Los cementerios siempre le ponían de un pésimo humor, y como si fuera poco hasta el clima había decidido acompañar tan fúnebre momento. Hinata aferró su mano y apegó su cálido cuerpo más al suyo, así que la rodeó con su brazo y los cubrió a ambos con su chaqueta negra. Sabía que ella estaba teniendo el mismo tipo de reacción; los dos hacía años que no pisaban un cementerio.

―Odio estos lugares ―gruñó sintiendo su garganta apretada, sin embargo, era su deber estar ahí. Ambos le habían prometido a Toneri estar allí.

Después de la charla en donde los dos hicieron las pases y aclararon las cosas; Hamura Otsutsuki murió. Más exactamente al amanecer del siguiente día. Según lo que Toneri les contó, cuando fue darle las buenas noches, el viejo se mostró melancólico, como si hubiera tomado la decisión de que ya era hora de tomar su descanso eterno.

Tanto él como Hinata, estuvieron en todo momento ayudando al chico de ojos celestes a sobrellevar tan lamentable perdida.

Tomaron lugar junto a las demás personas, guardando silencio mientras escuchaban las palabras del sacerdote. No conocían a ninguno de los allí presentes, pero eso no les importó. Nadie tenía una maldita idea del dolor que conllevaba perder a tus seres queridos y aun siendo testigos de lo mucho que se sufre; las personas continuaban creyendo que valía más lo material cuando no existía mayor regalo que escuchar tu corazón latiendo.

Toneri les había narrado la vida de su padre. Un hombre vivaz, un poco inmaduro, que le gustaba gastar bromas, divertirse y que cuando se jubiló como abogado a la vez que le diagnosticaron Leucemia Linfoblástica Aguda; tomó la decisión de comprar la casa en la que vivían, pues quería pasar sus últimos días tranquilamente a la orilla del mar. Pagó los mejores médicos, compro las mejores medicinas, no obstante, no fueron para combatir el cáncer, sino para no sufrir y poder disfrutar de su vida hasta que el último aliento le quitara la vida. Al igual que la chica que estaba rodeando con su brazo; el hombre solo quería paz y serenidad.

Después de dar por finalizado el funeral, donde Toneri expresó lo mucho que sintió por su padre y su ataúd descendiera hasta lo más profundo del agujero que fue cavado en la tierra; ambos caminaron junto al chico de hombros hundidos debido a que había tomado la decisión de emprender su propio camino, forjar su propio destino. Quería viajar por el mundo fotografiando de todo, obviamente evocando la esencia de su padre pues fue él quien siempre lo alentó a cumplir sus sueños.

Naruto y su novia le brindaron su apoyo y le ayudaron a empaquetar todas sus pertenencias, las cuales no eran muchas, pues no quería atormentarse con los recuerdos, aunque sabía que el dolor estaría por siempre allí.

―Espero que todo te salga bien ―deseó Naruto desde el fondo de su corazón, abrazando a Hinata con más fuerza contra su costado. Toneri cerró el maletero de su BMW una vez colocó sus maletas dentro.

―Eso espero yo también ―soltó un suspiro y miró atentamente a Hinata―. Hina...

Hinata se despegó de su cuerpo y se acercó a su amigo, colocando su cálida y blanca mano sobre su mejilla.

―Gracias por todo.

Toneri la abrazó.

―Gracias a ti por todo ―susurró sobre su cabello―. Te llevaré por siempre en mi corazón.

―Lo mismo digo.

Se despidió de Naruto que también le brindó un abrazo y con un último adiós, Toneri se despidió de sus vidas para siempre.

Una vez dentro de su habitación, ambos se miraron fijamente a los ojos con el mismo pensamiento en mente. Y es que estar tan cerca de la muerte los tenía ansiosos y desesperados por estar juntos, por fundirse y hacerse uno. Ninguno mencionó ninguna palabra cuando los dos recorrieron la misma distancia y de un salto, Hinata ya estaba abrazando su cadera con sus torneadas piernas mientras él devoraba su boca con el mayor ímpetu posible.

La ropa estorbó.

La piel se humedeció.

Los gemidos y los jadeos se hicieron presentes.

