N/A. ¡HOLAAA! Sí, ¡ESTOY VIVA! Lo sé, lo sé: desde que acabé "Y consumir tu cordura" he tenido muy olvidado el mundo del Dramione, y hace semanas que no actualizo ni "Cordura consumida" ni "La misma historia de siempre". Pero, solo para que conste, HABÍA UNA RAZÓN: estaba preparando este fic que, como llevo tiempo anunciado por Facebook, es el Dramione long-shot que os había prometido al terminar YCTC.

Aviso importante: tal vez no lo recordéis, pero cuando empecé YCTC os dije que había tenido dos ideas para Dramiones largos. Una, claro, era YCTC. La otra es esta, y tal y como comenté en su debido momento, este fic va dedicado a LadyChocolateLover. ¿Por qué? Pues porque es un amor de niña, porque la quiero con locura, porque se lo merece y porque me está ayudando un montón asegurándose de que no cometa ninguna locura ni cometa un atentado literario contra el mundo de la música. Gracias, Lady.

Aviso importante 2: ¿veis esa imagen tan bonita que acompaña a la historia? Es obra de la fabulosa MrsDarfoy, que hace unos collages sencillamente estupendos, y que me regaló ese hace ya bastante tiempo para esta historia.

Aviso importante 3: este Dramione tiene una estructura similar a otros como Destiny, así que para los que leváis siguiéndome un tiempo no será una sorpresa el formato de "cambios en Hogwarts". Esta vez, espero que funcione mejor de lo que me ha funcionado antes (Lady se encargará de que no lo deje tirado, seguro). Este es un fic sobre el arte en todas sus facetas. Es una historia sobre música, sobre dibujo, sobre teatro, sobre baile, sobre literatura y, especialmente, sobre Draco y Hermione.

Te doy oficialmente la bienvenida a "Si fuéramos aire", querido lector. A partir de aquí, solo depende de ti decidir si merece la pena que te quedes por más. Fin de la N/A.


McGonagall alzó los ojos por encima de sus gafas y clavó una penetrante y aterradoramente seria mirada en Slughorn. Él, sin embargo, no borró la sonrisa bonachona que llevaba un buen rato fija en su rostro, aunque sí trató de buscar apoyo con los ojos entre sus silenciosos compañeros.

—¿Y no crees, Horace, que este es exactamente el tipo de idea que debería discutirse entre todos los profesores antes de ser llevada a la práctica? —preguntó McGonagall. Era un tono peligroso, el mismo que dirigía a los alumnos más traviesos cuando hacían una de las suyas. Cualquier mortal se hubiera echado atrás en ese mismo instante, pero Slughorn se limitó a palmearse suavemente el vientre con nerviosismo.

—Pero, Minerva, piénsalo bien… ¡Es una oportunidad estupenda para los chicos!

—Ciertamente, yo no lo veo nada claro —intervino la profesora Vector con un mohín. McGonagall se volvió hacia ella para escuchar su opinión, pero Flitwick, que se había subido a una pequeña mesa para hacerse notar, carraspeó.

—Pues yo, por extraordinario que resulte, estoy de acuerdo con Horace. Los alumnos han sufrido mucho, Minerva, y tal vez esto les ayude a animarse. Por no hablar, claro, de que facilitará la aparición de nuevas amistades… y amigos es justo lo que van a necesitar este curso.

—Podría ser un auténtico desastre —señaló Babbling, la profesora de Runas Antiguas—. El quidditch ya genera rivalidades suficientes sin necesidad de añadir más problemas…

—¡No habrá problemas de ningún tipo! —insistió Slughorn, que se había desplazado discretamente hacia Flitwick en busca de aliados—. Ya está todo preparado. El Ministro coincidió en facilitarnos todo lo que necesitemos, y está de acuerdo en reestructurar algunos aspectos del sistema educativo para que esto tenga una utilidad más allá de la diversión.

—¿Se puede saber cómo has embaucado a Kingsley? —quiso saber Madame Pomfrey, y Slughorn sonrió soñadoramente.

—Ah, sí… Su sobrino fue alumno mío hace ya muchos años. Un muchacho muy diestro con la elaboración de pociones curativas… Era miembro del Club de las Eminencias, claro, y siempre está dispuesto a hacerme cualquier favor que le pida, así que hablé con él y le sugerí que…

—Sí, sí, otra de tus artimañas —le interrumpió McGonagall, sacudiendo la mano y mirándolo con censura—. Nunca entenderé qué haces con esos pobres chicos para que todos pasen a formar parte de tu red de contactos cuando salen de aquí.

Slughorn sonrió como si Minerva le hubiera dedicado un cumplido, pasando por alto el tono de reproche de la profesora. En ese momento, Hagrid, que estaba en una esquina con sus grandes manos estrujando un pañuelo de tela, dio un paso adelante.

