AVISOS: Historia creada por dos autoras, kaoru-himura1878 (Kaoru Himura en Amor Yaoi) y Fullbbuster (Fullbuster en Amor Yaoi).

ACTUALIZACIONES: El último domingo de cada mes.

ACLARACIONES: Queremos dejar claro una cosa, esto no es un omegaverse. Leímos las normas sobre lo que es un omegaverse y sinceramente... no nos gusta en absoluto, por eso tanto mi compañera como yo decidimos hacer una historia simplemente de ficción, cogiendo la temática de hombres lobo, así que para dejarlo claro, que nadie se deje llevar por las normas que otros autores hayan puesto sobre el omegaverse, porque no lo es. Para nosotras, ningún lobo nace y muere siendo un omega, ninguno nace y muere siendo un alfa, es una manada de lobos y todos sus miembros pueden ascender y descender de categorías, así que preferimos dejar esto claro, porque no vamos a seguir las normas impuestas por otros autores en referencia al "omegaverse", sino que seguiremos nuestra propia ideología y documentación respecto al tema y cómo funcionan las manadas auténticas de lobos.

En cuanto a actualizaciones, lamentablemente tanto mi compañera como yo estamos algo saturadas y, por tanto, este proyecto tan sólo se podrá actualizar una vez al mes, siendo el último domingo de cada mes. Esperamos la disfrutéis la historia y sobre todo recordad... somos dos autoras escribiendo esta historia, Fullbuster y yo. Un saludo.


Capítulo 38: Explicaciones

Sentía el viento golpear su rostro con fuerza. El invierno pasado fue frío sin duda alguna, pero éste era mucho peor. Sin embargo, su oscuro pelaje cubría todo rastro de frío. Sasuke corría entre la maleza del bosque con intención de cruzarlo hacia otra área residencial: su casa.

Durante más de media hora estuvo vigilando a su antiguo alfa. Las noticias sobre su vuelta aún no habían corrido, pero lo harían en breve. La mayoría de los lobos de la zona no le detectaron, pero él… él olió su aroma a kilómetros de distancia. Por esa misma razón, motivado por la curiosidad, echó a correr hacia la carretera de entrada al pueblo.

No reconoció el vehículo en el que venía, pero el olor era inconfundible. Dejó que el vehículo pasase y entonces, se colocó tras él en mitad de la carretera. ¡Naruto le había olido! Lo supo en cuanto el chirrido de frenado llegó a sus largas orejas puntiagudas.

¡Aquella vez en su huida, él no frenó, no miró atrás! Hoy lo hacía para ver una imagen muy distinta a la de hacía un año. Ya no vislumbraba la figura humana de un adolescente, sino un lobo de pelaje negro y ojos rojizos que miraban con odio y curiosidad.

¡Un año! En un año las cosas habían cambiado demasiado y, sin embargo, hubo una cosa que permaneció impasible durante esos meses: lo que sentía por él. Por más que había decidido odiarle, por más que decidió que jamás volvería a caer en esos sentimientos, seguían allí. Verle bajar del vehículo y tratar de pronunciar su nombre revolvió todo en su interior. Lo único que Sasuke pudo hacer fue gruñirle para evitar que se acercase a él. ¡No! ¡Todo había cambiado! Puede que aún le amase, pero nada podría volver a ser como era y Naruto acabaría enterándose de todo tarde o temprano si es que estaba allí para quedarse.

Sólo por curiosidad, Sasuke había decidido no irse demasiado lejos y observar si realmente Naruto volvía a su casa. Así fue. Gaara, que no vivía a demasiada distancia, debió olerle porque no tardó demasiado tiempo en aparecer. Tampoco era algo que extrañase a Sasuke puesto que desde su retirada, Gaara había ocupado el puesto de alfa en la manada. Era su obligación comprobar qué ocurría y las consecuencias que acarrearía en la manada el regreso de su antiguo alfa.

Entre los arbustos y tras haber visto más de lo que quería, Sasuke se marchó. No había salido de la mansión de Pain para aquello, sino para comprobar que su hermano estaba bien. Lo de Naruto sólo había sido un imprevisto en su camino por el cual se desvió momentáneamente.

Al llegar a la linde del bosque se detuvo en seco. Frente a él estaba la carretera y al otro lado, su casa. La luz de su cuarto se encontraba apagada al igual que todo el piso inferior. Sus padres debían haberse ido a dormir hacía horas, pero su hermano se mantenía despierto. Había luz en su ventana.

Sus orejas se movieron hacia delante para escuchar con atención. Sus ojos, anteriormente rojos, se volvieron de un azul como el mar en calma. Esperó. Podía escuchar los pasos de su hermano por el cuarto, iba de un lado a otro y hablaba, seguramente por teléfono. Agudizando su sentido auditivo, pudo percatarse de la voz al otro lado del aparato. Era una chica y no una cualquiera, alguien a quien conocía bien: Ino Yamanaka. Sasuke sonrió sutilmente. Sabía perfectamente que Ino y Konan seguían hablando en secreto y que al final, Ino se había vuelto la intermediaria entre Itachi y Konan.

