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Disclaimer: Los personajes de Magic Knight Rayearth son propiedad de las geniales CLAMP. El resto de los personajes son de mi autoría (con todo y sus fanarts XD). Muchas gracias por leer. Fic hecho sin fines de lucro por fans para fans.

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Uchikake

Yo soy una Guerrera Mágica

Lucy y Marina se dirigían a una cafetería en Chiyoda porque Lulu las había mandado llamar para hablar con ellas. Les había pedido encarecidamente que fueran ya que tenía algo muy importante que tratar con ellas.

Al llegar al café una jovencita vestida de camarera las recibió.

- Bienvenidas a Akiba Zettai, en qué puedo servirles.

- Disculpa, nos quedamos de ver con una amiga, la señorita Lulu Hououji.

La joven revisó su libro y luego con una sonrisa les pidió la siguieran. Las dirigió a uno de los cuartos privados de la cafetería y se paró justo junto a la puerta.

- Douzo. –dijo haciéndose a un lado para que pasaran.

- Gracias.

Las jóvenes entraron y la chica cerró la puerta tras de ellas. Mirando por la ventana se encontraba una chica con una larga cabellera rubia y en cuanto la puerta se cerró, esta volteó y de inmediato hizo una reverencia.

- Gracias por venir –dijo en un japonés en extremo cortes -Antes de poder decir otra cosa, les ruego que me perdonen, fui necia, estúpida y grosera. – Ambas se quedaron de una pieza. Esa no era Lulu.

- Pero… ¿Anais? –Marina veía la puerta y luego a Anais repetidamente. Lulu no estaba por ningún lado. Lucy también estaba paralizada, más confundida aún que Marina.

La joven rubia entonces se arrodillo y poniendo las manos sobre el suelo hizo una reverencia más sería aún. –Le suplico perdonen la forma en que las traté. En especial a ti, Marina. –al levantar la cabeza para mirarlas, ambas pudieron ver lágrimas de sincero arrepentimiento en la cara se su amiga.

- A-anais… yo… -al verla llorar, Marina también sintió que sus ojos se humedecían. –Yo… no… ¡No hace falta que hagas esto! –dijo la peliazul arrojándose al suelo junto a su amiga para quedar al mismo nivel.

- Sí hace falta. Me comporté de la peor forma contigo –esta vez la joven ya no pudo sostener la mirada de Marina y volteó el rostro cerrando los ojos dejando salir más llanto.

- Anais… mírame, no fue tu culpa. –dijo tomándola de los brazos intentando hacer que la mirara de nuevo pero la joven se reusaba –yo entiendo por lo que pasaste. Puedes… puedes pensar que no porque no lo viví en carne propia, pero soy mujer… entiendo que estabas confundida, necesitabas ayuda.

- Y eso es lo que ustedes dos me estaban brindando –dijo mirándola a los ojos –y yo sólo descargue en ambas toda mi rabia con la vida. En especial contigo. Dejaste toda tu vida aquí por seguirme hasta Estados Unidos, perdiste tu trabajo. Y sé que de haber podido tú también lo hubieras hecho. –dijo mirando a Lucy desde el suelo.

- Anais ¡por favor! ¡Sabes que ese empleo no era nada para mí! –le dijo riendo entre lágrimas. ¡Puedo conseguir otro!

- Puedes conseguir un millón, ya lo sé, y un millón dejarías por mí. Y no merecías el trato que te di. Lo siento… -dijo mirándola a los ojos –de verdad lo siento… lo que dije en el hospital, nada ¡Nada de eso era verdad! ¡Sólo estaba molesta con todo el mundo y me descargué contigo! ¡Perdóname por favor! –la joven terminó llorando con la frente recargada en el pecho de su amiga.

- Anais… yo no… tengo nada que perdonar –dijo acariciando el cabello de su amiga.

La pelirroja que hasta ahora había estado paralizada ante la escena salió de su ensimismamiento y se unió a sus amigas en el piso. Abrazó a la rubia por la espalda y le dijo.

- Ni yo. Por mí, nada de lo que hayas dicho existió. Yo sólo he escuchado siempre… lo mucho que nos quieres.

La rubia comenzó a llorar más fuerte y se aferró a Marina con un brazo mientras tomaba la mano Lucy con su mano libre.

- Gracias… -fue todo lo que pudo articular entre sollozos.

En ese a brazo permanecieron hasta que la rubia comenzó a calmarse. Necesitaba sacar todo lo que tuviera dentro y sus amigas estaban ahí para ella. Así la rubia descubrió con gran alegría que no estaba tan miserablemente sola en el mundo como se había sentido por meses. Había más gente apoyándola de la que se había dado cuenta.


Céfiro, hora de la comida…

Paris había invitado a comer a siete de los ministros más importantes de Céfiro, entre hechiceros del Alto Consejo de Magia y políticos de la cámara real, estos últimos acompañados de sus esposas.

Saudra se sentía soñada, como la Reina de Céfiro era su primera comida oficial. Hasta ahora todo habían sido comidas intimas, y muchas veces solitarias pues Paris siempre tenía algo que hacer como soberano y casi nunca llegaba a comer sino hasta más tarde.

Pero hoy no sólo estaría su marido, sino gente muy importante.

Para ella todo fueron alabanzas y besamanos al llegar. Había sido el centro de las miradas y la atención como tanto le gustaba. Pero ahora, en el momento que degustaban los alimentos ella seguía siendo el centro de atención, sin embargo no de la forma en la que lo habría soñado, pero ella no se daba cuenta.

La comida había comenzado bien, pero… cinco minutos más tarde, los modales de Saudra comenzaban a llamar demasiado la atención.

Giraba la cuchara tres veces antes de pasar bocado… cada vez. Las mujeres hacían el hecho notable a sus maridos mediante las miradas, y los hechiceros se miraban entre sí sin comprender. En otras circunstancias Paris estaría muerto de la vergüenza, pero al contrario, su majestad comía con tranquilidad ignorando a Saudra como si no se diera cuenta de lo que hacía.

Tenía un par de días construyendo una relación de confianza con su mujer y aunque aún no la tocaba sí que la hacía sentir la princesa del cuento y esta no sospechaba del abrupto cambio de París, envanecida en su posición y el trato preferencial que recibía del rey de Céfiro.

Y todo, absolutamente todos sus movimientos incluida esta comida oficial, eran obra de los consejos, mejor dicho el plan de sus amigas las guerreras mágicas.

