Último capítulo, se me hace duro cerrar esta historia, pero como todo tiene que haber un final.

Gracias a todos los que habéis estado siguiéndola, a vuestros comentarios, y a todos los que le habéis dado una oportunidad.

¡Nos vemos en el siguiente fic!


Draco sabía que por nada del mundo hubiera vuelto al Ministerio, pero la razón iba más allá de él, desgraciadamente la situación de una tercera persona, aún más desvalida de lo que él hubiera estado nunca le hizo tomar aquella decisión.

Le había mandado una lechuza a Hermione Weasley, a pesar de todo si ella había sido capaz de solucionar su problema le sería de gran ayuda con Nathan. No era más que piel y huesos aún después de llevar con él varios meses desde que le encontró.

Su pelo y ojos negros eran idénticos a los de su amigo Theodore, la piel pálida se veía demacrada por las malas condiciones en las que lo había encontrado. Pero le recordaba tanto a aquel Theo de 11 años que le rompía el corazón.

Nathan había nacido poco antes de la guerra, recordaba a Theo tan feliz al contarle el nacimiento de su hermano que casi él pudo sentir la alegría que hubiera supuesto tener él también uno. Aunque tiempo después agradecería que eso no hubiera ocurrido.

Su amigo había caído en la batalla, recordaba su cuerpo inerte, él que nunca había tomado bando en aquella estúpida guerra pagaba las consecuencias. Sus padres junto a resto de mortífagos que sobrevivieron fueron a Azkaban, y Draco no pensó nunca más en Nathan.

Hasta aquel día que vio a un pequeño idéntico a su amigo mendiguear por el callejón Nockturn. No hubiera vuelto por allí si no fuera a despedirse de Murphy. Pensaba que se lo debía, pues a pesar de todo, él siempre le trató con respeto y se preocupaba de que ellos estuvieran bien.

La imagen de aquel niño de esquelético cuerpo pero de porte distinguido le dejó helado. Estaba pidiendo a un viejo mago, en cuanto pudo reaccionar salió corriendo hacia ellos. El niño asustado intentó salir corriendo mientras el viejo enojado veía como se hacían añicos sus deseos, deseos que Draco conocía a la perfección.

Persiguió al niño que se hubiera escurrido en la sombras si él no le hubiera bloqueado la escapada. Parecía un animalillo salvaje e indefenso.

—¿Qué quiere?—le enfrentó el pequeño.—Yo no he hecho nada.

—¿Nott?¿Nathan Nott?—dijo trayendo de un rincón de la memoria aquel nombre olvidado.

—No voy a volver a ese sitio—su tono había pasado del reto al pánico.—No voy a volver…

—No sé de que sitio estás hablando—intentó tranquilizarlo Draco—.Yo fui amigo de tu hermano, Theodore.

Los pequeños ojos negros del niño brillaron sorprendidos.

—Yo no tengo hermanos.

—Lo tuviste, él fue conmigo a Hogwarts.—dijo con una sonrisa triste Draco—.Él murió en la guerra.

El niño lo seguía mirando, Theodore nunca tuvo una mirada inocente, era extremadamente inteligente. La criatura frente a él, le recordaba tanto a su amigo, pero éste no confiaba en él. Hacía bien en no hacerlo, pensó casi como un consuelo.

—¿Cuál es ese sitio al que no quieres volver, Nathan?—dijo mientras se aproximaba muy lentamente a él.

Pudo ver los ojos de espanto, el lugar al que hacía mención debía ser realmente malo, no tenía constancia de niños magos vagabundos, por lo que la opción de que ese niño estuviera viviendo en las calles lo debía convertir en un lugar horrible.

—La casa de la señora Pantris—dijo en voz baja Nathan.

—No conozco ese lugar.

—Suerte que tienes—dijo el pequeño con algún tipo de humor oscuro—.Ella no me da de comer, ni mantas, ella…—sus ojos se licuaron, la rabia y el dolor se asomaron a sus pozos oscuros como la noche.

Draco acortó el espacio que restaba entre ellos.

—No vas a volver ahí, Nathan, te lo prometo.

Sintió el pequeño cuerpo del niño abrazarle por la cintura. No sabía todo lo que aquellas palabras escondían, pero sí sabía que estaba sufriendo y que llevaba haciéndolo mucho tiempo y que nadie le había prestado atención.

—No quiero volver… —dijo entre sollozos Nathan.

