El lunes llegó pronto y los chicos estaban decididos a que ya no esconderían más nada de lo que estaban haciendo. TJ dejó su gorra roja en casa de Spinelli y le pidió que la usara al llegar a la escuela. De hecho, no sólo era una forma de confesarle a todo el mundo de manera indirecta que estaban saliendo, lo hicieron más porque no se verían los domingos y sería bueno que ella tuviera algo para recordarlo mientras él no estuviera ahí.

Por su lado, Vince y Gretchen habían acordado que no saldrían hasta que no quedara resuelto el asunto de la derogación de la ley. El Rey Vince sabía que no era tan fácil eliminar un decreto del peso que tenía el del 87; cualquier ley era maleable sin ningún problema, pero las de este tipo requerían que se convocara a concejo, que era, básicamente, todos los de sexto año. Por ende, el planeaba no revelar que sabía acerca de Spinelli y TJ hasta que el consejo acordara castigar a los responsables y derogar la ley, pero parecía que el universo tenía planeadas otras cosas.

TJ llegó solo y se sentó a la entrada de la escuela esperando por Spinell. Gus y Mikey (que no sabían que Vince estaba esperando ni que los chicos iban a entregarse) se acercaron primero a él y trataron de no tocar el tema de lo que había ocurrido el viernes en la noche. Después llegaron Gretchen y el Rey Vince, fingiendo también que todo era normal en ese momento. Mantuvieron una conversación de aproximadamente cinco minutos hasta que TJ los ignoró a todos cuando vio a Spinelli bajar del auto de su padre con su gorra roja puesta.

Toda la escuela fijó sus ojos en ella, toda la escuela y sobre todo TJ que la miraba con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando ella lo vio, se sonrojó y giró la vista hacia otro lado. Toda la escuela, incluyendo al resto de la banda (pues no esperaban que confesaran todavía) se quedó anonadada ante la escena de ellos dos acercándose tímidamente.

TJ: Hola, Ash, te extrañé este fin de semana.

Gus: ¿Ash?

TJ: Sí, así le llamo yo a mi novia, Gus.

Gretchen y el Rey Vince intercambiaron miradas. TJ y Spinelli se abrazaron tiernamente frente a toda la escuela. Fue entonces cuando todos los niños comenzaron a gritar.

Todos: ¡Paredón! ¡Paredón! ¡Paredón!

Sonó entonces el timbre de la escuela y todos se encaminaron a clases.

Cuando llegó la hora del recreo, el Rey Vince los detuvo a todos e indicó que tenían que pasar con él a la cima de la vieja ruina, donde se ubicaba el trono. Todos obedecieron y llegaron juntos. No faltó quien le enviara miradas inquisidoras a la pareja que, despreocupada, caminaba de la mano.

Rey Vince: Chicos de sexto año, los he llamado porque, como ustedes saben, el concejo del recreo se constituye por todos y cada uno de ustedes. Este fin de semana he estado pensando seriamente la situación que se está viviendo en nuestra escuela y llegué a la conclusión de que lo más sano para todos nosotros sería derogar el decreto del 87.

Ashley A: De ningún modo, sólo estás intentando proteger a tus amigos.

TJ: Rey Vince, Spinelli y yo venimos con la firme intención de enfrentar la condena debida por nuestras acciones. No necesitamos ninguna clase de apoyo de parte suya. Envíenos al paredón y demos fin a todo esto de una vez.

Todos: ¡Sí! ¡Paredón! ¡Paredón! ¡Paredón!

Rey Vince: A lugar, TJ. Chicos de sexto año. Les aseguro que estos dos recibirán el debido castigo. Eso es harina de otro costal. Sin embargo, tras analizarlo este fin de semana, llegué a la conclusión de que esta ley es totalmente ridícula y debemos derogarla.

Se armó un gran revuelo entre los chicos de sexto año. Todos parecían estar molestos y creían que las acciones del Rey Vince estaban vinculadas a los lazos afectivos que lo unían con sus amigos.

Randal: ¡Eso es absurdo! ¡Deberían mandarlos al paredón!

Bajo la vieja ruina se escuchaba cómo todos los chicos de la escuela comenzaban a pedir castigo para TJ y Spinelli al grito de "paredón". Gretchen y Vince comenzaban a sentirse frustrados porque no encontraban cómo manejar la situación.

Rey Vince: ¡De acuerdo! ¡Guardias, llévenselos!

Spinelli y TJ estaban sentados junto al contenedor de basura. El castigo del lunes había terminado, pero todavía les restaban cuatro días de lo mismo. Cada chico de la escuela pateó un balón hacia ellos, y lo harían el resto de la semana.

TJ: Ash, ¿estás bien?

Spinelli: Por supuesto que estoy bien, ¿cuándo me ha detenido un tonto castigo?

TJ: Oye, vamos a estar bien. Esto terminará pronto.

