DISCLAIMER: Todo lo reconocible pertenece a J.K. Rowling, el resto es mío.

AVISO: Este fic participa en el Reto #16: "Los opuestos" del foro Hogwarts a través de los años.

¡Segunda parte! Ron, apártate, que llega Draco, jeje. Ahora veremos a una Hermione más alegre, más liberada. No creáis que he descrito nada especialmente romántico; al fin y al cabo, tocaba el prompt Nacimiento, y no puedo explayarme mucho más con un límite de 1500 palabras. De todas formas, sirve para narrar cómo empezó ese "algo más" entre nuestra pareja favorita.

[Nacimiento/Fallecimiento]


CRUCE DE CAMINOS


Convergencia.

I.

En un año, la vida de Hermione había dado un giro drástico. Se había mudado de la casa que compartía con Ron a un pisito en los suburbios, había vuelto a la soltería, y hasta se había comprado un gato (al que había llamado Crookshanks Segundo, en honor a su anterior gato). También trabajaba más horas, pero estaba mejor posicionada. Además, disfrutaba de un despacho que compartía solo con otra persona.

Aunque esa persona fuera Draco Malfoy.

La verdad era que Malfoy no era tan mal compañero de trabajo, después de todo. Al principio, no entendía qué hacía él allí: tenía dinero, no necesitaba trabajar; pero una sola conversación había bastado para entenderlo. Sucedió a los pocos días del traslado de Hermione.

Venga, dilo ―soltó Malfoy de repente.

Hermione levantó los ojos de los papeles que tenía que redactar y miró a Malfoy con recelo.

¿Qué? ―preguntó.

Él sonrió.

Me has lanzado diez miradas de soslayo en lo que va de mañana. Casi puedo leer tus pensamientos desde aquí; es evidente que quieres decir algo. ―Apoyó los codos sobre la mesa y ladeó la cabeza―. Adelante, dispara.

Hermione se recostó en su silla.

¿Por qué estás aquí?

Por lo mismo que tú, evidentemente ―respondió Malfoy―: necesitaba un cambio de aires. ―Hermione enarcó una ceja―. No me mires así, es verdad. Estaba cansado de vivir sin hacer nada. Es muy fácil dejarse llevar por la comodidad de una vida convencional, pero si no me realizo como persona, ¿de qué sirve? ―Soltó una risa ―. Estoy sonando como un tonto, ¿verdad?

Hermione lo miró con seriedad.

No, tiene sentido ―respondió.

Y lo tenía. Ella entendía lo que era querer crecer como persona, querer escapar de una rutina que asfixiaba. Por eso, habían dejado atrás las rencillas del pasado; ahora solo eran dos personas que trabajaban juntas y que compartían despacho, silencios y miradas furtivas.

II.

Aquel día, Malfoy llegó al despacho con dos cafés. Dejó uno en la esquina de la mesa de Hermione y ocupó su silla. Hermione miró primero el café y luego a Malfoy, pero este ya se había puesto manos a la obra con los informes trimestrales que tenían que entregar antes de que terminara el mes.

Hermione se acercó el vaso humeante a la nariz y aspiró. Cerró los ojos y sonrió; el aroma del café caliente siempre la relajaba. Echó un trago, pero tragó con rapidez y empezó a abanicarse la boca abierta.

―Por cierto, el café está casi hirviendo ―señaló Malfoy.

Hermione lo fulminó con la mirada.

―¿Tú crees? ¡Apenas me he dado cuenta! ―replicó con sarcasmo.

Malfoy intentó parecer compungido, pero tuvo que morderse el labio para no reír. La expresión de contrariedad de Hermione se suavizó y soltó una carcajada.

―¡Guau, sabes reír! ―Malfoy enarcó las cejas, divertido―. Ya pensaba que tener el ceño fruncido era tu estado natural ―se burló.

Hermione volvió a coger el café, pero quitó la tapa y sopló para enfriarlo un poco.

―Venimos a trabajar, no a divertirnos ―dijo.

Malfoy se quedó pensando durante un segundo.

