Code: Lyoko y todos sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.

Quien no ha afrontado la adversidad no conoce su propia fuerza.
Benjamin Jonson

Patientes vincunt
(Los pacientes vencen)

Heidelberg, República Federal Alemana.
Miércoles 28 de julio 1976.

Waldo se puso en pie ante la atenta mirada de sus alumnos. Tenía que decir algo inteligente, algo especial que marcase la diferencia, había estado pensando en ello durante toda la noche. Sin embargo, ahora que había llegado el momento se había quedado en blanco. Él no era demasiado bueno con aquellas cosas.

—Bien, chicos. Como bien sabéis hoy es el último día de clase.

De entre los alumnos se alzaron silbidos de euforia ante la perspectiva de las vacaciones estivales. Waldo movió las manos tratando de apaciguar los ánimos y recuperar el control de la clase.

—Durante este curso en el que he sido vuestro tutor, creo que puedo asegurar que he aprendido más yo de vosotros de los que habréis aprendido vosotros de mí. Aunque tal vez no es algo deba decir.

—Señor Schaeffer —llamó alzando la mano una de sus alumnas.

—Sí, señorita Becher.

La niña de tez blanca, pelo dorado recogido en un par de trenzas y ojos azules se puso en pie. Waldo al observó esperando a que hablase.

—Entonces el curso que viene no será nuestro tutor?

Waldo negó lentamente con la cabeza.

—No, este primer año he estado de prácticas haciendo una sustitución, la escuela tiene al señor Haider que es vuestro profesor y que regresará puntual para el inicio del próximo curso. —Sus alumnos le miraron decepcionados, Waldo era consciente de que no era el mejor docente, que tenía mucho camino que seguir para mejorar. Aún y así, era consciente de que había conseguido llegarles a sus alumnos—. Hoy por hoy la escuela no tiene ninguna plaza vacante, por lo que tengo que despedirme de vosotros.

Había acabado la carrera el año anterior y tuvo la fortuna de conseguir un puesto de prácticas como sustituto del señor Haider que había sufrido un grave accidente esquiando. Y la fortuna le había acompañado cuando, además, logró una plaza de un curso nocturno para estudiar informática. A esas alturas ser profesor ya no era su prioridad, aquel curso nocturno le había abierto las puertas a un mundo que le gritaba que lo explorase a conciencia.

—Espero que sigáis haciendo tan buen trabajo como habéis hecho en mis clases. Y sobre todo, que aprovechéis el tiempo para encontrar vuestro camino en el mundo.

Mannheim, República Federal Alemana.
Sábado 11 de septiembre 1976.

La llave encajó en la cerradura con facilidad, contuvo la respiración como si le sorprendiese que, después de tanto tiempo, aquella llave siguiese funcionando. La giró y la puerta cedió liberando las notas que reproducía el tocadiscos de la sala. Procuró no hacer ruido al cerrar, ser todo lo sigiloso que se debía ser en aquella casa si querías esquivar la regañina de un padre demasiado estricto de carácter volátil.

Colgó la cazadora, que no sabía ni porqué había cogido. Se encontró atrapado por un par de brazos.

—Eres cruel, Wald, me tienes aquí abandonada.

—No seas exagerada.

Liberado de los brazos dio media vuelta para ver a su hermana, aquella chica que no se parecía en nada a él ni a nadie de su familia.

—Has crecido, Lolle.

Ella le miró con el ceño fruncido, Waldo le besó en la mejilla y entonces ella le sonrió. Su pelo castaño estaba recogido en una larga trenza. La cara de Lolle redonda y de mejillas siempre sonrojadas le hacía sentirse en paz. Los padres de Lolle habían muerto en un accidente de coche cuando ambos eran unos críos, el padre biológico de ella era el compañero de patrulla de su padre, así que había movido los hilos para evitar que acabase en un infierno de orfanato. Lolle que no era su hermana de sangre, pero que la sentía como si lo fuera.

—Ya tengo 19 años, Wald. Hace tiempo que he dejado de crecer.

—Entonces debe ser que yo me he encogido.

