Bueno, después de pensarlo durante meses, decidí escribir este fic. No hay muchos fics de Jessie x James en español, así que, ¿por qué no animarme yo a escribir uno? Se aceptan reviews, sugerencias y lo que sea. Gracias por elegir esta historia para comenzar a leer.

Capítulo uno

La propuesta.

Jessie, James y Meowth caminaban por el bosque, dejando a sus espaldas la vieja casa de piedra donde Cassandra hacía sus medicinas naturistas para los pokemons, junto con su abuela, una anciana espeluznante con aspecto de bruja sacada de algún cuento infantil. Nada que ver con su joven, enérgica y adorable nieta. Gracias a los vendajes proporcionados por ella, estaban un poco mejor y en condiciones de viajar.

Estaba anocheciendo y el bosque se volvía más aterrador, dibujando sombras monstruosas bajo los últimos rayos de sol, pero al equipo Rocket no le interesaba. Ya estaban acostumbrados a dormir en lugares peores y estaban demasiado deprimidos y enojados como para preocuparse por unas sombras engañosas.

Apenas encontraron el globo, decidieron acampar. En realidad, era solo juntar unos troncos, encender una hoguera con los pocos fósforos que le quedaban y tirarse alrededor de ella. Las bolsas de dormir las habían perdido en la última explosión de su globo y podría pasar un largo tiempo antes de poder conseguir otras o conseguir los materiales para fabricarlas ellos mismos.

James comenzó a revisar el globo y encontró lo que buscaba: tres tazas de ramen sin abrir, un termo con agua (ya fría), una olla y una pequeña parrilla. James vertió el agua en la olla, mientras Jessie ponía la parrilla sobre el fuego. Al final, él puso la olla sobre la parrilla, la tapó y se quedó sentado bajo un árbol junto a sus compañeros, esperando a que hirviera. Meowth ni siquiera se molestó en moverse. Cada tanto se pasaba una pata sobre su cabeza vendada y suspiraba.

No se habían dirigido la palabra desde que se habían ido de la cabaña de Cassandra y eso había sido hacia varias horas. Meowth fue el primero en hablar.

—Hubiese sido tan feliz —murmuró, más para si mismo que para sus compañeros.

Jessie, sentada a su lado, lo miró de reojo.

—¿Podrías parar con eso? Debí saber que tu plan jamás funcionaría —le dijo, fastidiada.

—Eso lo dices porque eres una amargada que no cree en el amor.

Jessie levantó la vista hacia el cielo, ofendida.

—¡Claro que creo en el amor! —exclamó —. Solo que pienso que estás loco si crees que un humano se enamoraría de un pokemón.

—Yo no diría eso —comentó James, en voz baja.

Jessie se giró hacia él.

—¿Qué quieres decir?

James solo la miró a los ojos, pero no respondió. Jessie frunció el ceño, confundida, pero luego abrió los ojos como platos, comprendiendo lo que había querido decir.

—Ah, si. Pero eso no funciona así —le dijo la pelirroja, con una ligera turbación en la voz.

James iba a seguir hablando, pero Meowth aún seguía con ellos y prefirió callarse y corroborar si el agua estaba hirviendo. Lo que daría por tener electricidad y una pava eléctrica. O lo que sea, hacía años que había dejado de ser exigente.

—Ya está —James destapó las tres tazas de ramen (pollo asado para Jessie, camarones para James y de carne de res para Meowth) y sacó la olla del fuego con ayuda de un par de repasadores que Jessie le alcanzó, pero le era muy difícil manipularlo para volcarlo en la comida, así que la pasó hacia el termo y de allí al alimento. Los tapó y se los alcanzó a sus compañeros.

—James, ¿Cuándo había que darle a Meowth el remedio? —preguntó Jessie, de forma distraída, mientras sacaba del bolsillo de su falda unas pastillas pequeñas, redondas y blancas.

—Sé que hay que darle una, pero no sé si era antes o después de cada comida —James se pasó una mano por la cabeza —. Creo que dijo después.

—Si, también creo eso —se dirigió hacia Meowth —¿Meowth, te acuerdas?

