N/A. ¡HOLA! Este es un fic de escenas perdidas y spin-offs de mi Dramione Y consumir tu cordura. Aunque supongo que puede ser leído sin conocer dicho fic, no lo recomiendo demasiado, pues la gracia es venir aquí una vez que se ha leído YCTC para saciar la curiosidad de todos los personajes poco explotados y esas escenas que nunca llegaron a detallarse. Aunque si aun así decides intentarlo y leerlo, ¡adelante! No seré yo quien te lo impida :D

Si vienes de YCTC, ¡bienvenido! Espero que disfrutes todo lo posible con este experimento. Y, sobre todo, recuerda: eres libre de proponerme nuevas ideas para futuros capítulos cuando quieras. ¿Algún personaje de cuyo pasado o futuro quieras saber algo? ¿Una escena que no apareció en YCTC? ¿El origen o las consecuencias de cualquier suceso? ¡Este es tu sitio! La caja de comentarios es tuya, ¡explótala a gusto!

Nada más que decir. ¡Nos vemos abajo! Fin de la N/A.


Agradecimientos especiales a LadyChocolateLover por el genialoso título que hace un guiño a los Merodeadores y su "travesura realizada" y a MrsDarfoy por crear la mejor portada del mundo para mí (en serio, mirad esa portada: ¿es o no es genialosa?). Gracias, chicas. Os quiero.


De cómo Theo encontró el amor


Era simplemente inconcebible. ¿Qué se suponía que hacía él allí? ¿Y cómo demonios podía haber pensado en un principio que aquella podría ser una buena idea?

Sentado a la barra en el rincón más discreto que había podido encontrar, en uno de los bares gays más conocidos del Londres mágico, Theodore Nott cerraba con fuerza los ojos y se concentraba en desaparecer. Tal vez, si lo deseaba con la intensidad suficiente, sucedería.

Tenía dieciocho añitos recién cumplidos. Su padre estaba en Azkaban, Voldemort había muerto y Theo se sentía más libre que nunca. Había sido un compendio de todo ello, acompañado de un arranque de valentía poco común en él, lo que le había empujado a plantarse allí en un intento de encontrar… ¿qué? ¿El amor?

Theo bufó por lo bajo y miró de reojo, nervioso. Lo último que querría era encontrarse con alguien conocido. Su sexualidad era un asunto delicado incluso para él mismo: si había decidido probar con una persona de su mismo sexo era solo porque esa era su última carta, y si confirmaba que los chicos le atraían tan poco como las chicas, Theo tendría que asumir que era asexual y que moriría solo.

—Maldita sea —masculló, removiéndose en su taburete. A su alrededor, un montón de hombres se paseaban por el local bajo una luz suave que incitaba a la proximidad. Theo se sentía tan fuera de lugar que comenzaba a plantearse una huida rápida, pero justo cuando estaba calculando a qué velocidad tendría que recorrer la distancia que lo separaba de la puerta para no llamar demasiado la atención, una voz lo sobresaltó:

—Buenas noches. ¿Te apetece tomar algo?

Theo dio un leve brinco y alzó la vista para descubrir que el camarero, un chico de unos veintidós o veintitrés años, se había inclinado hacia él con las manos sobre la barra y una sonrisa fantástica iluminando su cara.

—Hum… —Theo dudó un instante. Después, decidió que ya que estaba allí aprovecharía para tomar cualquier cosa y no haber hecho el viaje en balde—. Una tónica estará bien, gracias.

El camarero, que era algo más alto que Theo y tenía una llamativa e inteligente mirada, chasqueó los dedos, haciendo aparecer al instante un vaso de tubo lleno hasta el borde del líquido casi transparente.

—Gracias —murmuró Theo, cogiéndolo y metiendo la mano en el bolsillo para buscar el dinero. El chico, sin embargo, sacudió la cabeza.

—A esta invita la casa —dijo guiñándole un ojo. Theo enrojeció levemente, viendo cómo el camarero daba media vuelta y se alejaba para atender a otros clientes. Lo siguió con la mirada y se dio cuenta entonces de que al fondo del bar había un chico rubio que le observaba con una media sonrisa.

Theo sintió que se quedaba sin aire. Por un segundo le había parecido ver al mismísimo Draco… Pero no. El chico, aunque tenía un color de pelo muy parecido, era algo menos delgado y de ojos azules.

