Ok, tardé siglos, pero acá está el segundo capítulo. Parece que solo puedo escribir esta historia cuando estoy triste o me pasa alguna cagada en la vida. Sep, confirmado que es así.

Perdón por la tardanza, y espero que les guste el capitulo! Posiblemente el próximo va a ser el último.


Sinfonía

Mi mente era una nebulosa, apenas podía procesar todo lo que con detalles pude ver. Eva enamorada de Gabrielle; esta última rechazándola.

¿Cómo pudo pasar esto? ¿Cómo mi partida alteró tanto las cosas?

No lo vi venir... de verdad que no. No pensé que mi muerte desligaría de tal forma nuestros destinos.

Todavía en mi oscuro limbo, observaba a través de una transparente y exótica nube la vida de Gabrielle. Ya habían pasado dos semanas desde su encuentro con mi hija.

Tenía miedo. Últimamente sus pensamientos dejaban mucho que desear. Su idea sobre la vida, lo que quedaba de su ideal... se estaba desvaneciendo.

Como si mi recuerdo la incentivara, sus pasos se detuvieron en Egipto. Ese último lugar que nombré. A ese sitio a donde deseaba ir con ella y empezar una nueva vida.

Nunca pude llegar a decírselo, pero quería hacer ese viaje para confesarle mis sentimientos... para encararla finalmente.

No pude hacerlo... no llegué a hacerlo.

Sus pisadas ascendían sobre una montaña. No sabía a dónde quería llegar, ni qué quería ver desde ahí. Su mente divagaba en extrañas cosas sin sentido, imposibilitándome el descifrarla. Y su rostro, como siempre indiferente, poco me permitía averiguar.

Mis incertidumbres fueron interrumpidas al visualizar a varios bandidos que comenzaban a acercarse hacia ella, sigilosos.

Gabrielle detuvo los pasos en seco. Por supuesto, ella ya sabía que la esperaban.

Suspirando con pesadez, atajó la katana en su cintura -Sé que están ahí. Si no quieren morir de una dolorosa manera, mejor den la cara.

Aquellos hombres, un tanto atemorizados por su fría tonada, decidieron aparecer.

-¿Caza recompensas?- inquirió, sin mutar aquel neutro semblante.

-Hemos escuchado mucho sobre ti, discípula de Xena- la señaló con la espada uno de los bandidos, cubierto por una ennegrecida y gastada armadura.

Al oír mi nombre, algo en tu interior se alteró.

Apretaste la mandíbula con fuerza, mientras tu mano temblaba sobre la vaina -¿Quiénes son ustedes para nombrarla?

Los jóvenes se miraron entre sí, confundidos por tu imprevista y furiosa tonada.

-Quienes son ustedes... ¡Para desafiarme!

Tu ira se descabelló. Despegaste los pies de la cálida arena y comenzaste a dirigirte a paso rápido hacia ellos. La mirada que tenías... me impactó. La cólera escapaba de tus ojos, y ésta seguro podía aterrorizar hasta el mismísimo Dios de la guerra.

De inmediato se pusieron a la defensiva, pero poco sirvió. Aún en carrera, detallaste al primer obstáculo que se encontraba frente a ti, y de una ágil manera desenvainaste la espada. No llegó a atajar tu ataque; no llegó a sentir nada.

Su decapitada cabeza rodó por la arena hasta aterrizar en tus pies. La miraste sin expresión alguna y sacudiste tu espada hacia un lado, esparciendo la sangre ajena en el suelo.

Regresaste con una peligrosa lentitud la mirada hacia los restantes -¿Quieren más?- atinaste a decir, ahora, posicionando el arma sobre tu hombro, de una arrogante forma.

-¡Puta, morirás!- oíste. Poco te afectó tal insulto, y menos aquella amenaza.

Enemigo, enemigo, enemigo.

Ese era tu único pensamiento. Y esa era tu única excusa para aniquilarlos de una cruel manera. Sin embargo, algo andaba mal... algo estaba perturbando tu consciencia, no permitiéndote el pensar con claridad. Y como si te negaras a dejarla salir, te aferraste más a la idea de arrasarlos.

