Era de noche y en Londres llovía, llovía con furia. Y el frío calaba los huesos.
En la habitación, sobre la cama, el único mueble, una mujer desnuda contemplaba el techo. Completamente acostada, cubierta por una delgada sabana blanca, tenia los marrones ojos muy abiertos, en señal de sorpresa, y la boca entreabierta.
Sus manos sostenían las sabanas, a la altura del pecho, como si antes las hubiera sujetado, al sentarse en la cama, y su cabellera, una cabellera roja como el fuego, se esparcían como sangre tras su cabeza, sangre que nunca fue derramada.
Sus piernas estaban semiflextadas y sus rodillas apuntaban a un rincón cubierto de sombras.
Ahí estaba arrodillado un hombre, con solo un pantalón cubriendo su desnudez y con los brazos inertes a los lados, y sus manos tocando el suelo, cerca de su mano derecha estaban los dos pedazos, que antes formaban una varita.
El hombre, miraba absorto, con sus ojos grises, el suelo. Tratando de buscar respuestas, respuestas a las interrogantes que tenia cuando era pequeño, y a las que le escocían el cuerpo en ese momento.
De un momento a otro sus ojos se aguaron y una lagrima solitario cayo, luego le siguieron otras silenciosas.
El hombre se sorprendió, nunca, desde que podía recordar, había llorado.
Cuando, tenia dolor, simplemente se lo tragaba, la furia, la guardaba, la tristeza, la camuflaba. Y cuando tenia que explotar se descargaba por medio de golpes, o maldiciones mal hechas a objetos domésticos.
Había gritado, peleado, lanzado hechizos. Pero nunca desde que entro a Hogwarts, había llorado.
Las lagrimas se hicieron más numerosas, comenzó a sollozar y a convulsionarse.
Aunque quisiera, no hubiera podido parar, las lagrimas bajaban rápidamente por sus mejillas, como si reclamaran que todavía existían.
El Slytherin lloraba, pero no se movía de la misma inerte posición. Lloraba por su pasado, por el presente, y por el futuro.
Lloraba por su padre, el hombre que admiro.
Lloraba por su madre, que parecía odiarlo, y su actitud no cambio.
Lloraba por lo que no había echo, por lo que no haría, por las personas que se hacían llamar sus amigos y lloraba por Ella, que sin quererlo se habían enamorado.
Lloraba, tratando de botar la locura y la desesperación.
La puerta de la habitación se abrió completamente, dejando entrar la luz de las escaleras. Un hombre, un extraño estaba parado en el umbral. Tenia un abrigo largo negro, pantalones negros, y botas para la lluvia. El extraño estaba empapado, y de su pelo, gruesas gotas caían a su cuello.
Miro la cama y se estremeció, la miro con amor y luego, se guio por los sollozos hacia el rincón donde estaba el rubio de ojos platinados.
En cuclillas delante de él, saco del bolsillo del abrigo una navaja y murmuro
-Adiós Draco...... voy a cumplir mi promesa.
Y con un movimiento le arrebato la vida. Draco callo lentamente, mientras sus ojos alcanzaban los del desconocido y recordaba su promesa.
El extraño, se paro, y tiro la navaja a un lado, del hombre al que se le escapaba la vida.
Camino hacia la cama, admiro el cuerpo de la mujer, y le dio un breve beso y cerro sus parpados.
Se fue de la habitación, sin cerrar la puerta y sin mirar atras.
NOTAS DE LA AUTORA:

Solo les dire que la mujer era Ginny. Y que estaba muerta por si no lo notaron
muajajajajajaj

misterio misterio!!

mantenme si quieren......
El extraño no era amigo de Draco, de echo lo odiaba, y la promesa era consigo mismo y Draco
habia sabido la promesa por casualidad

Review?