Aun le debían una amplia explicación sobre Anais, sólo sabía que existía la posibilidad de recuperarla y con eso le había bastado.

Fueron ese par de pillas quienes le contaron de su plan para lograr un divorcio legal, y le hablaron de los síntomas de enfermedad mental que presentaba Saudra. El muy tonto ni los había notado porque las pocas veces que comió con ella, tenía fija su atención en el plato para evadir de su realidad a Saudra en la medida de lo posible.

Pero ahora él mismo lo comprobaba, aunque se hacía el loco.

Una de las mujeres de un ministro no resistió su curiosidad y pregunto.

- ¿Está algo mal con su cuchara su alteza?

Saudra no respondió y continuó su ritual de girar tres veces el utensilio.

- ¿Majestad?

- Amor mío, la Dama Miriel te ha hecho una pregunta.

Saudra salió de su ensimismamiento - ¿Eh? ¿A mí? Perdón. ¿Me decía?

- Me preguntaba si había algo malo con su cuchara.

- ¡Eh! Oh no para nada.

- Es que… veo que la gira mucho. Quizá tiene una abolladura o una muesca que la lastima.

- Mi dama Miriel, esto es el Gran Castillo de Céfiro, no es la casa de cualquier ministro común –dijo con una sonrisa de suficiencia –nada en este castillo tiene defectos, ni siquiera una pequeña cuchara.

Todo mundo reprimió cualquier comentario, esa había sido una clara falta de respeto al protocolo y al ministro y su mujer, y definitivamente a nadie le pareció correcto viniendo de la Reina de Céfiro.

El orgullo y la soberbia de esta joven le habían ganado y sintiéndose ofendida por la crítica de su comportamiento se sintió en el derecho de poner en su lugar a esta venida a más.

Y Paris claro que no había hecho nada por corregir a su mujer, al contrario cuando esta le miró luego de su venenoso comentario Paris apretó su mano por debajo de la mesa como dándole a entender que la apoyaba y que la dama Miriel se merecía esa respuesta. Lo que la hizo envalentonarse más.

- Una disculpa, su alteza…

- Disculpa aceptada. –dijo con aires de suficiencia.

Continuaron comiendo en silencio. Uno muy incómodo por cierto. Uno de los hechiceros del consejo decidió romper el incómodo silencio y comenzar una plática amena.

- Majestad, debo decir que me sorprendió con las nuevas reformas, gratamente -enfatizó -es lo que Céfiro necesitaba.

Este comentario no le agradó a dos de los viejos ministros presentes ya que esa reforma les había quitado bastante poder y lo había entregado al consejo de alta magia.

- Me congratula Mago Alazar.

- Con todo respeto, yo creo- el diplomático alegato que iba a comenzar el viejo ministro se vio interrumpido por recurrentes murmullos.

¿Queestamalconsucucharaquéleimportanoleimportaqueestamalconsucucharaentrometidaentrometidaqueestamal,cucharacuchara…. Nadaestamal,nadamal,nada…. Milibretamilibretamilibreta.

Los ojos de todo mundo se posaron en la reina.

- ¿Amor? –Paris la sacó de su soliloquio -¿todo bien?

- Sí amor ¿por qué? –dijo como saliendo de un sueño.

- Es que algo murmurabas –le dijo cariñoso.

- ¿Yo? Claro que no. Deliras amor.

Todos los presentes se miraron unos a otros, mientras Paris les dedicó una sonrisa y les pidió que continuaran.

Saudra continuó con su ritual de la cuchara y en un momento sin que nadie se lo esperara gritó.

- ¡Delin, mi libreta, tráela!

Todo mundo dio un pequeño salto en su silla.

Una crida personal de Saudra llegó corriendo y le entregó algo a su majestad.

- Gracias. Retírate.

La joven evidentemente asustada hizo una reverencia y se fue.

Un ministro bastante perspicaz preguntó.

- ¿Quién es la joven?

- Es mi criada –respondió Saudra sin despegar la vista de la libreta mientras escribía algo a toda prisa.

"Criada"… la había llamado criada, no "dama personal" que sería lo correcto.

El mismo ministro preguntó -¿Majestad puedo ser curioso? ¿Qué escribe en medio de una comida oficial mi gran señora? Algo importante supongo.

Saudra odiaba que alguien le hablara cuando escribía compulsivamente a algún desdichado y la lista de sus pecados en su "libreta negra", porque se le podía escapar un detalle así que no respondió.

- ¿Majestad?

- ¡Los asuntos de la Reina no son de su incumbencia! –respondió enfurecida porque había perdido el hilo.

- Amor –dijo Paris en un tono condescendiente –no te ofusques por favor, el Ministro de Carbag sólo te hizo una pregunta.

- ¡Sabes lo que odio que me interrumpan cuando escribo!

- Es verdad Ministro Carbag, mi querida esposa, se ofusca con facilidad si se le interrumpe, ¿sabe? tiene una gran pasión por las letras.

- Me disculpo mi señor.

A Saudra le salía fuego por los ojos, y pronto volvió a escribir de nuevo, esta vez, sobre Carbag.

- Por favor les suplico olviden el incidente, sigamos comiendo –pidió Paris en tono amable. –¿Me decía Ministro Veiron?

- Pues… -por un momento olvido de qué estaba hablando -¡Ah! Sí. Las reformas. Con todo respeto majestad… yo… yo creo que –Saudra comenzó a murmurar de nuevo mientras no dejaba de escribir y esto distraía bastante al ministro –decía que… que, las nuevas reformas, favorecen mucho, quizá demasiado al con-

- ¡Delin! ¡Llévate la libreta!

Nuevamente todo mundo brincó en la silla e incluso dos presentes derramaron su cucharada de sopa sobre sus ropas por el susto. La criada llegó como perro con la cola entre las patas tomó la libreta, hizo una reverencia y así como había llegado se fue. Era evidente que la muchacha vivía bajo presión.

La incomodidad en el salón comedor se hizo más grande y se podía decir que la tensión se podía cortar con un cuchillo.

- Perdón ministro –dijo Paris amablemente -¿me decía?

- Yo –el hombre carraspeo –quizá… quizá lo comentemos en otro momento.

Los hechiceros presentes que ya estaban listos para responder con inteligencia cualquier alegato contra la reforma, sonrieron con discreción y siguieron comiendo.