Al notar que Theo se había fijado en él, el desconocido se levantó de la mesa en la que estaba sentado con un grupo de gente y se acercó a Nott, que rápidamente clavó los ojos en su vaso de tónica retomando su anterior esfuerzo por desaparecer.

—Hola —dijo el rubio al llegar a su lado. Tenía una sonrisa bonita, pensó Theo cuando le echó un vistazo suspicaz de reojo. No tan espléndida como la del camarero, pero muy atractiva de todas formas—. Me llamo Jessie.

—Theo —murmuró Nott con voz algo estrangulada. Sabía lo suficiente sobre ese tipo de cosas como para darse cuenta de que estaba intentando ligar con él, pero ni de lejos lo bastante como para idear una buena respuesta.

El chico sonrió de nuevo y señaló el taburete a su lado.

—¿Está libre?

Theo asintió y él se sentó.

—Estás un poco solo, ¿verdad?

—Supongo que sí, podría interpretarse de esa forma —respondió Theo en voz baja. Seguidamente bebió un sorbo de su vaso, más por hacer algo que porque realmente tuviera sed. Jessie arrastró un poco el taburete para acercarse a él, y Theo se tensó como una vara evitando mirarle.

—Me gustan tus ojos —dijo. Theo parpadeó.

—¿Mis ojos?

Jessie asintió con firmeza. Un poco más atrás, desde la mesa que había abandonado hacía un instante, sus amigos les observaban silbando y haciendo gestos obscenos. Al otro lado de la barra, el joven camarero de antes atendía a un par de jóvenes que acababan de llegar, pero Theo no pudo evitar notar que tampoco él les quitaba ojo de encima.

—Son de un azul muy interesante. Pero seguro que te lo dicen mucho.

Theo sintió que le ardía la cara. No era que le molestaran los cumplidos, pero estaba tan poco acostumbrado a recibirlos que no sabía cómo reaccionar a ellos.

Y eso hacía que la situación se volviera demasiado incómoda.

Miró de nuevo a Jessie con cautela y pensó que, tal y como le había parecido en un principio, era indudablemente guapo. Y a juzgar por su sonrisa llena de determinación, él lo sabía.

Pero no le hizo falta mirar mucho más para confirmar que Jessie no le gustaba.

Genial. Soy asexual. Y ahora, a ver cómo salgo de esta. En buena te has metido, Theodore Nott.

—Yo… sí, bueno. Los heredé de mi madre. Supongo que sí. Es un azul… interesante.

Jessie sonrió, sin duda interpretando erróneamente el nerviosismo de Theo, y se inclinó ligeramente hacia él.

—¿Te apetece bailar? —preguntó con un tono de voz casi delictivo. Theo, que había vuelto a coger su vaso para dar un nuevo trago, estuvo bien cerca de atragantarse.

—¿Qué? —casi graznó, mirando a Jessie con cara de pánico. El chico se rio de una forma encantadora y separó de nuevo sus finos labios para repetir la pregunta, pero se vio interrumpido por una voz alegre y perfectamente modulada.

—Bueno, bueno… ¡Pero si has hecho un amigo! Menos mal, cielo. Empezaba a pensar que morirías del aburrimiento.

Tanto Jessie como Theo se volvieron hacia el frente con idéntico asombro para encontrarse al camarero, apoyado de nuevo en la barra ante ellos y luciendo esa sonrisa increíble que tanto había cohibido a Nott al principio.

Jessie frunció el ceño, mientras que Theo lo miró con una mezcla de pánico y confusión absoluta. El camarero, sin embargo, no se amilanó ni un poco.

—Te agradezco que entretengas a mi chico —dijo a Jessie, cuya boca se abrió ligeramente formando una "o" casi perfecta—. Mira que le dije que hoy saldría tarde de trabajar… pero ni caso me hizo. Insistió hasta la saciedad en quedarse a esperarme. Es particularmente cabezota —añadió, guiñándole un ojo a Theo con diversión. Nott, que entendió de golpe lo que el camarero estaba haciendo, se esforzó al máximo por lucir una expresión más serena y menos sorprendida.

—¿Tu chico? —repitió Jessie, juntando las cejas—. ¿Sois pareja?

El camarero rio.

