Fuck it. Estoy pasando un momento de mierda en la vida y no se me ocurrió una mejor idea que plasmar la frustración con un fic dramático, y esta pareja es la ideal para hacerlo. Pero conociéndome, al menos voy a tratar de que sea lo más pasable posible, con el romance siempre presente, obvio. No soy muy buena haciendo relatos solo inmersos de dolor.

Creo que va a ser un Three-shot, o algo así. Todavía no estoy segura.

Solo me queda decir que: Estos majestuosos personajes no me pertenecen.

¡Ahora sí! A sufrir, digo, ¡A leer se ha dicho!


El camino

Culpa

Eres toda una guerrera, Gabrielle... y me siento tanto orgullosa, como responsable y culpable por ello. A pesar de que pasas tu vida transitando el camino que gracias a ti yo pude empezar, el brillo en tus ojos ha desaparecido. Estos ahora son fríos, oscuros, calculadores... están nublados por la indiferencia.

Varias cicatrices marcan tu cuerpo, y ellas te hacen recordar todo el tiempo el sendero que decidiste tomar.

Tus músculos ahora no tienen nada que envidiarle a los míos, ya que se encuentran más firmes y fuertes que nunca. Superando en demasía mi propia fortaleza.

Tus habilidades... Ja, si pudiera tener un enfrentamiento contigo me derrotarías en menos de un minuto. Aprendes extremadamente rápido, tanto... que asusta.

Has perfeccionado el chakram de maneras que yo nunca hubiese sido capaz. Desarrollaste tu propio estilo. Sin embargo, este... ahora se encuentra repleto de sangre, mucho más de lo que yo misma lo manché en el pasado.

Y aunque luches por el bien... no puedes mentirte a ti misma. En estos dos años que pasaron luego de mi muerte, te has convertido en una asesina. En un antihéroe que lucha contra la maldad, que juzga y hace de verdugo al mismo tiempo.

Te arrepientes cada día. Puedo leer lo que piensas, pero aún así decides seguir por ese sendero... por ese sangriento sendero.

Es todo lo que tienes.

Dejaste de escribir. Los pergaminos quedaron olvidados en mi tumba, en Amphipolis, al igual que tu corazón y tu brillante luz.

Ya no lloras. Parece una buena noticia, pero no lo es... ya que tus sentimientos se endurecieron tanto que has perdido la compasión.

"Vete si no quieres morir"

Es todo lo que te escucho decir día tras día, antes de sacar tus Sais y clavarlos cruelmente en el enemigo, que hizo caso omiso a tu amenaza.

No soy quien para juzgarte, antes era yo la fuerza bruta y tú mi sabiduría. El problema aquí es que los roles cambiaron, y no hay quien te brinde aquella sabiduría que yo tanto necesité y pude encontrar en ti.

Nadie te ayuda a reflexionar sobre tus actos... nadie. Rechazas a cada persona que se acerca para seguirte, tal como tú me seguiste a mí.

Lo único que no ha cambiado, son tus sentimientos por mí. Los escucho y siento cada día. Percibo tu anhelo de verme, aunque sea en una forma espiritual, y eso me desarma poco a poco, convirtiéndome en un mar de lamento.

Me extrañas tanto como yo te extraño a ti.

Pero con coraje, levantas la cabeza y sigues adelante, casi de modo automático. Acción que si el caso hubiese sido inverso y yo me encontrara viva y tú muerta, jamás podría hacer.

Eres fuerte, demasiado, y esa misma fortaleza te está sobrepasando, agotando, destruyendo.

No sabes cuánto me gustaría estar a tu lado... cuidarte, protegerte. Quererte... quererte de la forma que nunca me animé a hacer.

Hoy lo sé, porque estoy muerta, y ahora veo la verdad con claridad.

Tú me amas de igual manera que yo te amo a ti. Pensar que perdimos tanto tiempo sin decírnoslo... solo me provoca una congoja inexplicable.

Para ser un mero espíritu me resulta extraño aún sentir estas emociones que me agobian. Pensé que todo se esfumaría al morir, pero veo que mi tortura no ha logrado escapar siquiera de la muerte misma.