Todo mundo se había incomodado bastante con la actitud de la reina y el ministro decidió tratar el tema cuando la loca esta no estuviera presente.

La comida prosiguió con un amable Paris haciendo plática y su mujer participando con comentarios frívolos y carentes de importancia que Paris no corregía sino que celebraba sin palabras, pero con ademanes que hacían sentir a Saudra apoyada en todas las simplonadas de nueva Royal que decía.

Al final todo mundo estaba más que feliz por dejar el salón comedor. Se suponía que hicieran una sobremesa en el salón del té pero varios de los invitados decidieron marcharse pretextando otros deberes. Una gran descortesía sin duda, pero preferían quedar como unos descorteses y romper el protocolo, a arriesgarse a pasar otra hora junto a la reina.

Clef, Ascot, Rafagá y Latis que habían estado viendo todo desde un salón secreto, dibujaban unas sonrisas en su rostro. Como los más allegados al Rey era mejor que no estuvieran presentes, pues su palabra ante muchos políticos podía carecer de peso al ser amigos del rey. Y aunque los políticos ya no contaban con el poder de antes, preferían que todo se diera de "forma natural".

- No sabía que las guerreras además de guerreas fueran unas conspiradoras de nivel tan avanzado –dijo Ráfaga con orgullo.

- No por nada les debemos todo. –le respondió Clef con una sonrisa.

- Me alegro de no ser su enemigo –dijo Ascot sonriendo mientras tomaba una galleta del platón.

- ¿Qué sigue en el plan Clef? ¿No dijiste que seriamos parte de esto también?

- Todo a su tiempo Latis, por ahora, espero noticias de mis niñas. Sin embargo tú precisamente serás la siguiente ficha en el tablero.

Latis cerró sus ojos y aseguró –Creo que no puedo esperar…


Mientras tanto en Mundo Místico…

El perdón había sido pedido, y concedido, la comprensión, la amistad y el amor fraterno honesto habían puesto a la rubia de nuevo sobre sus pies, con la cabeza en alto. Y cuando hubieron hablado y arreglado su situación personal, sus amigas le contaron todo lo que habían estado haciendo últimamente, y de todo lo que estaban enteradas. Y la revelación más importante había sido que Paris a pesar de todo, estaba dispuesto a pelear por ella porque aún la amaba con todas sus fuerzas.

- La verdad aún tengo miedo…

- Anais creí que la doctora ya te había dejado claro ese asunto.

- Lo tengo claro Marina. Pero… me da miedo que Paris me rechace, no le temo a mi cuerpo, porque ahora sé lo mucho que valgo, pero creo que tengo miedo de que él me lastime, que me saque de su vida al enterarse.

- Para comenzar si lo hace es él quien pierde, no tú. Además no tiene que enterarse Anais, una mujer no le debe todos sus secretos a su hombre, eso es una falacia, una mujer debe tener sus secretos, aún con su marido. No es traición, es inteligencia.

- Lucy tiene razón Anais, no estás en obligación de contarle nada.

- Yo lo sé. Pero… tengo miedo de… saben… Si nos casamos y en la noche de bodas no…

- Anais los hombres son idiotas, no tienen idea de cómo reconocer a una verdadera virgen de una zorra.

- Marina tiene razón. Hay muchos hombres en oriente medio que abandonaron a su mujer por no sangrar en su noche de bodas, cuando no saben que incluso muchas mujeres ni siquiera sangran en su primera vez, cualquier ginecólogo se los puede decir. Y mucho menos sangran si tienen lo que se conoce como himen complaciente.

- ¿Himen complaciente?

- Sí, es un himen muy flexible, pueden entrar y salir mil cosas de ahí y este no se rompe, si les mandan hacer el tan pedido entre los árabes, certificado de virginidad, el himen aparecerá completo aunque la chica se haya acostado con mil camellos.

- JAJAJAJAJAJAJA Ay Lucy, que forma de explicar las cosas JAJAJAJA –mientras Marina se desbarataba de la risa, Anais también se reía aunque de forma más elegante.

No cabía duda, había nacido para ser una reina…

- No te burles Marina, es medicamente cierto –dijo la pelirroja ofendida.

- No me burlo de ti tonta jajajaja es sólo… es sólo que jajaja, me causa gracia tu forma de expresar las cosas… Pero Lucy tiene razón, es lo mismo que ha pasado con muchas mujeres demasiado libertinas que se casan con un rico y usan trucos para que aparezca sangre en la cama, y el hombre vive complacido en su mentira.

- Eso ya lo sé… bueno lo del himen complaciente no me lo dijo la doctora Swart, pero sí lo de que muchas chicas no sangran en su primera vez y como el himen se puede romper por una tontería. Mi punto es…bueno. A veces, sólo a veces, quisiera poder decirle a Paris lo que me pasó… no por ser una bruta demasiado honesta… gracias por darme tanto crédito… -las otras dos se rieron –es que… -dijo poniéndose melancólica. –Quisiera poder hablar de esto con él y sentirme apoyada porque el que jura amarme más que a su vida.

- A vaya es cuestión de comunión. En ese caso amiga, es tu decisión. En lo personal… -dijo Marina pensativa –yo no creo que él te rechace.

- Tampoco yo, más bien creo –Lucy tomó un poco de su mocchalate y siguió hablando con su bigote –que insistirá en venir a la Tierra para matar a Seizo con sus propias manos, si no es que carga con todo el ejército de Céfiro hacía nuestro mundo sólo para desollarlo.

- Sam Bigotes tiene razón. Ten -dijo pasándole una servilleta a Lucy para que se limpiara. –Por esa razón, Clef y nosotras convenimos en no dejarle saber que puede venir a nuestro mundo, aunque no te preocupes no le dijimos la razón, sólo le pedimos que no le hablara a Paris de su venida a la Tierra y no le hiciera saber que puede pasar la frontera. No queremos una guerra de los mundos que… de seguro Céfiro pierde. No los vamos a poner en riesgo.

- ¿Entonces qué debería hacer?

- Apegarte al plan rubia. Tú lo quieres, él te quiere, los dos se mueren por el otro. Decirle lo que te pasó será tu decisión, pero no es algo necesario. El punto es que si se aman y quieren terminar juntos por siempre jamás, vas a tener que decidirte a actuar. El pobre Paris llevas un par de días loco por nuestras noticias.

- Umm…

- ¿Qué?

- No sé… creen que… podría hablar con Clef de nuevo.

