Hope

El rumor de la gente le hacía entrecerrar los ojos. Capas negras, casi copias formales y ejecutivas del mismo mago, iban de un puesto a otro recogiendo folletos con fotografías de mujeres sonrientes que daban la mano a un hombre maduro, mientras letras llamativas intentaban convencer a los potenciales clientes de que aquel era el trato que buscaban.

Suspiró, frunciendo aun más el entrecejo y preguntándose por qué no habría aceptado ese segundo café que Pansy le había ofrecido cuando pasó a buscar a Blaise.

—¿Alguien puede repetirme por qué estamos aquí un sábado a las nueve de la mañana?

Theo rió entre dientes mientras Blaise miraba atentamente a su alrededor.

—Blaise necesita supervisión legal.

Draco chasqueó la lengua y negó con la cabeza.

—¿Y por qué coño necesitas supervisión legal? —masculló con voz grave, mirando con repugnancia a un mago gordo y sudoroso que le había golpeado al pasar por su lado. El humo verdoso que salía de la pipa aguileña que fumaba se había quedado rondando a su alrededor, dejando un apestoso olor a azufre.

Blaise rodó los ojos y levantó la barbilla, andando orgulloso sin mirarle.

—Porque tengo una empresa.

—Tienes una empresa de tres empleados y uno de ellos soy yo. Hasta un mandril podría dirigir eso sin necesidad de la supervisión de nadie.

—Estamos creciendo, Draco —silabeó, metiendo las manos en los bolsillos—. Y estamos creciendo hacia un mercado internacional. Theo opina que esta feria podría ser de gran ayuda para mis planes.

Draco enarcó una ceja y se rió entre dientes, ignorando el modo en que Theo fruncía la boca con diversión.

—¿Vas a vender búhos internacionalmente?

—No son búhos, son lechuzas —puntualizó, como si repitiese aquello demasiado a menudo—. Y voy a incluir otro tipo de animal —anunció elevando las cejas con una sonrisa sibilina—. Hurones.

Theo se carcajeó entre los dos cuando Draco frenó en seco mirando a su alrededor con estupefacción.

—¿Hurones? —repitió, mirando a Theo y luego a Blaise de nuevo, que sonreía con socarronería— ¿Me estás diciendo en serio que voy a tener que hacer tratos comerciales para vender hurones? —Theo dejó escapar otra carcajada mientras Blaise se cruzaba de brazos—No, me niego absolutamente, esto es denigrante, tú eres estúpido—escupió señalando a Blaise—, y tú eres un capullo por alentar sus gilipolleces—finalizó mirando a Theo, que se carcajeaba sin miramientos.

—El negocio es el negocio, Malfoy.

—El negocio es el negocio…—repitió con un gruñido, reemprendiendo la marcha—. Un animal inútil y estúpido, incapaz hasta de responder a un nombre ¿Quién coño va a querer un bicho así?

—La gente ama a los animales y no precisamente los necesitan para que hagan nada. Míranos a nosotros. Te queremos y eso que tú tienes el hándicap de la mala hostia —bromeó Blaise mirando distraído a un puesto a su derecha, donde un hombre anunciaba sus servicios para invisibilizar la contabilidad B de pequeñas empresas.

—Aun no sabes cuánta puedo llegar a tener, Zabini, así que no me toques las pelotas…

—¡Rose!

Theo continuó caminando con Blaise, directos hacia el fondo del recinto donde un cartel con letras verdes y naranjas anunciaba una zona de puestos sobre legalidad internacional de exportación. Pero Draco frenó en seco y miró a su alrededor. Magos y brujas caminaban caóticamente, sin fijarse en nadie en particular.

—¡Rose! —giró la cabeza con velocidad hacia la derecha, siguiendo la voz fina pero firme que llamaba a alguien a gritos— Perdone, ¿ha visto a una niña pequeña? Tiene tres años. Estaba a mi lado y me he despistado un moment…

Una pulsación potente pareció marcar el final de los latidos de su corazón, enviando una oleada helada a través de su cuerpo que le dejó paralizado. Entonces este reanudó su labor, iniciando un ritmo enloquecido que taladraba sus oídos.

Ahí estaba. A tan sólo cinco o seis metros de él. Elegantemente vestida con una capa gris que se ceñía a su cintura, con cuello y mangas ejecutivas y el pelo recogido sofisticadamente sobre su nuca. Pero sus ojos, el modo de moverse ligeramente torpe, las manos descarnadas alrededor de las uñas de morderse los padrastros y una ansiedad demasiado familiar en el fruncir de sus labios hacían que resultase inconfundible.

