AVISOS: Historia creada por dos autoras, kaoru-himura1878 (Kaoru Himura en Amor Yaoi) y Fullbbuster (Fullbuster en Amor Yaoi).

ACTUALIZACIONES: El último domingo de cada mes, excepto este mes, que se ha publicado antes.

ACLARACIONES: Queremos dejar claro una cosa, esto no es un omegaverse. Leímos las normas sobre lo que es un omegaverse y sinceramente... no nos gusta en absoluto, por eso tanto mi compañera como yo decidimos hacer una historia simplemente de ficción, cogiendo la temática de hombres lobo, así que para dejarlo claro, que nadie se deje llevar por las normas que otros autores hayan puesto sobre el omegaverse, porque no lo es. Para nosotras, ningún lobo nace y muere siendo un omega, ninguno nace y muere siendo un alfa, es una manada de lobos y todos sus miembros pueden ascender y descender de categorías, así que preferimos dejar esto claro, porque no vamos a seguir las normas impuestas por otros autores en referencia al "omegaverse", sino que seguiremos nuestra propia ideología y documentación respecto al tema y cómo funcionan las manadas auténticas de lobos.

En cuanto a actualizaciones, lamentablemente tanto mi compañera como yo estamos algo saturadas y, por tanto, este proyecto tan sólo se podrá actualizar una vez al mes, siendo el último domingo de cada mes. (Sin contar agosto puesto que ya sacamos el primer capítulo en este mes). Esperamos la disfrutéis la historia y sobre todo recordad... somos dos autoras escribiendo esta historia, Fullbuster y yo. Un saludo.


Capítulo 1: La mordedura

En el condado de Tuolumne, California, un pequeño pueblo pasaba desapercibido del resto del mundo. Twain Harte tan sólo tenía una población de dos mil doscientos veintiséis habitantes, pero no era ese dato el que más importaba a la gente a la hora de elegir vivir allí, sino los mil trescientos casos delictivos que se registraban cada año y que, al parecer, la policía no era capaz de darles una explicación razonable.

En aquella noche de luna llena, el agonizante grito de un adolescente retumbaba entre las colinas. Sus piernas corrían lo más rápido que le permitían pese al inmenso dolor que todo su cuerpo sufría.

Entre la oscuridad, tan sólo se vislumbraban sombras. Durante un instante, se apoyó en el tronco de un árbol, dejando la huella ensangrentada de su mano en él antes de continuar corriendo, tambaleándose como podía segundos antes de tropezar y caer por un pequeño precipicio hasta golpearse la espalda contra una gran roca.

Otro grito sonó dejando entrever su posición a esa respiración y gruñido que llevaba minutos escuchando a su espalda. Se levantó un poco la sudadera del equipo de natación del instituto de Twain Harte para ver cómo la herida no dejaba de sangrar. Le ardía todo el cuerpo, como si llevase veneno en él. Podía sentir cómo se expandía el dolor hasta la punta de sus dedos.

Quería correr, llegar al pueblo lo antes posible, ir a urgencias, pero no podía moverse. Apoyó su mano ensangrentada por culpa de tratar de taponar su hemorragia sobre la gran roca a su espalda, pero lo único que consiguió fue dejar otra huella más. Sus piernas ya no respondían y finalmente… supo que estaba perdido cuando escuchó ese gruñido justo encima de la zanja donde había caído.

Unos ojos rojos como la misma sangre aparecieron frente a él. Una sombra oscura bajaba por la zanja con total maestría en busca de su presa herida. No podía creer que de entre todas las noches que salía a correr por aquel sendero, hoy sería su último día. Otro caso más que añadiría el índice y las estadísticas de Twain Harte.

Cerró los ojos con fuerza esperando ser devorado por aquel animal que acababa de morderle sin contemplación alguna en la cintura. Ni siquiera pensó ya en correr, olería su sangre, su miedo, la testosterona disparada... Ese animal ya no le perdería la pista y él tenía cuatro patas, podía correr mucho más rápido de lo que él jamás haría.

Esperó el golpe sabiendo que era su final y abrió los ojos un instante más sorprendiéndose al ver cómo el animal adoptaba una forma a dos patas. Aquel pelaje desaparecía dejando ver a un humano de largo cabello oscuro que se acercaba hacia él.

Gritó con fuerza como si alguien pudiera encontrarle en medio de la nada, como si eso fuera a ocultar lo que estaba viendo. Todo le parecía irreal. Un animal no podía convertirse en humano, pero allí estaba frente a él. Su grito se ahogó en la garganta cuando sin compasión alguna la mano del hombre apretó su garganta evitando que siguiera gritando.

