Recomendación musical: "Russian Roulette", Rihanna.

NA: Doris ha creado una lista de reproducción con las canciones que recomiendo para cada capítulo :D Tal vez os sirva. Podéis encontrarla buscando su perfil "Doris Tarazona de Méndez". La lista se llama "Just the two of us - Fanfic Cristy1994"

Gracias Doris, realmente me hizo ilusión que alguien tomara en cuenta mis recomendaciones musicales *kiss*


Capítulo 8:


Día 15.

Hermione despertó con los primeros rayos de sol entrando por la ventana. Intentó abrir los ojos, pero la claridad se lo impedía. Frunció el ceño, todavía algo adormilada. Podía sentir sus pestañas mojadas, en sus mejillas una humedad salada casi desagradable. Seguramente hubiera estado llorando en sueños.

Recordaba a la perfección lo ocurrido con Malfoy la noche anterior, podía decir que su subconsciente no había dejado de pensar en ello ni un minuto mientras dormía.
Se sentía avergonzada. Y mucho. No era propia de ella esa actitud, pero ¿acaso alguien en su misma situación no hubiera desconfiado hasta de su propia sombra? Todo lo que estaba pasando con el mundo la había descolocado, hacía un par de semanas que vivía desconcertada y sin saber qué pasos empezar a seguir para descubrir algo, cualquier cosa que le hiciera entender lo sucedido, la razón por la que aparentemente sólo quedaban ellos en el mundo.

Y para colmo, la llegada del Slytherin no había hecho más que intensificar su nerviosismo. Pero él le había dado una explicación bastante coherente sobre por qué había dejado de lado toda la petulancia y la soberbia de la que siempre había hecho gala para unir fuerzas con ella y buscar una solución juntos. Cada vez que pensaba en ello y en la forma en que se había comportado con él sentía una punzada de dolor en la boca del estómago. Estaba claro que merecía una disculpa por su parte, pero no tenía ni idea de qué excusa poner para llamar a su puerta después de todo. ¿Seguiría él dispuesto a estar cerca de ella después de haberle mostrado su lado más egoísta y temeroso? Porque Hermione tenía miedo, no había dejado de tenerlo desde el primer día. Y tal vez eso hubiera sido uno de los motivos para reaccionar de esa manera.

Se llevó las manos a los ojos y se los frotó con delicadeza. Luego se dio la vuelta en la cama para darle la espalda a la ventana y fue abriéndolos poco a poco. Cuando sus pupilas se adaptaron a la claridad de aquella desconocida habitación fijó la mirada en una de sus esquinas. Sólo podía escuchar su acompasada respiración sobre la almohada. ¿Encontraría ese día una razón que le proporcionara las ganas suficientes para levantarse de la cama?

Hermione se sumió tan profundamente en sus pensamientos que sólo logró volver en sí cuando sintió su estómago rugir ferozmente. No tenía ni idea de qué hora podía ser, pero definitivamente tenía bastante hambre. Y Malfoy merecía una disculpa. Así que se incorporó en la cama y dio un largo suspiro antes de levantarse por completo. Se calzó las zapatillas de estar por casa que había cogido de la tienda de ropa interior y se dirigió a la cocina.

El carro de la compra seguía tal y como lo había dejado al llegar al apartamento. No había tenido ganas de recoger la compra después de quedar en ridículo frente a Malfoy por su comportamiento fuera de lugar. En lugar de eso optó por coger la bolsa de la ropa, ponerse uno de los pijamas más gorditos y meterse en la cama directamente.
Pero estaba claro que si iba a vivir en ese lugar al menos debía empezar a saber dónde estaban las cosas. Desde que había llegado no había abierto los armarios de la cocina, así que echó un vistazo rápido a todos ellos y empezó a recoger la comida del carrito.
Resopló sonoramente cuando se percató de que se le había olvidado meter la tarrina de helado en el congelador. Ahora estaba toda derretida y chorreaba por un lado. Chupándose el dedo manchado de helado de vainilla, terminó de recoger y fue a llevar los productos de aseo al cuarto de baño. Quitó de los estantes las maquinillas, los botes de espuma de afeitar y los perfumes de hombre y puso sus cosas. Luego miró todo lo que ahora había en el suelo. ¿Qué hacía con todas esas cosas? ¿Debía simplemente tirarlas?
Estaba a punto de hacerlo cuando se le ocurrió algo. Una excusa perfecta para llamar a su puerta.