Ver la cara de idiota enamorado de su hermano al escuchar a Ino comentarle todo lo que hablaba con Konan le hacía feliz. Ese último año no había sido fácil para nadie, pero él más que nadie conocía perfectamente el sufrimiento de estar separado de la persona a quien querías. Ellos no podían estar juntos mientras Pain no lo consintiera y era algo que su nuevo alfa jamás aceptaría. Sasuke sólo podía velar por la seguridad de su hermano desde las sombras.

– Ino, espera un segundo.

Aquella frase que captaron sus oídos hizo que Sasuke se agazapase mejor entre los arbustos. Sin duda alguna, su hermano había sentido su presencia. Lo supo en cuanto observó a Itachi acercarse a la ventana. Llevaba el teléfono en la mano y lo apoyaba sobre su oreja.

Entre la oscuridad de su jardín, sus ojos se fijaron en las farolas que alumbraban el asfalto. Los coches se encontraban aparcados junto a los jardines y ni un alma caminaba a esas horas por las calles del pueblo; sin embargo, Itachi sentía la presencia de su hermanito. El aroma era inconfundible.

Esos últimos meses algo había cambiado en su relación y no podía entender el motivo para ello, pero aun así, confiaba en su hermano y las decisiones que tomaba. Irse de la manada y unirse a Pain debía estar motivado por algo, algo que no contaba a nadie, ni siquiera a él, su hermano, la persona en quien más debería confiar.

Intentar hablar con Sasuke sería una tarea casi imposible. Conocía bien a su hermanito como para saber algo así. Intensificó la mirada hacia los arbustos del otro lado. Un reflejo azulado y el rápido movimiento de las hojas y ramas como si alguien las zarandease con violencia fue lo que pudo ver. Sasuke huía de nuevo al verse descubierto. Al otro lado del teléfono, la voz de Ino le llamaba.

– Estoy aquí, Ino – susurró Itachi – sólo era… – por un momento, pensó en decir la verdad, pero habría sido una mala idea sabiendo cómo estaba la situación en la manada. Que Sasuke se hubiera marchado con Pain no había sido tampoco plato de buen gusto –. Sólo el viento – mintió finalmente.

. . .

Eran casi las cinco de la madrugada cuando finalmente llegaba a la mansión. La luz del jardín seguía encendida, pero Sasuke estaba convencido de que toda la manada debía estar dentro durmiendo. Desaceleró la carrera y caminó lentamente hacia el porche. Su alfa estaba allí, el aroma que desprendía era muy característico. Aun así, no fue hasta que se acercó a las escaleras que conducían al gran porche que pudo verle.

Pain estaba sentado en el último peldaño con un libro clásico en sus manos. Leía a Virgilio, lo supo por el título del libro "La Eneida". ¡Todo un clásico para glorificar al antiguo Imperio Romano! Él lo leyó una vez hacía ya demasiado tiempo.

– Has tardado.

Pain ni siquiera se dignó a apartar la mirada de su libro. Sasuke acercó sus patas hacia el primer peldaño, convirtiéndose en pies humanos descalzos. Lentamente, todo su cuerpo fue cambiando hasta que al llegar prácticamente donde estaba su alfa, ya se encontraba desnudo y en su forma humana completa.

La mano de Pain se alzó en su dirección para ofrecerle un pantalón y una camiseta corta que había sacado para él. Sin duda alguna, le esperaba. Debía llevar un buen rato en esa escalera. Sasuke sonrió y agarró la ropa.

– No creí que tuviera hora de regreso – dijo con una sonrisa burlona. Pain apartó finalmente la mirada de su libro y lo cerró para observarle.

– Y no la tienes, pero hoy te he echado en falta en mi cama.

Sasuke se acuclilló frente a él para poder mirarle a los ojos fijamente. No dejó de sonreír en ningún momento.

– Te compensaré por ello.

– Eso espero.

Pese al amago de Sasuke por querer levantarse, su movimiento fue impedido por la mano de Pain agarrando su barbilla y hundiendo sus dedos en las carnosas mejillas, agarrándole con fuerza para besarle con pasión. ¡Ese chico era su perdición! No negaba su fijación por él y más, desde que había llegado a convertirse en su beta.

– No sabía que querías la compensación ahora mismo – sonrió Sasuke en cuanto Pain liberó sus labios.

– ¿Tienes alguna objeción?

– Ninguna, de hecho, ya estoy desnudo – sonrió – aunque creí que preferirías escuchar las noticias sobre mi patrulla.

