Ranma ½ no me pertenece.

Mas en momentos de desasosiego quisiera ser como Rumiko y portarme mal con los fans.

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Fantasy Fiction Estudios presenta

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El año de la felicidad

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Nosotros y ellos

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Akane abrió los ojos despacio. La habitación aún estaba en penumbras, era plena madrugada. De a poco los recuerdos de la noche comenzaron a llegar a ella, haciendo que se le acelerara el corazón y las mejillas le quemaran; se arrebujó más en sus mantas y sintió su propia piel desnuda, lo que hacía más real aún lo que había ocurrido. Se dio la vuelta, moviendo el brazo, y descubrió el sitio vacío y frío.

Él ya se había ido.

Un leve desconsuelo flotó sobre ella, como una caricia, pero pensó que si se dormía de nuevo el tiempo pasaría pronto y podría verlo por la mañana, observar sus ojos azules algo enrojecidos por las pocas horas de sueño, y ambos compartirían una sonrisa cómplice, apartando las miradas y tratando de no rozarse los dedos durante el desayuno con el resto de la familia.

Akane se mordió los labios. No podía evitar recordar y revivir cada una de las sensaciones que aún estaban sobre su piel. El roce de las manos de él, un poco ásperas, pero gentiles, sus besos suaves y a veces exigentes, desatados. Su aroma agradable, las cosquillas que le hacían en los pechos desnudos sus mechones sueltos cuando estaba sobre ella. Su mirada brillando en la oscuridad cuando la llenaba, adentrándose en su cuerpo, con los músculos temblorosos como si estuvieran aguantando un tsunami. Recordaba el tacto de su piel húmeda de sudor cuando lo abrazaba, y las palabras ininteligibles que él le susurraba al oído cuando se movía sobre ella, con ella, en un compás embriagador.

Se tapó aún más con las mantas, cubriéndose hasta por encima de la cabeza. De aquella manera no podría dormir, no pensando en las cosas que habían hecho esa noche. ¿Por qué Ranma no estaba allí con ella? ¿Por qué se había ido tan pronto? Empuñó las sábanas entre sus dedos, estuvo a punto de llorar deseando sus brazos rodeándola y su calor envolviéndola con una tibieza seductora y tierna al mismo tiempo.

—Ranma… —el murmullo escapó de sus labios involuntariamente.

Cerró los ojos y entró en una suave duermevela pensando en las manos de él y en el roce de su piel desnuda sobre la suya.

Cuando la sacudieron con suavidad y abrió los ojos de golpe se dio cuenta de que finalmente había dormido un poco más. Empezaba a amanecer y la claridad iba tiñendo la habitación, recortando la forma de los muebles.

Ranma estaba inclinado sobre ella, completamente vestido. Más allá podía ver las dos mochilas de viaje recostadas contra la pared. La ansiedad, los nervios y la emoción burbujearon en su estómago.

—Es hora, dormilona —le susurró él dándole un beso suave en la frente.

Akane levantó los ojos y lo observó en silencio, casi embelesada. Ranma no pudo evitar sonreír.

—Vamos —la urgió mientras se enderezaba.

Era cierto, ese era el día, tenían que fugarse, escapar de casa para estar solos finalmente. Igual que habían hecho por primera vez veinte años atrás.

Akane sonrió. Se levantó, aún cubriéndose a medias con las mantas por el frío. El cuerpo le dolía, pero era un dolor agradable y una pesadez deliciosa de la que no se arrepentía. Salió de la cama buscando la ropa con rapidez, sentía la mirada de su esposo sobre ella, quemándola, pero no le prestó atención. Levantó los brazos, deslizándose el suéter por encima de la cabeza.

—¿Por qué te levantaste tan temprano? —preguntó mientras se calzaba unos gruesos pantalones.

—No era tan temprano, fue hace un poco más de una hora —respondió Ranma cerrando los cierres de las mochilas y verificando que no faltara nada.