- Qué excitante olor a miedo – susurró el hombre cerca de su oído.

Sasuke cerró los ojos al sentir cómo aquella asquerosa lengua recorría su mejilla y se llevaba consigo una de las traicioneras lágrimas que derramaban sus ojos. Apretó con más fuerza su abdomen tratando de bloquear la continua sangre que salía del mordisco.

- Después de tanto tiempo… por fin podré tenerte – susurró.

- Mátame de una vez – susurró Sasuke con la poca voz que podía salir de su apresada garganta.

- ¿Matarte? Eso perdería toda la emoción. Verás, Sasuke… no siempre funciona el mordisco, pero cuando lo hace… me divierte – le dijo con una sonrisa lujuriosa antes de juntar sus labios con los de ese adolescente, de meter su lengua en la cavidad bucal del joven para recorrerla a sus anchas mientras éste se revolvía y trataba de apartarle sin éxito alguno.

Sabía que aquel hombre era un adulto, que tenía más fuerza que él, pero aun así… ni siquiera consiguió moverle ni un solo milímetro. Era como si tuviera una fuerza descomunal cayendo sobre él e impidiéndole moverse. Creyó estar perdido y entonces, la cabeza de aquel tipo se desplomó rodando por el suelo y sacando un grito aún más aterrador que los anteriores.

- Ey, vale… - escuchó la voz de otro adolescente – estás a salvo, ¿vale? Vamos… tranquilo.

Por un instante, dejó de gritar pero no porque quisiera parar, sino porque el cansancio y la pérdida de sangre empezaba a afectarle. La adrenalina bajaba y con ella, sus fuerzas. El dolor se incrementó mucho más de lo que sentía anteriormente hasta que sus ojos empezaron a nublarse.

Una cabellera rubia apareció frente a él, unos ojos azules tan intensos como el agua de aquel lago cerca de su casa. Pudo ver dos personas allí, dos figuras que o le habían salvado la vida o quizá… acabarían con su sufrimiento.

- ¿Lo conoces? – fue lo que escuchó Sasuke de aquella segunda figura, una más adulto que aquel rubio que había hablado primero, sin embargo, hasta sus voces se distorsionaban.

- Creo que va al instituto – escuchó antes de volver a oír el eco y la continua repetición de aquella frase.

- Hay que sacarlo de aquí – replicó aquel hombre del que Sasuke ahora conseguía ver lo más característico… su cabello plateado.

. . .

Sasuke abrió los ojos sobresaltado por aquella pesadilla. Por un instante, creyó que todo aquello había sido real, pero al verse en su cama, en su propia habitación y con el pijama, se dio cuenta… de que no podía haberlo sido. Sonrió incrédulo por haber soñado algo tan absurdo como un lobo convirtiéndose en un hombre. Había visto demasiadas películas de terror y empezaban a afectarle.

Se levantó con rapidez al escuchar aquel molesto ruido de las manillas del reloj. Nunca se había percatado de ese ruido pero hoy… le molestaba demasiado. Era temprano pero tenía que arreglarse para ir a clase.

Cuando fue hacia el aseo, lo encontró ocupado como todas las mañanas. Su hermano Itachi siempre era el primero en entrar y el último en salir. Todas las mañanas ocupaba el baño.

- ¿Vas para mucho, Itachi? – preguntó Sasuke pero no obtuvo respuesta, sin embargo, cuando iba a marcharse, la puerta se abrió dejando ver a su hermano medio desnudo, tapando únicamente su intimidad con una toalla.

- Todo tuyo – le recalcó – me voy al instituto.

- Genial – dijo Sasuke antes de entrar al baño.

. . .

Sentado en su moto, Naruto observaba cómo llegaba ese chico de cabello moreno. No podía negar que estaba preocupado por él, pero no podía ir directamente a hablar con él. Ya lo había intentado un par de veces, sobre todo con los de su manada. La primera conversación nunca resultaba bien.

- Tienes que hablar con él – escuchó a Gaara tras él.

- No sé cómo explicarle el cambio que va a sufrir – dijo Naruto – nunca funciona.

- Esta vez funcionará – dijo Kiba.

- ¿Qué te hace pensar eso? Lo he intentado cinco veces y ninguna funcionó. Gaara me rompió la nariz y Kiba… tú saliste corriendo – aclaró Naruto.

- Él es diferente – dijo Kiba mirándole fijamente – vamos… alguien debe contarle lo que está ocurriendo o pondrá en peligro a mucha gente. Tiene que aprender a controlarlo o matará a alguien en la siguiente luna llena.

