Hola, este es mi primer Fic. Y el capitulo a sido editado y re-subido así que es lo mismo pero con mejor ortografía...

Sin mas los dejo mis lectores.


Capítulo 1: Sueños

Cerca de una mansión en una cabaña en Hanglenton, un hombre se levantaba de su cama malhumorado, por las viejas dolencias de su pierna. Había intentado toda la noche aguantar pero cada vez era peor el dolor. Bajo a su pequeña cocina, puso la tetera en la llave del lavabo y encendió la estufa, esperaba que el calor del agua caliente aliviara un poco el dolor. Ya había pasado antes, así que ya tenía una idea de que en unos minutos su dolor se calmaría, pero antes de que el agua estuviera en su punto vio unas luces en la mansión, por primera vez en años las veía encendidas y por lo que parecía había alguien hay dentro, pues las sombras revelaba que alguien caminaba de un lado para otro.

-¡Malditos mocoso!- escupió agresivamente el anciano.

Se dirigió a la silla que se encontraba cerca de la puerta, ahí encima había un par de zapatos y una chamarra de lana. Se abrigo bien, salo apresurado de la casa no sin antes tomar su viejo y desgastado bastón de la pared. Cruzo el gran jardín. Su pequeña cabaña se encontraba a orillas de la inmensa mansión que una vez fue propiedad de los Ryddle. Iba lo más rápido que podía y dejaba su cojera. Fue directo a la entrada, a su paso vio lo que decía sobre las grandes puertas de ébano, escrito con algún tipo de tinta verde "Ryddle". Las grandes puertas ébano estaban tan obstruidas por la vegetación que el verde sobresaltaba sobre el negó. Reviso que el candado puesto, seguía en perfectas condiciones. Rodeo la mansión y vio una pequeña puerta, que era para la servidumbre y por la cual estaba entre abierta.

-¡Ya verán cuando les rompa la cabeza!- dijo para sí mismo mientras tomaba la puerta y la abría con cuidado.

Ya adentro el lugar se veía tan igual como la había dejado hace una semana, no entraba a la casa tan seguida solo una vez a la semana para asearla y enseguida salía a cuidar los jardines, después esperaba hasta la otra semana. Solo lo hacía porque seguían llegando pagos a su pequeña cabaña para el mantenimiento de la mansión, hacía años que llevaba abandonada más de los que quisiera admitir, pero mientras a él le llegara el pago no le importara que los dueños no fueran hasta que él se muriera.

Cruzo la cocina esta ves despacio, no quería que sus intrusos se percataran de su entrada, escucho los pasos en la parte de arriba de la casa, subió tan lento como podía y se detenía cada que escuchaba crujir el escalón o el golpe del bastón en la escalera. Cuando logro subir camino a la puerta de la antigua habitación donde dormían los dueños y antes de entrar y sorprender a los intrusos se escuchó la voz de un hombre.

-Acércame más al fuego, colagusano- se escuchó como alguien arrestaba en la estancia algo, y después pasos cerca la chimenea.

-¿Donde esta Nagini?- dijo con un dejo de desprecio en la voz.

-N..N..No lo sé, mi señor-Respondió otro hombre con una voz asustada algo áspera como si en años no hubiera sido utilizado debidamente-Creo que fue a algún lugar de la mansión. Mi señor-

-El viaje me ha fatigado demasiado, necesitaremos alimento lo más pronto posible- Dijo iracundo la primera voz.

-En la mañana bajare al pueblo y conseguiré alimento, mi señor-Dijo aquel hombre de nombre colagusano-¿Perdone mi incertidumbre señor?, pero ¿Cuánto pasaremos en la mansión?-

-Este lugar es mío por derecho y me quedare en ella el tiempo que yo desee- dijo con voz furiosa -Además el plan está empezando colagusano, y todo empezara cuando acaben los mundiales de quidditch, aunque Bart me ha enviado una lechuza desde su casa, el Ministerio de magia intensifico la seguridad a puntos inimaginable tanto para esos muggles como para los magos, será casi imposible entrar a menos que comprueben que son realmente sus entradas a los mundiales de Quidditch-

En la puerta el viejo Fran escuchaba atentamente pero no entendía nada, "Ministerio de magia", " Mundiales Quidditch", "Magos", "Muggles" y de qué demonios estaba hablando aquel sujeto.

-Se...se...señor no cree que se debería hacer sin Harry Potter- Dijo colagusano casi en el timbre casi de una rata.

