Bueno, este es el final.

Nunca creí que iba a hacer un fic con sesenta capítulos y ahora incluso pienso que me quedé corta.

Tommi: muchas gracias por acompañarme en esta historia.

Kaiser: mi camarada, espero que hayas disfrutado esta historia tanto como yo disfruté escribirla.

Nancy: Jessie me ha costado un poco escribirla, la verdad. Que sea parte de los buenos, pero sin perder esa brusquedad que tiene.

James ya aprendió que las obsesiones no son sanas y que hacer pelear a los pokemón hasta no poder más está mal. Es algo que muchos entrenadores no hacen.

Tengo planeada una secuela, donde Jamie sea la protagonista y viaje por Kanto, pero tengo un fic de Harry Potter que escribir.

Gracias por tu apoyo y espero leerte en mi fic de HP, aunque no me ofenderé si no te gusta, no te preocupes. De hecho, cuando leas este mensaje, probablemente el fic estará publicado.

Viruz: Ash necesita una buena sacudida, la verdad. Siempre me pareció un entrenador muy mediocre, pero que con un buen empujón, podría ser uno bastante bueno.

Capitulo sesenta

Hacia un nuevo hogar

James no tenía ganas de ir a la cabaña por el momento. Iria al Centro Pokemón más cercano para curar a sus pokemón y recién ahí volvería. Quería estar solo por un momento para asimilar todo lo que había pasado.

—¡James!

Levantó la vista. Los que venían eran Ash, Misty, Brock y hacia él.

—¿¡Como que renunciaste!? —a Ash casi se le salían los ojos de las órbitas, como si hubiera rehusado a atrapar un pokemón legendario al cual tenía servido en bandeja.

—No valia la pena seguir —respondió James.

—¡Deberías haber seguido hasta el final!

James tan solo se rió.

—Ya no tenía chance, Ash. Eso ya seria una tortura para mis pokemón.

—¡Pero James…!

Brock lo tomó del hombro a su amigo.

—Deja en paz a James, él sabe lo que hace.

Jessie se acercó y abrazó a James.

—Llegaste muy lejos, cariño.

James la besó en la mejilla.

—Lo sé. ¿Dónde está Jamie?

—Se quedó con Delia, no te preocupes.

James suspiró.

—Voy al Centro Pokemón para que los chicos se recuperen. Volveré a la cabaña más tarde para descansar. Mañana será la final y tendrán que regresar a Pueblo Paleta.

James se fue caminando solo hacia el centro, pensativo. No se sentía triste, pero si algo decepcionado. Sabía que no ganaría la Liga, pero esperaba haber perdido dando lo mejor de si mismo. No era la culpa de sus pokemón, claro que no, sino suya por no haber entrenado lo suficiente.

Llegó al Centro Pokemón, donde había poca gente. La Joy lo reconoció y lo felicitó por no sobreexplotar a sus pokemón. James solo respondió con un tímido gracias y se sentó en una de las sillas atornilladas contra la pared.

James se quedó en la silla, dormitando un poco. Pensaba en regresar a la casa de sus abuelos, allá en las afueras de Ciudad Azafrán, dejando atrás toda la vida amarga que había tenido en los últimos años. Pensaba en la familia que estaba formando. Pensaba en casarse con Jessie lo más pronto posible (ya no tenía miedo del compromiso). Pensaba en tener una vida apacible y feliz por primera vez en su vida.

Alguien se sentó a su lado, despertandolo. Cuando giró su cabeza, se vio cara a cara con AJ.

—Hola —dijo el chico.

James tragó saliva,

—Hola —hizo todo el esfuerzo para no tartamudear. ¿Acaso lo había reconocido?—. ¿Qué haces aquí?

—A curar a mis pokemón, al igual que tú —respondió, arqueando las cejas.

—Si, me lo imaginaba —se sintió estúpido.

—Oye, lo que hiciste durante la batalla fue…

—¿Muy idiota? ¿Cobarde?

AJ se echó a reír.

—Hace unos meses hubiera dicho eso, si, pero he cambiado mucho durante el viaje hasta aquí. Así que no, no me has parecido ni idiota ni cobarde —AJ hizo una breve pausa antes de continuar—. Me ha parecido bastante humano.

James le sonrió.

—Debes ser uno de los pocos que piensa así. Cuando me fui, me pareció oír que me abucheaban.

—Si, hubo abucheos, pero algunos te aplaudieron. Si te digo la verdad, la batalla me pareció decepcionante.

James asintió, mordiéndose un poco el labio inferior.

