Las luces de los fuegos artificiales adornaron el cielo estrellado, acompañado por el fuerte sonido de las explosiones resonando en el aire. Ya llevaban cinco días en el barco, y al parecer a su hermano no le preocupaba celebrar su cumpleaños veintiséis con varios barriles de pólvora a bordo.

Bruce daba pequeñas mordidas a su cena, que consistía en varias cucharadas de distintos platillos que la servidumbre había puesto en una mesa larga, al fondo de la cubierta. Tony se acercó a él, evadiendo a la gente, ignorando por completo a las chicas que evidentemente querían acercársele, con la sonrisa más grande que le había visto en toda la vida. Y es que acababan de regresar del reino vecino, en el que el príncipe conoció a su prometida.

No todo fue miel sobre hojuelas al principio. Habían llegado por orden del rey Howard, su padre, y Bruce estaba ahí para "cuidar que Tony fuese educado". Él no se lo reprochaba a su hermano, por supuesto. Anthony era bien conocido por ser un casanova y tener a todas las chicas del reino babeando por él, y su padre le había pedido que renunciara justamente a… bueno, eso. Entonces emprendieron el viaje de una semana en barco para reafirmar el pacto que habían hecho entre ambos reyes. Habían planeado regresar justo para el cumpleaños del príncipe, pero una tormenta los detuvo unos días más, cosa que a Stark no parecía molestarle en lo más mínimo.

— ¡Vamos, Bruce! ¡Diviértete un poco!—gritó su hermano, antes de poder librarse de la multitud y alcanzarlo en la mesa en la que estaba solitariamente sentado. Bruce lo recibió con una sonrisa.

— ¡Me estoy divirtiendo!— resopló el hombre de rizos rebeldes, ya con otro bocado de cangrejo en la boca.

Tony pasó un brazo por los hombros de su hermano, estrechándolo.

—Bruce, al menos deberías intentar hacerle la plática a alguna de las doncellas— dijo el castaño a modo de reproche. No concebía que su hermano estuviera sentado comiendo y bebiendo por su cuenta. ¡Era momento de celebrar!

—Creí que ese era tu trabajo— respondió, con una sonrisa burlona.

—Ya me retiré— se excusó Tony con fingida indiferencia.

—Oh, claro. Y esto no tiene que ver con cierta pelirroja, ¿verdad?

—Tshh. Por supuesto que no, Brucie— contestó, soltando por fin su hombro—. No estoy diciendo que Pep es la mujer más hermosa y perfecta que he conocido hasta ahora… aunque sea perfecta y hermosa. No, simplemente te estoy cediendo mi lugar.

¿Pep?— inquirió Bruce y dirigió a su hermano una mirada incrédula.

—Oh, sólo… sólo cállate, Bruce—contestó Tony, sonrojándose un poco. Para su disgusto, Bruce no puedo evitar carcajearse un poco, pero aquello lo hizo sonreír después de unos momentos.

—Entonces, ¿puedo terminar mi cena?—inquirió el hombre más bajo.

—Si te levantas de la mesa y al menos bailas un poco… entonces sí.

No es que a Bruce no le gustasen las celebraciones. Se sentía feliz y tranquilo siempre y cuando la celebración no fuera sobre él. Entonces, con un suspiro fingido, se levantó de su asiento. No veía por qué no complacer un poco a su hermano, aunque tampoco veía el por qué le hacía feliz a Tony verlo bailar. Incluso habían inventado un baile entre ellos, para las ocasiones en las que Bruce se negaba rotundamente a bailar con cualquiera de las doncellas. Ese parecía ser el caso de esa noche.

Tony le hizo una señal a Jarvis, su mayordomo personal, y éste a su vez hizo una señal a los músicos.

— ¿En serio, Tones?— resopló el de rizos, pero su hermano ya lo estaba jalando de la manga hacia el centro de la cubierta.

El baile entre ellos en realidad parecía un duelo. Era agresivo, era potente, con las suelas de sus zapatos golpeando con fuerza la duela, bailando siempre uno frente al otro, girando como si se estuvieran acechando, aplaudiendo al ritmo de la música. Era cansado. Cuando la última nota dejó de sonar, ambos hombres jadeaban en busca del aire que sus pulmones demandaban, con una sonrisa en el rostro. El aire se inundó de aplausos.

— ¿Ves? —. Tony dejó caer su mano en el hombro de su hermano, aun jadeando ligeramente—. No fue tan malo.

Bruce rió un poco, arrepintiéndose porque eso le hacía perder de nuevo el aliento.

—No, no fue tan malo.

—Príncipe Tony, creo que es momento de que abra el regalo de la familia de su prometida— dijo Jarvis acercándose, señalando el enorme bulto cubierto por una tela.

Impaciente y curioso cómo era, el príncipe Tony no tardó en jalar la tela, dejando al descubierto una enorme escultura.

— ¿Eso es…?— balbuceó Bruce, intentando muy pobremente ocultar su sonrisa. No imaginaba cómo Pepper había convencido a sus padres de darle a Tony una escultura de… Tony.

— ¡Es perfecta!—exclamó su hermano— ¡Mira los detalles! Bueno, yo soy más apuesto en persona pero…

La emoción en Tony era evidente.