Cómo fue que el pequeño Nathan confió en él, no lo supo. Tristemente pensó que él no tenía muchas más opciones, lo llevó a la casa en la que se habían acomodado hasta que se fueran de Londres.

Desde aquel momento su prioridad se centró en él, y por ello se encontraba en esos momentos camino del departamento de aurores.

El sudor frío que recorría su espalda era camuflado por su rostro impasible y su pose rígida. Sabía que "él" estaba allí, podía sentir su magia envolviéndolos, aquel toque que hacía meses no sentía.

Aquello estaba por encima de su historia, aquello era por Nathan. Se repetía una y otra vez, notando al pequeño seguirle prácticamente pegado a él. Realmente le consolaba tener su pequeño cuerpo pegado, le infundía todo el valor que sabía perdería de volverle a ver.

Hacía meses que se había retirado de Grimmauld Place junto a su madre.

Una vez fuera de allí fue directo al Gringott, para confirmar que todo era cierto, las cámaras de los Black eran todas suyas. Lo que le daba completa autonomía, con su magia recuperada y una herencia más que suficiente para sostener a varias generaciones, por ello podría empezar una vida nueva con su madre bien lejos de Londres.

En el auge de su ataque a Potter había olvidado lo que él mismo sentía, pues no podía negarse a sí mismo que le amaba. Un amor que nunca había experimentado, pero que le quemaba por dentro, que le hacía sangrar como si estuviera compuesto de pequeñas aristas que rajaban su corazón.

Le amaba, y en la soledad de su habitación se dolía por aquel sentimiento inapropiado y dañino que no era capaz de extirpar.

El dolor que sentía en el pecho se iría con el paso del tiempo, debía de ser así, lo que él sintiera por Potter era algo que debía dejar en el pasado con todo lo que significaba ser un Malfoy.

Y ahí se encontraba en ese día, una versión mejorada de sí mismo, con una misión clara. Su estúpido corazón no marcaría la diferencia, no debía. Esa era le teoría, pero cuando sus ojos hicieron contacto no pudo evitar la ola gigantesca de emociones que le arrasaron. Una fracción de segundo, no más que un pestañeo, y su mundo se veía nuevamente por aquellos ojos verdes. La magia poderosa de Potter le llegó, como siempre incontrolable.

Pero no detuvo su paso, no cayó, siguió hacia su objetivo. Ya se lamería la herida en la intimidad.

Agarrando la pequeña mano de Nathan lo colocó a su altura, podía notar como temblaba. Él era el adulto, el que a pesar de no tener mucho con aquel apellido debía hacerse respetar por aquella criatura.

—Vengo a solicitar la autorización de Nathan Nott para proceder a su adopción.

Finalmente sintió la puerta cerrándose a sus espaldas, Hermione, Nathan, Robards y él mismo en aquella habitación. Agradeció que Potter no se hubiera impuesto en aquella reunión, realmente no había motivo para que el moreno estuviera allí, siempre que uno no pensara que el maldito héroe se impondría como sabía era su costumbre.

Draco expuso sus puntos, eran simples. Nathan solo estaba en custodia de la señora Pantris, aquella bruja era un ser despreciable, pero cada cosa a su momento, una vez que Nathan fuera su hijo, emprendería todas las acciones legales contra aquella mujer para que jamás pudiera tener a ningún niño más a su cargo.

Después de pasar demasiado tiempo según su opinión convenciendo al jefe de aurores sobre su honestidad en la adopción se alegró de haber contado con Hermione, a pesar de su nuevo apellido, su dinero y una posición que podría recuperar, él llevaba la marca de los mortífagos y un pesado pasado a sus espaldas. El apellido Nott, estaba tan maldito como el Malfoy. Él quería darle un futuro a un inocente y Hermione le creía.

—¿Si usted viera a un inocente pagar por crímenes que nunca cometió no querría ayudarle?—le lanzó una astuta Hermione. Él nunca esgrimiría aquel razonamiento, pues no tenía fe en que ellos pudieran ser capaces de ver algo bueno en ellos, sino, Nathan nunca hubiera estado en aquella situación.

Los ojos claros de Robarts lo miraban escrutadores, pero la sombra de la duda y de la compasión se situaron sobre el niño que se pegaba al cuerpo de Draco. Tan pequeño y desvalido, aquello no era una representación. Nathan deseaba permanecer con Draco y Narcisa.

