La sorpresa

O de cómo James no tenía ni idea de embarazos


Cuando James entró esa tarde en su preciosa casita de Godric's Hollow, el gran peso que llevaba cargando entre sus brazos le obligó a cerrar la puerta de la entrada con una patada.

—¡Ya he llegado, Lily! Te he traído montañas de fresas, naranjas y una sandía, tal y como me pediste. Sigo pensando que es imposible que nos comamos todo esto ni aunque les pidiésemos a Sirius y Peter que nos ayudaran, pero…

James se interrumpió al ver que Lily no le respondía. Frunciendo el ceño, apoyó las bolsas en la mesita del recibidor para sacar su varita y hacer que toda la fruta levitara a la cocina.

—¿Lily? ¿Dónde estás?

Nada. Sin respuesta.

Algo preocupado, James subió las escaleras al piso de arriba, pero Lily no estaba en su habitación. Y entonces, un ruido ahogado procedente del baño le dio la pista que necesitaba para encontrar a su mujer.

Encontró la puerta cerrada, así que llamó un par de veces con esa educación británica que sus padres le habían inculcado.

—¿Lily? —insistió—. ¿Todo bien?

Al no recibir respuesta, James se inclinó ligeramente hacia la madera, escuchando con atención. A sus oídos llegó el inconfundible sonido de una arcada, y James se apresuró a abrir la puerta con todo el cuidado que pudo.

—Oye, Lily, ¿qué te pasa? ¿Estás…?

Pero no le había dado tiempo a entrar en el baño por completo cuando la voz de Lily lo paralizó.

—¡Márchate, James!

—Pero… ¿qué te pasa? —balbució él, parado en la puerta, viendo a su mujer de rodillas en el suelo inclinada sobre el inodoro.

—Vete —repitió ella, enderezándose y limpiándose la boca con papel de baño. Tenía la frente perlada de sudor y le ardía la mirada—. En serio, estoy bien. Esto es bastante patético, no necesito que me veas así.

—No digas tonterías —respondió él, cruzándose de brazos y arrugando la frente—. No me voy a ninguna parte. ¿Estás enferma? ¿Necesitas que te traiga algo?

—No, no, de verdad… Estoy perfectamente.

—Ya lo veo —ironizó él, enarcando una ceja. Lily sacudió la cabeza, colocándose una mano sobre el vientre mientras tiraba de la cadena y se sentaba en el suelo de cara a James.

—Lo digo en serio. Creo que algo que he comido me ha sentado mal, pero eso es todo.

—¿Crees que podrían haber sido las dos cajas de bombones que te comiste anoche? —sugirió él con sarcasmo—. Estás muy rara últimamente. No dejas de atiborrarte de cosas que antes ni siquiera te gustaban, y ahora estás vomitando… Espera, no tendrás un desorden alimenticio, ¿no? —preguntó, abriendo mucho los ojos.

—¡James! —le reprendió ella. Incluso ahí, en el suelo, temblorosa e indefensa, imponía tanto que él se encogió un poco sobre sí mismo—. No juegues con esas cosas, ¿quieres? Y no, claro que no tengo ningún desorden. Solo… no sé, tal vez sí que esté poniéndome enferma.

—¿Seguro que no quieres que te traiga nada? —insistió él, tendiéndole una mano para ayudarla a levantarse—. En serio, no me importa.

—Creía que habías quedado con tus amigos.

—Y lo he hecho, pero lo entenderán si les digo que llegaré tarde. O puedo directamente quedarme aquí contigo para cuidarte, si quieres.

Lily negó con la cabeza y le sonrió.

—No, James, no te preocupes. De verdad que estoy bien. Voy a… lavarme los dientes y hacerme una manzanilla.

Él la miró, aún inseguro, pero ella le revolvió el pelo y le guiñó un ojo antes de girarse hacia el lavabo.

—Anda, márchate ya o llegarás tarde. Y James… gracias.