- No es de mi manada – dijo Naruto sin más.

- Pero matasteis a su alfa – comentó Gaara con su seriedad habitual – Todo el mundo sabe que un lobo solitario no sobrevive mucho tiempo. Necesita una manada y tú destruiste a su alfa. Tienes que acogerlo y enseñarle.

- Está bien… iré a hablar con él.

Naruto bajó de la moto y caminó hacia ese chico moreno que leía un libro mientras caminaba hacia el interior del instituto. Desde esa distancia y centrado en Sasuke, no se percató de cómo Gaara y Kiba chocaban sus manos como si hubieran conseguido su propósito.

- Bien hecho – sonrió Kiba – Apostemos… ¿Qué dices? ¿Corre o le rompe la nariz?

Gaara observó a ese moreno con cautela. Un chico con un buen físico y una sudadera del equipo de natación. Solitario como él, leyendo un libro y pasando de los demás que estudiantes.

- Le rompe la nariz – dijo Gaara.

- Yo creo que correrá – sonrió Kiba.

- No entiendo cómo Naruto no aprende que no es buena idea hablar con ellos de esto así a la primera de cambio. Ni siquiera ha empezado a experimentar cambios – explicó Ino sentada en el banco junto a los demás.

Naruto caminaba hacia Sasuke cada vez más deprisa, aprovechando que la sirena empezaba a sonar y todos los estudiantes entraban al edificio. Podía sentir la mirada de sus compañeros fija en su espalda, todos expectantes de lo que ocurriría con aquel chico. Ni siquiera sabía exactamente cómo iba a contarle todo.

Al llegar hasta él, se interpuso en su camino consiguiendo que así aquel adolescente apartase la mirada de su libro. Los profundos y oscuros ojos de Sasuke se apartaron del papel para mirar a ese chico rubio que jamás había visto, sin embargo, un escalofrío recorrió su columna al recordar aquella pesadilla. En ella había un chico de cabello rubio.

- Perdona… - intentó hablar Naruto mientras buscaba las palabras para abordar el tema.

- Estás perdonado – dijo Sasuke sin más volviendo a su libro y rodeándole para marcharse al interior del edificio.

- Ey – le siguió Naruto intentando captar su atención.

- ¿Necesitas algo?

- Yo… quería preguntarte…

Sasuke esperó expectante cómo Naruto balbuceaba palabras sin sentido tratando de explicarse.

- Verás… te va a sonar todo muy raro pero… ¿Crees en lo sobrenatural? – preguntó Naruto.

- ¿Eres de esos bichos raros del grupo de debate sobre los extraterrestres? – preguntó Sasuke confundido.

El rostro de Naruto se tornó completamente rojo, más al darse cuenta gracias a su sensible audición cómo sus compañeros se reían a la espalda tras haber escuchado aquello.

- No – dijo Naruto muy tenso y avergonzado.

- Mira… si quieres que entre en uno de esos grupos raros… déjalo, no me interesa.

Sin más, Naruto observó cómo ese chico empezaba a caminar nuevamente y se metía en el edificio. Se giró frustrado mientras resoplaba y entonces… observó a Gaara, Neji, Deidara y Kiba riéndose a carcajadas sobre cómo un simple adolescente le había dado esquinazo.

- ¿Lo habríais hecho mejor? – preguntó Naruto algo molesto.

- Vamos, Naruto… eres un gran alfa – dijo Gaara al final – pero las palabras no son tu fuerte. Vayamos a clase antes de que no nos dejen entrar.

Tras las clases, toda la manada se reunió a la sombra de un gran árbol para debatir qué iban a hacer con ese adolescente. Ninguno tenía un plan decente para convencerle, pero algo tenían que hacer. No podían permitir que perdiera el control en algún momento o que empezase a notar los efectos secundarios.

- Sabemos una cosa… el mordisco ha funcionado – comentó Kiba.

- Creí que se moría – dijo Naruto preocupado y cabizbajo.

- Debiste avisarnos – comentó Gaara frustrado por aquella decisión.

- No hubo tiempo. Estaba entrenando con Kakashi y simplemente… escuchamos su grito. Cuando llegamos, Orochimaru ya estaba encima de él y le había mordido. No podía dejarle allí en el bosque.

- ¿Y llevarlo a su casa era la mejor opción? – preguntó Ino algo asustada de aquella decisión.

- No podía contarle la verdad allí.

- Habría sido el mejor momento – repitió Ino.

