Disclaimer: Todos los derechos de Voltron: Legendary Defender pertenecen a Lauren Montgomery y a Joaquim Dos Santos.

Advertencias: AU ǀ Yaoi (Boy's Love) ǀ Contenido heterosexual ǀ Lime ǀ Short!fic ǀ Lenguaje inapropiado ǀ OoC.

Pairing: Klance (Lance x Keith).

N/A:Quiero agradecer a los festejos del día del estudiante que me permitieron actualizar XD


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ǀ Poisoned ǀ

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Keith despertó con el cuerpo adolorido y un dolor de cabeza que le taladraba hasta el alma. ¿Resaca? Obviamente, y justo en el momento en que vio el cuerpo de Lance yacer desnudo a su lado también se le agregó el sentimiento de culpa.

Para su desgracia recordaba lo sucedido la noche anterior con bastante claridad; ver a Pidge y a Shiro bastante cariñosos, ir al bar que parecía de mala muerte, encontrarse con Lance ahí, beber vino con Lance, besarse con Lance, dirigirse al hotel con Lance y terminar follando con el heterosexual de Lance.

Mientras se vestía meditaba acerca de cómo serían las cosas de ahora en adelante. No iba a ser igual, de eso estaba seguro, y comenzaba a temer que su amistad con Lance terminara; quizá el lazo que mantenía con él no era tan fuerte como el que tenía con Shiro pero no por eso dejaba de ser importante. A pesar de las peleas y la supuesta rivalidad que mantenían, apreciaba a Lance McClain como no tenía una idea hasta ese momento. El pensamiento de perderlo le aterraba.

Justo en ese instante el cuerpo de su amigo comenzó a moverse, lo escuchó soltar algunos quejidos para después sentarse en la cama; se desperezó con lentitud, tallándose los ojos y enfocando con dificultad su vista en Keith.

—Hey… —Su voz sonaba adormilada, intentando contener lo que parecía un bostezo.

Keith pasó saliva. ¿Por qué actuaba con tal naturalidad? ¿Cuánto tardaría en ponerse histérico? ¿En qué momento se incorporaría y se pondría a maldecirlo por embaucarlo en esto?

—¿Cómo… estás?

Sin embargo Lance no hizo nada de eso. Únicamente se levantó con cuidado de la cama, apenas pudiendo sostenerse; McClain no estaba para nada acostumbrado a la bebida, los efectos del alcohol debían pasarle una factura mucho más alta que a Kogane.

—Quiero vomitar —expresó Lance, dirigiéndose el baño —, me siento mareado.

Ese hubiera sido un momento perfecto para poder iniciar otra pelea; inconscientemente Keith pensó en decirle algo como «no tienes nada de aguante» mas prefirió abstenerse de hacer cualquier comentario. En su lugar, sin importarle que Lance todavía siguiera desnudo, fue directo a auxiliarle, aunque no pudo hacer nada más allá de darle un par de palmaditas en la espalda como apoyo moral mientras su amigo devolvía el estómago.

Una vez que Lance se sintió un poco mejor, Keith esperó a que también se vistiera para poder marcharse juntos. Optó por una caminata, el aire fresco matutino les haría bien a ambos.

El camino hacia el departamento fue silencioso, algo bastante inusual si se suponía que iba con Lance. Ahora que este ya había solucionado sus problemas estomacales, Keith se preguntaba qué rayos estaría pensando y cuándo se suponía que lo iba a atacar. La respuesta llegó una cuadra antes de que arribaran a su edificio.

—Keith, sobre lo que pasó… —McClain comenzó con inseguridad, de seguro todavía no se había formado un criterio firme —. Yo nunca había hecho algo así.

—No te preocupes, queda entre nosotros. Nadie tiene por qué saberlo.

—Pero a lo que me refiero es que tú… bueno, tú…

—Sí, Lance, yo tengo esos gustos pero el que esto haya pasado no significa que tú seas como yo.

