***LA AVENTURA DE LOS TAMERS***
Prólogo

"Ya ha pasado una semana desde que rescatamos a Jen, y derrotamos al d-reaper. Shaggai, un programa de ordenador, fue quien lo consiguió, pero no hubiese podido ser de no ser por Megagargomon y mi amigo Henry. Bueno, en realidad, no sé mucho qué es lo que mantiene sellado al d-reaper. Lo único que sé, es que sin él, los digimons no pueden seguir en nuestro mundo, se convertirían en algo similar a él, eso fue lo que dijo Tal Wong, el padre de Henry." - pensaba Takato Matsuki, un niño de diez años. En aquel momento, salía del colegio. Decidió tomar el camino que llevaba al parque. Sin pensarlo, su camino le llevó a un lugar: el lugar en que solía jugar con Guilmon y Calumon, y sus amigos humanos. Pero Takato no quería ponerse triste, y prosiguió su camino. Nada más comenzar a hacerlo, vio un bichillo blanco en el aire de reojo. "¿Un digignomo?" - pensó - "¿Y si..." - y sin pensarlo dos veces, se dirigió hacia aquella especie de cueva, que ya he mencionado antes. Lo primero que hizo, fue mirar por el agujero que cavó Guilmon. "¡Increíble!" - se dijo - "Eso es... ¡la puerta por la que llegamos al mundo digital la primera vez! ¡Sigue abierta! ¡Tengo que avisar a los demás!" - sacó su móvil recién estrenado, probablemente, escribiría un mensaje a cada uno de sus amigos. Pero ¿dónde se encontraban?

En aquellos momentos, Henry Wong junto a su hermana Suzie, de escasos siete años, cruzaba el umbral de la puerta de su habitación, y se sentaba, nostálgico, frente a su ordenador. Observaba la carátula de un juego...un juego de digimon.

Hermanito, no estés triste - decía la niña - Terriermon y Lopmon volverán, estoy segura.

No estoy triste - dijo el chico, girándose hacia su hermana - es sólo que le hecho de menos. Parece que fue ayer cuando salió de este juego...cuando estaba herido y le tuve que cuidar.

Yo también hecho de menos a Lopmon-kun, hermanito. Le quiero mucho, pero no pienso desanimarme ¿sabes?

Te he dicho que no estoy triste - mintió el chico, sonriendo a su hermana. En aquel momento, se oyó un "pip, pip" - procedente de su móvil.

Henry, tu móvil.

Ya me di cuenta, Shiuchon. A ver que ocurre: "Hla, henry! Soy takato, ¡la puerta digital ta abierta! Vn rapido cn tu ermana a la ntrada dl parq"

¿Qué? - dijo Henry - ¡Increíble! Vamos, Suzie.

¿A dónde?

¡La puerta al digimundo se ha abierto! ¡Takato lo ha visto!

¡Qué bien! ¿Ves hermano? Te dije que volverían.

¡Sí! ¡Vámonos! - cada uno cogió una chaqueta, para abrigarse, y su d-power, que aún guardaban, y se fueron hacia el parque.

Entre tanto, Rika Nonaka salía su colegio privado, con lo cual debía llevar uniforme. Nada más cruzar la verja, notó una mano en su hombro:

Hola, Rika - dijo, parecía una voz masculina.

Esa voz... - dijo la chica, girándose lentamente - ¡Ryo! ¡Eres tú!

Sí, lo soy.

¿Qué demonios haces aquí?

Bueno, esta mañana llamé a tu casa desde la de mis tíos de aquí y le pregunté a tu abuela donde estaba tu colegio, le dije que era un amigo tuyo, y que iba a ir a buscarte, y ¡aquí estoy! ¿No te alegras?

No precisamente.

¿Ah, no? Me lo imaginaba. Por cierto, te sienta muy bien la faldita esa del colegio.

¿QUÉ? ¡DEJA DE MIRARME!

Tranquilízate, mujer. No se te puede decir nada.

Ay...anda, vámonos de aquí que mis compañeras se van a creer que eres mi novio, o algo así.

Está bien - dijo Ryo, girándose a un gentío de chicas que murmuraban sobre él, y guiñándoles un ojo. Tras aquello, comenzaron a andar.

¿Y tú qué? - preguntó Rika - ¿Acaso no tienes colegio?

Sí, claro, pero voy a volver cuando termine el trimestre. En abril, o así. Aunque podría apuntarme a tu colegio.

Ni en sueños, majo.

¡Era broma! Bueno, ¿qué tal estás?

Bien, ¿y tú?

Muy bien, gracias. Lo único que te echaba de menos.

No me hace ninguna gracia esa bromita tuya.

No era broma.

¿Ah no? Bueno, a decir verdad yo también te echaba de menos.

¿En serio? Vaya, me halagas.

No te lo creas tanto - en aquel momento, sonó el mismo sonido que donde Henry, solo que en esta ocasión el móvil era de Rika.

¡Mensaje! - anunció Ryo.