Desvío un poco la vista y ahí estás de nuevo, en una ardua batalla. Todo lo utilizas a tu favor, como bien te enseñé. Oyes cada sonido en el aire, anticipándote al enemigo. Clavas tu espada en él, observas con una fría expresión de fondo como cae lentamente, y luego la sacudes para quitar de tu arma aquel pecado que la va oxidando poco a poco.

Quieres llorar, pero no puedes. Las lágrimas se secaron en tu interior hace tiempo. En consecuencia, das media vuelta, subes a tu caballo y continúas tu camino, como si nada hubiera pasado.

Al menos la villa que protegiste, te está agradecida.

¿Pero qué hay de ti? ¿Qué hay de tu hermosa alma que se va marchitando cada día más?

Gabrielle... si hubiera sabido que nuestra separación terminaría en convertirte en lo que menos deseabas ser, jamás me hubiese ido. Jamás me hubiese dejado llevar por los pecados que cargaba en mi espalda.

Nunca pensé que te ocurriría esto... de verdad que no. Estaba tan empecinada en saciar mi culpa, en redimirme, que te dejé en segundo lugar.

Jamás me perdonaré por eso. Y debe ser por esa misma razón... que sigo en un limbo interminable. No estoy ni en el paraíso, ni en el infierno. Me encuentro en un indescifrable lugar que se siente peor que el infierno, ya que este me permite detallar día tras día el peor error que cometí en mi vida; Dejarte.

Los que se marchan están en paz... los que se quedan son los que sufren.

Me dijiste eso una vez, y aunque me costó creerlo al principio, ahora puedo ver con claridad que tenías razón. Porque a pesar de todo, comparada contigo, yo gozo de un cierto alivio en mi alma que nunca sentí estando viva en su totalidad, excepto... cuando me encontraba a tu lado.

Debí haber notado eso. Debí haber atesorado más eso.

Estás sufriendo, pero no muestras indicios de ello. Tu seria expresión no muta. Con cada estocada de tu espada desahogas tu dolor, imprimiendo en la piel de tu adversario los gritos agonizantes que no puedes sonorizar.

Temo por tu camino y egoístamente, por tu reencarnación. Ambas ya teníamos el destino marcado. Se supone que vamos a encontrarnos en un futuro... pero si sigues así, no creo que renazcas como alguien honorable, aunque tus intenciones sean buenas. Estas demasiado perdida. Olvidaste por completo la diferencia entre la justicia y el deber.

Es probable que nuestros destinos se separen... y no quiero eso. Lo que siempre he deseado es estar a tu lado, no quiero perderte. Ya te perdí en una vida, no puedo permitirme el perderte en otra.

Debes despertar, Gabrielle... y no sé qué hacer para hacértelo entender. Poco puedo hacer, realmente. Estoy muerta... estoy del otro lado de la vida, solo puedo contemplarte y rezar por ti... solo eso.

Cierras los ojos con pesadumbre. Otro día que se acaba, otra noche que llega, pero nada de eso tiene significado para ti. La vida ha dejado de tenerlo... para ti.

Porque tú quieres estar...

-Muerta.

Terminas mi pensamiento con tus labios, lo cual solo provoca que mis reprimidas lágrimas emanen.

Perdiste la capacidad de sonreír, de disfrutar de la vida. De agradecer cada pequeña existencia y molécula en ella, como antes hacías. Como bien me enseñaste.

De verdad, ¿Cuándo fue la última vez que sonreíste? Y no me refiero a esa sonrisa maliciosa -muy parecida a la mía- que dibujas a veces, cuando un enemigo avanza hacia ti.

Te revuelves incómoda sobre la manta. Algo definitivamente perturba tus sueños, y eso sí es algo que no puedo saber con exactitud. Pero intuyo que como me pasó a mí, la culpa te invade dentro de estos, transformando tu descanso en una pesadilla eterna.

Me genera tanto dolor verte así. Eres lo que más me importa en el mundo... eres lo mejor que me pasó en la vida. Solo quiero que seas feliz.

De repente, abres los ojos de golpe y te incorporas, desenfundando tus Sais en el acto, apuntándolos hacia adelante. El sudor se resbala por tu frente. Estás agitada, como si hubieses tenido una larga batalla con Morfeo.

De a poco recuperas el aliento, y observo, como todas las noches, la misma rutina que te agobia. Tiras las armas al suelo, impotente, y cubres el rostro con tu mano, ahogando un grito.

Un grito que internamente puedo oír.