- Se desmayó prácticamente en mis brazos. He pasado toda la noche en su habitación comprobando que respirase. Ni siquiera sé cómo sigue vivo después de ese mordisco.

- Es un chico fuerte – concretó Gaara – no muchos han sobrevivido al de Orochimaru.

- Pero me preocupa. Está vivo… vale… ¿Y cómo voy a controlarle? En cualquier momento empezará a mostrar síntomas de transformación y no tiene ni idea.

- ¿Os habéis fijado en sus ojos? – preguntó Gaara a todo el grupo – es lo primero que me cambió a mí. Mi sentido de la vista se volvió loco, no conseguía leer correctamente pero sí veía mejor en la oscuridad. Después vino el oído, más agudizado que nunca, podía escuchar hasta a los roedores trepando por las enredaderas de la hiedra de mi ventana.

Todos se miraron fijamente unos segundos. Nadie había pensado en comprobar cómo iba, sus ojos parecían normales esa mañana pero quizá… cuando la luz le diera de lleno, sus ojos brillarían como ocurría en la oscuridad. Se adaptarían a esa falta de luz.

- Vamos a tener un gran problema – dijo Gaara al ver cómo unas chicas entraban por el edificio de la piscina con unas cámaras de fotos y balbuceaban entre risas.

- ¿Por qué? Sólo son un par de fans del equipo de natación – dijo Deidara.

- ¿Es que aquí nadie se fija en la ropa que llevaba ese chico? – dijo Ino una vez más – llevaba una sudadera del equipo de natación.

- Es nadador – dijo Gaara – y dudo que esas chicas vayan con cámaras de fotos sólo porque les apetezca. Si le sacan una foto de lleno a sus ojos… se acabó. Todo el mundo sabrá que hay algo extraño en este pueblo, adiós a nuestro secretito.

- Hay que detenerlas – se puso en pie Naruto para salir corriendo hacia la piscina.

- Quizás piensen que es un efecto óptico debido a la luz reflejada en la lente – gritó Kiba cada vez más alto conforme más se alejaba Naruto.

- Vamos, muévete – le urgió Ino dándole un puntapié en el zapato para que dejara de holgazanear y fuera tras Naruto.

- Ya han salido los demás tras Naruto. ¿De verdad hace falta que yo también vaya? – quiso librarse pero una mirada de Ino le dio a entender que más le valía comenzar a moverse o iba a pagar las consecuencias – vaya mierda, con lo a gusto que estaba – se quejó Kiba mientras apoyaba los brazos sobre el césped para ponerse de pie.

- Ya podrás dormir después. Ahora hay que evitar que alguien descubra al nuevo – comentó la rubia antes de agarrarle de la chaqueta por el hombro terminando de ponerlo en pie y tirando de Kiba para que comenzara a correr.

Cuando llegaron al edificio, vieron a su alfa buscando con la mirada a Sasuke entre los miembros del equipo de natación y el resto de la gente que había ido a observar el entrenamiento. Naruto captó a Neji mezclado entre la gente y, con un leve movimiento de cabeza, le indicó si había visto al moreno, pero el encogimiento de hombros por parte de Neji le dio a entender que no tenía ni idea de dónde estaba.

Un silbido captó la atención de ambos y vieron a Ino cerca de las gradas señalando al grupo de admiradoras que se encontraban al pie de ésta cuchicheando entre ellas y soltando risitas hasta que algo captó la atención de una de ellas y dio el aviso al resto. Inmediatamente, las chicas que poseían una cámara la prepararon para sacar una fotografía.

Naruto tuvo la impresión de que todo iba a cámara lenta cuando la chica levantó los brazos para alzar su cámara de fotos y conseguir un buen encuadre de su objetivo, que llegaba de los vestuarios con un apretado bañador, una toalla blanca alrededor del cuello y en sus manos llevaba las gafas y gorro de natación. No supo si era por la preocupación al ver que no llegaría a tiempo para impedir que la chica sacaba la foto o por el fabuloso cuerpo que ocultaba Sasuke bajo la ropa. Debido a la preocupación por el peligro que corría Sasuke, no se fijó en su cuerpo cuando le cambió la ropa y le puso el pijama.

Sus pies se pusieron en marcha cuando escuchó que la chica daba al botón de zoom y el objetivo de la cámara se alargaba para conseguir una mejor foto de Sasuke. Su pulso se aceleró a mil por hora mientras trataba de llegar al moreno sabiendo que no llegaría a tiempo en su forma humana y casi se le paraliza el corazón al ver el destello del flash, pero por suerte no fue así gracias a uno de los miembros de su manada.

