Katie Holt, hija del renombrado científico y técnico en comunicaciones Samuel Holt. Su hermano recientemente había egresado de la escuela donde su padre había estudiado y ahora trabajaba: Galaxy Garrison y lo había hecho con alto renombre y altas calificaciones, siguiendo los pasos de su padre. Katie admiraba a su padre y a su hermano y su mayor deseo era seguir sus pasos. Había ido a la academia buscando inscribirse, siendo recibida por el comandante Iverson, era un hombre que fácilmente le doblaba la estatura, pero igual era muy amable y dulce con ella, le había mostrado las instalaciones de la escuela y asegurándole que su puerta siempre estaba abierta para ella o cualquier otro estudiante que lo necesitara.

– Muchas gracias – le agradeció la joven con una sonrisa – En realidad estaba algo intimidada de que al ser esta una escuela tecno militar, fueran mucho más estrictos, especialmente tratándose de las chicas –

– Por supuesto que no – dijo el comandante poniendo una mano en el hombro de la joven – En Garrison, buscamos la igualdad con todos nuestros estudiantes. Estoy seguro que tu padre apreciaría saber que cuentas con mi apoyo para el examen de admisión –

– Iverson – llamó un hombre joven al comandante desde el otro lado del pasillo mientras se acercaba viendo su reloj – ¿Qué haces aquí? Tienes clase de simulación en 10 minutos, sabes que cuando no llegamos a tiempo los chicos tienden a descontrolarse –

– General Shirogane – exclamó el comandante mientras hacia un saludo hacia el recién llegado – Solo estaba acompañando a la señorita hacia la salida, es una nueva aspirante –

Katie no pudo evitar notar un gesto de desconcierto en el rostro del nombrado General Shirogane, pero rápidamente cambió su semblante.

– Yo la acompañare – aseguró al mismo tiempo que se ponía junto a Katie – Es importante enseñar con el ejemplo a los cadetes y necesitan seriamente una clase de puntualidad –

El comandante hizo una mueca, pero no dijo nada más, se despidió del General con un saludo y se alejó con paso molesto.

– Es por aquí – señalo el hombre mientras empezaba a caminar; en realidad Katie sabía el camino de salida, había estado ahí con su padre cientos de veces, pero era la primera vez que no la acompañaba, quería que cuando la aceptaran darle una sorpresa a su padre y hermano para hacerlos sentir orgullosos.

La chica sonrió con sus propios pensamientos, casi había olvidado a la intimidante persona que se encontraba a su lado, hasta que este llamó su atención con una pregunta.

– ¿Cuál es su nombre señorita? – le preguntó sin siquiera voltear a verla, sobresaltándola y sacándola de sus propios pensamientos.

– Ka-Katie Holt – tartamudeó con nerviosismo.

– ¿Holt? – El General se detuvo y la miro con curiosidad antes de dedicarle una sonrisa. Y vaya que tenía una hermosa sonrisa – Ya veo. ¿Eres la hija de Samuel Holt? –

La chica asintió con timidez mientras agachaba la cabeza, su padre era conocido en toda la escuela, pero aún le resultaba extraño el como todos sabían quién era ella antes que ella misma.

– Eso explica todo – continuó el General más para sí mismo que para la chica.

– ¿Qué explica? – preguntó la chica con curiosidad, esa persona la trataba diferente que como los demás lo habían hecho a lo largo del día y eso la intrigaba.

– Pues verás, tal vez no deba decirte esto, pero te darás cuenta si piensas estudiar aquí – le explicó mientras continuaba caminando – El comandante Iverson no es precisamente muy amable con los cadetes, especialmente con los nuevos reclutas, tienes suerte de que tu padre sea una persona muy influyente aquí o la historia sería muy diferente –

La chica se molestó ante el comentario, se sintió ofendida, era perfectamente capaz de valerse por sí misma sin necesidad de ocultarse tras el apellido de su padre, ese general Shirogane empezaba a desagradarle, así que cuando le respondió se podía notar la molestia en su voz.