Como si te pesara el cuerpo, con una extrema lentitud te levantas y diriges los pasos hacia un lago cercano. Detallas tu reflejo en él unos segundos, encontrándote con unos fríos ojos que te miran. Sin emoción, inexpresivos, sin sentimiento alguno.

Eres el idéntico reflejo de mi pasado. La única diferencia es que el mal aún no te ha poseído, ya que no eres egoísta, como lo fui yo.

Negando con la cabeza, mojas tu cara y te la refriegas con impaciencia. Ruegas que esa acción te pueda devolver a la normalidad. No puedes flaquear, piensas, tienes un deber... un pesado deber que yo sin darme cuenta dejé en tus manos.

Vuelves a tu campamento y te sientas frente a la fogata. Hoy tampoco podrás dormir.

Mis ojos descienden desconsolados, al notar como del suelo agarras esa katana que todos los días te recuerda mi despedida. Me pregunto si quisiste conservarla solo para sentirme cerca... sabiendo que eso únicamente incrementaría tu dolor.

Con ambas manos la pones frente a ti, y la desenfundas hasta la mitad. Puedes ver de nuevo tu reflejo en su filo. Un reflejo que no dice nada, que no cuenta para nada esas mágicas historias que llevas dentro de tu corazón.

Frunciendo el ceño, la devuelves a su funda. Pero un minúsculo y no bienvenido sonido, que obviamente llegaste a escuchar, provoca que te aferres a ella con más fuerza.

Conservas la calma y no te das vuelta. Sabes que el enemigo podría aprovecharse de ello. Quién sabe porqué quieren matarte. Eso... ya no te interesa. Cualquier persona que se cruce en tu camino y no sea pacifista, debe morir.

Eso leí en tu mente. Lo pensaste de una forma tan fría, tan despiadada... que solo me recordó a mi antiguo yo. Y con eso en mi cabeza, no puedo dejar de pensar en que he destruido tu vida... tu inocente corazón.

Nunca debí permitirte que me acompañes en el camino de mi redención. Si hubiese sabido que te ibas a convertir en mi fiel sombra... jamás te hubiera llevado conmigo.

Oyes los leves sonidos que hacen sus desconocidos pies sobre la tierra.

-Otra vez...- piensas, entrecerrando los ojos con resignación.

Si, otra vez tratan de matarte. Parece que te ganaste una importante reputación, mi querida amiga.

El casi insonoro ruido de una rama quebrada llega a tus oídos. Y esa fue pauta suficiente para que desenfundes tu espada velozmente y gires tu cuerpo, decidida a cortar la cabeza de esa persona, sin siquiera haberla visto antes.

Duda un poco, por favor... ¡Duda un poco antes de matarlo!

Escucho a lo lejos tu alarido de gloria, mientras para tu asombro, visualizas como el hombre logra esquivar la estocada.

Un tanto sorprendida e incapaz de evitarlo, dibujas una complacida sonrisa en tus labios. Por fin has encontrado un verdadero enfrentamiento que te hará canalizar toda tu tristeza e ira contenida.

-¿Quién eres?- dices, con una voz más grave de lo que recordaba.

-No necesitas saber mi nombre- colocó la espada sobre su propio hombro, confiado -Solo puedo decirte que tu cabeza vale mucho, así que la tomaré- finalizó, con ironía.

Una máscara cubría su semblante, imposibilitándote verlo. Lo cuál era esencial para ti ya que habías aprendido a leer las emociones en el contrincante, y tal cosa jugaba a tu favor. Pero no parecías preocupada por eso, es más... te divertía la idea de que fuera difícil encargarte de él.

Con una tenue malicia adornándote, sonríes de lado y vuelves a enfundar la espada ágilmente. Te estabas preparando para destrozarlo de un solo golpe. Y con mucho dolor, admito que sé que disfrutabas de aquel peligroso escenario.

-Me alegra que mi popularidad se haya expandido tanto...- te burlas, a pesar de tal situación.

Mi alma se hunde, ante el miedo de que puedas fallar. Ese fue mi gran error siempre, no tener fe en ti. Y veo que no he aprendido de él... tengo miedo de que mueras.

