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Recuerdo que cuando terminé de escribir Lo que no decimos me dije que ese era el final justo para la historia. Descarté casi de inmediato la posibilidad de escribir una continuación. Tiempo después volví a leer el fic desde cero, y, nuevamente, me dije que ese final cerraba el círculo. No obstante, durante todo ese tiempo muchas historias sueltas comenzaron a tomar forma en mi cabeza, las cuales fui sumando a viejos borradores del tiempo en que aún estaba publicando el fic (borradores que ni siquiera pasaron a formar parte del conjunto de historias que hacen el capítulo 11). En un momento, una de esas ideas pasó a formar parte de Lo que no decimos como Anexo 2, y ahora, que más y más ideas vienen a mi mente y más ganas me dan de retomar los viejos borradores, he decidido crear este nuevo fic.

Antes que nada, por favor tengan en cuenta que no se trata de una continuación de Lo que no decimos, al menos no completamente. Este fic estará compuesto por relatos independientes que, cronológicamente, se ubicarán antes, durante y después de Lo que no decimos. De esta manera, este primer relato se ubica entre el lapso de semanas que transcurren entre el final del capítulo 13, cuando Videl gana el torneo, y el epílogo. Me gustaría aclarar, además, que el hecho de haber comenzado a ver Dragon Ball Super ha contribuido a que resurjan mis ganas de más historias de este espectacular anime. Además, como todas los relatos que van a componer este fic transcurren antes del inicio de Super, procuraré que todo se ajuste lo más posible al canon.

Solo me resta por decir que espero que disfruten de estos nuevos relatos. Tengo muchas ideas que me gustaría ir redactando y subiendo dentro de poco, así que por favor ayúdenme a mantener vivo este proyecto con sus comentarios, que son el verdadero combustible de mi inspiración. Por supuesto, paralelamente también seguiré publicando Un futuro diferente, mi otro fic de esta pareja, el cual los invito a leer si aún no lo han hecho.

Un saludo enorme.

Revontulet.

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Relato 1: Héroes

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Ciudad Satán.

Media tarde.

En los amplios jardines del ex campeón mundial de las artes marciales, un particular individuo gesticulaba y saltaba con el entusiasmo propio de un niño. En un momento dado apuntaba con su mano enguantada hacia el infinito, en otro, giraba sobre la punta de sus pies a toda velocidad, componiendo extravagantes y para nada varoniles poses. En esos instantes parecía trabajar arduamente en una de sus posturas, con las rodillas flexionadas hacia afuera, los brazos alzados y la punta de los dedos de cada mano unidas en una V, justo a la altura de la frente.

—En cualquier lugar donde el mal intente imponerse sobre el bien… En cualquier lugar donde los malvados opriman a los débiles bajo el yugo de la tiranía... ¡El defensor del amor y la justicia se alzará!

Dio un gran salto hacia arriba, taconeando la hierba con la punta de los pies. Iba vestido con una especie de uniforme de karate sin mangas, de un intenso verde chillón, el cual resaltaba aún más contra el rojo sangre de la larga capa de súper héroe. Por debajo llevaba unas calzas negras de aspecto muy, muy ajustado. El resto de su aspecto tampoco era para nada convencional. Botas y guantes blancos, gafas de sol y una especie de turbante componían un traje de lo más llamativo. Volvió a saltar, aterrizando sobre un pie con ambos brazos extendidos hacia los lados.

— ¡Tiemblen, oh, villanos! ¡El amante de la paz, el amor, la justicia y todas las cosas buenas de este mundo está aquí! ¡Tiemblen, pues yo, el Gran Saiyaman, me planto y digo que no! ¡Ya no cometerán impunemente sus fechorías! —dio media vuelta, observando por encima del hombro con los codos doblados hacia arriba y las manos abiertas, como si se preparara para ejecutar algún tipo de danza— ¡Tiemblen malhechores, pues no estoy solo en mi cruzada contra el crimen, el odio y la violencia! ¡Mi fiel compañera en la lucha contra el mal está aquí! ¡Yo te invoco, Gran Saiyaman Dos!

El Gran Saiyaman Uno se agachó y giró como un trompo unas diez veces, cayendo de rodillas con ambos brazos señalando hacia su derecha, hacia el alto seto que se alzaba a un costado del jardín. Se quedó en esa particular pose durante cinco, diez, quince segundos, sin que nada ocurriera. Carraspeó fuertemente, volviendo a señalar con los brazos.

— ¡Gran Saiyaman Dos, mi fiel paladina, yo te llamo a la lucha!

No ocurrió absolutamente nada.

— ¡Acude a impartir justicia a mi lado!

Nada.

— ¡Las trompetas del bien llaman a por ti! ¡A mí, Gran Saiyaman Dos! ¡A mí!

Si hubiera sido de noche, los grillos habrían cantado ruidosamente.

Gohan se quitó las gafas, rascándose confuso una mejilla.

—Mmmm… ¿Videl? ¿Estás ahí? —silencio— ¿Videl?

—Si…—susurró una voz detrás del seto—Estoy aquí…

— ¿Qué ocurre? ¡Sal!

—Ehhh…no estoy segura.

— ¿Eh? ¿Por qué?

—Es el…traje.

— ¿Qué pasa con el traje? ¡Sal para que pueda verte!

Durante otros quince largos segundos, ni el más leve movimiento pudo percibirse en torno al seto. Entonces, como con miedo, alguien salió de detrás de él. Era una muchacha vestida de un modo bastante…peculiar. Una ajustada licra azul se adhería a sus brazos y sus piernas como si fuera una segunda piel. Por encima llevaba un gi de karate muy similar al del Gran Saiyaman, el defensor de la justicia, solo que de un intenso color turquesa. También llevaba guantes y botas blancas y una larga capa rosada. Un casco blanco con antenas, un corazón dorado en medio de la frente y un visor de cristal azul le cubría medio rostro. Gohan se llevó una mano a la barbilla, observándola atentamente.

— ¿Cuál es el problema con el traje?

"Oh, nada" se dijo Videl "¿Solo que es increíblemente ridículo, quizás?"

Delante de ella, Gohan golpeó el canto del puño contra la palma de su otra mano.

—Oh, ya veo… Le hace falta más color, ¿verdad?

Videl se lo quedó mirando con una gota de sudor que era visible incluso a través del casco.

— ¿Lo dices en serio? ¿Más color?

—Mmm no, tienes razón—le sonrió alegremente— ¡Así está perfecto!

Videl también sonrió, solo que nerviosa y avergonzada. A la vez. Bueno, después de todo, ella misma se lo había buscado. Le había prometido que si ganaba el Torneo de las Artes Marciales lo ayudaría a combatir el crimen como la Gran Saiyaman número dos. Ahora, no podía evitar preguntarse en que rayos estaba pensando cuando prometió eso, pero resulta que sí ganó el torneo, así que ahí estaba.