Los tres abandonaron el despacho con la autorización del jefe de aurores, ahora solo debían comenzar los trámites de su adopción, Draco acarició la coronilla de Nathan, que brillaba lleno de emoción.

—Draco—escuchó a su espalda, la felicidad que sentía al mirar a los brillantes ojos negros de Nathan se eclipsó por el escalofrío que le recorrió al sentir su voz grave.

Paralizado tan solo levantó la vista para ver cómo se aproximaba Potter, su corazón latía desbocado, era un estúpido, no había sido capaz de olvidarlo. Añoraba su olor, sus brazos que le cobijaban en la noche, sus parcas palabras …

—Potter—la aspereza de su voz le resultaba dolorosa.

Potter los miraba tanto a él como a Nathan, y con un gesto inconsciente, rodó al niño hasta colocarlo tras de sí.

—¿Nott?—dijo reflexivo el moreno—¿Es hijo de Theodore Nott?

¿Aquello era todo lo que tenía que decirle tras meses y meses sin verse?

—Sí, el hijo secreto que tuvimos Theodore y yo, durante la guerra.—dijo con sorna, pero se arrepintió según lo dijo, pues notó como Nathan se tensaba. Y la reacción que provocó en Potter, los ponía a ambos en peligro, tenía que domar aquel deseo irrefrenable de molestar a Potter, por su bien y por el de su próximamente hijo.

Celos de nuevo, los pudo identificar en Potter, sabía exactamente el color que adquirían sus ojos verdes cuando los celos le barrían completamente. ¿Estaba enamorado de ese estúpido?

La magia de Potter de nuevo descontrolada, en el fondo si todo aquello no fuera por el niño, él comenzaría a disfrutar de poder provocar de aquel modo al moreno. No tendría su corazón, pero aún sentía algo por Draco, algo enfermo y equivocado, pero algo. Draco no quería nada de él, pero saberlo vulnerable aún a ese sentimiento de celos le hacía maquinar planes de venganza.

Pero lo que nunca esperó fue la acción de Nathan, interponiéndose entre ambos.

—Yo soy el hermano de Theodore—dijo como desafiando a Potter—.Y Draco va a ser mi papá.

Aquel apelativo "papá" uno que él ni siquiera había usado en su más tierna infancia le enterneció, la pose del pequeño y delgado niño enfrentando a un nada menos que imponente auror, para más señas el héroe del Mundo Mágico, le arrancó una sonrisa al rubio.

Potter adelantó una mano, lo mataría si trataba de herir a su pequeño y una mano cerca de su varita y otra apretando el hombro de Nathan para colocarlo de nuevo a su espalda quedaron en nada cuando esa mano se convirtió en un saludo.

—Harry Potter—dijo presentándose y sonriendo a Nathan—.Espero que disculpes la confusión y mis modales.

La mano extendida seguía esperando, los oscuros ojos de Nathan le miraron sorprendidos, todo el mundo conocía aquel nombre, pero el niño no lo había asociado a aquella persona. Una muda petición de permiso hizo que Draco asintiera.

Y ambos morenos estrecharon sus manos, aunque su pequeño seguía reticente.

—Nathan Nott—dijo a su vez el niño.

Draco se relajó y apretó el hombro de Nathan de nuevo.

—Debemos irnos ya, Nathan.

—Adiós, Potter—le dijo despidiéndose del auror.

—Adiós—Contestó suavemente este.

—No me esperaba así a El-Salvador-del-Mundo-Mágico—dijo el niño cuando estaban abandonando el pasillo que les conducía a la Oficina de aurores.—La señora Pantris hablaba de él como si fuera un dios. Yo creo que no es una persona muy simpática.

Lo estrechó un poco más hacia sí mismo, cierto era que no era una persona muy simpática, pero a pesar de haber disfrutado molestándolo, no pudo evitar sentir una punzada en su corazón. Potter podía ser mucho más, él había conocido aquella cara de él. Aquella que lo besaba dulcemente, abrazaba mientras Draco leía, aquellos pequeños gestos que había conocido en su convivencia.

—No hace falta ser simpático para ser una buena persona, Nathan—le dijo.

Inconscientemente lanzó una mirada hacia atrás y Potter no había abandonado el pasillo donde habían estado parados, lo miraba con una tímida sonrisa que hizo enrojecer las mejillas de Draco.

