Disclaimer: HP pertenece a J.K Rowling


ENTRE COINCIDENCIAS Y DESTINOS

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Capítulo 1

Entre coincidencias y destinos

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Draco caminó entre el gentío del Callejón Diagon ignorando las miradas de repulsión y las palabras ofensivas dirigidas hacia él, con su mirada fría. No era nuevo, cansado, si; pero soportable. Es decir, había soportado ese trato desde el día en que había dejado que los mortífagos entraran a Hogwarts.

Sí. Draco nunca olvidaría ese día, y los demás tampoco.

Los padres, amigos y novios tenían derecho a odiarlo. Era lo justo.

Después de todo. ¿No odiaba él a Voldemort por haberlo convertido en un mortífago? ¿A los Weasley, quienes solían siempre echarle en cara la muerte de uno de los gemelos y hacían que en todos los lugares le vieran mal, como si Draco no hubiese perdido también personas? ¿No odiaba a Greyback o a su tía Bellatrix por vigilar cada uno de sus pasos, asegurándose de que le fuera leal a ese loco? ¿O A Severus Snape por permitir que los marcaran para luego entregarlos?

No por última vez en su vida, Draco se preguntó cómo podías recibir a decenas de alumnos bajo tu casa, hacerles confiar en ti como un segundo padre, para luego, cuando ellos te miraran preguntándote silenciosamente si estaba bien arrodillarse frente a ese hombre y obedecer, asentirles, sabiendo el infierno al que se entregaban. Traicionarlos, abandonarles a su suerte en plena batalla, para salvar a un niño que decías odiar y con el que no intercambiaste más que palabras ofensivas, en lugar de aquellos a los que reñías por portarse mal. Pero lo que más se preguntaba era cómo pudo, su propio padrino, mirarle a los ojos y asentirle a él; su ahijado, al niño que había visto crecer y al que se había permitido criar.

Mirando su brazo cubierto por la suave tela de su túnica, donde sabía que lucía una borrosa marca negra, Draco pensó en el hombre que una vez había apreciado y en todas esas personas que creyó, en algún momento, guardar en su corazón el resto de su vida. Severus no había hecho aparición frente a él desde el día en que fue su juicio y Draco descubrió que tenía una orden de Merlín. Un informante, habían dicho para evitar que lo enjuiciara. Era leal a Dumbledore, exclamó Potter, sin su ayuda no hubiésemos vencido…

El rubio rió. Por supuesto que no hubieran vencido sin él. El profesor sabía quienes pertenecían al otro bando. Después de todo, el bastardo había estado presente en la mayoría de los iniciamientos. Pertenecía al círculo cercano y había engañado a todos sobre sus lealtades, decenas de ilusos que no supieron lo que pasaba hasta que fueron atrapados y juzgados.

Sí, puede que su testimonio hubiese sido favorable para él, pero no fue de gran ayuda para su padre y Draco aún le resentía por eso. En realidad, muchos lo hacían, así que no le sorprendía que sus lazos con los otros slytherins se hubiesen quebrado. Si podía entregar a su mejor amigo, el hombre podía entregar a cualquiera. Incluso aún si el otro no hubiera entregado a su padre, Draco dudaría. Era cuestión de confianza, pero todo de supervivencia. Nadie ponía un trozo de carne frente a un hombre lobo intentando adivinar si éste se lo comería, o de paso se lo comería a él. Quería creer que las personas eran más listas que eso.

-¿Pero mira que tenemos aqui? ¿Te perdiste, Malfoy?-escuchó a alguien gritar cerca de él, seguido de un empujón, pero lo ignoró. Siguió pensando en su padrino. En sus días malos, el rubio se decía que lo hizo por traidor, y ahora se merecía su soledad en su viejo y pequeño hogar. Que había hecho todo porque quería sobrevivir; ¿no hacían eso los slytherins, buscar su mayor interés?

En sus días buenos, Draco se decía a si mismo que lo hizo, porque era lo correcto. Al igual que él cuando fingió no reconocer a Potter; o su madre cuando mintió al Lord y le dijo que el mago había muerto.

Pero al igual que él, ella sólo recibió castigos; que su marido fuera a Azkaban por 14 años y esté a disposición del ministerio el resto de su vida, que su hijo fuera tratado como peste y prácticamente rechazado por el mundo mágico, además de una comprensible y justa donación de una de sus cámaras de Gringotts y libertad condicional de 10 años que la limitaba a Inglaterra cuando todos ahí la menospreciaban y murmuraban de ella. Obligándola a un destierro del mundo mágico donde el único lugar seguro era Malfoy manor.

Eso era lo que había conseguido.

En esos días, Draco se preguntaba si haber dejado que ganara el bando de Potter había sido lo correcto. Si haber permitido que el mundo mágico tuviera un amo, no hubiera sido lo mejor. Él sabía que no era justo que por el hecho que ellos temían, compartieran ese miedo al resto de la comunidad mágica; pero en momentos como ahora, no podía evitar pensar que, quizás, si Voldemort hubiera ganado ellos tendrían un mundo mejor. Porque, en realidad, lo correcto no había sido justo con ellos. Lo correcto los había vuelto desgraciados.

Si Voldermort hubiera logrado dominar, su familia sería libre de caminar por donde quisieran, sin amenazas y miedos; en lugar de las miradas despreciativas y repulsivas que les eran dirigidas. O estarían muertos de una vez por todas. Draco sabía que ellos se habían ganado ese desprecio al pertenecer al bando perdedor de la guerra, pero no entendía porque si decían ser tan buenas personas, miraban igual a sus hijos. Incluso, se preguntaba cómo no se daban cuenta que, sin ellos, hubiesen perdido la guerra o lo mucho que ya habían pagado. Draco había estado bajo tortura psicológica por años y luego, cuando por fin creyó que todo había terminado, habían arrestado a su padre, fue juzgado y paso casi un año en vigilancia extrema de los aurores, donde alzar su varita del suelo era una amenaza tan grande que pagaba con unos puñetazos.

Pero pese a eso, su vida continuó. Draco tenía que estar agradecido de ello; lo estaba Realmente lo estaba. Pero eso no quería decir que no doliera pensar todo lo que había perdido, o que las pesadillas no lo acosaran. Nada volvería a ser el mismo de antes, y sus esperanzas y sueños de hacer grandes cosas se habían esfumado para dar un lugar primordial a la seguridad.

Notando como una madre alejaba a su hijo de su camino, Draco se cuestionó porque seguía en Inglaterra, ahora que su madre podía salir del país y a su padre aún le faltaba tiempo para salir de Azkabán. Después de todo, Blaise estaba en Italia y Pansy en Nueva York. Él y Theo eran los únicos de ellos que seguían ahí. En ese infierno para los slytherins que estuvieron en la guerra. En el fuego de Gryffindors como decían ellos.