El ruido a su alrededor pareció alejarse hasta dejarle hundido en una burbuja espesa y opaca que había paralizado el tiempo. Vio, en cámara lenta, cómo gesticulaba indicando algo a una azafata que la observaba atentamente. Cómo levantaba la cabeza, sin dejar de hablar pero oteando el horizonte, entonces abría los ojos y decía algo en su dirección, pero mirando ligeramente hacia abajo.

—¡Rose!

El tiempo pareció volver rápidamente a su velocidad normal, atorando sus oídos. Miró a su lado, siguiendo la dirección de sus ojos, y vio a una niña pequeña de pelo rizado castaño que se agachaba torpemente a recoger un pequeño peluche, esquivando las piernas de los magos que pasaban a su alrededor casi sin verla. Su vestido abultado por el pañal se levantaba graciosamente, dejando a la vista unos calcetines blancos y unos zapatos azules.

—¡Rose, estaba buscándote! —La observó agacharse y coger a la niña en brazos, que había agarrado el peluche con una mano y miraba con sus grandes ojos a la mujer. Estaba a su lado. Justo a un paso. Si alargaba la mano podría coger uno de los mechones de pelo que rodeaban su rostro con descuido—. Me has asustado. No vuelvas a…

Y entonces pasó. Sus ojos castaños le miraron y su boca dejó de funcionar. La niña decía algo pero ni ella ni él parecían escucharla. Entonces sus labios, de forma casi imperceptible, le tocaron justo en el centro, formando una palabra muda que desató un vendaval de recuerdos enterrados en la oscuridad. Recuerdos demasiado llenos de luz.

—Malfoy…

Draco cogió aire con dificultad, obligándose a descomprimir sus oídos, y avanzó medio paso.

—Hola.

—Hola.

Los dos se miraron en silencio, con el ruido despersonalizado que les rodeaba casi inexistente entre los dos. Viajar en el tiempo jamás fue tan real. Draco casi podía oler el café recién hecho, la música tocándoles, el mundo rodeándoles sin llegar a contenerles. Casi podía ver su mirada esquiva y tímida, ahora reconvertida en una chispeante y segura. Casi podía ver ese anillo rodando incómodo en su dedo anular, ahora vacío.

—Ha pasado mucho tiempo—masculló.

—Casi cuatro años.

Ella asintió, sin apartar la mirada.

—¿Qué haces aquí? —preguntó con una animosidad turbia, dando un pequeño bote para mantener a la niña en su cadera.

Draco parpadeó y todo el ruido de su alrededor le envolvió como en un torbellino, devolviéndole a la realidad. Levantó la vista, oteando el horizonte hasta localizar a Theo y Blaise una decena de metros más allá, entretenidos hablando con un hombre canoso y serio.

—He venido con Blaise. Ahora trabajamos juntos—Hermione torció la cabeza con curiosidad y Draco cogió aire, frunciendo los labios—. Tiene una…especie de empresa. QuickeryOwls.

—¿La que patrocina la Liga de Quidditch? Salen volando y hacen un espectáculo, ¿no? A Rose le encantan los búhos.

—Lechuzas—masculló, sintiéndose estúpido al momento.

—Ah, lechuzas, es que el nombre...

—Ya.

El silencio volvió a instalarse entre los dos, pero esta vez había una tensión mucho más palpable. Draco se fijó en cómo la niña se apoyaba suavemente sobre su hombro, sin dejar de mirarle con unos grandes ojos grises.

—Tú… —comenzó, sintiéndose estúpido por verse reducido a la parquedad después de tanto tiempo— ¿Vives en Londres?

Hermione tragó saliva, acariciando suavemente el pelo castaño y fino de la niña.

—Acabamos de mudarnos. Llevamos aquí una semana—comentó, ladeando aun más la cadera—. Vivíamos en Belfast, pero creímos que ya era hora de volver.

—¿Vivíais?

—Rose y yo—contestó con rapidez—. Perdona, hablo de ella pero no te la he presentado. Es…mi hija—comentó, aumentando el rubor de sus mejillas, con un leve pero intenso brillo en sus ojos castaños. Tras un breve silencio se giró hacia la niña, ladeando la cabeza y bajando la voz hasta adoptar un tono dulce—. Mira, Rose. Este es Draco Malfoy. Es un…viejo amigo de mamá.

La niña continuó mirándole en silencio, sin apartarse del hombro de su madre.

—No está acostumbrada a tanta gente—comentó sin abandonar la suavidad casi titilante que parecía sumergirlas en una burbuja propia—. Allí todo era mucho más tranquilo. Yo trabajaba en una pequeña empresa local de consultoría legal, nada comparado a esto. Creo que está un poco asustada, no debería haberla traído. Es demasiado pequeña, sólo tiene tre…

—Tres años—finalizó Draco, mirándola con intensidad.

