La Reina y el Titán

Capítulo 1

Compromiso

Los nobles dentro de la ciudad de Sinna se habían reunido a las afueras del palacio, de cuyo balcón principal salía la joven Reina de 20 años, Historia Reiss y a su lado, su futuro esposo.

"Viva la Reina Historia y el Príncipe Zeke"

Gritaban a coro los asistentes a la formalización de aquel compromiso, impuesto por conveniencia entre el difunto rey Rod y la casa real de Mare, hacía muchos años atrás para establecer de manera definitiva la paz entre ambos reinos.

El Príncipe se erguía orgulloso con su traje militar adornado por insignias, y una banda que atravesaba su torso, y que lo distinguía como parte de la familia real de los Mare.

Por su parte, la joven Reina sonreía con cierta melancolía. Era su deber casarse con Zeke, de ese modo aseguraría la paz que tan difícil había sido lograr entre ambas naciones; pero algo le faltaba a ese matrimonio: amor.

De pequeña, su hermana mayor la Princesa Frieda le había enseñado a leer, y ya un poco más grande, antes de que su hermana cayera víctima de aquella terrible enfermedad; Historia comenzó a leer novelas románticas, donde la princesa era rescatada por un valiente príncipe; un apuesto caballero; o incluso aquella donde los enamorados prefirieron morir antes que separarse por el odio de sus familias.

Al terminar de saludar al pueblo que estaba reunido, ambos prometidos volvieron a adentrarse en el palacio, observados por el guardaespaldas personal de la reina, quien intentaba siempre mantener su semblante firme, a pesar de que por dentro sentía su mundo derrumbarse.

El Príncipe tomó la mano derecha de la reina —debo partir, pero volveré el día de nuestra boda, querida Historia —dijo con galantería, besando el dorso de la mano de la monarca.

—Hasta entonces —respondió, asintiendo la cabeza.

—Colt, Galliard; es hora de volver a Mare —dio la media vuelta, no sin antes dirigir una última mirada cálida a su futura esposa —Nos vemos pronto. —Caminó, seguido por sus dos escoltas de confianza.

Observó a su prometido alejarse de ella, y suspiró con tristeza.

—¿Se siente bien, majestad? —preguntó su guardaespaldas.

—Estoy bien, Reiner —respondió ella —a veces... a veces es pesado llevar esta corona puesta.

Se arrodilló ante ella —Maj... Historia —la llamó por su nombre, sin títulos, como ella le había pedido que lo hiciera si no se trataba de algún evento formal, pues prefería ser tratada como una persona normal —si... si ne... si necesitas algo...

Se agachó para quedar a la altura del soldado —puedo contar contigo, lo sé —lo abrazó —Reiner, siempre... siempre me proteges y yo... No sé qué haría si no te tuviera a mi lado.

Al deshacer el abrazo, el soldado tomó la barbilla de la reina —Siempre estaré contigo, y siempre voy a protegerte, Historia, aún si debo hacerlo con mi vida.

—Reiner... —suspiró.

Al tenerla así, tan cerca de él, sin nadie a su alrededor, estuvo tentado en besarla, en dejar a su corazón hablar y actuar. Pero ella era una mujer comprometida y además, había pasos acercándose a ellos, por lo que optó por incorporarse, y ayudarla a hacer lo mismo.


Ya en la noche, Reiner estaba recostado en la habitación que compartía con otro miembro de la guardia real, quienes habían escoltado al Príncipe y sus acompañantes hasta el puerto para que pudieran volver a su reino.

Estaba tan sumergido en sus pensamientos que no notó llegar a su compañero de habitación.

—¡Reiner!

Volteó —Berthold, volvieron. —Se sentó en la orilla de la cama.

El joven de cabello negro se sentó al lado del rubio —¿Otra vez pensando en la reina? —no hizo falta ninguna respuesta por parte de su camarada, pues él más que nadie sabía lo que el soldado sentía por la monarca.

