Capítulo 5

"Primera luna"

Nadie regresó en los días posteriores y tanto Kisame como Sakura quienes solían ir al pueblo de tanto en tanto notaron nada extraño. Solo el rehuir del hombre llamado Aoba y las sonrisas incomodas de Ebisu al pasar a su lado. La chica fue a dejar una carta al servicio postal y recoger otra. Al leerla suspiró con resignación

—Mi padre quiere que regrese a la ciudad. —Dijo a Kisame—Con la muerte de Sasuke necesita reevaluar nuestra relación con los Uchiha…

—Podría considerar a Itachi en ese caso. —Dijo Kisame de una forma casual, entonces notó lo roja que se había puesto ella "O tal vez ella lo ha pensado" Pero esa idea no salió de su boca.

—Me iré pasado mañana. —Sakura parecía pensarlo— Por lo menos hasta que Itachi–san esté mejor.

Kisame parecía aliviado, Sakura notó el gesto.

— ¿Le alegra que me vaya?

—No, no es eso. —El hombre se sonrojó como si hubiera sido sorprendido haciendo algo malo— Es que… Bueno, la luna llena llegará en esos días.

— ¿El monstruo de nuevo?

—Soy un criado… Y un depositario… Hay muchas cosas de las que sé y no puedo hablar. —Dijo Kisame con un gesto de frustración— Lamento si esto la incómoda señorita.

Ella negó con la cabeza, no muy segura a lo que el hombre se refería.

—Está bien Hoshigaki-san, usted es de mucha ayuda.

Él asintió lentamente y ambos continuaron caminando por las calles del pueblo.

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Aoba entró a la vieja posada, casi vacía por la hora del día, había solo un grupo de parroquianos sentados en una mesa que parecían estar esperándolo. Él los saludo con un movimiento y se sentó a su lado.

— ¿Qué es lo que haremos entonces? —Preguntó uno de ellos. Aoba le dio una mirada antes de responder.

—Haremos creer que fueron los gitanos, finalmente mordieron la mano que los alimenta y con eso podremos cazarlos… Y los Uchiha dejaran de ser un problema también.

Hubo miradas de preocupación entre los hombres que estaban ahí.

—Es en nombre de un bien mayor. —Dijo Ebisu levantándose— Todos estamos sufriendo por culpa de esa gente que solo ha traído mala fortuna a nuestra aldea.

— ¿No será porque Fugaku Uchiha lo tiene pescado de las bolas, Ebisu-san?

La pregunta la hizo uno de los tantos reunidos provocando algunas carcajadas y que la cara del Juez se pusiera roja casi brillante. Aoba dio un manotazo en la mesa y las risas callaron de inmediato.

—No vamos a obligar a nadie. —Continuó Aoba— Pero recordaremos a los amigos y también a los cobardes ¿Quién se apunta?

Tras un instante de duda, seis hombres levantaron la mano. El resto simplemente suspiró sin comentar nada al respecto.

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Itachi estaba frente al espejo, con el torso descubierto y mirando intensamente la cicatriz de su hombro. La línea era grande, eso debió de haberle cercenado todo el miembro y sin embargo ahí estaba, cicatrizando como si fuera solo un raspón, aquello no tenía lógica… Pero su atacante tampoco. Pudo verlo bien. Enorme, peludo, como un oso… No, como un lobo, parecía un fantasma y también tenía peso y consistencia, recordaba el olor a sangre y sudor que emanaba, casi como el de los hombres en el campo de batalla, solo que esta criatura no peleaba… estaba cazando.

En algún rincón de su mente algo pugnaba por salir, era como un recuerdo hundido en su memoria, algo vital que no lograba atrapar…

—Veo que estas mejor…

Se sobresaltó y al girarse vio a Sakura de pie en la puerta de su habitación, por un instante se sintió algo incómodo por su propia desnudez pero lo deshecho de inmediato, estaba en su cuarto y no era la primera vez que ella veía a un hombre en esas condiciones.

Sakura se tomó un momento para recuperarse y evitar un inoportuno sonrojó, se sintió alterada sin alguna razón aparente, suspiró y caminó hasta él, llevaba una bata y una canastilla con material de curación, llegó hasta la cama y le hizo un pequeño gesto para que se sentara. Itachi giró los ojos resignado y se sentó en el borde de la cama, ella dejó la canastilla a un lado y comenzó a revisar con cuidado la herida, para él era obvio que estaba igual de intrigada por su recuperación.

