Albus se escondió en el baño, lloro, y de paso Myrtle la llorona lloro con él.

Se preguntaron la razón de su llanto, y Albus únicamente contesto por amor, mientras Myrtle se reservaba su razón (porque todos sabían muy bien cual era sus razones) y fue hasta que la chica fantasma se fue que Albus pudo sentirse mucho más aliviado.

Quizás Myrtle no era tan fastidiosa como relataba su padre o su Tía Hermione.

Albus se limpio el rastro de las lágrimas y salio del baño encontrándose de frente a Scorpius.

El corazón se detuvo y sus mejillas se enrojecieron ¿qué hacia? ¿lo esquivaba o lo enfrentaba? Él era Albus Severus Potter, huir siempre había sido la primera opción ante todo.

Fruncio ligeramente el ceño, pero no pudo soportar la mirada de su amigo, por lo que la desvío casi al instante. ¡Qué patético debía verse en esos momentos! Con los ojos hinchados y los mocos escurriendo por la nariz entremezclados, patético con su corazón roto entre sus manos.

Gran espectáculo debía haberse dado Scorpius, pensaba Albus.

Y aquellos delirios hicieron que empezara a dar los primeros pasos lejos del rubio, melancólico, con la cólera y el bilis en la punta de la lengua pero débil y cobarde, para no enfrentar a aquel primer y gran amor de su corta existencia.

Pero entonces, la quebradiza voz de Scorpius lo detuvo al segundo paso.

—Espera...

Albus se giro, impresionado y dichoso de volver a escuchar aquella voz tan cerca, lo había sacado de su orbita, pero ver a través de los ojos del rubio era como regresado a un estado de confort que no recordaba. Tan puro, tan único, tan suyo...

Se atraganto con su saliva, pero evito toser. Ya era suficiente con que Scorpius lo viera aun con la evidencia en sus mejillas.

—¿Qué?.— Pregunto fingiendo desinterés, pero él mismo sabia que Scorpius sabía que era una tremenda mentira. Él mismo lo supo.

La voz temerosa, indecisa de hablar, con el nudo en la garganta, Albus no necesitaba ser él mismo para saberse un mentiroso en esos momentos.

Pero Scorpius pareció no importarle tal cosa, y si lo había notado, había decidido no prestarle atención.

—Quiero hablar contigo...— Murmuro el rubio bajando la mirada, sin atreverse a mirar fijamente a su amigo.

—¿De qué?— Exigió Albus.

—Rose... — Y tan solo de escuchar tan espantoso nombre Albus puso los ojos en blanco y decidió seguir con su andar. —¡Debes escucharme Albus!— Volvió a detenerlo. —¡Rose me acaba de decir que tú le has dicho que me gusta! ¿Es eso verdad?

—No se de que me hablas Scorpius.— Mintió aunque el rubio sabia que mentía. —De todos modos, ya es hora de la siguiente clase.

Scorpius fruncio el ceño, sin embargo tras lo dicho por Albus, el rubio dijo.

—En la noche continuaremos.

Y así, Albus se quedó de nuevo solo en el baño, podría regresar a llorar otro rato, pero ya era demasiado tarde como para permitirse eso.

(...)

Luego de clases en el gran salón los papeles fueron invertidos, esta vez era Albus quien evitaba a Scorpius. Principalmente porque no deseaba que le rompieran más el corazón.

Ya tenía suficiente con eso.

Por lo que procuro comer rápido e irse antes que todos, sin que nadie se diera cuenta de su huida, y evitar a toda costa a su amigo, si es que aun podía llamarlo así.

Así que después de un aviso breve que se dio, Albus no tardo en meterse cuantos bocados le cupieran en la boca y beber leche fría para pasarlo.

Su estomago se sintió lleno luego de algunos minutos, mareado y con las ganas de vomitar, se levanto de la silla ante la ignorancia de todos.

Tal vez había sido mala idea comer tan rápido.

Las rodillas le temblaban y el estomago le dolía. Debía ir a la enfermería, quizás le había dado indigestión.

Sin embargo, al llegar al pasillo una voz lo detuvo.

—¡Albus!

De no haberla conocido, el nombrado quizás se habría girado para saber de quien se trataba, pero no, conocía aquella voz incluso estando dormido.

¿Qué debía hacer? No enfrentar aquello estando enfermo, pensó.

Ya había huido todo un día, mañana quizás cuando se sintiera mejor.

—No me siento bien Scorpius, iré a la enfermería.— Gimió soportando el dolor en el abdomen.

Entonces se atrevió a dar un segundo paso, pero al darlo Scorpius lo tomó del antebrazo y lo hizo girarse.

—De verdad te ves terrible.— Contuvo en un suspiro. —Te acompañare.

Y aunque Albus negaba desear aquella ayuda no menciono nada ni cuando llegaron a la enfermería.

—No debiste comer tan rápido.— Dijo la señorita enfermera con el ceño fruncido. —Tengo una pócima para esto, espera aquí unos segundos.

Dejándolos una vez más a Albus y Scorpius solos. En un silencio inquietante, acompañado por únicamente el tambor del corazón en sus oídos. Poniéndolos a ambos nerviosos.

—¿Porque me evitas Al?— Rompió de pronto Scorpius. Pero la pregunta se le hacia absurda y fuera de lugar.