Un hombre saltó hacia ti, con la espada en alto. Lo interceptaste, chocando el arma contra la suya; creando chispas en el acto. Para luego en un rápido movimiento girarla hacia el lado contrario y deslizarla sobre su cuello, provocando que la sangre huyera de él, acompañado de un aterrorizado alarido.

El espeso y carmesí líquido te salpicó el rostro, transformando tu imagen en una más espeluznante.

Los otros dos maleantes que quedaban, con los nervios pendiendo de un hilo, como última opción decidieron atacarte en grupo.

Uno a tu izquierda, otro a tu derecha. Intercalaste la vista entre ellos, una y otra vez, sabiendo bien lo que tenías que hacer.

Deja que se ataquen entre ellos...

Aparecieron mis propias pasadas palabras en tu mente. Y no pude sentirme más culpable por eso.

Las espadas se dirigieron hacia ambos costados de tu cuerpo. Astuta, te agachaste con rapidez, provocando que se atravesaran entre sí al instante. Eso era una muerte segura; sus desgarradores gritos lo aseguraron.

Desde tu gacha posición, sonreíste de lado, altanera -Imbéciles.

Pero la tortura no terminó allí. No te sentías complacida.

Casi en cámara lenta, vislumbré como te incorporabas y alzabas expertamente tu espada. La dirigiste con velocidad hacia el cuello del hombre a tu derecha y la deslizaste con fiereza, para luego derivarla a tu izquierda e imitar aquella acción con el otro muchacho. Todo pasó demasiado rápido, incluso para mis fugases ojos.

Ambas cabezas volaron a tus costados. Negada a mancharte de tu pecado, danzaste la espada como si fuera una contigo, atajando con el filo la sangre que se esparcía a tu alrededor; evitando mancharte con esta.

-Realmente... imbéciles- musitaste, devolviendo el arma a su funda.

Miraste hacia adelante, algo dubitativa, y soltaste un pesado bufido; parecía costarte respirar. No era por la batalla, algo se estaba revolucionando en tu interior, quitándote el aire.

Pero ignorando aquello, continuaste tu camino como si nada hubiera ocurrido. No obstante, todo estaba ocurriendo, en especial en tu alma. Podía verlo.

Tu corazón comenzaba a apretarse con un penetrante padecimiento; el pasado te invadía, la agonía no te dejaba respirar con tranquilidad.

Te llevaste la mano al pecho, rasgándote la ropa en el acto -M-Mierda...- tus rodillas flaquearon y terminaste asentada en el suelo.

Me incliné hacia adelante, sobresaltada, al verte.

Tu pecho saltaba, precipitado, y tus labios se entreabrían reiteradas veces, tratando de encontrar la voz que cada vez más te costaba modular.

Cerraste los ojos con ímpetu y descolocándome, estrellaste los puños contra el arena -¡MIERDA!

¡Gabrielle!

Las embestidas de tus manos no cedían, seguían impregnandose contra el suelo, una y otra vez, impotentes.

-¡Maldición, maldición, maldición!- esta vez fue tu cabeza la que terminó estampándose de una furiosa manera.

Estaba paralizada. No entendía qué sucedía contigo. Solo una idea se hacía presente en mi mente; sucumbiste.

Y finalmente mis rezos dieron fruto. Unas dolorosas lágrimas empezaron a resbalarse por tus mejillas. Sollozando, refregaste la frente contra el arena.

-Por qué... ¿Por qué todo tuvo que terminar así?

Gabrielle...

Elevaste la cabeza y apagaste los párpados con rudeza. Y para sumar a mi sorpresa, gritaste. Gritaste todo tu dolor reprimido con tanta fuerza que estoy casi segura que todo Egipto te oyó.

-¡Lo siento, lo siento, lo siento! ¡Lamento todo!- tu voz se desgarró, al igual que tus dedos sobre el suelo -¡Perdónenme!