Naruto la devoró de forma pausada, lenta, agónica. Amándola a ella y amando su cuerpo, de lo que sucedía entre ellos una vez la pasión y la lujuria tomaba las riendas de sus consciencias. Hinata sentía desfallecerse aferrada a su espalda, sus sentidos dejaron de pertenecerle porque Naruto los secuestró gloriosamente, los torturó de miles de maneras que la enviaron a un vórtice de placer que por poco acabó con su cordura.

Se amaron totalmente; sus almas coludidas, sus recuerdos en conjunto, la historia de la cual eran protagonistas.

*

― ¿Papi? ¡Papi! ―Apartó el periódico que sostenía entre sus manos cuando aquella tierna vocecita le llamó. Lo colocó sobre la mesa donde tenía su café servido y retiró sus gafas. Le sonrió a la pequeña niña que le miraba con aquellos vivaces ojos azules tan idénticos a los suyos y le prestó toda su atención.

―Dime, girasol ¿qué necesitas? ―Vio que traía aquella foto apretada a su pecho y sonrió con melancolía, aquella punzada abriéndose paso en su pecho.

― ¿Cómo era mamá? ―Le frunció el ceño.

― ¿A qué viene eso?

La vio morderse el labio de aquella misma manera en que lo hacía aquella mujer que lo marcó con fierro caliente.

―E-Es que... en la escuela dijeron que teníamos que hablar de nuestros papas ―Asintió comprendiendo por donde iba la cosa―. Hablé de ti antes, ahora quiero hablar de mamá.

―En ese caso... ―Tomó a su hija y la colocó en su regazo, agarró la foto que ella sostenía y la contempló. Allí estaba aquella belleza que no abandonaba su cabeza ni de día ni de noche. La encarnación de noche de luna llena convertida en mujer con aquel cabello oscuro y esos ojos brillantes como las estrellas―. Tu madre era la mujer más hermosa del planeta ¡qué digo! Del universo ―Miró a su hija, que compartía el mismo tono de cabello y piel, así como su timidez y curiosidad―. Así como tú, girasol.

― ¿Tan linda era? ―preguntó sorprendida.

―Claro que sí ¿crees que tu papá te hubiera dado una mamá fea? Tienes un papá muy guapo, obviamente su buscaría una mujer hermosa para tener a un girasol tan bonito como tú ―Apretó su naricita. Su girasol rió entusiasmada.

―Pero si no tienes novia.

Negó con la cabeza.

―Claro que no, la única mujer en la vida de tu papá fue tu mamá, ahora lo eres tú ―Hizo un mohín recordando más cosas―. Tú mamá se parece mucho a ti ¿sabías? Ella también paseaba correteando por allí, nunca podía estarse quieta en un solo lugar y al igual que tú, le gusta tomar fotos a todo lo que ve.

― ¿En serio? ―Sus ojitos azules brillaban.

―Ajá ¿de quién crees que era la cámara que te di en tu cumpleaños?

― ¡De mamá! ―chilló feliz―. Cuéntame más, papá.

―Bueno, ella era demasiado buena, humilde, tranquila y servicial, podría contarte muchas y muchas cosas más y nunca lograría terminar.

Su hija rodeó su cuello con sus brazos.

―Querías mucho a mamá ¿verdad, pa?

Besó su frente tratando de ignorar el dolor latente que nunca desapareció.

―La amaba con toda mi alma y ella a mí, tu eres el resultado de ese amor, girasol.

― ¡Qué bien! ―La niña le abrazó feliz―. Sabes pa, cuando me casé quiero tener un amor tan bonito como el de mamá y tú.

Estrechó a su hija entre sus brazos mientras besaba la cima de su cabeza, a la vez una lagrima solitaria recorrió su mejilla marcada. Esa niña fue lo único y más hermoso que Hinata le dejó, el tesoro más grande, a quien dedicó su vida por completo.

«Gracias rayito de sol... por dejarme este pedacito de ti junto a mí»

Despertó de repente, observando el blanco techo y sintiendo la brisa en sus mejillas. El peso en su pecho y el olor del cabello que llegó a su nariz le hizo ser consciente de que todo se trataba de un sueño. Levantó su mano y acarició uno de sus pómulos, suspirando al encontrarse con lágrimas que se deslizaban por los costados de su cara. Miró hacia su pecho y sí, allí estaba su rayo de sol, abrazando su torso. El aliento dulzón acariciando su pecho tranquilizó los frenéticos latidos de su corazón.