Ya me he dado cuenta, so plasta. - y comenzó a leer el mensaje. Tras ello, anunció a Ryo.

¡Es de Takato! ¡Dice que la puerta digital por la que entramos la última vez se ha vuelto a abrir de nuevo!

¿En serio? ¡Vayamos!

Sí - y comenzaron a correr en dirección al parque.

Entre tanto, ya en el parque, una chica de cabello castaño se acercaba a Takato, saludándole con una extraña marioneta amarilla.

¡Hola, Takato! Acabo de recibir tu mensaje. ¿Es verdad lo que dices?

¡Hola Jen! - contestó el chico sin poder evitar ponerse rojo - Sí, es cierto. Si quieres, mientras vienen los demás te lo enseño.

Está bien. Enséñamelo, anda - y comenzaron a andar hacia la pequeña cueva donde, en teoría, se encontraba la puerta al mundo digital.

En otro lugar de Shinjuku Oeste, dos chicos se enfrentaban en un duelo de cartas, en una especie de cabaña con forma de roca, en medio de un parque infantil.

¡Te he vuelto a ganar! - exclamó el que tenía cabello castaño.

Como siempre, Kazu - dijo el otro, de pelo verduzco y gafas. Una vez más, volvió a sonar el mismo sonido que las anteriores veces, esta vez, por partida doble.

¡Mensaje! - exclamaron a la vez. Y comenzaron a leerlos. Tras ello, dijeron a la vez:

¡Takato dice que vayamos a la entrada del parque, porque se ha abierto la puerta digital! - se miraron extrañados y volvieron a decir - ¿Es el mismo mensaje? - asintieron - ¡Vamos! - y salieron pitando hacia la entrada del parque.

Volviendo a Takato y Jen, se encontraban sentados en las escaleras que llevaban al lugar del acontecimiento. Tenían una mirada triste. A lo lejos, por la izquierda, se divisaba a Henry y a Shiuchon, y por la derecha, a Rika y a Ryo. Cuando llegaron al lado de sus amigos, Rika dijo:

Hola, chicos, hola Jen. Y bien, Takato ¿vamos al mundo digital?

Me...me temo que no, chicos.

¿Por qué? - preguntó Henry.

Mientras que veníais, le fui a enseñar la puerta a Jen. Le dio tiempo justo de verla, porque se cerró.

Es verdad - dijo Jen.

Entonces... ¿no veremos a nuestros digimons? - preguntó la pequeña Suzie.

No, no lo haremos. - volvió a decir Jen.

Qué pena... - finalizó Ryo. En aquel momento, aparecieron Kazu y Kenta, que con las prisas se tropezaron, y se cayeron el uno encima del otro. Cuando se consiguieron levantar, Kazu dijo:

¡Ya estamos aquí, con lo cual ya podemos irnos!

No va a poder ser, Kazu - dijo Ryo.

¿El entrenador legendario bromea conmigo? ¡Qué bien!

No es ninguna broma, so tonto - dijo Rika, en tono cortante - La puerta se cerró ante los ojos de Takato y Jen.

Entonces ¿nada?

Nada - dijo Takato con tristeza - Siento haberos avisado para nada, chicos.

No te preocupes, Takato. Ya sabemos de sobra que el mundo digital es muy inestable, debía ocurrir - dijo Henry.

Sí, pero...

Nada, Takato. Estate tranquilo - dijo Rika.

Gracias, chicos. De todos modos, prometedme que, si esta puerta se vuelve a abrir, iremos todos juntos. -dijo, alargando su mano.

No me lo perdería por nada - dijo Kenta, poniendo su mano sobre la de Takato.

¿Bromeas? Pues claro que sí - dijo Kazu, imitando el gesto.

Yo también iré ¡necesitaréis alguien experimentado! - dijo Ryo, poniendo su mano sobre la de Kazu, el cual se emocionó.

También necesitaréis que alguien le baje los humos a este - dijo Rika, poniendo su mano sobre la de Ryo.

Yo también iré, por si vuelve a aparecer Leomon - dijo Jen, continuando con el gesto.

Y yo no pienso quedarme aquí de ningún modo - dijo Henry, imitando a sus compañeros.

Donde vaya mi hermano, iré yo - dijo Suzie, finalizando aquella promesa.

Juntos, ¡todos juntos al mundo digital! - exclamó Takato que, con los demás, lanzó su mano al aire.

Entre tanto, en otro lugar de la ciudad, una chica de cabello rubio claro, vestida de negro, y piel extremadamente pálida abría la puerta de su casa. Un hombre un poco gordo, pelirrojo, y de gafas, fue hacia ella:

¡Alice! ¿Dónde has estado? Y... ¿a qué viene esa ropa tan tétrica?

La compré hace poco. Estuve...ayudando a unos amigos.

Así que era eso...creí que te había pasado algo malo, como desapareciste hace unos días...ya iba a llamar a la policía.

No hacía falta que te preocupases tanto, papá. En fin, voy a mi cuarto - y la chica llamada Alice, se internó en su habitación.