"¿En qué me he metido?"

Esa era otra pregunta recurrente. En realidad, debía admitir que los días posteriores a su victoria, todavía embelesada por la confesión de Gohan, se había imaginado un par de veces cómo sería eso de encarnar a la Gran Saiyaman Dos, incluso había llegado a decirle que podría ser divertido. Sin embargo, por alguna razón, en su cabeza la escena nunca había resultado tan…tan…

Ridícula!"

— ¡Muy bien! ¡Continuemos! —exclamó Gohan, muy animado—Presta atención al ángulo de los brazos, es muy importante.

Dicho y hecho, volvió a saltar y a girar del mismo modo en que lo haría un bailarín algo ebrio. Flexionó las rodillas, abriendo las piernas hacia afuera como en su pose inicial, solo qué con los codos doblados en ángulos opuestos esta vez, con una mano apuntando hacia arriba y la otra hacia abajo. Era como si el mismo bailarín pasado de copas hubiera decidido garabatear un jeroglífico.

— ¡El Gran Saiyaman al ataque! —graznó a todo pulmón— ¡Por el amor y la verdad!

Videl se llevó inconscientemente una mano a la boca, observándolo con los ojos como platos.

"Ay dios…es demasiado…es demasiado ridículo… ¡no puedo hacer esto!"

—Bien, ¿qué te parece? —Gohan se le acercó con las manos empuñadas en las caderas— ¿Puedes intentarlo tú?

Iba a negar rotundamente con la cabeza, pero se percató de que él la estaba mirando con esa hermosa sonrisa en los labios. En sus ojos, fijamente clavados en ella, no había más que la desbordante devoción con que siempre la contemplaba desde el final del torneo. Videl sintió que se ruborizaba intensamente. Su expresión de espanto ante la vergonzosa pose que acababa de "admirar", fue reemplazada de repente por una tonta sonrisilla de enamorada, esa con la que ella misma venía contemplándolo desde el final del torneo.

"Maldición…"

Bueno, qué se le iba a hacer. Era Gohan. Por más ridículo que resultara todo, había aprendido que no podía negarle nada cuando le sonreía de ese modo tan encantador. Así que, carraspeando sonoramente, Videl se adelantó unos pasos.

"Tranquila…el jardín está apartado y los setos son altos. Nadie te verá. O al menos eso espero…"

Había que reconocer que, si bien las poses patentadas del Gran Saiyaman eran asombrosamente estúpidas, tenían una plasticidad y flexibilidad propias de las artes marciales. Eran como las versiones idiotas de las katas de entrenamiento, por lo cual no resultaban del todo fáciles de imitar.

Carraspeando nuevamente, Videl saltó y giró tal y como Gohan había hecho antes, aterrizando con las piernas abiertas hacia afuera y las manos apuntando en direcciones contrarias. Casi se echó a reír cuando, inconscientemente, su instinto de artista marcial la llevó a cuidar el ángulo de los brazos, tal y como Gohan le había recomendado. Quitando eso, era lo más ridículo que había hecho en toda su existencia por lejos.

"Las cosas que hago por amor…"

— ¡Espectacular, Videl! —Gohan la aplaudía entusiasmado—Una digna pose de un defensor de la justicia.

—Mmmmm…

—Aunque te faltó una buena frase justiciera mientras la hacías… Bueno, no importa, ya te buscaremos unas líneas luego.

—Creo que te dejaré a ti lo de las frases…

—Oh, vamos, será divertido. Además… ¡esto es solo el comienzo! —Gohan sonrió como un niño—Tengo en mente una coreografía de entrada para que practiquemos juntos. ¡Todo el mundo sabrá que el Gran Saiyaman Uno y Dos han llegado!

— ¿Coreografía? ¿Algo así como un baile?

—Bueno, no exactamente. Pero sí que tendrá pasos y cierto ritmo, así que "baile" podría ser una forma de describirlo.

Videl soltó un largo suspiro. No la atraía en absoluto tener que seguir haciendo cabriolas por todo el jardín, pero, fuera cual fuera la coreografía que Gohan tenía en mente, mucho peor que lo que venían haciendo no podía ser. Además, el hecho de asociarlo con un baile hizo que se acordara de la fiesta de graduación a la que habían asistido juntos el año pasado. Ese era uno de los recuerdos que más atesoraba, lo cual, de alguna forma, la predispuso un poco más a seguir haciendo el ridículo.

"Peor no puede ser" se repitió.

—Bien, lo ideal sería hacer esto…—Gohan se puso de perfil, parándose en un solo pie con los brazos levantados en un ángulo de unos ciento cuarenta grados. De más está decir que no resultaba una postura majestuosa—Tú harás esta misma pose pero detrás de mí, espalda con espalda. Ven, acércate para que podamos intentarlo.

Videl vaciló un largo instante, pero terminó acercándose. Estaba furiosamente sonrojada de nuevo, aunque esta vez no por la bella sonrisa de Gohan. Había pensado que aquello no podía ser peor, pero tal vez se equivocaba…

"No es más que un ejercicio… Estoy practicando katas de artes marciales, eso es todo"

Se puso espalda contra espalda con él, imitando la pose con una inmensa vergüenza.

—Perfecto, Videl. ¡Ahora trata de seguirme!

—Estamos de espaldas, ¿cómo lo hago si no puedo verte?

— ¡Usa el espejo!

— ¿Eh? ¿Qué espejo?

—Ese que colgué ahí.

Gohan señaló con el pulgar hacia un lado, y, recién entonces, Videl notó el enorme espejo colgado de uno de los muros exteriores de la mansión Satán. Dio un respingo involuntario hacia atrás, mirando incrédula su propia imagen. No le hacía ninguna gracia verse a sí misma luciendo aquellos coloridos trapos, y menos aún haber notado recién entonces semejante armatoste colgado de la pared de su casa. ¿Cómo rayos no lo había visto antes?

— ¿Pero de dónde sacaste eso?

—Te sorprendería la de cosas que tiene Bulma guardadas en sus cápsulas en la Corporación… Pero bueno, ¿estás lista?

—En realidad, yo n…

— ¡Vamos!