Él le guiñó un ojo a su reflejo en el espejo con diversión, dio media vuelta y se marchó gritando:

—¡Estaremos donde siempre, ven a buscarme si te encuentras peor!

—¡Sí! —respondió ella, escuchando cómo James cerraba la puerta de la entrada al irse. Mientras cogía su cepillo de dientes, Lily sonrió. Seguía asombrándola lo encantador y solícito que podía ser su marido a veces.

James, por su parte, tuvo que aparecerse para llegar a tiempo a la cafetería donde todos los viernes se reunía con sus amigos. Sin embargo, y para su sorpresa, solo Remus estaba allí.

—Peter ha tenido que quedarse cuidando de su abuela enferma —explicó cuando James se sentó a su lado—. Y Sirius está en casa con resaca.

—¿Tuvisteis fiesta privada anoche? —bromeó James. Remus enarcó una ceja, recostándose contra el respaldo de la silla y removiendo su chocolate caliente con parsimonia.

—Pero, al contrario que él, yo sí sé beber con moderación.

—Pues será ahora, Remus, porque yo te he visto emborracharte en Hogwarts como si no hubiera un mañana y vaciarte a la mañana siguiente dos viales enteritos de poción antiresaca para poder ir a clase… —comentó James con falsa inocencia, haciendo que Remus se sonrojara.

—¿Y por qué venías con tanta prisa? —preguntó, algo desesperado por desviar la conversación. James se encogió de hombros.

—Es Lily. No sé qué le pasa últimamente. Creo que está enferma.

—¿Enferma? —Remus arrugó la nariz, ladeando la cabeza—. Qué raro, no me dijo nada cuando la vi el otro día… ¿Qué le pasa exactamente?

James cogió la carta de bebidas, leyéndola por encima como si no se la supiera ya de memoria.

—No estoy seguro. Tiene antojos extraños. Un día le apetece comer chocolate y devora cajas y cajas de bombones. Luego quiere zumo de naranja y se bebe dos botellas en diez minutos. Primero está contenta y luego se pone a tirar cosas al suelo como una niña pequeña. Sus cambios de humor no son ni medio normales… Y encima, ahora me la acabo de encontrar vomitando. Debe de ser una gripe rara o algo.

Cuando James sintió que Remus no le respondía, alzó la cabeza y se encontró con la expresión atónita de su amigo.

—¿Tú eres tonto? —preguntó Remus sin dar crédito—. Por favor, responde sinceramente.

—¿Por qué?

—¿Que por qué? —Remus se pasó la mano por la cara y se inclinó sobre la mesa hacia James—. No sé mucho de estos temas, Cornamenta, pero lo que me acabas de contar es una descripción bastante exacta de los síntomas de un embarazo.

Se hizo el silencio. Las facciones de James permanecieron inalterables mientras procesaba la noticia. Después, sonrió temblorosamente.

—Anda ya, Remus. ¿Crees que si Lily estuviera embarazada no me lo hubiera dicho?

—A lo mejor no quiere contarte nada hasta no estar segura.

—No puede ser, en serio.

Remus lo miró fijamente de esa forma tan suya, con sobria seriedad, como lo haría un profesor o un padre.

—¿Seguro?

—Pues… no, seguro no, pero… pero… —Todo el aplomo de James desapareció a medida que la idea iba tomando forma en su cabeza. Remus asistió en primera persona a la explosión del pánico y el éxtasis en los ojos de su amigo, que de golpe se levantó empujando la silla hacia atrás—. Tengo que irme —declaró, con las manos temblándole—. Nos vemos luego o algo, yo… tengo que… tengo que…

Sin siquiera acabar lo que iba a decir, James dio media vuelta y echó a correr, desapareciéndose a la vuelta de la esquina y dejando atrás a un perplejo Remus que murmuraba por lo bajo "Es increíble, este chico no se entera de nada…".

