente feliz a Akane… aunque ella parecía feliz.

Quizá, después de todo, necesitaba hacerlo para ser feliz él. No se le había ocurrido esa posibilidad.

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Al llegar a casa lo primero que hizo fue mojarse con agua fría y después, muy satisfecho, se volvió a mojar, pero esta vez con agua caliente, para ser todo un hombre.

Cuando entró en su habitación encontró a Akane registrando todos los cajones de los pocos muebles que tenían en el cuarto.

—¿Qué pasa?

—No encuentro tu anillo —replicó Akane compungida, todavía buscando—. Me quité la cadena y no recuerdo dónde la puse —se volvió hacia él con un gesto arrepentido.

—No tiene importancia —dijo Ranma encogiendo los hombros, después levantó los brazos y los puso detrás de la cabeza en una posición cómoda.

—¡Claro que la tiene! —se quejó Akane—, es tu anillo y… lo perdí. Soy tan tonta —murmuró para sí con rabia, cerrando el último cajón.

—Siempre te quitas la cadena para entrenar, es probable que esté en el dojo. Aunque ya te dije que no tiene tanta importancia —Ranma se acercó a ella y le mostró su palma izquierda—. Mira.

Akane miró pero no vio nada del otro mundo así que él le acercó un poco más la mano, refunfuñando, y le señaló el lugar con el dedo.

—Mira eso. Por suerte funcionó.

Akane le tomó la mano y miró la base del dedo anular. Parecía que había algo escrito ahí en letra pequeña; ella giró la mano para poder leerlo.

Era el kanji que se leía, en esencia, como Akane, aunque no significara lo mismo que su nombre. Pero era su nombre.

Se quedó quieta sin saber qué hacer, con los labios entreabiertos, mirando incrédula la mano que tenía entre las suyas. ¿Un... tatuaje? ¿Se había hecho un tatuaje con su nombre? ¿Un tatuaje con su nombre? Se llevó una mano a la boca casi con horror. Como no decía nada, Ranma explicó.

—Quería algo pequeño, que no se viera demasiado, por eso no escribí あかね. Pero el kanji funciona de todas maneras.

Akane continuaba estupefacta.

—¿Qué... qué es...? —no pudo seguir porque no sabía qué pregunta hacer primero y todas se le enredaban en la lengua.

—Vaya —Ranma rio gozoso—, quería sorprenderte y parece que lo conseguí. Reacciona —le dijo mientras le tironeaba la mejilla.

—¡Suelta! —Akane se zafó del agarre, pero no dejó ir su mano izquierda—. Es que no sé qué decir. Es muy... Es algo tan... es como... tan raro. Es lindo, pero... extraño. No lo puedo creer.

—Oye —dijo Ranma ofendido—, más vale que lo agradezcas, bastante me costó encontrar un lugar donde hacerlo.

—¿De verdad? Pero si hay montones.

—¡No soy exactamente un experto en el tema! ¿Sabes?

—Bien, bien. Te lo agradezco mucho. Me gusta de verdad —le sonrió ampliamente, causando como siempre que Ranma se pusiera al borde de la arritmia. La muchacha volvió a mirar detenidamente la mano de él—. Pero... ¿por qué dices que funcionó?

—¿No te das cuenta? —Ranma puso los ojos en blanco y salió del cuarto. En menos de treinta segundos una exuberante mujer pelirroja entraba en la habitación.

Le mostró de nuevo la palma de la mano a su esposa.

—Así permanece. ¿Ves?

Akane miró, los mismos caracteres resaltaban un poco más grandes en la piel clara de aquella mujer que no era otra que su marido. La observó, mientras se miraba su propia palma con orgullo por la genial idea que tuvo, mientras el cabello todavía chorreaba agua y la ropa se embolsaba, demasiado grande para su pequeño cuerpo. En ese momento, Akane tuvo que pestañear para evitar que las lágrimas se agolparan en sus ojos.

Caminó hasta la pelirroja y la abrazó despacio, con cariño.

—Gracias, Ranma, a veces eres realmente dulce.

Él estaba desprevenido y no atinó a devolver el abrazo pero se alegró de sentir que el cuerpo de su esposa se estrechaba al suyo.

—Ya sabes, soy el mejor —comentó con sorna.

Akane suspiró resignada, pero lo siguió abrazando.

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FIN

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Notas de autora: ¡Hola! Sean bienvenidos a esta serie de one-shots que ha dado en llamarse El año de la felicidad.

La idea para este one-shot en realidad se me ocurrió cuando escribía Todo el olvido está lleno de memoria, porque había varios temas que quería tratar ahí para dar mi opinión, y uno de ellos era qué hacía Ranma para solucionar el problema con el anillo de casado. Creo que no hay muchos fics que traten este tema, y los que lo hacen no me gusta cómo lo hacen (excepto uno, que no recuerdo el nombre ni quién lo escribe, perdón, pero ahí Ranma usa cierta magia para que el anillo se agrande y achique según lo necesite).

Al final descarté poner alguna escena con esto en Todo el olvido, primero porque tenía otras cosas más importantes que contar, y además porque la idea del tatuaje me parecía un poco OoC en Ranma. ¿Qué opinan ustedes? Aún lo encuentro extraño, pero bueno, ya está escrito y me gusta cómo quedó.

El kanji que se tatúa Ranma significa literalmente «Akane», el nombre en japonés de la planta Rubia (rubia cordifloria), de cuyas raíces se extrae un tinte rojo. De ahí el significado del nombre Akane. Y prefería usar un kanji y no el nombre entero de Akane en el tatuaje por lo que explica Ranma «quería algo pequeño». XD

Espero que les haya gustado esta historia. Nos leemos mañana.

Romina

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