En otra de las habitaciones de los miembros de la guardia real, una joven de cabello negro estaba sentada en el borde de su cama, pensativa; hasta que el sonido de la puerta abriéndose la sacó de sus pensamientos.

—¡Mira, Mikasa! Me escabullí a la cocina y traje pan, papas, y este pedazo de carne, ¿Qué dices? Podemos compartir —dijo la joven de cabellera castaña.

Mikasa observó a su compañera colocar los platillos en el escritorio que había en la habitación de ambas —no gracias, Sasha, no tengo hambre.

—¿No? Bueno, eso de escoltar a los príncipes, no sé tú, pero a mí me abrió el apetito.

Acarició una nueva prenda que lucía en su cuello —come tú —suspiró.

Sasha se percató del nuevo accesorio de su compañera —¿Y esa bufanda? Es nueva, no te la había visto ¿Cuándo la compraste?

Flashback

De aquel barco descendió el Príncipe Zeke, seguido por sus dos guardaespaldas: Galliard, un joven atlético de cabello castaño; y Colt, un joven de cabello rubio un poco más delgado que su compañero.

Y detrás de ellos tres, Eren, medio hermano menor del príncipe; hijo del padre de éste y su nueva esposa, Carla; luego de que la duquesa Diana, madre de Zeke, falleciera a causa de la tuberculosis.

Junto a Eren, también había llegado Armin Arlet, un joven no muy alto de cabello rubio con corte en casco.

En el puerto, aguardaban por los distinguidos visitantes los Sargentos Levi Ackerman y Hanji Zoe, y con ellos los soldados de la guardia personal de la Reina Historia: Jean Kirschtein, Bertholdt Hoover, Sasha Brouse, Marco Bodt, Annie Leondhart, Connie Springer y Mikasa Ackerman.

Caballos fueron entregados al príncipe y sus acompañantes. La mañana era fresca, y la brisa era un poco más fría que de costumbre ese día.

El hermano menor del príncipe se acercó a la joven soldado de cabello azabache, quien había hecho un ademán de frotar sus brazos al sentir una ráfaga fría.

—Toma —dijo el joven de ojos verdes, tomando por sorpresa a la soldado.

Mikasa se quedó sin habla, estática, sólo observando al hermano del príncipe —yo... no es necesario.

Le colocó la bufanda en el cuello, provocando el sonrojo de la soldado —es calientita, ¿Verdad?

—Sí

Fin del Flashback

—Yo... —desvió la mirada, mientras Sasha al no obtener pronta respuesta, comenzó a degustar los alimentos que había traído consigo.


—Pronto será el matrimonio de la Reina —decía el comandante supremo desde su escritorio.

—Si es que lo hace —se cruzó de brazos —he visto viudas en el funeral de sus esposos más alegres que ella.

—Todos sabemos que lo hace por mantener la paz entre Mare y Erdia, Levi —miró hacia su derecha —a veces hay qué hacer sacrificios —volteó a ver su brazo derecho, el cual había perdido hacía cinco años dirigiendo a sus tropas en el frente de batalla.

—Es cierto —respondió el sargento.

—Como sea, hay qué seguir con los preparativos, debemos asegurarnos que todo se lleve a cabo con la mayor seguridad y control.

Después de la reunión con Erwin sobre la logística y organización que habría en la boda por celebrarse, Levi finalmente llegó a su habitación en los cuarteles militares. Se quitó las botas y la camisa, recostándose en su cama.

Escuchó que alguien tocaba la puerta —Entra, cuatro ojos.

Entró —¿Alguien tuvo un día agitado? —dijo entre risas, adentrándose hasta sentarse en el borde de la cama del sargento.

—Lo de siempre.

—¡Pues yo tuve un día muy interesante! ¡Descubrimos en el bosque una huella de pie gigantesca! —decía emocionada —He escuchado esas historias de "Pie Grande" pero... ¡¿Te imaginas que una criatura así viva en nuestros bosques?!

La tomó del brazo, provocando que cayera sobre su torso, apenas alcanzando a apoyarse sobre su otra mano —¿Vas a seguir hablando? ¿O te doy algo más interesante que una criatura mítica y desconocida? —dijo antes de besarla de manera furtiva.