El silencio se extendió por minutos, donde el viejo solo escucha el palpitar de su corazón y rechino los dientes. Mientras colagusano parecía temblar en el suelo, seguro debía tenerle un miedo atroz al portador de la primera voz.

-¿SIN HARRY POTTER?- Grito furioso, enseguida se escuchó como algo era arrojado y caía de golpe soltando un alarido tan terrible que se escuchó como si mataran a una rata.

-Pe.. per.. ped…Perdóneme,….mi señor, ….perdóneme-Musitaba colagusano con la voz lo más adolorida que podía dejando espacios entre la pablas, de seguro el dolor no lo soportaba.

-Cállate colagusano-Ordeno la voz, silenciando la sala esta vez su vos era más fría que colérica-Mira podría utilizar cualquier otra mago o bruja, no importaría mucho, pero tengo mis vomitivos para utilizar a Potter- dijo pronunciado lo último suavemente como si decirlo le hiciera gracia.

-Así que no utilizare a nadie más que al chico. He tenido paciencia, mucha paciencia, 13 años esperando en las sombras, a penas vivo. Un mes más para iniciar mis planes y casi un año para él llegue a mí, no importara el tiempo, cuando el venga será su fin. Casi 11 años viviendo como un parasito, sin mi Nagini no hubiera estado pendiente de mis movimientos, no estaría con este cuerpo. Tu solo me cuidaste estos meses por miedo-Se escuchó como por fin se paró colagusano -Así que querido, tendrás que tener valor y paciencia, sino sentirás toda la ira de Lord Voldemort.

Un chillido más y el crepitar del fuego fue lo único en los siguientes minutos hasta que colagusano hablo con voz cortada.

-Y con respecto a Bertha Jenkins. Quisiera saber si yo le lanzo la maldición, mi señor-

-Sigue el plan y el ministerio no tendrá que darse cuenta y hazlo discretamente no quiero un alboroto...Pronto Bart se liberara y estará aquí con nosotros- Dijo más fuerte y casi con un tono de alegría.

-Al final nos resultó útil, la información de Bertha, así que tu golpe de suerte será beneficioso y al final tendrás un premio mi querido sirviente-continuo casi siseando

En el corredor el viejo savia que debía abandonar aquella Mansión de inmediato, las manos le estaban sudando por el miedo, su bastón ya estaba todo mojado. Adentro de aquel lugar se encontraban asesinos y estaban planeando sus siguientes crímenes, una mujer llamada Bertha y un tal Harry Potter. Saldría directo a la policía aunque no confiaba en ella del todo, suponía que era lo mejor que podía hacer. De un momento a otro una enorme serpiente de ojos amarillos lo miro, en sus fauces llevaba un conejo muerto. El gigantesco reptil paso tan cerca de él que pensó que este lo atacaría, ella siseo y entro la puerta mientras parecía contenta y realmente energética.

-Oh, gracias mi querida Nagini, por tu presa y las noticias-Dijo afectuosamente la voz.-Tenemos visita colagusano, dale la bienvenida a mi humilde morada por favor- Seguido de unos pasos dirigiéndose a su locación.

Sin pensarlo dos veces, salió lo más rápido que pudo del pasillo pero de un momento a otro se sintió atraído hacia atrás siendo atrapado por una mano regordeta y muy peluda con unas largas uñas, parecía más una garra que una mano. Cuando vio el dueño de aquella mano lo horrorizo más, un hombre regordete, con ojos saltones, nariz puntiaguda, y dientes que sobresalían de su labio inferior. El pensó que solo su vos parecía al chillido de una rata, pero en cuestión solo verlo era tan similar a las ratas que nunca lo creería. Lo condujo a adentro la habitación, estaba bien iluminada por la chimenea y en un sillón cerca de esta salía la voz gruesa.

-Bien mi querido muggle, Nagini dice que has escuchado todo o ¿no?-Dejo un breve momento en lo que la serpiente se subió al sillón y se enrosco en el cabezal-Bien entonces creo que eso no es nada bueno, para la salud de usted-

-Mi mujer sabe que estoy aquí y que volveré pronto, pero sí...-Savia que estaba en la peor situación y que tenía que hacer lo que fuera para que lo dejara ir. Antes de acabar se escuchó una carcajada que le dejo la sangre helada y el sudor empezó a recorrer la espalda.