Deidara se había plantado tras Sasuke y había colocado sus manos abiertas sobre los ojos del chico, mostrando los tatuajes en forma de lengua que tenía en las palmas. Sasuke tardó unos segundos en procesar que no podía ver porque algo bloqueaba su vista, pero cuando se dio cuenta de lo que ocurría, apartó de un manotazo a Deidara e intentó seguir su camino, aunque no contó con que más personas se unirían a ese extraño joven de largo cabello rubio.

- Pero, ¿qué demonios...? - soltó al sentir que le quitaban la toalla de los hombros – oye, tú, ¿se puede saber qué coño haces? - se dirigió a Kiba, quien le daba la espalda y se colocaba la toalla en la cabeza como si fuera un turbante y hacía poses raras frente a él.

Sasuke alzó su brazo y lo extendió para agarrar al adolescente por el hombro y darle la vuelta para encararle, pero antes de que siquiera sus dedos rozaran la chaqueta de ese joven de pelo castaño, sintió que su rostro era girado con cierta fuerza y violencia.

Ojos negros se encontraron con otros de color verde. Sasuke no pudo evitar arquear sus cejas en señal de confusión al notar que el pelirrojo que le sujetaba la cara no tenía cejas.

- Falsa alarma – pudo escuchar esas palabras salir de la boca de ese extraño chico antes de que varios gritos afeminados se oyeran por todo el lugar.

- Mi cámara – chillaron algunas de las admiradoras con afición de paparazzi al ver cómo se quedaban sin sus preciados tesoros.

- Oh, cuánto lo siento – dijo Ino con un falso tono de disculpa que las otras chicas no notaron, mientras se ponía de pie – no sé cómo he podido resbalarme. Quizás había agua donde he pisado, no lo sé, pero lo siento muchísimo.

Las admiradoras ni siquiera la escucharon, solamente se quedaron ahí en el suelo observando cómo un par de cámaras se hundían en el fondo de la piscina y las demás se había hecho añicos al estamparse contra el suelo. Una de las dueñas se arrastró gateando hasta su cámara y la cogió comprobando que la lente estaba destrozada y el cuerpo de la cámara también parecía insalvable.

Las admiradoras que no poseían ninguna cámara salieron antes del asombro y pronto se giraron hacia Ino para gritarle por lo que su torpeza había causado. La rubia usó su expresión de mayor pena, incluso sus ojos estaban llorosos como si se estuviese aguantando las lágrimas mientras hacía temblar su voz al disculparse, pese a que en realidad le daban igual esas chicas y sus cámaras. Por algo había fingido resbalar con tal de tener una excusa para chocar deliberadamente contra ellas y evitar que siguieran sacando fotos.

Pronto, se armó un gran revuelo, en el que las fans de Sasuke atacaban verbalmente a Ino, e incluso alguna le levantó la mano con la intención de darle una bofetada, pero antes de que siquiera pudiera bajarla, la mano de Neji la sujetó impidiéndole, mientras el resto de la manada se ponía frente a Ino.

Se habían olvidado de Sasuke al ver que trataban de atacar a su amiga y habían acudido en su ayuda, pese a saber que Ino podía defenderse sola, pero eran una manada y se protegían unos a otros.

Ino sintió ganas de destrozar a esa chica por tratar de golpearla, pero en ningún momento salió de su papel, ni siquiera cuando una sonrisa quiso salir a la superficie al ver que sus compañeros siempre le cubrirían la espalda, sino que siguió disculpándose y lloriqueando con mayor intensidad como si el gesto de la otra chica le hubiese asustado.

Naruto pensó que debían darle un Óscar a Ino a mejor actriz. A veces le sorprendía la facilidad que su amiga tenía para actuar y expresar emociones que realmente no sentía. Pero dejó de pensar en ello cuando, por su visión periférica, captó movimiento y vio que Sasuke estaba aprovechando que el caos para escabullirse.

A Sasuke le gustaba la tranquilidad y odiaba que algo alterara o interrumpiera su entrenamiento, pero en ese momento, estaba contento de que se estuviese armando ese jaleo, porque había logrado que esa panda de locos dejara de molestarle sin que él tuviera que hacer nada.

Dio unos pasos y cogió del suelo su toalla, la cual había tirado el chico de pelo castaño a su paso para ir hacia donde esas chicas se estaban peleando. Dio media vuelta y se encaminó hacia la calle de la piscina más alejada de donde habían caído las pertenencias de esas escandalosas adolescentes, porque sabía que alguien tendría que meterse en el agua para sacarlas y no quería que le molestaran mientras nadaba.