Después del breve instante de sorpresa, Hanji comenzó a corresponder al beso de Levi, como cada noche lo hacían, si es que por cuestiones de alguna encomienda militar no estaban separados.

Se quitó la chaqueta militar, mientras que las manos de Levi exploraban su vientre y sus pechos por debajo de la camisa, la cual no opuso resistencia alguna en que le fuera desabrochada y retirada.

—Desnúdate —pronunció en susurro, mientras él mismo se despojaba de las pocas prendas que aún le quedaban.

Una vez que no había prenda alguna sobre ellos, Levi se acercó a Hanji, besándola nuevamente de manera furtiva, mientras sus manos rodeaban la breve cintura de la también sargento, quien rodeaba el cuello de él con sus brazos, mientras sus bocas se unían en un sensual y pasional juego de labios.

—Levi... —susurró entre un beso y otro. Gimió al sentir las manos del sargento deslizarse por su cintura hacia su lumbago, luego sus glúteos; y cuando sintió sus manos bajar hacia sus muslos, dio un pequeño salto y lo rodeó con sus piernas, facilitando la maniobra del sargento.

Sin soltarla, Levi caminó hasta el escritorio de su alcoba, apoyándola en dicho mueble —Hanji... —pronunció con voz sensual, dirigiendo su boca al cuello de ella para explorarlo, mientras su hombría llenaba por completo a su compañera.

Se sujetó con fuerza al cuello de Levi una vez que lo sintió en su interior, acercándolo con sus piernas a cada embestida del sargento.

—Aguarda —dijo ella.

Embistió —¿Qué sucede?

Sonrió con malicia, hizo su pelvis hacia atrás para deshacer su unión y bajó sus piernas —es mi turno.

Confundido, Levi la siguió hasta la cama, donde ella lo empujó para que quedara recostado boca arriba, y entendió la estrategia de su compañera —Bien, cuatro ojos —un sonido gutural salió de su garganta mientras sus ojos quedaban en blanco por un instante cuando Hanji prosiguió el acto encima de él, volviendo a sentirse dentro de la humedad de ella.

Las sombras en la pared subían y bajaban, tal y como lo hacían los pechos de Hanji al moverse sobre el sargento, quien los sostenía firmemente con sus manos.

—¡Hanji!

—¡Levi!

Dijeron al unísono, y tras un intenso clímax, Hanji se acurrucó al lado de aquel con quien compartía la intimidad noche a noche.


Los preparativos para la boda continuaban, ese día, Historia recibió a un grupo de costureras encargadas de confeccionar el vestido que usaría para su unión con Zeke.

Se miraba en el espejo en aquel vaporoso y lujoso vestido, ciertamente hermoso pero... algo no le convencía.

Volteó hacia la puerta, percatándose de la llegada de su guardaespaldas —¡Reiner! —dijo con alegría —Tú... ¿Qué te parece? No sé...

Se quedó sin habla y tragó saliva, pues si bien, ella lucía hermosa en el vestido, era doloroso saber que no se lo estaban haciendo para casarse con él —es... es un vestido muy bonito, majestad; aunque yo no sé mucho de eso, quizás si le pegunta a Mikasa o Sasha.

—Confío en tu opinión —dijo con una melancólica sonrisa.

—Si me disculpa, la dejaré con las costureras —dijo antes de salir de las habitaciones de la reina.

"Historia... El príncipe Zeke es afortunado por tener una esposa como tú... Si tan sólo fuera posible, te haría mi esposa, viviríamos en una granja lejos de todo, tendríamos muchos hijos... Historia"

—Reiner.

Sacudió la cabeza, percatándose que las costureras se alejaban por el pasillo, y la reina vestía el atuendo de la milicia: camisa y pantalones blancos, botas, y la chaqueta en color beige.

—¿Piensas salir?