Draco abrió la puerta con relativa rapidez. Llevaba puesto uno de los pantalones de chándal y una de las camisetas básicas que ella misma había metido en su cesta la noche anterior. La miró clavada en el umbral de su apartamento mientras extendía una bolsa de plástico en su dirección. Él la cogió instintivamente.

—¿Qué es esto? —quiso saber.

—Productos de uso personal masculina —respondió ella—. Pensé que podrías quererlos.

Draco echó un vistazo a su interior antes de sacar una de las cuchillas de afeitar sin estrenar. Por la expresión de su rostro estaba claro que no tenía ni una ligera idea de para qué se usaba eso.

—¿Por qué querría usar cosas de aseo muggles? —preguntó, mirando las pequeñas cuchillas en forma de hojas entrecerrando los ojos.

—Bueno, me he dado cuenta de que ayer no te pregunté si necesitabas algo del supermercado.

Se sentía tremenda y profundamente egoísta. Se había limitado a buscar cosas para ella misma sin pararse a pensar que tal vez él pudiera necesitar algo y no saber dónde encontrarlo.
Él volvió a lanzar la cuchilla de afeitar al interior de la bolsa y se la devolvió.

—Da igual. Esta tarde pensaba ir a Hogsmeade —dijo de repente. Hermione sintió cómo algo se rompía en su interior al escuchar aquello—. Voy a buscar mis pociones para el pelo y esas cosas. Además, quiero encontrar alguna que otra túnica nueva aparte de la que traía —Draco hizo una pausa en la que pareció debatir consigo mismo entre si debía decir lo que estaba pensando o no. Al final rompió el silencio un tanto receloso—. ¿Quieres venir?

Ella cogió la bolsa de vuelta y negó levemente con la cabeza. Luego se forzó a tragar saliva y respondió:

—No, yo… todavía… —No podía entender por qué no dejaba de balbucear cosas que ni se entendían ni tenían sentido. Cerró la boca unos segundos y luego respiró profundamente para calmarse—. No, prefiero quedarme aquí —Draco se encogió de hombros y se dispuso a cerrar la puerta, pero Hermione puso una mano en ella antes de que pudiera hacerlo. Él volvió a asomarse al rellano—. ¿Podrías traerme un par de galletas de Honeyduckes? Ya sabes, las que tienen forma de caldero.

Draco la miró durante unos segundos antes de asentir. Hermione apartó la mano y se quedó allí plantada mientras veía la puerta cerrarse en sus narices.


Hermione se había obligado a ponerse los jeans y la sudadera nueva y ahora vagaba por la ciudad sin ninguna dirección aparente. Odiaba esa sensación de soledad, pero más se odiaba a ella misma por no ser capaz de volver a Hogwarts y buscar en todos y cada uno de los libros de la biblioteca aquello tan extraño que le había tocado presenciar. Estaba completamente segura de que lo que estaba viviendo no tenía precedente alguno, pero tenía la esperanza de poder encontrar algo significativo en algún libro perdido de la sección prohibida. Lo cierto era que no tenía ni idea de si aquello había sido provocado por una especie de hechizo antiguo y oscuro mal realizado o si por el contrario era algo más complicado que… bueno, que escapaba a su entendimiento.

No sabía si su mente había estado evitando pensar en ello detenidamente por conservar la cordura que pudiera quedar en ella, pero ahora que estaba completamente sola deambulando por las calles de Londres tenía tiempo para ello. Por supuesto que había sopesado algunas razones de vez en cuando, pero todas le parecían descabelladas y absurdas… ¿Extraterrestres? Improbable. ¿Una broma de mal gusto? Casi parecía ridículo pensar en esa posibilidad. ¿Tal vez una experiencia cercana a la muerte? Hermione resopló de mala gana, ¿por qué iba a morirse, si la noche en la que todo sucedió ella estaba perfectamente? Sus ojos se humedecieron un poco al pensar en esa noche, inevitablemente volvía a pensar en Ron y en la desnudez de ambos sobre el sofá. Hermione sacudió la cabeza, desechando ese pensamiento y volviendo a sus cavilaciones. Si su muerte fuera el motivo real, ¿qué hacía Malfoy apareciendo en su camino? No, debía ser más ingeniosa con sus deducciones si quería llegar a alguna parte.

