Raw.

I

No, no podía dejarlo ir tan fácilmente.

La pelinegra observo la ventana lluviosa desde dónde se encontraba sentada. Tenía un amargo sabor en la boca, después de haber fumado un cigarrillo y haber tomado su café. Siempre le dejaba un sabor amargo pero que nunca se comparaba a lo que sentía dentro.

Ya habían pasado casi cuatro años desde la última vez que los vio. ¿Podía entender las razones de cada uno? Lyoko había sido un sueño y una pesadilla al mismo tiempo. Movió sus delicados y níveos dedos hacia la taza negra que se encontraba en frente de ella. La cafetería de la universidad le había parecido tranquila y suficientemente tranquila para poder estudiar en paz. ¿Qué era lo que no podía dejar ir? Eran aquellos recuerdos que la perseguían sin fin, que carcomían su cerebro como si fuera una fruta que estuviese paulatinamente pudriéndose. Yumi suspiró para sacar de su bolso su macbook, tendría que mandar otro mail a su profesor diciéndole que faltaría de nuevo; a pesar de que ya habían empezado las clases, tenía en total cuatro faltas que tenía que justificar. Su cabello había crecido de manera considerable, ahora le llegaba debajo del hombro y estaba perfectamente cortado, su madre siempre le había dicho que el cabello de una mujer era de lo más importante para la imagen hacia los demás, pero era lo último que Yumi estaba pensando.

En cuanto abrió la pantalla, una notificación de un correo interrumpió sus pensamientos abruptamente:

Para: Yumi Ishiyama, yumiyumi90

De: Jeremy Belpois jeremybelpois777

"Necesitamos hablar. En cuanto puedas Yumi, porfavor contéstame este mail. Es de urgencia."

¿Necesitar hablar? Hace meses que no se hablaban, o más bien, dos años. Sintió un gruñido en el estómago que le recordaba que tenía que comer algo. Se levanto de la mesa después de haber guardado su laptop y bolso, dejado algo de cambio sobre de la mesa e intentado calmarse después de haber leído ese correo.

No odiaba a Jeremy. Para nada. Yumi había estado en contacto con él desde la graduación y eso había sido una buena señal, las cosas entre ellos eran como antes e igual con los demás.

Con una clara excepción.

París siempre había sido un buen lugar para poder empezar de nuevo. Aunque no era muy fan de las películas francesas (realmente no podía entender el punto de verlas) Amélie había sido una excepción. Llevaba una falda negra y unos botines de cuero que había conseguido en H&M en unas rebajas, también una playera negra con un diseño floral y unos brazaletes que adornaban su muñeca diestra. La moda había influido de manera considerable su vida, no solamente porque su compañera de habitación estudiaba diseño de modas, era porque de alguna manera quería dejar a la Yumi que siempre vestía de la misma forma. El tiempo quizás había pasado, pero se sentía igual.

Caminar por las lluviosas calles rumbo a su dormitorio le pareció eterno; ¿qué era lo que había pasado? Tenía entendido que Odd se había ido a Canadá para estudiar cine, Aelita y Jeremy habían decidido en estudiar programación en una universidad cerca de Bélgica, William había decidido por literatura inglesa en Londres.

¿Y Ulrich?

No, no sabía que había sucedido con él. Después de haber vencido a X.A.N.A por completo, eso no había significado que sus "problemas maritales" (como siempre los había llamado así Odd) se hubiesen desvanecido por completo. Quizás había sido esa insistencia de querer salvar las cosas cuando realmente no había nada que salvar; ¿era desesperación? La idea de querer estar con alguien quizás era demasiado, de ejemplo podía mencionar a sus padres.

̶ Hey, Paulette. ̶ Su compañera de habitación estaba escuchando música a todo volumen. Se había quedado tan absorta en sus pensamientos que probablemente no se había fijado en cuanto había llegado a su departamento. Paulette llevaba el cabello verde y en un pixie que probablemente hubiera hecho a su madre gritar, tatuada de pies a cabeza y un piercing en la lengua que no quería ni imaginarse cuánto hubiese dolido.

̶ Hey, Yumi. ¿Qué tal las clases? O no fuiste de nuevo, deberías tomarla con calma chica. Por cierto, te llamo un chico. ̶ Paulette dio un sorbo a la cerveza que estaba bebiendo para mirar a la pelinegra que se había quedado fría en esos momentos. Yumi sintió una punzada de desconfianza.

No la habían llamado desde que se había graduado.

̶ ¿Qué? ¿De verdad? ¿Dejo su nombre? ̶ intento mantenerse calmada, no quería dejarle expectativas falsas a su compañera.

̶ Sí, Jeremy algo… no puse mucha atención. Ya sabes. Estaba fumando hierba con François, que por cierto… no dejo de preguntarme si ya estás disponible para salir. ̶ Yumi puso los ojos en blanco y trato de no responder. François era un compañero de su clase de poesía francesa, usualmente lo ignoraba pero de manera reciente no la había dejado de perseguir.

̶ No, sabes que no me interesa. Gracias por decirme. ̶ Paulette le guiñó el ojo para después seguir escuchando su música. Caminar a su habitación y tratar de abrir su laptop fue un martirio que estaba segura de que ningún otro santo hubiera experimentando, todavía le temblaban las manos en cuanto había colocado la contraseña para entrar y tratar de abrir el correo.

¿No era más fácil llamar a Jeremy? Su madre le había dicho incontables veces que se estaba perdiendo la comunicación entre los jóvenes, que preferían lo electrónico a la verdadera comunicación. En eso tal vez tenía razón. Tenía que saberlo después de haber estado atrapada en una pesadilla electrónica por demasiado tiempo. Tener 20 años no era lo mismo a tener 14.

Tomo su iPhone e intento buscar el contacto de Jeremy para terminar con eso de una vez. El sabor amargo de los cigarrillos llegó y deseo poder fumar uno; ya era bastante con estar en ese cliché de la chica francesa que fuma. Fue ahí cuando por fin sus dedos lograron marcar el número y conectarse:

̶ ¿Yumi? ̶ La voz de Jeremy le trajo recuerdos que quizás no debió haber vuelto a recordar, porque con eso significaría que la ansiedad había vuelto. Se quedó unos momentos en silencio mientras escuchaba la suave respiración de su viejo amigo.

̶ La misma, ¿qué ha sucedido? ̶ Intentó parecer calmada. ¿siempre había sido la madura, cierto? Tenía que demostrarlo para que nada cambiara.

̶ Sé que estás ocupada con tus estudios… Aelita y yo acabamos de regresar de Bélgica, estamos en Kadic. ̶ Yumi se quedó fría unos momentos, ¿qué estaban haciendo en Kadic? Intentó no decir nada más: ̶ Tuvimos la alerta que habían intentado reactivar la super computadora. No hay problema ya, logré desconectarla, pero necesitamos estar pendientes… ¿puedes venir? ̶

Y tal como era la última frase de Hamlet, el resto era silencio. Yumi cerró los ojos para intentar recordar esa vez en la que se había quedado en la fábrica con sus amigos. La oscura mirada de Ulrich, la sonrisa de Aelita y la comprensión de Jeremy, los chistes horribles de Odd, el tacto de William.

̶ Tomaré el primer tren.