Eres la mejor guerrera que conocí. Aprendes rápido, posees todas las condiciones para ganarle. Pero también tienes un pequeño defecto que puede ser fatal, y ese es... el descontrol de tus emociones. Te has mantenido tan firme y fría este último tiempo, que eso solo conllevó a que una cólera gigantesca creciese en ti. Si no la controlas... te matarán.

Un guerrero no debe demostrar sentimiento alguno al pelear, siquiera el odio. Esa es la clave de una victoria segura, incluso cuando te encuentras en desventaja.

Eres consciente de ello, lo puedo leer, pero no te importa. De alguna extraña forma... te da igual si ese misterioso criminal te derrota. Solo quieres canalizar aquella pesada energía que te consume.

La lucha se ha convertido en tu droga, tal como fue la mía en el pasado.

Mis lágrimas ya no pueden más y vuelven a resbalarse por mis mejillas, con una intensidad desmedida. Cubro mis labios, como si de esa manera pudiese evitar el potente sollozo que desea escapar.

Por mi culpa te convertiste en lo que menos deseaba para ti... es todo mi maldita culpa.

Tus pies, desprendiéndose del suelo con rapidez, provocan que mi vista se centre en ti de nuevo.

El joven esquivó aquella patada giratoria que le regalaste con habilidad, saltando hacia atrás, en una ágil acrobacia. No obstante, tu serio semblante no se inmuta.

Lo sigues cual halcón con la visión, mientras comienzas a desenfundar lentamente tu espada. Tu mente calcula de una inteligente forma lo que sería su próximo movimiento y acierta.

En eso... debo admitir que me superaste por completo. Tu inteligencia no tiene fin, tus estrategias no podrían ser más precisas.

Él rebotó con los pies sobre el tronco de un árbol y ahora lo tienes sobre tu cabeza, amenazándote con su filo. Con solo esa imagen, sabes que la victoria será tuya.

Apresuradamente cambias de dirección el ataque, aún dejando medio desnuda tu arma. Escucho como tu katana empieza a deslizarse, deseando ser liberada.

Flexionas las rodillas y te inclinas hacia arriba, directo contra él, sujetando con fuerza la funda para luego desenvainar tu espada con toda la energía contenida en ti. Pegas un salto y la deslizas como si de una danza se tratase.

El enmascarado hombre te imita y dirige su arma hacia ti de la misma peligrosa manera, mientras su cuerpo, a causa de la gravedad, va en picada.

-Muy lento...- musitas, abriendo los ojos de una forma que hasta a mi me asustó.

El filo de ambas chocan, destruyendo la suya en el acto y partiéndola por la mitad. Pudiste haberte detenido en ese mismo instante, si la misericordia todavía fuera parte de ti.

Pero no lo hiciste, continuaste tu recorrido impulsándola y acompañándola con un grito que escondía un lamento, para luego cortar en dos a ese guerrero. Pude sentir como tú percibías su piel despedazarse con lentitud.

Ambas partes de lo que quedaba de él se derrumbaron a tus costados. La lluvia de sangre no tardó en aparecer, bañándote de ella. Sin emoción alguna, elevaste el rostro, permitiéndote empapar de aquel rojizo líquido.

Te observé, pasmada. Esa no podía ser mi Gabrielle... No podía...

Cerraste los ojos mientras el carmesí diluvio terminaba, y bajaste la espada. Tu agarre perdió fuerza. Esta cayó a tus pies, haciendo un ruido sordo. La miraste con odio, con rencor... como si esa katana fuese la culpable de tu fatídico destino.

La única culpable... soy yo.

Luego de estar unos interminables minutos embelesada en la nada misma, ladeaste un poco la cabeza y contemplaste el cuerpo desmembrado de aquel desconocido, sin pestañear.

Nada. Nada aparecía en tu mente. Siquiera una pequeña pizca de remordimiento. Todo lo que podía vislumbrar en ella, era una oscuridad inmedible.

-Es tu culpa- susurraste, sonriendo de lado con cierta ironía -No debiste cruzarte en mi camino.

En otro tiempo incluso lo hubieras enterrado, a pesar de ser tu enemigo. Pero esa ya no eras tú... ¿Verdad?

Clavaste la visión en el suelo, mientras con la mano rozabas tu propio cuello, notando como este se encontraba húmedo por aquella sangre ajena.

Asqueada, te dirigiste de nuevo al lago.