– ¿Hay noticias? Eso es toda una novedad. Twain Harte lleva tiempo muy tranquilo.

– Naruto ha vuelto – dijo sin más y eso pareció no gustarle a Pain.

– ¿Estás seguro de ello?

– Le olí, me acerqué a comprobarlo y lo vi con mis propios ojos. Entraba en coche por la carretera de montaña.

Viendo que Pain había soltado su rostro y le permitía irse, Sasuke se levantó y empezó a vestirse. Era clara señal de que dejarían el sexo para otro día. En cuanto estuvo vestido, subió el último peldaño para ir al interior de la mansión y dormir un poco.

– Sasuke, me alegro de que me lo hayas contado –. Sin duda alguna, Pain todavía tenía ciertas dudas sobre su lealtad. Fue el beta de Naruto y si por las noches pensaba qué ocurriría en la mente de Sasuke si Naruto volviera, ahora mismo se disipaban un poco al comprobar que había hecho lo correcto con la manada: contar la verdad en vez de ocultar la información. Le estaba siendo leal.

– Soy tu beta, ¿no? – preguntó Sasuke – tú nunca me has ocultado nada, yo no tengo motivos para hacerlo.

– Sasuke, ¿por qué no te duchas en el cuarto de baño de mi habitación? Te alcanzo en unos minutos.

– Claro. Te estaré esperando. No tardes o tendré que empezar sin ti – sonrió con un toque juguetón.

Pain no perdió de vista a Sasuke hasta que desapareció tras la puerta de la mansión. Era un buen beta, el mejor de todos los que había tenido y su odio por Naruto había sido todo un lujo, le hizo poder llegar hasta él y meterlo en su manada. Quizá debía agradecerle a Naruto por haberle hecho tanto daño, eso hizo que Sasuke cayese en sus manos y acabase en su cama, todo a cambio de una simple condición… nadie volvería a tocar a Konan, sólo él tendría ese derecho. Evidentemente, no fue una decisión que gustase al resto de su manada, pero siendo un poco egoísta, a Pain no le incumbía en absoluto, él tenía a Sasuke en su cama y le daba igual lo que ocurriera con Konan. Dársela a Sasuke no era una gran pérdida para él.

– ¿Sasuke?

La voz femenina de Konan que aguardaba en las escaleras interiores de la mansión captó la atención del moreno.

– Él está bien – susurró Sasuke al pasar a su lado para subir hacia el cuarto de Pain, haciendo clara referencia a Itachi.

– ¿Vas a dormir un rato?

– Me voy al cuarto de Pain, parece que se ha levantado con ánimo – sentenció con seriedad.

– He escuchado que Naruto ha vuelto y…

– No iré a ningún lado – quiso cerrar el tema Sasuke con rapidez al ver el temor en la mirada de Konan.

– Pero… él es tu verdadero alfa y…

– No voy a dejarte aquí sola, ¿vale? Todo estará bien. Naruto ya no es mi alfa ni el alfa de nadie. Se marchó y nadie le obligó a hacerlo. Tendrá que atenerse a las consecuencias de sus actos. Todos nosotros lo hacemos.

– No me preocupa él – dijo Konan – sino tú. No quiero verte sufrir a ti, Sasuke, y sé que lo haces. Aún le quieres.

– Nuestra relación se acabó hace mucho. Ya lo acepté. Ahora estoy con Pain y soy su beta, él no me oculta nada.

Sasuke volvió a caminar escaleras arriba. No era idiota, no es que la manada de Pain le gustase y, de hecho, muchas de sus normas las detestaba, pero era cierto en que no se había pasado de la raya con él, cumplía su palabra y sus promesas y, sobre todo, no le había mentido ni ocultado nada hasta el momento. Aun así, sentía su corazón latir con intensidad cuando pensaba en Naruto. Él fue su primer y único amor, no podría querer a nadie como lo hizo con él. Ahora las cosas estaban así y no podía hacer nada para evitarlo. Capeó el temporal que Naruto dejó tras él como mejor pudo y supo para mantenerlos a todos a salvo hasta… que no pudo hacer más.

Unirse a la manada de Pain y ser su beta fue única y exclusivamente su decisión y ahora, tendría que vivir con ella y atenerse a las consecuencias que vendrían.

. . .

El sol apenas había salido hacía unos minutos, pero Naruto ya se encontraba en pie a esas horas. Una vez vestido, se dispuso a improvisar un desayuno para él y su padre con la comida que había sobrado del viaje. Más tarde iría a comprar todo lo que necesitaban ya que no había nada en la despensa ni el frigorífico, excepto lo que se habían traído consigo.

– Huele bien – oyó que comentaba Minato, quien acababa de entrar por la cocina.

– No es gran cosa, sólo un poco de pan de molde tostado con el sirope de chocolate que quedaba y café de los que ya vienen listos para beber. He calentado el tuyo, no te conviene tomar cosas frías.