Una corriente de aire frío pareció recorrer su piel, que pasó del leve rubor que mantenía desde que se encontraron a un blanco casi fantasmal. Y Draco sintió que su pulso se aceleraba a la vez que todo se paraba sin remedio.

—Dejé mi puesto en el Ministerio…

—Lo sé—contestó con brusquedad. Demasiada—. ¿Y habéis venido para quedaros?

Un leve temblor en su voz casi delató los nervios que comenzaban a asediarla, pero tras un suave carraspeo que volvió a romper la tensión lo suficiente como para respirar, se repuso.

—Sí. Hemos abierto una sucursal aquí y no había motivos para no volver.

Draco saboreó la verdad oculta en aquella frase, casi creciendo con la realidad de que todo parecía haberse reanudado. No había motivos para no volver porque la Hermione Granger que tenía delante ya no estaba incompleta. La vida era de pronto como una cremallera que había permanecido rota, separados sus dientes aun cuando su destino había sido permanecer juntos para siempre. Y ahora alguien había añadido la pieza que faltaba. Y de nuevo sus labios estaban al alcance de su mano, pero tan lejos como la primera vez.

—Deberíamos…deberíamos irnos—comentó, mirando dubitativa hacia su espalda—. Mi madre debe estar a punto de venir a por ella y se preocupará si no nos encuentra.

Un asentimiento estático y aterrorizado se retorció desde su cabeza, automático e involuntario. Porque quería detenerla. Cojones, no podía irse, no así. Había pasado casi cuatro años sin saber nada de ella. Dejó su puesto en el departamento de Reinserción de un día para otro y, aunque como heroína mágica de vez en cuando los periódicos la mencionaban, ninguno de ellos hablaba de dónde estaba, de qué había sido de ella, ni si quiera los boletines rosas habían hecho mención sobre el estado de su matrimonio con la comadreja, y eso que su boda fue una auténtica celebridad. Tras meses sin noticias suyas, obligándose a mantener la decisión que tomó de respetarla, de dejar que se curase a sí misma, sencillamente se convenció de que no saber era lo mejor que podía pasarle. Por lo que, ayudado por las circunstancias, la perdió. Sí, la perdió. Y pensaba que jamás volvería a encontrarla.

Sin embargo, ahora estaba ahí, justo ahí. Y parecía feliz. Y era tan ella misma como, a la vez, lo había dejado de ser. Exactamente como él.

Ante su silencio, Hermione cogió aire y se giró, dispuesta a marcharse. Entonces Draco carraspeó y la detuvo. Como siempre.

—¿Te gustaría que algún día tomásemos un café?—preguntó a la velocidad de un avada, para evitar pensar ni un segundo más de lo necesario en si aquello era lo correcto o no.

Y como respuesta, una pequeña sonrisa se abrió paso con lentitud entre sus labios.

—Me encantaría—contestó con sencilla y basta sinceridad, mirándole a los ojos.

En ese momento, viendo los puntos dorados de sus iris, Draco se percató de que ya no llevaba flequillo. Y el cambio le pareció jodidamente perfecto.

Hermione rebuscó con dificultad en uno de los amplios bolsillos de su capa, mientras Rose continuaba hundiendo parte de la cara en su hombro, mirándole de reojo

—Esta es nuestra dirección. Quizá puedas mandarnos una de esas famosas lechuzas—silabeó divertida, provocando que Draco gruñese y rodase los ojos—. ¿Qué te parece, Rose? ¿Te gustaría ver una de las lechuzas que el tío Harry te llevó a ver?

La mano continuaba extendida, con una pequeña tarjeta blanca y sencilla donde podía leer su nombre. En un gesto descuidado alargó el brazo y la agarró, sintiendo el impulso de tirar de ella y desaparecerse con ambas a alguna isla desierta donde poder aclarar todo lo que su mente le lanzaba sin piedad. Que le contase qué había ocurrido desde que se separaron en aquella cafetería. Por qué cojones no había vuelto a buscarle jamás. Por qué esa niña tenía sus malditos ojos grises.

El contacto desapareció en un instante y Hermione volvió a mirarle, con aquella sonrisa que iluminaba sus mejillas y encerraba sus ojos en un delicado gesto de serenidad.

—Nos vemos pronto, entonces.

Draco asintió, observando cómo se giraba y desaparecía entre la gente mientras susurraba algo a la niña, que, por encima de su hombro, continuaba mirándole.

En ese momento soltó todo el aire que, sin darse cuenta, había contenido en su pecho. Cerró los ojos y se frotó la frente, sintiéndose de pronto cansado pero sumamente…contento. Un nerviosismo estúpido bailaba claqué en su estómago mientras un pavor terrorífico se acumulaba en su espalda.