―Es verdad. Y hablando de diversión… La feria empieza en unos días. Me encantaba ir de pequeño, pero…

―¿Los Malfoy os dignabais a aparecer en un sitio tan muggle y poco distinguido? ―preguntó Hermione sin ocultar su ironía.

―Mi madre me llevaba de escondidas ―explicó él―. Bueno, ¿por dónde iba? En fin, que la Feria empieza en unos días, ¿te apetece ir?

Hermione parpadeó.

―¿A la feria? ¿Contigo?

La palabra «cita» flotaba entre ellos.

―Obviamente no ―respondió Malfoy, encogiéndose de hombros―. Tú puedes ir cuando quieras, yo intentaré ir otro día. ¡Merlín nos libre de coincidir! ―Soltó una carcajada―. ¡Claro que conmigo, tonta!

Hermione no supo qué decir. Bajó los ojos a la mesa.

―No sé.

―Bueno, hay tiempo. Ya me dirás algo ―respondió él con una sonrisa.

Hacía tanto tiempo que Hermione no tenía una cita que no sabía qué responder. Malfoy le caía bien: era agradable, inteligente y compartían más cosas de las que ella pensaba. En definitiva, le gustaba Draco Malfoy. Lo que no sabía era de qué modo le gustaba.

O si estaba preparada para lo que implicaba aquella cita.

III.

Las luces de colores, las risas de los niños y los diferentes olores de comida contribuían al éxtasis que embriagaba a Hermione en aquellos momentos. Hacía tanto que no iba a la feria que había olvidado cuánto le gustaba aquello. Casi volvía a sentirse una niña pequeña.

―Toma. ―Draco le tendió un perrito caliente―. ¿En qué piensas? ―preguntó―. Te he visto mirando a la nada hace un momento.

Hermione sonrió.

―¿No te sientes como un niño ahora mismo? Porque yo sí. Y es genial. ―Draco esbozó una sonrisa―. Y en lo mucho que pueden cambiar las cosas de un año para otro.

Se sentaron en un banco y comieron en silencio.

―¿Sigues pensando en Weasley? Los rumores siempre vuelan, y más sobre algo como eso. ―Se encogió de hombros, como disculpándose.

Hermione negó con la cabeza.

―Hace mucho que Ron es agua pasada, pero no sé.

―¿Por qué lo dejasteis? Si se puede saber ―añadió.

―Él quería casarse, formar una familia y pasar los domingos por la tarde en casa. ―Siempre lo mismo, siempre igual―. Yo necesitaba… respirar. Sentir que mi vida era algo más que un anillo de boda y un par de niños pelirrojos. ―Se cubrió la cara con una mano―. Merlín, debo de parecerte muy frívola.

Draco le dio un toque a Hermione en el brazo.

―No digas tonterías, Granger. De hecho, no serías tú si te conformaras con algo tan corriente. No tienen nada de malo querer llegar lejos en la vida. La rutina es la muerte de cualquier relación; Weasley tuvo mala suerte y no lo vio a tiempo. Peor para él ―añadió con una sonrisa.

Hermione lo miró a los ojos. La última persona del mundo con quien hubiera creído coincidir en algo era la única que había sabido poner palabras a sus pensamientos.

―Brindo por eso ―dijo, levantando lo que quedaba de su perrito caliente en alto.

Draco negó con la cabeza.

―¿Desde cuándo se puede brindar con comida? No, no, no, tendremos que ir a algún sitio en condiciones. Uno que sirva bebidas, ya sabes.

Hermione sonrió.

―¿El sábado por la noche en El Caldero Chorreante? ―sugirió.

―Ahora hablamos el mismo idioma.

Unos días más tarde, brindarían por sus reflexiones sobre la vida, por lo buenos que estaban los perritos calientes de la feria y por los nuevos comienzos.

Aquel día marcó el nacimiento de algo nuevo. Y Hermione estaba deseosa por saber qué pasaría después.


Dejo a vuestra imaginación el trabajo que desempeñan Draco y Hermione, pero necesitaba una excusa para ponerlos juntos y esto me iba como anillo al dedo xD Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Me dejáis un review?

MrsDarfoy