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La casa que rentaban los Black se situaba en una zona no mágica cercana a Londres, Harry los había encontrado a través de Hermione, no sin un largo esfuerzo. Ella pensaba que traicionaba la confianza que había depositado en ella Draco. Pero Harry le suplicó, y Harry nunca suplicaba.

—Necesito verle, Hermione, por favor—le dijo Harry—.Tengo que aclarar las cosas con él. Pensé que lo había perdido todo, pero él sigue aquí y no se irá hasta que tenga los papeles del niño. ¿Cuánto tiempo piensas que pasará hasta que se vaya de Londres?

Ella lo miraba ceñuda, pero sabía que su amigo tenía razón.

—Le quiero, Herms—dijo suplicante Harry. Nunca lo había dicho en voz alta, pero era la verdad, y decirlo en voz alta le supo como a desprenderse de un saco cargado de piedras de su espalda.

—Lo sé, Harry—le dijo acariciándole el hombro—.Sólo sé sincero con él, por favor.

—Lo seré—prometió.

Salió de su casa con una dirección, conocía el lugar y se apareció cerca. Era un bonito pueblo, la casa estaba cerca del río y su corazón parecía que se le fuera a salir por la boca.

Llamó al timbre, y le sorprendió comprobar que quien abriera la puerta fuera Nathan.

—Hola—le dijo.

—Hola Nathan, ¿qué tal?—le saludó.

—Bien—.Aquello iba a ser más complicado, no se le daban bien aquel tipo de situaciones.

—Me alegro mucho, quería hablar con Draco, ¿Está en casa?

—Sí—dijo—.Voy a ver si quiere hablar contigo.

Y con esto le cerró la puerta en la cara. No pudo más que sonreír con el descaro del niño, estaba claro que no le había dado una buena impresión.

Al poco volvió a abrirse la puerta, pero esta vez no fue un niño de pelo oscuro sino un hermoso hombre rubio el que estaba al otro lado.

—Potter—dijo este entre saludo y asombro.

—¿Puedo entrar?—Estaba claro que aquella casa no era costumbre dejar entrar a nadie, o quizás esa regla se le aplicara solo a él.

—¿Quién es, cariño?—escuchó a las espaldas de Draco. Era Narcisa, hacía tanto tiempo que no la veía, era sin duda una mujer muy hermosa, pero no había en ella nada que recordara a la antigua Narcisa Malfoy.

—Es Harry Potter—dijo Draco, aún sin dejarle pasar.

—¿Harry?—dijo ella sorprendida, y sacando la cabeza por la puerta, con una amplia sonrisa ella le saludó. Le alegraba tanto que ella se hubiera recuperado.

—Qué gusto verla, Narcisa.

—Vamos, Draco, no seas maleducado, Harry pensará que te han criado unos trolls—dijo ella abriendo completamente la puerta y dejándole pasar.

—Pasa, querido, tomemos un té—y así Harry se adentró en lo que le resultó una casa acogedora, se notaba el cariño que reinaba en aquel hogar. Tan cálido, como frío había quedado el suyo.

No pasó por alto dos pares de ojos, unos plata y otros negros, que le miraban con sospecha. Le hacía gracia aquel pequeño que a duras penas se sostenía sobre unos piernas finas como palillos que se había erigido como protector de un Draco receloso. Menuda compañía hacían aquellos dos, ahora tenía claro que el vínculo que los unía era fuerte, cuando el pequeño de los Nott dijo que Draco sería su "papá" él ya lo consideraba como tal, era obvio. Estaba claro que si quería acercarse al padre también debería ganarse al hijo, y si bien era nulo en la relaciones sociales, con niños era un auténtico fiasco.

Harry siguió a Narcisa hasta una sala que daba al jardín, en Grimmauld Place ella cuidaba del olvidado jardín, este se veía hermoso y lleno de flores.

—Que hermoso jardín—la felicitó a lo que ella sonrió con una sonrisa de niña tímida.

—Gracias, querido.—Ella lo invitó a sentarse y él lo hizo, no pudo evitar mirar hacia Draco que aún lo miraba ceñudo—.Hace mucho tiempo que no te vemos, Harry.

La mujer lo sacó de sus propios pensamientos hacia el rubio.

—Lo lamento, Narcisa, no os he podido visitar antes.

—No te preocupes, lo importante es que ya estás aquí—resolvió contenta.

—Draco, cariño, ofrezcamos un poco del té tan bueno que trajiste el otro día o Harry pensará que somos unos maleducados.