Estuvo una buena parte de la tarde divagando sobre las posibles causas mientras caminaba sin ver realmente hacia dónde iba. Cuando empezó a sentir hambre de nuevo, levantó la mirada para buscar un sitio en el que comer. Pronto encontró una pizzería en el camino que le provocó un antojo terrible, pero la reja estaba echada y ella no podía hacer nada al respecto. Echaba de menos su varita, a veces se sentía casi desnuda sin ella. Pero todavía no. Todavía no podía volver a Hogwarts a buscarla. Su mente colapsaba con la sola idea de volver a caminar por sus pasillos. Demasiados recuerdos, demasiadas emociones que aún no estaba segura de poder controlar. Estaba viviendo cada día intentando asimilar que ellos ya no estaban, su familia, sus amigos, su… novio. Se habían ido, y ella debía intentar seguir adelante. Pero tampoco quería forzarse, era una tesitura tan delicada que su situación emocional se tambaleaba en una cuerda floja, con cada paso que daba sentía que una parte de ella se zarandeaba en su interior mientras luchaba con todas sus fuerzas por no caer al vacío.

Sabía que debía tener cuidado con lo que sentía, si no cuidaba sus pensamientos y los dejaba atraparla entre tanta oscuridad tenía claro que no sería capaz de salir del agujero por ella misma. Estaba segura de ello porque había escuchado a su madre hablar del tema muchas veces.
Hermione se detuvo un momento en mitad de la calle para procesar esos recuerdos. La mujer que le había dado la vida era psicóloga, y una muy buena a decir verdad. La mejor a los ojos de su hija. Siempre le había gustado que le contara curiosidades sobre su trabajo, lo veía mucho más interesante que el puesto de oficina de su padre.
Ella siempre había mantenido el juramento hipocrático que concernía a la relación con sus pacientes, pero sí que le había dicho muchas veces que el motivo por el que la gente entraba en una depresión tan grande de la cual ya no había retorno era porque a menudo descuidaban mucho su salud mental. Siempre recalcaba que las personas solían tomarse a la ligera lo que pasaba por su mente, no le daban más importancia a un pensamiento negativo que a un simple moratón en la piel. Siempre decía que no podía subestimarse el poder de la mente, bajo ninguna circunstancia, porque entonces estabas perdido. Si dejabas que la negatividad se instalara en tu cabeza haría falta mucha, muchísima terapia para poder empezar a ver la vida con otra actitud. A veces no siempre se conseguía.

Hermione se mordió un labio. Sabía los pasos a seguir para que esa situación no acabara con ella, pero a veces se le hacía tan cuesta arriba...
Todavía estaba en la fase de aceptación, eso era lo primero que debía superar. Ya se las arreglaría para vérselas con lo demás. Poco a poco. Estaba segura de que su madre estaría más que orgullosa de ella si lograba vencer al miedo y superar todas las adversidades de aquella nueva y solitaria vida. Sí, pero poco a poco.