- Tenemos que hablar – le dijo alguien agarrándole del antebrazo.

Al girarse, Sasuke reconoció al excéntrico rubio fan de lo sobrenatural que había tratado de reclutarle para algún grupo raro. Creía que le había dejado claro que no le interesaba, pero por lo visto ese rubio era insistente y no se daba por vencido.

- Ya te he dicho que no me interesa ser miembro de tu grupo de fanáticos de hombrecillos verdes. No quiero debatir con vosotros sobre Mulder y Scully – le recordó Sasuke soltándose del agarre.

- No soy parte de ningún grupo sobre extraterrestres. Quiero hablar contigo de algo importante – le dijo con una inusual seriedad.

Sasuke le miró durante unos breves segundos analizando el rostro del chico frente a él, tratando de ver la mentira en sus ojos, pero parecía sincero por lo que decidió concederle algo de su tiempo para escuchar lo que tenía que decirle.

- Más vale que valga la pena y no me estés haciendo perder mi preciado tiempo. Tienes un minuto – le dijo dándole a entender que le escuchaba.

Naruto se debatió durante unos instantes sobre cómo contarle lo que sucedía, pero visto que la primera vez no había tenido mucho éxito al tratar de suavizar el tema y que apenas tenía sesenta segundos para hacerlo, decidió dejarse de rodeos e ir directamente al grano.

- Vas a experimentar cambios en tu anatomía que necesitas conocer y yo puedo ayudarte a entenderlos y controlarlos.

- ¿Eso es lo importante que tenías que decirme? ¿Una penosa frase para ligar? - le soltó Sasuke incrédulo – para tu información, llegas tarde, ya pasé la pubertad – le dijo con una sonrisa socarrona.

El moreno pensó que ya había desperdiciado demasiado tiempo con ese tipo y que debía empezar su entrenamiento, así que se dio la vuelta dándole la espalda a Naruto, quien se había quedado perplejo al ver que Sasuke pensaba que estaba intentando meterse en sus pantalones, o bañador en este caso, pero logró reaccionar a tiempo e ir tras él.

- No estoy ligando contigo – le aclaró agarrándole del brazo de nuevo – va en serio. Eres un hombre-lobo y si no me dejas ayudarte a dominar...

- Sabía que al final iba a tratarse de alguna frikada – le interrumpió molesto – no sé qué es peor: que trates de ligar conmigo para que me una a tu club de frikis o que te inventes cosas para conseguirlo. Ya te he dicho que no me interesa, nerd, así que déjame en paz.

Sasuke se soltó una vez más del agarre y continuó su camino, pero Naruto no iba a desistir fácilmente.

- No estoy mintiendo. Sé que es difícil de creer y asimilar algo así, pero es la verdad y tu vida y la de todos los que viven en este pueblo dependen de que me escuches y me dejes ayudarte – le dijo exasperado viendo que el otro no le hacía caso y seguía caminando, pero no se iba a dar por vencido – sufrirás cambios físicos y de comportamiento, tus sentidos se agudizarán, pero los más importantes son los mentales. Si no sabes cómo controlarlo, el instinto animal superará tu raciocinio, por lo que podrías atacar a cualquiera sin ni siquiera ser consciente de ello, pero si me dejas enseñarte a fortalecer tu razón, podrás ser capaz de controlar ese instinto sin perder tu parte humana – le fue explicando con rapidez.

- Oh, no, Sam y Dean vendrán a por mí con sus camisas de franela por ser un lobo malo – se burló Sasuke sin siquiera dejar de caminar o mirarle.

- Todo esto se debe a que el ADN del lobo que te mordió se está mezclando con el tuyo – continuó explicándole eligiendo ignorar su comentario despectivo, pese a pensar que, para no gustarle y burlarse de las cosas sobrenaturales, bien que conocía series sobre esa temática y sus protagonistas.

Naruto se sorprendió cuando Sasuke se detuvo de repente y se giró hacia él con cara de enfado. Pensó que le gritaría o le diría algo pero no, se quedó mirándolo durante unos largos segundos y después, volvió a girarse y alejarse de nuevo. Naruto le siguió mientras continuaba

- Cuando aprendas a controlar tu instinto, podrás transformarte por completo o sólo algunas partes, como yo.

- ¿Ahora tú también eres un hombre-lobo? - le preguntó con mofa girando levemente la cabeza hacia atrás para dedicarle una sonrisa burlona, la cual desapareció en cuanto vio aquel rostro peludo, con hocico y dientes afilados.

