-Auch… no me muerdas-.

-C-Cállate, m-macho pa-pata… -en un callejón obscuro de Alemania, se besaban un muchacho de cabellos castaños, ojos oliva y tez atigrada con un rubio, de ojos cielo- ah… -.

-Dime por mi nombre… Lovi… no- besaba entrelazando sus lenguas y el muchacho castaño fruncía el ceño y de vez en cuando le daba mordidas peligrosas.

-*Ah*... Lu...d -.

Terminaron su sesión de besos , el oji oliva salía viendo a otro lado y con las mejillas prendidas, mientras el otro muchacho sonreía discretamente, como las calles estaban cubiertas de nieve, no había muchas personas.

-B-Buon co-compleanno, b-bas-bastardo-.

-Dank, Lovino- dijo y metió la mano helada del muchacho en su abrigo con su cálida mano-.

(Flashback)

-Jajajaja! Te rechazò el tonto de mi hermano, ¿enserio creías que él te amaba? Jajaja que tonto pensar eso-.

El muchacho se quedó en silencio ignorando al italiano y mirando a otro lado, se levantó de su asiento, siendo seguido por el molesto castaño.

-Déjame en paz, Vargas-.

-¡Y-Yo hago lo que quiera!-.

(Flashback)

Habían entrelazado sus manos en el bolsillo y ambos sin notarlo se levantaron un poco más la bufanda, cubriendo sus bocas.

-¿Quieres venir a mi casa?-.

-Pues a eso vamos ¿no? -dijo el castaño desviando la mirada-.

-Vale-.

-Solo dile a tus perros que no me salten, de nuevo-.

-Está bien-.

(Flashback)

Pasaban los días y parecía que el rubio tenía la rutina más irritante en toda su existencia, Lovino era una enorme patada en los glúteos. Se burlaba de la declaración de amor del alemán pero sin notarlo él lastimaba no solo eso sino sus sentimientos, llegó el día en que se hartó y puso al romano entre él y la pared.

-Vuélveme a decir eso y no volveré- bufó el castaño a pesar de estar tan nervioso-.

-Yo pensé que me harías algo más grave- el alemán golpeó la pared marcando autoridad-.

-Dame un motivo de golpearte y lo haré- tragó saliva Lovino pero tomó valor de quien sabe donde-.

-Mi-her-ma-no-te-re-cha-zó- dijo lentamente y puntualizando cada sílaba, cerró los ojos pensando que le golpearían pero el alemán tomó sus cosas y se fue-.

(Flashback)

Llegaron a la casa de Ludwig y Lovino esperó unos minutos antes de meterse en la casa de este, la casa estaba ordenada, limpia y muy hermosa.

-Pása, dame tu abrigo- habló y enseguida el italiano ya se lo daba, colocó el abrigo en el armario y cerró la puerta; el otro miraba curioso la casa del rubio-.

-¿Tú haces todo esto?-.

-Pues… no me gusta todo tirado -dice apenado-.

-No me sorprende, ya que haces el quehacer de la casa de mi tonto hermano-.

-¿Eso crees? Bueno… danke por el halago-.

(Flashback)

-Vee~ Fratello… ¿sábes que le pasó a Luddy? Me preocupa, vee~ ¿no sabes nada de él?-.

-*Tsk* ¿por qué iba a saber de ese macho patatas?-.

-Vee~ porque fuiste la última persona que entabló conversación con él antes de que desapareciera-.

-¿Yo que voy a saber?-.

En el fondo el romano reconocía que no debió haber molestado tanto al fortachón, la única razón de que fuera a casa de los hermanos Vargas era por el muchacho que era su amigo Feliciano.

(Flashback)

-¿Quisieras algo en especial?-ofreció el "macho" siendo lo más amable y comprensible ante el castaño-.

Lovino seguía viendo las cosas que tenía Ludwig a tal que por su curiosidad casi tira una muñequita de porcelana, la abrazó protegiendo que no se quebrara, no volteó a ver al chico ya que su cara estaba roja y no le agradaba que puntualizaran ese punto de él. Lud sonrió leve y tocó su hombro, acariciándolo hasta recargar su mentón en él.

-Dame a Erika, es mi figura favorita- Lovino se sonrojó y le dio la figura al joven alemán, era una muchachita con el traje típico y folclórico de esa misma nación germánica, era entre todas la que más apreciaba-.

-¿Qué tiene de especial esa figura? - bufó cruzándose de brazos y envidiando un poco a la pequeña figurita que una vez más estaría hasta arriba de la repisa-.


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