-Eres un mal mentiroso. Nadie te espera, ni esposa, ni hijos. Nadie sabe que estas aquí, no le mientas a lord Voldemort, muggle, porque siempre se, siempre lo sabré- Dijo mientras Nagini terminaba de engullir a su presa dejando un abulto en su larga cola.

-Mi lord- dijo el hombre intentando arrodillarse- Por favor no le diré a nadie y estaré a su servicio, por favor déjeme ser uno de sus vasallos... por favor-No tenía escapatoria, tendría que suplicar ser uno de ellos, no quería morir, no todavía.

-Un viejo inservible, no creo que no. Con el estúpido de colagusano ya ocupa el puesto de sirviente inservible. Además Nagini está queriendo probarlo-Se escuchó una última risotada del hombre, colagusano lo soltó y el sillón dio vuelta, este desprendió una luz verde, antes de llegar al suelo el viejo ya había muerto.

A más de 300 km de distancia Harry Potter se despertó sudado de pies a cabeza y sobresaltado.

El chico estaba jadeando y sentía los ojos llorosos, la boca seca y todo su cuerpo empapado, pero lo peor del asunto era que la cicatriz forma de rayo le ardía como si recién se hubiera formado en su frente obligándolo a mantener una mano en la frente mientras con la otra se limpiaba los ojos.

Se levantó y con la mano aun en la cicatriz busco sus lentes en la mesita de noche, encontrándolos a pocos centímetros de esta, al colocárselos sintió todo más nítido. La pequeña habitación que era su lugar donde dormía, se disponía a encender la luz, pero un dolor le obligó a cerrar levemente sus ojos. Espero y poco a poco comenzó a pasar el dolor. Camino hacia el pequeño ropero que tenía y en el espejo que estaba en una puerta de ellas, se observó la marca. Parecía Normal, pero seguía ardiendo.

Harry recordó su pesadilla, había tres personas, dos que conocía y al otro no, trato de recordar todo con sumo detalle. Vio a la serpiente, al traidor de Peter o también nombrado colagusano y la voz de aquel sujeto, la persona que más en este mundo deseaba matarlo.

Un frio le recorrió toda la espalda a Harry recordando que no solo Voldemort deseaba matarlo, si no que él tendría tarde que temprano enfrentarlo otra vez. Ya había pasado dos veces antes y solo por muy poco logro librarse, pero no savia si la siguiente ves terminaría muerto o el terminaría matando a su enemigo. El tan solo pensarlo le hiso un hueco en la boca del estómago, su pecho empezó a agitarse por su respiración, entonces recordó lo que le paso justo en su cumpleaños y sonrió un poco. No tenía por qué tener miedo, tenía algunas cosas por hacer pero estaba seguro que las cosas cambiarían.

-Solo fue una pesadilla Harry, solo una pesadilla-se consoló a sí mismo en un susurro y Tomo un último vistazo de su cicatriz para asegurarse que estaba en orden o por lo menos que no se abriera al rojo vivo.

Volteo la mirada y vio hay su gran baúl el cual estaba abierto, había diferentes artículos de hechicería en él; caldero, escoba, libros, pergaminos, tinta, diversas plumas, sus túnicas, un juego de ingredientes para pociones, etc. Casi cerca de la puerta estaba la jaula de Hedwing, su lechuza, y en el suelo cerca de la cama un libro abierto lo había leído antes de dormirse, pero al parecer se durmió en medio de la lectura.

Lo recogió y lo puso en la mesita de noche, en el título decía "Volando con los Cannon" un libro del mejor deporte del mundo (en su opinión claro). Se encamino a la ventana y la observo, la última vez que le ardió la cicatriz, Voldemort había llevado a la hermana de Ron a la cámara de los secretos y le incomodaba que estuviera cerca, aunque dudaba que Voldemort estuviera dando un paseo por Prive Drive, no creía que pasara por la casa de los Dursley solo a decir un "Hola Harry, solo pasaba por el vecindario y decidí pasar a matarte, espero no te importe", era absurdo, además si recordaba bien su sueño, Voldemort no decidiría avanzar en sus planes hasta después de los mundiales.

Se sobo la herida y se dirigió a la cama nuevamente, reviso el reloj digital de su mesita de noche, 3:15 indicaba que era aún muy temprano, además en ese momento se escuchó un ronquido a lado de su habitación de seguro Dudley, se quedó viendo el techo de la habitación, esperando a que le doliera de nuevo o que algo le indicara problemas.