Mientras pasaba por Flourish y Blotts, notó de reojo un libro de estrellas. A su mente vinieron las largas horas que había pasado buscando en libros sobre constelaciones, un nombre que le gustase a él y a Astoria para sus hijos. Draco escogió el nombre de Scorpius, y Astoria el de Berenice. Entró dentro y tocó la tapa del libro, recordando la vieja historia de Berenice, reina de Egipto, de quien cuenta la leyenda sacrificó su cabellera a los dioses en agradecimiento por el retorno de su marido de la guerra. El rey estuvo enfadado, hasta que un sacerdote le indicó que los dioses habían colocado la caballera de su mujer en el cielo, lo que le produjo una gran alegría.

La chica amó esa historia porque ella misma había esperado con ansias el regreso de Draco. Ella y otra decena de slytherins. Él no entendia porqué, habiendo fuera mejores opciones que seguir, como Potter, pero más tarde comprendió que no se trataba de seguir al ganador, sino a su semejante. Porque aunque Potter podía ser un héroe de guerra, Draco era un sobreviviente; como ella, como Pansy, como los slytherins.

Porque Draco alentaba la esperanza.

La esperanza de que por muy mal que todo fuera, la vida pudiera continuar. Podía ser buena de nuevo.

Por que si Draco podía, ellos podían.

Era, después de todo, el Príncipe de Slytherin.

Un papel que Draco debía admitir que no se tomó tan en serio hasta después de la guerra, cuando los slytherins se volvieron la burla de la escuela. Hasta que todos le preguntaban qué debían hacer, hasta que Astoria le explicó lo que ellos esperaban de él.

Ese día, en la Sala Común, Draco había hecho tres promesas; uno hacia él, de no dejarse vencer jamás, una a sus padres, de sobrevivir y hacer que su familia recupere su honor, y una hacia sus compañeros, de guiarlos lo mejor posible. Y hubo una, una a Astoria, de sobrevivir y amarla.

Y la amó, la hizo feliz.

Pese a unirse a ellos en su desgracia, Astoria fue un aire cálido, refrescante, en medio de todo ese infierno sofocante. Y lo hizo feliz.Y luego murió. Todo fue tan rápido que Draco no lo vio llegar. No estaba listo, quizá nunca lo hubiera estado.

La nostalgia lo embargó de nuevo pero se obligó a salir del local y continuar su camino hacia la tienda de túnicas. Pronto, un ruido llamó su atención y cuando volteó hacia donde todos veían, observó cómo Potter salía furioso de la heladería. Como siempre, Potter lo miró con enojo y Weasley con asco, pero esta vez Draco suprimió su sonrisa cizañosa y, rodando los ojos, siguió adelante repitiendo en su mente las peticiones de Astoria de ignorarles.

A veces funcionaba. A veces no. Hoy, al parecer, sería uno de esos días.

-Así que ahora me vas a ignorar, Malfoy- dijo Harry, deteniéndose a verlo- no me ignorabas cuando declaré a tu favor.

Él siguió caminando

-¿Dime, cómo está tu madre?

Draco se volteó hacia él, cabreado.

-Está bien-gruñó-ya que te interesa, Potter.

-¿Qué, ya salió de su escondite?-se burló el pelirrojo.

El rubio miró a su alrededor. Potter y Weasley eran aurores, y un golpe era sin dudas una agresión en su contra. Tragándose su rabia dio la vuelta y empezó a caminar lejos de su vista. Casi había llegado a su destino, pensó tristemente. Madam Malkin, que había salido de su tienda para enterarse de lo que todos miraban, podría atenderle, pero él ya no estaba de humor. No quería hablar, no quería verla. No ansiaba ver su mirada preocupada, ni escuchar sus palabras de aliento hacia él futuro. Le dio una mirada reconocedora a la mujer que le había hecho sus túnicas desde bebé, y que era de las pocas que aún lo trataba con cariño, y le dirigió una mirada tranquilizante.

-Ya están listas para que las pruebes.- Dijo rápidamente ella, en voz baja para que lo escuchara solo él.

-Mañana-fue su respuesta, y ella le vio con ojos tristes. Dio un suspiro e iba añadir algo más cuando escuchó las palabras de Potter.

-Eso, huye como siempre lo haces.

Su varita estaba en su bolsillo y Draco era ágil, en menos de 5 segundos podía tenerla en su mano. Probablemente iba a perder, en la infancia siempre perdía contra Potter, pero eso no le quitaría pegarle un buen y merecido puñetazo.

Se acercó furioso hacia él cuando el otro continuó.

-No debí salvarte la vida.

Casi en shock, Draco se detuvo y lo miró por segundos. Instantes después, continuó su camino, para la sorpresa del moreno, y sintió todo el rencor hacia el mundo surgir a través del verde de esos ojos.

Si, fue su corto pensamiento, quizá no debió hacerlo.

Así él estaría muerto, Astoria también, pero no podría saberlo.

No le dolería.

Potter, curiosamente, le había salvado la vida y pero jamás se lo había reprochado directamente, hasta hoy. Así que, Draco iba a hacer lo mismo. Iba romper, lo que él había creído, la tregua silenciosa acerca de ese tema.

-Oh, ¿en serio? Quizá yo debí haber dejado que mi tia te matase a ti, a la comadreja y a tu greñuda amiga aquel día que los capturaron. Quizá mi madre no debió salvarte la vida aquel día en el bosque, en el que estuviste rodeado de cientos de mortífagos, que de saber tu estado te hubieran lanzado decenas de Kedavras- gruñó-. Así ahora no estarías haciendo un berrinche y atacándome por algo que estoy seguro ni siquiera tengo que ver. Ni siquiera podrías culparme ¡porque ESTARÍA MUERTO y dejaría de entorpecer tu grandiosa y feliz vida! En la que nadie es tan perfecto como tú excepto los Weasley. Pero, ¿te doy una noticia?, incluso todos aquellos que dicen odiarme, te odiarían a ti si rompieras tu perfecta e intacta moral. Te consumirían vivo, porque en el fondo la mayoría solo te quiere porque eres 'el héroe'. Pero tú de héroe, dejas mucho que desear.

El silencio a su alrededor no sorprendió al rubio, pero parecía que a Potter sí, porque lo miró fijamente, incapaz de devolverle las palabras. Draco escuchó enseguida como iniciaron los murmullos pero no le importó. Si lo odiaban ya, qué más deba que lo odiaran más por decir que Potter debía estar muerto. Estaba harto de ellos. Miró como el hijo de Potter, el que iba en el mismo grado de Scorpius, salía de la heladería también y lo observaba fijamente. Se veía preocupado y enfadado a la vez. No era su problema. Se desapareció.

En definitiva, pensó una vez en Malfoy Manor, había sido un mal día para salir de casa.