—No me refería a eso, es más bien que estoy confundido.

—Estábamos ebrios, Lance. Fue un error —declaró, tajante.

Hablarlo no iba a llevarlos a ninguna parte en ese momento, menos cuando McClain actuaba de manera tan compasiva en lugar de reclamarle.

—Sí, pero…

—Vamos a hacer como si nada hubiera sucedido, ya te dije que no te preocupes. Ahora solo olvídalo y sigue como siempre, nadie debe siquiera sospecharlo. Es más que nada por tu bien.

Keith tomó su silencio como una afirmación.


2.

Bittersweet.


Al entrar al departamento, Keith reparó de inmediato en la presencia de Pidge y lo primero que notó fue que ella usaba la misma ropa que del día anterior. Por otra parte, para Shiro no pasó desapercibido que llegara junto a Lance ya que fue lo primero que resaltó.

—Nos encontramos en el camino —justificó Keith.

Shiro pareció satisfecho con la respuesta, al menos no hizo más preguntas; en cambio Pidge los miró con incredulidad, alzando una ceja en forma acusatoria.

—¿Ustedes? ¿Juntos? Vamos, ¿acaso el mundo está por acabarse?

—Vivimos en el mismo lugar. —Keith se encogió de hombros.

—No me la creo.

—Pidge… —Shiro intervino llamándole la atención.

—Tú piensas lo mismo.

Lance soltó una risa, una risa que para el gusto de Keith se escuchó demasiado falsa. Pidge era bastante perspicaz, detalles como ese tan solo levantarían más sospechas de las que de por sí ella debía tener. Y el que ella siguiera indagando podría despertar la curiosidad de Shiro lo suficiente como para que él también se uniera al interrogatorio.

Kogane debía pensar rápido si es que quería mantener las apariencias, lo peor del caso es que McClain no era en nada de ayuda.

Antes de que su acompañante sufriera un colapso nervioso, ideó:

—Bueno, tú evidentemente dormiste aquí y no por eso ha ocurrido el apocalipsis.

—No estamos hablando de eso.

—¿Tus padres saben que te quedas aquí?

El sonrojo en el rostro de Pidge le pareció cómico, siempre era divertido descolocar a su amiga con insinuaciones de ese tipo. Aprovechando su tartamudeo y el hecho de que Shiro también se abochornara con ese comentario, comenzó a caminar directo a su habitación; esperaba que Lance hiciera lo mismo y así evitar más cuestionamientos incómodos.

No obstante, apenas dando un par de pasos, se percató de que Lance no imitó su acción. Keith detuvo su andar y giró parte de su cuerpo para poder averiguar qué era lo que sucedía. McClain parecía otro, tan serio y reservado que dudaba que se tratase del mismo tipo que le hacía la vida imposible en ese departamento.

Justo en ese momento volvieron a hacer contacto visual; ninguno apartó la mirada por más incómodo que fuera verse a los ojos de nuevo. Aún y cuando siempre fue el que se tomó más en serio la rivalidad, Lance fue el primero en retirarla para después soltar un suspiro, una sonrisa invadiendo su rostro segundos después. Ese sí era el Lance de casi siempre.

—Díganme, ¿qué están comiendo? No tengo mucha hambre pero se ve rico —dijo McClain con naturalidad.

—Lo dejó hecho Hunk antes de irse —informó Pidge —. Por cierto, Lance, también nos pidió que te recordáramos lo que tú ya sabes. No quiso decirnos de qué se trataba pero al parecer tú sí debes entenderlo. Sé que tarde o temprano me enteraré.

—Claro, claro. Tengo tiempo de comer antes de ir.

Se sentó en su lugar correspondiente, inspeccionó la comida y aunque en otro momento hubiese considerado todo como apetitoso, esa vez optó por solo degustar fruta y a duras penas un vaso de jugo también.

Shiro, después de dar un sorbo a su café, se giró a donde Keith.

—¿Tú no desayunas?

Sin embargo Kogane ya se había marchado.