- ¿Quieres que lo traigamos? Porque la última venida le sentó como bomba. –le dijo Marina.

- ¿Cómo?

- Sí Any –dijo Lu –resulta que la Tierra es un Planeta muchas veces más grande que todos en el sistema solar de Céfiro, su gravedad es más fuerte, su campo magnético más denso, y las energías sutiles de la Tierra, pues… digamos que no son tan sutiles –finalizó haciendo un gesto de pena.

- Clef ya se nos desvielaba al día siguiente.

- No me digan ¡¿Y está bien?!

- Sí, sí. Creo que es sólo cosa que se acostumbre a venir. –dijo Marina restándole importancia.

- ¿Quiere seguir viniendo? –preguntó desconcertada la rubia.

- No ha mencionado nada –contestó Marina –pero yo diría que se divirtió mucho y ganas no le deben de faltar por volver. Por cierto sí te dije que lo llevamos a tu casa verdad.

- Sí me lo dijiste cuando estaba en el hospital… Me da tristeza que la casa de mi infancia esté abandonada. Uehara no la quería, solo quería hacernos daño. –dijo demostrando su impotencia.

- Tranquila An, una propiedad como sea tiene arreglo. Ahora por favor dime –le rogó Marina –¿contamos contigo?

- Yo…

-Any por favor.

- Antes de responder, quiero hablar con Clef.

- Si necesitamos volver a ponerlo peor que borracho crudo, con tal que seas feliz, lo traemos.

- Ay Marina que cosas dices. No, pobrecito. Yo voy a Céfiro no hay problema. Pero no quiero que Paris ni nadie más se enteren de mi visita.

- Hecho, de seguro Clef tiene dónde reunirnos. Se lo diré de inmediato, ¿cuándo quieres verlo?

- Lo más pronto posible.

- Pues se nos está haciendo tarde. –Marina se levantó de la mesa –Me voy para Aokigahara. Lucy estate pendiente del celular y esperen mis noticias.

- Marina vas a dar doble vuelta. No hay señal en el bosque, sólo en la entrada y queda bastante lejos de la cueva. Mejor vamos contigo, quiero hablar con Clef hoy mismo.

- Pero no quieres que se enteren que vas.

- Te espero con Lucy en la entrada de la cueva, del lado de Céfiro.

- Bien así es más fácil y rápido. Hay que pagar la cuenta y tomar un taxi.

Las jóvenes se fueron del café y ya en el bosque cruzaron la frontera de los mundos. Cosa que siempre era un problema ya que había que esperar a quedarse solas para que los vigilantes que iban con los grupos de turistas no les llamaran la atención o las llevaran presas por negligencia.


Del lado de Céfiro…

- Aquí te esperaremos Marina –le dijo Anais quien junto con Lucy esperarían bajo un árbol.

Marina con algo de dinero que Paris le había dado para que se pudiera mover mejor por Céfiro de inmediato llegó corriendo al pueblecito cercano y tomó un carruaje al castillo.

Nada más bajarse a las puertas de este los guardias de la entrada se pusieron en firmes y le hicieron el saludo militar de gala a la ilustre Guerrera Mágica del Agua.

Ella pasó corriendo y sólo les dijo un casual "Hola muchachos" y no paró hasta dar con Clef quien estaba cortando una hierbas en el jardín botánico.

- ¡Clef!

- Marina que sorpresa, estaba esperando noticias suyas mi ni-

- ¡Corre, corre! ¡No tengo tiempo que perder! –lo tomó de una manga y lo arrastró fuera del lugar.

- ¡Oye, pero, ¿por qué la prisa?! –decía el otro tratando de seguirle el paso.

Marina hizo un alto y tomó algo de aire recargándose en sus rodillas.

- Verás… no sabes…. quién vino…

- Marina te estás ahogando. ¿Desde dónde venías corriendo?

- Desde la entrada hasta tu despacho y luego por medio castillo preguntando por ti.

- Pero ¿ocurrió algo malo?

- No… es… bueno. –dijo agitada -An… -bajo la voz y le susurró al oído –Anais está aquí.

- ¡An-Marina le tapó la boca de inmediato.

- ¡Ca-lla-te –le reprendió en un susurro –qué no ves que ella no quiere que nadie salvo tú se entere!

- Lo siento –respondió en susurros también –no lo sabía. ¿Qué ocurre?

- Quiere hablar contigo, y creo que le urge, te está esperando en el bosque que está junto a la gruta. Nos preguntábamos si tenías algún lugar que no fuera el castillo donde pudieran hablar, lejos de todo mundo.

- Sí, tengo el lugar perfecto.

- Bueno pues vámonos. Se tardan mucho en preparar un carruaje y no se me ocurrió decirle al que me trajo que me esperara.

Marina iba a correr de nuevo pero Clef la detuvo y la atrajo hacia sí.

- No es necesario Marina. Sólo sujeta bien mi mano.

La joven reafirmó el agarre y juntos desaparecieron del lugar.

Una doncella del aseo que andaba por ahí se quedó de piedra. Clef…. Y una chica guapa… en ropa poco decente…. se susurraban… el trato parecía bastante intimo… él tomo su mano… y desaparecieron clandestinamente…. ¡Que escandalo!

Y es que aunque muchos sabían que las guerreras mágicas habían vuelto, no toda la servidumbre les había visto la cara. Y esta chica era de las que no las conocía. La joven salió con las toallas corriendo. ¡Sus amigas lavanderas tenían que enterarse lo que el santísimo Gurú hacía cuando nadie lo veía!


Mientras tanto en el bosque…

- Amiga… ¿estás segura?. No es necesario.

- No Lucy, necesito hacerlo, él mejor que nadie me sabrá orientar.

- Está bien.

En ese momento Marina y Clef aparecieron unos metros más adelante junto a la gruta y Marina les hizo ademanes para que se acercaran.

- Bien ya es hora –dijo la rubia tomando valor y ambas se acercaron.

- Anais mi niña, ¡Qué gusto me da verte de nuevo aquí!

- Muchas gracias Gurú Clef. Permíteme agradecerte por tomarte la molestia de ir hasta mi mundo para hablar conmigo. Sé que no te sentó muy bien. Lamento mucho no haber estado en condiciones de valorar tu tiempo y esfuerzo. Te pido una disculpa.

La joven hizo una respetuosa reverencia y Clef la tomó del hombro.