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Harry se quedó quieto por segundos, rodeado de toda la gente, preguntándose por qué había atacado a Malfoy como en la infancia. Habían pasado años desde la guerra, sin prácticamente dirigirse la palabra, que lo primero que querría haberle dicho era todo menos sus palabras.

Miró a Ron a su lado, y ambos parecieron recordar que estaban peleándose minutos antes porque el pelirrojo se hizo paso entre la gente.

-¿Eso era realmente necesario?- la pregunta de Albus, dicho en un reclamo, le hizo dejar de mirar la espalda de su amigo y enfocó sus ojos verdes en los tan parecidos a los tuyos.

-Albus.

-No lo entiendo,-exclamó.-En verdad que no lo entiendo, ¿realmente odias tanto a los Slytherins como ellos lo hacen? ¿Incluso yo, que soy tu hijo, no soy la excepción?- murmurró.

-Albus, escucha…

Pero él no escuchó, se hizo paso entre la gente. Harry se llevó el pelo hacia atrás, frustrado, mientras veía como Albus se marchaba dejando a la multitud atrás. Por un instante su instinto le pidió seguir a cualquiera de los tres, explicarse. Supuso que ninguno de ellos escucharía sus palabras ahora, así que decidió volver a su oficina.

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En realidad, todo había empezado por culpa de Rose. En un día de vacaciones, en los finales del primer año. Albus ya había notado que algo era distinto entre ellos, pero jamás había descubierto la causa hasta ahora.

-Y es un slytherin, no podemos confiar en él.

Las palabras de Rose, murmuradas en la destartalada cocina, rodeado de sus primos, le impactaron con fuerza. Sabía que su familia odiaba a los slytherins, especialmente a los Malfoy, pero Albus era uno de ellos. Era cierto que era un slytherin, pero también era un Weasley.

No era su culpa. El sombrero le había dicho que haría verdaderos amigos ahí. Que lo guiarían a la grandeza, que encontraría una gran familia.

Él había dicho que su padre había cometido un error al no querer ir a su verdadera casa. Así que Albus había decidido no repetirlo.

Y cuando llegó a esa silenciosa, pero cálida Sala Común, no entendió por qué lo odiaban. Si, fue un poco incómoda su presencia al principio, pero pronto una chica le había hablado y todo empezó a funcionar. Incluso había logrado captar unos ojos grises, indiferentes sobre él, pero tan pronto como se habían posado en él, también fueron retirados. A su parecer, en todo primer año que estuvo en Hogwarts, los verdiplatas eran chicos normales que sí, se peleaban con los gryffindors sin razón alguna, y algunas veces ellos iniciaban pero otras veces los leones les hacían bromas pesadas, por no decir crueles a ciertos slytherins, que los superaban los creces.

¿No ellos eran los justos y valientes? Él solo veía maldad.

No todos eran así, claro, pero incluso la relación con su hermano James se volvió tensa, especialmente porque James no quería que se relacionaran en la escuela. Cosa tonta en su opinión, porque todos sabían de su apellido.

Y solo el inicio porque, conforme pasaron los días, también hubo pequeños cambios en su propia casa. Su madre se volvió prácticamente indiferente con él. James lo evitaba. Lily aun le hablaba, y su padre lo trataba igual así que, por un momento, Albus creyó que todo mejoraría, que les haría cambiar de opinión. Pero incluso él detestaba a los slytherins. Y lo notó porque una vez, al llegar de una misión, se sentó con su madre y su tío a platicar en la cocina.

-Ni siquiera deberían ser magos- dijo Ginny, mientras cortaba las verduras.

-No debiste salvarlo- apoyó Ron- solo es un mortífago bastardo. Apuesto que él lo hizo.

-Que podías esperar de él- se oyó la voz de su padre- Era un Slytherin.

Albus, que los espiaba desde la puerta, no pudo evitar retroceder, mientras las lágrimas empezaban a salir de sus ojos. Se sacudió con las manos y quiso pensar lo mejor de su padre. Que era culpa de quien hablaba, que esa persona en especial, no era una buena persona.

Cuando llegó nuevamente a Hogwarts tomó el viejo libro de historia en la biblioteca y descubrió, sin sorpresa, que varios apellidos conocidos aparecían ahí. Pero el que más le llamó la atención fue Malfoy. Malfoy, el apellido que su madre y tíos tanto repetían. El apellido de Scorpius. El Príncipe de Slytherin. Observó con detenimiento la imagen de Lucius Malfoy que había en el libro y lo comparó con detenimiento contra Scorpius. Había diferencias, claro, pero era obvio que venían de la misma familia. Ojos grises, cabello rubio, piel pálida. Por alguna razón eso lo hizo enojar; y cuando vio que el rubio quiso dar la prueba de buscador la solicitó también, y siendo él el hijo de Potter y quien le daba mejor imagen al grupo, la elección estuvo clara.

Notando la satisfacción que le producía ver los ojos grises nublarse de furia, Albus sonrió triunfante al sentir la justicia por fin llegar. Y todo lo que él quiso hacer, Albus lo hacía mejor. Así no le gustara lo que le gustaba a Scorpius, se matara por horas en hacerlas o no durmiera. Y Scorpius solo fruncía el ceño y lo dejaba como si no importara para nada.

James empezó a contar todo lo que hacía a casa y de pronto, ya no era el slytherin. Era el slytherin que superaba a Scorpius Malfoy. Las cartas de sus tíos y su madre llegaron, y Albus no pudo evitar sentirse bien consigo mismo a pesar de la voz en su interior que dictaba que se estaba volviendo como el padre y abuelo, de Scorpius, de jovenes.

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Si bien, empezaron a notarse y repelerse, el problema entre ellos empezó realmente a surgir cuando Albus decidió que podía tener un grupo más grande de amigos, del que tenía el Scorpius. Si logró congeniarse con algunos slytherins, pero muchos negaban amistarse con él y confundido, Albus empezó a sospechar que pasaba algo. Algo que entendió cuando enfocó sus intenciones en los mejores amigos del rubio, una jugarreta perfecta, si le hubiese resultado. Fue realmente una sorpresa cuando la única chica del grupo cercano a Malfoy, lo miró con desprecio, indicándole que guardara su distancia. El italiano no fue más fácil de acceder, porque apenas se acercaba a él, el otro se daba la vuelta o se marchaba. Y el tercer chico, le dejaba hablar sin hacerle el más minímo caso.

Y entonces, la vió. La sonrisa del rubio. Triunfante, arrogante. Divertida.

Pura y llana satisfacción personal.

Gané, gritaba a toda voz.

-Ese maldito Malfoy-le gruñó a Allissa Green, llendo a clases de pociones dos días después. – Tiene que ser su culpa.

Ella se alzó de hombros.

-Eso te pasa por meterte con él. Mira que competir así con él.