Solo pasaron minutos interminables, a él no le daba miedo el dolor, podía soportarlo. Había vivido cosas que un niño de 14 no debía vivir, la muerte de sus padres, el maltrato de sus tíos, Una pelea con un maestro poseído por una piedra, había perdido todos los huesos del brazo derecho y durante la noche le habían vuelto a crecer, muy dolorosamente debía añadir. No mucho después, un colmillo de treinta centímetros de largo se había clavado en aquel mismo brazo y durante el último curso, sin ir más lejos, se había caído desde una escoba voladora a quince metros de altura. Estaba habituado a sufrir extraños accidentes y heridas de muerte.

Escucho nuevamente el ronquido pero esta vez más lejos y más grueso, era Vernon Dursley. Le gustaba escucharlos dormir, ya que si ellos despertaran no sería lindos con él, así por lo menos no les escaba la voz y sus constantes quejas contra su persona. Todo el mundo en Prive Drive pensaba que Harry era un delincuente juvenil y que sus tíos era los más buenos de esa calle por quedarse con un huérfano y enviarlo a los que ellos pensaban una escuela para corregirlo "San Brutus : Escuela para delincuentes juveniles". La única verdad es que Harry había asistido a Hogwarts desde los 11 y era un mago menor de edad famoso, además de que los Dursley era todo menos lindo, le habían ocultado algo que tal vez le salvaría la vida, algo que le daba un motivo más para vencer a Voldemort.

Aquellos secreto que tanto tiempo habían quedado guardas habían surgido hacia un par de semanas y dentro de Harry sabía que todo cambiaria en cuanto llegara al mundo mágico.

Algo dentro de él decía que saliera de su habitación, aunque claro que si Harry salía a averiguar si andaba por ahí Voldemort, sus tíos despertaría y le preguntaría o más bien le gritarían que no era hora para hacer escándalo. Como siempre se imaginaba la simple idea de tratarle de explicar que significaba el dolor de su cicatriz y que podía estar un mago tenebroso rodando Prive drive, le causo tanta gracia que casi se le sale una risotada, ya que tío Vernon comenzaría a ponerse morado y después gritaría a los cuatro vientos.

Se reacomodo en su cama, tratando de despejar su mente, al hacerlo observo las cartas de felicitación de sus mejores amigos sobre su mesita de noche, se las habían enviado a finales de junio justo en su cumpleaños, luego observo su escritorio sabiendo que ahí está su mayor tesoro hasta ahora. Guardado entre las hojas de un libro, sintió el metal en su cuello y una pregunta le inundo nuevas dudas ¿Qué pasaría al decirles lo que había encontrado en el desván?, ¿Qué había de especial en Gringotts? y ¿Qué les dirían sus amigos si les contaba el sueño y el dolor de su cicatriz?

De inmediato la voz asustada, pero dulce y muy tierna de Hermione Granger le vino a la cabeza:

"¡Harry debes decirle a Dumbledore! Yo veré algunos libros de enfermedades y dolencias mágicas para ver si podemos evitarte el dolor"

Si ese sería algo que diría su adorada mejor amiga, aunque dudaba mucho que un libro le ayudaría y menos Dumbledore ya que el mago siempre se encontraba ocupado o le daría un pequeño consejo como: "No pasa nada Harry es normal las cicatrices a veces siguen doliendo, no importa cuánto pase a veces duelen" con el tono de abuelo que más se le caracterizaba a su querido profesor. No tenía idea si el profesor se encontraba en Hogwarts o si tenía algún lugar donde ir después del colegio, aunque la savia bien que si le escribía una carta, y se la daba a su querida hedwing lo encontraría de alguna forma, ella nunca lo decepcionaría incluso si no savia la dirección, siempre entregaba sus cartas.

Se imaginó escribiendo

"Querido profesor Dumbledore: Siento molestarlo, pero la cicatriz me dolió esta madrugada, espero Voldemort no quiera hacerme una visita inesperada para declarar sus intenciones, además quisiera discutir unos asuntos con usted respecto a mis padres.

Atentamente: Harry Potter"

Incluso en su mente sonaba tonto y descabellado.

Recordó a Ron su mejor amigo y pensó lo que él le diría.