Mi mandíbula se desencajó. Es todo; tocaste fondo. Estabas pidiendo perdón... a todas las personas que mataste. No podías más. No podías más con la vida que llevabas; con la que te obligaste a llevar. Tú no querías terminar así. Estoy segura que nunca quisiste lastimar a nadie. Solo querías vivir en paz, pero ya no sabías lo que era eso... ¡Ya no sabías lo que era nada!

Apretaste los ojos con amargura, mientras emitías un quejido interno y abrazabas tu propio cuerpo, acurrucándote contra el suelo. Los espasmos inundaban tu espalda, sin darte descanso.

Verte así... tan desarmada, me estaba destrozando.

Sin embargo, con un esfuerzo que pude notar, volviste a elevar un poco la cabeza y te aferraste el pecho de nuevo, tratando de calmar aquellas precipitadas sacudidas que te irrumpían más que solo el cuerpo; el espíritu.

Poco a poco tu aire fue apaciguándose, pero tu corazón... muy lejos estaba de tranquilizarse. Con la mirada vacía y perdida, colocaste una rodilla en el suelo y te incorporaste, tambaleante.

-Es todo...- susurraste con debilidad, y retomaste los pasos hacia adelante.

Estos seguían ascendiendo por la montaña, ya de una desganada forma. En el camino, su mano abandonó aquella katana y la dejó atrás. Pero no fue lo único que dejó. Sus sais fueron desechados también, al igual que el Chakram. Tales acciones solo intensificaron mi pavor.

Se detuvo finalmente en la cima de ese acantilado; en la única parte no desértica de Egipto. Miraba el horizonte de un melancólico modo. Sus rubios cabellos revoloteaban hacia atrás con lentitud, provocando que aquella imagen se volviese aún más hermosa.

Mi pecho, a pesar de estar muerta, saltaba con fuerza ante lo que leía en su mente.

No podía ser cierto... ¡No era cierto lo que deseaba hacer!

Sus párpados decayeron unos segundos. Parecía estar meditando algo... algo que me daba terror adivinar. Los entreabrió, y un milagroso brillo inundó sus ojos. Uno que pensé no volver a presenciar jamás.

-Xena, yo... no he podido ser lo suficientemente fuerte- hablaste, como si me tuvieras enfrente -Mi camino se ha manchado de sangre. Mi esencia desaparece cada día más. Te fallé.

No...

-Ya no puedo aguantar esto- sonrió con tristeza -No quiero convertirme en una asesina desalmada...- cubrió su rostro, tiritando -Aunque si lo piensas bien... ya lo soy.

¡Gabrielle!

-Pero no quiero seguir siéndolo. Por eso...- se detuvo, destapándose y dejándome en suspenso, para luego dibujar una honesta sonrisa. Gesto que le dedicó al horizonte -Es todo.

¡Deja de jugar!

Respiró el aire a su alrededor, drenándose de la frescura de este. Y lo siguiente que llegué a escuchar... lo siguiente que llegué a sentir, terminó por desmoronarme.

-Xena... lo siento tanto.

Entonces, sucede lo impensable. Recitas... nuevamente y después de muchos años, recitas con pasión; con sentimientos.

-Una vida de viajes te ha traído hasta las tierras más lejanas...

Su voz... su voz comenzó a tornarse dulce, tal como sonaba en el pasado. En otro momento me hubiese alegrado, pero su futura acción estaba enloqueciéndome, impidiéndome tal alegría.

-A los mismos confines del mundo...- continuó.

No... ¡Gabrielle, no!

Me hablaba a mí, lo sé. Todo mi ser se sacudió, y mis manos en un impulso empezaron a tratar de sumirse en esa transparente nebulosa, que me proporcionaba el lastimoso escenario que observaba.

-Xena...- susurró mi nombre, mientras las deseosas lágrimas que por años no emanaron, se liberaban otra vez, resbalándose por sus mejillas -Yo también quiero ir a los confines del mundo... contigo.

Por primera vez en mucho tiempo parecía tan lúcida, tan en paz... tan sincera.