Estaba claro que Draco no quería tenerlo allí, pero tampoco quería molestar a su madre, y la duda por una vez se reflejó en su perfecto rostro.

—Claro madre—le dijo como el buen hijo que sabía que era. Harry hubiera corrido tras de él, necesitaba hablar con el rubio y aunque se alegraba profundamente de la mejoría de Narcisa, era urgente que pudiera hablar con él a solas.

Draco se tomó su tiempo, él pensó que ellos tendrían un elfo doméstico, pero al parecer entre los tres llevaban la casa. El pequeño Nott lo tenía vigilado desde el otro lado de la sala.

—Es una suerte que ya hayas vuelto, Harry—dijo en voz más baja—.Draco esta muy decaído desde que te fuiste a esa horrible misión, menos mal que Nathan apareció en nuestras vidas, él nos llena de alegría—dijo mirando con cariño al niño.

Saber que cabía la posibilidad de que Draco estuviera así por él le llenaba de un nerviosismo que no solía tener nunca. El auror al que no le temblaba el pulso al lanzar una imperdonable le latía el corazón como a una colegiala porque el hombre al que amaba siguiera pensando en él.

–Yo también lo he echado de menos, Narcisa–dijo Harry–.A los dos–añadió tomándole una mano.

En ese momento llegó Draco con la bandeja de té. El ceño fruncido ante la mano de Harry sobre la de su madre no le pasó por alto al moreno.

Gracias al cielo que la matriarca de la familia había recobrado el habla, él no era un gran conversador. Y las aportaciones de Draco eran cuanto menos hoscas y tan solo cuando se le preguntaba directamente.

El niño tampoco le miraba con buenos ojos, pero se lo fue medio ganando cuando comenzó a relatarles, a petición de Narcisa, una de sus últimas misiones; intentó darle toda la emoción de una película de acción muggle sin olvidar cualquier detalle que pudiera arrancarles una sonrisa.

Constató como Draco había contado a su madre que la separación de ambos había sido debida a una de sus misiones. No quiso contradecirle pues su principal objetivo era poder hablar con él a solas. Ponerlo de mentiroso delante de su madre no sería un buen comienzo.

La oportunidad se presentó cuando Draco se levantó a llevarse la bandeja, con su recobrada magia habría podido hacerla desaparecer, no sabía si era por viejas costumbres o por desaparecer un rato. Cuando se levantó, Harry se ofreció a llevar el servicio, Draco se veía contrariado. Pero Harry le esperó avanzando sus manos para que le dejara llevar la bandeja. Éste se la pasó y abrió el camino hacia la cocina.

La casa de una sola planta no era muy grande por lo que llegaron rápidamente. La intención del rubio era volver rápidamente.

–Draco, por favor–le dijo agarrándole por el brazo y haciéndolo volverse.

–¿Vienes a por más?—dijo con hiel en su voz y arrancando su brazo de sus manos—.Ya no hago ese tipo de trabajos, pero si vuelves al Club habrá un montón de chicos encantados de irse contigo.

—Me lo merezco, lo sé—hizo todo acopio por no devolver el insulto, pero había verdad en sus palabras. Él se merecía esa reacción—.Fui un estúpido en no decirte lo que sucedía, en no hablarte de los planes de Hermione.

No había más de un brazo de largo entre ambos pero Harry se aproximó más, los ojos relampagueantes de Draco le hacían frente pero notaba como su cuerpo se intentaba alejar de él.

—Fui un estúpido en no reconocer mis sentimientos hacia ti y un cobarde en no atreverme a confesártelos—su voz era cada vez más baja y cada vez estaba más cerca. No podía dejar de mirar sus labios entreabiertos, a pesar del rechazo con el que le había tratado, deseaba tanto besarlo, poderlo sentir de nuevo.

—¿Poseer a otra persona es el sentimiento del que hablas?—dijo también de un modo quedo Draco—¿Comprarla y utilizarla, y pensar que ofreciéndole la libertad que tanto ansiaba en todos estos años él debería caer rendido de amor a tus pies?

—No, nadie lo esperaría—dijo Harry—.Tampoco esperaba enamorarme de ti, y sucedió.

La expresión de Draco pasó del shock ante sus palabras a la incredulidad.

—¿Por qué debería creerte?—Draco se alejaba.

—¿Por qué no deberías?—Harry daba un paso hacia él.