- Mi niña, las veces que sean necesarias. A ustedes les debo lo que no tienen idea, lo que yo pueda hacer para ayudarlas, será poco para pagarles.

La joven levantó la vista y le sonrió.

- ¿Cómo te encuentras? ¿Ya estás mejor? Lucy me dijo lo que ocurrió, por favor no te molestes con ella por eso. Yo estaba muy preocupado por la repentina desaparición de las tres. Además… las considero de mi familia. Espero no les parezca atrevido pero las veo como mis niñas y lo que les ocurra me importa.

La rubia negó con la cabeza y sonrió –No voy a molestare con ellas, ya no más, no te preocupes. Y no es atrevido, al contrario, agradezco tu cariño sincero. De hecho, es porque creo en ese amor desinteresado que estoy hoy aquí, para pedir tu ayuda.

- ¿Mi ayuda? En lo que te pueda servir, daré mi mejor esfuerzo.

- Gracias. Dime ¿hay algún lugar que no sea el castillo en el que podamos hablar?.

- Sí mi niña, tengo un lugar perfecto donde nadie va a interrumpirnos, ni sabrán que estás ahí.

- Bien, es lo que necesito.

- Tómense de las manos y tomen mi mano por favor.

Así lo hicieron y mago y guerreras desaparecieron para reaparecer en medio de un hermoso bosque donde yacía una gran propiedad amurallada de altas bardas de piedra solida

- Oigan… Me parece que conozco el lugar –dijo Anais el ver la propiedad.

- Sí –dijo Marina –hasta el bosque, creo que estuvimos aquí hace mucho, y esta casa… me recuerda a algo… aunque… algo… se ve diferente?

- A mí también me parece haberlo visto antes –dijo Lucy recordando… -¡Ya sé, se parece mucho a la casa Presea!

- De hecho, está es la que alguna vez fue casa de Presea –les reveló el mago.

- ¿Qué? Pero… su casa… fue destruida en la…. Pelea contra Ascot… -dijo Marina bajando la mirada.

- En realidad… esta casa era mía –dijo Clef con un dejo de nostalgia –Yo traje a Presea aquí con el fin de protegerla. La casa estaba protegida por el bosque del silencio, y sus bardas tenían una ilusión mágica que hacía imposible encontrar la entrada.

- Hey es verdad, la ilusión de la entrada… Pero pensé que antes de destruir la roca negra la magia no servía en este bosque. ¿Cómo es que la ilusión sí?

- De hecho Marina, sólo cierto tipo de magia no funcionaba. Pero sí que había magia, de otro modo las creaturas que atraía esa roca negra no hubieran podido vivir aquí, muchos eran monstros del mundo mágico. La propia roca estaba encantada con un poder oscuro. Si la magia no funcionara del todo, esa roca nunca habría causado los estragos que causó. La casa tenía un encantamiento de protección, no era tan fuerte como se esperaba debido al bosque, pero, lo tenía. No quise dejar ninguna posibilidad fuera. El encantamiento de protección y el bosque del silencio hacían imposible el acceso y sus fuertes bardas difícil el derribarlas y entrar por la fuera, sólo un monstro como el que usó Ascot podrían con ellas. Hice todo para protegerla… pero al final… no fue suficiente.

El mago se veía melancólico y Anais lo tomó del hombro.

- No fue tu culpa. Ni de nadie –dijo ella habiendo comprendido muchas cosas –cada cual tomó su decisión en aquella batalla. Presea lo decidió así, pudo haber escapado. Ella sabía el precio que pagaría por quedarse y eligió pagarlo, se sacrificó para forjar las espadas que salvarían su mundo y a sus seres amados. Tú eras uno de ellos.

El hechicero se sorprendió grandemente –Pero Anais, tú… cómo…

- No hace falta ser un mago, bastaba ver en sus ojos, cada vez que te mencionaba. Y… su hermana adolecía del mismo mal.

- ¡¿Cómo!?

- Lo sabemos Clef –dijo Lucy –eran demasiado distintas para poder pasar la una por la otra –le dijo sonriendo con nostalgia.

- Pero chicas yo, yo no… hubiera querido que se enteraran. –el mago bajo la vista angustiado.

- No te preocupes Clef, pudimos superarlo…

- ¿Cómo se enteraron?

- No sólo la personalidad era diametralmente opuesta, había cosas que la otra Presea no comprendía de nuestras platicas, recuerdos que parecía no tener y además… una marca de nacimiento. La primera noche que pasamos aquí, Presea, nos invito a darnos un baño en el lago de esta casa, era mucho más desinhibida que su hermana. Dijo que aunque estábamos al aire libre no había nadie por los alrededores y nadie podía asomarse por esas bardas. A nuestro regreso en el castillo, Caldina nos llevó al yacusi del castillo.

- ¿Al qué?

- Eh a… la… esa bañera enorme que tienen. Ahí Caldina nos hizo notar una marca de nacimiento que Presea tenía en forma de un ave en el hombro. La Presea que nosotros conocimos por primera vez no tenía ninguna marca en el cuerpo. Quisimos creer que quizá era una cicatriz de la batalla pero… muchas cosas no concordaban. No respondía de forma correcta a algunas preguntas que hacíamos al azar. Afirmaba recordar cosas que nuca pasaron pero que nosotras le decíamos que sí. Caía en muchas contradicciones. Vivimos con esa duda por bastante tiempo hasta que sin querer, el día de la última batalla, Anais y yo escuchamos tras la puerta una plática que "Presea" estaba sosteniendo con Alanis y la escuchamos confesar que ella no era Presea y Alanis mencionó que ella sabía de su existencia. También mencionó que… ella también estaba enamorada de ti. No teníamos tiempo que perder así que entramos a pedir a Alanis que nos dijera donde estaba Debonair sin reclamar nada a la hermana de Presea, no era tiempo de explicaciones sino de acciones. Salimos a pelear y… el resto ya lo conoces, no tuvimos mucho tiempo para hablar al final…

- Ya… veo…

- Gurú Clef… -dijo la pelirroja acercándose -Respecto a ella… me gustaría saber una cosa, ¿cuál era su verdadero nombre?

Clef cerró los ojos y suspiró –Sierra… su nombre es Sierra.

- Sierra –repitió la pelirroja sonriendo suavemente -… ¿Qué fue de ella? ¿Lo sabes?