El camino de vuelta fue agotador. No se había dado cuenta de todo lo que había andado hasta que empezó a anochecer y tuvo que volver con la única iluminación de las farolas y la luna como única compañía. Se pasó por el supermercado para coger un par de cosas que se le habían olvidado la noche anterior y volvió a su apartamento. Sólo había pasado medio minuto desde que cerró la puerta tras ella cuando alguien llamó con los nudillos.
Hermione volvió sobre sus pasos, esperando encontrar a Malfoy en el rellano, pero cuando abrió la puerta allí no había nadie. Se asomó un poco hacia fuera y miró a ambos lados, pero no tenía pinta de haber nadie cerca. Estaba a punto de pensar que aquel sonido había sido producto de su imaginación cuando vio una bandeja sobre el felpudo con media docena de sus pastelitos preferidos de Honeyduckes. Enseguida se le hizo la boca agua, ya que desde ayer por la noche sólo había comido un sándwich de pollo y una pieza de fruta. Pensó en volver adentro para comérselos tranquilamente mientras se dejaba caer en el sofá con un libro de la estantería del salón que le pareciera interesante y una copa de vino totalmente merecida. Pero se había prometido dejar de comportarse de esa manera tan egoísta. Todavía no le había pedido perdón a Malfoy, y le gustara o no era la única persona con la que podía contar en todo ese caos en la que se había visto envuelta desde hacía más de dos semanas. Así que iba a tratar de poner de su parte para hacer aquello más llevadero. Sí, debía hacerlo. Cogió la botella de vino de la cocina y la bandeja de pastelitos del suelo y llamó a su puerta. Él abrió inmediatamente. Hermione trató de buscar las palabras adecuadas en aquel momento, pero al no saber qué decir se preguntó por qué diablos no había pensado en ello antes. Draco carraspeó un poco mientras cambiaba el peso de su cuerpo de una pierna a otra.

—Ayer olvidé pasarme por la sección de bebidas alcohólicas —dijo, levantando la botella—. Hoy he ido de nuevo y ahora tengo vino. —Él la miraba con expresión extrañada, ella no sabía qué más decir—. ¿Puedo pasar?

Draco se echó a un lado para dejarla pasar.

—Estaba intentando hacer algo de cena —comentó, volviendo a la cocina.

Hermione olisqueó un poco a sus espaldas. ¿No olía un poco a quemado?

—Oh Merlín —murmuró, esquivándolo y corriendo a quitar la sartén del fuego cuando se percató de lo que era. Casi había roto la botella de vino al dejarla tan bruscamente sobre la encimera. Algunos pastelitos se habían caído de la bandeja.

—¿Qué ocurre? —quiso saber él—. Sólo he hecho lo mismo que haces tú cuando quieres cocinar algo.

—Sí, pero yo no dejo la sartén en el fuego sin estar pendiente de ella. Podrías haber incendiado todo el edificio. —Hermione trató de separar las pechugas de pollo del teflón de la sartén con una espátula de cocina—. ¿Tampoco le has puesto aceite?

Él se rascó la cabeza con una mano mientras se acercaba.

—Todo esto es nuevo para mí —respondió—. No entiendo estas cosas.

Hermione suspiró. Definitivamente debía mantener un ojo puesto en él si quería evitar que provocara algún desastre que pudiera costarles la vida. Intentó explicarle el modo correcto de cocinar en una vitro y luego hizo una ensalada con lo que encontró en su frigorífico. Él no perdía detalle de su forma de cocinar, parecía completamente dispuesto a aprender ese tipo de cosas por si alguna vez ella no estaba y él necesitara preparase algo que comer.

Ambos se sentaron a la mesa, frente a los platos y vasos que previamente él había puesto mediante magia. Luego abrió la botella y la hizo levitar para que vertiera su contenido en las copas.
Hermione no se acostumbraba a comer con él. Era extraño incluso haber añadido el detalle del vino a la cena, casi parecía una cita con todas sus letras. Sacudió la cabeza violentamente y frunció mucho el ceño, aterrada por ese último pensamiento. Agradeció que Malfoy estuviera centrado en su cena y no se hubiera dado cuenta de ese gesto. Cogió su copa y le dio un gran y largo sorbo.

—No he tenido ocasión de disculparme por lo que pasó ayer —dijo al fin, balbuceando un poco al sentir su mirada clavada en ella de repente—. Siento mucho mi comportamiento. Es sólo que… es difícil, todo esto es una locura.

Él asintió, limpiándose la comisura de los labios con una servilleta.

—Me alegra que te disculpes. Para mí tampoco es fácil, tu actitud sólo empeoraba las cosas.

Ella apretó los labios mientras removía la lechuga de su plato con el tenedor. No estaba acostumbrada a ser reprendida por nadie, mucho menos por Malfoy. Pero no podía protestarle nada porque en el fondo sabía que tenía toda la razón. Se limitó a aceptar su error y a cambiar de tema una vez zanjado el asunto.