Mis propias lágrimas no tardaron en surgir, mientras chocaba los dientes en la acción, desesperada por lograr fusionarme con aquel portal.

Tu mirada se deslizó por el acantilado y detalló el danzante mar, cansada... realmente cansada.

-Xena, sin ti no puedo... no quiero...

¡Gabrielle! ¡No, no, no, no, no! ¡NO!

Grité en mi sitio, negando con la cabeza de un lado a otro, desesperada.

¡NO LO HAGAS!

Era inútil, no podía escucharme. Solo yo podía oírla.

-No puedo más, Xena... déjame estar contigo, déjame descansar...

¡GABRIELLE!

Sollocé, tanto, que mi voz se quebró.

Traté de alcanzarte, de sumir mi cuerpo en ese resplandor que me permitía verte. Pero nada sucedía, nada me daba esperanzas.

¡¿Acaso no podré salvarte?!

-Por favor no hagas esto...- musité, cayendo de rodillas y cubriendo mi rostro con ambas manos.

Nunca había sentido tanta desesperación, impotencia y tristeza en mi vida. Me estaba consumiendo. Solo quería desaparecer, solo quería dejar de sentir. Pero lo que más anhelaba, mi verdadero deseo... era salvarte.

-¡No eres tú la que tiene que morir! ¡Era yo!- estampé los puños contra el suelo, impotente -¡SOLO YO!

Estiraste los brazos hacia los costados de tu cuerpo, y pude vislumbrar como una honesta y serena sonrisa se iba delineando en tus labios.

Eso solo me generó más pesar, más del que... podía tolerar.

-No puedo, ni quiero continuar. No con esta vida que llevo...- descendiste un poco el semblante, con una desesperanza que me invadió todos los sentidos -No quiero matar más gente, no quiero... seguir así. Mientras más lo hago, más desaparece lo poco que queda de mí. No deseo convertirme en algo que no soy. Entiéndelo, por favor...

Abrí los ojos de golpe. ¿Ella... sabe que la estoy escuchando?

Gabrielle, por favor... por alguien como yo, por favor, n-no...

-Solo quiero estar contigo, ese es mi destino y siempre lo será... sé que puedes oír mis pensamientos, Xena.

Sus palabras me dejaron pasmada en el lugar, y confirmaron la cuestión que me irrumpió antes. ¿Lo supo todo este tiempo?

-Y por eso quiero pedirte que me dejes hacer esto, déjame permanecer a tu lado... por favor.

Negué con el rostro, perpleja. Mi boca se entreabrió, pero nada surgió de ella.

Otra vez tu vista se dirige hacia el horizonte. Observas con los ojos vacios el atardecer, y recuerdas que en un atardecer así, te despediste de mí. Y te arrepientes... de haberme dejado morir.

Aniquilando lo que queda de mi pecadora alma, sonríes, extiendes los brazos hacia el paisaje, y vuelves a recitar un hermoso poema.

-Le canto a Xena; a mi alma gemela, a aquella doncella que logró salvarme de un abismo eterno...- cantas, expandiendo tu gesto -Te entrego todo mi pesar, todo mi dolor y todo mi amor.

Gabrielle...

-Pero también te entrego mi alegría, mi felicidad y mi vida...

N-No... no. Por favor... alguien...

-Mi querida amiga, mi más preciado tesoro- continuó, acercando los pasos a la orilla -No temas por mí, la muerte es solo el principio de otro fin. Es otra historia que contar.

P-Por favor... Dioses, alguien... ¡ALGUIEN DETÉNGALA!

-Y yo deseo que esa historia comience ya...

Mis pupilas se ampliaron al detallar como sus pies abandonaban la tierra y sus brazos se extendían cual alas. Las plegó y sin titubear, saltó hacia el precipicio.

¡GABRIELLE!

Inmersa en mi dolor y frustración; peleé, batallé duramente con aquel resplandor que me prohibía la entrada a su mundo. Todo... sin sentido. No podía escapar de este lugar, era imposible.

¡GABRIELLE, GABRIELLE! ¡GABRIELLE!