Asintió con la cabeza —Sí, así que si no quieres perderme de vista será mejor que te apures y ensilles tu caballo. —Sonrió, y comenzó a correr hacia las caballerizas, siendo seguida por su guardaespaldas.

Tras ensillar los caballos, reina y soldado cabalgaron por los bellos paisajes dentro de la muralla Rose, deteniéndose al lado de un riachuelo cristalino para que los equinos pudieran beber agua.

La reina se recostó sobre el pasto, observando de reojo a su guardaespaldas, quien permanecía de pie y firme junto a ella —¿Por qué tan rígido? No te hará daño si te recuestas un poco, además —fijó su mirada en el firmamento —el atardecer es hermoso.

Sonrió al verla tan feliz y relajada, por lo que se sentó a su lado. Miró hacia el cielo, y después a ella —Hermosa... —tosió para recomponer lo dicho —¡Hermoso, muy hermoso el atardecer!

Se apoyó sobre sus manos para sentarse, observó de reojo a los caballos, y fijó su mirada en el riachuelo frente a ellos.

—Historia... ¿Puedo decirte algo? —dijo de manera tímida.

—Sí, claro, ¿Pasa algo?

La miró fijamente, su cabello relucía con el sol a pesar de que se estaba ocultando, mientras que sus ojos azules conservaban ese brillo que lo habían cautivado —T... Tu vestido de novia... Es lindo pero... No eres tú.

—¿Tú crees? —bajó la cabeza, y su semblante nuevamente se tornó triste —Lo sé, no es de mi total agrado pero... —se encogió de hombros —supuse que es adecuado por el evento.

—No pareces feliz por tu boda —dijo con amargura.

Suspiró —Zeke es... —se encogió de hombros —la realidad es que ni siquiera lo conozco, no conviví con él como lo hizo Frieda, pero... Es amable, correcto... Caballeroso. —Suspiró nuevamente, y volteó a ver a su soldado —Quizás esto no sea tan malo después de todo.

La tomó de la mano —¡No te cases! —se mordió el labio, y haciendo un gran esfuerzo volvió a reprimir sus sentimientos.

—¿Por qué? —preguntó sorprendida —¡¿Por qué, Reiner?! Por favor, dímelo.

Se levantó, dándole la espalda —Lo lamento, pero no puedo seguir protegiéndote.

—¡¿Qué dices?! —corrió para rodearlo, quedando frente a él —¡¿Por qué de repente tu renuncia?! No lo entiendo, Reiner... —una lágrima recorrió su mejilla —No creo poder hacer todo esto si tú no estás ahí apoyándome.

Limpió la lágrima de su reina, mirándola a los ojos —Historia... —no pudo aguantar más, y sus labios se unieron con los de su amada.

Parpadeó en sorpresa, pero no le molestó en lo más mínimo el beso de su soldado; al contrario, sintió su corazón latir como hacía mucho tiempo no lo hacía, sintiéndose viva por primera vez en años.

—No te cases con él —volvió a besarla suavemente —Historia, no puedo verte casándote con otro que no sea yo... —

Correspondió sin dudarlo a los besos de su guardaespaldas —Reiner, si no lo hago... Mare podría declararle la guerra a Erdia... No puedo sacrificar a mi pueblo —ahora ella devolvía el beso.

—¿Y sacrificarás tu propio corazón entonces?

—Reiner...

La besó de nuevo, ahora de manera desesperada —Perdóname, no debería ponerte en esta situación —dijo antes de apartarse de ella.

Historia caminó hacia su caballo, su corazón aún latía frenéticamente. Montó —No quiero que vuelvas a decir que renuncias, ¿Entendido? —dijo entre jadeos, antes de mover las riendas para que el equino avanzara.


La embistió desde atrás una última vez, sosteniendo el firme trasero de aquella joven cuya larga y negra cabellera colgaba alborotada sobre su rostro. Emitió un sonido de su garganta, casi un rugido, esto al liberarse dentro de ella, con quien en secreto compartía su alcoba noche a noche.

Cayó rendido sobre la espalda de su amada, pero aún sin salir de su femineidad —Pieck... —susurró en su oído derecho.