"¿Que te duele la cicatriz? Pero... pero… no puede ser que quien-tu-sabes este ahí cerca ¿verdad?... a lo mejor solo es tu imaginación hermano solo olvídate de eso mejor vamos a comer algo, mi mamá me preparo un par de pastelillos vamos te invito uno"

Sintió sus parpados pesados llevaba media hora pensando, y tenía sueño tal vez lo más conveniente era dormir y esperar que no pasara nada, aun así pensó que si le escribía a Hermione ella trataría de averiguar algo, no había bruja de su edad que se le comparase en inteligencia era lista, creativa, valerosa, linda, risueña, fuerte, su voz sonaba como un ángel cantando y esos ojos color miel que tenía siempre lo hacían suspirar.

{Esperen} pensó Harry. {Esos atributos no los dicen un amigo común ¿Qué extraño?}

Recordó que en poco tiempo se encontraría con la castaña, Ya que pasarían un tiempo con ella y con la familia Wesley en la madriguera, para ir a los Mundiales de Quidditch y eso le encantaba.

No sintió cuando se durmió.

* Flashback*

-¿Preparada?-susurro a Hermione-Sera mejor que te sujetes a mí.-

Las manos de Hermione tomaron su cintura y el espoleo a Buckbeack con los talones. El Hipogrifo emprendió el vuelo hacia el oscuro cielo nocturno. Harry le presiono los costados con las rodillas y noto que levantaba las alas. Hermione se sujetó con mucha más fuerza pasando de su cintura a su pecho cruzándose en un abrazo y pegándose totalmente a su cuerpo. La oía murmurar:

-ay, ay, que poco me gusta esto, ay, ay, que poco me gusta, Harry- con un tono de sorpresa y terror.

Harry sonrió, no solo por la reacción de su amiga sino porque la sentía tan cerca de él, sus manos su pecho mientras sus brazos se abrazaban desesperadamente y sus pequeños senos se presionaban contra su espalda, sintió su respiración agitada en su cuello, aquello le causaba un leve sonrojo, agradecía que estaba de espaldas a ella sino le daría vergüenza.

Planeo un poco para no asustarla más de lo que ya estaba, silenciosos se dirigieron hacia los pisos más altos del castillo, a la torre norte. Harry tiro de la rienda izquierda y Buckbeack giro. Harry intento contar las ventanas que pasaban rápidamente.

-¡Soooooo!- dijo Harry, tirando las riendas todo lo que pudo.

Buckbeack se detuvo en medio del aire, subían y bajaban con cada aleteo pero estaban viendo la misma ventana.

-Ahí está- dijo Harry, localizando a Sirius mientras ascendían junto a la ventana.

-Échate hacia atrás- le grito Hermione, y saco su varita, mientras que con la otra se sujetó a su túnica, de repente Harry se sintió vacío como si algo lo abandonara de repente, como si el calor abandonara su cuerpo, pero según él los dementores se habían ido del castillo cuando el hiso el patronus. Observo a Hermione hacer el alohomora y pensó que si hubiera un Dementor cerca Hermione también lo percataría.

Y cuando la ventana se abrió de golpe vio a Sirius sorprendido. Hermione giro su rostro y le dio una sonrisa a Harry el cual sintió latir su corazón rápidamente.

*Fin del flashback

Harry abrió los ojos, se sentía tranquilo y tenía una enorme sonrisa en la boca, había soñado con las dos personas que le podría contar lo que soñó y tanto Hermione como Sirius no le intentarían ayudar sin darle más preocupaciones y sin decirle una palabra a otra persona. Eran personas muy queridas por él, claro que se recrimino por dejar a Ron a un lado, pero eso luego lo vería ahora él tenía que escribir una carta para Sirius y una para su mejor amiga.

Observo el reloj y vio que eran las 7:02 y no se sentía cansado aunque por la lectura y su pesadilla había solo dormido 4 horas más o menos. Se paró, fue al baúl y encontró dos trozos de pergamino limpios, saco la tinta y la pluma de su baúl y se dispuso a escribir, mientras realizaba sus cartas vio como entraban los primero rayos del sol a su habitación.

Al finalizar releyó las dos cartas ya acabadas:

"Querido Sirius:

Gracias por tu última carta. Vaya lechuza más grande por poco no pasa por la ventana.

Aquí todo sigue como siempre, los Dursley siguen temiendo que aparezcas cualquier día para hechizarlos y llevarme junto contigo, creo que lo que les produce miedo es que los hechices, no creo que le desagrade la idea de deshacerse de mí, ya sabes como simples, tontos y una abominación de muggles.