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Tal como tenía previsto nada fue igual desde ese día.

Lance apenas y lo miraba, Keith suponía que pasaba de él para poder sobrellevar la situación. Fuera de eso era el mismo Lance, solo que un poco menos irritante y pareciera hasta más reflexivo. Hunk, tan perceptivo como solo él era, se dio cuenta de ese cambio, no obstante ni McClain ni Kogane dieron pie para sus averiguaciones.

Pronto las nevadas se retiraron dándole paso al suave calor que anunciaba la primavera, la época de los enamorados, o al menos ahora así la relacionaba Keith al ver a Hunk al lado de su nueva novia y a Shiro y a Pidge un tanto más cercanos que de costumbre.

Todavía dolía, dolía como nunca antes le había dolido algo en la vida. Sus esperanzas se habían vuelto cenizas y se odiaba por inconscientemente por seguir esperando una oportunidad. Y para empeorar todavía más su de por sí existencia de mierda, estaba el asunto de Lance, quien continuaba manteniendo su distancia. Joder, Keith inclusive extrañaba sus bromas idiotas y las peleas absurdas que mantenían; ya daba por hecho que había perdido su amistad.

El ambiente en el departamento era bastante pesado. No era culpa de Hunk ni de Lance ni siquiera de Shiro, Kogane tenía claro que el problema residía en él y si las cosas continuaban de esa manera no iba a tener más remedio que mudarse lejos de sus amigos, lo cual era un problema si tomaba en cuenta que muy apenas podía cubrir los gastos de su parte de la renta.

Ese pensamiento le rondó durante varios días. Keith podía asegurar que sus calificaciones bajarían ese parcial y con algo de mala suerte incluso reprobaría algún examen.

No podía continuar así.

La idea de largarse, de incluso volver con su padre, era tentadora.

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Ya era habitual que Pidge pasara una o dos noches a la semana en su departamento, tanto que de hecho ya había algunas cosas de ella regadas por el lugar; ya fuera su ropa en el cesto, su computadora en la sala, mantequilla de maní en la alacena y sus gafas en distintos lugares cuando escasas veces olvidaba en dónde las había dejado.

Esa noche, cuando ya pasaban de las once, Keith supo que se quedaría a dormir otra vez. No le molestaba su presencia pero muchas veces se vio tentado a llamar a Matt para que este hiciera un escándalo y se la llevara, prohibiéndole de paso que se quedara a dormir bajo el mismo techo que su pareja. Nunca lo hizo, Keith no tenía la voluntad para nada.

Detalles como ese eran los que hacían que Kogane se desconociera a sí mismo. Él siempre había sido otro tipo de persona, una completamente opuesta a la que ahora se había convertido; ya ni siquiera su naturaleza impulsiva lo hacía reaccionar.

Las luces en todo el departamento se apagaron ya entrada la madrugada, era bastante tarde pero Keith no podía conciliar el sueño. Su mente era un caos y comenzaba a trabajar incluso más rápido de lo que lo hacía en horas diurnas. Tal vez leer un poco o escuchar algo de música le ayudaría.

Sin embargo, antes de que pudiera ponerse los audífonos, escuchó un sonido tan suave que de no ser porque tenía tan buen oído habría podido confundir con un suspiro. Keith se sentó en la cama, más alerta que nunca, esperando poder captar algo más. El silencio inundó su habitación hasta que volvió a escucharse otro jadeo unos decibeles más alto que el anterior.

A pesar de que tenía muy en claro de que se trataba de una actitud masoquista, se levantó de la cama y salió de su cuarto. Todo estaba oscuro, apenas y alcanzaba a iluminar la luz del alumbrado público; Keith aprovechó eso para poder moverse sin hacer ruido alguno. Caminó un par de pasos hacia la habitación de Shiro. Pudo confirmar que el ruido venía de ahí.