Mis lágrimas se desquiciaban, convirtiéndose en un sollozo abundante, tanto... que me sentía hundida en ellas. Me sofocaban.

Entreabrí los ojos, ya rojizos, solo para que estos saltaran de golpe al percibir una extraña sensación en mi cuerpo.

Espera, yo realmente... me estoy hundiendo.

Algo me está succionando.

-¡¿Pero qué?!- pensé, aturdida. Giré el rostro de un lado a otro, desorientada. Burbujas escapaban a causa de mis movimientos -¿Agua? ¿Es esto... agua?

Elevé la cabeza y mis pupilas no tardaron en ampliarse al detallar el cielo a través del mar. El destellante sol en la superficie lo adornaba.

Estupefacta, volteé el cuerpo con lentitud debido a la gravedad que ahora me abrumaba, y la vi.

Sí, a Gabrielle. Era ella... era su cuerpo hundiéndose en el agua, sin oposición alguna.

¡GABRIELLE!

Nadé hasta ella tan rápido como mis brazos me lo permitieron. No entendía qué estaba sucediendo, pero no me importaba. Los dioses me estaban dando una oportunidad de salvarla, y no iba a desperdiciarla.

Empecé a notar como su pequeña figura acrecentaba, brindándome una leve esperanza. Al llegar a su preciosa persona, al instante noté en su rostro una mueca que me descolocó; una sonrisa.

¿Está feliz? ¿Cómo puede ser? ¿Por qué? ¿Tanto mal te ha hecho mi partida, para que sonrías al recibir a la muerte?

Mis ojos desprendieron aún más lágrimas que antes, mientras estiraba el brazo lo más que podía y finalmente lograba sujetar el suyo.

Pero apenas pude sentirlo. Era como si percibiese su alma y no su cuerpo.

-Gabrielle... ¡Gabrielle!- la llamé en mis pensamientos.

Para mi grato asombro, ella entreabrió los ojos con debilidad y poseyó los míos. No parecía sorprendida, es más, parecía como si hubiese estado esperando mi aparición.

-¿Puedes verme?- dije en mi mente, anhelando que mi voz le llegara.

En respuesta, sonrió con un grado de felicidad que no veía hacia tiempo, para luego estirar los brazos hacia mí, en una muda invitación.

Confundida e hipnotizada por ella, mis ojos se abrieron emocionados y sin perder un segundo más, tiré de su muñeca hasta lograr atraparla entre en mis brazos.

Seguía sin entender qué sucedía, y poco me importaba. Lo único importante es que la tenía frente a mí de nuevo.

-Xena...- escuché su dulce tonada en mi mente, hecho que solo provocó que la acurrucara más en mi pecho.

-¡Gabrielle...!

Ascendió las manos por mi espalda, apresándome contra su piel -Por fin... puedo verte...

Ante su voz, que aún retumbaba en mi cabeza, me separé un poco, quedando a una corta distancia de su rostro.

-No lo hagas...- pensé, y sé que ella me escuchó.

Pero solo logré conseguir un amable gesto en respuesta, acompañado por una suave caricia en mi rostro.

Oh, Dioses. Cuanto extrañaba su tacto... su amable y dulce tacto.

Me miró como siempre lo hacía, con un total amor incondicional -Te amo, Xena...

-Gabrielle...

Embelesada por su presencia, y aún con lágrimas en los ojos, sujeté su mejilla y la atraje hacia mí. La gravedad provocó que el encuentro se tornase lento, dándole un aire especial y mágico.

Su mirada se perdió en la mía, y mis ojos en la suya.

Tan hermosa...

Mis labios, tentados, acortaron esa distancia que hacia tantos años quería disminuir, y aprisionaron los suyos en un beso desbordado de amor y anhelo.

-Xena...

Esta vez sus labios fueron los que hablaron, por ende, pequeñas burbujas emanaron de ellos.

-Gabrielle...- susurré, para luego entreabrirlos y llevarme conmigo su boca, en un viaje interminable.

-Déjame estar a tu lado...

