"No me jodas" pensó Draco en cuanto vio al grupo entrar. Eran tres aurores, no es que fuera extraño ver aurores entrar como clientes en el club, pero siempre había deseado que uno de ellos, un fornido moreno de ojos verdes, no lo pisara jamás.

Maldijo su suerte e intentó hacerse uno con la pared para no ser visto, pero como siempre, la suerte no estaba de su lado. El más alto de los tres hizo contacto directo con él, le estaba buscando, desgraciadamente allí no había mucho donde esconderse ya que la finalidad de esa sala era servir como escaparate del "producto".

Tragó fuertemente, pues sabía que el "moreno de ojos verdes" aún no le había visto, este recibió un pequeño codazo para llamar su atención. Adoptó la pose "no me importa nada" que tan bien sabía utilizar para que el contacto no fuera un maremoto. Bien, estaba claro, que en ese caso no iba a funcionar. Cuando el par de ojos hizo contacto con los suyos todo su cuerpo se congeló, reconocimiento, incredulidad, y mierda, una pequeña sonrisa que a Draco no le gustó nada. Necesitaba recomponerse, estar por encima de todo aquello como había aprendido a hacer.

"No importa, actúa, sonríe, este es tu mejor personaje, no muestres nada" ese era su mantra diario. Como si de un actor de cine muggle se tratara. Él no era "eso" pero "eso" era lo que le tocaba ahora.

Sus ojos verdes se clavaron en él, pudo sentirlos quemándole la piel, apenas tapada por una túnica abierta verde que poco dejaba a la imaginación. Sentirlos sobre él le hizo retraerse a otros tiempos, tiempos en los que no quería volver a pensar. Ahora esta era su vida y encontrar al que un día fue su némesis sabía que le iba a pasar factura.

Ya había pasado mil veces por aquello, conocidos que se enteraban qué había sido de él e iban a comprobarlo.

Reconocimiento, estupefacción y un brillo en los ojos que él ya había aprendido a identificar, lujuria. Nada nuevo, pero no por ello menos doloroso.

Y aquí estaba el salvador del mundo mágico, su "salvador", para deleitarse con lo que había quedado de la casa Malfoy. Se llevaría un digno espectáculo.

Intentó adoptar su pose más sensual, hace años que el muchacho triste y asustado se escondió en lo más hondo de su ser, para dar salida al "sensual juguetito" como uno de sus clientes le había llamado en una ocasión.

Pudo ver como esto afectaba a la expresión de Potter, bueno, estaba claro lo que había en sus ojos, así que disfrutase del espectáculo y dejara una buena cantidad de dinero.

Mientras más mejor, pensó Draco llegados a ese punto.

El alto, Dean Thomas, habló con Murphy mientras Potter, que nunca había brillado por saber esconder sus emociones, le miraba expectante. Thomas se acercó a Potter le dijo algo a lo que el otro solo asintió mientras se habría paso en la sala. Parecía que iba a ser él solo, mierda, había pensado que serían los tres por como le habían mirado, más dinero menos intimidad, estaba claro que hoy no iba a ser su día de suerte.

Le dio un vistazo rápido a Murphy que le asintió, había pagado sus servicios.

Sonríe, actúa, este no eres tú…

—Malfoy—dijo Potter al llegar al lugar en el que se encontraba Draco. Su voz le revolvió las entrañas, sí, era real. Trágate lo que te queda de orgullo Draco y sonríe.

—Auror Potter—dijo con su voz más sugerente que hizo acuarse los ojos verdes que le miraban.

Le dio la espalda y comenzó a andar hacia su habitación, se sentía expuesto, y un escalofrío le bajó por la espalda al notar toda la energía que iba por el pasillo siguiéndole.

Abrió una puerta a no muchos pasos de allí, una gran cama con dosel, un mullido sofá, todo ribeteado de verde. Murphy sabía como explotar el potencial de cada chico, Draco pegaba con lo suntuoso por muy bajo que hubiera caído. Su porte, su cara, sus maneras seguían siendo las que fueron un día y el dueño del club sabía que eso era un plus para sus clientes.

—¿Quién no querría follarse a un aristócrata seguidor de Voldemort caído en desgracia?—le dijo un día Murphy—.Démosle lo que quieren y ganemos mucho dinero con ello.

Y aquí estaba él, con Harry Potter a su espalda, con una túnica verde semitransparente mostrando su aristocrático trasero por el que había pagado una considerable suma.