- Se casó –dijo el mago más relajado y sintiendo alivio por el destino de la mujer –se casó con un buen hombre y se fue a vivir a Pentli, en el oeste. Supe que tuvo tres hijos y hasta donde Caldina ha platicado, es muy feliz. Eso me da paz… yo jamás pude corresponderle.

- Pues, no te sientas mal –le dijo Lucy sonriendo–en nuestro mundo decimos que en el corazón no se manda.

- Sabio dicho mi niña.

- Bueno –dijo Marina –me alegro por ella. –La joven volvió su rostro a la propiedad y dijo –así que esta enorme casa es tuya. Pensé que vivías en el castillo.

-Así es pero, como jefe Gurú tengo asignadas varias propiedades a mi nombre.

- Oh o sea que los Gurús ganan bien –dijo Marina tan risueña como siempre

Clef sonrió algo apenado y contestó –Podemos decir que sí. Además este tipo de lugares secretos siempre son de ayuda.

- ¿Quieres decir que sigue siendo secreta?

- Casi, sólo algunos de mis allegados saben de su existencia, en concreto sólo 7 personas incluidas ustedes y Ascot.

- Vaya. Qué bueno que ahora Ascot esta del bando bueno –dijo Marina.

- Bien… entonces –dijo Anais un poco apenada –¿podemos entrar?. Quiero tu ayuda y tu asesoría en algo… importante.

- Por supuesto –el mago dio dos golpes con su bastón y una entrada secreta se abrió en la piedra.

Todos entraron por el pasadizo y la pared se cerró de nuevo.

Una vez dentro las chicas reconocieron varias partes de la casa que se habían salvado, otras estaban remodeladas, pero el despacho donde Presea las había enjaulado la primera vez que las vio, seguía casi intacto, salvo unos cambios sutiles, se podría decir que se veía igual.

El hechicero rodeó el escritorio y acercó tres sillas flotantes.

- Tomen asiento por favor.

- Gracias Clef pero, Marina y yo nos vamos, Anais quiere hablar contigo a solas.

Esto tomó por sorpresa a Marina quien ya se estaba sentando.

- ¿Pero… -dijo parpadeando varias veces.

- Yo te explico Marina. Los dejamos a solas.

Marina siguió a Lucy y salieron del despacho.

Clef también se sorprendió pero se alejó de la silla principal y se sentó junto a Anais.

- ¿En qué te puedo ayudar mi niña?


Minutos después en el lago de la casa…

- Así que era eso… debe estar siendo difícil para ella. ¿No sería mejor habernos quedado? –pregunto con preocupación la ojiazul.

- No Marina, quería hacerlo sola, y lo mejor que podemos hacer ahora es respetar su decisión.

Lucy jugaba haciendo ondas en el agua con los dedos mientras Marina se paseaba como gato enjaulado.

- Sí, pero, me preocupa.

- No tienes de qué, Clef siempre ha sido casi paternal con nosotras, está en excelentes manos –le dijo sonriente.

- ¡Paternal con ustedes, a mí no me metas!

- ¿No le has perdonado el bastonazo? –dijo riendo.

- ¡Claro que no!

- Sí… además –dijo con una sonrisa de medio lado –jamás lo podrías ver como un padre ¿verdad?

- ¿Vas a empezar intrigosa?

- La verdad nunca es intriga –dijo coqueta.

- Eres muy molesta Lucy, podría ahogarte en ese lago.

- JAJAJAJAJAJA

- Además eso fue hace mucho, eso sí te lo aseguro. Ya no siento lo mismo créeme.

- Te lo creo, pero también creo que ahora que eres mucho más madura, podrías sentir algo nuevo. ¿O Ascot es el responsable?

- Ah, tanta azúcar sí te hace daño –dijo sentándose al lado de su amiga. –Ascot es mi amigo, se habrá puesto muy guapo, pero nunca será más que mi amigo. Además descubrí que él ya me superó.

- ¿De verdad?

- Sí y eso, no sabes cómo me libera.

- ¿Cómo estás tan segura?

- Estuvimos hablando de su novia la otra vez.

- Oh. Comprendo, así que nuestro pequeño Ascot ya es todo un hombre.

- Desde hace mucho ¿no?

- Sabes que según Caldina alteró su apariencia por ti en aquel entonces, pero por dentro seguía siendo un niño tímido. Ahora ha crecido y es un hombre de verdad.

- Sí de hecho lo noto mucho más maduro, cuando platicamos veo lo mucho que ha madurado no solo física sino mentalmente.

- Bueno Ascot descartado. Ya hablando en serio Marina, el cambio que dio en estos años lo puso muy apuesto, ahora que no aparenta ser un niño, no te llama ni un poco la atención Gurú Clef.

- ¿A ti sí? –dijo con burla.

- No seas tonta claro que no, el me ve casi como una hija y yo podría confiar en él como si fuera mi padre. ¡Confiaría más en él que en mi propio padre!

- Bueno, Clef ya tiene una hija. O dos, porque si Anais decidió contarle… eso… debe sentirse muy confiada y segura con él.

-¿Y tú serás nuestra madrastra?

- ¿Vas a seguir con eso? –le dijo mostrando los dientes causando que Lucy se soltara a reír.

Casi una hora después en el despacho…

Anais no había podido evitar el llorar al tener que recordar todo por lo que había pasado y Clef la tenía recargada en el pecho abrazándola como si fuera una niña pequeña.

Ese desgraciado… si las chicas hacían el favor de traer a Céfiro al tal Seizo sabría de qué era capaz un Jefe Gurú furioso.

Las leyes de mundo místico eran incomprensibles en muchos sentidos y demasiado injustas. Al menos en ese país llamado Japón. Pues Anais le había explicado que parte del problema era precisamente su país, que de haber sido en otro sitio, quizá Seizo estaría tras las rejas en una prisión miserable e infernal.

Por un lado se sentía sumamente honrado de que Anais le confiara su secreto a él y esa personalidad paternal que tenía con algunos de sus alumnos se acrecentó con su guerrera. Y por otro lado se sentía como un padre agredido en lo que más amaba, y sabía que no podía intervenir en la leyes de mundo místico lo cual de daba más rabia aún. Sentía mucho dolor por todo lo que su niña había tenido que pasar sola. Si bien Anais no fue demasiado explicita como con la doctora o sus amigas, la frase "intento de violación" había sido lo suficientemente clara para el mago, y entendía el por qué Anais había quedado tan rota que había intentado atentar contra su vida.