Yo estoy bien, sin embargo esta mañana me ha pasado algo raro. La cicatriz me ha vuelto a doler. La última vez que ocurrió fue por que Voldemort estaba en Hogwarts, pero supongo que es imposible que ronde por el mundo muggle, ¿Sabrás algo acerca de cicatrices provocadas por maldiciones que duelan años después o incluso que duelan sin motivo alguno?

Enviare esta carta en cuanto hedwing regrese de cazar ratones, la he tenido encerrada mucho tiempo por culpa de mis tíos y últimamente que la saco sale casi por un día completo y regresa con varias presas, más de una vez he tenido que tirar unos cuantos ratones sin que me viera.

Saludos a Buckbeack de mi parte, y dale un enorme hurón por esos hermosos paseos que me daba.

Atentamente: Harry"

{Si} pensó Harry {No esta tan mal, así no tengo por qué explicarle la pesadilla por completo, no quiero preocuparlo}

Doblo el pergamino lo dejo en la mesa y luego leyó la dirigida a Hermione.

"Querida Mione:

Gracias por tus cartas, a veces es lo único que me hace sonreír pues ya sabes que Ron no escribe tanto y que con los Dursley las lechuzas son cosa de magos (ellos lo toman como cosa de Satan) y por lo consiguiente tratan de que nadie vea a Hedwing para que los vecinos no piensen nada mal de ellos.

Aquí va todo de maravilla, me encanta ver la cara de bobo que pone Dudley cuando tía petunia me dice que me llego una carta tuya, desde que vio tu foto en mi álbum varias veces me ha pedido que te invite a cenar, aunque claro a mis tíos no les hace gracia para nada. La única razón que me dejan leer tus cartas es porque, le podría decir a Sirius que me tratan mal y pensaran que mi padrino se aparecerá y los convertirán en ranas, aunque yo le digo a Dudley que le quedaría mejor un par de orejas y que aquella cola de cerdito que le puso Hagrid.

Hoy en la mañana ha pasado algo raro he tenido nuevamente un dolor en la cicatriz, no tengo claro el por qué, pero seguro tu encontraras un libro el cual diga que las cicatrices provocadas por maldiciones duelen cada cierto tiempo.

Hoy he soñado contigo, sobre ese día en que liberamos a Sirius, aún recuerdo tus gritos y como te me pegabas para no caerte. Desperté de buenas, recordando tu linda sonrisa.

Salúdame a tus padres, felicita y agradécele a tu mamá por el pastelillo que me envió el día de mi cumpleaños, estaba delicioso. Me agrado mucho el libro, lo he leído por tercera vez y casi termino la cuarta. Ya sé lo que estás pensando, si así me dedicara a estudiar pociones no tendría que pedirte ayuda cada vez que Snape se ensaña conmigo. Aun así yo sé que siempre necesitare tu ayuda.

Atentamente: Harry"

{Esta mejor que la de Sirius} pensó Harry con una gran sonrisa en la boca {aunque creo que lo del sueño pude habérmelo guardado}

Aún no le contaría sobre lo que descubrió en el desván, eso era para decirlo en persona no por carta. Dirigió a su baúl por un sobre y la doblo para que entrara fácilmente, la cerro con un poco de pegamento y escribió la dirección, ya se la savia de memoria por tantas que había enviado esos últimas semanas. Cuando termino con ambas Hedwing picoteo el cristal muy feliz de haber salido, gracias a Merlín que no tenía ningún más de un ratón, esta vez solo era uno pequeño. Le abrió, estaba contenta con la caza dejándole a Harry en el escritorio el ratoncito, le acaricio la cabeza, tomo el pergamino y se lo mostro.

-Ya sé que saliste a cazar, pero necesito que hagas un viaje más- le ato el pedazo de pergamino a la pata con cuidado- es para Sirius y ten cuidado con cualquiera que la quiera interceptar- le acaricio por última vez, el ave silbo gustosa y esta salió volando sin esperar más. Harry se recargo en la ventana mientras observaba como se alejaba poco a poco, cuando desapareció tomo la carta de Hermione, se dirigió al correo para enviarla enseguida. Después se iría de Privet Drive, pasaría un rato viendo tiendas en el mundo Muggle y seguramente llegaría tarde como todos los días de esa semana.

De paso vio su calendario el cual marcaba el 1 de septiembre como "De regreso a Hogwarts", pero mucho antes casi 15 días una marca que decía "Mundiales de Quidditch", sonrió no tendría que esperar mucho para ver a sus amigos.