—A mí me gusta la idea, profesora McGonagall. —Cuando todas las miradas se posaron sobre él, Hagrid enrojeció ligeramente, pero su tupida barba lo disimuló por completo—. A los chicos les va a encantar, seguro. Y es verdad que puede ser un auténtico lío, porque tendremos que organizarnos muy bien para que no sea un desastre… Pero creo que ellos se lo merecen. Después de todo lo que han pasado…

—Coincido con Hagrid —sonrió la profesora Sprout, asintiendo con firmeza—. Además, no solo será algo nuevo con lo que entretenerse, sino que relajará las tensiones entre las distintas casas, ampliará los horizontes laborales de los alumnos, les permitirá acercarse más a la cultura muggle y supondrá un cambio de lo más refrescante.

—Y yo me encargaré de todos los detalles —dijo Slughorn, cada vez más feliz al darse cuenta de que la mayoría de los docentes le apoyaban—. Ya he hablado con varios instructores, así que solo me queda conseguir el material y organizar las aulas y los horarios. Únicamente necesito tu firma, Minerva.

McGonagall suspiró y se giró hacia el retrato de Albus Dumbledore, quien asistía a la conversación con una amplia sonrisa en su rostro senil.

—¿Qué opinas tú, Albus?

El antiguo director inclinó la cabeza.

—No soy nadie para decirte cómo hacer tu trabajo, Minerva, pero coincido con Horace. Tal vez este sea el cambio que todos nosotros necesitamos.

La profesora volvió a suspirar y bajó la vista hacia los papeles que Slughorn le había traído. Vaciló un instante antes de mirar al resto de profesores.

—¿A favor de hacer esta… locura? —preguntó. Slughorn alzó la mano rápidamente, ampliando tanto su sonrisa que casi parecía que los labios pudieran estirársele hasta las orejas. Flitwick, Hagrid y Sprout fueron los siguientes en levantar la mano, seguidos de un despistado señor Binns y una entusiasta Hooch. Otros profesores les secundaron, permaneciendo inmóviles y escépticos algunos como Trelawney, Babbling o Vector. La mayoría, sin embargo, apoyó la idea de Horace.

Y así, McGonagall, con su tercer suspiro de resignación, y esperando de corazón estar haciendo lo correcto, firmó los documentos.


Cuando Hermione bajó a la cocina esa mañana, el revuelo que la recibió estuvo a punto de espantarla de nuevo hacia su habitación.

Harry y Ginny hablaban atropelladamente mientras una gran lechuza gris los miraba desde la encimera. A su lado había dos sobres intactos, y Harry y Ginny agitaban otros dos ya abiertos.

—¿Qué pasa? —preguntó Hermione. Se hizo el silencio en la cocina y los dos se volvieron hacia ella.

—¡Han llegado las cartas de Hogwarts! —exclamó Ginny, sonriente. Hermione frunció el ceño. ¿Y por eso tanto jaleo?

—Bueno, ya era hora —dijo, dirigiéndose hacia la lechuza para recoger su propio sobre. La alegraba saber que McGonagall había considerado su petición de permitir que los alumnos que lo desearan pudieran regresar para repetir (y en algunos casos para hacer por primera vez) el curso que se había visto interrumpido por la guerra.

Harry se acercó a ella sacudiendo la cabeza.

—No lo entiendes, hay algo nuevo que…

—¿Por qué gritáis tanto? ¡Solo son las ocho, por el amor de Merlín! —protestó Ron, apareciendo en la cocina con el pelo revuelto y la camiseta del pijama mal puesta. Cuando vio la lechuza, sin embargo, su mueca de disgusto desapareció y todo rastro de somnolencia se fue con ella.

En cuanto Ron cogió su propio sobre, la lechuza dio por concluido su trabajo y emprendió el vuelo, desapareciendo por la ventana.

—¿Qué decías de algo nuevo, Harry? —preguntó Hermione. Él se pasó una mano por el pelo.

—Será mejor que lo veas por ti misma. Vamos, lee la carta.

Hermione enarcó una ceja con escepticismo y bajó la vista, rasgando con cuidado el sobre y extrayendo la habitual misiva firmada por la directora, así como la lista de materiales… solo que, en esta ocasión, un tercer papel aterrizó entre sus dedos.

Con el ceño fruncido, Hermione lo abrió y empezó a leer. Sus ojos se hacían más y más grandes a medida que asimilaba la información, y cuando llegó al final, buscó la mirada de sus amigos.

Ron todavía estaba leyendo su propia carta, mientras que Harry y Ginny la observaban a ella con expectación. Los labios de Hermione se curvaron lentamente en una sonrisa, y para cuando quiso darse cuenta, Ginny y ella saltaban de alegría juntas.

El curso prometía ser sencillamente fantástico.


—Caballo a E5.