Era de esperarse, una parte de él por supuesto que lo sabía; la otra, a pesar de lo evidente, se negaba a reconocerlo. De cualquier modo, su mejor amigo tenía una relación bastante estable y era lógico que él y su novia dieran ese paso. Pero una cosa era solo saberlo y otra muy diferente que la prueba de ello le abofeteara la cara de esa descarada manera.

Los suaves gemidos retumbaban en sus oídos. A pesar de la alerta su cuerpo no se movió ni un milímetro, como si le gustara torturarse de esa manera. Keith quiso justificarse con la absurda idea de que eso le serviría para por fin poder apaciguar los sentimientos que todavía albergaba en su interior; era eso o iba a terminar volviéndose loco.

Ocurrió lo segundo.

Llevó sus manos hacia sus orejas, intentando taparlas en un acto inútil. Cerró los ojos con fuerza, trató de imaginarse algo que lograra calmarlo. A su mente llegó la imagen de Shiro, su rostro apacible y su sonrisa reconfortante, para ser remplazada en un santiamén por una escena de él junto a Pidge teniendo relaciones tras la puerta de esa habitación.

Simplemente ya no pudo soportarlo más. Alzó su mano con el firme propósito de golpear la madera, eso sin duda los detendría.

—¡Keith!

El grito entre dientes de Lance detuvo cualquier acción. Keith apenas y se había girado a mirar a su nuevo acompañante cuando se percató de que también lo estaba sosteniendo por el brazo. Mierda, ¿en qué momento llegó Lance? ¿No se había dignado si quiera a dirigirle la mirada en el último tiempo y ahora se acercaba más de la cuenta a interrumpir?

Últimamente era el rey de la mala suerte así que Keith no se sorprendió de que Lance se acercara a él en un momento tan inoportuno. Estúpida Pidge, estúpido Shiro, estúpido Lance y estúpido todo.

—¿Qué se supone qué haces? —preguntó McClain entre susurros.

Kogane no supo qué contestar, la respuesta sería estúpida de cualquier manera. Era mejor omitir detalles.

—No te incumbe. —Se zafó del agarre en un gesto bastante brusco, dejando perplejo al otro.

—Keith… ¡Keith, espera!

Lo escuchó llamarle un par de veces mientras volvía a su habitación; sin importarle nada más, cerró la puerta de su cuarto. Para su fortuna McClain no insistió.

El panorama empeoró aún más: había arruinado la oportunidad de hablar con Lance y arreglar las cosas con él y, por si eso fuera poco, Shiro y Pidge no parecieron escuchar nada del alboroto ya que los sonidos no cesaron.

Se colocó los audífonos.

Sabía que no iba a dormir por el resto de la noche.

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La tensión entre Lance y él aumentó todavía más.

Ahora, aparte de lo que había ocurrido entre ellos, Keith sabía que su amigo ya debía intuir cuál era el problema que lo acongojaba. McClain no parecía ser bastante observador pero Kogane había sido demasiado evidente; cualquiera con dos dedos de frente por lo menos podría formarse una idea.

La entrega de resultados de los últimos exámenes coincidió con su pésimo estado anímico. Tal y como tenía previsto, reprobó no solo una sino dos pruebas. Keith descubrió que podía sentirse más miserable de lo que de por sí ya era.

Habló con ambos profesores y ninguno le dio ninguna esperanza más allá de recuperarse en el siguiente parcial. Eso solo aumentó su ansiedad. Debía sacar notas brillantes si es que pretendía salvar ambas materias.

El día prosiguió con suma lentitud, a Keith se le antojaba eterno. Cuando terminó su última clase salió como alma que lleva el diablo rumbo al estacionamiento. No obstante, debido a que iba tan ensimismado en su propia miseria, en pleno pasillo chocó con una persona, para su desgracia una de las personas que menos quería ver en ese momento.

—Disculpa, Keith, no te vi. —Lance se disculpó, algo inusual en él cuando ambos se topaban.

Por la sorpresa Keith tiró sus exámenes. Antes de poder levantarlos, Lance se le adelantó. Para disgusto de Kogane, los revisó antes de entregarlos.