Ese sueño se había sentido tan real que... un sentimiento de desazón, de frio y dolor se apoderó de su razón y el conocimiento de su irresponsabilidad casi lo hacen gemir de dolor. Abrazó a Hinata y trató de volver a dormir.

Solamente había sido un sueño. Solo era eso; un sueño de dolor.

*

Conforme las horas pasaban, sentía a Naruto más distante, lejano y sombrío. No era con ella, pues se portó mucho más cariñoso y romántico que de costumbre. Besaba su mano, le robaba besos cuando no se los esperaba y no dejaba de mirarla aun cuando creía que ella no se daba cuenta. Pasaron el día sumergidos en el mar, abrazados y besándose. Estar en el cementerio les había afectado a los dos mucho más de lo que imaginó y ahora estaban tendidos en su cama, ambos desnudos después de amarse una vez más con los rayos de luz doradas siendo los únicos testigos.

Naruto estaba entre sus piernas, besando su vientre entre leves roces que la relajaban. Sin embargo, sabía que algo lo agobiaba, que algo estaba torturando su mente.

Extendió su brazo y acarició los rebeldes mechones rubios entre sus dedos.

―Dime lo que sucede, Naruto-kun ―Él levantó la cabeza, mirándole con esos profundos pozos azulinos que siempre la hechizaban.

―Tu siempre conociéndome tan bien ―Suspiró sobre su vientre―. No quiero que me lo tomes a mal.

―Siempre puedes contarme lo que sea ―Ese era el problema, pensó Naruto. Que por contarle siempre todo, terminaba lastimándola, pero esa duda estaba corroyéndolo y necesitaba sacarla fuera.

―Tuve un sueño y... Hina ―Hizo una pausa―. Te amo, no lo dudes. Hacer el amor contigo es... Dios, no tengo palabras para describirlo. Es lo mejor que he hecho en mi vida, pero... ―No podía mirarla a los ojos―. No nos hemos estado cuidando y...

―Suficiente ―Soltó Hinata, tajante―. Ya sé por dónde vas, no hace falta que continúes.

Quería golpearse cuando la vio apartar su mirada llena de dolor.

―Hina ―Ella negó con la cabeza.

―Jamás te haría algo así, Naruto-kun, jamás hubiera hecho el amor contigo de no ser porque... ―Ella cerró sus ojos―. No puedo quedar embarazada.

Él apretó su rostro contra su vientre.

―Las medicinas son muy fuertes ―dijo ella, en hilo de voz.

―Maldita sea ―gimió Naruto contra su piel. Levantó su cabeza y arrastró su cuerpo hasta tenerla frente a frente―. Soñabas con una familia ¿no es así?

―E-Eso ya no importa ―Su voz era contenida, Naruto tragó saliva tratando de pasar el nudo que le cortaba el aire.

―Sí importa porque yo... ―Hizo otra pausa―. También lo deseo, Hinata.

Ella le miró dolida.

―La tendrás algún día, Naruto-kun.

Sus labios descendieron hasta posarse sobre los suyos, suaves como el algodón.

―Pero no contigo ―Su mano recorrió su mandíbula, cuello, pechos... La arrastró por todo su vientre hasta acariciar los labios de su sexo. Hinata se estremeció―. Lo que siento por ti solo se siente una vez en la vida.

Sus dedos abarcaron toda la unión de su sexo hacia arriba, dos dedos se abrieron paso entre sus pliegues mientras intentaba internar lo más que pudiera de su pecho en su boca. Hinata soltó una de esas quejas que lo volvían loco cuando rodeó el clítoris con sus dedos y luego lo apretó. Suavemente fue colocándose entre sus piernas y ella, sin perder tiempo lo rodeó con sus hermosas y lechosas piernas.

Sacó el dedo que mantuvo en su interior y lo saboreó con su lengua, sin perder el contacto de su mirada.

―Te amo, Hina ―Su pene fue deslizándose poco a poco entre su carne cálida y húmeda. La sensación hormigueante que recorría su espalda cuando ella apretaba sus paredes y lo abrazaba con sus estrechas entrañas.

Lentamente empezó a moverse. Mordió su barbilla admirando su expresión de gozo.

―Te pensaré todos los días ―susurró besando la seda de sus labios―. Te soñaré todas las noches ―Deslizó un dedo por su mejilla arrebolada de pasión, sus bellos ojos luna se abrieron para él―. Y si existe una vida después de esta, juro que voy a encontrarte, amor de mi vida.