Caminó sin pensar hacia el lugar donde había visto a Theo y Blaise por última vez, perdido en las nubes turbulentas de su mente, apretando con fuerza la pequeña tarjeta que aun sostenía en su mano derecha.

Cuando llegó hasta sus amigos, Blaise le miraba con los ojos abiertos como platos mientras Theo, cruzado de brazos, le examinaba pensativo.

—¿Esa era Hermione Granger? —inquirió Blaise señalando hacia el lugar donde su mundo acababa de reanudarse de nuevo, sin ser consciente de que llevaba casi cuatro años paralizado en aquella cafetería.

Pero Draco ignoró la pregunta y miró con seriedad a Theo.

—¿Tú sabías que ella estaría aquí, verdad? —Theo enarcó una ceja fingiendo sorpresa, pero una pequeña sonrisa traviesa parpadeó en la comisura de sus labios—Hijo de puta… ¿Lo sabías todo?

—Vivías conmigo, Draco—comentó, descruzando los brazos para sacudirse petulantemente la manga de la túnica— ¿En serio me creías tan estúpido?

Draco observó cómo Theo se giraba y caminaba con el mentón al aire hacia un puesto donde una guapa azafata rubia repartía folletos. Blaise siguió su mirada y luego se giró para mirarle a él.

—Oye, esa niña me recordaba a alguien… ¿a ti no? —Un bufido salió de la boca de Draco mientras se giraba para marcharse—. ¡Eh! ¿Pero qué coño te pasa?

Draco levantó la mano, enseñándole el dedo corazón, y salió de allí abrumado por la cantidad de información que acababa de recibir. Porque acababa de verla y estaba más preciosa que nunca. Y se encontraba nervioso porque habría querido tocarla, abrazarla y hundirse en ella hasta que todo su cuerpo recordase cómo olía cada cabello rebelde de su cabeza; porque verla marcharse de nuevo le había dejado tambaleando en una cuerda floja que ni si quiera sabía que tenía bajo los pies. Y enfadado. Joder, estaba enfadado porque era posible que le hubiese podido ocultar que tenía una hija, una jodida hija perfecta que tenía sus ojos.

Pero cuando el sol, increíblemente claro y radiante en aquella mañana de Octubre, le cegó como compinchado con la vida en aquella encrucijada, una sonrisa nacida desde la punta de sus dedos se materializó, densa y sólida, en sus labios.

Y allí se quedó.

Para siempre.


Y...

FIN

Esto supone un hito en mi vida. Creo que llevo sin acabar un fic años.

Ya sé que no es todo lo dulce que os gustaría, como dice Iris (Sam Wallflower) es más bien "agridulce", pero no os podéis quejar, en principio ni si quiera iba a tener epílogo.

Quería daros las gracias, en serio. 111 reviews en 7 capítulos es increíble (al menos para mí, siempre hay por ahí elefantes recolectores de miles de reviews en cada cap xD)

A las que comentaron en el anterior (Marycielo Felton, PeaceLilith, Yaro Alex, Pao-SasuUchiha, Bombom Kou Malfoy, Gemmeta14, Camila Anahi842, kyouko87, Pao-Sasuuchiha, dianetonks, Carmen, BereLestrange, LluviaDeOro, Doristarazona, mi amorosa Sam Wallflower, FeltonNat88, SallyElizabethHR) y a las que habéis comentado alguna vez o casi siempre, gracias enormes.

Sé que es escueto, que todo queda muy en el aire, que, omg, qué pasó con Harry, con Ron, qué ocurrió con el matrimonio, cómo puede ser que tuviese un hijo y nadie lo supiese, por qué no le buscó, etc, etc... os lo dejo a vosotras. En realidad, todo eso, es insustancial para el fic.

Pensaba que esta historia sería demasiado extraña como para gustar, pero me ha sorprendido que a casi todas os encantase. No estoy acostumbrada, como ya os he comentado a casi todas por review (MeryAnne te debo tantos reviews y contestaciones que entiendo que me odies) suelo ser de las que se enrollan en describir hasta el más mínimo pestañeo, y dejar aquí tantas cosas colgando era un verdadero reto para mí. Pero, según mi opinión, un buen escritor es el que sabe focalizar al lector en lo importante, así que a ver si voy creciendo jajaja.

Sin más, os mando un beso a todas muy amoroso, os animo a que me dejéis vuestra opinión y os agradezco de nuevo que hayáis formado parte de esto.

Os veo en CYNQN.

Ilisia Brongar

N/A: Dado que en Castellano hay diferencia entre lechuza/búho pero en inglés usan Owl para todo (ejemsososejem) la confusión chistosa puede que pierda un poco de gracia, pero ahí está en mi cabeza.