-¿Qué quieres decir? Me gané todo a pulso.

Ella bufó.

-El puesto de quidditch, Albus, perfecto. Querías jugar ¿Pero qué hay del concurso de Herbología, en el que dijiste que no ibas a participar pero participaste cuando él dijo que lo haría? ¿Ocupar a diario la mesa de la biblioteca que tanto le gusta, cada libro que empieza a leer o comer el pedazo de comida en el que posa su mirada? Llamame ilusa, pero creo que solo lo estás molestando.

Albus se sonrojó ligeramente.

-No sé de que hablas.

- Claro que no. Además, para que lo sepas. Él se dio cuenta hace mucho. Ahora cada vez que va a comer, mira primero lo que no le gusta.

Albus abrió la boca indignado.

-No puede ser…

-¿Realmente crees que odia la tarta de melaza?-rió ella.

-Ese bastardo de Malfoy.

-Debo decir que mis dos padres me reconocieron, Potter.- Se burló el rubio, llegando con su séquito. – Dejame adivinar, Green por fin iluminó tu mente.

Albus gruñó.

-Vete al infierno.

-No, Potter. Vete tú.

-Venga, Scorpius.- Llamó la chica, jalándole el brazo. -Mira de una vez un lugar para que podamos sentarnos después de que Potter, se siente en él.

Albus les hizo una mueca al entrar. Allisa suspiró y lo siguió.

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Más tarde, de ese mismo día, decidido a encontrar la forma de hacérselas pagar al rubio, se dirigió a la torre de Astronomía y, para su sorpresa, encontró a Scorpius durmiendo. Iba a molestarlo cuando vio que tenía lágrimas en sus mejillas. Indeciso, porque jamás de los jamases pensó verle así, tomó su capa y lo cubrió con ella. Él soltó un pequeño gemido y movió su mano. Fue entonces que notó que tenía una foto en ella.

Se agachó y la tomó.

Era la foto de, quien Albus suponía, era su padre de buscador. Sonreía con una snitch y estaba sentado en el sillón de su sala común mientras veía a la cámara. A su lado un chico parecido a Nott sonreía ligeramente y otro con una gran sonrisa le tenía la mano en su hombro y sonreía enormemente Sus ojos le recordaban a Zabini. Para finalizar, había una chica abrazando un brazo del rubio.

En el fondo un cartel mágico flotaba.

Decía

¡POR FIN!

No pudo evitar reír.

Así que por esto el rubio había querido ser buscador.

Examinó al rubio de la foto. Él debía ser Draco Malfoy de joven, mayor que la edad de su ahora hijo. Sus ojos plateados brillaban contentos y sus dientes se mostraban a través de su sonrisa. No se veía tan malo como dijo su madre.

Parecía un chico normal. De hecho, esos 4 le recordaban mucho a sus 4 compañeros. Supuso que eran los hijos de todos ellos. Jennifer Edwards, Damian Zabini y Alexander Nott. Sonrió, sintiéndose tonto por querer usurpar el lugar de un amigo de la infancia.

También había dos cartas al lado, con el mismo sello que tenía el anillo de su compañero.

La curiosidad pudo con él y se agachó a verlas, pero escuchó pasos y se levantó enseguida. Sabiendo que no podía llevárselas, sacó un duplicado de las cartas y las metió en su bolsillo.

-¿Qué haces aquí, Potter?- lo sobresaltó la voz de Zabini y volteó a ver al chico.

-Que, ¿ahora lo vas a atacar mientras duerme?- preguntó Edwards- Ahora que ya te aburriste de quitarle sus cosas favoritas, ¿Vas a pasar por fin a los golpes y hechizos? ¿No le basta a tu familia que todos nuestros familiares molesten a su padre, ahora quieres traer esto en contra de Scorpius? ¿Qué sigue, que en la calle empiecen a hablar de lo cruel que es Scorpius por no dejarte tener amigos? ¿O tiene que ver con el hecho que ya que tu padre no pudo matar al de Scorpius, tú, su hijo, terminarás el trabajo por él, y todo lo que hiciste no fue más que la búsqueda de un motivo que te justifique?

Albus jadeó.

¿Ellos creían que quería atacar a Scorpius? ¿Por ser un Potter?

-No, yo… -quiso explicarse- llegué y lo encontré aquí. Y bueno él- dijo mirándolo.

Los 4 observaron al chico que tenía rastros de lágrimas en sus mejillas. Nott lo levantó del suelo y Zabini le devolvió su capa a Albus.

-Gracias- dijo Zabini-pero no era necesario. Vuelve a tu mundo perfecto, Potter.

Albus meneó la cabeza y agarró su capa.

- ¿Está bien?

Edwards pareció querer decir algo, pero se detuvo.

-Si dices algo, nos la pagarás.

-Gracias, Potter- añadió Nott.

Y se marcharon.

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Ya en su habitación, Albus cerró las cortinas de su cama, sacó las cartas y se acomodó para leerlas. Quería, por alguna razón, conocer que decía. Cómo eran las cartas de un padre slytherin. Cómo hubiera sido tratado si hubiera sido un gryffindor, o un slytherin en una rama de puro slytherin tal como Scorpius.

Con cuidado, abrió la primera.

Querido Scorp:

Sé que ahora que tu madre está muy grave intentas distraerte y lamento de verdad que ese chico Potter esté evitando que lo hagas, en serio. Quizá es casualidad pero por lo que me dices, el sólo quiere evitar que logres tus objetivos más deseados y si, puede que te sientas frustrado y enojado. Pero no te metas con él, por favor.

Es un Potter, aléjate

Es un Potter…

A su mente llegaron las palabras de su madre cuando le menciono que había oído que el chico rubio y de ojos grises de su casa sería el príncipe de Slytherin como sus antecesores.

-Es un Malfoy, ni siquiera te le acerques- dijo ella con desprecio.

¿Ellos pensaban tan mal de ellos, como Albus sabía que su familia opinaba de los Malfoy?

No digo que sea malo, pero parece querer fastidiarte, eso es todo. Tú sabes todo lo que paso entre su padre y yo. Sabes que nos odiábamos. Que aún en mis malos y jodidos días lo odio. Y créeme, parece ser recíproco. Pero sabes también que fue parte de mi culpa. No era mi intención ofender a sus amigos, bueno tal vez no al principio, pero teníamos que sobrevivir Scorpius y si teníamos que atacar a Potter para hacerlo, lo hubiera hecho 1000 veces, por tu abuela, por tu abuelo, por ustedes.

No digo que esté bien. Míranos ahora, odiados por el mundo mágico. Lo único que me alivia es que estás en Hogwarts y ningún mago rencoroso puede atacarte; eso, y que tienes a tus 3 mosqueteros contigo, por supuesto. Sus padres, mis mosqueteros, fueron valientes hasta el final de la guerra, y sobrevivimos. Gracias a ellos sobreviví.