—Yo no estaba escuchando —respondió el felino.

—Bueno, después entonces… ¿James, pasaron los tres minutos?

El joven se encogió de hombros.

—No sé.

—¿No lo sabes?

—¿Cómo quieres que lo sepa, si no tenemos reloj?

Jessie se tapó los ojos con una mano, cansada.

—Contemos hasta sesenta tres veces y luego destapemos el ramen —decidió. Miró a Meowth —. Después de que lo destapes, espera un poco más antes de comer.

—Si, si, dejen a Meowth los fideos sosos y blandos —gruñó Meowth.

—Tienes la lengua muy delicada —le explicó James, con el tono de una madre que regañaba con ternura a su hijo.

—Prefiero quemarme antes de que se me arruine la comida…

—Luego no quiero escuchar tus lloriqueos.

—¡Yo no lloriqueo!

Jessie golpeó el suelo con la mano, impaciente.

—¿Pueden callarse? No puedo concentrarme en la cuenta.

—Me da igual —respondió James—. Seguro que ya pasaron más de tres minutos.

Los tres destaparon el ramen y comenzaron a comer sin ninguna ceremonia. Los fideos ya estaban un poco insulsos, pero ya les daba igual con tal de llevarse algo al estómago. Aparte de lo que estaban comiendo, tenían un paquete de galletas de jengibre y algunas latas de comida pokemón. Una vez que eso se terminara, tendrían que buscar bayas, rapiñar algo en la ciudad o recurrir a métodos más extremos…

Jessie fue la primera en terminarse su taza. La apretó en su mano, resquebrajándola y se la tendió a James.

—Para Weezing —le dijo. James tomó la taza aplastada y la dejó a un costado. Meowth imitó a Jessie y le dio la suya. Por último, James aplastó la suya, buscó una bolsa y puso los restos dentro.

A esas alturas, la noche había caído totalmente sobre ellos. Se podían ver las estrellas brillando en el cielo, el cual les había hecho las veces de techo durante demasiado tiempo. Se recostaron apoyando la espalda contra un grueso árbol, pegados unos a los otros para mantener el calor.

—Oye, Meowth —murmuró James.

—¿Qué?

—Lo siento por lo de esta mañana —le dijo, con sinceridad—. Pudiste haber muerto por la fiebre y nosotros no hicimos nada. Perdóname. Prometo no volver a abandonarte

Meowth se lo quedó mirando, al principio con cara de enojo, pero luego sus ojos azules se llenaron de lágrimas. Jessie se inclinó un poco para verlo.

—Yo también lo siento —agregó ella, visiblemente más incómoda que su compañero—. Yo fui la que empezó diciendo que no podíamos esperar a que te recuperaras.

Meowth aspiró aire de manera entrecortada. Antes de que pudiera echarse a llorar, James lo abrazó y lo puso encima de su pecho.

—Creo que es hora de dormir —le susurró James, mientras le acariciaba la cabeza.

Jessie le extendió a Meowth la pastilla blanca. El pokemón se la tomó, se acurrucó en el pecho de James y cayó en un sueño profundo de manera casi inmediata. El hombre siguió acariciándole la cabeza con ternura.

—Pobre iluso… —murmuró.

Jessie asintió con la cabeza.

—Enamorarse de una humana, que ocurrencia…

—Ya de por sí enamorarse es una estupidez.

Jessie se lo quedó mirando, extrañada. Ella jamás había imaginado a James como una persona amargada en asuntos del corazón.

—¿En serio crees eso?

—Sí. Siento que, para amar a alguien, tienes que perder la libertad, la personalidad y la dignidad. Prefiero quedarme solo.

—¿Tan mal te trataron las chicas?

James evitó mirarla.

—Ni que hubiese tenido tantas. Ni siquiera… —dejó morir la frase. Jessie inclinó la cabeza hacia un lado.

—¿Ni siquiera qué?

A pesar de la poca luz que daba la fogata, Jessie pudo ver como las mejillas de James se teñian de rosa.

—Olvídalo.

—Oh, vamos, dilo.

—No.

—No voy a parar de molestar hasta que me lo digas.