Gohan no la esperó. Se agachó, pateó hacia afuera, giró, alzó los brazos…el catálogo completo de las rutinas del Gran Saiyaman, solo que manteniéndose siempre de perfil y de espaldas a ella. Videl, que ya había optado por tomar todo como un ejercicio de artes marciales para no morirse de vergüenza, intentó seguirlo. Sin despegar la vista del espejo ella también se agachó, giró saltó y alzó los brazos en todo un abanico de extravagantes posiciones. Para su gran sorpresa, notó que no lo hacían nada mal. Es decir, toda la rutina era una increíble idiotez, pero Gohan y ella se movían con una sincronía que resultaba casi natural. De algún modo lograba anticiparse a sus movimientos, imitándolos en dirección contraria con una insospechada facilidad. Era como si Gohan hubiera diseñado toda aquella payasada justo a su medida.

— ¡Y ahora el toque final!

Gohan se volvió de repente hacia ella, sujetándola firmemente por la cintura. Por la forma en que comenzó a moverse a continuación, ella intuyó que debía dejarse caer, de modo que así finalizó la "rutina": él la sostenía con la mano derecha por la espalda, levantando la izquierda hacia arriba con la palma abierta, casi como si saludara. Videl, por su parte, apoyaba todo su peso sobre él, con su mano izquierda en pose similar y la pierna estirada recta hacia arriba, como una bailarina. Todo delante del espejo. Cada uno de los pasos que acababan de hacer. Videl observó el reflejo de ambos con la boca abierta. Una de sus cejas subía y bajaba en una especie de tic nervioso. Sudaba. Evidentemente se había equivocado.

"¡Esto es mucho peor!"

— ¡Excelente! —Gohan la soltó suavemente, aplaudiendo encantado—¡Eso estuvo genial, Videl! Intentémoslo una vez m…

De repente, como enviada por el cielo, una alarma digital comenzó a sonar. Gohan observó su reloj pulsera, aquel ingenioso dispositivo que Bulma les había diseñado a ambos.

—Oh, ya son las cinco. Le prometí a papá que entrenaría un poco con él hoy… Es una lástima, tan bien que veníamos…

—No hay problema…—Videl se quitó el casco, respirando aliviada—Yo tengo que ayudar a papá en uno de sus dojos, así que podemos parar por hoy.

—De acuerdo. Y ahora dime, ¿qué te pareció? Tenemos potencial, ¿verdad?

—Ehhh si.

—¿Seguimos mañana?

—Mmmm…si no queda otr…

— ¡En verdad es una lástima que deban parar, muchachos!

Videl y Gohan dieron un respingo hacia atrás, asustados por el potente vozarrón que brotó de repente de un costado del jardín. Allí, desde detrás de un enorme rosal, Míster Satán, el ex campeón mundial de artes marciales, emergió como una aparición. Vestía su clásico gi marrón de entrenamiento, el cual, al igual que su frondosa cabellera, estaba repleto de hojas, ramas y espinas. Incluso tenía un arañón en medio de la nariz. Aunque tratándose de su padre uno podía esperarse cualquier cosa, Videl estuvo a punto de caerse al suelo de vergüenza cuando lo vio.

— ¡Papá! ¿Qué rayos hacías ahí escondido? ¡¿Nos estabas espiando?!

— ¡Nada de eso!—rio Míster Satán, colocando ambos puños en las caderas—Vi desde la casa las espectaculares poses que estaban ensayando y decidí bajar a tomar nota. ¡Mira!

Le mostró un pequeño cuaderno garabateado que llevaba consigo. Ella alzó exageradamente las cejas, mirando atónita el cuaderno.

— ¿Espectaculares poses? ¿Tomar nota? ¿Pero qué cara…?

— ¡Así es!—la interrumpió el ex campeón, plantándose de un salto delante de Gohan— ¡Gohan, muchacho! ¡Déjame felicitarte!

— ¿Felicitarme?

— ¡Si! Tus posturas y tus rutinas de entrada como el Gran Saiyaman son verdaderamente geniales. ¡Me has dejado impresionado!

—Vaya…. ¿de verdad ?

— ¡Por supuesto! De hecho, estoy considerando muy seriamente utilizarlas como poses de victoria cada vez que gane una pelea en los torneos. ¿Me lo permitirías?

— ¡Pero por supuesto que sí, señor Satán! ¡Sería un honor! Me llena de alegría que sepa apreciar el esfuerzo que hago para resaltar mi imagen como el gran Saiyaman.

— ¿Solo resaltar una imagen? No seas humilde, hijo, ¡lo tuyo es arte!

—Wooow… ¿arte? ¿de verdad? No sé qué decir, señor Satán. ¡Nunca me habían dicho algo así!

—Pues entérate. ¡Arte, claro que sí! ¡Venga un abrazo, yerno!

— ¡Pero cómo no!

Los dos se abrazaron con grandes espavientos, moqueando y lagrimeando de alegría. Videl contemplaba la escena a un costado, con la quijada casi rozando el suelo. Una muy, muy gruesa y marcada gota de sudor resbalaba por su frente. ¿En serio? ¿Esos dos se estaban congratulando mutuamente por las monerías que acababan de hacer? ¿De verdad quería usar aquello para celebrar sus victorias? ¿Qué su padre había perdido el poco sentido del ridículo que le quedaba?

"Son tal para cual…"

—Perfecto entonces, ya no te quito más tiempo—seguía Míster Satán—Me voy adentro a pasar en limpio mis notas así ya empiezo a practicar.

— ¡Hey! —lo cortó Videl— ¿No se suponía que íbamos a ir al dojo en un rato?

—Ah, si. Te encargo eso—su padre la despachó con un desinteresado movimiento de la mano—La próxima voy yo. Tengo otras cosas que hacer ahora.

— ¿No vas a ir al trabajo solo por practicar unas…unas poses?

— ¿Pero por quién me tomas, hija? Obvio que no es solo por eso.

—Ah, ¿no?

—Claro que no… ¡Hoy empieza la nueva telenovela de Barry Kahn y no quiero perdérmela!

Míster Satán se alejó riendo a carcajadas por el jardín, estirando los brazos en las "espectaculares" poses de las que acababa de ser testigo. Videl negó con la cabeza, soltando un largo suspiro de resignación.

—Vaya, eso sí que estuvo bien, ¿verdad?—Gohan se le acercó con una gran sonrisa, visiblemente animado.

—Si tú lo dices…

— ¿Cómo?

—No, nada. Si papá no va a ir al dojo entonces será mejor que vaya saliendo.

—Si, yo también—Gohan volvió a mirar su reloj—Bueno, ¿te parece bien si continuamos ensayando mañana?

—Si, claro…—"si no queda más remedio..."

— ¡Genial! Te veré luego entonces.

Gohan la abrazó con infantil entusiasmo, estampándole un alegre beso en la boca. Ella se quedó de piedra unos instantes, pero en seguida sonrió de oreja a oreja, devolviéndole el abrazo. Y el beso, por supuesto.

—Te veré mañana, Gohan.