Volviendo al tema del chico Potter, olvídalo Scorpius, distraerte no significa ganar o perder. Solo es hacer otras cosas. Puede que esté buscando solo agradarle a su familia... he escuchado que los Weasley no están felices con él por su posición dentro las casas.

Compréndelo ¿quieres? No debe ser fácil estar en una casa donde toda tu familia cree que eres una deshonra.

Deshonra…

¿Eso era Albus, una deshonra?

Es difícil. Es cansado. Yo solía sentir que no llenaba las expectativas de tu abuelo, que pese a lo que yo era, a lo que los demás veían en mí siendo el Príncipe de Slytherin, no era suficiente. Sabía que me amaba, pero que no era lo que él quería.

¿Y qué es peor que decepcionar a aquellos que quieres?

Creo que él debe sentirse así y no sabe que hacer al respecto. Tu ahora extrañas a tu madre y para sentirte mejor basta con enviarle una carta, una llamada en red flu o volver a casa. Él extraña a la suya, a su familia entera. Ahora mismo podría verla, pero cuando llegue ¿Qué encontrará? Caras desconocidas, desconfiadas. Que aunque digan que lo aceptan él sabe que no es así, no por completo, y por eso te volviste su objetivo.

En el fondo él también se está distrayendo.

Albus sintió un nudo en la garganta.

Eso por supuesto, no es justo para ti, pero nada es justo en esta vida. Tu abuela creyó que salvándole la vida a su padre no viviríamos con miedo por Voldemort, pero ahora tenemos miedo del mundo mágico entero. Yo no fui capaz de acusarlo a él y a sus amigos para que le quitasen la vida y ahora ellos me restriegan en cara haber salvado la mía.

La vida no es justa, no es tu culpa. Ni la mía.

Ni la del chico Potter.

Él solo está afrentando las consecuencias de lo que su familia, los Weasley, crearon. Diciendo los justo que eran los gryffindors sin considerar que un día, su propia herencia daría un slytherin. Y ahora no saben qué cara poner.

Que yo diga que no es justo no quiere decir que no lo pongas en su lugar. Tu no eres el culpable de lo que pase en su casa. Si te ataca directamente, defiendete.

Eres un Malfoy, y los Malfoy no seremos nunca pisoteados. Pese a lo que otros crean somos pacientes Scorpius, pero hay un límite para la paciencia.

Ahora, con respecto a lo de no ganarle, bueno, no puedo decirte otra cosa que a practicar. Quiero que mires la foto de ahí, y la guardes bien, porque es uno de mis tesoros.

Fue mi último partido como buscador.

Fue la única vez que gané un partido de quidditch.

Por supuesto, omitamos que Potter no estaba ahí, y en realidad le birlé la quidditch a Ginevra. Pero fue genial. ¿Que podía hacer más que practicar? Solo lanzarle hechizos oscuros. Pero seguí insistiendo porque lo amaba. Amaba volar. Amaba el quidditch. Si es algo que amas sigue practicando. Algún día lo lograras. Y cuando ese día llegue te sentiras con el mayor orgullo del mundo. Puedo asegurartelo.

Que él sea mejor en algunas cosas no significa nada Scorpius, hay cosas que puedes hacer mejor que él, es cuestión de encontrarlas.

Y antes de que lo preguntes. Yo estaría orgulloso de ti en cualquier casa (Excepto en Hufflepuff, ellos son la peor deshonra, si lo hubieras sido espero que hayas ahorrado, porque tu madre te mataría y yo te desheredaría. No en ese orden, por supuesto).

Es broma…

¿Te he contado la historia de Sirius Black, primo de tu abuela? ¿El hombre que debió ser slytherin, pero fue sorteado en gryffindor? Su familia lo repudió y lo borraron del árbol genealógico. Eso estuvo mal. Yo no lo haría y no creo que los Weasley lo hagan, para alivio de tu compañero.

En fin, ese no era el punto. Me conoces, estoy divagando. El punto es que más tarde ese hombre fue amigo de Potter, James creo que se llamaba, y un hombre lobo llamado Remus; y para poder seguir a su lado, renunció a sus costumbres, a su familia e ideales. Los tres se enfrentaron a Voldemort y de algún modo, y en distintos tiempos, murieron; pero lo que hicieron fue muy valiente. Fue admirable. Y fue muy gryffindor.

Que tú hubieras tenido la oportunidad de ser un Gryffindor no me sorprende, y no sé porque tu carta parece temer mi reacción a esa parte. Si bien, los Malfoys solo engendramos slytherins, bueno, pudo pasarnos lo mismo que a la Black.

Le echaríamos la culpa a tu abuela, por supuesto.

Ningún Malfoy es culpable de ser lo que es ¿cierto?

Como respuesta a tu pregunta, de cuál era el beneficio de ser un slytherin si nadie los quería bueno, es algo que todo slytherin descubre por sí mismo a medida que crece pero dada la situación creo que deberías saberlo.

Los slytherins poseen un sentir puro.

Eso es todo. ¿No fue tan difícil cierto?

Y aun no entiendes ¿verdad?

Albus sonrió.

No, no había entendido.

Es bueno que entre slytherins nos conozcamos. Eso le falta a ese niño, un compañero de travesuras slytherin. Apuesto que hasta tu notas que ahí se siente bien. Por algo el sombrero lo puso ahí.

Cierto, él no tenía esa pasión por las mismas cosas que sus hermanos. Los slytherin en cambio eran más parecidos a él, si querían leer un rato leían. Amaban las pociones y ocultaban sus emociones por naturaleza. No obstante, Albus notó desde el principio que entre amigos no era así.

Era un juego de poder, en el que Scorpius iba ganando. De amenazas y chantajes, para lograr tus cometidos.

Pero también era divertido.

Te hacía pensar siempre, estar con la mente activa, era un juego al fin y al cabo, donde en ocasiones perdías y querías la revancha y en otros ganabas, y presumías tus pequeñas victorias. Él no lo veía desleal o deshonesto como decían los otros. Si querías a alguien lo demostrabas y si odiabas a alguien, lo hacías con el alma. No había hipocresía, todos sabían cómo iba el asunto. Sabías cuando te estaban utilizando y cuando te dejabas utilizar, cuando hacías favores y cuando debías pagarlos. Aprendían esa habilidad, la desarrollaban para el futuro. Practicaban entre ellos para cuando lo necesitaran.

Era eso, solo un juego. Un juego que él quiso convertir en guerra.

Albus sonrió timídamente. Ya, ya había entendido.

Ellos eran solo ellos mismos. Sin fingir nada. Al menos no entre ellos. Las demás eran cosa aparte. No importaba la edad del Slytherin, ellos siempre serían uno de corazón.

