Aclaración: Pokémon no me pertenece, es de "Satoshi Tajiri y Pokémon Company". Solo me encargo de crear la historia de mi fanfic sin lucros comerciales.

Capítulo 01: "¡Quiero que seas mi compañero!"

Era una tranquila mañana en ciudad Lumiose, la gran capitán de la región de Kalos. En dichas calles pasaban tanto humanos como Pokémon, justo en medio de la multitud, un joven de cabellera rubia que vestía un traje similar a un mecánico de color azul, este iba corriendo a su propio ritmo por la avenida Primavera, el motivo era que llegaba tarde a su universidad luego de haberse desvelado experimentando un nuevo proyecto que revolucionaría a la humanidad.

Ya estando cerca de la entrada de aquel gran instituto, respiro tratando de recuperar el aliento para luego adentrarse, había tenido suerte de haber llegado a tiempo para su primera clase, entrando a su salón indicada, una joven del mismo color de cabello se lanzó enseguida hacia él, dándole un fuerte abrazo.

—¡Buenos días, Clemont! —saludó de manera afectuosa, aumentando su abrazo mientras rozaba su mejilla con la del chico.

—B-buenos días, Korrina —devolvió el saludo con suma dificultad, debido a que se asfixiaba por los brazos de ella—. Esto... ¿Podrías soltarme? N-no puedo respirar.

Al escuchar su petición, Korrina enseguida deshizo el abrazo, dejando que el pobre Clemont respiraba con normalidad.

—Lo siento mucho je, je, je —sonrió apenada, luego lo miró con mucho optimismo—. Menos mal que llegaste a tiempo. Por poco pienso que no llegarías a tiempo para la clase del profesor Sycamore.

—Sí... Menos mal que llegué a tiempo —suspiró agotado, entrando al salón mientras tomaba asiento en su carpeta. Korrina imito la misma acción, sentándose en la parte derecha de su lado.

—Te sientes cansado, ¿verdad? No me digas que acaso te quedaste despierto hasta la noche por uno de tus nuevos inventos —dijo en modo de reclamo. El inventor solo asintió con la cabeza mientras liberaba un largo bostezo—. Sabes Clemont. Deberías dormir más seguido para que puedas llegar puntual a la universidad, y no llegar todo cansado como ahora.

—Tomaré en cuenta tu consejo, Korrina —volvió a bostezar, luego se limpió los ojos y pasó a verla a la cara—. Muchas gracias al preocuparte por mí. Siempre has estado ayudándome desde que ingresé al instituto, y sabes, me siento muy bien con tu compañía.

—No es nada. Sabes que siempre tendrás todo mi apoyo, después de todo, eres alguien especial para mí —se sonrojo levemente. En cambio Clemont que no se había percatado del color rojizo que adornaba el rostro de su compañera, dirigió su vista hacia el reloj que se hallaba arriba del pizarrón.

—Aún falta cinco minutos para que comience la clase —dijo, volteando su vista hacia ella—. Creo que tengo tiempo para estudiar el examen de esta tarde. ¿Quieres estudiar conmigo?

—Ah, claro —le respondió un poco desanimada, tras fracasar en su décima confesión, pero eso no quitaba el hecho de renunciar a sus sentimientos hacia el despistado inventor, al contrario, lo fortalecía cada vez más en seguir intentándolo.

Transcurriendo los cinco minutos faltantes, hizo aparición el profesor Sycamore, que dando su clásico saludo hacia los estudiantes dio inició a la clase.

Luego de cuatro horas aproximadas, la clase concluyó. Pero antes de finalizar, el profesor dio un aviso a todos sus estudiantes.

—Antes de que se retiren. Les dejaré un trabajo grupal, en el cual constituye entre dos personas. El tema que deberán exponer será relacionado con la educación sexual, ustedes tienen la elección de escoger si desean hacer la presentación sobre humanos o Pokémon —los muchachos estuvieron asombrados—. El día para la exposición se realizará la próxima semana. Los espero hasta ese día. Ya pueden retirarse —finalizó con su explicación.

Toda la clase se retiró, algunos con prisa y otros en calma.

Clemont que salía último de la puerta de forma normal, estuvo concentrado, memorizando las lecciones para su examen de la tarde. De repente, sintió la mano de alguien sobre su hombro, volteando enseguida, descubrió que se trataba de su amiga Korrina.

—Ya has pensado en tu compañero para la exposición de la próxima semana —le dijo llena de optimismo como era costumbre en su personalidad.

Clemont reaccionó enseguida sobre el trabajo que solicitó el profesor Sycamore. Entonces se puso a pensar sobre las personas que se unirían para el trabajo grupal, teniendo a dos personas en específico.

—Gracias por el aviso, Korrina. Ahora tengo que darme prisa para encontrarme con Ash o Alain —teniendo eso en mente, Clemont prosiguió a correr en su búsqueda.

—¡Espera Clemont! —alzó la voz, deteniéndolo en el acto.