James llegó a su casa en tiempo récord, subió las escaleras de tres en tres y casi atropelló a Lily cuando ella se asomó al pasillo por la puerta del baño.

—¡Lily! —gritó—. ¡Tengo algo que preguntarte! ¿Tú estás…?

Pero ella lo silenció cubriéndole la boca con una mano. Tenía una sonrisa extraña, y sus ojos verdes brillaban de una forma especial.

—Espera, James. Antes debo decirte una cosa. Es importante.

—No creo que sea más importante que mi pregunta —aseguró él contra la palma de su mano. Lily sonrió, bajando el brazo, y sacudió la cabeza, provocando que su melena pelirroja distrajera brevemente a James con su hipnótico movimiento.

—Yo sí lo creo —dijo ella—. James… estoy embarazada.

Fueron unos segundos difíciles durante los cuales James se quedó petrificado, sin saber qué hacer ni qué decir. Ante su silencio, Lily retrocedió, nerviosa, y James pudo ver que en el lavabo había una barrita blanca verdaderamente rara y un frasquito con una poción roja.

—No te lo había dicho antes porque… bueno, no estaba segura, y no quería darte falsas ilusiones —explicó ella, retorciéndose los dedos—. Lo he comprobado tanto con el método muggle como mágicamente para que no hubiera ninguna duda, y bueno… el caso es que… ¿James? ¿Estás bien?

¿Bien? ¿Qué clase de absurda reducción de lo increíble que era la vida era eso? ¿Bien? ¡James estaba infinitamente mejor que bien!

Incapaz de contenerse un segundo más, el mago cogió a Lily por la cintura y la hizo girar en el aire, riéndose a carcajadas y besándola apasionadamente en cuanto la posó de nuevo en el suelo.

—Te amo —susurró contra sus labios, con los ojos cerrados y temblores incontrolables sacudiendo su cuerpo—. Te amo, Lily, te amo. Sé que lo digo un montón pero es verdad. Te amo.

—Lo sé, James —rio Lily—. Yo a ti también.

—Vamos a ser padres —siguió James, abriendo los ojos y mirando a Lily con pavor y emoción al mismo tiempo—. Merlín bendito, ¡vamos a tener un bebé! ¿Será niño o niña? Si es niña seguro que será tan guapa como tú y tendré que defenderla de todos los críos que quieran acercarse a ella, y claro, eso no puede ser, porque me odiará por ser sobreprotector y entrometido, y no quiero que mi hija me odie. Pero por otra parte, si es niño, Sirius lo malcriará y hará de él un rebelde sin causa. ¡Puede que se le ocurra subirlo en la moto demasiado pronto! Y si lo hace se caerá y se romperá la cabeza y yo asesinaré a Sirius. ¡No, no puedo hacer eso! Sirius tiene que ser el padrino, y no puedo matar al padrino de mi hijo. ¡Circe, qué complicado es todo! ¿Crees que seré un buen padre? ¿Crees que me dejará enseñarle a volar, sea niño o niña? ¿Le gustará el quidditch? ¿Sabré cuidar de él o ella? ¿Y si yo…?

—James, por el amor de Merlín, ¡calla! —lo interrumpió Lily, soltando una carcajada y besándolo. La incontinencia verbal de su marido cuando se ponía demasiado nervioso era legendaria, pero difícil de sobrellevar—. Serás un padre estupendo, ya lo verás. Y cuando llegue el momento, créeme que sabrás qué hacer.

James asintió, mordiéndose el labio para contener el resto de preguntas que se agolpaban entre sus dientes.

—Lily… si es niño quiero que se llame Harry —murmuró. Lily sonrió, moviendo la cabeza y abrazándolo.

—Como quieras, James. Como tú quieras.

James también sonrió, inclinándose otra vez para besarla.

Siguieron juntos un rato, celebrando entre ellos la increíble noticia, hasta que Lily se apartó mirando a James con fiereza.

—¿Y qué es eso de que Sirius será el padrino?