—¿Por qué no me lo dijiste cuando aún vivía contigo?—seguía retrocediendo.

—Porque no creía que pudieras corresponderme—un nuevo paso, una confesión salida desde lo más profundo de su ser.

—¿Acaso crees que ahora la tienes?—su tono era cada vez más vacilante y con su último paso chocó contra la mesa de la cocina. Estaba a un solo paso de ser " atrapado" por Harry, que irremediablemente lo avanzó.

—¿Podrías amarme?—dijo por último. Podía notar el calor de su cuerpo, sus labios a una sola inclinación. Y la duda de sus ojos.

Por más deseos de besarle que tuviera no volvería a tomar de él nada que no fuera ofrecido voluntariamente. Estaba por retirarse, no iba a hacerle sentir mal por no tener los mismos sentimientos que él.

Pero no bien estaba dando un paso hacia atrás fueron las manos de Draco las que le retuvieron agarrándolo por los brazos. Un simple toque, aquel que llevaba anhelando por meses, el rubio lo encaró y elevándose apenas posó sus labios en los suyos.

Harry no desaprovechó la oportunidad que le estaba dando, saboreo los suaves y finos labios que tanto había besado, que tanto deseaba.

Sus manos acariciaron la espalda de Draco, atrayéndolo más hacia sí mismo, pegados completamente. Rápidamente el beso mutó a algo más necesitado, sentía las ansias que compartían en ese beso.

No solos sus manos se frotaban, sus cuerpos que tan bien habían encajado se frotaban, necesitados, felices de reencontrarse.

—¿Papá?—cortó el silencio de su beso.

Draco se separó rápidamente de Harry, y éste ya le estaba echando en falta, sus manos posesivas no querían retirarse de su cuerpo; él quería hacerlo suyo de nuevo. No entendía la interrupción.

—Nathan—dijo con algo de apuro Draco. Pequeño entrometido, pensó Harry.

—Pero tú lo odias—dijo buscando una explicación.

—Es...es más complicado que esos— dijo apartándose totalmente de Harry para tratar con el pequeño.–Luego hablaremos.

El niño se retiró mirándolos mal, por una vez Harry no era el único sobre el que depositaba su mirada ceñuda.

Al ver que desaparecía por la puerta, recorrió la poca distancia que los separaba y tomó por la cintura a Draco por detrás. Enterrando su cara en el níveo cuello del nuevo Black, reconociendo su olor, era delicioso, era el olor que le había faltado tanto.

El suave jadeo de Draco, le llenaba de felicidad, su piel expuesta era una tentación por lo que desperdigó suaves besos por su cuello.

—¿Sigues odiándome?—le preguntó entre besos.

—Sí—dijo casi ronroneando Draco—.Odio no haberte podido olvidar.

Necesitaba mirarle a los ojos, girándolo entre sus brazos, ¡Qué vacíos habían estado todos esos meses! Sus ojos, llenos de un brillo que no le había visto en todo aquel día, le resultaron más hermosos que nunca, pero la duda le rondaba continuamente.

—¿Tú…?—intentó preguntar Harry.

—No, no podría amarte—aquellas palabras eran las sombras de sus pesadillas, y notó como si fueran puñales clavándose en su corazón. Retirando sus manos del cuerpo de Draco, se dio cuenta de que él no le soltaba. Quizás esta fuera su venganza, dejarle saborear lo que nunca llegaría a tener—.Porque nunca he podido dejar de amarte, aunque lo intenté, Merlín que si lo intenté.

¿Había dejado de respirar? Porque se veía a sí mismo llenando sus pulmones con desesperación, jodida serpiente retorcida, había estado a punto de matarlo con sus palabras, pero era incapaz de reprenderle, ¿le quería?

—Si me dejas nunca volveré a hacer que necesites olvidarme—dijo abrazándolo con fuerza contra sí.

—Más te vale, o te despellejaré vivo—dijo susurrándole al oído.

—Eres único haciendo promesas de amor—le sonrió Harry.

Draco sacó su varita y la dirigió a la puerta de la cocina, cerrándola con magia e insonorizándola. Harry notó como toda su sangre comenzaba a abandonar su cerebro.

—Se me ocurre una buena manera de sellar esa promesa—dijo insinuante Draco mientras le besaba.

—Dios, Sí….—fue lo último que dijo Harry avalanzándose sobre él.

FIN