Escuchó como se cerraba la puerta tras ellos, y tragó saliva duramente.

Se apoyó contra uno de las columnas de la cama, con una postura ensayada que dejaba ver parte de su ingle y todo su torso. Bendito Merlín por haber encontrado a Potter en ese momento y no antes, la experiencia es un grado para todo, la práctica del día a día le hacía hacer todo aquello como una calculada coreografía a la que podía agarrarse para no entrar en pánico.

El moreno le estudió de arriba a abajo, lo que le dejó la posibilidad de chequearlo a él también.

Había crecido, tanto a lo alto como a lo ancho, sus lentes habían desaparecido volviendo su rostro mucho más duro del que recordaba en el colegio. El pelo apuntaba aún en todas direcciones lo que le seguía confiriendo un aire juvenil que contrastaba con su fuerte mandíbula.

Las venas de su cuello parecían dos cuerdas vigorosas, grandes y callosas manos que podrían causarle inmenso dolor. ¿A eso habría venido? ¿Sería rudo? El sabía que existía la posibilidad de que acabara magullado por esas manos que estaban cerradas en puños ahora mismo. Volvió a tragar, tomaría después la poción que tenía para esos casos.

Potter no se movía, le seguía mirando de una manera que a Draco comenzó a parecerle perturbadora. Había esperado que se abalanzará sobre él, sello distintivo de muchos aurores que habían pasado por allí. Pero no parecía que fuera a moverse. Tendría que ser él quien diera el primer paso.

Con un movimiento de hombros, su túnica cayo deslizándose por su cuerpo, el roce era agradable.

La expresión de Potter era contradictoria, Draco sabía que estaba excitado pero también parecía que estaba molesto. Bueno, un mojigato como él estaría teniendo un dilema moral sobre lo ético del momento. Por propia experiencia sabía que esos eran los peores, le deseaban pero se sentían culpables, ¿tenía suficiente poción en su taquilla? Esperaba que sí, hacía bastante que no había tenido que usarla, pero siempre guardaba un frasco.

Se aproximó al moreno, no tenía sentido prolongar más el momento. A pocos pasos de Potter comprobó que éste le sobrepasaba algunos centímetros, comenzó a desabotonar la levita de auror, notó como el moreno seguía tenso y su magia comenzaba a salpicarle. A estas alturas y aún no controlaba su magia, mal muy mal.

Se colocó de rodillas delante de él, desde ese ángulo podía ser cualquier otro auror. Esa idea le motivó mucho más que tener que estar mirándole a los ojos ni un segundo más.

Notó el respingo que dio cuando sus dedos tocaron su piel, sabía que no estaba siendo nada sutil, no se estaba insinuando. Pero la mandíbula apretada y los puños cerrados le lanzaban el mensaje de que mejor era ir al grano.

Apareció antes sus ojos una suave mata de vello negro que recubría la ingle de Potter, podía oler su excitación, era un olor perturbador, no es que no estuviera acostumbrado a él, pero era tan potente y embriagador que lo dejó paralizado unos instantes.

Pocas veces se había sentido realmente excitado en esos años, y desde que estaba con Murphy este les hacía tomar una poción excitante, por supuesto que hoy la había tomado, pero el tirón que sintió no tenía que ver nada con ella. Mierda, sí, en sus años de escuela sí había sentido alguna vez atracción por Potter, tras alguna acalorada pelea se había sentido exultante y excitado a partes iguales. Pero tener su excitación y su olor penetrante entrando por todo su cuerpo le estaba trastocando. Agradecido por que este no pudiera ver su rostro, se forzó a respirar por la boca y obviar esa excitación extra.

Desabrochó los pantalones de cuero marrón que atrapaban la gruesa excitación que estaba a segundos de contemplar. Mentiría si dijera que no estaba expectante y que por otro lado no deseara estar en otro lado, que no estuviera ocurriendo esto, no así, no allí. Como un golpe de realidad fue abofeteado por ella, estaba aquí y el "chico de oro" había pagado por él. Nuevamente la experiencia, aún siendo sólo un chico de 23 años, le hacía saber actuar como un autómata.

Sacó la dura polla de Potter, calibró su tamaño y grosor mientras la acariciaba totalmente erecta. Potter había resultado ser un chico bien dotado, nada con lo que no pudiera lidiar, una gota se formó en su glande y Draco la recogió con la lengua arrancándole un jadeo al auror.