*

Kurenai asomó la cabeza por el ventanal al porsche y casi se ahoga de la risa.

― ¡Eres una tramposa! ―gritó Naruto. Hinata no dejaba de reír a carcajadas tomándose del estómago.

―¿Tramposa? Pero si eres malísimo ―Su ahijada se posicionó en su lado de la mesa de ping pong―. Va, otra vez.

―Dale, pequeña tramposa.

Hinata levantó la raqueta y dio inicio a otra ronda. Juró que iba a marearse de ver a esos dos corriendo de un lado a otro y los sonidos de las raquetas golpeando la pequeña pelota, cuando de repente Hinata golpeó la pelota con fuerza y venció a Naruto. El rubio bufó, Hinata chilló dando saltitos.

― ¡Gané!

―Tramposa ―susurró el chico recogiendo la pelota que cayó al jardín, su boca esbozando una sonrisa tenue. Kurenai aprovechó y le tendió un vaso de refresco a Hinata y otro a Naruto.

―Ustedes son únicos ―dijo riendo y los miró a ambos―. Hoy empezó la feria en el muelle del pueblo, Asuma y yo queríamos llevar a Mirai ¿les gustaría acompañarnos? Nos vamos en media hora.

Tanto como Hinata como Naruto se miraron a los ojos en ese momento, como si se comunicaran telepáticamente, los vio asentir como si juntos hubieran llegado a un acuerdo y luego, respondieron al mismo tiempo.

―Iremos.

Cuarenta minutos después todos iban en el todoterreno de Asuma, con Coldplay de fondo Hinata iba señalándole a Mirai las luces de la ciudad por la ventana del auto, sus ojos brillaban y sonreía cada que levantaba su dedo señalando algo a la distancia haciendo a la pequeña niña reír a carcajadas. Esa imagen torturaba a Naruto profundamente y por un momento imaginó a Mirai con el cabello azabache y con los ojos azules; igual al girasol que apareció en sus sueños, la combinación de Hinata y él.

Su corazón rompiéndose en el proceso.

Apartó su mirada concentrándola en la parte de la ciudad que veía por su ventana, el maldito dolor punzocortante haciendo acto de presencia una vez más. Su maldito subconsciente lo había golpeado donde más le dolía. Maldijo al hijo de puta.

Estaba tan enfrascado en sus pensamientos que no supo cuando habían llegado al muelle del pueblo. Bajaron y de inmediato, Hinata se acercó a él estrechando su mano y sonriéndole como nunca, con aquel brillo en sus ojos que siempre lo tranquilizaba y lo serenaba. Dios, cuanto la amaba. Se veía bellísima con ese ligero vestido blanco y su hermoso cabello suelto. Sin maquillaje y accesorios, solamente ese dije de sol que él le había obsequiado en su cumpleaños pasado. Así era ella; sencilla, simple, preciosa y delicada, su aura mágica brillando a donde sea que fuese. Por eso era su rayo de sol.

―Te ves emocionada ―susurró cuando empezaron el recorrido. Ella se apegó más a él sin dejar de sonreír.

―Lo estoy ―Asuma pasó a su lado.

―Voy a patearte el culo en el tiro al blanco ―Le susurró. Naruto soltó la carcajada.

―Eso lo veremos.

Recorrieron toda la feria, comieron dangos, roles de canela y todo tipo de postres jugando a embarrarse por accidente. Subió junto a su novia a varios juegos mecánicos y se llenó de regocijo al escucharla reír de esa manera, disfrutando de lo que la vida le brindaba. Ella le animó cuando apostó con Asuma y lo consoló cuando efectivamente le patearon el culo. Se detuvieron en una tienda de souvenirs y sin dudarlo ató en su muñeca una pulsera tejida de colores vivos. Hinata le sonrió con un profundo amor en sus ojos y se juró hacer lo que fuera para mantener esa sonrisa en su precioso rostro.

Deambularon de allí para allá, entraron a una cabina de fotos automáticas y tomaron varias haciendo muecas graciosas. La forma en que ella pasó sus deditos por las imágenes y la sonrisa que volvió a dibujarse en su rostro fue la recompensa que tanto necesitaba para volver a sentirse bien.