—Parecía plena noche —comentó Akane. Se puso una gruesa chaqueta y se la cerró—. ¿Crees… crees que Tetsu y Keiko estarán bien? —preguntó después dándose la vuelta para mirar a Ranma.

Él puso los ojos en blanco.

—Tienen dieciocho años —replicó—. A su edad yo ya había viajado por todo Japón, había recorrido China y estaba a punto de fugarme para casarme —contó Ranma con los dedos.

—Entonces los mandaré en viaje de entrenamiento con el tío Genma —comentó Akane sacándole la lengua.

—Eso no se lo deseo ni al peor de mis enemigos, mucho menos a mis hijos —respondió Ranma en seguida con cara de susto.

Akane se acercó a él y le cerró bien la chaqueta, rodeándole el cuello con una bufanda. Lo miró a los ojos.

—Solo me preocupa dejarlos solos —comentó.

—Mis padres y el tuyo están aquí, además Kasumi vendrá de vez en cuando para vigilar que no incendien la casa —dijo Ranma—. No hace falta más. Estabas emocionada por escaparnos otra vez…

—Lo estoy —sentenció ella—. Es solo que… una madre siempre tendrá aprensiones.

—Qué bueno que no soy madre —dijo él doblando los brazos y poniéndolos detrás de la cabeza.

—Podrías serlo —comentó Akane mordaz, pinchándolo con un dedo en el estómago.

—Oye… —se quejó Ranma, con un destello nada agradable en la mirada.

Ella soltó una risita y se puso en puntas de pies para besarlo fugazmente en los labios.

—Vamos —le dijo—, antes de que me arrepienta.

—Si te arrepientes te secuestro —decidió él y abrió la ventana.

El aire helado del amanecer entró enfriándoles las mejillas y la nariz.

—Como en los viejos tiempos —susurró Akane antes de salir por la ventana con una mochila al hombro.

Ranma sonrió y la siguió, cargando su propia mochila. Antes de irse se volvió y bajó de nuevo el vidrio de la ventana hasta escuchar un pequeño clic. La casa quedó silenciosa otra vez.

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Compraron unas latas de café caliente en la máquina que estaba a dos cuadras de la casa y las bebieron en seguida para comenzar a entrar en calor. Las calles estaban bastante vacías todavía a esa hora. En la parada se detuvieron a esperar el autobús que los llevaría hasta la estación de trenes. Tres personas más subieron con ellos cuando lo tomaron, eran los únicos ocupantes del vehículo; de a poco la ciudad comenzaba a despertar y moverse. Se cruzaban con grupos de estudiantes que iban al colegio y oficinistas apurados por llegar a tiempo al trabajo.

Ranma y Akane se miraban de vez en cuando y compartían una sonrisa. No necesitaban hacer o decir nada para saber cómo se sentía el otro.

Llegaron pronto a la estación de trenes y se bajaron para atravesar la gran avenida hasta la entrada.

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A pocos pasos de cruzar las puertas automáticas de vidrio, Ranma se detiene.

Voltea.

Muy despacio.

Es como si pudiera vernos, aunque es imposible.

¿O acaso nos vislumbrará a través de la ligera niebla del frío?

—¿Qué sucede, Ranma? —le pregunta Akane.

—Nada… yo… —Ranma voltea a mirarla—. Sentí como si alguien nos observara.

—¿Otra vez? —indaga Akane—. Pensé que eso había pasado.

Él duda en responder. Sus ojos se mueven y de nuevo es como si tuviera la vista clavada en nosotros, pero no puede vernos allí, siempre estuvimos agazapados, ocultos en una esquina, escondiéndonos detrás de un libro o un periódico, haciéndonos los distraídos para que no nos notaran.

—En realidad, tengo esa sensación desde la primera vez que llegué a Nerima —confesó Ranma finalmente—. Como si alguien pudiera ver cada paso que damos y saber todo lo que digo… incluso, a veces, lo que pienso.