Todos reaccionaban igual, era algo bueno, le daba dónde agarrarse. Por su mente había pasado hacerle un servicio rápido, por el aspecto del chico parecía que estaba muy excitado y sería de los que acaban rápido. Se la metió rápidamente en la boca succionando toda la humedad que recubría su polla. Marcó el ritmo y Potter le acompañó con jadeos ahogados. No iba a durar mucho se dijo con satisfacción, podría tener más clientes esa noche y ganar más dinero.

Sintió una fuerte mano agarrando sus cabellos y empujándolo para que tragase más hondo. Así lo hizo, pegando su cara al cuerpo de Potter que estaba ardiendo. De pronto fue empujado hacia atrás, de un modo fuerte pero no doloroso. Separado, de rodillas y con la boca empapada, Potter tiró de su cabello haciendo que le mirara desde abajo. La cara de placer era total, Draco sabía que era bueno. Pero aquello de acabar rápido parecía no estar en los planes del bastardo. Acercó su excitación de nuevo a Draco, pero no la metió dentro de su boca sino que la refregó contra sus labios obligándole a mirarlo. Estaba claro que ya no era el tímido niño que conoció en Hogwarts.

Le agarró por los hombros levantándolo, por un momento pensó que le iba a besar. Aquello siempre se le hacía más duro, y esta vez no iba a ser menos, pero no, Potter no le besó y él dio gracias a Merlín por ello.

Le llevó hacia la cama pero en el último momento cambió de rumbo y le dejó en el sofá, Draco adoptó una posición sumisa ahora que Potter había tomado el control. A ver cómo quería gastarse su dinero, ¿dando o recibiendo? Recostó a Draco sobre el brazo del mueble girándolo para dejarle una buena panorámica de su culo, bien, era de los que daban. Agradecido por haber tomado la poción dilatadora se dio cuenta que el auror no iba a prepararle, no es que muchos lo hicieran pero era mejor cuando así era.

Apretó la mandíbula, en esa posición no tendría que fingir cara de placer, notó la polla de Potter contra su entrada, estaba algo dilatada, pero el moreno no entró de inmediato sino que se dedicó a restregarse contra él. Bueno, si a él le excitaba aquello, él agradecía tener algo más de tiempo para prepararse a recibirlo. Notó como su ano era lentamente abierto con el glande del otro. Lentamente, dejó escapar un jadeo que aunque normalmente era fingido esta vez fue más sincero, un latigazo de excitación le cruzo el cuerpo dejándolo tenso. Notó como una de las grandes y callosas manos se colocaba sobre su cintura y la otra en su hombro. Apretándolo hasta estar enteramente dentro de él.

Después de unos segundos parado dentro de él, empezó a moverse despacio al principio y mucho más rápido después, notaba como su cuerpo era mecido al ritmo que Potter quería y se dejo ir a otro lugar, donde él estaría haciendo esto por puro placer y no por dinero.

El hilo de sus pensamientos fue roto por un tirón de Potter para hacer que lo mirara, estaba claro que no lo quería dejarle olvidar quien estaba dentro de él.

Los ojos del ex-Gryffindor le quemaban, estaba follándoselo sobre el sofá de un burdel cualquiera sin que él pudiera objetar nada, para variar. No sería el primero ni sería el último, pero tristemente se dijo, que hubiera esperado algo más del Niño-que-vivió. Era triste comprobar para lo que había acabado reducido cuando tenía dentro de él al héroe del mundo mágico, nada diferente del resto. Usándolo porque había pagado por él.

Siempre pensaba qué sería de él en el futuro, cuando ya no fuera hermoso, cuando nadie quisiera pagar ni un knut por él.

Bueno, estaba harto de compadecerse de sí mismo, hacia mucho que no lo hacía. Y el estúpido de Potter le había hecho recordar una vida que ya no existía.

Se movió para aumentar el roce de la fricción para el moreno, deseando que acabase y se fuera de una maldita vez. Apretando la mandíbula fuertemente se hecho hacia atrás todo lo que pudo, lo que hizo gemir al otro hasta que ya no pudo más y acabó dentro de él.

Unos instantes después, como a muchos les pasa, salió a toda prisa de él, se subió los pantalones y salió corriendo de aquella habitación arrastrando su sentimiento de culpa y asco.

Bienvenido a mi mundo, Potter, pensó Draco.