Pero partamos del sombrero seleccionador, al menos en mi época hubo pequeños párrafos que hablaban de ellos, te lo explicaré.

«O tal vez en Slytherin,
Harás tus verdaderos amigos.
Esa gente astuta utiliza cualquier medio
Para lograr sus fines.»

Bueno supongo que ese ya lo entendiste antes ¿no? Saltémonoslo.

"El ambicioso Slytherin ambicionaba alumnos ambiciosos."

Claro como el veriseratum.

No me digas que no eres ambicioso, león con piel de serpiente.

"Sólo enseñaremos a aquellos que tengan pura ascendencia"

Mentiroso, también admiten mestizos, o no estarías en este problema.

¡Y listo!

Creo que al final no tuve que explicar nada, eres inteligente, tú ya lo sabes y sabes que quieren decir.

Estoy orgulloso de ti, Scorpius. Y tú deberías estar orgulloso de ser un slytherin. El mundo puede fallarte pero los slytherins siempre estarán ahí para ti. Porque eres uno de ellos. Porque son tus amigos.

No, no me hables de Snape, por favor.

Aunque si hubieras sido un gryffindor estaría preocupado por tí. No porque tus amigos te hubieran dado la espalda, sino por que no podrían ayudarte cuando estuvieras en la sala común o tu habitación. He escuchado que el mayor de los Potter es pegadito a los gemelos y eso ciertamente haría que me diera un ataque de nervios cada 20 segundos.

Y deja de preocuparte por lo del chico Potter ¿sí? El mismo se dará cuenta de lo que está haciendo, y dado que viene de leones te dejará en paz. Es una Serpiente con una pequeña melena al fin y al cabo. No sé, quizá se hagan amigos. Al menos yo intenté llevarme con su padre.

Un día, nada más, pero no se diga que no lo intenté.

El moreno rió.

Tu madre te manda saludos aquí con la peque Berenice dentro de ella. Dice que, por favor, le mandes esas galletas de avenas por las que no deja de joder.

OK. Me pegó.

A veces no se porqué me casé con ella.

Auch!

Es una agresiva.

Scorpius exijo inmediatamente que vengas y le (me) ofrezcas una disculpa.

Esto es tu culpa. Si no te escribiera, estaría masajeando sus pies.

En fin, debo dejarte.

Nunca olvides que te quiero.

Papá.

Draco Lucius Malfoy

Malfoy Manor

Cabeza de la Noble Casa de los Malfoy

Heredero de la Noble Casa de los Black

Albus sonrió y guardó la carta, sintiéndose mejor. La guardaría siempre y cuando la necesitara, cuando se sintiera mal por ser un slytherin, volvería a leerla.

Sería uno de sus tesoros.

Abrió la siguiente.

Querido Scorpius:

Lamentablemente tu madre ha fallecido al dar a luz a Berenice… y yo…

Scorpius…

La tinta estaba corrida en una letra y Albus supo que el señor Malfoy estaba llorando cuando la escribió. No debió haberla visto, esto era...no debió saberlo.

Pasaré a buscarte ¿Si?

Iré al medio día.

Papá.

Draco Lucius Malfoy

Malfoy Manor

Cabeza de la Noble Casa de los Malfoy

Heredero de la Noble Casa de los Black

Eso era todo, era la segunda carta.

Albus la recordaba como si fuera ayer. Pero en realidad habían pasado 2 meses desde que Draco Malfoy, soportando todas las miradas alrededor había cruzado el Gran Comedor, en espera de Scorpius.

Ese día, había visto por primera vez la helada mirada en sus ojos plateados que era más poderosa, si se podía, que la de Scorpius y a su vez rivalizaba fuertemente con la que él conocía por fotos de Lucius Malfoy. Albus se quedó quieto, admirando el perfil del hombre que se acercaba. Su porte y movimientos, exudaban la elegancia y fortaleza de la casa. Sus ojos brillaban, representando la ambición y la astucia. Todo en el gritaba poder. Y a Albus, como todo slytherin, le gustaba éste.

Draco Malfoy, repitió en su mente ese día, es perfecto. Cortés, pero sin emociones.

Observó con curiosidad, como los slytherins más pequeños se pusieron de pie frente a él y le dieron el pésame. Él correspondió a todos, algunos con el nombre de quien los dirigía. Por supuesto, le eran conocidos debido a sus padres, lo cual explicaba porque Scorpius se llevaba bien con una gran parte de slytherin y porqué su plan fracaso espantosamente.

Cuando finalmente llegó a su hijo, ambos rubios se saludaron con un asentamiento de cabeza y nadie juraría que ellos lamentaban la muerte de Astoria Malfoy. Pero Albus y los slytherins sabían que sí. Habían visto la mirada apagada de Scorpius. Albus incluso lo había visto mirar hacia la nada y dejar una lágrima caer.

-Míralo- cuchicheó Rose, junto con sus primos y su hermano James. Al parecer saliendo del Gran Comedor cuando Malfoy entró. -No parece importarle la muerte de su madre.

Todos los slytherins se tensaron y pudo notar el vacile en Scorpius, mientras su padre negaba con la cabeza. Albus apretó los puños enojado, ¿qué podía saber ella? Se creía tan inteligente como su madre.

-Y ahí esta su padre. ¿Ni siquiera lo va a saludar? No tiene corazón.

El mayor de los Malfoy la ignoró, el menor se quedó paralizado por unos segundos.

Pero Albus, hizo algo que nunca creyó hacer.

-¿Qué puedes saber tú de tener corazón, hija de sangresucia?-siseó- ¿Crees que por ser hija de la que dicen la más inteligente gryffindor, tú puedes venir a enseñarnos una lección?

El silencio se hizo presente. Especialmente el de los profesores que iban a llamarle la atención a Rose. Neville, profesor de Herbología, jadeó sorprendido por sus palabras.

Todos se voltearon a verlo, incluidos los Malfoy.

-Pero sí sabes que tú no eres tu madre, ¿no?- continuó su boca. – ¿Entonces por qué esa cara? ¿Acaso te insulte a ti? ¿Quién eres tú para saber lo que les duele o no a los demás? Sucia gryffindor sabelotodo. Deberías cerrar tu boca, todos la odian.

Los Weasley estaban en shock. James también.

Rose empezó a llorar y fue entonces que Hugo sacó su varita.

-Te vas a arrepentir por haberle dicho eso a mi hermana.

Albus también sacó la suya listo para pelear, pero ya había mostrado su lealtad. Había defendido a uno de ellos, a su príncipe, frente a todos. Los slytherin no dejarían que lo toquen.

Para su sorpresa y la de los Malfoy, Nott, Edwards y Zabini se pusieron delante de él y alzaron la varita. Los demás le imitaron.