—Sí, lo sé, parecemos hermanos. Morenos, ojos azules… Nos lo dicen mucho. —Entonces, se volvió hacia Theo con toda la tranquilidad del mundo—. Acabo en diez minutos. Me cambio y nos vamos a casa, ¿vale?

Theo asintió más por inercia que por otra cosa. A su lado, Jessie parecía repentinamente fuera de lugar. Las risas de sus amigos no tardaron en hacerse oír, así que el rubio se metió las manos en los bolsillos del pantalón y se bajó del taburete.

—Bueno, Theo… Ha sido un placer. Ya nos veremos —dijo, mirando de reojo al camarero.

—Lo mismo digo —respondió Theo. El otro chico se despidió de Jessie con una sonrisa desde detrás de la barra y después se fue a atender a otros clientes antes de que a Theo le diera tiempo de intercambiar con él una simple mirada.

Después de eso, Theo se vio obligado a esperar esos diez minutos de los que había hablado el joven. Jessie seguía mirándolo de vez en cuando desde su mesa, y la pantomima se habría venido abajo si hubiera visto a Theo marcharse solo.

Pero finalmente el camarero apareció a su lado con una cazadora muggle de cuero negro y unos vaqueros gastados.

—Listo. ¿Nos vamos? —preguntó, lo suficientemente alto como para que Jessie lo oyera pero no tanto como para llamar demasiado la atención. Theo apuró el resto de tónica y asintió, poniéndose en pie para seguirlo fuera.

Al pasar junto a Jessie, este le sonrió, y Theo le correspondió como mejor pudo.

Una vez en la calle, Theo se encontró a sí mismo siguiendo al camarero unos metros más para alejarse de la puerta del local. Era una noche fría de verano, y el cielo estaba cuajado de brillantes estrellas blancas.

El chico se giró y miró a Theo. Era, efectivamente, un poco más alto que él, pero eso que había pensado antes de que tenía los ojos azules era bastante cuestionable. Ahí, bajo la luz de una farola, aquel podría haber sido cualquier color existente en la galaxia.

—Espero no haberte estropeado un posible ligue —dijo entonces. Tenía las manos en los bolsillos de la cazadora y la cabeza muy levemente inclinada—. Me pareció que necesitabas algo de ayuda para salir del paso… Confío en no haberme equivocado.

Theo sacudió la cabeza.

—No, en absoluto. Realmente estaba en un aprieto. No sabía cómo escabullirme sin ofenderle.

Se hizo el silencio y Theo paseó la mirada por la calle antes de posarla de nuevo sobre el camarero.

—Parecía un buen chico —dijo este, para después seguir con tono jocoso—. ¿No te gustan los rubios?

Por la cabeza de Theo cruzó fugazmente la imagen de Draco Malfoy, y la idea estuvo cerca de hacerle reír.

—Sí que parecía buen chico —respondió, divertido—. Pero yo no… Verás, es… Es la primera vez que yo… que vengo a un sitio como este, y…

Estaba tartamudeando. Como si fuera idiota. Como si trastabillar con las palabras no fuera algo terrible. Así que decidió cerrar con fuerza la boca.

El chico, sin embargo, no se rio, sino que respondió muy serio:

—Yo también.

Theo tardó un par de segundos en darse cuenta de que estaba tomándole el pelo, y cuando lo hizo, se le escapó una risa nerviosa.

Se sentía francamente mal por haber fracasado esa noche en su desesperado intento por descubrir si le gustaban los chicos, pero en ese momento no pensaba demasiado en eso. Miraba al joven camarero, sin poder evitar pensar que realmente tenía unos ojos increíbles. A lo mejor sí que eran azules, solo que era un azul oscuro, como un anochecer, como un mar profundo, con leves dejes de violeta aquí y allá.

Y Theo no estaba muy seguro, pero le parecía que su sonrisa era tal vez la más bonita que había visto nunca.

—Por cierto —dijo entonces el chico, tendiéndole una mano con un brillo especial titilando en su mirada—. Me llamo Tylor.

, pensó Theo. Era una sonrisa verdaderamente estupenda.


N/A. Solo diré que, en mi canon mental, Tylor se financió él solito los estudios como sanador trabajando de camarero en este local gay. Explicado queda xD ¡Un abrazo, y hasta la próxima!

¿Alguna sugerencia más?