Él se elevó por los aires, saludándola con una mano antes de alejarse a toda velocidad por el firmamento. Ella se quedó allí, de pie en medio del jardín, saludando con la vista clavada en el cielo y una sonrisa embobada en el rostro…hasta que volvió a reparar en el espejo. Soltó un resoplido abochornado, apretando rápidamente el pequeño botón a un costado de su reloj. El según Gohan "espectacular" atuendo de Gran Saiyaman desapareció en un abrir y cerrar de ojos, dejándola con su clásica camiseta blanca y sus calzas negras. Sacudió la cabeza.

—Las cosas que hago por amor…

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Ciudad Satán, centro.

Minutos después de las cinco.

Era una bella tarde de finales de verano, despejada y agradable. Los jóvenes aprovechaban los últimos días de vacaciones para copar las calles, plazas, parques y centros comerciales. En breve arrancaría nuevamente el año escolar, y todos parecían querer exprimir al máximo el tiempo que aún tenían. De camino al dojo, Videl iba pensando en todo lo que ella y Gohan habían compartido durante las últimas semanas. Luego del final del Gran Torneo de las Artes Marciales lo dos se habían visto casi todos los días, aprovechando el tiempo que les quedaba antes del inicio de su último año de secundaria.

Para ella, los días posteriores al torneo habían sido como un sueño. Más allá de lo que uno podría haberse imaginado al principio, más teniendo en cuenta la famosa timidez de Gohan, el joven semi Saijayin parecía firmemente decidido a hacerla disfrutar al máximo de su nueva relación. Videl lo sabía por lo increíblemente predispuesto que se mostraba a agasajarla en todo sentido. Un día era una invitación al cine, al otro, una jornada entera en el parque de diversiones, seguida de una cena romántica en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Habían ido a la playa, de picnic al campo, a bailar a las discotecas con Sharpner y Erasa, a jugar a los bolos, al tenis y al mini golf; incluso, una noche, Gohan la había tomado en brazos y la había llevado a toda velocidad a través de los cielos, hasta alcanzar la alta cima de unas montañas nevadas. Desde allí habían contemplado el increíble espectáculo de una aurora boreal, quedándose hasta que el amanecer bañó las montañas y el valle nevado con su majestuosa luz rosada.

Había sido maravilloso. Videl estaba encantada, y sentía que el amor que ambos se habían ocultado durante tanto tiempo se desbordada como un río. Ella por supuesto retribuía todas sus atenciones, y no pasaba un día sin que despertara anhelando verlo, pensando alguna nueva forma de pasar el tiempo juntos.

Todo era perfecto.

Salvo, claro, el particular comportamiento del álter ego de su novio.

Sintió un escalofrío de vergüenza al recordar las payasadas que habían estado haciendo hacía solo unos instantes. Era como si la calma personalidad y el sobrio sentido de la estética de Gohan sufrieran una sobredosis de energizantes cada vez que apretaba el botón de su reloj. Gohan jamás había sido estrafalario en su comportamiento o en su forma de vestir, por eso había tardado tanto en asociarlo con el Gran Saiyaman al principio, cuando recién se habían conocido. ¿Qué rayos se le pasaba por la cabeza cuando cambiaba a su forma de súper héroe?

En realidad, a Videl no le importaba demasiado que actuara de ese modo cuando combatía el crimen, pues, si bien era increíblemente ridículo, nadie salvo ella sabía que él era el Gran Saiyaman. Es decir, que hiciera el tonto delante de todo el mundo no perjudicaba a nadie. Era un héroe anónimo. Además, ese era el sello patentado del Gran Saiyaman, el excéntrico protector de la justicia. Todo el mundo lo sabía. Lo que si la incomodaba, y bastante, era el hecho de tener que sumarse a ese espectáculo. A diferencia de Gohan, con máscara o no, ella sí que tenía un delicado sentido del ridículo. Sencillamente no podía hacer así como así esas…poses sin sentirse como una perfecta idiota.

"Él te entrenó…gracias a él ganaste el torneo. Y se lo prometiste. Se lo debes."

Videl suspiró, llevándose ambas manos a la nuca. Alzó la vista hacia el cielo con gesto melancólico, entrecerrando los ojos ante el intenso brillo del sol. Algunas personas se daban vuelta sorprendidas al verla pasar, otras daban codazos a sus acompañantes para luego señalarla entusiasmados. También le pareció escuchar un creciente murmullo más adelante, a medida que cruzaba una de las atestadas calles principales, pero estaba demasiado sumida en sus pensamientos como para prestar mucha atención a nada.

En efecto, era gracias a Gohan que había ganado el torneo. Sin sus enseñanzas en el uso del ki jamás habría podido derrotar a un monstruo como Tao Pai Pai en las semifinales. Y sí, le había prometido que lucharía a su lado como la Gran Saiyaman Dos si ganaba la competición…y había ganado. Era un promesa; aunque, para ser sincera, una parte de ella había creído que él terminaría por olvidarlo. Pero resultaba que no. A los pocos días de haber terminado el torneo, Gohan fue lo más contento a preguntarle cuando quería que empezaran a ensayar, incluso le informó, como si nada, que ya había encargado un traje especial para ella a la Corporación Cápsula. La miraba tan lleno de ilusión mientras se lo contaba…parecía un cachorrillo perdido. No tuvo valor para negarse. Aunque viendo lo visto hacía un rato, mientras "ensayaban"… ¿sería demasiado brusco proponerle luchar a su lado pero sin disfraz y coreografías de por medio, como venían haciendo hasta ahora? ¿Sería mucho pedir si ella…?

Videl se detuvo, mirando la vidriera de una tienda deportiva con el ceño fruncido. Allí, en un enorme póster, estaba…¿ella? Contempló el cartel de punta a punta, con la nariz casi pegada al vidrio. Pues, si…era ella. El póster la mostraba de pie en medio de la plataforma del torneo de artes marciales, con los brazos a ambos lados del cuerpo y la mirada alzada hacia el cielo en gesto soñador. A su alrededor, el público rugía eufórico. Reconoció al instante el momento que el póster representaba. Había sido justo después de vencer a su padre en el combate final, incluso antes de que el presentador la declarara campeona. De hecho, arriba, en el encabezado del póster, grandes y coloridas letras rezaban: "El momento de la victoria". Debía reconocer que el fotógrafo había logrado una captura bastante dramática que pegaba a la perfección con la frase.

Videl sonrió divertida y un poco avergonzada. Pudo ver que había mas pósters de ella en el interior de la tienda, así como modelos de ropa deportiva de la marca que la había patrocinado durante el torneo, desde camperas hasta zapatillas con una estilizada letra "V" como insignia.