Lolle rió y volvió a abrazar a su hermano, refugiándose en su hombro. Le echaba de menos, aquella casa sin él era un lugar desangelado.

—Papá no está de muy buen humor hoy.

Waldo se tragó un "como de costumbre", no quería empezar el conflicto sin ni siquiera haber llegado a pasar del recibidor.

Siguió a Lolle por el pasillo hasta el salón, donde al entrar fue abrazado por su madre.

—Feliz cumpleaños, cariño.

—Gracias, mamá.

—Papá está en el despacho, si quieres ir a hablar con él.

No era que le apeteciese demasiado, pero no le quedaba más remedio, sabía que no saldría de allí, por mucho que fuese su cumpleaños, aunque su madre se hubiese pasado horas cocinando para organizar un banquete digno de reyes.

—Iré a hablar con él antes de cenar.

Lolle le sonrió tratando de infundirle ánimos para aguantar el chaparrón que se le avecinaba, Waldo movió la mano quitándole hierro al asunto y avanzó por el pasillo enmoquetado hasta la puerta acristalada tras la que se ocultaba el despacho de su padre. Llamó con los nudillos sobre el vidrio y esperó varios segundos hasta que su progenitor se dignó a contestar:

—Adelante.

Waldo abrió la puerta y, tras entrar, la cerró. Se quedó inmóvil esperando ser invitado a sentarse, una invitación que nunca sabía si llegaría o no.

—Llegas tarde. —Waldo reprimió el impulso de mirar su reloj, mientras su padre se llevaba la pipa de fumar a los labios—. Un hombre decente jamás debe llegar tarde.

—La llegada del tren se demoró.

—¿Excusas?

Calló, rebatirle sería tan inútil como lo había sido desde que decidió no ser policía.

—¿Has entrado ya en razón, Waldo Franz?

—Si por entrar en razón te refieres a si voy a entrar en la academia de policía, lo lamento, pero no.

—Lo que tú haces no tiene futuro.

—Padre, soy profesor, el mundo sin profesores estaría perdido.

—¿Te atreves a insinuar que eres el salvador del mundo?

Waldo inspiró hondo controlando la ira.

—No, padre. No lo soy, tampoco pretendo serlo, pero educar a la juventud es tan importante como tener un cuerpo de policía digno y sin corruptelas.

Verner Schaeffer le miró ceñudo, sabía a lo que se refería con "corruptelas" tan bien como sabía que esa palabra le incluía a él. Para alguien idealista como su vástago, que lo único que deseaba era dejar atrás el recuerdo de Hitler, la gente como él, que aún lo respetaba eran corruptos. Verner le dedicó una sonrisa torcida.

—Cuando fracases, porque lo harás, no te molestes en regresar a casa.

—Si fracaso, que no pienso hacerlo, permíteme decirte que aquí es el último sitio del mundo al que desearía volver.

La sonrisa torcida de Verner se congeló en su rostro, dio una larga calada a su pipa y se recompuso.

—Muy bien, Waldo Franz. Esta es la última noche en la que serás bienvenido en esta casa.

Waldo dio media vuelta para salir por donde había entrado. No volver a esa casa era lo mejor que podría ocurrirle.

Haßloch, República Federal Alemana.
Jueves 23 de septiembre 1976.

—¡No fastidies! —exclamó Lolle con la cuchara repleta de helado a medio camino de su boca.

—¿Qué esperabas?

—No sé, pero no que te echase.

—Vamos, tampoco es el fin del mundo.

La chica se metió la cuchara en la boca y degustó con ganas el helado. Verner y Maud, especialmente Verner, no solían permitirle comer helado, en cambio Waldo siempre la malcriaba. De niños siempre le llevaba dulces a escondidas.

—No puede hacer eso, Wald, tienes que plantarle cara.

—Déjalo. —Waldo sorbió su café con calma—. Cómo va en la escuela de música.

—Voy a ser primer violín en el concierto.

Waldo le miró orgulloso. Había sido difícil conseguir que Verner cediese y la matriculase en aquella prestigiosa escuela de música, pero si algo tenía Lolle era un talento innegable y al final la evidencia le había obligado a ceder.

