En menos de un mes, Theodore ya se había puesto cómodo en casa. Había reclamado la espaciosa ala este, con sus techos pintados al fresco y muebles antiguos e invaluables para sí. Lucius había proveído a su hijo adoptado con una más que generosa mesada semanal, así como un extenso conjunto de ropa de diseñador, que rozaba en lo absurdo. Cuando el niño expresó su interés en el Quidditch, Lucius respondió regalándole un par de escobas de carrera de última generación. El chico acompañaba frecuentemente al hombre, cuando iba a visitar a sus conocidos o asociados de negocios. Pronto, el mundo mágico se acostumbró al heredero Malfoy oficial.

Mientras tanto, el verdadero heredero Malfoy continuaba su modesta existencia. Los elfos le habían dicho que tenían un nuevo amo, que vivía en los cuartos hermosos y coloridos que Draco amaba. El amo solo era unos meses mayor que él pero, algún día, tomaría el lugar del hombre alto al que Draco le temía tanto. Esto parecía ser algo bueno para el niño. Se preguntaba si el otro chico algún día consideraría compartir sus juguetes con él, pues el rubio no tenía muchos y ninguno era tan maravilloso como aquellos que había visto cargar a los elfos. Era muy penoso como para preguntar y Dobby le había dicho que se mantuviera alejado del amo Theodore. Draco no entendía por qué, pero sabía lo suficiente como para escuchar al elfo.

Sin embargo, como era de esperarse, un encuentro entre ellos no podía prevenirse. Draco había estado jugando en el jardín de hierbas una mañana cuando alcanzó a ver una escoba zumbando sobre él. Con cuidado, el niño puso sus tres soldados de plomo y miró, fascinado, cómo su nuevo amo aterrizaba con gracia frente a él.

—¡Oye! ¿Quién eres tú?

Draco bajó la mirada y adoptó la postura de Dobby cuando se dirigía a cualquiera de los Malfoy.

—Mi nombre es Draco… amo Theodore. Por favor, discúlpeme si lo molesté.

—¿Vives aquí? —preguntó Theodore, incrédulo.

—Sí, señor, duermo junto a las botellas en la cava. Solo vengo aquí a jugar un rato, pero ahora iré de vuelta adentro.

El niño miró con desprecio a los desaliñados soldados.

—Pero, ¿quién eres? ¿Estás relacionado con mi padre?

Draco negó la cabeza enérgicamente.

—No, señor. No soy un Malfoy. Solo vivo aquí con Dobby y los otros elfos—. Alzó la mirada con orgullo. —Yo ayudo en las tareas.

Theodore estaba intrigado. No había oído que existiera otro niño viviendo en la mansión, y éste se era extremadamente parecido a Lucius y Narcissa. Estaba a punto de continuar sus preguntas cuando la sombra de Lucius Malfoy apareció ante ambos niños.

—Theodore. ¿Qué te he dicho acerca de dirigirte a los inferiores? —Su tono duro sorprendió a los jóvenes.

—Pero, señor, no sabía quién era. Dice que vive aquí. Pensé que podría ser parte de su familia.

Lucius arrugó su aguileña nariz con disgusto.

—Difícilmente. Esto, Theodore, es un repulsivo squib. No se merece tu atención.

Draco se veía destruido y su mirada descendió de nuevo. El odio en la voz de Lucius lo hizo temblar por completo. Sin quererlo, había molestado al amo de nuevo.

—Lo lamento, amo Lucius. No era mi intención molestar —dijo en voz baja.

Theodore miró calculadoramente al niño. Notó la miserable expresión de Draco y la vergüenza en sus ojos, que eran del mismo tono que los de su padre adoptivo. En ese momento, supo por qué había sido aceptado en la familia Malfoy en primer lugar.

El indefenso niño ante él era hijo de Lucius y Narcissa mas no su heredero, y su mera existencia lo hacía muy peligroso. Ahí supo que necesitaba deshacerse de Draco.

Por otro lado, el pequeño rubio se veía como un escarabajo en una pegajosa telaraña. Quería correr hacia Dobby, pero el elfo le había enseñado que no debía ser grosero, en especial con los dueños de la mansión. Así que estaba atorado ahí, sintiéndose muy pequeño e inferior bajo el escrutinio del severo hombre.

Theodore sabía que su siguiente movimiento era decisivo. Imitó la mirada de Lucius y se aproximó al squib tembloroso. Puso si mano en el delgado hombro del otro niño y lo empujó hacia el suelo con crueldad. Draco cayó de rodillas y alzó la mirada hacia su agresor, con el dolor marcando sus facciones. Lucius asintió hacia Theodore, aprobando su acción.

—Exacto, así es como siempre debes lidiar con los que están debajo de nosotros.

Lo dejaron en el suelo, con las lágrimas bajando por sus mejillas. Apenas controlando sus manos, recogió sus soldados y caminó hacia la casa. Supo entonces que su nuevo amo no sería su amigo, y definitivamente no iba a querer compartir ninguno de sus juguetes.

~TBC~


Notas de la autora:

El siguiente capítulo avanzará cuatro años y por fin tendremos a Draco conociendo a Harry. ¿"El niño que vivió" encontrará a Draco digno de su atención? ¿O el pobre Draco continuará solo y sin amigos, a excepción de los elfos domésticos? Manténganse conectados y gracias a los que están comentando.


Notas finales:

Casi me da algo cuando veo sufrir a mi hermoso rubio… *se esconde para llorar a gusto*

Adigium21