Descargo de responsabilidad: Akatsuki no Yona no me pertenece.

Este fic participa en la actividad "Refranero de madres" del foro "El feliz grupo de hambrientos".

Refrán 7. A perro flaco, todo son pulgas.

LAS PULGAS DEL PERRO

La vida nunca ha sido fácil para él, una lucha interminable, agobiante, solitaria y dura. Una que dejó de ser solitaria cuando conoció a Ik-Soo, pero que ciertamente seguía siendo agobiante en un nuevo nivel. Ya no solo tenía que preocuparse por él, sino por Ik-Soo también, porque era inexplicable cómo se las arreglaba para mantenerse en pie o cómo había vivido tanto tiempo cuando su instinto de supervivencia era prácticamente nulo. Pero la vida era buena, tanto como podía serlo en sus circunstancias, hasta que un día aparecieron ellos, caídos del cielo, literalmente, si se le permite agregar, y poco después, todos los demás, cada cual más problemático. Solo quería una vida tranquila, y aquí estaba atascado en una vida que se podría describir como cualquier cosa menos tranquila, tal vez una eterna correría. Venda la cabeza blanca, revisa y cambia los emplastos en la espalda decorada por las heridas frescas de las flechas, consuela a la princesa, contesta todas las preguntas de Shin-Ah e intenta arreglar la ropa de Zeno mientras acalla los comentarios fuera de lugar de Jae-Ha. Todo al mismo tiempo.

Era lo suficientemente duro mantenerse vivo por su cuenta, era aún más difícil teniendo que cuidar al inútil sacerdote, y como si fuera poco, ahora también tenía que cuidar del descalabrado grupo de hambrientos, él, precisamente él.

Definitivamente a perro flaco, todo son pulgas. No que él fuera perro flaco, los dioses sabían que era un chico guapo. Y tampoco era como si las pulgas le hicieran la vida tremendamente imposible, no que lo fuera a reconocer en voz alta.