—Casi un mes durmiendo. —Dijo ella— Y tus heridas sanaron a gran velocidad… Es extraño…

—No más que la cosa que me ataco…

—Nadie sabe si es un animal o un hombre. —Sakura limpiaba con cuidado las cicatrices— Tu lo viste de cerca ¿Qué era?

Itachi no respondió, un escalofrío le recorrió el cuerpo, al principio parecía fácil retener esa imagen en su mente pero al tratar de describirla… Simplemente no encontraba las palabras.

—No sé qué vi, estaba oscuro y todo era caos. Ni siquiera sé si fue real.

—Esto es real. —Dijo ella— Tu sangre en el recibidor, las noches en vela… —De repente se atragantó con un sollozo— Tu hermano.

Itachi giró y la abrazó en un gesto casi inconsciente. Se quedaron así unos momentos, el dolor inicial había desaparecido pero aún era fresco. El trataba de decirle algo para reconfortarla pero no sabía ni como expresar su propio pesar.

—Sasuke me engaño… —Le dijo ella con la cabeza recargada en su hombro

Itachi se quedó helado ante esa declaración, indeciso ante que decirle.

—Fue esa mujer… La gitana pelirroja. —Continuó ella— Nunca lo negó, ni lo acepto… Estúpido él, estúpida yo… Creí que podíamos dejarlo pasar, pero, simplemente no pude manejarlo… Deseé tanto que muriera, que… ¡Ay dioses fue mi culpa!

Nueva mente surgió el llanto, Itachi aún la abrazaba mientras sentía una especie de indignación en su pecho, era una extraña sensación entre la perdida y el saber que pese a todo, su hermano menor había cometido una falta así.

—Era un necio… Y lo lamento, tú no tuviste nada que ver con sus decisiones.

—Tú no tienes nada de que disculparte… —Dijo ella apartándose un poco y levantando la cabeza.

Ambos se sostuvieron la mirada; ojos verdes contra oscuros. Sin pensarlo, Itachi le acarició la mejilla y se acercó más a ella, Sakura se estremeció levemente antes de cerrar los ojos, se besaron con suavidad y el contacto se prolongó un poco antes de que se separaran, ambos con la vista baja, incapaces de verse a la cara. Ella le puso una mano en el pecho y lo alejó con suavidad.

—No… —Dijo con un hilo de voz— No debemos.

—Yo, lo siento. —Mentía, Itachi realmente lo deseaba— Es muy pronto.

—No… no es pronto… o tarde… Lo siento, yo regresaré con mi padre a la capital.

Sakura se dio la vuelta para retirarse pero Itachi le sujetó la mano, se quedaron quietos, como congelados en ese instante, ella dio una especie de sollozo y se soltó, Itachi ya no hizo nada para detenerla.

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—Se fue antes.

Kisame levantó la vista; estaba sentado en el borde de su cama limpiando la enorme escopeta que solía llevar consigo. Itachi estaba parado en la puerta con actitud desolada.

—Yo… Fui un idiota, la besé… La tierra en la tumba de mi hermano aún está fresca y yo… —Se sentó en la cama y se cubrió la cara con ambas manos— ¿Qué carajos tenía en la cabeza?

—Sí estabas esperando encontrar algo de simpatía, viniste a la habitación equivocada. —Kisame no parecía ni por asomo afectado— personalmente yo no la habría dejado ir así de fácil… Pero es lo que haría un salvaje como yo.

—Tienes razón. —Dijo Itachi sin levantar la cabeza— Vine a la habitación equivocada.

Permanecieron un rato en silencio, entonces Kisame se levantó y le dio una palmada en la espalda.

—Necesito decirte algo importante. —Kisame se había puesto serio— Y tienes que entender que…

Itachi no le había puesto atención, había sentido que alguien estaba cerca… Era como su entrenamiento militar, pero más desarrollado, mantuvo la vista fija en la puerta… Un gutural sonido salió de su garganta sin notar que Kisame retiraba la mano con precaución, la puerta se abrió y Fugaku Uchiha apareció en su umbral. Miró a su hijo y después a Kisame.

—Necesito unas palabras contigo, Hoshigaki.