—Yo reprobé tres este parcial —informó mientras entregaba las hojas.

—Qué mal.

—Lo sé. Ya me amenazaron con que debo subir mis calificaciones en el próximo. En los anteriores también salí algo bajo así que tendré que estudiar hasta morir, ¿sabes lo pesado que será eso?

—Me lo imagino. —No pudo decir nada más allá de eso —. Debo irme, nos vemos.

—Oye.

Iba a ignorarlo mas el agarre de Lance en su brazo se lo impidió. A regañadientes tuvo que volver a dirigirle la mirada; nunca le había parecido tan difícil ver a Lance por tanto tiempo.

—Lo que tengas que decirme puede esperar. Más tarde nos veremos en el departamento. —Keith se justificó.

—Ahí no vamos a hablar y lo sabes. —Lance tenía un excelente punto contra el que no pudo objetar nada —. Estoy cansado de este juego, tenemos que hablar. No voy a arriesgarme a perder el semestre por estúpidos problemas de comunicación.

—Te dije que no era necesario que nos diéramos explicaciones.

—Tratando de evadir el tema solo hemos conseguido salir perjudicados. Mierda, Keith, quiero que todo sea como antes. Incluso Hunk ya ha notado que algo nos traemos.

—¿Le dijiste? —se apresuró a preguntar.

—Créeme que me siento tan mal que sé que lo terminaré haciendo si no aclaramos esto de una vez por todas.

—¿Es una amenaza?

—Tómalo como quieras, idiota. —El ceño de Lance se frunció pero, al contrario de muchas otras veces, ese gesto hizo a Keith sonreír, apenas levantando la comisura de sus labios.

Se sintió un poco como antes.

—Entonces vamos.

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El lugar más alejado de la sociedad que Keith conocía se encontraba a veinte minutos en motocicleta. Debido a que en un par de ocasiones le dio aventones a Shiro, llevaba un casco extra. Apenas Lance tomó asiento y se lo puso, emprendió marcha.

El camino se le hizo más largo de lo acostumbrado debido a que, según palabras de MacClain, conducía como loco e iba demasiado rápido. Lance lo tomó por la cintura para supuestamente no caer.

Demasiado incómodo.

A las afueras de la ciudad había un mirador, uno raramente concurrido debido a que había muchos otros lugares de ocio en la ciudad. Pero para Keith, siempre ajeno a las multitudes, era el lugar perfecto.

Kogane estacionó la motocicleta. Mientras ponía la cadena de seguridad, Lance se acercó al barandal para poder tener una mejor vista.

—Nunca había estado aquí. Es… —Inhaló y exhaló —. Relajante.

—Lo que pasa es que eres de otro tipo de lugares.

Keith también se apoyó en el barandal a unos cuantos metros de McClain. Recorrió con la mirada el paisaje; admirar la ciudad desde la lejanía siempre lograba tranquilizarlo. Hubiese sacado un cigarrillo de no ser porque se encontraba con Lance y este siempre solía quejarse por el humo.

Pasaron unos minutos en silencio. Lance, maravillado; Keith, ansioso. Pronto Kogane decidió terminar con esa atmósfera. Habían ido hasta ahí para hablar, pues eso harían.

—Lance —captó la atención del otro. Sintió la mirada del aludido pero él no despegó la suya del paisaje —, lo de esa noche fue…

—No lo digas —interrumpió —. No lo digas, por favor. Tengo un trauma con esa frase.

—¿Acaso es por la princesa? —Keith preguntó sin pena. En parte curiosidad, en parte ganas de desviar la atención del tema principal.

Lance asintió.

—Fue justo lo que me dijo el día que me terminó.

—¿Te dolió tanto?

—Ni te imaginas. Yo de verdad estaba enamorado.

Keith se hubiera reído de no ser por la atmosfera que los envolvía; tan solo se limitó a negar con la cabeza. Lance alzó una ceja, intrigado.