Ahora también comprendía sus miedos y el por qué se había negado a impedir la boda. Sentía que no valía nada y que no tenía derechos, pero para su tranquilidad Anais había superado esa etapa, sin embargo sólo tenía un miedo aún, y era el que París fuera a darle la misma importancia a un cuerpo intacto como se la daban en su país Japón.

Pero Clef estaba seguro que Paris no sólo comprendería y la arroparía con todo su amor, sino que intentaría matar a ese desgraciado.

Con razón Marina y Lucy le habían suplicado que no le dijera a Paris que podía ir a Mundo Místico. El único que sabía de su viaje era su fiel y muy discreto alumno Latis y sabía de sobra que este no diría palabra.

Luego que la joven se hubo tranquilizado y reunió valor para volver a ver Gurú Clef a la cara, pues el tema aún le avergonzaba aunque ya no se sentía culpable, habló de sus deseos.

- Si te soy honesta, no tengo muchos deseos de contarle. En mi mundo ya no se cree que una mujer deba contarle todo a su marido porque se considera que la mujer tiene derecho a tener sus secretos. Sin embargo… no sé qué tanta importancia tiene la virginidad aquí, para los hombres… tu eres de aquí. Conoces a esta cultura mil veces más que yo y te pediré me hables con la verdad.

- Es verdad que la pureza de una mujer se toma mucho en cuenta aquí también, aunque no del mismo modo. Entiendo tus miedos, pero, a diferencia de tu mundo, aquí las cosas son distintas. Por lo que entendí en tu cultura la mujer es la culpable de estos acontecimientos, pero en Céfiro no es así. Ahora sería casi totalmente impensable que eso pasará, pero… debo admitir que Céfiro ha tenido su lado oscuro también. Cuando Zagato tomó el control, hubo mucha confusión, muchas revueltas, mucho miedo… El miedo es capaz de sacar lo peor de los hombres, y cosas que jamás habían ocurrido comenzaron a pasar. Y esto empeoró tras la muerte de Esmeralda, cuando Céfiro comenzó a derrumbarse. Robos, piratería, corrupción y aunque siempre han existido las chicas de las cantinas para entretener el fuego del populo común, los bajos instintos del hombre se desataron en aquella época, sin embargo al menos en esta cultura, jamás se culparía a una mujer, la culpa recae absolutamente en el hombre. ¿Cómo se puede culpar a una mujer de esto? esta clase de actos atroces y repudiables se castigan en Céfiro con pena de muerte. Esa fue una de las razones que persuadió a la población de dejar de intentar esta clase de actos –dijo con ironía, pensando que era terrible que los hombre temieran más a la muerte que a sus propios pecados. –Y si te soy honesto creo que no merecen menos. Un hombre que se atreve a tal cosa, no es digno de la compasión de nadie. –finalizó con mirada severa. El jamás podría perdonar esa clase actos, muchos menos tener misericordia.

- Entonces… no… culpan a la mujer? ¿No la rechazan por eso?

- ¿¡Cómo podría ella tener la culpa?! Rechazarlas es incomprensible ¿cómo agredir más a una víctima?.

- ¿Entonces les tienen lastima? –preguntó desanimada.

- Tampoco Anais. Una mujer que ha pasado por eso es digna de compresión, apoyo y respeto. En estos casos quien lleva todas las de perder, al menos aquí en Céfiro es el hombre y sólo él. Al punto que la pena de muerte no respeta rangos, fuera ahora mismo el propio Rey de Céfiro Paris o Yo, no habría atenuantes porque él es el Rey de Céfiro o yo soy el Jefe Gurú, nuestros títulos y posición serían de hecho agravantes para pedir nuestra cabeza y un castigo aún más cruel. No hay nada que discutir a favor de un hombre. De hecho es ley que sea la victima quien escoja la forma de muerte de su agresor. Y si ella es incapaz de decir, el juicio que se llevaba a cabo para decidir su fin según sus actos, siempre buscara la forma más dura de acabar con esa despreciable existencia. Nadie en Céfiro cree que esto sea culpa de la mujer. Paris nunca te culparía ni mucho menos te rechazaría, él te ama con todo su corazón y créeme que he visto pruebas de eso.

Anais dio una media sonrisa que duró menos de un segundo y suspiró pesadamente bajando la mirada.

- Mi niña… -dijo poniendo una mano en la suya –tú no tienes la culpa de nada, al contrario, fuiste demasiado valiente.

- Valiente… -miró alrededor –Viendo este cuarto… –dijo la rubia con furor ante todos los recuerdos que le causaba esta habitación –me da tanta rabia. Enfrenté monstruos enormes, a Zagato y sus secuases, a la misma Esmeralda, me enfrenté a naciones enteras que querían destruir Céfiro e incluso a un auténtico demonio salido del averno… ¿Y no fui capaz de protegerme a mí misma? -recargó su cara sobre las manos desesperada y dijo con molestia -¡Creo que es una ironía que me llamen guerrera mágica!

- ¡Anais pero que dices? ¿Es que no te das cuenta? No sólo lograste todo lo que has dicho. Fuiste capaz de defenderte estando completamente sola, desarmada y sin magia, ¡eres toda una guerrera, siempre lo has sido! Cualquier mujer de Céfiro se hubiera quedado paralizada y no hubiera tenido el valor interno de atacar de la forma en la que lo hiciese. Muchos de tus problemas legales según entendí fueron porque le diste al agresor su merecido e incluso te llevaste su carruaje para escapar, eso es sí es muy osado –le dijo con una sonrisa. –Mi niña, te estás quitando demasiado crédito. Sé que es difícil de recordar lo que pasaste –le dijo comprensivo –pero deberías de hacerlo con detenimiento para que te des cuenta de que nunca has dejado de ser una guerrera, con magia o sin ella, sin armadura ni espada. Despues de todo lo que es has pasado y superado, Anais sólo una verdadera guerrera supera eso.

La joven le miró y se puso de pie de golpe, el hechicero alarmado hizo lo mismo temiendo que sus palabras la hubieran ofendido u alterado, pero paso su sorpresa en cuanto el hechicero estuvo de pie ella se lanzó a sus brazos y lo abrazó fuertemente.

- Gracias… por recordarme quién soy.

Clef parpadeó varias veces y se quedó inmóvil por la sorpresa con los brazos rígidos a sus costados, sin embargo a los pocos segundos correspondió el abrazo con fuerza.

- Nunca lo olvides… por favor.