"El equipo de marketing de papá sí que trabaja de prisa…"

En realidad, no era la primera vez que se veía en un póster, en una revista o en la televisión. Los medios habían sido bastante molestos luego de su victoria en el torneo. Aún así, la fama la traía con tan poco cuidado, y estaba tan deshabituada a ella, que aún le seguía pareciendo algo chocante verse a sí misma de ese modo. En parte era por eso que ni siquiera se sentía aludida cuando la gente se la quedaba mirando en la calle, como hacia unos momen...

— ¡Señorita Videl! ¡Señorita Videl! ¡Es usted! ¡Aquí!

Videl dio media vuelta, mirando hacia abajo con curiosidad. Una niñita de unos seis o siete años la saludaba alegremente. Llevaba una revista donde, mira tú, ella misma aparecía en la portada en pose defensiva. Reconoció al instante la revista, pues era una importante publicación de deportes y artes marciales que solía comprar de vez en cuando. "¡Todo sobre la victoria de la heroína de Ciudad Satán!", se leía en la tapa. Se agachó hasta quedar cara a cara con la niña, sonriéndole amistosamente.

—Hola preciosa, ¿cómo te llamas?

— ¡Nina!

—Pero que lindo nombre—Videl miró a su alrededor, extrañada— ¿Estás sola, Nina?

— ¡No! Mamá está ahí.

La pequeña señaló hacia atrás. Desde la acera, una mujer de mediana edad las observaba sonriente, saludando con una mano. Videl también alzó la mano, devolviéndole la sonrisa.

— ¿Me la firmas? —Nina le tendió la revista junto con un bolígrafo rosado— ¿Por favor?

— ¡Pero claro! A ver, veamos… "Para mi gran amiga Nina. Con cariño, Videl". Aquí tienes.

— ¡Muchas gracias!

La niña le paso ambos brazos alrededor del cuello, estampándole un sonoro beso en la mejilla. Videl se quedó allí, sonrojada, observando como la pequeña y su madre se alejaban saludándola alegremente.

—Bueno, quizás esto de la fama no sea tan malo—se dijo a sí misma, sonriendo divertida.

Se puso de pie, y, en ese momento, volvió a percatarse de aquel insistente murmullo. Al principio lo había ignorado en forma inconsciente, pero ahora lo oía con toda claridad. Frunció el ceño, mirando hacia adelante. Parecía provenir de la manzana siguiente, cruzando una amplia calle de dos carriles. Notó también que mucha gente se dirigía hacia allí con expresiones que iban desde la curiosidad al miedo.

"¿Qué sucede aquí?"

Cuando cruzó la avenida, finalmente comprendió lo que estaba pasando. Lo escuchó antes de verlo. Primero la voz distorsionada de los altavoces, con el familiar pitido de las sirenas de fondo; luego, al doblar en la esquina de un gran edificio, se topó de frente con la muchedumbre. La gente formaba una vasta medialuna en torno al cordón policial, con las cabezas echadas hacia atrás de tanto mirar hacia arriba. Aparte de los reporteros de los canales de noticias, que ya comenzaban a llegar en sus furgonetas, Videl contó cuatro patrulleros y una camioneta negra del grupo S.W.A.T, incluso reconoció a unos cuantos de los oficiales. Uno de ellos, un hombre alto y nervudo de frondoso bigote, hablaba a la multitud a través de un megáfono.

—Ciudadanos, les rogamos por favor que abandonen las inmediaciones para que podamos hacer nuestro trabajo. Es peligroso estar aquí. Repito, es peligroso, abandonen el lugar.

La gente no parecía hacer mucho caso. Todos seguían mirando hacia arriba, haciéndose visera con las manos. Videl también miró. Aproximadamente en el segundo o tercer piso del edificio, uno de los ventanales estaba abierto de par en par. Había un sujeto allí, de pie, tranquilamente apoyado contra el marco de la ventana. Lo primero que llamaba la atención en él, aparte por supuesto de la máscara de esquí y la chaqueta de cuero, era el enorme rifle de asalto que llevaba apoyado en un hombro.

— ¡Ya oyeron nuestros términos! —gritó el enmascarado a todo pulmón— ¡Traigan el dinero y un vehículo o empezaremos a matar a los rehenes!

"¿Una toma de rehenes? Otro día más en Ciudad Satán…"

—Damas y caballeros, por favor—seguía la policía —Abandonen el área ahora mismo.

Videl estuvo a punto de plantarse cara a cara con el oficial y preguntarle cual era la situación, pero justo en ese instante escuchó lo que uno de los agentes S.W.A.T le estaba diciendo al capitán de la policía.

—…cortado la electricidad. Los ascensores no funcionan y tienen bloqueadas las escaleras. No son unos aficionados.

— ¿Hay alguna forma de subir por las escaleras sin que nos detecten?

—Los desgraciados han amenazado con matar a un rehén por cada intento de entrar que hagamos. A esta altura ya deben saber que los tenemos rodeados. Son más que capaces de empezar una masacre si intentamos pasar. No tienen nada que perder.

—Ya veo… Creo que es momento de empezar a posicionar a los francotiradores, vamos a…

Unos repentinos y atronadores disparos interrumpieron la orden del capitán. La gente se agachó, cubriéndose las manos con la cabeza entre chillidos de terror. Algunos por fin hicieron caso a las advertencias de la policía y huyeron despavoridos. Videl también se agachó, pero doblando solo una rodilla y apoyando la palma de la mano en el suelo, lista para actuar en cualquier segundo. Arriba, el primero de los delincuentes había soltado una ráfaga de disparos al aire. Un segundo estaba parado a su lado, con el cañón de su pistola apoyada en la sien de un horrorizado hombre de traje y corbata.

— ¡Ni una palabra más! —rugió el del rifle— ¡Tienen media hora para reunir el dinero o este es el primero en morir!

— ¡Eso no es tiempo suficiente y lo sabes! —replicó el oficial del megáfono—Tratemos de llegar a un acuerdo.

—Nada de acuerdos, se acabaron las negociaciones. ¡Será mejor que comiencen a pensar rápido!

"Maldición."

Videl se levantó con los puños apretados. No sabía si aquellos tipos estaban alardeando o no, pero si algo había aprendido luego de años de colaborar con la policía era que siempre era preferible actuar rápido, preparándose para lo peor. Si no podía entrar al edificio y subir por el ascensor o las escaleras… ¡entonces no había más opción que volar!

