Castiel no entendía porque sus hermanos se veían tan preocupados.

—C-Con la pintura de la sala de papá—murmuro preocupado de que sus hermanos se molestaran.

—¿Cuál sala? ¿La de creaciones? —pregunto Raphael y Castiel asintió

—Pero mira, ya nadie se burlara de mi diciendo que tengo alas de cuervo—dijo Castiel sonriendo

Noto que sus hermanos no se veían nada felices, pero no entendía, sus alas estaban arregladas y ya no tenía que preocuparse, los arcángeles se veían entre ellos.

—¿Hice algo malo?—pregunto Castiel

—Cassie ¿Puedes volar?—pregunto Gabriel

Lucifer dejo a Castiel en el suelo, todos le miraban atentamente, Castiel lo entendió así que extendió sus alas moviéndolas pero nada pasaba, miro hacia sus hermanos volviendo a intentarlo pero no se podía elevar.

—¿Q-Qué pasa? ¿Por qué no puedo?—pregunto con lágrimas en los ojos mirando a sus hermanos.

—Ven—Miguel le tomo la mano—Vamos con Papá, quizás él puedo arreglarlo—

Los cuatro arcángeles aterrizaron frente a la sala del trono, Miguel movió a Castiel cargándolo en sus brazos y toco la puerta, había dos guardias serafines a cada lado de la puerta ya mayores.

—Entren hijos míos—

Las puertas se abrieron y los cuatro entraron mirando a los serafines que guardaban la puerta, Gabriel saludo a ambos serafines.

Al entrar se encontraron con su padre sentado en el escritorio mirando algunos papeles, levanto la mirada sonriendo.

—¿Qué les trae por aquí a los cuatro?—pregunto aunque ya sabía la respuesta.

—Padre, tenemos un problema con el serafín más pequeño, Castiel—hablo Miguel moviendo a Castiel en sus brazos mostrando sus alas.

Su padre se puso de pie rodeando el escritorio y acercándose a sus hijos, tomo un ala de Castiel observándola unos momentos.

—Castiel—habló mirando al pequeño de ojos azules—¿Esta pintura es de mi sala de creaciones?—

Castiel le miro atentamente y asintió.

—Todos tienen prohibido entrar a esa sala Castiel, lo sabes—regaño con algo de severidad—Y por lo que sé destruiste la estantería de pinturas derramando todo el contenido, la sala está completamente destruida—

Los arcángeles miraron al pequeño ángel sorprendidos, incluso ellos habían entrado a esa sala cuando eran pequeños creando diferentes cosas pero nunca pensaron en hacer algo así.

Castiel bajo la mirada por el regaño de su padre y la mirada de sus hermanos, era verdad que sabía que no debía entrar a esa sala pero no había hecho ese desastre apropósito.

—F-Fue un accidente—murmuro bajando la mirada

—Puede que haya sido un accidente pero dime pequeño ¿Qué habrías hecho si tus alas no te hubieran cubierto?—su padre tomo la barbilla de Castiel levantándole la cabeza para que le mirara a los ojos.

El labio inferior de Castiel comenzó a temblar, su padre sabía que había sucedido.

—Todos esos frascos se habrían roto en ti causándote heridas graves—termino su padre al ver que Castiel no contestaría.

—¿Qué?—dijo Gabriel preocupado—¿Qué fue lo que paso?—

Su padre le sonrió al ver la angustia de sus hijos, chasqueo los dedos y todo estaban en la sala de creaciones, los cuatro arcángeles miraron el desastre sorprendidos, una estantería caída sobre otra, el suelo estaba cubierto de pintura de diferentes colores y todos los vidrios rotos por el suelo.

—La estantería cayó sobre Castiel, sí la otra no la hubiera sujetado…—comento su padre dejando a la imaginación de los arcángeles lo que habría pasado.

Miguel no pudo evitarlo, sintió un escalofrío al pensar en lo que le habría pasado al ángel más pequeño hasta ahora en el cielo, apretó más el agarre de Castiel en su brazo.