—¡¿Ah?! ¿Qué sucede, Korrina? —le preguntó extrañado.

—Creo que es un poco tarde para que les pidas esa petición.

—¿Por qué lo dices? —preguntó ahora confuso.

—Es que Ash ha hecho grupo con Serena, y lo mismo ocurre con Alain que hizo equipo con Mairin —explicó, dejando al rubio muy preocupado.

—¡Oh no! Ahora que voy a hacer —Clemont no tenía otra opción para escoger, siempre tenía la confianza de pedirle a ambos de que se unieran a su grupo, porque eran buenos amigos desde que ingresó a la universidad.

Korrina al notar la angustia del inventor, dio pasos tímidos hacia él, comenzando a hablar.

—Esto Clemont. Si... Si tú no tienes un compañero para el trabajo, yo... yo podría... —ella se maldecía por dentro de sentirse nerviosa en esta situación. Clemont por su parte, dejó su preocupación a un lado para enfocarse en su amiga que intentaba decirle algo, pero al verla tartamudear de esa manera, le extraño demasiado y más al notar su comportamiento tan raro e inusual, puesto que ella era una chica muy social con toda la clase.

—¿Te sientes bien, Korrina? ¿Por qué estás temblando? —preguntó con preocupación, creyendo de que estuviera enferma o algo parecido.

Ella solo negó con la cabeza su comentario.

—Estoy bien. Es solo que quería pedirte si tú qui... qui... —sus nervios volvieron a jugarle una mala pasada, pero entonces se armó de mucho valor, respiró hondo, y gritó a todo pulmón lo que quería pedirle—. ¡QUIERO QUE SEAS MI COMPAÑERO!

El grito de la joven se oyó por todo el instituto, siendo escuchado por todos los estudiantes y profesores del plantel, incluso unos Fletchling's que pasaban por esa zona, asustándose de inmediato tras oírlo.

Korrina tenía la cara muy roja además de tener sus manos todas sudorosas, no pudo controlar sus impulsos, y su corazón latía a cada segundo. No pensó que proponerle esa petición le fuera tan difícil, no era que ella fuera a confesarle su amor, pero al estar cerca de él, sentía chispas eléctricas recorrer su cuerpo que la volvían tímida y nerviosa.

"Ahora entiendo más a Serena y a Mairin cuando están junto con Ash y Alain" —se decía mentalmente, ya estando un poco tranquila, alzó un poco su vista hacia Clemont, quien se encontraba algo desorientado.

—¿Compañero, de qué?

Korrina se golpeó mentalmente, no pudo creer que Clemont, el chico más inteligente de toda la clase, no se diera cuenta de su petición. Aunque luego recapacitó, tras recordar sus fallidos intentos de confesarle sus sentimientos, que volvió a explicar de nuevo, pero ahora con más tranquilidad y siendo directa en su opinión.

—Clemont, lo quise decirte. Es que quisiera que fueras mi compañero para el tema de educación sexual que solicitó el profesor Sycamore —le respondió, avergonzada.

—Ah... Con que te referías a eso. Yo no tengo ningún problema en que seas mi compañera, es más, me has salvado de encontrar un compañero. ¡Te lo agradezco mucho, Korrina! —sin pensarlo, la abrazó como agradecimiento.

Korrina que no se esperó aquel gesto en el inventor, sintió tanto nervios como emoción convirtiéndose en una mezcla rara en ella, que inesperadamente fortaleció el abrazo tras unir sus brazos por alrededor de su espalda.

De repente, Clemont deshizo el abrazo algo que Korrina no quería que sucediera, pero al final sucedió. El inventor miró su brazo derecho en donde tenía un reloj, y se quedó unos segundos mirándolo, para luego cambiar su vista hacia la joven.

—Lo lamento, Korrina. Tengo que regresar a mi casa enseguida, hoy me tocaba hacer el almuerzo para mi familia.

—Oh, no te preocupes. Lo entiendo, es algo inesperado ja, ja, ja —agitó sus manos de forma calmada—. Será mejor que te vayas enseguida. Recuerda que Bonnie siempre se enfada contigo cuando llegas tarde, ¿no?

—Gracias por el aviso —antes de partir, la miró de nuevo a los ojos con una sonrisa adornada en su rostro—. Hablamos en la tarde sobre nuestro trabajo, compañera.

Korrina no pudo estar más feliz en su corta vida, esta era la primera vez que el rubio tenía toda su atención para ella sola, algo parecido que sucedía en sus sueños inalcanzables. Miró como el chico se marchaba agitando su mano como despedida, ella imito la misma acción hasta que desapareció. Sonrió en su interior mientras caminaba por el sentido contrario, en ese momento, ella tenía un motivo muy claro.

"Esta es mi gran oportunidad para conquistar a Clemont".

Y caminó hasta su hogar viendo el bello paisaje que hoy transmitía la ciudad.

Continuará...