– Gracias, Naruto – agradeció el adulto con una cansada sonrisa.

Aquello no pasó desapercibido para el adolescente, ni tampoco cómo se ajustaba la manta que llevaba alrededor de los hombros y le tapaba la parte superior del cuerpo.

– ¿Has dormido bien? – le preguntó preocupado.

– Sólo he pasado un poco de frío – admitió sabiendo que su hijo no le creería si contestaba que sí – pero no es nada. Con este café, entraré en calor enseguida – esbozó una sonrisa más amplia para tranquilizar a Naruto.

– Subiré la calefacción unos grados más – dijo caminando hasta el panel de la pared de la cocina que controlaba la temperatura de la calefacción.

– Estoy bien – se quejó Minato.

– Tienes frío, así que no hay nada más que hablar – sentenció Naruto.

Una pequeña risa proveniente de su padre llamó la atención al adolescente, quien le miró extrañado.

– Es que... pareces el padre y yo, el hijo – le explicó al ver la mirada confusa de Naruto.

Aquel comentario le hizo sonreír, algo que necesitaba más de lo que creía ya que las últimas semanas habían sido especialmente duras, y su vuelta a Twain Harte no había empezado con buen pie precisamente. Además, hoy iba a ser un día complicado.

– En un rato tengo que salir, así que Ibiki y Asuma vendrán a quedarse contigo – le comunicó Naruto a su padre, volviendo a tomar asiento frente a él en la mesa de la cocina.

– ¿Ibiki y Asuma? ¿Cómo...? Ah, hombres-lobo, ya nos habrán olido, ¿no? – dijo Minato.

– Más bien es que anoche fui a ver a Kakashi para...

– ¿Echarle la bronca? – terminó la frase por su hijo. Le conocía demasiado bien como para no extrañarle nada que no hubiera aguantado ni una noche antes de ir a cantarle las cuarenta.

– Sí, es lo mínimo que se merece – dijo contundente.

– Debí quedarme dormido en cuanto me tumbé en el sofá porque no recuerdo haberte escuchado salir.

– Sí, estabas agotado. Necesitabas dormir en otro lugar que no fuese un coche. De todas formas, volviendo al tema anterior, Asuma e Ibiki vendrán porque le pedí a Kakashi que mandara a alguien de su manada para...

– Vigilarme – le cortó Minato.

– Estar pendiente de ti – le corrigió Naruto.

– Naruto, no hace falta...

– Sí la hace – le interrumpió tajante.

Minato observó el miedo y la preocupación reflejados en los ojos de su hijo, así que no le quedó más remedio que aceptar tener niñeras.

– Está bien, si así te quedas más tranquilo, pero... realmente ya no es necesario – comentó desanimado observando el café de su taza.

– Papá...

Antes de que pudiera decirle algo más a Minato, el timbre de la casa sonó.

– Son ellos – confirmó Naruto olfateando para reconocer el olor de Ibiki y Asuma.

El adolescente hizo el amago de levantarse, pero su padre le hizo un gesto para que no lo hiciera.

– Ya voy yo. Tú termina de desayunar – comentó antes de ponerse en pie y dirigirse hacia la entrada para ver de nuevo a dos de sus amigos tras un año sin hacerlo.

. . .

Mientras conducía por aquel camino que había recorrido miles de veces con anterioridad, Naruto no podía dejar de observar el paisaje como si fuese la primera vez. No tenía ni idea de lo mucho que había echado de menos aquellos parajes hasta que los estaba viendo de nuevo. No es que Alaska tuviera vistas horribles, más bien todo lo contrario, tenía paisajes impresionantes, pero no estuvo allí por placer precisamente. Además, éste era su hogar.

Conforme se acercaba a su destino, no pudo evitar sentirse nervioso. La conversación que iba a tener con ellos no se iba a parecer a ninguna que hubiese tenido antes, principalmente porque había estado fuera durante mucho tiempo y, para ellos, les había abandonado a su suerte. Por eso, el resto del camino, se dedicó a repasar mentalmente lo que iba a decirles a los que esperaba que aún fuesen sus amigos. Les debía muchas explicaciones y pensaba dárselas.

. . .

Cuando el rubio llegó a aquel granero abandonado, esperaba escuchar una discusión centrado en él; sin embargo, lo que le recibió fue el silencio. Aquello le extrañaba porque podía oler a su antigua manada en el interior, pero parecía que no estaban muy habladores. Eso o que habían estado discutiendo justo antes de que notasen su presencia y habían optado por callarse para evitar que les escuchara. Naruto no sabía qué era peor: haberles oído gritar y pelear o aquel silencio abrumador.

Un chirrido fue lo que se escuchó cuando abrió la puerta que le daba paso a la "cueva". Apenas había puesto un pie en el interior, cuando sintió unos brazos rodearle con fuerza.