—¿Por qué haces eso?

—¿Dices «enamorado», Lance? Por favor, no me lo creo.

—¿Por qué no? —desafió, comenzando a irritarse.

—Tú no funcionas así. Tú siempre vas detrás de tetas y culos; ya aparecerá otro par de alguno y te olvidarás de esa princesa tuya. Eres tan simple como eso. —Keith explicó como si de lo más obvio del mundo se tratase

—Hablas como si me conocieras demasiado.

—Lo hago. Además no me gusta que hables de un asunto como ese tan a la ligera.

—¿Acaso porque tú sí estás enamorado?

Keith se quedó callado. Continuó mirando el horizonte, tratando de esa manera no voltear a ver a Lance y poder ocultar el sonrojo que debía tener.

Agradeció que McClain no hiciera algún comentario en los siguientes minutos, eso le dio tiempo para poder asimilar lo que estaba ocurriendo.

Lance volvió a tomar la palabra.

—No eres obvio —le tranquilizó —, pero esa noche en el bar me dijiste que comprendías cómo me sentía y luego pasó eso otro en el departamento. Cuando te vi frente a la habitación de Shiro cuando era obvio que Pidge y él estaban teniendo sexo, esa expresión que tenías… Todos los detalles que consideré irrelevantes comenzaron a cobrar sentido. Lo comprendí. Tú estás enamorado de Shiro.

Kogane soltó una risa seca. Oír esas palabras de la boca de alguien más se sentía extraño, más si esa persona era Lance, el amigo que se autoproclamó su némesis y además el tipo con el que tuvo sexo casual hace un par de meses.

—Deberías usar ese mismo ingenio en tus clases, así no reprobarías —soltó sin pensarlo demasiado.

—¡Viejo, tú también reprobaste!

No pudo mantener mucho tiempo esa sonrisa fingida, pronto le ganó la aflicción y volvió al semblante serio de siempre. Apenas y notó que Lance se acercó a donde él, quedando sus brazos a escasos centímetros.

Keith bservó por el rabillo del ojo el semblante de su amigo, se veía bastante melancólico, quizá más que él mismo. Lance podía llegar a ser bastante empático, cualidad que Kogane desconocía hasta ese momento.

—Sea como sea no importa.

—¿No harás nada? —cuestionó Lance.

—No tendría sentido. Shiro está muy feliz, quiere muchísimo a Pidge. No viene al caso meterme entre ellos.

Lance suspiró con pesar.

—Supongo que tienes razón.

A Keith le dolieron esas palabras. Tal vez le habría gustado escuchar algo como «viejo, ¿de qué hablas? ¡Tienes oportunidad!», aunque eso hubiera sido una mentira.

El silencio volvió a invadirlos, esta vez fue uno que Keith podría calificar como incómodo. De seguro Lance se quedó sin palabras y no sabía de qué forma volver a retomar la conversación.

No pudo soportarlo más. Sacó un cigarrillo y lo encendió en tiempo récord. Luego de la primera calada, volvió a hablar.

—Nos hemos desviado del tema principal.

Lance arrugó la nariz al sentir el hedor a humo. Giró su rostro al lado opuesto del de Keith mientras se acostumbraba al nada sutil olor del tabaco.

—Una cosa tiene que ver con la otra. Tuvimos sexo por sentirnos despechados.

—En efecto —dio otra calada al cigarrillo —. Aunque ambos sabemos que fue producto de la borrachera.

—Ni que lo digas. Ya le tomé asco al vino.

—¿Lo ves? Fue cosa de una vez que no se va a volver a repetir jamás. Digo, yo nunca te he visto como algo más que un amigo y a ti te van las mujeres. Así que aceptemos que fue… —Al darse cuenta que diría la frase tabú para Lance, cambió rápidamente la oración —. Fue un momento de debilidad de ambos.

