Bruce tembló de frío. Había algo pegado a su rostro que le causaba comezón, la cabeza le daba vueltas y cuando intentó inhalar, lo único que logró fue que lo invadiera un ataque de tos. La boca le sabía a sal, lo que sea que sus pulmones estaban expulsando también sabía a sal. Se sentía débil, lo único que quería era dormir… pero escuchó a Tony gritando su nombre.

Entonces hizo memoria. La fiesta, el barco, la explosión… ¿dónde demonios estaba?

Lo único que recordaba después de eso fue unas manos sosteniéndolo mientras sentía sus pulmones colapsar. Una ocasional mancha escarlata… algo color verde, también. El golpe seco con el que su cuerpo cayó en la arena…

Su hermano se acercó a él con la preocupación tatuada en el rostro, algo que no le agradaba en lo más mínimo. Para él, que se sentía eternamente culpable, el hecho de que Tony se viera de ese modo lo hacía sentir con una carga más…

Entonces intentó aligerar su ánimo.

—¿...Me perdí la fiesta?— preguntó con voz ronca.

—No te perdiste de nada, fue el peor cumpleaños de la historia— su hermano lo estrechó con fuerza, y él le devolvió el abrazo con debilidad—. Mi hermano me asustó de muerte.

—¿Feliz cumpleaños?— y la voz que salió de sus labios tuvo menos fuerza de la que pretendía. Su hermano entonces sonrió de forma socarrona que no llegó hasta sus ojos.

—Más vale que tu regalo sea increíble— respondió Tony, deslizando un brazo bajo él y ayudándolo a incorporarse. Pronto se unió Jarvis, sosteniéndolo del lado contrario.

—Príncipe Tony, creo que es mejor que vaya a buscar algo para cubrir a su hermano, antes de que los invitados empiecen a preguntarse por qué su ropa está quemada y su piel no—. La duda surcaba el rostro de Tony—. Vaya, yo me quedaré con él.

Cuando el príncipe hubo desaparecido entre la gente, Jarvis ayudó a Bruce a sentarse en una roca, sin soltarlo del todo.

—Me alegro de que esté bien… no sabría qué es lo que le diría a Ana, y el joven príncipe estaba fuera de sí— dijo el mayordomo con alivio. Por alguna razón que Bruce no alcanzaba a comprender, tanto él como su nana le tenían aprecio—. Pensé que hoy los perderíamos a los dos.

—Gracias, Jarvis, pero sabes que nadie se debería preocupar por mí— respondió Bruce, mirando al cielo estrellado—, mucho menos Tony.

—Creo que eso es algo que en realidad nadie de nosotros puede realmente decidir, joven Bruce.

Pasaron unos momentos observando el panorama nocturno, cuando algo suave se deslizó por los hombros de Bruce. Cuando se giró, su hermano parecía menos perturbado por los acontecimientos de esa noche. Vaya fiesta de cumpleaños. Al fin se levantó y los tres hombres empezaron a caminar hacia la pequeña área en donde estaban reunidos todos los invitados en la arena. Definitivamente estaban obligados a pasar ahí la noche, pues el bosque que se alcanzaba a ver no parecía una buena idea para refugiarse. Aun así, alguien había mandado a uno de los sirvientes a avisar que necesitaban carruajes. A juzgar por las estrellas y el panorama general, estaban a unas horas a pie de una de las ciudades aledañas al reino.

Tony, Jarvis y Bruce se acomodaron un poco más lejos que los invitados, para preservar la poca privacidad que pudiesen llegar a tener en un lugar que en realidad no ofrecía ningún refugio visual. Eso no evitó el hecho de que el agotamiento arrastrara a Bruce a la inconsciencia una vez su cuerpo volvió a estar en la arena.

El sol fue lo que le despertó la mañana siguiente. De pronto se sentía ahogado en calor, considerando que tenía todavía la enorme tela que su hermano había conseguido para él. Tuvo la tentación de quitársela, pero recordó el motivo de tenerla puesta antes de que tuviese tiempo de hacerlo. Gimió cuando se percató de que tenía que recorrer las dos horas en el carruaje con la tela encima, bajo el sol, sin haber bebido o comido algo desde la noche anterior.

Tuvo que resignarse una vez estuvieron en el carruaje, intentando buscar alivio en la brisa que soplaba durante el trayecto. Por supuesto, el que no se resignó para nada fue Tony, que cada determinado tiempo se quejaba de… bueno, todo.

Aunque la ciudad de la Flor de Esmeralda era agradable y habían llegado a una de las residencias reales (mismas que tenía el rey en cada ciudad que formaba parte de su dominio), la prioridad era regresar a casa. Sin embargo debían quedarse un día mientras conseguían un nuevo carruaje que les llevara los tres días restantes al palacio, y por supuesto, necesitaban buenos corceles. Y ropa, sobre todo para Bruce, que tenía agujeros enormes debido al fuego de la explosión (Y siendo honestos, empezaba a odiar la tela). Claro, era una de sus casas, pero la ropa que tenían era del tamaño de… bueno, niños; considerando que no estaban en esa ciudad en concreto hace años. No se sintió realmente en calma hasta que Jarvis llegó con ropa que cubriera sus brazos y piernas, lo más holgadas posibles para que no muriese de calor.

Cuando al fin hubieron comido y bebido como se debe, Tony empezó a hacer su distinguido gesto de absoluto aburrimiento. Bruce intentó ignorar el hecho de que Tony intercalaba su mirada entre la ventana y él (que estaba sentado en uno de los sillones en la habitación, leyendo) y viceversa. Hasta que su hermano no se paró frente a él y fue forzado a verle a los ojos, llenos de súplica, fue que se decidió a hablar.