– ¡Has vuelto! – gritó Ino con genuina alegría.

Naruto se sorprendió ante aquella calurosa bienvenida. La verdad era que no esperaba algo así para nada, sino más bien miradas frías, gritos y algún que otro golpe. Aunque, bueno, Gaara ya le había dado un puñetazo a su llegada. El rubio tan sólo pudo devolver el abrazo a la chica.

– Me alegra mucho que estés aquí – le dijo Ino separándose ligeramente de él para mirarle a la cara, pero sin llegar a soltarle.

– Yo también estoy feliz de estar de nuevo aquí. Os he echado de menos – le sonrió Naruto.

– Pues no haberte marchado – soltó con desagrado Kiba.

El antiguo alfa no se inmutó ante aquello; ya se imaginaba que no todo iba a ser cálidos abrazos como el de Ino. Sabía que sus amigos no debían estar nada contentos con la forma en que se marchó; ahora debía lidiar con las consecuencias de ello.

– ¡Kiba! – se quejó la chica soltando al rubio y volteándose para encarar a su compañero.

– ¿Qué? No he dicho nada malo, sólo la verdad – le rebatió el de pelo castaño.

– Seguro que si Naruto se marchó fue por una razón importante – salió de nuevo Ino en su defensa antes de que Naruto pudiera siquiera abrir la boca para comenzar a explicarse.

– ¿Tan importante como para ni siquiera ponernos sobre aviso? –. Fue el turno de Deidara de mostrar su disconformidad.

– Lo era – respondió Naruto.

– Ninguna lo es tanto como para dejarnos tirados de esta manera – Sai se unió a la discusión.

– Ni para romperle el corazón a la persona que decía amar – soltó Itachi recordándole a Naruto cuánto daño le había hecho a su hermano.

El semblante del rubio se ensombreció. Era consciente que había herido profundamente a Sasuke, no necesitaba que se lo recordaran. Ya lo había estado haciendo él durante esos doce largos meses.

– Sé que...

– No nos interesan tus excusas baratas – le impidió hablar Sai.

– Basta ya – intervino Gaara –. Dejad que hable y se explique, para eso nos hemos reunido hoy.

– No tengo por qué escucharle – le replicó Sai.

– Lo harás porque yo lo digo – le retó el actual alfa.

– Tú no eres mi alfa, lo es Sasuke – fue la contundente frase que salió de los labios del miembro más extravagante de la manada.

– Si es así, ¿qué haces aquí, Sai? Si no me reconoces como tu alfa y no quieres estar en esta manada, ahí tienes la puerta.

El silencio reinó ante las palabras de Gaara y la tensión se podía palpar en el ambiente.

– Yo no soy como él, no dejo tirados a mis compañeros – le respondió el moreno señalando a Naruto.

– Bien, pues tus compañeros seguro que quieren saber lo que Naruto tiene que decir, así que silencio – Gaara dio por terminada la discusión –. Adelante, Naruto.

Éste observó a sus antiguos compañeros durante unos segundos. Podía ver el enfado y decepción en la mayoría de ellos. Los únicos que parecían darle el beneficio de la duda eran Ino y Gaara, quizás incluso Neji, porque solía ser alguien bastante racional, pero como no había hablado, no sabía realmente con quién se posicionaba.

– Sé que estáis cabreados conmigo, que os he hecho daño, que sentís que os abandoné, y entiendo que lo hagáis, en serio, pero... en aquel momento, era lo que debía hacer para proteger a todos los que me importaban.

– Parece que no nos incluiste en esa categoría – murmuró Deidara.

– Dei – le avisó Gaara y el rubio solamente desvió la mirada molesto.

– No, déjalo. Es lo que os he hecho sentir, pero os equivocáis. Una de la razones por la que no os pude decir que me iba a ir de la ciudad era para protegeros.

– ¿Protegernos de qué? – preguntó con curiosidad Neji.

– ¿Y cuál es la otra razón? – añadió Ino.

– De quien asesinó a mi madre y de quien iba tras mi padre – contestó Naruto –. Él era la otra razón para que me tuviera que ir de Twain Harte, para protegerle también.

De nuevo, el silencio se apoderó de la estancia. Algunos habían cavilado que la huida de Naruto tuviera que ver con el ataque a sus padres de alguna manera, pero oírlo de sus propios labios era más impactante de lo esperado y, sobre todo, que el rubio conociera la identidad del asesino de Kushina.

– ¿Quién va tras vosotros? – preguntó Gaara.

– ¿Y por qué? – interrogó Kiba dejando a un lado su malestar.

Antes de responder, Naruto se acercó a una silla libre y la arrastró con él hasta donde había estado de pie, para sentarse después.