Naruto había aprovechado que no había nadie cerca en los alrededores ya que todos se habían acercado a la disputa provocada por Ino, para mostrarle a Sasuke lo que podría llegar a conseguir con su ayuda, aparte de servirle para hacer que le creyera. Sabía que esa táctica conllevaba riesgos que no tardó demasiado en sufrir.

Sasuke se quedó congelado durante un instante, pero al segundo siguiente, su puño conectó con fuerza con el rostro de Naruto y rápidamente salió corriendo hacia los vestuarios. Huyó asustado de lo que acababa de ver sin siquiera preocuparse de saltarse el entrenamiento.

. . .

- Oh, dios, ¿cómo me he podido perder algo así? – Kiba se reía descontroladamente.

- No tiene gracia, me ha roto la nariz – le dijo Naruto limpiándose la sangre seca que le había salido de las fosas nasales por culpa del puñetazo de Sasuke.

Después de que el entrenador del equipo de natación zanjara todo el revuelo y echase a los que no pertenecían al club, ellos acabaron reuniéndose de nuevo bajo la sombra del árbol en el que habían estado antes del jaleo en la piscina.

- No te quejes tanto, que seguramente ya la tendrás como nueva – dijo Deidara restándole importancia a la herida de su alfa, ganándose la mirada furibunda de éste.

- Eso no quita que no me haya dolido – se quejó Naruto.

- Eso te pasa por enseñarle tu rostro transformado de repente y sin previo aviso – le dijo Gaara.

- De alguna forma tenía que conseguir que me hiciera caso, ¿no? Además, tú dijiste que las palabras no son mi fuerte, así que decidí mejor enseñárselo que explicárselo – se defendió Naruto.

- Esperemos que al menos tu loca estrategia haya sido efectiva y después de que se le pase el susto, esté dispuesto a escucharte – intervino Neji.

Todos se miraron sopesando las posibilidades de que ese moreno cabezota acudiera a ellos por voluntad propia cuando se calmase del susto, pero por las expresiones de sus rostros, se podía ver que no estaban muy seguros de ello.

- Me voy a casa. Necesito descansar. Ha sido un día estresante – dijo Naruto poniéndose de pie – Ya mañana veremos si dejar que me rompan la nariz ha servido para algo o tendremos que pensar otro plan – comentó antes de despedirse de su manada y marcharse.

- Entonces, ¿quién ha ganado la apuesta? - le preguntó Kiba a Gaara cuando su ataque de risa terminó y Naruto estaba lo suficientemente lejos como para no escucharles ni con su agudizado oído.

- Yo – le contestó el pelirrojo.

- ¿Y por qué tú? Ha salido corriendo como predije – se quejó Kiba.

- Pero después de romperle la nariz, así que gano yo. Paga – Gaara extendió la mano en espera de su recompensa.

- No es justo – se quejó Kiba, aunque de todas formas, sacó un par de billetes de su monedero y los puso sobre la palma del pelirrojo con malhumor.

Sasuke se encontraba tumbado sobre su cama a oscuras. Habían pasado horas desde que regresó del instituto y se fue directo a su cuarto encerrándose en él, sin siquiera cruzar palabra con algún miembro de su familia. Para ellos, no era nada raro, estaban acostumbrados al comportamiento solitario del menor, por eso ni se les pasó por la cabeza que algo le ocurriera.

El moreno no dejaba de darle vueltas a lo ocurrido ese día, con esa panda de locos persiguiéndole y ese rubio insistente dándole la brasa con teorías locas sobre que era un hombre-lobo. ¿Con qué fin? Suponía que para que se uniera al club al que perteneciese, pero ya no estaba seguro; ya hasta cavilaba la posibilidad de que todo se tratase de una broma pesada. Pero lo que no salía de su mente de ninguna forma era lo que había presenciado.

Durante toda la tarde, su cabeza no había parado de trabajar tratando de encontrarle una explicación a lo que había visto, a ese rostro tan parecido a un lobo, pero no podía ser real. La única explicación plausible a la que había llegado era que se trataba de una máscara que se había puesto mientras le daba la espalda, para convencerle de las locuras que le estaba contando. Una máscara demasiado real y que no sabía dónde la había podido conseguir. Quizás ese friki tuviera algún familiar que trabajase en cine o televisión como maquillador.

Aunque no fue el único pensamiento que le estuvo rondando por la cabeza. Algo de lo que le dijo ese rubio le sorprendió y se le había quedado grabado en la memoria. Había mencionado que un lobo le había mordido, lo cual hizo que se le viniese la horrible pesadilla que tuvo la noche anterior. Sabía que sólo había sido eso, una terrible pesadilla que no quería volver a tener, pero cuando las palabras salieron de la boca de ese chico, algo en su interior se removió.