— ¿Sabes? Uno pensaría dado que eres cuatro años mayor que yo, que serías capaz de salir por tu cuenta, Tones— dijo, con una sonrisa socarrona en los labios.

— ¡Pero Brucie! ¿Qué voy a hacer yo solo dando un paseo?— inquirió su hermano, de la manera más infantil que pudo. Aquello solo hizo sonreír a Bruce más.

— ¿Coquetear con las aldeanas?—. Tony arrugó la nariz— No sé, ¿alguna vez hiciste algo diferente cuando salías a "caminar"?— alzó una ceja, divertido.

—Oh, por Dios, Bruce, ¿vamos a empezar con eso de nuevo?— su hermano ahora lucía entre mortificado y divertido.

—Está bien, está bien— respondió, levantándose de su asiento— . De todos modos, creo que me serviría un poco de aire.

Ambos hermanos recorrían los coloridos pasillos de la ciudad. Era al príncipe a quien más se acercaban, pero intentaban hacerle conversación casi con la misma frecuencia cada que paraban en algún lugar donde vendieran artesanías elegantes o comida. Para el mediodía, Tony ya tenía una variedad diferente de bizcochos, panes y caramelos en un saco de tela. Sin embargo, escuchaban algunos cuchicheos ocasionalmente a sus espaldas.

Bruce deseó no tener tan buen oído.

"Escuché que el barco en el que iban explotó"

"Debe tener heridas muy graves"

"Qué afortunado es al haber sobrevivido"

"Apuesto a que su cuerpo está demasiado quemado"

"No parece tener problemas para caminar"

Cada minuto se hacía cada vez más difícil de soportar. Tony le dirigió una mirada preocupada, con el ceño levemente fruncido, claramente habiendo escuchado los murmullos.

— ¿Crees que puedas arreglártelas un rato?— preguntó Bruce a su oído, con una mano en su hombro. Su hermano asintió.

— ¿Te veo en la comida?—. Y esta vez fue su turno de asentir.

Bruce sorteó los largos pasillos y salió de la muralla que protegía la ciudad, internándose en el bosque. Una vez hubo caminado lo suficiente, se arremangó la camisa para dejar descubiertos sus brazos. El aire olía a humedad, tierra y madera, un aroma que llenaba de manera agradable su nariz. Se quedó un rato recargado en un árbol, aprovechando al máximo su fría sombra.

Recordaba muy bien la primera vez que entró con Tony al bosque. Apenas tenían seis y diez años respectivamente, y se habían escapado de Jarvis y Ana cuando recorrían el mercado. Los pobres pasaron unas buenas dos horas buscando a los niños por toda la ciudad. Y no es que él hubiese querido escapar en un principio, es que su hermano mayor le había convencido de ir, siendo que había un lugar en específico que su madre gustaba de frecuentar.

El lago del eterno anhelo.

María había ido dos veces en compañía de su entonces hijo único, cuando Tony tenía tres en una y cuatro años en la otra. Lo cual, efectivamente, significó que cuando ellos quisieron volver al lugar por su cuenta, perdieron el camino. En ese tiempo fue un momento de mucha tensión, pero ahora Bruce sólo sonreía con el recuerdo. Cuando por fin dieron con el lago, Jarvis y Ana estaban sentados en la hierba, con la esperanza de que ellos llegaran ahí, a punto de que les diera un infarto. ¿Y es que cómo le explicas al rey que perdiste a sus dos únicos hijos?

Esa fue la única vez que vieron a Ana enojada.

Dieciséis años más tarde, Bruce caminaba entre los árboles, sabiendo exactamente a dónde lo dirigían sus pies. Imaginaba a su madre caminando el mismo sendero que él, tal vez acariciando la corteza de los árboles, tal como lo estaba haciendo en ese momento. O tal vez tropezando con las raíces, como Tony la primera vez. En realidad no tenía manera de saberlo, Tony recordaba sólo algunas cosas de su carácter y su padre evitaba a toda costa hablar de ella. No podía evitar pensar que ambos deberían odiarlo. Él nunca debió acercarse a su hermano cuando eran niños.

Bruce no tardó mucho en llegar al lago. No supo cuánto extrañaba ese lugar hasta que de nuevo se encontró ahí. El tranquilizador murmullo del agua, el delicioso aroma del aire, las refrescantes sombras, el árbol a mitad de la corriente… No tardó en quitarse los zapatos y dejar que sus pies desnudos disfrutasen de la húmeda hierba. Mojó sus brazos e hizo lo mismo con su rostro, en un efectivo intento de lidiar con el calor.

Poco después se encontraba cruzando la parte más baja del lago, con el agua hasta las rodillas, en dirección al árbol. Se sentó en sus raíces cuando lo alcanzó, recargando su espalda en el amplio tronco. Cerró los ojos, intentando despejar su mente…

… hasta que escuchó esa maldita voz.


N/A: Oh si, nenes. He vuelto.

Látex: ¡Gracias por ser mi beta a pesar de que normalmente tengas mucho trabajo!

Hiruma-Harima: ¿Sabes? Creo que en un futuro debería de ser menos evidente con el título jajaja. Y te diré, que siempre, siempre es una debilidad para mí el escribirlos de pequeños. La inocencia que muestra un personaje a esa edad es simple y sencillamente única. Tus comentarios son bien recibidos y siempre es una grata sorpresa el recibirlos :3

El elegido: ¡Muchas gracias! El jugar con un verdadero lazo de sangre entre Tony y Bruce siempre me llamó la atención, y el que Natasha fuera un personaje tan opuesto a Ariel... simplemente no lo podía dejar pasar. ¡Gracias por comentar!

A todos: Gracias por leer y ser pacientes, gracias por seguirme y quedarse conmigo en mis locuras, ¡nos leemos la próxima!