Los profesores no sabían que hacer. Era un Potter defendiendo a un Malfoy. Oponiéndose a los suyos para apoyar a su casa. Era la casa de los slytherins, los descendientes del cuarteto plateado, los rivales del antiguo trio dorado defendiendo a Albus.

-¡Señor Potter!- exclamó McGonagall – 20 puntos de slytherin por usar esa palabra- y 20 menos de Gryffindor por la insensibilidad hacia la muerte de la madre de un compañero. Ahora todos en la mesa. Bajen sus varitas ¡AHORA!

A regañadientes todos obedecieron. Miró a los Malfoy, que seguían mirándolo, y no pudo evitar sentirse examinado por Draco. Estaba seguro que se preguntaba porque siendo él un Potter había defendido a su hijo. No estaba listo para responder la razón cuando le preguntara, pero no lo necesitó, hizo una inclinación de cabeza y salió seguido del rubio menor rumbo a la antigua mansión.

Dos días después del velorio de Astoria Malfoy había llegado una lechuza con un paquete en su casa. Lo abrió. Era un pequeño dije en forma de serpiente en una cadena.

La nota de la lechuza solo decía una cosa.

Gracias

Scorpius Malfoy

Malfoy Manor

Heredero de la Noble Casa de los Malfoy.

Albus supo que había hecho una buena elección.

.

Dejando el pasado atrás, entró al cuarto sin sorprenderse de ver a Scorpius durmiendo en su cama. Supuso que debía decirle lo del pleito entre sus padres que había presenciado, pero de inmediato se dio cuenta que de no haber enojado a su padre, no hubiera sucedido. Suspiró mientras veía los restos de su túnica ocasionada por la pelea con un gryffindor rumbo a las mazmorras. Tendría que reemplazarla.

Además el castigo por el pleito con Hugo y la ofensa a Rose de limpiar los pisos al modo muggle por dos semanas le habían desgastado otras dos. Ahora solo le quedaba una si no quería verse burlado el resto del ciclo. Suspiró. Tendría que pedir permiso para ir por otras.

Miró a Scorpius, quien dormía tranquilo. El rubio le ayudaba en silencio todos los días a limpiar, no los pisos, por supuesto, (Albus suponía que no era algo a lo que estuviera acostumbrado dado a que era rico, muy rico, y tenía elfos que lo hacían todo por él), pero si los calderos. Diariamente, durante su castigo, mientras Albus limpiaba, se preguntaba por qué le ayudaba, si después de todo él solo hizo lo correcto, callar a su prima. No le fue exactamente bien pero Scorpius no tenía la culpa de ello, y Albus sentía que se lo debía. Con el paso de los días supuso que lo que ambos hacían era distraerse y, cuando se dieron cuenta, estar en silencio, junto al otro era natural. Platicar también. Se volvieron amigos. Para evitar aún más problemas en casa de Albus lo disimulaban fuera de las mazmorras.

Después de todo, Albus había recibido el regaño del siglo cuando la chismosa de Rose lo había acusado. Su tía Hermione peleó con su madre Ginny, con Harry, y Ron le dijo que juntarse con ese tipo de escorias le estaba pegando lo serpiente y lo bastardo.

Su padre quiso saber su opinión y lo citó aparte. Todo iba bien hasta que 10 minutos llegó el tío Ron, y después su padre dijo que no había cometido un error al evitar ir a slytherin.

Un error.

Eso era Albus.

Aunque sabía que su padre no lo dijo con esa intención, pero no pudo evitar sentirse dolido. También que lo único que quería pedirle era que no usara esa palabra.

Sangresucia.

No sentía realmente lo que dijo. Solo quería que Rose se callara y se preguntó si eso sintió Malfoy cuando llamó asi a su tía. Que podía ser tan insoportable como Rose cuando quería. Su padre pudo ir a slytherin, pero no podía comprenderlo porque en el fondo no lo era. Tal como Scorpius pudo haber sido un Gryffindor, pero en el fondo no lo era tampoco.

A veces, solo a veces, envidiaba a Scorpius.

Envidiaba su vida.

Entonces Scorpius compartiría con Zabini, Nott, Edwards y él alguna historia chistosa, algo que su padre hubiera mandado o una idea que podía convertirse en travesura y él volvería a apreciarlo.

-¿Albus?-la voz llamándolo hizo que se alejara de sus pensamientos y lo miró.- ¿Cómo te fue?

-Mal.

-Lo siento.

-Está bien, no es tu culpa. Mañana iré a comprar más túnicas ¿Quieres ir?

Scorpius frunció el ceño entonces examinando sus túnicas y Albus supo que se había dado cuenta que la destrucción de la última se debía a un hechizo. Entonces haciendo su voz fría y los ojos que Albus reconocía como vengadores, negó con la cabeza.

-Tengo cosas que hacer

Albus rió.

Bueno, al menos sus túnicas iban a ser vengadas.

Deberían sentirse felices.

.

Albus había dicho que él odiaba a los Slytherins, pero Harry sabía que eso no era cierto. Él mismo se había enamorado de uno hace tiempo. Del Príncipe de las Serpientes.

En aquel tiempo Harry se lo negó fervientemente y Malfoy parecía perdido en su propio mundo, que intentó dejarlo pasar. Hasta que, un día finalmente se armó de valor y fue a decírselo. Tenía que sacarlo de su sistema. Excepto que no lo hizo, porque ese mismo día Astoria Greengrass parecía haber decidido lo mismo. Y confesándole su amor, Malfoy le dijo que no tenía cabeza en esos momentos para amar a alguien.

Tal como Harry

Astoria le dijo que podía esperar, que por favor le diera la oportunidad. Pero Malfoy negó con la cabeza y le mostró lo que Harry más temía.

La marca oscura

Quieto, solo reaccionó cuando la chica dijo que lo esperaría. Algo que Harry hubiera deseado hacer, pero sabía que no hubiera podido porque se suponía que iba a morir.

Y devastado, escuchó la pequeña promesa de Malfoy de amarla si sobrevivía.

Y sobrevivió. Y cumplió su promesa.

Apenas la guerra terminó se hizo novio de Astoria Malfoy, y luego se casó con ella.

Miró su oficina, preguntándose qué hubiera pasado si le hubiera propuesto huir con él. Si le hubiera dicho, si hubiera tomado su mano. Si el otro hubiese hecho esa promesa a él. Si lo hubiera podido proteger de todo.

Tal vez no tendría esta oficina.

Pero quizá hubiera sido más feliz.

A veces, cuando Harry se preguntaba eso, recordaba que si lo hubiera hecho no tendría a Lily, Albus y James. Aun si el de en medio lo odiara tratando de ocultar lo muy resentido que estaba con él por dejarlo solo...

Pudo comprender porque defendió a Scorpius. Él mismo había insultado a Malfoy cuando se metía con su madre muerta, y que fuese Rose precisamente quien se metiera con Scorpius por lo mismo estaba mal.