No pudo evitar levantarse la camiseta y mirar su cadera al mismo tiempo que la palpaba. No había nada, su piel estaba tan tersa y suave como siempre, sin ningún rasguño o marca, lo cual probaba que ese rubio se equivocaba. No le había mordido ningún hombre-lobo, por lo que él tampoco era ninguno, solamente le había soltado eso porque era lo que se decían en los mitos y leyendas. Pero entonces, ¿por qué sentía que algo no encajaba, que algo se le estaba escapando en todo ese asunto?

No podía negar que le mosqueaba la coincidencia de tener ese mal sueño y, al día siguiente, tener a un fanático de los hombres-lobo acosándole e intentando convencerle de que él era uno. Era demasiada casualidad... Exhaló con frustración, estaba dejando que las palabras de un lunático le afectaran y le volvieran paranoico, cuando seguramente, sólo se trataba de eso, una estúpida coincidencia.

Se masajeó la sien; le dolía la cabeza de tanto pensar, por lo que decidió distraerse con algo. Encendió la lámpara de la mesita para iluminar de forma tenue su habitación y se levantó cogiendo un libro de la estantería. Regresó a la cama poniéndose cómodo y abrió el libro por la primera página.

La lectura parecía estar funcionando, pero cuando iba por la tercera página, las letras parecían distorsionarse y emborronarse, siendo incapaz de distinguirlas bien. Se frotó los ojos con fuerza por si así conseguía que las letras volvieran a ser nítidas de nuevo, pero cuando abrió los ojos, su vista seguía nublada.

Supuso que quizás era por haber estado tantas horas sumido en la oscuridad o simplemente se debía al cansancio producido por la falta de sueño. Sea cual fuere la razón, estaba claro que lo mejor era no seguir forzando su vista y dejar la lectura para otro momento.

Se tumbó de nuevo y cerró los ojos para dormir un rato antes de la cena, pero tampoco pudo hacer eso porque a los pocos segundos, unos suaves golpes se oyeron en su puerta.

- Cariño, la cena está lista – escuchó la dulce voz de su madre al otro lado.

- Ya voy – contestó levantándose.

Al abrir los ojos, todo parecía haber vuelto a la normalidad, lo cual le convenció aún más que todo se debía al cansancio, por lo que se iría directo a dormir tras la cena.

Tras bajar al piso inferior y meterse en la cocina, se sentó con su familia en la mesa.

- Qué bien huele, mamá – la elogió Itachi, quien estaba sentado frente a Sasuke.

Sasuke no pudo estar más de acuerdo con su hermano. Realmente olía muy bien, tanto que se le estaba haciendo la boca agua.

- No todo el mérito es mío. Tu padre ha preparado la ternera en salsa de vino blanco que está para chuparse los dedos – le contestó Mikoto.

- Y a tu madre le ha salido su tronco de patatas y verduras tan rico como siempre – halagó Fugaku a su esposa, quien le sonrió complacida con el elogio.

Todos comenzaron a servirse de la comida preparada y cuando llegó el turno de Sasuke, sus padres y su hermano le miraron sorprendidos al ver cómo llenaba su plato hasta arriba de ternera. Les extrañaba que eligiese la carne habiendo otro plato más para escoger y más si era de verduras, ya que era lo que más le gustaba.

- ¿Has dejado de ser vegetariano, hermanito? - se burló Itachi.

- Nunca he sido vegetariano y lo sabes – le contestó molesto.

- Pero no es común que optes por ella antes que un buen plato de verduras y más si lleva tomate.

- ¿Qué pasa? ¿No puedo tener antojo de comer la ternera que ha hecho papá? - soltó malhumorado.

- ¿Antojo? ¿Es que está embarazado? Hay que ver los jóvenes de hoy en día, no toman precauciones – se burló limpiándose las lágrimas que salían de sus ojos a causa de la risa.

- Idiota – masculló Sasuke.

- Ya basta – intervino Mikoto – Itachi, deja a tu hermano cenar tranquilo.

Sasuke le dedicó una mirada furibunda a su hermano antes de centrarse en la carne de su plato. Olía tan bien que hoy le habían dado ganas de comerla. No era la primera vez que comía carne así que tampoco había que montar un escándalo por algo así, pero sabía que su hermano aprovechaba cualquier cosa para meterse con él.

Decidió ignorar a Itachi y se concentró en saborear esa ternera, la cual encontraba más sabrosa que nunca.