— Lo que tú digas, Tones.

La fiesta continuó por un rato, pero algunos de los marineros empezaban a mostrarse inquietos. Bruce vio cuando Jarvis se acercó al capitán, quien le susurró algo que le hizo cambiar ligeramente de expresión. Con el semblante serio, el fiel mayordomo se acercó a los hermanos, y en voz baja se dirigió a ellos.

— Creo que es mejor que estén todos bajo cubierta, al menos una hora…

— ¿Qué pasa?— inquirió Bruce.

—Los marineros recibieron informes de que hace veintitrés lunas una embarcación comerciante escuchó sirenas. El barco estuvo a momentos de estrellarse pero no pasó a mayores.

—Y supongo que estamos pasando por donde ellos las escucharon— resopló Tony con burla.

—Eso me temo, señor— respondió Jarvis con seriedad.

—J, en el límite del territorio no se han visto sirenas por años— refutó Tony quitándole importancia—. Si decimos eso a los invitados posiblemente crearemos una catástrofe.

—Pero Tony…— intentó razonar Bruce.

Entonces una canción se dejó escuchar surcando en el aire, primero con suavidad y después comenzó a subir de decibeles. Todos los invitados entraron en un estado de sopor… Todos excepto Bruce.

—¡No escuchen!— la voz de Bruce se oyó sólo un poco más fuerte que la canción de la sirena, pero era demasiado tarde.

Fue entonces cuando pudo ver una figura cerca de Tony, quien había dado unos pasos más cerca de la orilla del barco. La piel de aquella figura era pálida como la luna, y pudo distinguir una brillante cola que iba de un tono rojizo, atravesaba el escarlata y finalmente se fundía a un negro profundo. A los hermosos ojos verdes los enmarcaba un largo cabello del color de los rubíes, y poseía en su mano algo que presumía era una escama afilada.

Su hermano mayor ahora estaba acuclillado, con la mano extendida hacia la sirena que no había interrumpido su canción. Una red bajó abruptamente de uno de los mástiles, obra de un marinero inteligente que había logrado cubrirse los oídos; Bruce se precipitó hasta Tony, quitándolo del camino justo antes de que cayera la red sobre él.

Muchas cosas pasaron al mismo tiempo. Bruce alejó a las personas que estaban más cerca de la sirena. Todos salieron del sopor, pues ya no había canción que inundara el aire. La sirena intentó regresar al agua, pero al enredarse más con la red, cayeron las velas de uno de los soportes y la madera comenzó a arder...

El barco estaba cargado de pólvora.

—¡Todos a los salvavidas!— se hizo escuchar Jarvis en un grito.

Con un incendio en el barco, tenían poco tiempo antes de que se convirtiera en tragedia. Tony fue el primero en pisar uno de los botes salvavidas, pero cuando no vio a su hermano menor empezó a rondar el borde de la cubierta.

— ¡¿Bruce?!— gritó entre la multitud.

— ¡Tony!— exclamó Bruce de vuelta, acercándose corriendo para tomarlo enseguida por los hombros— ¡Vete!

—Pero…

— ¡Sólo vete!

Bruce empujó a su hermano al pequeño bote salvavidas y regresó a ayudar a los demás invitados a salir con rapidez.

El tiempo corría en su contra, y cada segundo el fuego se esparcía con rapidez sobre la cubierta. Los fuegos artificiales que seguían amarrados en las orillas empezaron a encenderse, y pronto el cielo estuvo lleno de explosiones de colores. Algunos invitados saltaban del barco para poder escapar con mayor velocidad, y pronto la cubierta estuvo desierta.

O casi…

La sirena seguía atrapada, y cuando sus ojos se cruzaron con los de Bruce, éste notó que estaban llenos de temor. El fuego la rodeaba y empezó a apoderarse de las cuerdas de la red. Bruce escuchaba a Tony gritando su nombre.

No puedo creer que vaya a hacer esto, pensó.

Se acercó a ella y la ayudó a desenganchar su cola de la red, aprovechando que tanto ella como el fuego habían ayudado a romper las cuerdas. Después la cargó y empezó a correr a la otra orilla del barco, pues lo último que necesitaba era que los invitados vieran que ayudaba a una sirena.

—Aléjate del barco— le dijo entre dientes, y luego la soltó por estribor.

Corrió de vuelta a babor, sabiendo que los barcos salvavidas se encontraban en esa dirección. Faltaban sólo unos pasos para llegar a la orilla.

Y entonces el barco explotó.


N/A: Resulta que si trabajo en una sola historia a la vez me... bloqueo. Y aunque ésto es sólo una probadita de lo que leerán cuando A Medianoche entre en hiatus, realmente me gustaría saber su opinión ;3 Es y no es un crossover. No hay personajes de La Sirenita como tal, pero hay fragmentos de la historia que estoy respetando... como éste. Quitando de lado que son dos príncipes. Y que me encanta ver a Tony y Brucie de hermanos. No necesito decirles quien es la sirena, ¿verdad? ;3 Aunque a mi me sigue pareciendo cómico quien será "Úrsula".

Pero en fin, ¡muchas gracias por leer! Y como siempre gracias a mi Beta por estar conmigo en A Medianoche y ésta nueva historia que hoy toca la luz :3