– No buscó un trato preferencial solo por ser hija de mi padre – le reprochó con enojo – No sé quién te crees que eres, pero estas equivocado si piensas que consideró una suerte que me traten diferente –

– Ah no es eso – se disculpó el General con un sonrojo en sus mejillas, en ese momento se dio cuenta de que el General trataba de ser amable, actuaba igual que todas las personas desde que llego a la academia y se dio cuenta que aquel hombre tenía razón, las personas la trataban diferente en cuanto se enteraban de su apellido y eso la hizo molestar más – Lo que quiero decir es que… –

– Ya dijo lo suficiente – lo interrumpió la chica mientras adelantaba el paso – Conozco la salida, puedo ir sola –

El General Shirogane se quedó perplejo viendo a la chica alejarse, con un rango tan alto como el que tenía no acostumbraba a que la gente tomara esa actitud con él y eso hacía que esa chica lo hubiera impresionado, sin darse cuenta sonrió y antes de que la chica se alejará más la llamó.

– ¡Señorita Holt! – exclamó – Espero volver a verla pronto –

Katie sintió la sangre aglomerarse en sus mejillas y sin voltearse, simplemente caminó más rápido para salir del lugar. Ese día a Katie le costó trabajo concentrarse en otras cosas, su mente seguía regresando a las palabras del General, si su padre no fuera una persona influyente, la historia sería muy diferente.

– ¿Qué te sucede, Katie? – la interrogó su padre durante la cena, pues no había podido evitar notar su estado anímico – Apenas y has tocado tu cena –

– No es nada realmente – respondió la chica distraídamente – Papá ¿Conoces alguien de apellido Shirogane? –

– ¿Hablas de Shiro? – respondió su padre mientras volvía a llenarse el plato de puré de papas – Claro ¿no lo recuerdas? Era mi alumno, estaba en la misma clase de Matt, venía mucho aquí y jugaba contigo casi a diario hace un par de años hasta que fue asignado a la misiones de pruebas para los cohetes Kerberos. ¿Por qué preguntas? –

– Debió verlo en la televisión – interrumpió Mattiew, el hermano mayor de Katie – Han pasado todo un reportaje de él ya que empezó a dar clases en Garrison –

– Es verdad – contestó sonriente el padre de ambos chicos – Su nombre o su rostro debieron parecerte familiares ¿no es así? –

– Oh claro, si era eso – respondió con nerviosismo la chica, en realidad apenas y recordaba a esa persona de nombre Shiro, aunque su padre tenía razó años antes, él era un becario de su padre, cosa que le resultaba muy extraña ya que el chico era un piloto.

– ¿Por qué salió en televisión? – preguntó la chica a su hermano, olvidando el hecho de que se suponía ella también lo había visto.

– Siempre ha sido como alguna clase de superdotado – le explicó el chico sin notar lo extraño de su pregunta, ni el brillo en la mirada de su hermana al preguntar – El General más joven de la historia, con solo 27 años –

Katie siguió comiendo en silencio, tenía que admitirlo, era asombroso. Ella conocía por el trabajo de su padre lo difícil que era escalar y conseguir un ascenso, había personas que habían pasado años hasta su retiro y no habían conseguido nunca subir de rango, los que normalmente los obtenían eran los hijos de otros militares de alto rango.

– ¿Cómo es él? – preguntó Katie a su hermano quien comía distraídamente – Me refiero a su personalidad –

– ¿Su personalidad? – preguntó el chico saliendo de su propio mundo y después de tomarse un momento para asimilar las palabras de su hermana menor, respondió con un tono de admiración que no era habitual en él – Shiro es una persona amable, siempre sabe que decir y que hacer, es un líder nato y sobre todo, es la clase de persona que nunca dejaría a alguien atrás. –

Con eso en la cabeza se retiró a su habitación molesta con aquel general, por alguna razón quería culparlo de todo lo que había dicho aunque en el fondo ella ya lo sabía, si no fuera por el trabajo de su padre y por su importante puesto, la academia Galaxy Garrison nunca la aceptaría. Tenía 17 años y apenas superaba el 1,50m de estatura, era delgada y claramente tenía problemas para obedecer la autoridad. Aunque en realidad la chica estaba sorprendida de lo poco que recordaba del chico que le hablaba de planetas y estrellas fugaces y eso llegaba a molestarla de una manera particularmente especial. Al final decidió no pensar más en ello, se giró para dormir, pero el sueño parecía escapar de ella hasta que finalmente se levantó y buscó bajo su cama sacando una pequeña caja de madera musical recordaba que su padre se la había regalado hace tiempo y siempre la usaba cuando tenía problemas para dormir.

La música de la caja llenó la habitación mientras la chica dejaba se dejaba arrastrar al sueño, hasta que finalmente se quedó dormida, aunque tuvo extraños sueños sobre leones de colores y esporas que contenían un código binario.