De nuevo Ranma nos mira, hasta Akane mueve la cabeza y se nos queda viendo, como si supieran que estamos allí aunque estemos seguros y resguardados de este lado. ¿Habrán adivinado nuestro secreto? ¿Sabrán que los observamos, los acompañamos en cada paso, bebemos de cada uno de sus gestos y palabras, sentimos en la piel lo mismo que los hace vibrar?

¿Sabrán que son nuestros favoritos?

Akane inclina la cabeza a un costado.

—No hay nadie allí, Ranma —dice.

—Lo sé —comenta él.

—Compremos los boletos, Ranma, y si alguien nos mira entonces invitémoslo a nuestra próxima aventura —sonríe y le cierra un ojo.

Echa a correr y entra a la estación. A Ranma no le queda más remedio que seguirla. El siguiente tren sale en veinte minutos, esperan junto al andén compartiendo algunos taiyaki. A punto de abordar, Ranma se levanta y voltea de golpe.

Mira hacia nosotros, aunque alcanzamos a escondernos detrás de la columna con la respiración agitada. Pronto entraremos también al tren y nos acomodaremos unos asientos detrás de ellos. Los observaremos charlar y disfrutar como nunca, como una pareja casada, igual que como lo hicimos cuando eran unos adolescentes, como los acompañamos en otras aventuras y dramas, en momentos de pasión o lágrimas, como vimos nacer y crecer a sus hijos.

Akane se levanta y entra al tren. Con una mano en la puerta estira el otro brazo.

—Pasen, no se queden sin ver el siguiente capítulo de la familia Saotome Tendo. ¡Aventura en Kioto! —exclama feliz mirando a lo lejos. En un ínfimo intervalo sus ojos cambian, un brillo se dibuja alrededor de todo el iris. Quizá ella logró atisbar hasta nosotros, hasta el lugar desde el que acechamos. Se queda pensativa y con la mirada perdida.

Parece que nos hubiera visto a los ojos.

—Akane…

—Quizá… tengas razón, Ranma —comenta en un susurro.

Su esposo ya la ha alcanzado en la puerta del tren y la toma de la mano con suavidad, apenas rozándola por los gruesos guantes de lana.

—Te lo dije —comenta él, también mirando.

Los ojos de ambos calvados en nosotros, la curiosidad invadiéndolo todo. Si cambiáramos los lugares nos estarían mirando ahora con la misma emoción y ansiedad con que observamos nosotros cada uno de sus gestos y sería sobre nosotros que ellos escribirían historias.

Tal vez, por un escaso momento, nos han comprendido, y aceptan que esto simplemente no se puede cambiar.

—¿Cuándo crees que eso acabe? —interroga Akane curiosa.

—Quizá nunca —reflexiona Ranma.

De a poco se dan la vuelta para entrar al tren, tomados de la mano; de tanto en tanto vuelven la cabeza y los ojos hacia nosotros. Nunca dejaremos de acompañarlos en todas sus aventuras.

Lo saben, pero no temen.

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FIN

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Nota de autora: Creo que no les molestará que por ser el último capítulo la nota sea larga XD.

Y es el capítulo final. Mucho me habían preguntado sobre el último capítulo, si tenía pensado algo o un tema en especial a tratar. La verdad no tenía nada pensado desde antes, excepto esto. Quería que nosotros, como lectores, apareciéramos en la historia, quería que estuviéramos allí sabiendo que este es el final solamente de una aventura y que luego habrá más, muchas más, donde Ranma y Akane pasarán por muchas situaciones para amarse y ser felices para siempre. Un capítulo sencillo, pero que refleja todo lo que son los fanfics, y lo felices que nos hacen (hasta ser demasiado intensos, parecemos acosadores de los pobres XD).