—Es estupendo, sabía que lo lograrías.

—¿Estás bien? Parece que vayas a un funeral.

—No es nada.

—¡Venga ya! —protestó Lolle—. No me vengas con monsergas, te conozco y sé que hay algo que te preocupa.

Waldo cogió la cuchara del café y la metió dentro del helado, Lolle le fulminó con la mirada mientras él lo probaba.

—No paro de recibir negativas de escuelas alemanas.

—Ellos se lo pierden.

—Eso no va a darme de comer.

—No te habrás rendido, ¿no? —Él negó con la cabeza. La palabra "rendirse" no estaba en su diccionario—. ¿Crees que papá te está boicoteando?

Waldo la miró sorprendido, lo cierto es que no se lo había planteado. Quería creer que no, que Verner Schaeffer no era tan cabrón como para hundirle el futuro sin escrúpulos.

Heidelberg, República Federal Alemana.

Jueves 21 de abril 1977

Estaba agotado, pasarse el día repartiendo cartas no era lo que más les apetecía hacer, pero no tenía más remedio si quería seguir financiando su estrambótico proyecto. Con tantas negativas había empezado a explorar sus teorías informáticas. Se había hecho con varios ordenadores, pero necesitaba un espacio más amplio que su sala de estar para trabajar.

«Waldo, eres un soñador, acabarás muriéndote de hambre» aquella frase siempre le perseguía, su madre tenía razón. Podría haber estudiado cualquier cosa, algo que no implicase revisar su expediente. Su padre había sido policía fiel al régimen y eso le cerraba muchas puertas en una época en la que muchos querían borrar el estigma dejado por Hitler y otros lo añoraban en secreto. Podría haberse decidido por economía, pero no, él eligió magisterio. Se especializó en ciencias y después informática, aquella "cosa extraña y sin futuro para gente aún más extraña". Waldo sonrió en el frío muelle de carga.

—Schaeffer. —Una mano conocida sacudía un sobre por la estrecha ventanilla—. Tu paga de este mes.

Él se levantó y lo tomó. Siempre puntuales en el pago, siempre el día veintiuno.

—Gracias Dieter.

—Oye, estás trabajando mucho últimamente. —La cabeza de Dieter asomó por la estrecha rendija de la ventanilla con sus ojillos de rata, sus dientes amarillentos a causa del tabaco y melena rubia enmarañada. A Waldo siempre le había inspirado cierta ternura, pese a su aspecto poco agraciado era una gran persona, alguien digno de confianza—. Ya sé, ¿qué te parece si vamos a tomarnos unas cervecitas?

—Lo siento, hoy no me va demasiado bien.

—Ah claro, hoy es día de correo. ¿Aún no te has dado por vencido? ¿Cuántas negativas van ya?

—Nunca me doy por vencido.

Waldo sonrió y se despidió de su buen amigo con un leve balanceo de cabeza. Se aventuró en las gélidas calles de la ciudad.

Había mentido, en parte, empezaba a perder las esperanzas de encontrar una academia en la que trabajar. Estudiar magisterio no le habría servido de nada si no le aceptaban en ningún centro. Quizás había pecado de optimista, quizás nadie querría nunca a un profesor descendiente policía que añoraba los tiempos del führer abiertamente.

Se subió las solapas de la gabardina y se abrigó, jamás acabaría de entender por qué a la gente le gustaba tantísimo el frío, él lo detestaba con todas sus fuerzas. Los inviernos eran tan duros y tan largos...

Abrió el portal de su bloque de pisos y metió, con impaciencia, la llave en la cerradura del buzón liberando cuatro cartas con los logotipos de varias academias. Un hormigueo nervioso le recorrió el cuerpo y reprimió el impulso de abrirlas allí mismo. Subió los tres tramos de escaleras blancas hasta su planta y abrió la puerta.

Se deshizo de la gabardina y depositó las llaves sobre el mueble del recibidor. Rasgó la solapa del primer sobre, uno con el logotipo de un importante internado de Heidelberg.

