Spinelli lo había hecho muchas veces antes, sólo hacía falta seguir el protocolo. Tenía que tomar una bolsa zipplok, llenarla de agua caliente, decirle a su madre que estaba enferma y dejar que le tomará la temperatura mientras ella mantenía la bolsa adentro de su almohada. Así lo hizo y dio los resultados esperados: no tendría que ir ese día a la escuela, y es que pasar un miércoles en clases después de dejar plantado a un chico y que te hayan roto el corazón no es en absoluto tarea fácil y, como era de esperarse, la chica más ruda de la escuela faltaría antes de admitir sus sentimientos.

Naturalmente, la visita de TJ no se hizo esperar; él no estaba consciente de que todo se trataba de él, por lo cual le pareció lo más adecuado pasar a casa de Spinelli antes de llegar a la propia para asegurarse de que ella se encontraba bien. Su amiga intentaba evitar que se notara su molestia ante el asunto, pero TJ simplemente no pudo ignorar lo incómoda que se vio durante todo el tiempo que estuvo conversando con ella. Finalmente, tuvo que despedirse cuando llegaron a un punto muerto.

Básicamente así fue todo el día para Spinelli: recibía una visita tras otra, primero la de TJ, después la de Gretchen, Gus y Vince llegaron juntos, y finalmente la de Mikey. Su mejor amiga había procurado ayudarla con su tarea, entendía perfectamente la tristeza de Spinelli y lo último que quería era que se atrasara en sus clases por un mal de amores. Mikey, en cambio, intentaba disculparse con ella, a pesar de que Spinelli insistiera en que no era en absoluto necesario y que en todo caso nada de eso había sido su culpa.

Llegó, finalmente, poco a poco la tarde y con eso se aproximaba el final del día, que era lo que ella quería después de todo, simplemente poder ir a dormir y seguir fingiendo que nada de eso había ocurrido. Eran ya las seis de las tarde y en tres horas más sería hora de ir a la cama… o no.

-¡Pookie! ¡El teléfono, es para ti! –Debía admitir que, dado que todos sus amigos ya habían ido a ver su estado de salud, era extraño para ella que alguien más llamara.

-¿Quién es? –Preguntó en medio de su confusión.

-¡Es un compañero de la escuela, cosita!

-¡No me digas cosita! –Dijo mientras tomaba el teléfono, cubriendo la bocina para no pasar vergüenza con quien quiera que le estuviera llamando. -¿Hola?

-¡Hey, Spinelli! –Ella estuvo a punto de colgar al escuchar la voz del otro lado del teléfono, pero se contuvo ante el impulso. -¿Hola, Spinelli? ¿Estás ahí?

-Hola… Johnny.

-Supe que hoy no fuiste a clases y quería saber cómo estabas.

-Oh… me sentí un poco mal en la mañana, pero ahora estoy mejor.

-¡Hey! Es bueno escuchar eso.

-Escucha, Johnny, sobre lo de ayer…

-No tienes que decir nada, Spinelli, mejor dime qué tal estuvo tu día en casa.

-Estuvo bien, supongo, vinieron mis amigos a verme. –A Spinelli le habría encantado decirle a alguien que su día había estado sencillamente fatal, que sus amigos habían ido a visitarla, pero que todo resultó un desastre con cada uno de los que llegaba, incluso Gretchen. Sin embargo, Johnny no era la persona indicada para contar esas cosas. -¿Y qué tal estuvo todo hoy en la escuela?

-Fue fantástico, sin ti como defensa, aplastamos a los niños de cuarto año.

-Supongo que sí, pero ¿quién te tira los dientes cuando no estoy yo? –Respondió Spinelli a la broma que él le había hecho anteriormente.

-¡Sí, claro! ¡Cómo olvidar ese detalle! ¡Tal vez ahora debas tirarme los dientes desde casa! –Contestó él entre risas

-¡Con gusto! ¡Ven a conocer la fuerza de mi puño!

-Pero, Spinelli, es que no sé dónde vives.

-A 10 calles de la escuela, 95 de la calle tres, tendré que colocar un letrero afuera que diga "se rompen dientes gratis" para que encuentres la casa –dijo ella un poco siguiendo el juego del chico de quinto.

-¡Genial! ¡Supongo que iré a buscar la casa entonces!

-Oh, claro, aquí estaré.

Los ojos de Spinelli se abrieron como platos cuando colgaron el teléfono del otro lado de la línea. Y es que ella en realidad no esperaba que Johnny fuera a su casa, ella sólo estaba bromeando con él, ¿es que acaso él no bromeaba con ella?

"Muy bien, Ashley" se decía a sí misma, "tal vez sólo se cortó la llamada y en realidad no tiene ninguna intención de venir a verte, quédate aquí, no te pongas la pijama, y espera a que llame de nuevo". Por más que intentara convencerse de que nada estaba ocurriendo, que Jonny en realidad no llegaría, una parte de ella seguía un poco en pánico y se le subía la sangre a la cabeza por los nervios.

Así estuvo ella durante media hora, pensando en qué demonios esperaba él para llamarle de vuelta, hasta qué escuchó el timbre de la entrada. Se apresuró para ser ella quien lo recibiera y su madre no viera al chico que llegaba a verla. Abrió la puerta y ahí estaba él.

-Hola, Spinelli, es bueno verte.

-Hola, Johnny, digo lo mismo. Hey, creo que te debo una malteada –dijo ella tratando de alejar a ese chico de su casa (y de sus padres) lo antes posible. -¿Quieres ir a Kelso's?

-Me encantaría.

-¡Genial! ¡Mamá, voy a salir!

-¡No olvides ponerte tu suéter, cosita! ¡No quiero que mañana sigas enferma!