—¿Has encontrado todo lo que necesitabas de Hogsmeade? —Podía sentir un nudo en la garganta al mencionar el lugar donde solía pasar las tardes de los fines de semana con sus amigos, cuando podían descansar de los estudios y salir a tomar algo al pueblo.

—La mayoría, sí. Todavía tengo que buscar unos zapatos más cómodos que los que uso diariamente. Incluso con hechizos acomodadores siguen siendo un poco incómodos para caminar todo el día —respondió, luego se llevó un trozo de pechuga a la boca.

—He visto una tienda de zapatos cerca de aquí mientras estaba fuera esta tarde. Podemos ir mañana si quieres —ofreció ella.

Draco pareció estar de acuerdo con su proposición.

—¿Qué tal tu día? —preguntó entonces, un poco entre dientes.

—¿Eh? —Que Malfoy se interesara por cómo había ido su día no era algo usual, en absoluto—. Bueno, he caminado tanto que ahora no me siento las piernas. Pero no he descubierto nada que pueda servir para traer a todos de vuelta. He visto alguna que otra tienda a la que me gustaría echar un vistazo, así como un par de restaurantes donde me hubiera apetecido comer… pero todas estaban cerradas, así que…

El rubio terminó de tragar la comida de su boca antes de responder.

—Una simple reja muggle no es nada para el poder de nuestras varitas —comentó, intentando sonar desinteresado—. ¿Qué te impide volver a por la tuya?

Hermione dejó de masticar para mirarlo fijamente. Ninguno habló durante un buen rato. Parecía que su pregunta definitivamente iba a quedar sin respuesta cuando ella habló de nuevo.

—Es complicado.

Pudo apreciar cómo Draco intentaba con todas sus fuerzas no poner los ojos en blanco frente a ella.

—Yo soy el que ha nacido y crecido en el mundo mágico. Tu paso por él sólo ha durado siete años. Se supone que es a mí a quien debería afectar más el hecho de volver.

Hermione podía sentir los latidos de su corazón empezar a retumbar tras sus orejas. Que él quisiera saber continuamente las razones por las que no volvía a por su varita le ponía de los nervios. ¿Acaso era tan difícil de entender que no se sentía preparada? ¿Qué todo eso era muy reciente? ¿Que podía derrumbarse fácilmente si volvía antes de darse un tiempo para asimilar las cosas?
Sus mejillas habían empezado a adquirir una tonalidad rojiza y su respiración cada vez era más arrítmica.

—No creo que puedas entenderlo —logró murmurar, visiblemente incómoda, mientras dejaba los cubiertos sobre el plato y se echaba hacia atrás en la silla.

Él cogió la varita de encima de la mesa, y sin preguntarle si había terminado de comer la movió para que los platos y los cubiertos volaran hasta el fregadero. Dejó las copas de vino e hizo que las galletas de Honeyduckes se desplazaran hasta la mitad de la mesa.

—He visto tu reacción cuando te dije que iba a ir a Hogsmeade esta mañana. Parecía como si te hubiera alcanzado un Petrificus Totalus por la espalda. —Draco bebió un sorbo de su vino y cogió una de las galletas en forma de caldero—. Probablemente no lo comparta, pero puedo intentar llegar a entender lo que te pasa si me lo explicas.

Llegados a ese punto de la conversación Hermione no podía controlar la humedad de sus ojos por más tiempo. Éstos se enrojecieron, y ella apartó la mirada mientras se mordía un labio. No estaba segura de si encontraría la voz necesaria en su garganta para volver a hablar, pero tenía que intentarlo.

—No tienes por qué preocuparte por lo que me pase —balbuceó.

Draco le dio un mordisco a la galleta antes de inclinarse y apoyar los codos en la mesa.

—No entraba en mis planes hacerlo —confesó—. De hecho no me educaron precisamente en base a la empatía cuando era niño. Pero puedo intentar escucharte.

—¿Por qué…? —Hermione no sabía qué pensar, su cabeza estaba hecha un lío—. ¿Por qué ahora sí entra en tus planes?