-No...- dije, enredando los dedos en su cabello, que se elevaba debido a la gravedad -Tienes que vivir...

Todo era tan extraño, y al mismo tiempo familiar. Tenerla en mis brazos de nuevo... era algo que nunca pensé que volvería a ocurrir.

Hablábamos en nuestras mentes. Estábamos tan conectadas que podíamos fusionar nuestras emociones. Quién sabe cómo... quién sabe porqué. Lo único que sé, es que nuestro vínculo era extremadamente especial... siempre lo fue.

-No... no si eso conlleva una vida sin ti...

Me separé de sus labios, penetrando la vista en ella. No iba a dudar, no ahora. Tenía que salvarla.

Arrugando la frente, sujeté su cintura y traté de nadar hasta la superficie, pero mi mano traspasó su cuerpo al hacerlo. Abrí los ojos de par en par, con el padecimiento en aumento.

-No...

De nuevo traté de elevarla, pero no había caso. Era como si... no pudiese evitar su hora final. Mi cuerpo se retorció por dentro al pensar que no podía hacer nada por ella.

¡¿Qué mierda está pasando?!

En medio de mis descolocados pensamientos, percibí como su brazo atajó el mío, provocando que me hundiese más con ella.

-¡Gabrielle!

-Por favor, Xena. No podrás evitarlo, así que... déjame.

Quedé perdida en aquella suplica. No quería que sufriera, no quería que muriera... pero podía oírla, podía oír a su alma llorar. Realmente lo deseaba. De verdad anhelaba el descanso eterno. ¿Qué debía hacer? ¿Qué podía hacer?

No, yo... ya no había nada que pudiera hacer.

Cerré los ojos con impotencia, apretando los puños.

¡¿Por qué me enviaron aquí, si no puedo salvarla?! ¡¿Por qué son tan crueles?! ¡Refregándome en mi maldita cara su muerte!

Su tierno tacto aprisionó mi cuello, y con un leve movimiento hundió el rostro en la curva de este -Soy tan feliz, Xena...

Sollocé en el aprecio, abrazándola con fuerza. Su peso aumentaba cada vez más, y sus latidos empezaban a detenerse con lentitud; podía percibirlos.

Pero estos... sonaban armoniosos, como si me estuviese dedicando una triste sinfonía de amor.

P-Por favor... no.

-Te quiero...- oí en un eco, en mi mente.

Mi mirada quedó sumida en la nada, pasmada. No podía salvarla. ¿Será que acaso los dioses me brindaron esta oportunidad de verla, porque ella no irá al mismo lugar que yo? ¿Esto será un castigo divino? ¿O una chance para despedirme?

Las lágrimas se elevaron por mis mejillas, fusionándose con el mar. Afligida por tener que soportar otra inevitable despedida, me aferré a su espalda y la impulsé más hacia mi pecho.

Si esta era mi última oportunidad... tenía que decírselo. Debía decirle toda la verdad; la que no pude expresar en vida.

Entreabrí los ojos, mientras acariciaba su sedoso cabello.

-Te amo, Gabrielle... siempre te he amado- musité en su oído, y le regalé un devoto beso en la suave piel de su cuello. La sentí afirmar con lentitud en mi hombro.

-Perdóname por todo, por abandonarte...

Ya no obtuve respuesta alguna. Una inesperada presión en mi pecho, a causa de un mal augurio, provocó que un tedioso escalofrío me recorriese.

Me aparte un poco para verla. Su agarre comenzó a debilitarse, deslizándose por mi espalda.

-¿Gabrielle?

Sus brazos cayeron inertes a los costados de su cuerpo.

Mis párpados se abrieron, asustados. Al instante la atajé por la cintura, buscando con la mirada alguna reacción en sus ojos. Sin embargo, estos se encontraban apagados. Ya no podía vislumbrar aquel mágico color esmeralda que la caracterizaba.

-Gabrielle...- murmuré, paralizada.

Su piel se estaba tornando pálida, y aquel precioso y rubio cabello deambulaba, inerte, a través del agua. Mis labios temblaron.