Simplemente mal.

Y que Albus usara esa palabra también. Eso fue lo que hizo explotar todo. Así que se desquitó con la única persona a la que le había oído decir esa palabra.

Malfoy.

Y le había echado en cara salvarlo; cuando siempre supo que lo hizo porque estaba enamorado de él. Que lo único que aún mantenía en su contra era lo mucho que le había dolido que aceptara a Astoria.

Pero obtuvo su castigo, ¿no? Malfoy, la persona que quería, le dijo que debió haberlo dejado morir también.

Simplemente dolió.

Aunque, Malfoy había estado en todo su derecho. Su esposa acababa de morir y además que no era culpable de que Albus hubiese usado esas palabras. Es decir, Albus ya era lo bastante mayor para saber el significado de lo que decía. Merlín, el rubio ni tenía contacto con Albus, ¿cierto? Según Albus, en el comedor fue la primera vez que lo vio. Y según Neville, Albus ni siquiera congeniaba con Scorpius.

Suspiró.

No debería haberse comportado así.

-Señor Potter, la profesora McGonagall dice que su hijo esta con Madam Malkin y no puede atender su llamada-le indicó su secretaria y Harry suspiró y se puso su túnica de Jefe de Aurores.

-Está bien. Voy a salir.- Avisó. Iría a Madam Malkin e intentaría arreglar las cosas con Albus.

.

Que lo que había pasado apareciera en el diario, no le sorprendió a Draco. Así como tampoco que todos le miraran camino a la tienda de túnicas. Era cierto que odiaba que cuchichearan a sus espaldas pero se sentía bien de haberle gritado al todo poderoso Potter y seguir vivo y libre en su intento.

Tarareó una canción en su mente, de tan buen humor, que se dirigió al Callejón con el fin de recoger sus túnicas. Se paseó entre la gente, pasó la puerta del local y fue entonces cuando lo vio.

Parado sobre un banco, y viéndolo directamente a los ojos, estaba un chico de ojos verdes y cabello negro todo revuelto.

Potter.

Fue como volver a los 11 años y estuviera frente al chico que más tarde se volvería el Héroe del Mundo Mágico.

-¿Señor Malfoy?

Sorprendido, Draco reaccionó y se recordó a si mismo que estar frente al gryffindor, a esa edad, era imposible sin un giratiempos.

-Potter, Albus- dijo el reconociéndolo.

Albus miró a Draco y supo que debía estar recordando cuando conoció a su padre en aquel mismo lugar, en la misma situación. Entonces, sonrío preguntándose qué hubiera pasado si su padre hubiera tomado la mano del hombre aquel día.

Bueno era obvio que él no habría nacido.

-¿Viene por sus túnicas? Lamento mucho lo de mi padre ayer, señor Malfoy- dijo con respeto- lo hice enojar y él se desquitó con usted.

Draco lo miró fijamente y Albus tragó saliva. Probablemente le iba a gritar. No sucedió. Él lo miró suavemente y le habló con una voz tranquila.

-Nunca te agradecí por lo de Scorpius, Potter. Tu familia debe odiarte.

Albus sonrío melancólicamente.

-Papá no lo hacía, hasta ayer.

Draco no supo que responder, Potter nunca había sido su fuerte. Pero lo que sí sabia, era que Albus se había cargado a los Weasley sobre él, probablemente en un pleito descomunal por lo que le dijo a Rose Weasley. Observando su mirada ligeramente deprimida, Draco recordó a Scorpius. Lo muy acabado que se veía cuando se había presentando frente a él y el cambio que tuvo cuando el moreno le había defendido. Recordó a Potter, y lo muy débil y perdido que se veía cuando Diggory había muerto. No pudo evitarlo. Se agachó frente a él y mirando su aspecto desaliñado, tomó con sus manos el nudo de la corbata de Albus y lo desamarró, tratando de cambiar el tema.

-Tu nudo es un asco.

Albus miró su corbata y se sorprendió cuando el rubio se agachó frente a él y empezó a anudarlo nuevamente. Lo había visto hacerlo para Scorpius antes de subir al tren los dos inicios de año de Hogwarts y, contra su voluntad, sonrió. Su padre no le tomaba mucha importancia a esos detalles, y a su madre no le interesaba qué tan bien podría lucir su uniforme. Se imaginó a sí mismo, en el lugar de Scorpius y le envidió un poco. No es que no le agradara su padre, pero tener al señor Malfoy tampoco estaría mal.

-Gracias.

Draco negó con la cabeza.

-No tengo como pagarte lo de Scorpius, Albus- dijo- Por momentos creía que se derrumbaría y entonces lo defendiste. Pude ver el asombro en él y definitivamente sé que yo lo sentí. Y ahora casi está volviendo a ser el mismo. No tengo como pagártelo. Tu padre y yo no nos llevamos bien, supongo que lo sabes. Que lo defendieras fue todo un gesto.

-Era lo correcto.

Draco rio.

-No, no lo era. Lo correcto es intransigente, depende de quien lo vea. Para tu familia lo correcto era defender a Rose.

-Ella fue grosera.

Draco le golpeo su nudo como autorizándolo.

-Yo fui grosero con su madre.

Albus frunció el ceño.

- Lo sé

-¿Puedo preguntar por qué nos tienes aprecio?

Albus se quedó congelado.

-Yo no…

-Ningún Potter ha considerado amistad con los Malfoy, Albus. Defendernos es sin duda la tragedia del Mundo Mágico. Además, Scorpius me ha escrito y sé que eres su amigo. Y no olvides lo más importante-dijo guiñándole un ojo –soy un Slytherin.

Es bueno que entre slytherins nos conozcamos.

Albus se sonrojó y murmuró algo.

-¿Qué?

- Scorpius me agrada. Usted me agrada.

Draco abrió ligeramente los ojos, sorprendido, pero luego sonrió. Entonces, separándose lo suficiente para el siguiente gesto que haría, extendió su mano hacia el más joven.

-Mi nombre es Draco Malfoy. Líder de la Honorable y Noble Casa de los Malfoy.

A pesar de su sorpresa, para diversión de Draco, Albus se apuró y tomó rápidamente la mano ofrecida en la suya y casi gritó sus siguientes palabras.

-Soy Albus Potter, señor Malfoy. Es un placer conocerlo.

Ante la sonrisa del más joven, Draco le recordó la de su padre de pequeño, cuando acompañaba a sus dos amigos. Sincera, cariñosa. No pudo evitar sonreír de vuelta.

Le hubiera gustado que las cosas hubieran sido así con su padre. Las manos se entrelazaron y Madam Malkin miró sorprendida la escena mientras llegaba con las túnicas para Albus y volvía al almacén para darles privacidad.

Ese día, después de 13 años. Draco Malfoy le ofreció nuevamente la mano a un Potter.

Y él la tomó.