Estuvo a punto de hacerlo. Incluso acumuló el ki en la planta de sus pies para tomar impulso y salir disparada hacia arriba, pero en el último segundo recordó que estaba parada en medio de una muchedumbre atemorizada, rodeada de teléfonos celulares y cámaras de televisión por todos lados. Una pequeña parte de ella se decía que la gente ya la había visto volar antes, una vez, cuando se enfrentó al animal de Spopovich, pero Videl sabía que no podía hacerlo: el mundo había olvidado todo lo que sucedió en ese torneo gracias a las Esferas del Dragón. No podía echarse a volar así como así delante de todo el mundo.

"¡Maldita sea!"

Se mordió el labio con furia, apretando aún más los puños. ¿Qué demonios podía hacer? Miró en todas direcciones, buscando algo, lo que fuera, y entonces, a la pasada, vio el moderno reloj que llevaba en la muñeca. Se lo quedó mirando unos instantes, pensando a toda velocidad.

"¡No! ¡Es ridículo!" encima de ella, una nueva tanda de disparos resonó entre los edificios "¡Rayos!¡No hay tiempo!"

La gente, fascinada y aterrada a la vez, ni siquiera la miró cuando echó a correr hacia un costado. Antes de que terminara de ocultarse tras el gran árbol que se alzaba en la acera, Videl ya estaba apretando el pequeño botón de su reloj.

El cambio fue instantáneo. Y su reacción también. Enfundada en las coloridas ropas que Gohan le había mandado a hacer, Videl se elevó como un relámpago brotado desde el mismísimo suelo.

— ¡Miren! ¡Es el Gran Saiyaman! —gritó alguien.

"¡La Gran Saiyaman Dos!" lo corrigió estúpidamente en su cabeza.

El ventanal a un lado del edificio se cernió sobre ella en menos de lo que lleva pestañear un par de veces. Videl lo atravesó como un bólido, cubriendo el interior con una lluvia de cristales. Si había otra cosa que había aprendido durante todos sus años de patrullar la ciudad, era a aprovechar el factor sorpresa. A su vez, con los reflejos y la percepción que solo una vida de dedicación a las artes marciales pueden dar, contó a los bandidos y a los rehenes, midiendo la distancia que los separaba de ellos, todo antes de terminar de atravesar el ventanal. Eran seis delincuentes, todos con armas y máscaras de esquí. Los rehenes eran aproximadamente unos diez, contando al que tenían apuntado delante de la ventana. Los demás estaban arrodillados de espaldas a una pared, atados y amordazados de mala manera. Todos, del primero al último, se la quedaron mirando con la boca abierta. Allí estaba esa chica delgada y menuda, salida de la nada, vestida con un disfraz propio de una película clase B de súper héroes. El bandido que encañonaba al hombre de traje bajó lentamente su pistola, mirándola con una expresión de asco y de asombro a partes iguales.

— ¿Pero qué rayos…?

Dígase algo de Videl, hija del ex campeón de artes marciales: no se andaba con vueltas.

No perdió ni una fracción de segundo en discursos pomposos e idiotas. Se lanzó contra el de la pistola yendo a la máxima velocidad que era capaz de lograr, la cual no era poca. Se movió haciendo uso del ki, tal y como Gohan le había enseñado. Para todos los que la estaban mirando fue como si se hubiera desmaterializado de pronto en el aire, reapareciendo un suspiro después en un gran salto en dirección al bandido. Su pierna derecha se movió como una latigazo en el aire, asestándole una violenta patada en el rostro. El sujeto soltó un grave quejido y cayó de espaldas al suelo, soltando el arma.

— ¡Mátenla!

Videl sabía perfectamente lo que venía a continuación, por eso, estando aún en el aire, redireccionó su caída hacia el hombre de traje y corbata, embistiéndolo con un brusco placaje. Ambos cayeron al suelo justo en el momento en que una lluvia de balas barría el lugar que acaban de ocupar.

— ¡Quédese en el piso! —le gritó al aterrorizado rehén— ¡Si lo veo de pie yo misma terminaré el trabajo de estos idiotas!

El hombre asintió con los ojos como platos. Nuevamente, Videl no perdió el tiempo. Con las espaldas apoyadas en el suelo, alzó las piernas y giró sobre sí misma como si estuviera bailando capoeira. Así, medio levantándose, medio impulsándose, salió proyectada hacia el siguiente secuestrador, el imbécil que había estado amenazando a la policía desde la ventana.

Si los rehenes no hubieran estado tan asustados, sin duda habrían contemplado un espectáculo de primera. Videl exprimió al máximo las técnicas de ki que había aprendido para moverse a una velocidad sobrehumana. Cayó contra el criminal con el puño por delante, hundiéndoselo en el estómago con la fuerza de un mazazo. El sujeto soltó un chillido agudo, doblándose de dolor, lo cual ella aprovechó para levantarlo del suelo con una espectacular patada en la barbilla, alzando la pierna casi en noventa grados. Antes de que cayera, ya estaba moviéndose por toda la habitación como una centella, apenas rozando el suelo con los pies. Alcanzó a otro de los bandidos un segundo antes de que terminara de alzar su arma, derribándolo con un feroz codazo al estilo Muay Thai. Al mismo tiempo, por el rabillo del ojo, notó un movimiento justo a sus espaldas, así que se echó a un lado, girando al ras del piso en una hábil voltereta. El disparo resonó un segundo después, impactando inofensivamente contra el suelo, pero Videl ni siquiera le prestó atención. Sin incorporarse aún del todo, arrojó una patada hacia atrás a modo de barrida, lanzando al tirador de cara al suelo. Entonces sí se levantó. Pegó un nuevo salto a lo capoeira, dando una fulgurante voltereta en el aire para tomar impulso y caer, con una fuerza demoledora, sobre el estómago del bandido con un rodillazo. El sujeto gruñó con los ojos desorbitados, escupiendo un chorro de sangre y saliva.

Ya se había encargado de cuatro en cuestión de unos pocos segundos. Lo suficiente para que los otros dos se dieran cuenta de que no bromeaba.

— ¡Alto! ¡Detente ahí!

Videl se volvió hacia ellos, encarándolos con la rodilla un poco flexionada hacia adelante y ambos brazos extendidos en forma paralela al suelo, una clásica postura de Wing Chun, estilo en el que era toda una maestra. En el otro extremo de la habitación, los dos criminales restantes se habían parado en medio del grupo de rehenes, con la pared a sus espaldas. Videl chasqueó la lengua, irritada.

"Cobardes…"

— ¡Tú! ¡Quieta ahí! —gritó uno de ellos, un patán ancho y robusto como un toro—No sé quién diablos seas, pero un movimiento más y nos cargamos a todos los rehenes.

— ¡Háganlo y nada me impedirá romperles los huesos como a estos otros cuatro!

Vio una sombra de duda en los ojos del grandote, pero su compañero, un tipejo alto y delgado, soltó una arrogante carcajada.