Estimado señor Schaeffer:
Lamentamos informarle de que en estos momentos no disponemos de...

Waldo suspiró dejándola a un lado y abriendo la siguiente que también contenía una respuesta negativa. Dejó las dos cartas abiertas y las dos cerradas sobre la mesa y fue a la nevera a buscar una cerveza, si tenía que recibir dos rechazos más al menos los aliñaría con un poco de alcohol.

—¿Academia Sankt Jakobus? —leyó en voz alta—. No me suena haber enviado ninguna solicitud.

Examinó el sobre y lo puso a contraluz como si aquello fuese a servir de algo. Negó con la cabeza y lo abrió. La solapa abierta le mostró el emblema de la academia y la fecha en la que había sido escrita la carta. Waldo dio un largo trago a su cerveza e inspiró hondo armándose de valor.

Tiró de la hoja de papel doblada en 3 partes y la desplegó.

Estimado señor Schaeffer:
Nos complace informarle que, en estos momentos, disponemos de una plaza vacante entre nuestro equipo docente…

Waldo empezó a reír, ¿en serio? Le habían aceptado en una academia en la que no había solicitado plaza. Tantos fracasos seguidos y le daban una respuesta positiva de una academia que ni siquiera conocía. Qué ironía.

Heidelberg, República Federal Alemana.
Jueves 22 de abril 1977.

—Mamá —suspiró Waldo.

Al otro lado de la línea su madre parloteaba sin parar. A veces se preguntaba si realmente le escuchaba o simplemente fingía hacerlo.

—Y en el mercado, no te lo vas a creer —dijo su madre, Waldo podía imaginarla al otro lado tironeando del cable del teléfono—, me encontré a Ebba. Su hija, Ahren, va a casarse. Te acuerdas de Ahren, ¿verdad?

—Mamá —insistió.

—Ya lo sé, cielo. Sé que nunca te ha gustado mucho, pero…

—Mamá, no es eso. Escúchame.

La mujer calló.

—He recibido una carta de un internado suizo.

—Vaya, ¿han vuelto a rechazarte? Sabes que puedes…

—Me han cogido —cortó la réplica— para el curso que viene. Me mudaré a Suiza cuando acabe la especialidad en informática. Te llamaba para que lo supieras.

—Suiza está lejos.

—Sí, lo sé.

Waldo lo sabía perfectamente. Por eso había contestado inmediatamente a aquella misiva que le pedía incorporarse al inicio del curso de 1977. Él quería a su madre, pero quería estar lo más lejos posible de su padre. Por eso hacía más de un año que no pisaba Mannheim, su pueblo natal.

—¿Vendrás a vernos antes de marcharte?

—Pasaré cuando papá esté de viaje.

—Waldo, tenéis que enterrar el hacha de guerra.

—Mamá, no insistas. Yo no voy a renunciar a lo que he luchado por conseguir y él nunca lo va a valorar. Ya lo sabes —pronunció intentando sonar sereno a pesar de no estarlo—, no importa. Iré a verte pronto. Tengo que colgar, tengo que ir a trabajar.

—Te quiero, cariño, que tengas un buen día.

—Gracias mamá, yo también te quiero. Saluda a Lolle de mi parte.

Waldo colgó el teléfono con un suspiro.

Weinheim, República Federal Alemana.
Viernes 28 de mayo 1977.

—¡Ahí estás! Empezaba a pensar que te habías perdido.

—Lo siento Dieter, perdí el tren.

—Tranquilo, Waldo, gracias a ti he tenido oportunidad de hablar a solas con Lolle.

Waldo frunció el ceño.

—¿Has dicho Lolle?

—Sí, creo que venía de las galerías comerciales.

—¿Sigue aquí?

Dieter miró hacia la puerta de madera del fondo del local y la señaló con la cabeza.

—Ha ido al baño, ya sabes. Chicas.

Waldo hizo una señal a la camarera para que se acercase, ella se acercó contoneando las caderas, con su uniforme rosa libreta en mano.

—¿Qué desea tomar?

