Disclaimer: Los personajes y lugares le pertenecen a Akira Toriyama, creador de este increíble anime. Asimismo, la historia se inspira en la película Ghost: La sombra del amor. Cualquier frase en cursiva, dentro de los diálogos, es el pensamiento de los personajes o la voz de otra persona en las llamadas telefónicas.


LA SOMBRA DE TU AMOR

Epílogo: Aquí te esperaré…

La primavera siempre resultaba increíble en las Montañas Paoz. El antiguo hogar de Gohan, al cual Videl se había mudado para acompañar a su suegra y cuñado. Pasaron cinco años de aquella tragedia: sin embargo, el dolor había desaparecido. Estaba segura, en lo más profundo de su ser, que siempre velaba por su bienestar.

Con nuevos bríos, Videl reposó bajo la sombra de un frondoso árbol, aspirando el dulce aroma de las flores.

—¡Mamá!

Una voz cantarina reclamaba su presencia, a lo que Videl sonrió: era tan alegre y curiosa como su padre.

—¡Pan! —se sentó en el césped, recibiendo en sus brazos a su pequeña hija.

En aquella ocasión, la noticia de su embarazo la había impactado muchísimo. Contaba con tres meses, desde la muerte de Gohan, sufría por su condición de madre soltera y porque su futuro bebé jamás conocería a su padre.

Aún te necesitan aquí, Videl. Tienes que ser fuerte, vivir por quienes te amamos. Promételo…

¿Cómo pudo saberlo? ¿Qué juego de la casualidad quiso mantenerla con vida? Una sola respuesta bastaba para tales preguntas: Gohan no la había dejado sola.

—Mamá, encontré una rana bien grande en el estanque —Pan revoloteaba, haciendo mímicas—. Iba a cogerla, pero el tío Piccoro…

—Yo te dije que esperaras —se quejó el guardián.

—¡Ya lo tenía en mis manos! —se quejó, sin borrar su sonrisa.

—Bueno, Pan… debiste escucharlo.

—Mmm… no es justo –hizo un puchero, abrazando a su mamá.

De repente, un sonido peculiar hizo que la niña olvidara su capricho y observara el cielo despejado.

—¡Mira, mamá! —señaló una avioneta— ¡De seguro, papá está ahí!

Piccoro frunció el ceño, mientras Videl seguía sonriendo. Recordó que una vez le había comentado que su papá estaba en el cielo, y la pequeña, por una tarea de su escuela, había confundido tal frase con un avión, imaginando que su papá trabajaba allí. La joven de ojos azules prefirió que conservara aquella mentira blanca, hasta que tuviera la edad suficiente para explicarle la verdad.

—Quién sabe… ¡es posible, Pan!

—¿Vendrá pronto? —le preguntó, inocente.

—¿Y si mejor buscas otra rana? —Piccoro salvó a Videl del interrogatorio.

—¡Sí! —Pan olvidó el incómodo tema, adelantándose.

—¡Ten cuidado! —le avisó Videl, aun sabiendo que estaba segura.

—¿Todo bien? —le preguntó Piccoro, al notarla pensativa.

—Sí —le sonrió, nostálgica—. Muy bien…

El guardián, que había decidido quedarse en la Tierra, se conformó con la respuesta de la chica y no la cuestionó más, dando media vuelta hacia otro árbol cercano. Mientras tanto, la pequeña Pan seguía jugando, intentando cazar una mariposa de alas blancas y amarillas. El sol brillaba con todo su esplendor y el bello silencio del paisaje se rompía con las risas de la pequeña, hasta que una rama la hizo tropezar.

—¡Pan! —se asustó Videl, corriendo para alcanzarla.

Pan trató de sobreponerse al pequeño golpe en su rodilla y se incorporó, cogiéndose de una pila de rocas que cedió a su peso. El incidente quedó olvidado para la niña, cuando algo brillante llamó su total atención.

—¿Pan, estás bien?

—¡Encontré una joya, mamá! —agitó su hallazgo, para luego dárselo a Videl.

Una esfera naranja de siete estrellas, perfecta en sus dimensiones: la apariencia de aquel objeto la maravilló por completo.

—Esto… —Videl cargó a su hija, todavía con la esfera en su mano.

—Estaba entre las rocas. ¿Qué es, mamá?

Una lejana memoria hizo acto de presencia.

La Esfera del Dragón. Siete esferas naranjas con estrellas, en total: dicen que puede cumplir cualquier deseo, pero jamás las han reunido, hasta donde sé.

Videl soltó un suspiro de asombro, mirando con alegría la esfera.

—Kamisama… —la joven sacudió la cabeza, extasiada.

—¿Por qué lloras, mamá? —se asustó.

—¡Eres increíble, Pan! ¡Te amo, te amo! —Videl interrumpió a su hija, besándola con gran ternura— Ven, busquemos al tío Piccoro… ¡Piccoro! ¡Aquí…!

—¡Tío Piccoro! —Pan imitó a su madre.

El nombre del guardián resonaba en todo el bosque, con un tono esperanzador. ¡Sí existían las Esferas del Dragón! ¡Sí podrían buscarlas! Videl seguía corriendo, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas encendidas por la emoción y felicidad.

Desconocía si había más en la Tierra. Tampoco estaba segura de por qué existía otra, si Piccoro les aseguró su extinción. ¡Destino! ¡Eso tenía que ser! Videl haría hasta lo último por conseguir las restantes, tenía aquella corazonada.

¡Gohan tenía razón! ¡Volverían a verse, muy pronto!


N.A.:

¿Y creyeron que era el final? ¡Disculpen la sorpresa! Pero me imagino que a los fans les encantará saber que Gohan y Videl sí tienen una segunda oportunidad de ser felices :3

¿Ahora entienden por qué tanto mareo de Videl? ¡Gohan la atinó! Le entregó a Pan sin saberlo, para que no estuviera sola; y Piccoro… ¡el tío Piccoro cuida de la pequeña, del mismo modo que protegió a su padre! En serio: ¡no sé cómo no he colapsado con este epílogo! Me encanta la esperanza, tenía que regalarle un respiro a Videl, esa mujer se lo merece. Respecto a las Esferas del Dragón, no pretendo hacer un "deus ex – machina" (ojalá que no lo sea XD): es que su presencia era importante para entender la presencia de Piccoro en la Tierra…. ¡ay, ya me estoy yendo por las ramas! ¡Gohan volverá con Videl y conocerá a Pan! ¡Se unirán como familia!

Y con este capítulo extra de redención para Gohan y Videl, ahora sí dejo este fic. ¡Gracias por la motivación de todos estos meses con sus reviews! Este final feliz se los dedico a Majo24 y SViMarcy. ¡Jajajaja, les dije que sería una sorpresa! ¡Hasta otro fic! ¡Cuídense!