—Ahora el problema de las alas de Castiel es por lo mismo, esta pintura es para creaciones que todavía no se han hecho, no para creaciones existentes, lo creado no se cambia por eso debo pasar tiempo pensando bien en mis creaciones y por eso es que Castiel no puede volar—explicó

—Padre…¿Podrías…—comenzó Gabriel pero Miguel le interrumpió

—Deberías dejar sus alas así—

—¿Qué?—exclamó Lucifer—¡No podrá volar!—

—Sería un buen castigo, así aprenderá a obedecer cuando le dicen que no entre a una sala prohibida para los angelitos curiosos como él—dijo Miguel seriamente

—¡P-Porfavor no hermano! ¡Me gusta volar! ¡Porfavor! —grito Castiel con lágrimas en los ojos.

—¿Estás seguro Castiel? Creía que te importaba más el color de tus alas que volar, podrás conservar esos colores—continuo Miguel.

Todos se dieron cuenta de lo que decía, aunque Miguel estaba muy molesto quería enseñarle una lección al pequeño para que apreciara lo que tenía, solo restaba seguirle el juego.

—Es verdad Cassie ¿No dijiste que odiabas el color de tus alas? Pues allí lo tienes, solo te costara volar—dijo Lucifer, se sentía algo mal por engañar así al pequeño pero era para su bien.

—¡No hermano! ¡Me gustan mis alas negras! ¡Quiero mis antiguas alas! ¡Porfavor papi!— suplico Castiel llorando mirando a su padre.

—Si limpió tus alas de esa pintura aun tendría que recoger todo este desastre pequeño, incluyendo el rastro de pintura que dejaste en el pasillo—

—Haré lo q-que sea, p-porfavor—sollozo Castiel

Su padre le sonrió quitándole una lágrima de su mejilla.

—Te quedaras conmigo mientras limpió todo ya que nadie puede tocarlo más que yo, tengo que limpiarlo a mano—

Castiel asintió rápidamente sin pensárselo.

—Bien, Miguel, inclina a tu hermanito sobre la mesa de creaciones—ordeno su padre y Miguel obedeció.

Dejó a Castiel boca abajo en la mesa, sus pequeños pies colgaban de la misma, su padre tomo otro frasco con agua de una estantería acercándose a la mesa, tomo algo de agua con su mano pasándola por las plumas de Castiel el cual soltó una risita moviéndose.

—Castiel, no te muevas—

Volvió a pasar la mano y Castiel se retorció riéndose moviendo sus alas.

—Castiel—volvió a repetir su padre con una sonrisa.

—Hace cosquillas papá—murmuro Castiel entre risitas

Su padre sonrió volviendo a limpiar otras plumas, Castiel balanceo las piernas riéndose, movió sus alas doblándolas sobre su espalda.

—Castiel, estas manchando lo que ya limpie, harás que comience de nuevo—

—¡P-Pero hace cosquillas!—

—¿Pueden ayudarme?—pregunto mirando a sus hijos, no quería obligar al pequeño con su poder a quedarse quieto porque sería algo cruel.

Gabriel se acercó tomando ambas manos de Castiel sobre la mesa, Miguel se acercó más sujetando sus piernas, Lucifer extendió una de las alas y Raphael otra, su padre volvió a tomar del agua pasándola por las plumas provocando una risa más grave de Castiel pero no se pudo mover.

Paso sus manos lentamente por cada pluma limpiándola con cuidado, escuchaba la risa del pequeño ángel retorciéndose por liberarse y alejarse de la mano de su padre pero le era imposible, su padre miro a los cuatro arcángeles que miraban al pequeño con una sonrisa.

Cuando limpió por completo las alas todos le soltaron, Castiel agito sus alas cuando sintió que las liberaron moviéndose, soltaba algunas risitas mientras se calmaba, todos le miraban con una sonrisa.

—Ahora hijos míos, tengo que limpiar la sala y este angelito se quedara conmigo, pueden irse—dijo mirando a los arcángeles—Gracias por su ayuda—

—Gracias padre por ayudar a Castiel—dijo Miguel y los cuatro desaparecieron.

Dios se dio la vuelta mirando al angelito que se había sentado en la mesa.

—Muy bien, ahora vamos a ver dónde puede estar mi pequeño angelito travieso para que no se lastime—