Kaffe und Kuchen.

—¡Wald! —exclamó Lolle.

La muchacha se sentó a su lado, obligándole a deslizarse por el banquito de madera. Dieter, desde el otro lado de la mesa le acercó el helado a medio comer, Lolle aferró la copa helada entre sus manos y sonrió feliz.

—¿Qué haces aquí? Deberías estar en la escuela.

Lolle puso los ojos en blanco y movió la cucharilla frente a él.

—Necesitaba hacer unas compras.

—¿No hay tiendas en Haßloch?

—Sabes que sí.

Waldo la miró esperando una continuación, vio cómo su hermana miraba a su amigo y de repente todo encajó.

—¿Estáis juntos?

Dieter y Lolle le miraron sorprendidos para después mirarse entre ellos.

—¿D-de qué hablas, Wald? Estás perdiendo la cordura con tanto rechazo.

—Vamos, mujer, tampoco hace falta que le machaques.

—No importa —pronunció Waldo—, así me ahorro ir a Haßloch a explicártelo. Me marcho a Suiza, me han aceptado en una academia de Lucerna.

—¿Qué dices? ¡Suiza está lejísimos!

Dieter encendió un cigarrillo, le dio una larga calada y expulsó el humo lentamente.

—¿Cuándo te vas, amigo?

—A principios de julio, tengo que buscar alojamiento para un par de meses, necesito familiarizarme con el lugar.

—No quiero que te vayas…

—No es el fin del mundo, vendré en vacaciones a visitarte —declaró, miró a Dieter—. A visitaros. Cuídala.

—Descuida.

—Y si le rompes el corazón te mato, ¿entendido?

—Entendido.

Continuará

Notas de la autora:
¡Hola! Seguimos adelante, esta vez con el capítulo sobre Waldo. Cuando empecé a escribir Xanadu, este fue el primer capítulo que escribí, por eso este es más largo y los dos anteriores (añadidos después) son más cortos. Metí dos sobre Anthea porque saltar de 1976 a 1968 habría sido un poco raro, así que introduje primero a Anthea y sus circunstancias y dejé a Waldo en segundo plano. Con este capítulo acaba la introducción, a partir del próximo empieza la historia en serio y, la extensión de los episodios se alargará bastante.
Aunque muchos lo sabréis, sobre todo si lleváis tiempo leyéndome y me conocéis un poco, declaro que: Verner Schaeffer y su ideología no me representan en absoluto, pero en Alemania hasta bien entrados los 80 quedaban muchísimos nostálgicos del régimen nazi, los mejor ubicados estaban dentro de las fuerzas de la ley, la policía, el ejército… Además, no todos los personajes pueden ser buenos y de mente abierta. Hoy en día hay muchos neonazis también, a parte del crecimiento descontrolado del apoyo a la ultraderecha, así que no es algo que deba chocaros demasiado.
Siento que la personalidad de Lolle se come a Waldo en algún punto, espero que sólo sea paranoia mía, no me gusta que los secundarios se coman a los protagonistas. Sobre Verner, no está inspirado en el padre de Ulrich, confieso que es un poco el estereotipo alemán; quería un personaje chocante, volverá a salir más adelante, aunque será algo puntual.
¿Qué nos espera a partir de este punto? Cuando Waldo entre en la academia algunos de los trozos que han salido en ADQST se repetirán aquí, algunos quedarán intactos otros en cambio serán ampliados. Por supuesto habrá muchos pasajes inéditos, este fic no es un corta y pega de los fragmentos de ADQST.
Espero que os haya gustado.

º º º

Aclaraciones:
El curso escolar alemán finaliza el último miércoles del mes de julio y se reemprende la tercera semana de septiembre.
Koffe und Kuchen: literalmente "café y pasteles", es la merienda típica alemana.
Patientes vincunt:
es un proverbio.

º º º

ByaHisaFan: ¡Hola! Muchas gracias por leerme y por tus reviews. Me hace muy feliz que me digas que aprendes con mis historias, es genial. Espero que este capítulo también guste y que sigas leyéndome. Un abrazo.