Ambos hombres abandonaron la habitación mientras Itachi permanecía sentado en la cama, tratando de entender por qué ese repentino sentimiento de odio lo había golpeado sin razón aparente. Se levantó para salir del cuarto. Al llegar a la puerta vio el pasillo vacío, sin embargo podía escuchar a los hombres discutir a la distancia. No tenía intención de saber que era lo que hablaban pero entonces el nombre de Sakura apareció.

—… A Sakura hasta la estación del tren. —Dijo Fugaku— Y después te aseguraras que Kabuto reciba este mensaje antes de que los gitanos partan.

— ¿Qué hay con Itachi? —La voz de Kisame se oía inconforme— la primera luna…

—Es mi hijo y yo me encargaré.

— ¿Y quién se encargará de usted, Fugaku-san? —La ironía de Kisame fue como cuchillo cortando pan.

—Obedece. —Fugaku fue definitivo— No tienes las manos limpias como para cuestionarme.

Hubo un momento de silencio y después escuchó que alguien caminaba hacia él, aprovecho el momento para moverse lo más rápido posible y terminar en el extremo opuesto, como si hubiera abandonado el cuarto más pronto.

Llegó a su habitación extrañamente inquieto. Era normal que su padre se preocupara, pero ¿Qué era esa carta a los gitanos? Algo no sonaba bien a pesar de ser sus aliados, necesitaba averiguar que estaba pasando. Tomó su abrigo y su pistolera, se aseguró de que sus armas estuvieran cargadas y cubriéndose con una vieja capa salió de la mansión. Vio a Kisame dirigirse a las caballerizas y esperó a verlo partir antes de hacer lo mismo. Sintió en algún momento la mirada de su padre, atrás, escondido entre los cortinajes de una ventana pero no le importó, el viejo tenía que ver que el ya no era un niño impresionable. Monto la silla y preparo al animal, el caballo estaba nervioso, como si algo malo estuviera cerca, no pudo culparlo, el mismo se sentía inquieto, era como sentir el llegar de una tormenta.

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Itachi llego al campamento desde otro ángulo para no encontrarse a Kisame. Notó que las tiendas ya habían sido desmontadas y que el viejo oso regresó por su cuenta y estaba plácidamente sentado en su jaula lamiendo la corteza de un árbol. Estaban casi listos para partir. Detuvo a su caballo y esperó. Vio a Kisame salir de la carreta del líder y dirigirse al pueblo, sin duda para escoltar a Sakura a la capital. Amarró a su montura a un árbol y después, sigilosamente, se dirigió al campamento.

Eludió con facilidad a los centinelas que se apostaban a los alrededores, la mayoría de la gente estaba más ocupada en empacar sus pocas pertenencias que en vigilar a su alrededor, llegó a la carroza de Kabuto y cerró la puerta tras él con discreción. El hombre parecía guardar algo pesado en un cofre cuando sintió a Itachi entrar al lugar, hubo un sobresalto pero nada más, se dio un momento para recuperar la compostura antes de voltear y recibirlo con una muy hipócrita sonrisa.

—Señor Itachi, que inesperada visita…

—Ahórreselo, Kabuto. —Dijo él— ¿Qué clase de cosas están haciendo con mi padre?

—Sólo terminando algunos negocios. —Kabuto regresó al baúl— Su padre me ha mandado la "liquidación" de los trabajos de esta temporada, no todo tiene que ser extraño y retorcido señor Uchiha.

—No le creo…

—No importa. —Kabuto se volvió a mirarlo, esta vez había una actitud condescendiente en su mirada— Por lo menos después de mañana en la noche ya no va a importarle nada de esto. La luna llena esta por llegar.

Itachi dio un paso atrás, sintiendo que algo no estaba bien.

—La herida ha desaparecido, sus energías están restauradas, o mejor dicho están mejor que antes ¿No es así? Excelente oído, mejor agilidad, más fuerte, más vigoroso…

Itachi trató de replicar algo pero solo gruñó, un sonido gutural y salvaje que nada tenía que ver con su propia voz, aquello lo asustó y terminó recargado en la puerta de la carroza.

—No se engañe, señor Uchiha, eso es una maldición, el acónito florecerá de nuevo y la bestia… Una nueva bestia vendrá a esta comarca. —La sonrisa de Kabuto se hizo más amplia.