—Tú eres el que me evita a mi.— Replico Albus con el ceño fruncido. —¿No recuerdas hoy en la mañana?

—No estoy hablando de hoy en la mañana, hablo de hoy después del almuerzo.

Albus guardó silencio, esta bien, luego del almuerzo había sido él quien evitaba al rubio.

Pero ¿qué pretendía? Scorpius ya lo había rechazado, Albus solo no quería sufrir más por aquel amor tan unilateral y sin futuro.

—Tú sabes porqué.— Contesto justo al momento en que la enfermera entraba de nuevo, con la pócima en un frasco de vidrio, de un color nauseabundo que le provocaba más las ganad de vomitar, y la sonrisa de la mujer la verdad es que no le daba un buen presentimiento.

—Necesitas taparte la nariz querido.— Anuncio tras llegar hasta ellos y verter un poco de aquella sustancia horrorosa.

Así lo hizo, Albus se apretó la nariz con dos dedos y miro curioso la cara de Scorpius, ligeramente asqueada dándole a entender que aquello no solo se veía mal, también olía asqueroso.

Albus no replicó cuando la enfermera le metió la cucharada a la boca y trago con dificultad, no solo se veía y olía horrible, su sabor también era espantoso.

Albus dio un repelús, pero se obligo a mantenerlo en el estomago. Entonces la enfermera le dijo que se quedara unos segundos acostado mientras surtía efecto, y así una vez más la mujer salio de la sala.

—No se de un que me hablas.— Dijo inocente Scorpius.

—No vengas con esos juegos Scorpius.— Albus contesto, de haber estado más distraído, quizás se le habría olvidado de lo que estaban hablando.

—No te evite por eso.— Scorpius obligo a Al a mirarlo fijamente, ¿cómo no amarlo? Se preguntaba Albus, si era en sus ojos donde encontraba el infinito cielo. Si era en ellos donde hallaba paz y comprensión.

—¿Entonces porqué...?— Estaba confundido, no entendía aquella respuesta.

El rubio respiro hondo y luego dijo.

—Porqué estaba confundido...

El corazón de Albus latió fuerte en su pecho, y al mismo tiempo, el dolor en el estomago se disipo por todo el cuerpo y después poco a poco la sensación desaparecía.

—¿Cómo?

No quería sentirse emocionado por nada, debía hacer que Scorpius aclarara todo.

—Pues... Toda mi estancia aquí me gusto tu prima.— Y al escuchar aquello Albus desvío la mirada con el ceño fruncido. —Pero...— La cálida mano de Scorpius se poso en la suya, firme, sudorosa. —Tú eres el único que me entiende.

—Porqué cuando te conocí todo mundo te temía, ¿no?

—No hablo solo eso.— Contestó obligando de nuevo a Albus verlo. —No solo me aceptaste y alejaste esos rumores de mi. Estuviste ahí aunque yo no te lo pedí... Y, bueno, me dijiste mucha veces la verdad, Rose no era para mi... Y durante ese tiempo, mis ojos se desviaron a otra persona. Pero creí que era imposible, porque... Eres tan distinto a mi.

Las mejillas de Albus se enrojecieron bruscamente, ¿había escuchado bien? Todo el dolor que sentía desapareció, y las ganas de vomitar que aun sentía no parecía ser obra de la comida en exceso. Esta vez parecía ser obra del nerviosismo que podía sentir desde la boca del estomago.

La nívea piel de Scorpius también comenzó a tornarse de un rojizo sutil pero llamativo. Quizás era solo el color que se le veía con la cálida luz de la vela en la mesita de noche. Pero Albus considero aquella expresión tierna e inolvidable.

Tenia ganas de besarlo.

—¿Qué?— Pregunto, necesitaba escucharlo de nuevo.

Scorpius dio un suspiro cansado, y esta vez fue él quien desvío la mirada.

—Cuando me dijiste que te gustaba... Me sorprendió mucho, y no te lo voy a negar, me dio miedo. Por eso no supe que responder... Pero lo que trato de decir Al es que... A mi... También me ... Gustas.

Esta vez lo había escuchado fuerte y claro, Albus se incorporo de la cama, con los ojos brillosos de emoción. Quería escucharlo otra vez, necesitaba saberse en la realidad para poder gritar de alegría.

Pero entonces recordó.

—¿Porque te molestaste conmigo cuando le dije a Rose?— Pregunto confundido.

—No me moleste.— Contestó. —Solo que, luego de que le dijeras eso yo... Ya planeaba decirte a ti que me gustas, entonces... Fue sorpresivo todo.

—¿Y qué le dijiste a Rose?

—Que me gustaba otra persona.— Respondió seguro.

Esta vez enfrentándose con la mirada de Albus.

—Si lo digo... ¿Lo dirás?— Albus entrelazo las manos con las del rubio, ansioso, casi temeroso de la respuesta.

—Sí.— Contesto Scorpius con una sonrisa tímida y encantadora.

—Me gustas.

Albus sonrió de igual manera, ambos lo dijeron al mismo tiempo, y fue con ello que las entrañas del Potter de Slitheryn se derritieron con aquel susurro.

Se miraron cómplices por un momento y luego de ello, un beso inocente y cálido apareció, como dándole más valides a las palabras antes dichas.

FIN

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Este fue mi primer scorbus, la verdad no se si haré más, pero espero les haya gustado esta pequeña historia saludos.