Cansada después de consumar el acto y al sentir sus piernas temblorosas, la joven se terminó de tumbar sobre la cama —Zeke.

Tras unos segundos, el príncipe rodó para quedar recostado junto a ella, quien a su vez se acomodó sobre el pecho masculino.

—Cada vez falta menos para que esto termine —dijo Pieck con cierta melancolía en su voz, pero intentando controlarse.

Recorrió suavemente la cabellera negra de ella, descansando su mano en el hombro de la joven —no pensemos en eso ahora —aclaró su garganta.

—Ya sé que no deseas ese matrimonio —suspiró —pero es tu deber.

—Exacto —dijo con amargura —mi tío, el Rey Krueger arregló este matrimonio para que la paz entre ambos reinos continúe, y esa historia maldita no se vuelva a repetir.

—Sí, la guerra fue muy sangrienta para ambos bandos en el pasado —suspiró, y se abrazó más a él —aún así, admito que me siento celosa.

Tomó la barbilla de ella —Pieck, te juro que si no tuviera qué casarme con Historia, ¡Tú serías mi mujer, y la madre de mis hijos!

Sonrió, y lo besó con dulzura —Lo sé.

A la mañana siguiente, Eren despertó más temprano de lo que usualmente lo hacía para su práctica de esgrima, pues si bien, había mejorado mucho en ese arte, quería pulir su técnica y mejorar en ello.

Pero al salir de su alcoba, el joven pudo observar a la joven que salía de la habitación de su hermano mayor —¡Pieck! —exclamó asombrado.

Volteó, y sonrió con el semblante adormilado que siempre tenía —Buenos días, Eren.

Un incómodo silencio se hizo presente, Pieck no sabía si hablar, o qué inventar para irse de ahí; mientras que Eren no podía creer que los rumores de la servidumbre fueran ciertos.

—Pieck, antes de que... —dijo Zeke al salir de su alcoba, topándose con su amante y su medio hermano en el pasillo. Tras unos segundos de shock, volteó donde ella —te veré después.

Pieck sólo asintió con la cabeza y se alejó de las habitaciones de aquella residencia propiedad del heredero al trono de Mare.

—Eren…

CONTINUARÁ.


"Sitting in our cage

shall we see innocent scarlet?

Wait tomorrow, go today..."

¡Ah no! ¡Cierto! Ya ese ending no sonará, buaaa!

Ok, pues tenía pensado hacer esto un one shot, aunque como está quedando bastante largo, supongo que lo dividiré en dos, máximo tres capítulos para hacerlo más digerible, ¡No más! con "El Principio del Fin" Tengo suficiente para meterme en serios problemas para seguir y terminar ese long fic XD

En efecto, es un universo alterno donde los Mare no son unos HDP que quieren exterminar a la gente de las murallas, no hay amenazas de titanes... ¡Pero...! ¿Podría haber uno que otro por ahí? Ok, el título dice mucho, pero después llegaremos a eso :v

El punto es que después de ver unos hermosos fanarts de Historia y Reiner, tanto humano como en titán, simplemente no pude no escribir algo para mi OTP favorita. Y como ven incluí otras OTP's en la ecuación: LeviHan, EreMika, ZekexPieck.

Un beso y este fic va con dedicatoria al antro shingekero: Bri, Sophie, Valen, Osiris (aunque no dejes review y valgas heno, te quiero XD), Kuraudea, Wendy, Jenn, Mau, Pau, Schala, Nancy, Chocolat, isabel Cordy, Anna... Espero no haber olvidado a nadie, si es así ¡Lo siento! Pero saben que los quiero!

Pronto la continuación a esto y por cierto, preguntas vienen a mi:

¿Historia y Reiner podrán ser felices? ¿Y Zeke y Pieck? ¿Qué hará Eren ahora que descubrió los amoríos de su hermanito? ¿Friendzoneará a Mikasa también aquí? xD ¿Hanji y Levi serán más intensos? XDD

Besos! ¿Reviews?