Esta vez con un movimiento desesperado, alcanzó la manija de la puerta y cayó de espaldas fuera de la carroza de Kabuto, el corazón le estaba latiendo como caballo desbocado. De repente todo se veía más claro y brillante, aquello lo aterrorizo sin entender por qué, la gente lo vio salir y le rehuía, había miedo en los rostros de todos, Itachi era capaz de ver cada detalle en esas caras, al mismo tiempo, podía escuchar las voces de todos, los murmullos, el respirar entrecortado por el miedo, cientos de corazones latiendo todos en un caótico retumbar, era demasiado se levantó y comenzó a correr lejos del campamento, al llegar a donde estaba su caballo este dio un relinchido de pánico y se soltó del árbol antes de que pudiera detenerlo, el animal se encabritó y salió corriendo al galope en dirección de la mansión. Itachi comenzó a correr tras él, las piernas le dolían, era como si tuviera lava en las venas, cada vez más rápido, pronto estuvo corriendo a la par de su montura, se sentía exultante, el dolor y el pánico anterior desaparecieron mientras con rapidez rebasó al caballo y se adentraba en el camino de la mansión Uchiha, en ese momento parecía volar, algo dentro de su cuerpo pugnaba por salir pero al entrar al atrio de la mansión sus músculos se contrajeron en un solo y doloroso espasmo que lo derribó al suelo. Trató de gritar pero su garganta se cerró, el dolor se convirtió en una garra que parecía arrancarle la espina dorsal; alguien se acercó a él pero Itachi no podía ver quien era, pequeños destellos de luz estallaban ante sus ojos antes de que la inconciencia finalmente se apiadara de él…

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Sabía que estaba soñando, era un corredor enorme y angosto que parecía ir en un espiral, comenzó a caminar por el mientras a lo lejos podía escuchar el gruñir de un animal, el ruido que hacían sus quijadas al romper piel y huesos… Estaba alimentándose. Sintió una urgencia y aceleró el paso. El pasillo se acortaba y una enorme puerta de madera era el fin. Itachi estiró las manos y la empujó con fuerza, pudo observar el jardín de la mansión y a su madre, yaciendo en un charco de sangre… Al levantar los ojos se topo con la enorme criatura que parecía sonreírle.

Y lanzando un grito despertó…

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Estaba recostado en su cama, ya era de noche o al menos eso parecía, al levantarse notó que el dolor había desaparecido, como si nunca hubiese estado ahí, su memoria muscular estaba en blanco. Caminó a la ventana y vio el horizonte pintado de un rojo agonizante, el cielo más arriba ya era negro sin estrellas. La luna llena saldría en poco tiempo. Salió del cuarto y bajó las escaleras sintiendo como si hubiese estado una eternidad en la cama.

Al llegar al recibidor vio a su padre sentado en un sillón, acababa de prender una linterna de aceite.

—Eso de dormir tanto se te está volviendo una mala costumbre, hijo. —Dijo Fugaku sin mirarlo— Te encontré tendido ayer justo a la puerta de la casa.

— ¿Ayer? —Itachi sintió una contracción en el estómago.

—Has estado en esa cama por más de veinticuatro horas. —Fugaku se permitió una sonrisa— Me imagino que ahora te sientes como un hombre nuevo.

—Entonces los gitanos… Sakura…

—La joven Haruno ya ha de estar con su familia en la capital y los gitanos… Bueno me imagino que en busca de un nuevo lugar donde pasar el invierno.

— ¿Qué fue lo que les distes? —Itachi lo miró con furia— ¿Qué ha estado pasando?

—Eres demasiado paranoico. —Fugaku se levantó y tomó la lámpara de aceite— La gente de Otogakure no trabaja gratis. Ellos se llevaron el dinero ganado por la ayuda en el campo y con nuestro ganado, queda poco, pero aun así es demasiado para que el pobre Kisame se encargue solo.

Fugaku salió al exterior seguido por un renuente Itachi que se sentía en ese momento demasiado confundido. Su padre le dio una mirada por encima del hombro antes de caminar a los jardines.

—Vi a tu madre por primera vez cuando ella estaba aquí, haciendo labores de jardinería. —Continuó— Pensé en lo fútil e inapropiado que era un trabajo como ese para alguien como ella. Estaba sublimado ante la belleza casi mística que emanaba…

Pasaron por una barda de helechos y se adentraron a lo que parecía un laberinto, pero muchas de las paredes estaban derruidas y se podía ver una pequeña colina con un mausoleo dominando la escena. Itachi tuvo un escalofrío mientras se acercaban. Fugaku llegó primero y empujó la puerta del sepulcro, esta se abrió con un pesado rechinar de bisagras.