Los chicos no se habían percatado de que el resto de la banda se acercaba a ellos, todos menos Vince, que no podía dejar el trono.

Gretchen: ¿Cómo está todo, chicos?

Spinelli: Vamos a sobrevivir a esto, supongo.

Gus: Hey, TJ, mis padres preguntan cuánto te castigaron.

TJ: Estoy castigado por un mes, Gus.

Mikey: ¡Oh! ¡Entonces tú y Spinelli no podrán salir ya nunca más! ¡Qué profundo dolor!

Spinelli: En realidad, Mikey, mis padres hablaron con los de TJ, nos veremos, pero sólo podremos estar en su casa o en la mía.

Gus: ¡Hey! ¡Esa es una gran noticia!

Spinelli: Y a todo esto, ¿alguien sabe qué demonios intenta hacer Vince?

Gretchen tragó saliva y le pidió a Spinelli que fueran a hablar a solas. Todos estaban un poco molestos por que se tuvieran que seguir guardando secretos, pero dejaron a las chicas conversar.

Spinelli: ¿¡Que hiciste qué!?

Spinelli se alistaba para romperle la nariz a Gretchen, una de las últimas personas que imaginó que llegaría a golpear nunca, y en realidad, fue eso lo que le valió para que Ashley la dejara explicar lo sucedido; cualquier otro habría tenido menos de cinco segundos para correr.

Gretchen: Spinelli, antes de que me apliques una peligrosa llave de luchas, quiero que me des la oportunidad de aclarar mis razones: desde que supe lo tuyo con TJ no he hecho más que estar feliz por ambos, en serio, pero una parte de mí no podía evitar tenerles envidia.

Spinelli: ¿Envidia?

Gretchen: Por supuesto que les tengo envidia. Para ustedes todo esto ha sido muy difícil, sí, pero se tienen el uno al otro, no tienen que sufrir la triste soledad que implica no saberte correspondido por la persona amada. Hice lo que hice, no sólo porque yo misma quiero lo mismo que ustedes, sino porque sé que muchos chicos en el futuro lo harán, y si simplemente se entregan, las demás parejas en el futuro tendrán que sufrir el mismo destino que enfrentan en este momento. Los delaté a cambio de derogar esa ley, es lo mejor para todos.

Spinelli seguía muy molesta, muy muy molesta, pero no le partió la cara a su amiga porque, hasta cierto punto, lo que ella decía le parecía razonable.

Spinelli: ¿Se puede saber de quién demonios se trata todo esto?

Gretchen: Vince, se trata de Vince.

Al día siguiente, el Rey Vince solicitó una nueva audiencia con los chicos del concejo, pero esta vez, TJ sabía lo que estaba pasando y cómo Gretchen estaba involucrada, así que, sin previo aviso, se levantó para hablar con los chicos de sexto.

TJ: ¡Compañeros de clase! El día de hoy nos convocaron y nosotros nos reunimos para discutir la anulación de un decreto que se hizo hace doce años. Es cierto que lo mío con Ash ha sido complicado y, hasta cierto punto, les ha traído problemas a todos ustedes, pero ¿saben qué? No pienso disculparme con ello, no lo haré porque desde que conozco a esta chica, me ha parecido la más hermosa sobre la faz de la tierra, y lo que siento por ella es lo más sincero que me ha pasado jamás: no me molesta que me lancen todos los balones que puedan en el paredón si ese es el precio que hay que pagar para poder seguir saliendo con ella. Pero sé que no soy la única persona aquí que ha sentido eso por alguien y sé también que en el futuro habrá chicos que lo sientan, y yo creo que eso está bien. Porque cuando te quemas por dentro al ver a alguien, la única forma de calmar ese fuego es saber que esa persona sonríe para ti, y chicos, eso es algo de lo que no me arrepiento.

Pasaron esa tarde en casa de Spinelli, estaban sentados en su cama jugando videojuegos. Como siempre, el placer que sentían al gastar tiempo juntos no se comparaba con nada. Estaban felices porque el concejo escolar accedió a derogar la ley y a ellos sólo les quedaban tres días más de paredón, después de eso, nadie los juzgaría por nada de lo que estaban haciendo.

Spinelli: TJ, ¿de verdad piensas todo lo que dijiste este recreo?

TJ: Ash, si dijera todas las cosas maravillosas lo que pienso de ti, jamás terminaría.

Spinelli: ¿Sabes qué es lo que yo pienso cuando te veo? En el experimento de cuarto año.

TJ le sonrió a la chica que estaría con él de ahora en adelante, aunque él todavía no lo supiera, aunque ninguno de los dos supiera que irían a la misma universidad y que se casarían después de graduarse. Ellos no sabían que justo en ese momento comenzaba cuando se miraron a los ojos, se sonrieron y, después de muchos días de haberlo intentado, por fin, se besaron.