– Se trata de un viejo conocido de mi padre y de Kakashi. – Inició la explicación –. Iba al mismo instituto que ellos y, al parecer, ahí comenzó a fijarse en mi padre porque era el único que era amable con él.

– ¿Le acosaba? – preguntó Neji.

– Por aquel entonces, no. Mi padre me contó que siempre se portó bien con él durante aquella época. Sin embargo, en algún momento, se obsesionó a tal punto de quererle para él. Ha intentado varias veces transformarlo y, no sé si fue por venganza o desesperación, el año pasado llegó al punto de... matar a mi madre y casi conseguirlo con él.

El recuerdo de Kushina aún era doloroso pese al tiempo que había pasado. Todavía le costaba hablar de ella.

– ¿Por qué no nos contaste todo esto hace un año? ¿Por qué no nos dijiste que Minato corría más peligro de lo que parecía? – preguntó alterado Kiba.

– Quería hacerlo, os lo juro, pero eso habría supuesto poneros en peligro – le contestó Naruto.

– ¿Cómo? Si hubiésemos ido a por ese tío como una manada unida, podríamos haberle dado su merecido – le replicó el castaño.

– Te aseguro que no es así. Zabuza es fuerte, tanto o más que Kakashi, y no estaba solo. Tiene una manada grande al parecer, pero hace un año no teníamos toda la información, así que Kakashi consideró que lo mejor era que nos marcháramos del pueblo sin avisar a nadie mientras él se encargaba del tema. Creía que podría con él ya que se había enfrentado a Zabuza en el pasado y había salido victorioso, pero esta vez no fue así – le explicó.

– Sigo sin entender por qué no nos contaste nada – insistía Kiba.

– Por un parte, para que Zabuza no se enterara de lo que planeábamos e impedir que pudiera ir tras nosotros; y por otra, para no poneros en su punto de mira. Si os hubiese contado algo, él habría ido a por vosotros para sacaros la información y no quería poneros en peligro – contestó apesadumbrado.

La mayoría de los presentes no sabía qué opinar. Por un lado, podían entender la intención de Naruto, pero por otro, seguían sintiéndose traicionados y decepcionados. Creían que podrían haber sido de ayuda si Naruto hubiese sido sincero.

– Pero ya todo esto no importa, podemos dejarlo atrás y empezar de nuevo porque si habéis vuelto es porque ya estáis a salvo, ¿no? – comentó Ino intentando aligerar el ambiente.

– No, Zabuza sigue por ahí. Su manada es superior a lo que Kakashi esperaba y no ha podido hacer nada – se sinceró Naruto.

– Y, entonces, ¿por qué habéis regresado? Seguís en peligro – dijo Neji.

Naruto vaciló durante una milésima de segundo antes de contestar.

– En parte, porque no podíamos estar más tiempo escondidos sin hacer nada, tan sólo esperar. No aguantábamos estar lejos de nuestro hogar ni de nuestros seres queridos.

– Me dan igual tus excusas, nos abandonaste, nos dejaste en la estacada e indefensos. Estábamos perdidos si no hubiese sido por Sasuke. No sabes lo que hemos pasado este año, lo que ha ocurrido, los sacrificios que Sasuke hizo – cortó la conversación Sai.

– ¿Sacrificios? – preguntó son sorna Ino –. ¿No querer ser alfa o beta de la manada es un sacrificio? ¿O acaso irse con Pain es cuidar de nosotros? Siguiendo tu pensamiento, él también nos ha abandonado, por lo que no entiendo por qué a él sí le das una segunda oportunidad, pero a Naruto no.

– No hables así de mi hermano – le advirtió Itachi.

– Es la verdad. Se fue a follarse a Pain por despecho sabiendo todo lo que ha hecho, lo que te hizo, el dolor que le infringió a Konan. Lo siento, pero no se pueden comparar las dos situaciones. Naruto se fue para proteger a su familia, para intentar protegernos independientemente de que consideréis que fue una decisión acertada o no. Sin embargo, no tiene ni punto de comparación con irse voluntariamente con un mierda como es Pain solamente porque era su manera de devolverle el daño que le había hecho Naruto.

– ¡NO TIENES NI PUTA IDEA DE LO QUE SASUKE HA HECHO POR ESTA MANADA CUANDO ESTE GILIPOLLAS SE LARGÓ! – gritó Sai a pleno pulmón hacia Ino, dejando a todos atónitos ante aquello. Sai jamás gritaría a Ino, no con los sentimientos que le procesaba y, sin embargo, lo había hecho. Todos entendieron que sabía algo que el resto ignoraban.

Ino soltó todo lo que pensaba, lo cual no sentó nada bien a Itachi ni a Sai, pero no fue al único: a Naruto tampoco. Pese a que Ino lo hacía para defenderle, no le había gustado lo que la chica había dicho. Sin embargo, había una cuarta persona a la que le afectaron aquellas palabras y que había pasado desapercibida hasta ahora.