En el centro del lugar estaba la tumba, bellamente tallada en mármol, con una estatua de una mujer recostada sobre ella, como si durmiera, daba la impresión de que en cualquier momento se levantaría. Itachi apretó los dientes, perturbado ante el realismo de aquella obra.

—Se lo que estás pensando, hijo. —Fugaku se acercó a ella y besó una de sus mejillas— Pero lo hice para no olvidarla, para tenerla de alguna manera cerca de mi corazón. Yo la adoraba más que nada en el mundo.

Tras la tumba estaba una puerta de madera que a Itachi le recordó la de sus sueños, su padre la abrió y bajó por unas angostas escaleras, renuente Itachi lo siguió, comenzó a darse cuenta de que en realidad se estaba moviendo sin pensarlo, como si su cuerpo fuera algo ajeno a él.

Las escaleras terminaban en un pequeño pasillo y frente a otra puerta entreabierta, desde donde estaba podía distinguir una silla en el centro de la habitación. Una cómoda silla con cojines de terciopelo y correas de cuero para sujetar las manos y las piernas de alguien, también una cabecera de metal que impediría que la persona sentada pudiese mover la cabeza. Al entrar vio que había un altar con velas y la foto de su madre en él.

—Lloré como nunca lo había hecho cuando ella murió. —Continuó hablando Fugaku— Durante muchas noches caminé como un fantasma tratando de ver su rostro de nuevo… Lloré por ella y por ti, mi hijo, no tenías que sufrir como lo hiciste… O como lo harás.

Se dirigió hasta él y le puso una mano en el hombro, un gesto cariñoso y paternal, una caricia olvidada y sin embargo, fresca en su memoria. Fugaku lo encaminó con tranquilidad de regreso a las escaleras.

—La primera noche es la más difícil. Lo bueno es que solo podrá pasar una vez, después cuando tu cuerpo se acostumbre, entonces podrás hacerlo dos veces… Pero hoy, hoy es tu noche, muchacho.

Itachi no se dio cuenta que su padre se había quedado atrás hasta que escuchó la puerta de aquella habitación cerrarse. Fugaku se había encerrado.

—Esta noche sólo será un lobo…La luna ya salió, es hora, mi heredero. —Fugaku retrocedió a las sombras y por un breve instante sus ojos brillaron en un fantasmal tono ámbar.

Itachi sintió un escalofrío, como un enorme dedo helado recorriéndole toda la espalda, pero la sensación se convirtió en un hormigueo doloroso, miles de ardientes agujas clavándose en su cuerpo, después un espasmo en sus manos, se las vio y se dio cuenta que los huesos de los dedos se extendían y curvaban mientras las uñas crecían y se tornaban negras, un nuevo espasmo, esta vez en la espalda, el dolor superaba por mucho al que sintió después de aquella demencial carrera, pero esta vez su mente no lo bloqueo. El dolor le atrapó como una telaraña y lo sacudió inmisericorde. Tenía que salir, de repente ese era el único pensamiento coherente en su cabeza. Se arrastró por las escaleras, sus pies crecieron y destrozaron las botas de cuero. Sus muslos se estiraron y una capa de vello negro comenzó a brotar en todo su cuerpo, la quijada tronó y lanzó hacia adelante mientras los dientes crecían convirtiéndose en colmillos, sus orejas se volvieron puntiagudas, el vello hirsuto le cubrió el rostro y sus ojos se tornaron rojos como brazas ardientes mientras la cordura y la razón abandonaban su cerebro.

Lo que salió del mausoleo no era ya un hombre…

CONTINUARA...

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Notas del autor: Volviendo al fic finalmente terminé la parte difícil, hay mucha información que quiero agregar pero tengo que editar y acortar algunas cosas o terminaría peor que con el Zorro y la princesa (Si preguntan todavía estoy trabajando en ello, no se preocupen) Por lo pronto hemos llegado a lo que se supone es la mitad del fic (Tal vez un poco más o un poco menos) Espero lo disfruten y no se olviden de dejar su critica, comentario y/o sugerencia que todo es bienvenido y analizado.

Próximo capítulo: "Festín de sangre"