Ahora, toda mi atención se centró en tus manos quitando tu ropa con pesadez, tirándola al suelo con desprecio y quedando completamente desnuda.

Mis párpados se entrecerraron al detallar cada hermosa parte de tu cuerpo. Si supieras... que en vida, hacía mi mejor esfuerzo para que no se notara mi lujuriosa mirada. Veo que lo logré, ya que nunca sospechaste de mis desenfrenadas emociones, ¿Cierto?

Te adentraste en el agua, y esta de inmediato comenzó a teñirse de un rojizo color. Color que no te pertenecía. Comenzaste a lavarte, histéricamente.

-El olor a sangre no se va...- murmuraste, frotando las manos contra tu piel con desesperación, dañándote en el acto.

No... te equivocas. Sí se va, de tu cuerpo al menos. Pero tu ser siempre recordará aquella fragancia a muerte. Esa es la consecuencia de haber elegido el camino del guerrero.

Pero Gabrielle... ese era mi camino, ¡No el tuyo!

Otra mañana llega, y para mi sorpresa, tienes una visita inoportuna. Una visita que provocó que mi garganta se secara.

Unos ojos cuyos colores son idénticos a los míos, te observaban, absolutamente afligidos. De inmediato piensas en mí. No puedes evitarlo.

-Eva...- susurras el nombre de mi hija, sentándote de golpe -¿Qué haces aquí?

Tratas de sonreírle, pero ni eso te sale. Creo... que te causa dolor ver en su rostro el parecido conmigo. Supongo que por eso has estado evitando cruzártela.

Mi hija se agacha a tu altura y te mira con compasión, para luego entreabrir sus labios y rozar tu mejilla con sus yemas.

-Estoy preocupada por ti...

Alzas una ceja, debido a sus palabras -No tienes que estarlo, estoy perfectamente bien.

-No me parece. He escuchado unos rumores nada amigables sobre ti.

Obviando su cuestión, comienzas a incorporarte, y te alejas unos pasos -¿Ah, sí? ¿Y qué con eso?

-Gabrielle, ¿Qué es lo que te sucedió? No pareces ser la misma desde que mi mamá...

-¡No lo digas!- la señalas, perturbada -No... lo digas.

Noto la sorpresa en Eva, por tu insólito comportamiento.

-Si yo pude aceptarlo, tú también puedes- prosigue, esperanzada.

Mi amiga sonrió de soslayo, por supuesto, con sarcasmo -¿Aceptarlo? No hay nada que aceptar, Eva.

La silenció con su respuesta. Sin embargo, era mi hija con quién estaba tratando. Darse por vencida no estaba en su sangre.

-Gabrielle... - desvió la mirada, algo avergonzada -Eres muy importante para mí, por eso no quiero que tú...-

-¿Qué yo, qué?- la interrumpió, acercándose a ella de una amenazadora manera.

Mis pupilas se dilataron debido al terror que comenzó a transitar por mi mente. En tu estado actual eres capaz de herir hasta a mi preciada hija, y eso... no sé si sería capaz de perdonártelo.

Observo como Eva retrocede unos pasos, al sentir tus firmes manos sobre sus hombros. Tu rostro se aproximaba cada vez más, intimidándola con aquella fría mirada.

Pero lo que más me impactó no fue tu acción, sino la reacción de mi hija. ¿Es eso un sonrojo en sus mejillas? No puede ser... ¿Es esto lo que estoy pensando? ¡¿Cómo no pude notarlo antes?!

-T-Tía, por favor...- titubeó, apartándola un poco.

-¿Tía?- repitió, riendo por lo bajo -¿Acaso todavía me ves como un miembro de tu familia?

Esquivó su vista, aún intentando alejarla -Por supuesto, siempre serás mi familia.

Gabrielle se quedó muda, detallando su rostro. Sé porque lo hacía, para mi desgracia.

-Te pareces tanto a ella...- musitó, con la mirada perdida y comenzando a acariciar la pálida piel de su rostro con los dedos.

Aquello provocó que Eva regresase la visión con un rubor más intenso que el anterior. No obstante, también se podía notar el disgusto impregnado en su ser, por tal comentario.

-Olvídate de eso, ¡Yo no soy ella! ¡¿Cuándo dejaras de compararme con mi madre?!

Le dolía... le pesaba que la asociara conmigo, y era obvio el porqué. Entrecerré los ojos al deducir sus sentimientos por mi querida amiga.