—Si, creo que no he entrenado el tiempo suficiente.

AJ se encogió de hombros.

—Espero que la próxima vez que nos veamos me des una buena batalla

James sonrió.

—Lo prometo.


Meowth estaba en el exterior de la cabaña, tomando el sol recostado sobre la pared del costado. Lunita estaba ocupada intentando trepar un árbol. Subía un metro y medio y luego se bajaba, asustada por la altura, para luego volver a intentarlo. Era tenaz, igual a él, casi como si hubiera participado en su procreación.

Escuchó el sonido de unas pisadas cerca de él. Se dio vuelta y vio a James acercarse.

—¿Ya fuiste al Centro Pokemón?

—Si.

—¿Te sientes bien?

James le sonrió con sinceridad.

—Mejor. Estaba un poco triste al principio, pero ya me siento mejor. Lo único que necesito ahora es darme una buena ducha —sacó las pokebolas de sus bolsillos—. ¿Podrías cuidar a los chicos un rato?

—Seguro, ¿Qué son seis más? —se rió Meowth.

James lanzó las pokebolas al aire.

—¡Salgan todos!

Victreebel, Nina, Butterfree, Weezing, Golduck y Mr Mime salieron de sus pokebolas. No se veían muy contentos, más bien estaban en incertidumbre

—Escuchen —James hizo un largo suspiro antes de continuar—. No ganamos la Liga —hubo un murmullo de parte de los pokemón, junto a sus rostros de tristeza y decepción—. Pero no tienen que sentirse mal por ello. Llegamos muy lejos y estoy orgulloso de ustedes —James les sonrió—. Voy a darme un baño. Ustedes tomen un poco de sol y diviértanse.

James entró a la cabaña, desperezándose. Meowth se acomodó bajo el árbol y Lunita fue corriendo a acurrucarse a su lado.

—¿Jimmy bien? —le preguntó.

—James está bien, no te preocupes, cariño.

—Entonces Lunita bien —sonrió ella.

Meowth le echó un vistazo a los pokemón de James. No parecían estar felices, ni descansando ni nada por el estilo. Los ojos de Nina estaban vidriosos.

—¡Hey, arriba ese ánimo! Para ser la primera vez han llegado le…

—¡Nos va a abandonar! —Nina explotó en llanto. Meowth saltó como un resorte para reconfortarla.

—James no sería capaz de…

—¡Nos va a dejar en una cajita al costado de la carretera!

Meowth le dio unas palmaditas en la espalda.

—Estás exagerando.

—¡Evolucioné para nada! —Golduck había sido el que levantó la voz—. ¡Sigo siendo el mismo pato tonto de antes!

Meowth se giró hacia él.

—Oye, ganar no lo es todo

—¿Crees que estará enojado por dentro? —Butterfree se sentó en el suelo—. ¿Nos odia?

—James no odia a nadie…

No me sacó a la batalla porque soy viejo e inútil, ¿verdad? —Mr Mime se sentó en el suelo, cubriéndose la cabeza con las manos.

Meowth se cubrió los ojos con una de sus patas mientras Lunita los miraba a todos, sin entender muy bien lo que sucedia.

—¿Pueden parar de autolamentarse por cinco minutos? James no está enojado con ninguno de ustedes, por el amor de Dios.

—¡Jimmy bueno! ¡Jimmy ama todo! —lo apoyó Lunita.

Nada sirvió. Nina comenzó a llorar con todas sus fuerzas y los demás la imitaron. El único que permanecía impasible era Weezing, ya fuera porque sabía que James no los odiaba o bien porque la nube que estaba mirando era más interesante que la conversación.

—Ah, no tiene caso —suspiró Meowth.

—¿Lunita busca Jimmy? —preguntó su hija, mirándolo con los ojos abiertos.

—Déjalo, se está bañando.

—Pero pokemón lloran. Y si lloran, Lunita llora —las lagrimas amenazaban con salir de los ojos de Lunita y sus orejas estaban caídas.

Meowth abrazó brevemente a su hija para reconfortarla.

—No llores, cariño. ¿Por qué no vas con Jessie? Ella le dirá a James que venga aquí apenas salga del baño.

De manera instantánea, Lunita sonrió.

—¡Lunita busca a Jessie! —y salió corriendo por la puerta abierta de la cabaña.

Meowth estuvo durante casi cinco minutos escuchando el llanto ahogado de los pokemón hasta que James apareció, con el cabello aún mojado y suelto, escoltado por una orgullosa Lunita.