― ¿Habrá un baño por aquí? ―preguntó su novia mientras caminaban de la mano entre el mar de gente que disfrutaba de la feria. Estaba haciéndose tarde y ella llevaba su chaqueta sobre los hombros.

―Creo que allá ―Señaló unos que había visto anteriormente. Hinata se colocó frente a él, poniéndose de puntitas para poder alcanzar sus labios. Rodeó su cuello con sus brazos y él abrazó su cintura.

―Ya vuelvo, no tardo ―Rozó sus labios y Naruto sonrió de forma picara.

―Claro que no, tienes que pagarme el susto que me hiciste pasar allá arriba ―Señaló la enorme rueda de chicago, Hinata rió bajito al recordarlo sudoroso, pálido y balbuceando palabras―. Odio las putas alturas.

―Eres un miedoso.

Hinata se despegó de su novio y él le guiñó un ojo. Deambuló entre los cientos de personas que buscaban un buen lugar para admirar los fuegos artificiales una vez iniciaran. Pagó al encargado y entró en uno de los baños, había reído tanto que se tomó una malteada debido a la sed y ahora estaba muriéndose de ganas de hacer pis. Se lavó las manos y se miró en el espejo, sonriendo por sentirse tan feliz como nunca. Estar con Naruto de esa forma, en que él la tocaba y la besaba, la miraba de esa manera la hacían sentirse flotando entre las nubes.

Regresó entusiasmada por volver a probar sus labios mientras los fuegos artificiales explotaban en su cabeza, pero su cuerpo se detuvo en seco cuando vio a Naruto siendo abrazado por una chica de cabello rubio cenizo.

El hielo y el ardor bajando por su esófago al ritmo de su agitada respiración.

La reconocía. Era Shion.

La que supuestamente fue su "amiga" y amante de Naruto.

Naruto se apartó de la chica y levantó la mirada hasta clavarla con la suya. Shion hizo lo mismo y frunció el ceño cuando la reconoció. Hinata no pudo más. Bajó la cabeza y giró sobre sus talones deseando huir de allí y explotar en pedazos.

Las hirientes palabras de Shion no dejaban de resonar fuertemente en su cabeza. Había pasado días encerrada en su habitación con unas imágenes aterradoras en su mente. Naruto besando a Shion, tocándola, haciéndole el amor. Fueron las peores horas de su vida y mirar esos ojos violetas había revivido el dolor que sintió en aquellos meses.

Tienes que ayudarme a recuperarlo, pensé que eras mi amiga.

Ella se negó.

Es porque lo quieres ¿verdad?

Era verdad, pero eso no tenía nada que ver. Si Naruto no quería estar con ella era por una fuerte razón.

¿De verdad piensas que Naruto algún día se fijará en ti? No me hagas reír, estas condenada a vivir en la patética friendzone por el resto de tu vida, maldita traidora.

Lo sabía, pero que ella se lo dijera la lastimaba.

Solamente mira lo patética que eres, conformándote con ser su "mejor amiga".

Prefería mil veces eso a no tener nada. Lo amaba tanto que anteponía la felicidad de él a la suya.

Naruto es el hombre más pasional que he conocido en mi vida, sentirlo encima de tu cuerpo mientras te folla de manera salvaje mmmm, no tiene comparación con nada y tú, mi querida amiga, nunca sabrás lo que se siente.

Las lágrimas empaparon su rostro en una explosión de sollozos entrecortados que no pudo contener mientras atravesaba la multitud que se conglomeraba alrededor de ella.

Lo quiero para mí ¿te imaginas a nuestros hijos? Serían rubios y ojiazules como los querubines.

Y ese recuerdo terminó de matarla. Naruto quería una familia, soñaba con una familia. Tener hijos que lo amaran y ella... ella no era la mujer que se los daría. Shion era más adecuada, Shion era más hermosa, segura y sensual. Shion era la única, aparte de ella, que se había enamorado de Naruto, que nunca miró a Sasuke antes de él. Shion era la indicada.

La realidad la aplastó con toda su potencia justo en ese momento.

Para Yunni por ser de las que estuvieron desde el principio :3 y sí, apareció la perra bitch zorra de la pelo desteñido e.e pero ustedes saben que soy malvada con los que me caen mal y esta tipita no es la excepción, creo que es la primera de mi lista negra xD