Finalmente me decidí a editar y publicar esto.

Aclaraciones: Esto es un fic principalmente "Engmano" pero tomara un largo tiempo para que aparezca, hasta entonces se vera el desarrollo de otras relaciones como el Prusia x Canada establecido y el pre-"HongIce". También me encanta Inglaterra, de verdad, su actitud al principio es nada más que por el bien del fic, pero mejorara.

(La historia es mía, los personajes no, pero ¿eso es obvio, no?)


Prólogo - Visitando a Canadá

18 de Julio – 2015 (Canadá)

Italia del Sur, o Romano para abreviar, no disfrutaba mucho de los climas fríos, formas de entretenimiento extranjero y comida que no fuera auténticamente italiana. A diferencia de su gemelo menor, quien sentía curiosidad y podría fascinarse por todo lo que fuera diferente a su patria, el era una persona tradicional, con valores, costumbres y manías bien arraigadas que no tendía a cambiar o omitir por nadie que no pensara valiera algo de su tiempo.

Canadá valía ese tiempo. Era una persona agradable y con quien podría admitir, a si mismo, que disfrutaba su compañía.

Es por ello que se encontraba allí, sentado en el cómodo sofá de la nación norteamericana, envuelto en un par de mantas, distrayéndose con su celular mientras esperaba a que Canadá eligiera la siguiente película que verían.

Mientras revisaba sus mensajes, de repente su celular recibió un aluvión de correos en su bandeja de entrada, uno detrás de otro y todos con el mismo remitente: Stati Uniti (Sciocco)

Comenzó a borrarlos con una expresión de irritación, sin siquiera leerlos, tenía la impresión que se trataba del mismo mensaje que le había enviado ayer, anteayer y los días siguientes al cuatro de julio.

- ¿Es que ahora tu estúpido hermano se dedica a hacer spam? –Inquirió en voz alta, llamando la atención del canadiense.- ¡Es jodidamente molesto!

- Ah, hablas de la cadena de aviso que esta haciendo sobre su fiesta de año nuevo. –Reconoció sin inmutarse mucho, sacando una película de su colección que pensaba podría gustarle al italiano.

- Estamos en julio, maldita sea. –Se quejo bloqueando la pantalla de su celular con un bufido.- ¿Qué es lo que pretende?

- Es solo Alfred siendo Alfred. –Contesto mientras colocaba la película en el reproductor, con una pequeña sonrisa apenada.

- Si piensa continuar con eso voy a terminar bloqueándolo de una maldita vez. –Anuncio hundiéndose más en el sofá, y sus mantas, de forma malhumorada.

- El solo se va a poner más molesto si haces eso, créeme, ya México cometió ese error una vez y sabes como termino. –Dijo frunciendo el ceño mientras se frotaba la cabeza como si la memoria le provocara dolor de cabeza. La nación italiana se estremeció un poco y comenzó a murmurar con aire desdeñoso, antes de volver a hablar:

- Joder,.. quiero un capuchino ahora.

Canadá se puso de pie con entusiasmo, dejando el control remoto en el reposabrazos del sofá, y dijo:

- ¿Qué tal si lo acompañamos con panqueques y jarabe de arce?

- Si, lo que sea, mientras que yo no tenga que moverme de aquí... –Respondió cansinamente haciendo un gesto con su mano al aire en dirección a la cocina.

El canadiense asintió con una sonrisa, marchando a preparar lo dicho. Romano volvió a tomar su celular para distraerse los siguientes minutos y, justo cuando se encontraba en medio de comentar lo entupido que se veía su gemelo en la selfie que subió en su red social, llevando un sombrero bavaro, el timbre de la casa rompió el tranquilo silencio instaurado.

- ¡Alguien toca, Matt! –Exclamo cuando noto que el canadiense no regresaba.

- Estoy un poco ocupado, ¿podrías atender? –Pidió alzando la voz lo suficiente para ser escuchado.

- ¡Pero es tu maldita casa! –Reclamo un poco molesto por la idea de tener que dejar el calido sitio en el que se encontraba.

- ¡Por favor, Lovino, los panqueques no se prepararan solos!

El italiano frunció el ceño, pero tras considerarlo un poco decidió ceder por esta vez más por curiosidad que por bondad, ya que en lo que llevaba de visita el canadiense no había tenido ningún tipo de visitas y no le extrañaba, considerando que esta casa, una de sus varias propiedades, se encontraba un poco alejada de la ciudad, rodeada de naturaleza.

Abrió la puerta donde distinguió a un hombre de pie en el porche, con su camioneta estacionada atrás y una caja en sus brazos.

- ¿Qué? –Inquirió mordazmente cuando el hombre enmudeció al verlo.

- Traigo un paquete... –Dijo parpadeando confundido por alguna razón.- Ah, ¿es usted Matthew Williams?

- No, el esta ocupado haciendo su típica mierda dulce canadiense en la cocina. –Contesto viendo al hombre vacilar sobre lo que hacer.- Solo entrégueme el paquete y largase, maldición, hace mucho frío. –Exigió entre dientes y, sin esperar respuesta, tomo la caja en sus manos y cerro la puerta en la cara del hombre anonadado antes de que pudiera reaccionar.

Satisfecho con que el hombre no volviera a llamar a la puerta para reclamarle nada, se dejo caer en el sofá teniendo cuidado de no aplastar el paquete o sacudirlo mucho al haber vislumbrado la etiqueta de "frágil" en el.