—¿Pero que pasa? —preguntó James, alarmado.

Eso terminó de desquiciar a Nina. Comenzó a llorar con fuerza, con el rostro lleno de lágrimas y mocos.

—James, tus pokemón creen que tú los odias porque perdieron la Liga y que los vas a abandonar.

—Por amor de… —James no terminó la frase y fue hacia el grupo. Levantó a Nina en brazos y la acurrucó contra su pecho.

—Escuchen y escuchen bien —les dijo a sus pokemón. Ustedes valen más que cualquier Liga, ¿me escucharon? Los amo con toda mi alma y jamás los abandonaría, por ninguna razón y menos por una tan tonta como esa, ¿está claro?

Los pokemón se acercaron a James y lo abrazaron con fuerza, tirándolo al piso, disculpándose por haber dudado de él. Lunita aprovechó y se tiró encima de James para poder recibir algunos mimos. El único que no fue al encuentro de él fue Weezing, quien seguía mirando la nube con interés.

Meowth se levantó, agotado mentalmente. Se merecía una buena siesta.


A la mañana siguiente, James se quedó para ver la final. Resultó que AJ iba a pelear con nada más y nada menos que la Joy que había visto en el examen, meses atrás. Fue una batalla bastante reñida, ya que ambos eran excelentes entrenadores, pero solo podía haber un ganador y Joy se alzó con la victoria. Apenas un par de horas después, todos los participantes (los que se quedaron) fueron al estadio para la ceremonia de clausura. Tanto Ash como James recibieron una bonita placa conmemorativa por haber participado.

Oak y Delia se marcharon a Pueblo Paleta en el auto del profesor, ya que tenían "cosas" que hacer. Todos los demás irían en la carreta de Jessie y James.

Iban a tardar unas seis horas en llegar a Pueblo Paleta. Delia había hablado con Jessie y James antes de salir y les había dicho que iban a prepararle una sorpresa a Ash por haber llegado tan lejos, así que necesitaban adelantarse para preparar todo. La gente del pueblo ya estaba ayudando.

El viaje fue tranquilo y, para variar, pasaron por Ciudad Verde para no tardar tanto en llegar. Cruzar la ciudad fue estresante, pero no hubo ningún problema. Cuando se estaban acercando a Pueblo Paleta, Ash preguntó:

—¿Ustedes se van hoy, cierto?

James lo miró. Ash se veía visiblemente incómodo. Brock y Misty se miraron entre ellos y luego miraron a James, esperando la respuesta.

—Ya tenemos prácticamente todo empacado —respondió James—. Nos iremos esta tarde, mañana por la mañana a más tardar. Oak quería llevarnos en su auto, pero preferimos no deshacernos de la carreta.

—Oh —Ash miró hacia el suelo. Pikachu lo miró fijo y luego le dio unas palmaditas en la rodilla.

—¿Pasa algo, Ash?

—No, nada —dijo y se quedó en silencio.

James lo entendió. Él también se había acostumbrado a estar con ellos y se sentía triste por tener que separarse de ellos, pero tenían que hacerlo para poder seguir con su vida.

Al entrar a Pueblo Paleta, el animo de Ash mejoró un poco. Se dirigieron al rancho de Oak y el chico se sorprendió a ver a la gente del pueblo esperándolo con una fiesta en el exterior del rancho. Incluso había unos puestos de comida donde la gente pedía y luego se sentaba en unas mesas de plástico blancas que estaban cerca. Incluso había un pequeño escenario.

—Esta es tu fiesta, Ash —le dijo James, dándole una palmada en el hombro—. Ahora ve y disfruta.

La gente del pueblo lo aplaudió apenas lo vieron descender de la carreta. Oak y Delia subieron con Ash al escenario para que dijera algunas palabras.

—Estoy muy feliz de volver a casa —dijo Ash, sosteniendo un vaso de jugo de naranja para hacer un brindis—. Gracias a todos por haberme apoyado en la Liga Pokemón. Sólo quiero decirles: muchas gracias —Ash inclinó la cabeza y Pikachu lo imitó.

—Y agradecemos a Ash por representarnos tan bien en la Liga —agregó Oak.

—Quiero dar gracias a Oak por recibirnos aquí —dijo Delia, tomando la mano del profesor. Ya no hacía esfuerzo alguno por ocultar que entre ellos había algo—. ¡Y ahora que empiece la fiesta!

—Primero felicitaremos a Ash por llegar a los primeros puestos de la Liga Pokemón. Es un orgullo para Pueblo Paleta. ¡Salud!