– Ino – la llamó Naruto para advertirle de la presencia de Sasuke en los alrededores.

No sabían cuánto tiempo llevaba Sasuke en las cercanías, ya que no le habían notado hasta que sus emociones al escuchar las palabras de la chica le habían delatado. La rubia se mordió los labios con cierto remordimiento: quizás se había pasado en la manera de expresar su opinión, pero realmente era lo que creía. Si consideraban que Naruto les había abandonado y estaban enfadados con él, entonces deberían pensar lo mismo de Sasuke.

– Gaara – le llamó Naruto y éste entendió enseguida lo que pretendía.

– Ve, ya seguiremos con las explicaciones en otro momento.

– ¿Qué? No, deja en paz a mi hermano, suficiente daño le has hecho ya – le advirtió Itachi yendo hacia el rubio cuando vio que éste salía corriendo del granero.

– Déjales – se interpuso Gaara en su camino –. Necesitan hablar.

. . .

Naruto corrió hacia la dirección donde Sasuke escapaba. El moreno acababa de ponerse en movimiento al verse descubierto, pero Naruto no le iba a dejar marcharse de nuevo. Tenía que hablar con él. No obstante, Sasuke no parecía interesado ya que seguía avanzando sin aminorar el paso.

Tras unos minutos persiguiéndole, Naruto logró alcanzarle. Había tenido que interponerse y cortarle el camino para detenerle.

– Sasuke, déjame...

– Ya he oído tus pobres excusas, así que te las puedes ahorrar – le cortó Sasuke.

¡Joder! Parecía que ese día se habían puesto todos de acuerdo para no dejarle terminar ni una puñetera frase.

– No son excusas, es la verdad. Por favor, escúchame – le rogó Naruto.

– No me interesa. Te marchaste para proteger a tu padre. Vale, puedo entenderlo, pero no que te fueras sin decir ni una palabra antes.

– Lo hice no sólo por él, sino también a la manada y, en especial, a ti.

– ¿A mí? ¿Cómo, Naruto? ¿Cómo se supone que mentirme, hacerme creer que me querías cuando en verdad no te importaba lo más mínimo y no confiabas en mí me protegía? Dime, Naruto, ¿cómo? – soltó claramente alterado

– Te equivocas. No... no lo entiendes.

– ¿Qué es lo que no entiendo, Naruto? ¿Eh? Dime, ilumíname con tu amplia sabiduría – se burló.

– ¡No quería que acabaras como mi madre! – gritó desesperado –. No sabes el terror que tenía a que te pudieran hacer algo o más bien... a lo que yo pudiera hacerte – murmuró cabizbajo como si ese simple pensamiento le atormentara demasiado.

– ¿De qué estás hablando? – preguntó Sasuke con un tono entre incrédulo y curioso, dejando al lado la sorna que había usado anteriormente.

Naruto se movió nervioso y evitaba mirar a la cara al moreno.

– Hay algo que no me ha dado tiempo a contarles a los demás...

– Naruto – le avisó que no estaba de humor como para que se anduviera con rodeos.

– Zabuza es mi alfa biológico – le confesó enfocando su vista en el rostro de Sasuke.

El moreno se quedó sin palabras ante aquel descubrimiento. Estaba estupefacto. Ni en un millón de años, se le habría pasado aquella idea por la cabeza.

– No tenía ni idea hasta que Kakashi acabó confesándomelo unas semanas después de que mi padre se recuperara del ataque. Cuando me lo contó, estaba tan furioso por que me hubieran guardado aquel secreto tan importante que incluso fui a ver a mi padre para pedirle explicaciones.

– Si ya sabías lo mucho que dolía que te ocultaran algo así, no entiendo cómo pudiste hacerme lo mismo a mí – comentó Sasuke incrédulo.

– Porque temía por tu vida. Zabuza vino en mi busca y usó su voz – le confesó.

Naruto se acercó lentamente hasta su ex novio hasta quedar a pocos centímetros de él. Al estar tan cerca, su olor le llegó con mayor fuerza, embriagándolo. ¡Cómo le había echado de menos! Estaba tentado a acortar aún más la distancia que les separaba, pero se contuvo. No tenía ningún derecho a hacer tal cosa. Además, la fragancia de Sasuke no fue lo único que llegó hasta sus fosas nasales. Otro olor llegó hasta él, uno que le obligó dar un paso hacia atrás. Parecía que Ino tenía razón respecto a la relación que mantenían Sasuke y Pain.

Sacudió la cabeza para apartarse una desagradable imagen que se había formado en su mente y se centró en el tema que tenían entre manos.