- ¿Quién era? –Escucho preguntar al canadiense aun en la cocina.

- Un mensajero, creo, te trajo un paquete. –Le informo mientras intentaba abrir la caja envuelta en cinta adhesiva.

- ¿Podrías respetar mi privacidad y no abrirla? –Pidió en un tono acusador, como si supiera exactamente lo que estaba haciendo ahora.

- Muy tarde. –Exclamo sin arrepentimiento alguno, encontrando en el interior del paquete una caja más bonita con flores grabadas y con una carta adjunta. Oyó a Canadá soltar un suspiro de resignación.

- Solo dime que es y quien lo envía, ¿si?

- Es un estúpido juego de te completo. –Respondió tomando la caja interna y yendo a la cocina donde vio al canadiense terminar de mezclar la masa para los panqueques con una expresión realmente curiosa.

- Es un Wedgwood. –Dijo reconociendo la marca de la caja, que el italiano coloco en la mesada.

- Lo se. Tengo la impresión de saber quien te envío esta mierda. –Comento de forma algo cínica aunque se encontrara admirando la porcelana con interés.

El canadiense dejo la mezcla aun lado y se acerco a la mesada para tomar la carta pulcramente escrita a mano. Una pequeña sonrisa triste pero genuina se dibujo en sus labios luego de leer las palabras de perdón y felicitaciones dirigidas a él de forma algo escueta.

- Al menos me envío algo este año,.. y no es su comida. –Murmuro dejando la carta aun lado, forzándose a ser positivo.

Romano arqueo una ceja y tomo la carta, dándole una rápida lectura que solo hizo que su ceño se pronunciara más y más.

Así que se digno a enviarte un maldito regalo de cumpleaños, dieciocho días después. ¡Pero que idiota!

- Está bien, no es gran cosa de todos modos,.. –Contesto queriendo excusar a su figura paterna inglesa, quien sabía que era una persona muy ocupada.

- Mateo. –Llamo su atención con un tono de reprimenda.- Incluso ese pervertido francés te llamo en tu cumpleaños y luego vino personalmente al día siguiente a traerte un entupido regalo. Y, ¿el idiota hamburguesa no te dio algo también en su propia jodida fiesta de cumpleaños?

- Estoy seguro que el hubiera hecho lo mismo si tuviera el tiempo. –Replico haciendo una mueca incomoda.

- Ni tu puedes ser tan ingenuo, Matt. –Dijo el italiano molesto.- Ese bastardo con su cabeza llena de te incluso asistió a la fiesta del pervertido hace unos días, maldición, los dos lo vimos y fuiste a saludarlo y no te dijo absolutamente nada. –Le recordó notando entonces como la mirada incomoda del canadiense se transformaba en una dolorida y triste, haciéndole sentir culpable inmediatamente. El solo estaba tratando de hacer un punto, no abrir viejas heridas que a día de hoy siguen frescas aunque bien parcheadas.

Notando el silencio, Canadá se aclaro la garganta y se compuso lo suficiente para cerrar el tema con algunas palabras:

- Ha sido peor años atrás, al menos ahora lo recuerda por si mismo, ¿no? I-Incluso si es tarde, es... es definitivamente una mejora. –Entonces hace una pausa donde una risita nerviosa se le escapa, aligerando el ambiente de la cocina.- Además, de haber venido a mi fiesta hubiera tenido que dar muchas explicaciones. ¿no crees? En realidad, este año, contaba con que él, ni papa, ni Alfred se presentaran a pesar de que si les envíe las invitaciones.

- San Mateo y su tonto esfuerzo por mantener su imagen de niño bueno. –Comento en tono burlón aceptando fácilmente el desvío en la conversación.- Aunque hubiera sido jodidamente hilarante ver las caras entupidas que pondrían si supieran todo lo que sucedió y todo porque ese bastardo de Abel se atrevió a traer consigo una-..

El italiano sintió el súbito toque de dedos sobre sus labios, interrumpiéndolo con algo de brusquedad.

- No. Nunca nadie va a mencionar detalles de nada sobre esa fiesta, ¿quedo claro?

- Joder, si, vamos. –Se quejo apartándose un poco como la gran sonrisa alegre en el rostro del canadiense trasmitía oscuras amenazas que lo hicieron estremecer.- Lo olvide, no diré nada, maldición.

- ¡Bien, haré los panqueques ahora! –Exclamo Canadá felizmente, dando un giro con gracia hacia la alacena.

- Tienes que hacer algo con esa mierda pasivo-agresivo tuya, es espeluznante. –Dijo frunciendo el ceño con un puchero en sus labios, mientras recostaba su espalda contra la pared y veía al canadiense trabajar.

- No se a que te refieres. –Replico con un rápido encogimiento de hombros.

- Olvídalo, maldita sea. –Contesto Romano rodando los ojos.- ¿Dónde esta mi jodido capuchino?


¿Has llegado hasta aquí? Te lo agradezco. ¿Alguna crítica constructiva o comentario al respecto? Será bien recibido. ¿Quejas o dudas? Los leeré, y cordialmente considerare responder si es necesario.

Espero que alguien pueda disfrutar de ella, es una de mis historias mas largas escritas y mi propio hermano me ha hecho sentir pena por no hacer nada con ella. En fin, la seguiré publicando aun si no tienes gran popularidad solo por mi bien, pero apreciaría mucho cualquier tipo de apoyo.

~Kira Mirai