-¡GABRIELLE!

Volví a abrazarla con fuerza, tanta fuerza, que pensé que iba a fusionarme con ella. Y sin ser capaz de evitarlo, todos los recuerdos que pasé a su lado, irrumpieron mis memorias.

Su infantil rostro adornado por una traviesa sonrisa, el día que la conocí. Sus amables palabras, inmersas de sabiduría y compasión. Su fortaleza, su devoción ante mí. Su crecimiento; sus dudas, su transformación, su... sacrificio por mí.

Sus palabras de amor... del más puro y honesto amor. Nuestras peleas, nuestras risas, nuestros abrazos... todo, todo me atacaba sin piedad alguna.

Con la vista nublada, detallé su rostro, deslizando los dedos por él. Estos estacionaron en sus ahora, pálidos labios. Los delineé con el pulgar. Todavía conservaban aquella sincera y leve sonrisa que me dedicó minutos atrás.

-... ¿Por qué? ¡¿Por qué tuvo que pasar esto?! ¡¿POR QUÉ?!

Se había ido. De verdad... se había ido. Y a pesar de todo, su gesto me indicaba que estaba en paz.

Que finalmente... podía estar en paz.

Yo ya no sentía nada más que pesar. Todo perdió significado, porque ella era la que le daba significado a mi vida.

-Ya... no importa nada.

Y con ese pesado sentimiento en mi destruida alma, acerqué su cuerpo hacia mí y la abracé con más ímpetu, con todo el amor que le tenía.

-Te amo, te amo, te amo...- susurré, refregando mi mejilla contra la suya, mientras mis lágrimas ascendían hacia un camino sin fin.

Sollozando, me alejé un poco y la contemplé una última vez, recordando como su hermosa persona había cambiado mi vida; como su noble alma me había salvado. Como su precioso corazón... me había enamorado.

Hechizada, me incliné hacia ella y le regalé un último beso de despedida, para luego cerrar los ojos con lentitud, y rodear su cintura, dejándome hundir con su cuerpo hasta el fondo del mar.

Si era posible, quería yacer de nuevo... a su lado.

-Gabrielle...

Una triste sonrisa comenzó a formarse en mis labios. Acaricié su suave cabello, en aquel trayecto que nos succionaba cada vez más.

-Si este ha de ser nuestro destino, enfrentémoslo juntas...- dije, percibiendo como la gravedad me irrumpía -¿Te lo dije, no? Aún en la muerte, Gabrielle... nunca te dejaré.


Sí, sí... ya sé. Todo muy triste, ¡Pero esperen que falta un capítulo más! Así que los leo en el próximo :)

Guest: ¡Gracias por leer! Y sí me acuerdo del otro fic de Xena. Ya sé que prometí muchas veces actualizarlo. Perdón... pero esta vez de verdad ya lo estoy terminando! Así que prontito subo el capítulo siguiente. ¡Te leo en el próximo, besos!

Chat'de'Lune: ¡Gracias por leer, como siempre! Mil disculpas por ser tan drámatica, ya me conocés (? jajaj ¡Pero falta el último capítulo! La esperanza de que termine bien es lo último que se pierde (? Así que espero que tu ojo derecho todavía siga vivo y puedas seguir leyendo. ¡Besotes y un fuerte abrazo!

Ozarac07: ¡Gracias por leer! ¡Y me alegra que te guste la historia! El próximo capítulo es el último, así que preparate (? jajaj ¡Te leo la próxima, besos!

Guest: ¡Gracias por leer! ¡Y ya llegué! perdón por tardar tanto en actualizar. Como dije arriba de todo, parece que si no estoy bajón no puedo continuar este fic. Así que en este caso es una buena noticia que estuviera triste xD ¡Te leo en el próximo, besos!

Yngridgu: ¡Gracias por leer! ¡Que bueno que te guste como escribo! Siempre es una alegría recibir ese tipo de comentarios ^^ y sí, estoy terminando el otro fic "Destino" no te preocupes que prontito lo subo. ¡Te leo en el próximo, besos!