—Tal vez fue eso, debilidad como tú lo llamas, pero a pesar de que digas esas cosas de que no me ves de esa manera y que a mí me gustan las mujeres, siendo sincero conmigo mismo, debo confesar que fue una de las mejores folladas de mi vida.

—¿Qué? —Keith no pudo ocultar su incredulidad.

—No me mires así, imbécil, mira que me ha costado muchísimo reconocerlo.

¿Y cómo quería que lo mirara? Mierda, ¿le soltaba eso así como así y esperaba que no se alterara? ¡Era un puto caos en ese momento!

Lance, la persona que jamás imaginó que podría tener tendencias bicuriosas, le estaba diciendo que le gustó tener sexo con él. ¿Qué debía pensar acerca de eso? Nunca esperó que algo así podría ocurrir. Entre sus opciones estaban solamente la idea de que Lance le reclamara o que le pidiera de rodillas que guardara el secreto, pero Lance admitiendo que le gustó tirárselo era algo que ni en sus más locos sueños creyó posible.

—¿A dónde quieres llegar? —No pudo con la curiosidad, necesitaba saber si había intenciones ocultas. Estar a la defensiva era natural en Kogane.

—En ese momento me olvidé de todo y solo pensé en ti y en mí.

—El sexo se supone que sea así, idiota.

—Por eso. Lo que quiero decir es que gracias a ti he dejado de pensar en los problemas de mierda que tenía. Y aunque deteste que seas tú, joder, quiero volver a repetirlo.

Eso fue un knockout para Keith. Estaba soñando, eso debía estar pasando, o durante el trayecto en moto tuvieron un accidente y ahora estaba en coma. No obstante, el sabor a tabaco, el viento en su rostro, el calor acumulándose en sus mejillas y la mirada de Lance parecían demasiado reales.

Aquellos ojos color chocolate nunca antes le habían parecido tan profundos, también era la primera vez en la que su sonrisa torcida no le provocaba irritación.

¿Qué mierda sucedía?

—Tú no eres así, Lance —trató de hacerlo entrar en razón.

—Bueno, sí, tienes razón. Antes de febrero no era gay pero ahora creo que lo soy un poco —contestó, tranquilo; Kogane sintió escalofríos —. Tú me hiciste gay, Keith —afirmó con falsa molestia —. Tú siempre tienes que cagarla.

—Serás imbécil.

Continuaron mirándose a los ojos un rato más. Keith todavía algo confundido y Lance más decidido que nunca, al menos eso parecía.

Como era de esperarse, un beso no tardó en llegar.

Fue brusco, rápido. En un momento Keith estaba manteniendo su distancia y al otro ya se encontraba entre los brazos de Lance comiéndole la boca. Los dientes chocaban y sus lenguas no tardaron en exigir la entrada a la boca del otro.

Kogane también reconoció —tarde— que ese encuentro le había fascinado de igual manera.

—¿Es como un premio de consuelo? ¿Una forma de distracción? —Keith preguntó una vez que se hubieron separado.

—Podría decirse. —Lance se encogió de hombros —. Y la ventaja que tenemos es que tú no te pareces en nada a la princesa y yo tampoco tengo nada que ver con Shiro, digo, soy más guapo.

—Déjate de bromas.

—Qué delicado —sonrió, socarrón —. Ambos nos usamos como «premio de consuelo», nos distraeremos el uno con el otro y también descargaremos tensiones y esas cosas.

Keith olvió a apoyar una mano en el barandal y Lance puso la suya encima. No interpretó ese gesto como algo romántico, ni siquiera como camaradería, fue más bien algo parecido a la compasión; no solo a la que McClain sentía hacia él sino también la que Keith sentía por Lance.

—¿Entonces, Keith, solo sexo? —Quiso hacer formal su propuesta.

Keith ignoró a su conciencia la cual gritaba que se arrepentiría después.

Era un verdadero hijo de puta.

—No busco más.

El solitario mirador fue el escenario perfecto para repetir lo sucedido en aquel hotel.

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A Kikico