Todos levantaron sus copas en alto. Ash se agachó a la altura de su Pikachu y brindó con él. Jessie y James, mirándolo como si fueran padres orgullosos, también chocaron sus copas.

—Vamos a ayudar con la comida —dijo James—. Prometí al profesor que iba a hacer mis famosos takoyakis.

—Yo voy a hacer yakisoba, solo si Meowth me ayuda —dijo Jessie.

—¿Y quien cuida de Lunita y Jamie? —preguntó Meowth.

—Pues Arbok, ¿Quién más?

—¿Arbok?

—Le confiaría mi vida y la de mi hija —le respondió Jessie, cortante. Meowth levantó las patas hacia arriba.

—Oye, lo lamento, no quise ofender a tu Arbok, solo que pensé que tal vez se pondría nervioso al ver tanta gente desconocida deambulando cerca del bebé.

Jessie hizo un ademán con la mano.

—Estará bien, no te preocupes. Además, no solo sacaré a Arbok, sino a todos los demás.

—¿Incluyendo a Jigglypuff? —preguntó Meowth, entrecerrando los ojos.

—Incluyéndola a ella. No hemos estado mucho tiempo juntas, pero ahora que todo esto terminó, quiero dedicarles más tiempo.

—¿Podrás? Digo, un bebé puede ser muy demandante…

—Me las sabré arreglar.

Jessie sacó a todos sus pokemón. Arbok, Cubone, Jigglypuff y Weedle (Tauros ya estaba afuera).

—Arbok, cuida a Jamie y no dejes que Lunita entre al puesto de comida mientras estemos cocinando —Arbok asintió con la cabeza y tomó el canasto donde Jamie dormia con los dientes. Luego se alejó, con Lunita siguiéndolo.

—Manos a la obra —dijo James, frotándose las manos.


La comida estuvo deliciosa. La favorita de Ash fue, sin duda, los takoyakis que James había preparado. Sus pokemón también estaban comiendo y les había encantado. El problema radicaba que tal vez fuera la última vez que podría comer algo de James. Realmente le dolía el pensar que se irían después de todo lo que habían compartido juntos. Una vez terminada la fiesta, se tenían que enfrentar al adiós. Hacia días que habían empacado todo en la carreta y se hubiesen despedido al finalizar la Liga de no ser porque Oak necesitaba ayuda para la fiesta.

James iba a llamar al trio, pero ellos se le adelantaron y se acercaron. Ash no los quería mirar a la cara.

—¿Se van tan pronto? —preguntó Misty.

—No quiero abusar más de la hospitalidad del profesor Oak. Además, estoy ansioso de ver otra vez a mis abuelos, después de tantos años.

—En este caso… —Brock extendió la mano—. Buena suerte.

James le estrechó la mano y lo mismo hizo con Meowth y Jessie.

—Fue un placer viajar con ustedes y ver que les está yendo de maravilla —Misty dejó a Togepi en brazos de Brock y les dio un breve abrazo a cada uno.

Sólo faltaba Ash.

El chico solo miraba sus zapatillas. Pikachu lo miraba desde el suelo, intentando ver su rostro.

—¿Ash? —preguntó James, dubitativo.

—¿No te vas a despedir? —le preguntó Misty, de manera un poco brusca.

Ash tragó saliva y se tiró a los brazos de James. Este se tambaleó por la sorpresa, pero luego correspondió al abrazo.

—Shh, todo está bien —sintió al chico sollozar levemente contra su pecho.

—No es un adiós, sino un hasta luego —Meowth se trepó a la espalda de James para acariciarle la cabeza.

—Pronto volveremos a vernos —Jessie le pasó una mano por la espalda.

Ash se apartó y se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

—Lo sé… espero.

James le palmeó el hombro y se subió a la carreta, en la parte del conductor. Jessie, con su hija en brazos, Meowth y Lunita subieron por atrás, del lado de los pasajeros.

—¡Adios! —saludaron todos. James no podía verlos, pero podía imaginarse a los tres despidiéndose con la mano. Sintió como sus lágrimas estaban empezando a quemarle los ojos. ¿Cómo pudo encariñarse tanto con ellos? ¿Cómo fue que su vida dio un giro tan radical?

Sintió unos suaves pasos detrás de él. Meowth se subió en su hombro.

—¿Estás bien?

James se frotó los ojos, ya sonriendo.

—Mejor que nunca.

Fin

Muchas gracias por leer mi historia. ¡Hasta luego!