Él se encogió de hombros.

—No pensé que estuvieras tan mal cuando llegué a tu casa. Si te busqué fue para hacer algo juntos, no para quedarnos en casa llorando. Necesitamos pasar a la acción, pero no creo que seas capaz de hacerlo en tu estado. —Draco empujó la bandeja de sus galletas preferidas en su dirección. Ella dudó unos segundos antes de coger una—. Tienes que recomponerte si quieres seguir adelante. Siempre he escuchado que comentar los problemas con alguien puede ayudar a que veas las cosas de otra manera. Bueno, no hay nadie más con quien puedas hablar aparte de conmigo.

A Hermione se le vino una pregunta a la cabeza con sus palabras.

—¿Existían psicólogos en el mundo mágico?

—Claro —dijo él, mirándola como si fuera lo más obvio del mundo—. Había un ala bastante grande de psicología y psiquiatría en San Mungo. A menudo los magos y brujas solían volverse locos de repente. Un amigo de mis padres tenía muchos pacientes allí.

—Mi madre era psicóloga aquí —susurró. Tal vez tenía razón sobre lo de hablar abiertamente de lo que le preocupaba, pero lo cierto es que era una situación violenta hacerlo con Malfoy. Tuvo que tomarse un momento para pensar sus palabras—. Echo de menos a mi familia. No reconozco el Londres donde crecí, tampoco me fue fácil caminar por los pasillos desiertos de Hogwarts y las calles vacías de Hogsmeade. Extraño los abrazos sinceros y las sonrisas de mis amigos. Me siento sola desde que todo esto empezó y temo no saber recomponerme.

—Sin embargo decidiste volver aquí en vez de quedarte en el mundo mágico.

Ella tomó una profunda respiración antes de morderse el labio de nuevo y mirarlo con preocupación. ¿De verdad necesitaba contarle aquello? Los recuerdos con el que había sido la persona más importante en su vida eran los que tenían más peso en su cabeza… Quizás tampoco perdía nada si lo dejaba salir de una vez por todas. Tal y como había dicho Malfoy, él era el único con el que podía hablar después de todo.

—La noche en la que todo pasó… Ron y yo… —Decidió ahorrarse los detalles, él no necesitaba saberlos—. Ron y yo decidimos formalizar nuestra relación. Íbamos a decirles a todos que estábamos juntos… después de tanto tiempo.

Unas gruesas lágrimas empezaron a resbalar por su rostro sin previo aviso. Draco levantó un poco las cejas debido al asombro. ¿Tan bien habían ocultado sus sentimientos el uno por el otro que nadie se había percatado de que entre ellos había algo, y algo fuerte? Para ser sincera siempre había pensado que Harry era el único que lo había sabido desde el principio.
Cuando Draco asimiló aquello asintió levemente.

—Creo que necesitas despejar la mente, dejar de pensar tanto en… eso. ¿Hay algo que siempre hayas querido hacer? Algo a largo plazo me refiero, algo que pueda mantenerte ocupada una buena parte del tiempo.

Hermione pensó en ello durante unos segundos, luego mordió la galleta que tenía en la mano. Unas migas cayeron sobre su regazo. Ella miró hacia abajo para quitárselas, pero sus ojos se toparon con el logo de la universidad de Londres de su sudadera. Acababa de recordar algo que definitivamente llamaba su atención.

—Bueno, siempre tuve curiosidad por estudiar una carrera universitaria muggle.

Draco bebió más vino mientras la miraba por encima de su copa.

—Pues tienes todo el tiempo del mundo para hacerlo. ¿Crees que eso pueda ayudar a que te centres de nuevo?

Hermione entreabrió un poco los labios. Ni siquiera se le había pasado por la mente ni un segundo que podía emplear su tiempo en hacer algo que le gustara en vez de seguir auto compadeciéndose y pensando demasiado.
Clavó sus marrones ojos en las finas y alargadas facciones de su compañero mientras éste se servía más vino. Tal vez hubiera dado con la clave. Sí, quizás sólo necesitaba una distracción para volver a encontrarse en medio de tanto caos.