—Es una idiotez, Jessie, no vale la pena.

Jessie infló las mejillas, como si fuera una niña pequeña, en señal de protesta. James le dedicó una sonrisa amarga.

—Es de verdad una idiotez —repitió—. De acuerdo, lo diré: ni siquiera di mi primer beso, ¿estás feliz?

Jessie no pudo menos que parpadear rápidamente durante unos momentos. James tenía veinticinco años (la misma edad que ella), no era nada feo y bastante simpático, tanto con personas como con pokemón, fuera de las actividades delictivas. ¿Cómo pudo no besar a una chica?

Aunque, si se lo ponía a analizar con detenimiento, él jamás se había mostrado interesado por una chica (la fantasma del Pico de la Doncella no contaba). Siempre mantenía una especie de distancia con las mujeres. Era algo minúsculo y casi tan invisible como una barrera hecha por un Mr Mime, pero estaba presente. Con Jessie no se mostraba así y se sentía agradecida por ello, pero no podía avanzar más.

Si, estaba enamorada de James desde hacía tiempo atrás, no podía especificar con exactitud desde cuándo. Antes de conocer a los bobos, de eso estaba segura. El caso era que James no le daba margen para avanzar. Era como si tuviera una especie de trauma hacia las mujeres o algo así. Tal vez pudiera sacarle algo…

—¿Lo dices en serio? —le dijo Jessie, apenas pudiendo contener la risa.

—Genial, ríete ahora de mi.

—No, no es eso, es que… no puedo creer que seas virgen a tu edad.

James enrojeció aún más. Hasta las orejas parecían estar sonrojadas.

—Bueno… nunca tuve oportunidades.

—¿Cómo que no? Varias chicas intentaron salir contigo, al menos en el tiempo que llevamos viajando juntos. ¡Y las alejaste!

—No tengo tiempo, menos ahora, para tener novia.

—Bueno, no tiene que ser una novia, alguna relación de una sola noche…

—No me quiero imaginar lo que me harían ustedes dos si me gasto el poco dinero que tenemos para invitar una cerveza a una chica o contratar a una prostituta.

Jessie hizo una mueca.

—Meowth usaría sus mejores golpes furia en tu cara mientras yo te reviento el estómago a patadas.

James rió quedamente.

—Por eso, no tengo ninguna posibilidad, no por ahora.

Ambos quedaron en silencio durante un largo rato. Por la mente de Jessie se dibujaba una idea que tomaba forma a pasos agigantados… Tal vez hubiera una forma de estar con él, al fin y al cabo.

—¿Y si somos amigos con derechos? —soltó de golpe, como quien no quiere la cosa.

James giró la cabeza muy despacio hacia ella, como si no hubiese procesado del todo lo que Jessie le había dicho.

—¿Qué?

No, no se iba a echar atrás, claro que no.

—Amigos con derecho —repitió—. ¿No sabes lo que es?

—No —confesó James.

—Quiere decir que nosotros dos podemos tener sexo y seguir siendo amigos.

James arqueó una ceja.

—¿Eso se puede?

—Claro que se puede. Sin compromisos, sin ataduras, sin escenas de celos, sin cambios, sin nada.

James parpadeó, como si tuviera tierra en los ojos.

—¿Por qué?

Jessie se frotó los ojos con una mano.

—James, desde que estoy en el equipo Rocket, he tenido muy poca…acción. Tengo mis necesidades como mujer y casi nunca puedo encontrar a alguien con quien tener sexo. Y ahora me puse a pensar: ¿Por qué no contigo? No sos feo, te conozco desde hace años y, de paso, te hago un favor al hacer que dejes de ser virgen.

James se quedó en silencio durante un rato. Sostenía la cabeza de Meowth con una mano, mientras que con la otra tamborileaba los dedos sobre la tierra. Finalmente, despegó los labios.

—Lo pensaré —dijo.

—Está bien, toma tu tiempo.

—Buenas noches, Jessie.

—Buenas noches, James.

Jessie apoyó la cabeza en el tronco. Tal vez las cosas fueran muy distintas a partir de ahora.

Y vaya que lo serían.