Uno de los peones blancos se vio pulverizado bajo el poderío de una coz que el caballo negro le propinó al caer en su casilla. Theo sonrió, victorioso, y alzó la vista, pero Draco ni siquiera parecía haberse dado cuenta. Estaba hundido en el sillón, mirando por la ventana con aire hastiado.

—Vamos, Draco, esto no tiene gracia si no pones ni un poquito de interés.

—Me aburre el ajedrez.

—¿Desde cuándo?

—Desde ahora.

Theo frunció el ceño y abrió la boca para señalar lo inmadura que encontraba semejante afirmación, pero Blaise llegó en ese momento con una radiante sonrisa.

—Por suerte para vosotros, par de cerebritos, he traído algo que tal vez os interese.

Draco se giró para ver los sobres que Blaise les tendía. Tenían el sello de Hogwarts, y los tres llevaban la dirección de Zabini Manor inscrita en la parte de atrás.

—¿Cómo creéis que lo harán para saber que estamos pasando la semana en tu casa? —preguntó Theo, estirándose para coger su sobre. Blaise se encogió de hombros y se sentó en el reposabrazos del sillón de Draco, que resopló antes de abrir el suyo propio.

—¿Eso es lo único que te llama la atención? Lo raro es que nos haya llegado una carta a nosotros.

Theo se detuvo en su lectura para mirar a Draco de reojo.

—No es tan extraño. Leí en El Profeta que Granger había solicitado personalmente que todos los alumnos que lo desearan pudieran regresar. Y por extraño que te pueda parecer, todos nos incluye a nosotros.

—Seguro que a McGonagall le hará muy feliz tenernos de vuelta allí —canturreó Blaise, pero su sonrisilla desapareció de golpe cuando se giró para mirar a sus amigos con repentina preocupación—. Porque vais a ir, ¿verdad?

—Dudo que mi madre me deje muchas más opciones —masculló Draco, dejando caer al suelo la lista de materiales sin demasiado interés—. Se ha empecinado en recuperar la normalidad lo antes posible, como si hubiese algo normal en toda esta mierda o en el hecho de que mi padre se esté pudriendo en Azkaban.

Blaise sonrió ante el tono de Draco y se volvió hacia Theo.

—¿Y tú?

—Claro —respondió él, alzando indolentemente los hombros—. ¿Qué otra cosa voy a hacer? Te recuerdo que mi padre murió en la guerra. Estoy solo. Así al menos tendré algo con lo que entretenerme, y tal vez pueda presentarme a los EXTASIS y obtener una nota lo suficientemente decente como para conseguir un trabajo que me guste.

—¿Vas a trabajar? —preguntó Blaise horrorizado. Theo enarcó una ceja.

—¿Y por qué no iba a hacerlo?

—¿Porque ya eres jodidamente rico, quizás?

—Te lo creas o no, Blaise, hay otros motivos por los que alguien podría querer tener un trabajo. Ya sabes, cosas como sentirte útil y productivo, crecer como persona, conocerte mejor, aprender…

Blaise miró a su amigo con el ceño fruncido en un gesto pensativo, pero acabó sacudiendo la cabeza.

—No, no me convences. ¿Tú qué piensas, Draco? ¿Draco?

Pero Malfoy no les escuchaba. Había encontrado un tercer papel en el sobre, y aunque había empezado echándole un vistazo con absoluto desinterés, pronto su contenido había captado toda su atención.

Intrigados, Theo y Blaise se apresuraron a mirar la carta que Draco leía con tanta intensidad. Los ojos azules de Nott se agrandaron por la sorpresa, pero fue Blaise el primer en hablar, resumiendo en una sola palabra lo que los tres estaban pensando.

—Joder…


N/A. Lo sé, me encanta dejaros con la intriga... ¡Pero ya os he ido dejando muchas pistas! ¿Alguna hipótesis de cuál puede ser la idea de Slughorn?

Ah, sí, la eterna pregunta: ¿cuándo volveré a actualizar? Es posible que regrese al sistema de un capítulo semanal como con YCTC. Sin embargo, y dado que ahora estoy de vacaciones con ciertas complicaciones para acceder a Internet, no prometo nada. Puede que actualice en un par de días, o que me retrase dos semanas. Trataré de ser lo más regular posible (entre otras cosas, porque ya tengo tres capítulos más escritos, y porque Lady me da miedo).

No os preocupéis, lo de las dos semanas es broma. Actualizaré antes seguro, aunque me tenga que ir en bici con el portátil en una mochila en busca de WiFi.

Y bien, ¿qué os ha parecido? ¡Contádmelo en los reviews!

Nos vemos pronto. Un abrazo,

Meri

PD/ Sí, seguiré dividiendo los capítulos en tres escenas, y sí, van a ser un poco más cortos. Pero tranquilos: exceptuando este que es el primero, los demás estarán casi siempre en torno a las 4000 palabras.