Anais terminó de recobrar lo que faltaba de su fuerza interior. El mago, con sus palabras, su cariño paternal y su apoyo incondicional le habían dado el último empujón que necesitaba. Ahora sabía lo que tenía que hacer y lo que quería. No le temería a nada más.

Cuando se separaron Gurú Clef la miró con cariño y descubrió con alegría que la verde mirada le devolvía una seguridad impresionante, aquella seguridad que lo había impactado cuando de regreso en Céfiro juró que pelearía una vez más para proteger a sus seres queridos.

- Llamemos a las chicas, tenemos mucho que hacer –le dijo sonriendo.

- Si es una orden real, con gusto la acataré –dijo el mago sonriendo con orgullo.

La joven sonrió sin comprender mucho- ¿O-orden real?

- Es un decir…

- Oh –dijo creyendo que era una broma del mago –bien, entonces vamos –dijo más animada adelantándose a la salida.

- Con un poco de suerte, será más que eso, mi querida Anais –dijo Clef con una sonrisa de esperanza sin que esta lo escuchara.

Anais fue la primera en salir al patio y nada más ver su rostro las otras dos supieron que todo había salido de maravilla.

- Te lo dije –dijo Lucy a Marina justo antes que Anais llegara donde ellas.

- ¿Y bien? –preguntó Marina.

- Ya sé lo que tengo que hacer. –les dijo muy segura de sí misma.

- Y nosotras estaremos contigo –dijo Lucy siendo secundada por el asentimiento de cabeza de Marina.

Clef venía saliendo por el portal hacia el jardín y les sonrió a las otras dos que se miraron mutuamente entendiendo lo que eso significaba y Marina dijo refiriéndose a los cuatro.

- Bien equipo. Tenemos un matrimonio que destruir.

- Marina no hay que hacerlo sonar tan cruel. –dijo Anais riendo.

- Anais, tú sabes que la maldad se le da y la misericordia se le resbala –dijo Lucy de lo más casual causando que el Mago comenzara a reír junto a Anais.

- Gracias por la publicidad Lucy.

- Tu fama te precede, no necesitas mis servicios publicitarios "señorita sinceridad".

El mago continuó riendo ante los comentarios de la pelirroja. Esta aventura con sus niñas seguro sería algo para recordar. Y aunque Lucy tenía razón y Marina era demasiado directa y hasta mordaz tenía que admitir que le encantaba su carácter.

Y en cuanto a "destruir un matrimonio"… a Clef le encantaba la idea.

*…*…*…*…*


Bueno aquí está, perdón pero he tenido algunos problemas que me impidieron actualizar.

Pero quiero agradecerles por el apoyo.

Maru-Chan: Muchas gracias por seguirme y por avisarme lo de BitMe no tenía ni idea, que alegría que la serie será retransmitida y espero ahora sí reciba la atención que merece. A como vea la respuesta del público a lo mejor me quedo porque, ya este fandom tenía años medio detenido por eso decidí que me retiraría de aquí, aunque me estoy dando en general un break, sólo estoy publicando los fics que tengo incompletos por respeto a los fans, luego de eso me voy de break, los otros nuevos fics no los publicaré por un tiempo. Me gustan mucho tus reviews porque son muy expresivos y eso es algo que en lo personal me encanta de mis lectores, porque me deja ver qué emociones les despertó el fic. Por otro lado pues sí, nunca he sido de clichés, me gusta la imprevisibilidad. Porque la crema cuesta jajaja. También me gusta ahondar en los temas de pudor y modestia de las diferentes culturas porque puede generar situaciones graciosas, de hecho en este capítulo vemos una. Me alegra saber que el fic te gusta tanto que te mantiene aferrada a la barra! Deseo este nuevo capítulo te guste también. Respecto a los reviews me lo están diciendo de este y varios fics, aparentemente es una cosa de fanfiction, pero simplemente cambia el capítulo, si no te deja en el 6 vete al capítulo 4, el punto es que sea uno donde no hayas dejado review y ya te deja ponerlo. Es la única solución que tengo a la majo, dejar el review en un capitulo diferente y así sí te deja. Te mando un gran abrazo.

Tsukihime: Pues qué te digo, es hombre, denso, lento y tonto por naturaleza no le pude pedir peras al Olmo. Y claro que la pobre estaba mal, sobretodo porque en Japón esos casos nunca los atienden con psicólogo por eso o quedan muy mal o se suicidad, esa es una de las cosas que no me gustan de Japón. Y sí no sólo porque Marina la pega para tomar las riendas aquí, sino porque de ser Lucy, pues Anais ya no tendría con quién casarse. Gracias por seguirme y espero seguir leyéndote.

Yagami de Wattpad y Princesa Ana: Muchísimas gracias por avisarme, sí estpa persona me estaba robando y lo peor de todo es que otras dos que se decían muy mis seguidoras aquí en fanfiction también estaban haciendo lo mismo, pero como ya avisé, este fic ya está protegido y quien quiera seguir robando se meterá en problemas. Muchas gracias por seguirme y por el aviso espero les siga gustando.

Mari-Anais: Gracias por tantos años de seguirme me da gusto que te agrade mi fic, ya aquí está la actualización deseo te guste y seguir leyendo tus reviews. Espero que con la retransmisión de la serie por BitMe esto se reanime de nuevo y entonces luego de mi break volveré porque tengo unos fics nuevos de Rayearth, pero de momento los dejaré en el cajón hasta mi regreso.

Lin Lu Lo Li: Muchas gracias por seguir mi historia. Sí es que despues de lo que pasó Anais necesitaba ayuda, todo el mundo era su enemigo y no veía claro, casis siempre en esos casos la persona se autoflajela y se aparta de las personas que más quieren. Pero como vez ya hubo una reconciliación porque perder amigos sí es doloroso, pero Anais ya se horró esa pena. Y claro que una verdadera familia se apoya en todo momento, y bueno en el anime pudimos ver que Lulu se preocupaba mucho por su hermana, así que quise resaltar su actitud protectora aquí. Y en cuanto a la Luna de Miel de allá a mi también me gusta más (XD) es que viajar a Paris/Londres/ Hawái, pasear ir de compras, y divertirse además de la pasión a cualquiera hacer creer que está enamorado, pero yo digo, enfréntese a la realidad a ver cuentos días les dura la miel jajaja. Me alegra que te guste y espero seguir contando con tus comentarios.

Debido al plagiarismo de mis obras me veo obligada a advertir.

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