—No, no creo que estés dispuesta a dejar que matemos a alguien. Te pareces a ese payaso del Gran Saiyaman, con el casco y todo, y si eres como ese imbécil no puedes permitirte algo así. Ahora, has lo que te decimos o de verdad va a empezar a correr sangre.

Videl volvió a morderse con fuerza la lengua. Había echado el anzuelo, pero no habían mordido. Miró a los rehenes. Pese a las mordazas que cubrían sus bocas, podía ver el terror reflejado en sus ojos. Luego volvió a centrarse en los bandidos, midiendo mentalmente la distancia que los separaba. Debían ser unos cinco metros. Si fuera un solo enemigo no lo habría dudado ni un segundo, pero ¿podía moverse lo suficientemente rápido como para noquear a los dos antes de que abrieran fuego? Se preparó para hacerlo, incluso llegó a adelantar un pie, insinuando el movimiento de echar a correr, pero el tipo delgado tampoco bromeaba. En cuanto movió el pie el desgraciado alzó su arma como si nada, disparando a quemarropa a la mujer que tenía arrodillada al lado. La bala la impactó de lleno en el brazo, mandándola al suelo en medio de un coro de gritos, sangre y humo.

— ¡Bastardo!

—Te dije que no te movieras. Vuelves a hacerlo y la siguiente bala va la cabeza.

Videl apretó tanto los dientes que se hizo daño. Una deseo irrefrenable de romperle los huesos a aquel maldito la corroía por dentro, pero no podía arriesgar tantas vidas. Volvió a mirar a los rehenes, notando otra vez el temor animal de sus miradas. No podía. A regañadientes, tragándose su orgullo, bajó lentamente los brazos. Los gemidos lastimeros de la mujer herida llenaban la habitación.

—Así me gusta—siseó el criminal—No te pases de lista y nadie más saldrá herido. Ahora, arrodíllate como una buena niña y pon ambas manos en la nuca.

Videl lo fulminó con la mirada, pero se obligó a obedecer. Muy lentamente, sin dejar de mirarlos, dobló ambas rodillas, cruzando los dedos detrás de la cabeza.

—Bien. Ahora date vuelta y acuéstate boca abajo en el suelo.

Resoplando de ira y humillación, Videl se dio vuelta. Estaba a punto de recostarse de cara al piso, tragándose de nuevo su orgullo, cuando la potente voz sonó a sus espaldas.

— ¿Desde cuándo la poderosa Gran Saiyaman Dos se rinde a las exigencias de los villanos?

Detrás del visor del casco, Videl abrió enormemente los ojos.

"¡Gohan!"

Se dio vuelta tan rápido que casi se tropieza. Allí estaba él, parado con los brazos en jarra en el marco de la ventana. El nudo de su turbante y su capa roja ondeaban al viento, acompañando el efecto dramático del brillo del sol en sus gafas. Los bandidos también lo vieron, atónitos, y se quedaron pasmados cuando saltó, dando múltiples giros en el aire hasta caer justo a su lado.

— ¿Te encuentras bien, oh, Gran Saiyaman Dos? —le preguntó, tendiéndole una mano.

Videl sonrió, aceptando su ayuda. Jamás lo admitiría, pero, en ese momento, verlo allí con sus ridículas calzas la llenó de un alivio inmenso.

—Claro que sí. Pero debemos tener cuidado, estos infelices no se andan con v…

— ¡Hey tú, Gran Saiyaman! —graznó el tipo delgado—O como demonios te llames, te diré lo mismo que a tu amiguita. ¡Otro movimiento y los rehenes lo pagan! ¡Arrodíllate con las manos en la cabeza!

Gohan se puso muy, muy serio. Lejos de obedecer, se volvió tranquilamente hacia ellos, alzando una mano con el dedo índice extendido. Los criminales palidecieron. El grandote también alzó su arma, sujetándola con manos temblorosas.

—No…no lo repetiremos… Baja ese brazo ahora o los rehe…

Dos destellos dorados, seguidos de dos chasquidos casi simultáneos, iluminaron de pronto las paredes. Al mismo tiempo, en una acción-reacción instantánea, las dos pistolas estallaron en una nube de esquirlas metálicas. Los bandidos saltaron hacia atrás de la impresión, observando sus manos humeantes con los ojos desorbitados. Gohan sonrió.

—En cualquier lugar donde el mal intente imponerse sobre el bien… En cualquier lugar donde los malvados opriman a los débiles bajo el yugo de la tiranía...—se paró de perfil, alzando ambos brazos en diagonal— ¡Los defensores del amor y la justicia se alzarán!

Videl sintió que algo cosquilleaba en su estómago. Más tarde se preguntaría que clase de repentina locura la llevo a hacer lo que hizo, pero la verdad es que en ese momento ni siquiera lo pensó. Simplemente lo hizo. De repente estaba de pie y de espaldas a Gohan, imitando el extravagante ángulo de sus brazos. Le pareció que su boca se movía por sí sola.

— ¡Tiemblen villanos, los amantes del bien ya están aquí! ¡No permitiremos que se salgan con la suya! —ambos hablaban al unísono, girando, saltando y levantando los brazos en la coreografía exacta que habían practicado esa tarde— ¡Siempre ayudamos a quienes lo necesitan, yo el Gran Saiyaman Uno!—anunció Gohan— ¡Y yo, su fiel compañera, la Gran Saiyaman Dos!—exclamó Videl— ¡Prepárense para hacer frente al castigo de la justicia!

Concluyeron del mismo modo que la primera vez, ella dejándose caer sobre sus brazos, él sujetándola firmemente por la cintura con una mano, alzando la otra como si saludara. Delante de ellos, los bandidos y los rehenes los miraban con una gama de expresiones que iban del asombro a la algarabía, pasando por la incomodidad y la vergüenza. Videl no perdió el tiempo.

— ¡Ahora!

Ambos se lanzaron hacia adelante en un torbellino verde y turquesa. Gohan fue el primero en cruzar la línea de rehenes, dándole una bofetada de revés al grandote, tan fuerte, que lo incrustó contra la pared a más de dos metros del suelo. Videl llegó un segundo después, atravesando la habitación como una flecha. A medio camino dio una complicada voltereta en al aire, transformándola en el movimiento final de una patada que impactó de lleno en la nuca del otro delincuente. El delgado sujeto cayó al suelo como un fardo, sin emitir un solo sonido, y allí se quedó.

En menos de un segundo todo había terminado.

De adentro le llegaban los gritos de alegría de los rehenes, ahogados por las mordazas; de afuera, desde abajo, las voces distorsionadas de la policía rebotaban contra los ventanales.

— ¡¿Qué sucede allí arriba?! ¿Han abierto fuego? ¡Contesten!