De tal madre, tal hija. Ambas... nos enamoramos de la misma persona.

La amazona la miró, arrepentida -Lo siento...- dijo, deshaciendo el agarre, pero Eva sujetó su mano de inmediato y la volvió a acomodar en su mejilla.

-Eva...

-Gabrielle, yo...

Abrí los ojos de par en par al contemplar cómo esta vez, era mi pequeña quien comenzaba a acortar la distancia. No podía creerlo, y menos creíble eran los revoltosos celos contra mi propia sangre, que empezaban a surgir en mí interior.

-Quiero ayudarte...- murmuró, cerca de sus apetitosos labios -Déjame hacerlo... aunque sea un reemplazo, aunque no sea certero.

Juré notar un pequeño brillo en los ojos de Gabrielle, mientras Eva continuaba acortando la distancia. Pero no eran debido a ella... sino debido a mí.

-Xena...- Me nombró en sus pensamientos, y en ese mismo instante pude sentir su abatimiento, su inmenso dolor.

Sorprendiéndonos a ambas, interpuso la mano entre sus labios, impidiendo que concretase su acción.

-No, Eva.

Por primera vez en mucho tiempo, sonrió con sinceridad. Sin embargo, también había un dejo de nostalgia en su mueca.

Eva, avergonzada, bajó la mirada. Pero Gabrielle, intuyendo su estado, sujetó su mentón y lo elevó, penetrando su esmeralda color en ella.

-Gracias...

-¿Por qué me agradeces? Seguro te incomodé... y-yo no quería...

Cerró los ojos, sin quitar su gratificante gesto -Porque gracias a ti he vuelto a sentirme un poco más viva. Gracias, Eva.

Ella negó con el semblante, perpleja. No querías dejarla ir, lo cual entendía.

-¿Por qué no vienes conmigo? Únete a los seguidores de Eli...- dijo, intentando apaciguar la pesada atmosfera -Te hará bien, lo sé. Juntas podemos superar esto.

Entreabrió los párpados, para luego imitarla y negar con el rostro -Ese no es mi camino.

-Tampoco es el de la sangre, Gabrielle.

-Lo sé... pero es todo lo he podido hacer para proteger a las personas. Ya no sé cómo...- su voz se entrecortó, y eso solo logró aliviar un poco mi alma.

Estaba a punto de llorar, finalmente.

-Tía...

Sin embargo, se contuvo, y esa esperanza que me había invadido se desvaneció en un segundo.

Sus manos, inesperadamente empezaron a aproximarse hacia el sonrojado rostro de mi hija. Eva no tardó en estremecerse. Parecía impactada por su aprecio.

-Vete, Eva... y ya no te preocupes por mí, estaré bien- dijo, chocando su aliento con el de ella.

Sorprendiéndola, se inclinó unos centímetros más y le regaló un pequeño beso en los labios.

Pestañeó varias veces, sin poder creer su acto. Luego de unos instantes que me parecieron eternos, se dejó llevar por la unión y los entreabrió, deseosa por sentirla más.

Cerré los puños con fuerza al observar aquella romántica escena. Mierda... de verdad no quería ver eso.

Pero para mí respiro, la amazona se separó antes de que Eva llevase el encuentro a un nivel mayor.

-Un regalo de despedida- murmuró, acariciando su cabeza maternalmente.

Eva se perdió en sus ojos, hipnotizada -G-Gabrielle...

Sin siquiera contestarle, dio media vuelta, brindándole una última sonrisa, y se perdió en el bosque. Mi hija quedó paralizada. No podía seguirla, y era consciente de ello. Lo único que pudo hacer fue caer de rodillas y sollozar en su sitio.

La sentía lejos, realmente lejos, al igual que yo.

Si... tal como yo.


Primer capítulo entregado de este... ¿Three-shot? Quizás. No sé bien que va a salir de todo esto, pero largo no va a ser. Más allá del melodrama, voy a tratar de que el final al menos sea algo bonito y romántico.

Sí, sé que tengo que terminar otro fic de Xena. Me trabé mal con ese, ¡Pero ya estoy escribiendo el final! Aunque seguro que para esta instancia nadie recuerda su existencia jajaja

¡Gracias por leer! (Si es que lo leen) Y los leo en el próximo.