– Jamás me había sentido tan impotente e indefenso – dijo con un hilo de voz –. No podía controlar mi propio cuerpo cuando él me ordenaba algo, era una sensación horrible. Intenté rechazarle y no hacerle caso, pero parecía que mi cuerpo tenía voluntad propia. Nunca había sentido algo así. No tenía ningún control sobre mí mismo.

Sasuke no había pasado por algo así, aunque sí que se imaginaba lo mal que debió sentirse, sobre todo, por lo que le contaba su hermano cuando él le daba órdenes solamente para fastidiarlo. Naruto debió experimentar esa sensación multiplicado por cien.

– Era un riesgo quedarme, ese malnacido podía haberme usado para atacaros y eso es algo que jamás me podría perdonar. No... – se le quebró la voz por unos instantes –. Imaginarte sin vida, colgado como un muñeco inerte, con los ojos vacíos, tu cuerpo desgarrado y un charco de sangre bajo tus pies es... una imagen que no quería que se hiciera realidad, y menos por mis propias manos – concluyó Naruto mirándose las palmas como si en ellas estuviera la sangre de Sasuke.

Las defensas de Sasuke estuvieron a punto de resquebrajarse al ver a Naruto tan vulnerable. Podía ver cómo sus ojos se habían enrojecido debido a las lágrimas que habían estado luchando por salir pero que el rubio había retenido a la fuerza.

Sasuke se sentía confuso. Si hubiese estado en la situación de Naruto, seguramente también habría estado aterrado de hacerle daño y más después de la pérdida de su madre, porque acababa de describirle que se lo había imaginado tal y como Zabuza había dejado a Kushina. Sin embargo, otra parte de él seguía pensando que debió hacer las cosas de otra manera, que debió haberle puesto al corriente. No sabía qué decir o qué pensar.

– No era que no confiara en ti o no te quisiera – continuó Naruto al ver que Sasuke no tenía intención de hablar –, todo lo contrario, pero el miedo a verte muerto me superó. Si me hubiese quedado, Zabuza habría masacrado la manada de Kakashi y la nuestra, y seguramente me habría usado como mano ejecutora solamente por diversión. Y, si os hubiese contado lo que ocurría, os habría puesto en peligro también. No tenía mucho donde elegir.

En aquel instante, Sasuke comprendió el motivo por el que Naruto no había parado de repetirle que le amaba días previos a su marcha. Era una mezcla de miedo a que muriera, y una manera de compensar su marcha sin avisar. Debía admitir que Naruto se encontró en una situación complicada y, en su lugar, quería creer que se habría comportado de otra manera, pero realmente no sabía lo que habría hecho. Sin embargo, eso no hacía desaparecer todo el dolor que le había causado ni la manera en que había destrozado su corazón, tampoco compensaba las noches en vela llorando por su culpa. No, no podía perdonarle tan fácilmente.

– Pues tu plan fue un fracaso porque ese tal Zabuza fue a por mí igualmente – le espetó con rabia esperando que esa información le pillara por sorpresa y la culpa le carcomiera. Sin embargo, no fue así.

– Lo sé. Kakashi me contó anoche lo ocurrido tras el funeral de mi madre. Cree que Zabuza fue a por ti porque escuchó al capitán Senju preguntarte si eras mi novio. Lo siento, no consideramos tal posibilidad cuando ideamos el plan.

– Estúpidos alfas – escupió molesto –. Eso os pasa por no pedir ayuda y querer hacerlo todo por vosotros mismos en vez de confiar en vuestros betas – le echó en cara el moreno.

– Viendo cómo han acabado las cosas, sí, es posible que lo mejor hubiese sido que os hubiera puesto al corriente en cuanto me enteré de la verdad. Pero, en aquel momento, el miedo a que os pasara algo era enorme y tomamos la decisión que consideramos la mejor teniendo en cuenta las circunstancias. Solamente intentaba protegerte, quizás no fue la mejor manera, pero... no podía perderte a ti también.

– Lo hiciste, Naruto. Me perdiste igualmente – dijo Sasuke visiblemente afectado, pese a que trataba de no mostrar la tristeza que sentía al recordar todo el daño causado y que su relación se había ido a la mierda en vano.

El rubio solamente esperaba recibir odio por parte de Sasuke, por eso se sorprendió al notar su aflicción. La culpa acudió a él por haber hecho pasar al moreno por momentos tan duros y difíciles, pero no se arrepentía del todo de su decisión. Aunque había cometido errores y existía la posibilidad de que todo hubiese salido bien si hubiera sido sincero, no era algo seguro.

– Sí, es posible, pero... prefiero que me odies y estés vivo, a que me ames y estés muerto.

Aquellas palabras y la expresión triste que tenía Naruto terminaron de descolocar a Sasuke, quien sentía que su coraza estaba a punto de romperse. Por eso, sin mediar palabra alguna, se dio media vuelta y se alejó a paso rápido, dejando al rubio atrás.