Gohan se acercó a la mujer que había recibido el disparo en el brazo, arrodillándose a su lado. Palpó un poco la herida y luego, con movimientos rápidos y metódicos, cortó un pedazo de su propia capa, improvisando un firme vendaje. Le quitó las ataduras y la mordaza, alzando un pulgar.

—Sé que duele, pero es solo una herida superficial. Con esto bastará hasta que lleguen los paramédicos.

La mujer asintió débilmente con la cabeza, sujetándose el brazo. Gohan le devolvió el gesto y se puso de pie, acercándose a la ventana que estaba abierta. Videl lo siguió. Delante de ella, el estrafalario héroe apoyó un pie en el marco, cruzando los brazos en altitud altanera.

— ¡Respondan! —seguía la policía— ¿Qué ha pasado allí?

— ¡No se preocupen, agentes del orden! El Gran Saiyaman y su fiel compañera, la Gran Saiyaman Dos, están aquí! —Gohan la sujetó por la muñeca, alzando su brazo en señal de victoria— ¡La ciudad está a salvo!

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Ciudad Satán.

Minutos antes del ocaso.

Gohan y Videl estaban sentados hombro con hombro al borde de la azotea de un gran edificio, contemplando como la ciudad se iba tiñendo poco a poco de naranja. Se habían quitado el casco y el turbante, y en sus manos llevaban vasos plásticos de una popular tienda de café.

— ¿Y bien? —le preguntaba Gohan— ¿Qué tal ha sido esta primera vez como la Gran Saiyaman Dos?

—Mmmm…no estuvo mal.

—Ah, ¿no?

—Debo reconocer que fue bastante divertido.

— ¿A pesar de lo ridículo que te resulta todo?

Videl lo miró extrañada.

— ¿Qué acaso lo sabías?

— ¡Pero claro que lo sabía! —se rio él, dándole un sorbo a su café—Más allá de lo que pueda opinar tu papá, bastaba con ver las caras que ponías tú cuando te explicaba las poses. Eran exactamente las mismas caras que ponías las primeras veces que me viste como el Gran Saiyaman, antes de que descubrieras que era yo—se encogió de hombros—Siempre te ha parecido ridículo.

— ¡Oye! ¿Si lo sabías por qué insististe tanto con esto de la Gran Saiyaman Dos?

Gohan volvió a encogerse de hombros, mirándola con una sonrisilla inocente.

—Me gusta la idea de que me acompañes. No perdía nada. Además, sentía curiosidad por saber en qué momento ibas a reconocer lo estúpido que es todo y dejarlo—su sonrisa inocente se transformó en una llena del más puro cariño—Me alegra mucho que al final no lo hayas hecho.

—Así que querías ver cuanto tardaría en renunciar, ¿eh? ¡Ja! Ya deberías saber que yo no renunc…—Videl se calló al darse cuenta de lo que estaba a punto de decir. Hizo una breve pausa, pensativa—Sabías desde el principio que iba a terminar aceptando… ¿verdad?

La sonrisa de Gohan se amplió aún más. Le dio otro sorbo a su café, haciéndose el tonto.

— ¿Quién sabe…?

—Pero quién lo hubiese dicho…—Videl puso los ojos en blanco—Son Gohan hecho todo un maestro manipulador. Dime algo, si tú mismo eres consciente de lo ridículo que es todo… ¿por qué lo haces?

—Pues no lo sé la verdad. La primera vez que me puse el traje, simplemente salió. Es lo que siento que debo hacer cuando soy… ¡el gran Saiyaman! —pronunció el nombre con su voz de súper héroe, alzando un puño en el aire—Y es lo que sigo sintiendo hasta el día de hoy cada vez que uso el traje. No solo se ha convertido ya en el sello del Gran Saiyaman, sino que, por algún motivo, las frases y las poses me resultan muy motivadoras. Es como una declaración de principios, por más ridículo que parezca.

—Si…—Videl se rascó la cabeza, dándose cuenta con asombro de que era cierto—Hoy la tenía complicada antes de que llegaras. Cuando apareciste revertiste la situación de un solo plumazo, como solo tú puedes hacerlo, y luego, cuando empezaste tu famosa rutina, yo…—se encogió de hombros—No lo sé, simplemente me dejé llevar y te seguí el juego. Sorprendentemente, hacer el numerito fue como un subidón de adrenalina en medio de toda la acción. En verdad fue…motivante. Al menos en el momento. Es como si…como si representáramos algo.

—Exacto, a eso mismo me refiero.

Ambos se quedaron en silencio unos instantes. Videl sujetó con ambas manos su vaso de café, sonriendo para sus adentros. Se sentía extrañamente satisfecha. La verdad era que, al final, las cosas importantes de la vida podían resumirse en pocas palabras. Ella amaba pelear, amaba combatir el crimen y, sobre todo, amaba estar junto a él. Amaba compartir momentos a su lado. ¿Qué importaba embutirse en calzas de súper héroe y soltar discursos idiotas si con ello podía hacer las cosas que amaba junto a la persona que amaba? Nada, más teniendo en cuenta el placer culposo que había sentido al ponerse en el papel de la Gran Saiyaman Dos. Sonrió feliz, mirándolo de reojo.

— ¿Sabes algo? Creo que puedo acostumbrarme a aporrear criminales de esta manera.

— ¿Lo dices en serio?

—Claro.

—Te dije que sería divertido.

—Si. Y hay algo más.

—Dime.

—Te amo.

Gohan sonrió, entrecerrando los ojos.

—Lo sé.

—"¿Lo sé?"—Videl alzó una ceja, divertida— ¿Qué te has vuelto un tipo duro ahora que contestas así?

—No, no es mi estilo.

Ella rio.

—No, la verdad que no.

—Yo también, Videl.

— ¿Yo también? —se hizo la tonta, rascándose el oído con el meñique—¿Yo también qué?

Él la miró como hacía unas horas atrás, mientras ensayaban; la contempló del mismo modo que lo venía haciendo desde que el Gran Torneo de las Artes Marciales concluyó: con la más absoluta y sincera devoción.

—Yo también te amo, Videl.

Ella le rodeó el brazo con ambas manos, apoyando la cabeza sobre su hombro.

—Así está mejor…

—Si, todo es mejor cuando estamos juntos.

—Son Gohan… ¡vas a hacer que me sonroje!

—Creo que ya lo conseguí.

—Cierto…

Así los encontró el ocaso en Ciudad Satán. Era solo un día más, uno de los muchos que aún les quedaban por vivir. Puedes estar seguro de que, para ambos, era reconfortante saber que lo harían juntos. Ya sabes. Vivir.

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Fin del relato 1

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