También quise darle ese toque de que se están fugando, y que la fuga para estar solos y tranquilos se ha hecho una constante en su vida de casados, desde la primera vez cuando se fugaron para casarse (¿en el mismo universo del capítulo de ayer?, quizá…).

Taiyaki, por cierto, son esos dulces japoneses con forma de pescado y relleno de una pasta de porotos rojos dulces.

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Si han llegado hasta aquí leyendo quiero decirles gracias, de todo corazón, por haberme soportado dando lata aquí durante todo un año XD. He aprendido infinidad de cosas durante todos estos meses, he pasado por muchas situaciones (igual que todos ustedes, recuerden, por ejemplo, que estaban haciendo ustedes el 31 de enero del año pasado), he madurado y me he templado en esta lucha constante del autor con el papel en blanco, o con la incapacidad de poner en palabras lo que imaginamos tan bien. Curiosamente, durante todo este tiempo he tenido más contratiempos tecnológicos que humanos, por así decir, pero he luchado también contra eso y puedo dar tres consejos que les salvarán la vida: tengan siempre respaldos de todos sus archivos, tengan más de una computadora (de ser posible) y siempre, pero siempre, tengan totalmente cargadas las baterías de las computadoras y los celulares, ante cualquier eventualidad.

Gracias a Noham, sin el que este año no podría haberse logrado, porque estuvo siempre trabajando para que yo pudiera tener más tiempo libre, hizo de editor y corrector, fue el mejor aliado para discutir tramas y su ingenio y creatividad salvaron varias veces el día. Otro consejo de mi parte: cásense únicamente con su mejor amigo y la persona que no quiera cambiarles nada, ni una peca de lugar.

Agradecimientos también a Fhrey por haberse esforzado tanto en crear el maravilloso soundtrack que acompaña El año de la felicidad, cuya última parte ya está para que lo descarguen (todos los links en mi perfil); gracias por tener siempre tiempo para las conversaciones y por dejarnos abusar de tu experiencia leyendo fics. Ya brindaremos y festejaremos con café.

Muchas gracias a todos los que nos acompañan en Facebook, sus comentarios y su amor constante nos divierte y nos da ánimos para seguir pese a todas las obligaciones de la realidad. Me han sorprendido hoy durante los juegos que teníamos en la página recordando capítulos, tienen mucha mejor memoria que la propia autora XD.

Gracias a todos ustedes, he conocido gente maravillosa, imaginativa y de muy buen corazón durante todo este tiempo. Su apoyo, sus palabras, sus diferentes opiniones, todo me ha enriquecido como escritora y como persona. Ustedes me han dado en este año mucho más de lo que yo pude ofrecerles a través de estas simples historias.

Mi último consejo: nunca dejen de luchar por sus sueños, aunque parezca difícil o imposible. Al final la recompensa es lo más maravilloso del mundo.

Pero no se pongan tristes, terminamos este gran proyecto pero seguiré escribiendo y pronto podrán leer otras historias mías. Recuerden que siempre pueden encontrarme en Facebook en Fantasy Fiction Estudios. Además, pueden escucharme en los podcast que hacemos con Noham todas las semanas, busquen en la página Ivoox En la cama o el canal de Fantasy Fiction Estudios.

Abrazos apretados a todos, los que me escribían cada día, los que siempre estaban ahí leyendo aunque nunca se animaran a dejar un review, los que emocionados por un capítulo particular me dedicaban unas palabras, abrazos muy fuertes para todos ustedes.

Hasta luego.

Romina

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Agradecimientos especiales a Ivarodsan, Mkcntkami, Juanyrdz0, Elennita, Haruri Saotome, Rokumon, Dee-Dee Zednem, Lily Tendo89, Nerei, Saritanimelove, EleonorSaotome, Minue, Vernica, Femme X, Noham.

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Si les gustan mis historias no olviden apoyarme con un café en ko-fi[punto]com[barra]randuril

Besos.